7,99 €
Ella viajó a Reino Unido porque le asignaron el trabajo de sus sueños. Sin embargo, ni se imaginaba todo lo que eso desencadenaría, ni a quién conocería, ni la historia en la que se enredaría. Se enamoró de dos chicos muy diferentes, que la quieren, y ella los quiere a ambos. Max, por un lado, que se muestra frío y estructurado. Y Alan, por el otro, que es todo un caballero muy amable y servicial. Solo hay un pequeño (gran) problema: él tiene novia. Pero la instantánea conexión entre Sarah y Alan fue inevitable. Tanto que derivó en encuentros a escondidas de su novia y de Max. ¿A quién elegirá Sarah? ¿Quién será el indicado? ¿Valdrá la pena arriesgarlo todo? Ya lo veremos… Mientras tanto, ella tendrá que elegir quién le hace sentir mariposas en el estómago.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 160
Veröffentlichungsjahr: 2020
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones. María Magdalena Gomez.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Fischer, Rocío Anabel
Amantes / Rocío Anabel Fischer. - 1a ed . - Córdoba : Tinta Libre, 2020.
210 p. ; 22 x 15 cm.
ISBN 978-987-708-647-8
1. Narrativa Argentina. 2. Literatura Juvenil. 3. Novelas Románticas. I. Título.
CDD A863.9283
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,
total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.
Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución
por internet o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad
de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2020. Fischer, Rocío Anabel
© 2020. Tinta Libre Ediciones
Amantes
Capítulo 1
—Amor, tengo que viajar a Londres. No podés enojarte por esto, es mi trabajo.
—Es lo que siempre decís, Sarah. Nunca podemos pasar juntos demasiado tiempo porque te vas.
—Pero es lo que elegí hacer de mi vida. Amo trabajar de esto.
—Parece que amás irte y dejarme solo, eso parece —dijo enojado.
—Me parece que te estás equivocando, James. No entiendo cómo podés decir eso. Sabés que te amo, pero es mi trabajo y no puedo quedarme. Es una gran oportunidad para mí. Además, siempre te dije que me encantaría visitar esa ciudad.
—Lo digo porque últimamente parece eso. Una cosa es lo que decís y otra lo que hacés, no te entiendo. Si te querés ir, podés hacerlo. Ya no te voy a seguir impidiendo que “cumplas tus sueños”.
—¿Perdón? ¿Cuántas veces tengo que repetirte que es MI TRABAJO? No puedo no ir y decir: “No voy porque mi novio se enoja” ¿Lo podés entender? Y conmigo no uses ese sarcasmo porque así no funciona esto.
—¡Cuánto amás tu trabajo! ¡Estoy asombrado! ¡Lo amás más que a tu novio incluso! Me decís a mí del sarcasmo y vos hacés lo mismo. ¿Qué te pasó? ¿Cómo es que cambiaste así?
—¡Por supuesto que lo amo! ¡Es de lo que vivo, lo que estudié y lo que me gusta hacer! No seas infantil, por favor. Ya te dije que sí te amo, pero no puedo cancelar esto. Simplemente no puedo. ¿Yo cambié? ¿Esto es un chiste? Me voy, no quiero hablar más con vos —dije un tanto frustrada por la situación.
—¡Perfecto! ¡Que te vaya bien entonces! Son solo palabras, ya no sos la de antes. El “trabajo” te cambió y no me gusta nada esto. ¡Yo soy el infantil pero vos sos la que se quiere ir sin terminar de hablar! —dijo claramente molesto.
—¿Qué mierda estás diciendo, James? Soy la misma de siempre. No cambié nada, solo crecí y tengo prioridades. Mi trabajo es una de ellas. Es mi forma de mantenerme, de independizarme, de ocuparme en algo que no seamos vos y yo únicamente, solo eso. Me quiero ir porque tengo que hacerlo y además esta discusión no nos va a llevar a nada —dije enfadada y agarrando mis valijas.
—No lo creo, Sarah. Estás distinta, no te reconozco ya. Bien, podés irte tranquila, total ya no tenemos nada de qué hablar.
—¿De qué hablás, James? No te entiendo... ¿Qué querés decir? —dije mirándolo a la cara con cansancio por esta situación.
—Que lo mejor va a ser que nos demos un tiempo para pensar qué quiere hacer el otro. Sos libre... —dijo con tristeza en la mirada.
— ¿Lo decís en serio? No te precipites por una discusión, James. Pensá con claridad y no tomes decisiones estando enojado.
Capítulo 2
—Sí, lo digo en serio. No me estoy precipitando, Sarah. Ya está decidido y no estoy enojado.
—Bien, si es así como querés esto así va a ser. Suerte James... —dije resignada, sin ganas de discutir por algo sin sentido.
—Así tiene que ser. Gracias, vos también Sarah —dijo tratando de disimular su dolor.
—Tengo que irme…
Sarah
Nos abrazamos por unos segundos sin decir nada. Minutos después agarré mis maletas y me dirigí hacia el aeropuerto. Sola, no quería que me acompañara y tampoco pensé que él quisiera eso. No podía creer que me haya dejado ¡y por mi trabajo! Está bien, yo viajo bastante, pero esto es lo que soy. Si no le gusta, que me deje...Cierto, ya lo hizo. En fin, quizás sea lo mejor. Duele y no lo esperaba, pero dicen que las cosas pasan por algo y eso debe ser...
Busqué un libro de mi bolso y empecé a leer, tratando de concentrarme en la lectura y olvidarme de James. Al minuto me llegó un mensaje de él:
Hola Sarah, perdón por lo que dije, sé que estuve mal. Estaba dolido y todavía lo estoy, pero entiendo lo que decís de las prioridades y que me amás. Yo también lo hago, pero creo que vamos por caminos diferentes y lo mejor va a ser esto. Te voy a querer siempre, gracias por los momentos lindos que pasamos y perdón si te hice mal. Que tengas buen viaje y te vaya bien en todo.
Bien, lindo momento para recibir un mensaje conmovedor suyo. Detuve la lectura y de repente las lágrimas empezaron a caer por mis ojos y no lo pude evitar por más que quise. Comencé a sollozar y murmuré por lo bajo “siempre lo mismo con vos, James”.
De repente, escuché que la persona que se sentó al lado mío en el avión me habló. Cerré el libro, me sequé las lágrimas de la forma más disimulada que podía y lo miré.
Capítulo 3
—Perdón, no quería molestarte, pero quería preguntarte si lo que estás leyendo es una saga de tres libros —dijo con timidez.
—Em sí, sí. Tiene tres libros la saga —contesté, algo confundida.
—Gracias y perdón si soy entrometido... de verdad no quiero parecer inoportuno pero te vi llorar y sentí la necesidad de hacerte sentir mejor o intentarlo al menos. Si hay algo en lo que pueda ayudar o aconsejar acá esto. Si me permitís decirlo y con todo respeto, yo creo que si esa persona valiera la pena no te haría llorar —opinó y me hizo una sonrisa de costado.
—Gracias a vos. Es lindo recibir palabras de apoyo cuando una está triste... Te lo agradezco —respondí y le sonreí.
—No es nada, me gusta ayudar a las personas —expresó, sonriendo.
—¿Sos psicólogo o algo de eso?
—No —dijo riendo—. Solo me gusta ver feliz a la gente.
—Oh —reí con él—. Es muy amable de tu parte eso. ¿Entonces, en dónde trabajás? ¿En alguna fundación ayudando? —pregunté, intrigada.
—Algunas veces. Es bueno para mí ayudar al que lo necesita. Es decir, todos necesitamos ayuda alguna vez, pero hay personas que lo precisan mucho más que otras y poder ver lo agradecidos que son y saber que ayudaste tanto en sus vidas es algo muy satisfactorio.
—Wow. Simplemente wow —dije asombrada—. No suelo encontrar gente que piense de esa forma y es realmente genial que pienses así. Yo siempre quise ayudar a fundaciones, de hecho lo hice un par de veces. Doné ropa, juguetes y demás para los nenes. Es un sentimiento hermoso cuando sabés que estás cambiando para bien sus vidas.
—Es un halago para mí, gracias. Justamente a eso me refiero, la felicidad que sienten al tener todas esas cosas y también nuestra felicidad al verlos contentos. Ahora tengo curiosidad, ¿de qué trabajás?
Capítulo 4
—De nada —sonreí—. Exactamente. Soy periodista. Viajo a lugares que siempre quise ir y hago entrevistas a cantantes, actores, escritores, etc. Periodismo cultural, digamos.
—Eso es genial. ¿Te gusta mucho, no?
—Lo es. Sí, ¿se nota demasiado? —pregunté y me reí.
—Sí —respondió y rio a la par mía—. Está muy bien que te guste lo que hacés. Esa es la clave del éxito. El trabajo siempre cuesta, pero si es algo que te apasiona, todo es más fácil y al final vale la pena el esfuerzo... por lo menos así pienso yo.
—Totalmente de acuerdo —afirmé con una sonrisa—. Trabajar de lo que uno quiere y le gusta es más llevadero y sencillo. Todo trabajo tiene su parte mala y estresante, pero si ves lo bueno es mejor. Pienso igual que vos.
—Exactamente eso —contestó y me sonrió.
Sarah
Las horas fueron pasando y el momento tan esperado había llegado. Estábamos en Londres. ¡No lo podía creer! Mi sueño desde muy joven se cumplió por fin y no veía la hora de recorrer esa hermosa ciudad de punta a punta. De a poco, toda la gente fue bajando del avión y de un momento a otro me sentí mareada. No vi más nada, señal de que me había desmayado.
Cuando despierto estoy recostada en el avión, con las piernas en el otro asiento y sintiendo un perfume lo bastante fuerte como para despertarme. Me dolía la cabeza y cuando abrí del todo los ojos y la vista dejó de nublarse, veo que junto a mí se encontraba el chico que viajó al lado mío, personal del avión y personas que solo miraban. Por Dios, recién arribo y ya hago desastres.
—Dios mío, qué vergonzoso —dije ruborizada, mirando para todos lados.
Capítulo 5
—Despertaste —dijo él.
—¿Qué me pasó? —dije confundida.
—Te desmayaste. Ya llegamos, estaban bajando todos y te desvaneciste.
—Qué horror. ¿Vos me ayudaste?
—Tranquila, a veces pasa. Sí, ¿por qué?
—Me salvaste —sonreí—. Otra persona para tu lista de salvados
—reí.
—No es nada, cualquier persona lo haría.
—Para mí es mucho y no, cualquier persona no lo haría. Gracias —sonrío agradeciéndole.
—Tenés razón, pero de verdad no tenés que agradecérmelo —se justificó.
—Sí, tengo que hacerlo.
—Está bien —ríe—. ¿Estás mejor? ¿Ves bien?
—Sí, eso creo. Me duele un poco la cabeza —dije un tanto confundida por la situación.
—¿Querés agua? Tomá un poco, te va a hacer bien —le ofrecí mi botella.
—Sí, gracias. De verdad —tomé la botella y bebí unos sorbos largos.
—Tranquila, de a poco —rio.
—Muchas gracias, en serio —sonreí y le devolví la botella.
—De nada, ¿te sentís mejor?
—Sí, solo estoy un poco mareada pero ya se me pasará.
—¿Querés levantarte?
—Sí, por favor.
—Te ayudo, con cuidado. Agarrá mi mano —dijo él.
Alan
La levanté despacio y ayudé a que se parara. Sentí como apretó fuerte mi mano, me di cuenta de que no se sentía muy bien. Parecía tener miedo de volver a desmayarse o algo parecido. Por suerte estaba yo para cuidarla, aunque sea por un rato...
—Gracias, otra vez —tomé su mano lo más fuerte que puede tratando de no caerme para no generar más revuelo.
—No te preocupes —dijo—. Vamos a bajar del avión, ¿sí?
—Es lo que más deseo, sí.
Capítulo 6
Sarah
Habré hecho alguna expresión que le resultó graciosa porque lo escuché reír y de alguna manera eso me hizo reír a mí también. Algo raro pero lindo a la vez.
—Bueno, ya estamos abajo de ese bendito avión —dijo él con una expresión un tanto divertida y preocupada al mismo tiempo.
—Más que bendito yo diría maldito —contesté, dejando que el viento se lleve mi suspiro.
Rio.
—¿Te acompaño a algún lado? —preguntó amablemente.
— ¿Por qué sos tan simpático? —cuestioné con una sonrisa.
Esbozó una sonrisa y no contestó nada.
—Te gusta ayudar a la gente, cierto —me contesté a mí misma.
—Exactamente —volvió a reír.
Tenía una sonrisa muy linda, dientes blancos y perfectos. Ojos celestes como el mar, con un brillo único. Tenía algunas pecas en su rostro y su piel era trigueña. Su pelo corto y castaño oscuro con el sol parecía ser claro. Me sentí incómoda al mirarlo tan detalladamente y bajé mi vista hacia el suelo.
—¿Y entonces? —interrogó él.
—¿Entonces qué? —cuestioné sin entender.
Rio.
—¿Querés que te acompañe a algún lugar? —preguntó.
—Ay, qué tonta. Sí, perdón, no. Uh, quiero decir...No quiero seguir molestándote pero te agradezco muchísimo todo lo que hiciste por mí. Te debo un favor enorme.
Alan
La miré con ternura, estaba tan confundida todavía que me daba pena dejarla sola. Decidí acompañarla para asegurarme de que esté mejor, sino iba a tener un cargo de consciencia enorme.
—sonreí—. No me molesta acompañarte, lo digo en serio. ¿Hasta dónde vas?
—Sos muy bueno, ¿cómo te voy a decir que no después de todo lo que me ayudaste? —ella rio—. Tengo que llegar al lugar donde voy a hospedarme por un tiempo.
—Reí—. Mejor así. Bien, ¿es un hotel, apartamento, albergue o bed and breakfast?
—Elegí Bed and breakfast. ¿Hice una buena elección? —respondió.
—Ah, muy bien. Los hoteles y los albergues son un poco caros, los apartamentos están buenos pero si querés un ambiente familiar te conviene el bed and breakfast.
—Uf, me dejás más tranquila al decirme que hice bien. Me gustaría un albergue con gente de mi edad pero me salía más caro y preferí que sea un ambiente familiar, como decís vos. Muy anticuada sueno ¿no?
Capítulo 7
—Claro, te entiendo. Es mejor que hayas elegido eso porque después de lo que te pasó es bueno que tengas a gente que pueda cuidarte. No, dependen de los gustos de cada persona. Si a vos te gusta estar con familias y no con gente de tu edad conviviendo está perfecto. No es como si esas personas no tuvieran hijos que puedan ser de tu edad. —sonreí.
Rio.
—Gracias por seguirte preocupando, sos muy atento. Creo que tenés razón, para evitar malos ratos es preferible haber hecho lo que hice. Es verdad eso, no lo había pensado. Muy inteligente eh.
—De nada. Sí, exactamente. Gracias a vos por los cumplidos. Amable, simpático, inteligente...Me parece que también sos vos eso que me decís a mí. —sonreí.
—No es nada. ¿Ves? Sos todo eso que digo, gracias por tus cumplidos y tu ayuda. —sonrió.
—Agradecés mucho, ya te dije que no me cuesta nada ayudarte. —reí.
—Lo sé, es que sos muy agradable. Es imposible no decirte gracias.
—Vos también lo sos y tenés algo que no todos tienen. Sos agradecida y ese es un valor muy importante en las personas.
—Te lo agradezco, de verdad. Siempre fui así desde muy chica porque me pareció muy importante y parece que lo sigo siendo.
—Está muy bien, no lo pierdas nunca. Bueno, cambiando de tema, ¿vamos para la casa donde te vas a hospedar?
—Dale, sí. Acá tengo la dirección.
—Genial, allá vamos pero primero para llegar tenemos que tomar el metro.
—Perfecto, ¿dónde lo tomo?
—Vení, seguime que yo te guío.
Sonrió agradeciéndome con la mirada y fuimos caminando hasta el metro. Llegamos y lo tomamos juntos. El viaje transcurrió entre charlas, risas y algún que otro momento de silencio pero no de esos incómodos, estos eran extrañamente placenteros.
—Bueno, creo que acá nos despedimos.
—Bien, muchas gracias de nuevo por todo lo que me ayudaste, de verdad. Nadie hace esto por gente que recién conoce. Cosas así solo pasan en las películas. Lo aprecio mucho —dijo con una sonrisa.
—De nada, fue un gusto conocerte y ayudarte —contesté y reí—. Esperá, falta algo.
Capítulo 8
—¿Qué pasa? —preguntó ella.
—Después de toda nuestra larguísima charla todavía no sé tu nombre —dije.
—¡Tenés razón! Ni yo el tuyo. Mi nombre es Sarah, ¿vos cómo te llamás?
—Me llamo Alan.
—Ahora sí, no te hago demorar más. Un gusto conocerte, Alan.
—Gracias a vos. No hay apuro, e igualmente Sarah.
Sarah
Reí con él y nos saludamos con el típico “cheers” que caracteriza a los ingleses. Con la dirección en mano me dirigí hacia la casa donde iba a hospedarme. Nerviosa, ansiosa y sobre todo feliz por estar en la ciudad que tanto quería conocer cuando era niña. Caminé un poco y la encontré. Di unos pequeños golpes en la puerta y a los segundos, una señora con una gran sonrisa en su rostro la abrió.
—Hola, soy Sarah. Yo hablé con usted para hospedarme durante un tiempo acá. Soy de Argentina —dije con una sonrisa.
—Hola, un gusto. Mi nombre es Ana. Encantada de conocerte. Si necesitas algo no dudes en pedírmelo —dijo amablemente.
—Igualmente para mí. Muchas gracias —sonreí.
—Vamos adentro, hace un poco de frío. Adelante —sonrió.
Entré a la casa y era muy acogedora. El ambiente era familiar y no hacía nada de frío allí dentro. Tenía cuadros de paisajes colgados en las paredes, algunos de caballos y otros de flores. Había mesas con personas sentadas en ellas conversando, riendo y tomando té con scones. Creo que podría acostumbrarme bastante a vivir acá.
—Él va a ayudarte con tus maletas —dijo Ana señalando al joven que se encontraba a su lado.
—Muchas gracias —dije y sonreí.
—Encantado de ayudarte. Mi nombre es Max —dijo el chico extendiendo su mano a modo de saludo.
—Un gusto. Mi nombre es Sarah —dije y tomé su mano apretándola suavemente.
Max agarró mis maletas, subimos las escaleras y me guio hasta el cual sería mi cuarto. Era lo suficientemente grande para mí. Tenía una cama, un baño, un espejo, un armario, televisión y un par de cuadros de amaneceres colgados en la pared. Era perfecto. Siempre me encantó ese tipo de cuadros. Había decorado la habitación de mi casa en Argentina de esa forma y de repente, me sentí como si estuviera allá.
—Acá te dejo las maletas. Que disfrutes tu estadía —dijo Max con una sonrisa de costado.
—Muchas gracias —esbocé una sonrisa y vi como él se retiraba de mi cuarto.
Capítulo 9
Alan
—¡Mi amor, llegaste! —dijo ella y corrió a abrazarme.
—¡Hola, hermosa! Te extrañé —dije y la abracé fuerte.
Estar fuera de tu país durante meses es duro cuando tenés a las personas que amás lejos. Por suerte estoy de nuevo en mi casa, en Londres y con mi novia.
—Te extrañé mucho, amor. ¿Cómo te fue? —dijo mostrando interés.
—Y yo ni te imaginás, preciosa. Bien, nos fue muy bien —dije feliz— ¿Vos cómo estás?
—Me alegro. ¡Increíble! Me llamaron para unas sesiones de fotos y estoy muy emocionada.
—Yo por vos. ¡Qué bueno! ¿Ya viste cómo salieron?
—Algunas sí, otras me las envían en estos días. Estoy ansiosa por ver los resultados.
—Seguro saliste perfecta, como siempre —me acerqué y le di un beso en los labios.
Ella sonrío y me siguió el beso. De verdad la extrañaba. Estar alejado de ella no me gustaba para nada, pero yo amaba lo que hacía y no me podía quejar. Era muy afortunado de la vida que me tocó.
—Quiero tomar algo. ¿Te hago para vos también? —pregunté dirigiéndome hacia la cocina.
—Un café está bien, bebé —dijo ella con una sonrisa.
Todo en ella era perfecto. Sus ojos color azul, su piel blanca, su cabello rubio, sus labios, su cuerpo. Absolutamente todo. Esta mujer me tenía completamente enamorado. Fui a la cocina a preparar los cafés y mientras se hacían, encontré pan para hacer tostadas. Cuando estuvieron listos, los puse arriba de una bandeja junto con el pan tostado y me dirigí hacia nuestro dormitorio. Ella me esperaba recostada en la cama con una sonrisa.
—Acá tenés, amor —dije y le entregué el café con las tostadas.
—Gracias, vida. No pude haber elegido un novio mejor que vos. Sos atento, caballero, buena persona y hermoso —dijo ella y sonrió.
—No me agradezcas, linda. Yo soy el que está agradecido de tenerte a mi lado. Sos la novia ideal. Te amo, Melanie.
Sonrió.
Sos perfecto. Te amo, Alan. —contestó ella.
Se acercó a mí y me dio un beso corto en los labios. Tomamos el café, comimos las tostadas y encendimos la televisión. Ella se acostó en mi pecho y sin darnos cuenta nos quedamos dormidos.
Capítulo 10
Sarah
