Amenaza Submarina - Pablo Stuardo - E-Book

Amenaza Submarina E-Book

Pablo Stuardo

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Beschreibung

Océano Pacífico, diciembre de 2022. El submarino "Thomson" detecta un contacto submarino en mar territorial, hecho que pone en tensión las relaciones internacionales. Paralelamente en Chile, en pleno proceso constitucional, una eligrosa organización narcoterrorista, liderada por el enigmático "Puma", se prepara para recuperar las tierras ancestrales de su pueblo. En tanto que en China se lleva a cabo la construcción de una nave secreta, destinada a ambiar el curso de la historia. Tres hermanos, un empresario, una periodista y un marino, se verán envueltos en un peligroso juego de corrupción, delincuencia, poder e intriga, y harán todo lo posible por develar los secretos que se esconden tras la fantástica figura de un submarino mercante. Sumérgete en esta apasionante novela, que mezcla los últimos acontecimientos vividos en Chile con una historia de ficción que te cautivará desde el primer momento y que te hará reflexionar sobre el rumbo que está llevando nuestra sociedad.

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Seitenzahl: 406

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Amenaza Submarina © 2023, Pablo Stuardo ISBN: 978-956-406-170-2 Primera edición: Junio 2023 Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida ni en todo ni en parte, tampoco registrada o trasmitida por un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, sea mediante mecanismo fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por fotocopia o cualquier otro, sin el permiso previo escrito por el autor.

Trayecto Editorial Editora: Constanza Cariola Cerda Ilustración portada: Luis Naranjo Diseño portada y diagramación: David Cabrera Corrales Dr. Sótero del Río 326 of 1003, Santiago de Chilewww.trayecto.cl +56 2 2929 4925

Imprenta: Donnebaum Impreso en Chile/Printed in Chile

A mi padre (Q.E.P.D.), por haberme presentado el mundo naval, y a mi madre, por inculcarme el valor de la lectura.

PRÓLOGO

Son las 03:43 de la madrugada del 14 de diciembre de 2022, en algún lugar al sur del paralelo 50º00,0’ S del océano Pacífico, a 250 metros de profundidad, cuando el oficial de guardia ordena despertar de inmediato al comandante del submarino “Thomson”, uno de los cuatro submarinos que posee la Armada de Chile. Tan pronto se apersona el comandante en el departamento Central, desde donde se dirigía tácticamente el submarino, este le informa que en las pantallas del sonar se observan unas líneas características, indudablemente atribuibles al ruido producido por los hidroplanos de un submarino, según le ha notificado Jorge, el serio y experimentado supervisor de sonares.

Gabriel, el jefe de guardia, ordena establecer patrulla ultrasilenciosa, cubrir puestos de combate y preparar el tubo 2 para lanzamiento urgente, mientras se mantiene atento al rumbo, para no perder el contacto de sonar recién detectado.

Ya en sus puestos de combate, nadie se mueve en el submarino. Las respiraciones de cada miembro de esa noble y valiente dotación pueden sentirse a metros de distancia. Todos se encuentran atentos a las órdenes del comandante, quien, empuñando fuertemente la mano derecha en su bolsillo, intenta contagiarles la tranquilidad y serenidad necesarias en ese momento, característica habitual y muy arraigada en los comandantes de los submarinos chilenos.

En el interior del submarino, tenuemente iluminado con una luz roja incandescente, se acentúa la brillantez de las gotas de sudor que emana el oficial de armamentos, quien a lo largo de toda su carrera se ha preparado para efectuar el lanzamiento de tan temibles armas: los torpedos.

Luego de doce minutos de una eterna espera, el ruido se desvanece, sin embargo, la alerta de la dotación se mantiene intacta. El operador táctico indica que, según el traqueo efectuado, la velocidad del posible submarino sería de veintitrés nudos. Por este motivo, el oficial de guardia, confiando ciegamente en la recomendación del operador lo clasifica como posible submarino nuclear.

Tras el desvanecimiento del contacto submarino, comienza a desaparecer la tensión que imperaba en los puestos de combate. En ese instante, Gabriel, más liberado de la tensión inicial, comienza a meditar. ¿Quién iba a imaginar que la operación de fiscalización a la que estaba asignado el submarino, para lograr obtener evidencias de que la gran flota pesquera china se encontraba pescando dentro de la zona económica exclusiva de Chile, iba terminar en la apertura de una de las tapas exteriores de los tubos lanzatorpedos, comandada mediante uno de los sistemas de control de fuego más modernos de las Armadas de Sudamérica?

Sin duda estos son los tipos de experiencias que apasionan a todo submarinista, y Gabriel, sumido en sus pensamientos, se imagina las caras de sus compañeros de curso en la Escuela Naval, cuando pudiera contarles los hechos recién vividos. Esos gratos pensamientos cesan de golpe, luego de que el segundo comandante le llamara la atención porque el submarino se encuentra a doscientos cuarenta y cinco metros de profundidad y no a los doscientos cincuenta metros ordenados, por ser la mejor profundidad de escucha, de acuerdo con el perfil bativelocígrafo negativo que predominaba en ese momento.

El comandante del submarino, el capitán de fragata Stuart, tras experimentar una situación tan tensa como las cuerdas de un violín bien afinado, se sienta en su escritorio, ante la soledad que le impone el mando, a tratar de imaginar la cronología de todas las acciones futuras que experimentarían no solo él, su dotación o su patria, sino también el mundo entero.

CAPÍTULO I

Se vivía una mañana húmeda en el aeropuerto internacional Arturo Merino Benítez, de la ciudad de Santiago. Llamaba la atención que a finales de noviembre el clima todavía no estuviese tan cálido como otros años en esa misma fecha. Gabriel, un joven oficial de marina, de estatura baja, pelo negro y piel morena, se encontraba sentado en la sala de espera, aguardando la salida del vuelo LATAM 065 con destino a Río de Janeiro. Esperaba con la ansiedad que lo caracterizaba y que llevaba cultivando hacía ya diez años, desde que era un joven cadete en la Escuela Naval de Chile, tratando de terminar todas sus tareas a tiempo y de cumplir las órdenes encomendadas de la manera más eficiente posible, intentando ser digno de honrar el lema de tan prestigiosa institución: “Honor y Patria, Eficiencia y Disciplina”. Sin embargo, esta característica que aparentemente lo caracterizaba como un profesional eficiente, se transformó en una debilidad al momento de ejecutar sus cursos de calificación de submarinos, en que la “paciencia del cazador” es fundamental para lograr obtener el rendimiento de un complejo sistema de armas y especialmente de hombres esperando las mejores decisiones en el momento oportuno.

En Río de Janeiro se celebraría la feria Expo Naval Brasil, evento que reuniría a múltiples empresas del rubro armamentista marítimo y universidades con proyectos de investigación relacionados con el mar. Dicho evento, con una duración de tres días, representaba una excelente oportunidad para que oficiales de las Armadas de toda la región se conocieran, establecieran vínculos y estuvieran al tanto de las nuevas y futuras tecnologías que marcarían el devenir del mundo naval. Gabriel fue seleccionado para asistir, lo que le permitiría relacionarse con los oficiales de la Armada brasileña que conformaban parte del equipo de desarrollo nuclear en los nuevos submarinos de ese país.

Gabriel había sido designado recientemente como el futuro oficial de la Armada chilena en encargarse del proyecto de construcción de submarinos nucleares en Asmar, Astilleros de Chile, como parte del programa que había instrumentado el Gobierno. Se le asignaba la tarea del desarrollo de tecnologías espaciales e inteligencia artificial a la Fuerza Aérea, ciberdefensa al Ejército y energía nuclear a la Armada. Su propósito en ningún caso implicaba la producción de armamento nuclear, en concordancia con las políticas internacionales de no proliferación de armas nucleares. Sin embargo, se determinó que para el año ٢٠٣٦, Chile debería contar con un reactor nuclear a bordo de un submarino, que le permitiera alimentar eléctricamente a toda la ciudad de Santiago.

Mientras esperaba, se tocó los bolsillos de su clásico pantalón jeans de color azul, para chequear que tuviese su billetera y pasaporte con él. Una manía que había heredado de su padre, quien constantemente verificaba la presencia de sus documentos y llaves en sus bolsillos. Luego, para combatir la ansiedad y el aburrimiento en la espera, abrió su mochila negra para sacar el libro que estaba leyendo. Verlo le produjo una sensación de tranquilidad, ya que aún le quedaban aproximadamente un cuarto de las páginas para terminar una de las aventuras de Jack Ryan.

Cuando se preparaba para iniciar la lectura de su libro —actividad que representaba uno de sus hobbies—, inclinó la cabeza en dirección a la televisión que se encontraba a su derecha, al reconocer la voz de su hermana Montserrat, famosa periodista de un canal de noticias. Se encontraba escoltada por Carabineros, reportando en vivo y en directo una de las protestas que se estaban efectuando en plaza Baquedano, lugar que se encontraba situado en el corazón de Santiago. Se llamaba así para conmemorar a uno de los generales que llevó a Chile a la victoria en la guerra del Pacífico y que permitió que actualmente dentro de nuestro territorio se encontraran los yacimientos de cobre más grandes del planeta, los cuales sostienen la economía de esta nación. “Probablemente si no hubiese sido por aquella guerra, no seríamos el país que somos en este momento” reflexionó Gabriel.

Las protestas venían generándose desde hace unos años, producto de un sentimiento de desigualdad percibido por la población, el cual desencadenó una serie de hechos que lograron finalmente que se efectuara un proceso de cambio de Constitución. Esta nueva Carta Magna debía estar terminada en noviembre del año 2022 y sería redactada por una serie de ciudadanos y personajes elegidos por votación popular, y aprobada mediante un referéndum final de salida. Quedaban solo tres semanas para este evento democrático, que permitiría aprobar o rechazar la propuesta, y hasta el momento esta no contenía todas las medidas prometidas por los políticos y líderes del movimiento constitucional. Representaba mucho mejor a las minorías que a las mayorías, con lo que dividía más que unía al país.

La periodista se encontraba a un costado de la plaza, relatando los desmanes que estaban produciendo un grupo de jóvenes encapuchados. Estos, más que pacíficos protestantes, parecían expertos en bombas incendiarias y construcción de estructuras de combustibles en base a neumáticos para confeccionar barricadas. Hasta podrían haber llegado a ser campeones olímpicos en la prueba lanzamiento de la bala, debido a la técnica y fuerza utilizada para lanzar proyectiles a los blancos móviles de color verde, los carabineros. Por su parte, las fuerzas de Carabineros intentaban incansablemente repeler a este verdadero ejército que parecía organizado por profesionales, sin mucha eficiencia.

El paisaje estaba representado por edificios con protecciones de metal en sus accesos, rayados con grafitis y frases en protesta contra el Estado opresor, reclamando toda la injusticia producida por los militares, los machistas, los sacerdotes, los empresarios y todo gremio que no siguiera fielmente los sentimientos de igualdad de género e igualdad de clases para todos. O se estaba dentro del club o se era un enemigo al cual había que combatir de forma armada, legado de los gobernantes marxistas como Guevara, Fidel y Hugo, quienes mantenían un discurso que traspasó fronteras, incluyendo la imponente cordillera de los Andes. En Chile este discurso se posicionó en una porción minoritaria de la sociedad chilena, que en un principio fue mirada con cierto desprecio y que fue víctima de mofa por defender sus ideales socialistas. Sin embargo, hasta la presente fecha habían logrado la movilización de más de dos millones de santiaguinos para protestar a favor de la elaboración de una nueva Constitución. Era un triunfo magnífico para ellos.

Montserrat, una chica de 1,65 metros, esbelta, de tez clara, se encontraba con su pelo castaño recogido, el cual le hacía lucir aún más sus lentes que les permitían ver con claridad las formas y colores que se presentaban ante su vista. Ella sabía que todos los que habían asistido a la marcha por la nueva Constitución, al final, serían los responsables del deterioro de la economía del país y del aumento exponencial de la delincuencia y el narcotráfico. Aquella era una fórmula que se había repetido en casi todos los países de Latinoamérica a través de los años, y ella lo sabía muy bien, tras dilatados años de estudio en la universidad.

Se arreglaba la chaqueta corporativa que hacía juego con sus zapatillas y con sus pantalones estilo militar color caqui, especiales para la faena reporteril, cuando de manera abrupta le arrebataron el micrófono. Se trataba de Mauricio Antilao, un hombre de aproximadamente treinta y cinco años, con claros rasgos indígenas, vistiendo una polera negra con el símbolo del Kimeltuwe en el torso. Ese logo, en la actualidad, era similar al del Wallmapu, que representa el antiguo territorio de los mapuches, pueblo originario de Chile caracterizado por su espíritu guerrero y porque nunca permitió que los conquistadores españoles hicieran posesión de sus tierras.

Llamaba la atención la forma de hablar de este individuo, quien era uno de los miembros de la Convención Constitucional, organismo seleccionado para redactar la nueva Constitución de Chile. Se encontraba agitado como si quisiera expresar algo contenido al interior. Las palabras comentadas por este líder indígena fueron cortas:

—El Kimeltuwe renacerá bajo el alero de la mayor potencia mundial y en el territorio más rico del planeta.

Luego soltó el micrófono y se dirigió al vehículo Mercedes Benz que se encontraba a tan solo unos metros de distancia. Ahí, un musculoso hombre vestido elegantemente le abrió la puerta, permitiendo que el sujeto se introdujera y dejara de verse, debido a los vidrios polarizados.

Montserrat, un tanto desconcertada por la imprudente intervención de este constituyente, tras haberle arrancado el micrófono lo miró con actitud de protesta. Sin embargo, él rápidamente se alejó, mirándola con una sonrisa incontrolablemente maliciosa, como si estuviese bajo un trance o efectos de alguna droga. La periodista decidió no darle mayor importancia al hecho y continuar con su nota informativa. Igor, uno de los miembros de su equipo periodístico, la miró y le preguntó:

—Montse, ¿qué es lo que te ocurre? ¡Estás pálida!

Ella, un tanto distraída y nerviosa, replicó:

—Nada, es solo que ese tipo es un imprudente, me arrebató el micrófono solo para decir una frase muy extraña, casi ridícula. Solo estoy tratando de asimilar qué hay detrás de todo esto.

Su compañero le sugirió que diera rápidamente vuelta a la página y se dispusieran a finalizar la nota. Con cada minuto que pasaba, aumentaba el riesgo de ser heridos por los delincuentes que, desde hacía algunos días, dormían, comían y vivían en ese sector de la capital.

Las palabras recién pronunciadas por el agitador político no fueron percibidas por Gabriel, quien se encontraba un tanto distraído, ya habituado a escuchar discursos de políticos con mensajes descabellados y sin fundamentos. Sin embargo, su hermana Montserrat, quien acababa de sufrir el contratiempo, sintió un pálpito que la puso nerviosa por un par de segundos, mientras recordaba y se repetía las palabras recién escuchadas para aprendérselas de memoria. ¿Qué había querido decir ese sujeto con aquella frase y en un contexto tan extraño? ¿O quizás sería una señal para alguien, a través de las pantallas televisivas? No, eso había sido demasiado extraño, como de películas. Montserrat decidió seguir el consejo de su compañero y dar vuelta rápidamente la página.

Al finalizar la nota, no obstante, la periodista se dirigió a su departamento, se preparó una taza de té e inmediatamente se dispuso a buscar en Internet la frase, y a investigar al señor Antilao, personaje que le llamó profundamente la atención.

CAPÍTULO II

Ana Meriño, una hermosa venezolana, era hija de uno de los excomandantes en jefe de la Armada de Venezuela, de quien nadie se podía explicar cómo pudo llegar a tan alto cargo, debido a su permanente oposición al régimen chavista dirigido actualmente por Nicolas Maduro. La única posible explicación a dicho enigma se resume en la frase “mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos más cerca aún”, complementado con su fuerte carácter, que no lo frenaba ante la necesidad de decirle al presidente, y a cualquier persona de su entorno cercano, lo que pensaba, aunque ello le significara un momento incómodo. Esa convicción moral le permitió dirigir la institución naval de ese país, que se encontraba en fuerte decadencia, como consecuencia de la pésima situación económica reinante.

Durante su gestión trató siempre de mantener a sus subordinados lo más alejados posible de la escena política. Lidió con aquella situación con tenacidad, pero, tras solo un año ejerciendo el mando, se vio forzado a dimitir de su cargo, tras mantener una marcada diatriba con su jefe inmediato, el ministro de Defensa. Esto, como consecuencia de una sanción disciplinaria que el almirante Meriño impuso al comandante del buque escuela “Simón Bolívar” por realizar un discurso con cargado sesgo político durante la conmemoración del aniversario del velero insignia de la Armada.

Meriño siempre había sido un hombre de fuertes convicciones morales y creía fervientemente que, al exponer sus puntos de vista con fundamentos y críticos razonamientos, podría generar cambios y adeptos a sus altos ideales institucionales. Pero pronto se convenció de su error. Por tal motivo, decidió retirarse de la institución a la que le había brindado treintaiocho años de su vida y, junto a su esposa, emprendió viaje a los Estados Unidos de América, debido a que en ese país habían estudiado sus hijas en el pasado reciente. Allí pudo encontrar un lugar cómodo y tranquilo donde vivir, disfrutando de las bondades que ofrecía ese gran país del norte del continente.

El carácter singular de la hermosa Ana, heredado de su padre, junto a su impresionante inteligencia analítica, contribuyeron a que llegara a convertirse en una de las más prestigiosas gerentes de la empresa aérea LATAM, fusión entre las antiguas aerolíneas LAN, chilena, y su contraparte brasileña, TAM. Estas, a partir del año 2015 generaron una alianza estratégica que se ha mantenido hasta el día de hoy.

Esta alta ejecutiva era la encargada de supervisar todos los procesos logísticos y cadenas de abastecimiento de la empresa, logro que la hacía sentirse orgullosa, puesto que, a temprana edad, lideraba una de las compañías más importantes de la región. Su ascenso meteórico en la empresa fue apoyado indirectamente por la pandemia del COVID-19, la cual afectó significativamente a la aerolínea. El antiguo equipo directivo no había sido capaz de afrontar la situación de manera agresiva y adecuada, dejando un déficit financiero que por poco produjo el declarar a la empresa en bancarrota. Esa situación impulsó la generación de una renovación total de la directiva de la compañía, lo cual facilitó enormemente que Ana escalara a dicha posición.

Ana representaba una fusión exquisita entre el carisma caribeño y la ambición norteamericana, dado que a temprana edad tuvo la oportunidad de continuar sus estudios universitarios en Estados Unidos. Ahí se había distinguido como la mejor alumna en todas las clases, lo que le permitió obtener múltiples becas y, una vez graduada, iniciar su profesión al servicio de grandes compañías privadas norteamericanas. Pero no todo eran números para Ana. Su inteligencia se complementaba además con su atrevida y sensual forma de bailar. A través de los tacones, que la hacían parecer incluso más alta de lo que en realidad era, movía sus caderas de una forma que enamoraba hasta al más frío e indiferente hombre del planeta.

Esta atractiva e inteligente caraqueña de treinta y dos años era alta, de contextura delgada y con caderas similares a las de la más fina guitarra clásica. Tenía una nariz recta y puntiaguda, que hacía un interesante juego con sus ojos de color verde aceituna intenso, los cuales contrastaban perfectamente con su piel blanca y ligeramente bronceada.

Ese día se encontraba en la ciudad carioca de Río de Janeiro disfrutando de sus bondades y cálidas playas, luego de culminar unas agotadoras reuniones con ejecutivos locales de la aerolínea, frente a su lujoso departamento ubicado en el área de Barra de Tijuca, donde en los próximos días cumpliría su primer año de estadía en esa hermosa ciudad.

Mientras se encontraba tomando sol, recibió el llamado de su mejor amigo, Javier, a quien conocía desde sus días en la universidad. Ambos compartieron algunas clases en común y, dada la mutua obsesión por obtener los mejores resultados académicos, generaron una sana competencia que a la postre desencadenó en una estrecha y genuina amistad. Por medio de aquella amistad, Javier conoció a Daniela, hermana de Ana, quien tiempo después se convirtió en su esposa. Unieron sus vidas en matrimonio a los pocos meses de conocerse, y de esa fusión surgieron sus dos hijas, Bianca y Bárbara. A esas hermosas niñas les tocó crecer en un mundo convulso, azotado por la pandemia, por las guerras en Europa, el calentamiento global, las discriminaciones a las mujeres en Medio Oriente, las crisis sociales y todos esos problemas que caracterizan nuestra época. Pero Javier y Daniela no permitían que esas cotidianas circunstancias globales afectaran el crecimiento y desarrollo de sus niñas. Ambos trataban de que crecieran como las más felices del planeta.

Ana contestó la llamada y tras los saludos correspondientes, Javier le contó que lo habían invitado a una cena de gala en el marco de una feria marítima que se estaba desarrollando en esa ciudad y que él, lamentablemente, no alcanzaría a llegar a tiempo. Había sufrido un retraso en Dubái, al ir a comprar el regalo de su aniversario de matrimonio, el cual lo había obtenido a través de un acuerdo con un importante jeque árabe. Era un precioso anillo de diamantes, digno de la esposa de unos de los mayores inversionistas del planeta. El exclusivo anillo lo obtuvo tras una reunión que sostuvo a bordo de un lujoso yate perteneciente a Cristian, un amigo de la familia, quien además era su capitán. La figura de Cristian era fácilmente reconocible, debido a que lucía una abundante barba roja y tenía una “pata de palo”. En realidad era una prótesis muy moderna de fibra de carbono, que comenzó a usar a los veinticuatro años cuando, surfeando en las costas de Hawái, lo mordió un tiburón y por ello debieron amputarle la pierna a una altura de unos diez centímetros por debajo de la rodilla derecha.

Javier sabía que no debía interrumpir al jeque cuando contaba las aburridas historias acerca de la fortuna de su familia, ya que podría afectar unas excelentes y muy elaboradas relaciones que valía la pena mantener con esa familia. Mientras escuchaba las rutinas de entrenamiento que los domadores de tigres aplicaban a sus mascotas, Javier decidió que no asistiría a la invitación que le había hecho Joao, un inversionista brasileño, quien además era uno de los organizadores de la feria naval. Mientras tanto continuó tomando pequeños sorbos de uno de los más caros y exclusivos coñac. De allí su retraso en tomar el vuelo a Brasil.

La cita se demoró alrededor de tres horas, lo que significaba que, ni siquiera volando en su avión privado de lujo, un Boeing B747-8, llegaría a Río de Janeiro a tiempo. Actuando en consecuencia, se puso en contacto con Joao para avisarle que no alcanzaría a llegar a tan importante cita, sin embargo, le informó que en su representación asistiría una muy buena amiga suya, casi tan inteligente como él y muy atractiva, por lo demás.

—Pero, Javier, ¡cómo haces eso sin siquiera preguntarme! —exclamó Ana.

—Créeme que eres la única persona a la que dejaría que me representase en algún evento como este. Tú sabes que para mí es importante conocer a los “señores de la guerra”. Además, no me puedes decir que no —replicó Javier.

—Está bien, lo haré solamente porque tú me lo pides. Cuida a mi hermana y dile que responda a mis mensajes de WhatsApp —le contestó Ana.

—Está bien. El evento es mañana viernes a las ocho de la noche en el club de yates de Río de Janeiro. No olvides ser puntual. Bye —sucintamente se despidió Javier.

Después de cortar la comunicación, Ana, sin entusiasmo de asistir a ningún evento social, continuó disfrutando de la playa, arreglándose su bikini amarillo que permitía ver gran parte de su piel blanca-canela. Se dirigió al agua para refrescarse, tocándose su negra cabellera, para luego volver lentamente, luciendo su figura, a tomar sol boca abajo. Mientras, recordaba las excelentes historias que le contaba su madre cuando regresaba de las cenas navales, cuando su padre era militar activo. Siempre destacaba la comida y lo bien que se pasaba en los eventos de marinos. Esto le produjo una sensación de ligero entusiasmo, que la motivaba para asistir al evento en el que la habían comprometido, sin siquiera haberle preguntado.

Después de un cuarto de hora, Ana recogió su toalla, la guardó en su lujoso bolso beige de tela biodegradable, se limpió la arena de los pies y se dirigió caminando a su departamento. A lo lejos divisó un avión de la compañía LATAM, que le hizo meditar sobre el estruendoso ruido que producían los aviones que llegaban a la ciudad.

CAPÍTULO III

Uno de los principales y más jóvenes inversionistas del mundo era Javier, un inmigrante chileno radicado en Estados Unidos, quien a través de la perseverancia, la autoexigencia y la obsesión se transformó en uno de los hombres más millonarios del mundo. A la temprana edad de trece años llegó a Norteamérica a cursar un año en high school, donde no entendía ni una palabra de lo que se hablaba, pues realmente nunca había puesto atención a las clases de inglés en el colegio de su Chile natal.

Dado que siempre estuvo atraído por el dinero, se acostumbró a ingeniárselas para conseguir de manera lícita dinero que le permitiera mejorar su calidad de vida. Sin embargo, para lograrlo tempranamente comprendió que no bastaba solo con esforzarse haciendo lo mejor que uno puede durante cuarenta horas semanales. Así pues, decidió dedicar sus veintes a trabajar veinte horas diarias, siete días a la semana, jurando que, si a la edad de treinta años no era millonario, se suicidaría. Dicho juramento lo llevó a vivir una vida intensa, sometido a cientos de horas mensuales frente a un computador, trabajando para otros y también desarrollando sus propias habilidades, hasta que un día entendió que una de las herramientas que le permitiría ser millonario era crear dinero. Es por esta razón que, tras un largo camino de ingenio y estudio, logró crear su propia criptomoneda, PS_Crypto, la cual actualmente se proyectaba como una de las criptomonedas del futuro.

Este desarrollo hizo que Javier lograra aceleradamente hacerse millonario a la edad de veintisiete años. Sin embargo, el dinero trajo consigo ansias de poder. A raíz de esto comenzó a establecer negocios con la industria espacial, entrando al cerrado círculo de amigos de Elon Musk, de la industria armamentista. Generó fructíferas relaciones con empresas occidentales del mundo de la defensa y creando una compañía muy reservada, cuyo rubro era la ciberdefensa orientada al sector privado. El modelo de esta compañía consistía en capacitar a estudiantes, hackers y aficionados a la informática, de países centroamericanos y hacerlos competir con estudiantes de la India, con desafíos que él mismo diseñaba. El ganador recibía una gran suma de dinero y el perdedor activaba las neuronas del cerebro, que por naturaleza obligan al ser humano a ser competitivo. El resultado final fue lograr contar con los mejores hackers del mundo, quienes eran capaces de romper cualquier estructura informática, por más encriptada que pareciera.

Su apuesta tenía dos propósitos: proteger su criptomoneda y vender seguridad a privados. En este mundo globalizado, son increíbles las cantidades de dinero que algunas personas están dispuestas a pagar para proteger sus datos privados, que van desde fotos íntimas hasta cuentas bancarias. Javier vio esto a los veinte años y le llevó siete años de arduo trabajo conseguir ser el hombre que tenía prácticamente el control de la moneda que reemplazaría el dólar y de la seguridad de la información de, por lo menos, los líderes del mundo occidental.

El modus operandi de Javier consistía en comprar, a un buen precio, a los mayordomos, choferes y a todo miembro del mundillo inferior que rodeaba a los empresarios y líderes de los países. Como bien sabía, normalmente el chofer puede entregar la información más rápidamente y de manera más confiable que el mismo empresario, quien siempre buscará maquillar la información con el propósito de acomodarla a su conveniencia.

Su personalidad obsesiva y un tanto soberbia, lo había llevado a enemistarse con muchos amigos de juventud y familiares, quienes nunca lograron entender su espíritu capitalista, argumentando que no era necesario contar con tanto dinero para poder llevar una vida feliz, pensamiento asertivo, pero un tanto mediocre bajo los estándares de Javier, quien minuto a minuto trataba de exigirse al máximo para lograr crear un mundo mejor para sus niñitas.

Su ritmo de vida se basaba en viajes y reuniones con privados, empresarios y los señores de la guerra, para poder controlar o al menos visualizar todas las transacciones y negocios armamentistas que se ejecutaban por millonarias sumas de dinero, día a día. Es por esto que, a través de una investigación efectuada por la CIA, fue invitado para fungir como asesor directo del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, posición ad hoc de la cual solamente cuatro personas en el mundo sabían. Esa restricción de seguridad y anonimato era imprescindible para brindarle protección a Javier.

Dado que el día cuenta tan solo con veinticuatro horas y la capacidad cerebral no permite al ser humano estar más de sesenta y dos horas despierto trabajando eficientemente, Javier requería el apoyo de su ayudante Matías, hombre de su total confianza, quien además se ocupaba de todos los problemas cotidianos y quien era prácticamente la mano izquierda de Javier (debido a que era zurdo).

Matías era un ex Navy Seal, quien durante su carrera militar había participado de misiones en Irak y también en Colombia, combatiendo a las guerrillas de las FARC. Tras su retiro del servicio, decidió radicarse en Chile, luego de conocer y posteriormente casarse con una mujer de ese país. Matías tenía una preparación física envidiable, además de hablar cuatro idiomas y ser el piloto del avión privado de Javier. Lo conoció en un bar escondido de Buenos Aires, luego de haber quedado viudo debido a un ataque incendiario en una localidad cercana a la ciudad de Temuco en Chile. Un grupo guerrillero había quemado un hotel como forma de protesta, reclamando las tierras que el Estado chileno le había usurpado. Su esposa falleció en dicho atentado. Llevaba dos años trabajando con Javier y le había jurado lealtad irrestricta con el fin de vengar el asesinato de su esposa, a manos de grupos terroristas y narcotraficantes.

Javier cotidianamente manifestaba una personalidad muy dicharachera y bromista, pero se transformaba en un león hambriento cuando se trataba de trabajo y era muy capaz de devorarse a cualquiera que intentara disputarle su reinado. De igual manera, no acostumbraba a efectuar negocios con ciudadanos chinos, debido a que aborrecía su forma de ser, capricho que una persona con miles de millones de dólares en su cuenta bancaria puede darse el lujo de sentir. El último negocio que estaba en ejecución era la seguridad de datos y trasferencias bancarias de un millonario chileno, quien para proteger su seguridad adoptó el nombre en clave de “Puma”. Las investigaciones previas daban cuenta de que “Puma” era un inversionista forestal, lo cual tenía sentido al ser una de las principales fuentes de ingresos económicos de Chile.

Los asesores de PS Security recomendaban a Javier no investigar los datos que se deseaban proteger, simplemente protegerlos, para no incurrir en problemas legales ni entrar en el ojo del huracán, en el caso de filtraciones de información. Sin embargo, hasta la fecha, PS Security contaba con una envidiable reputación, satisfaciendo el 98% de las expectativas de seguridad exigidas por sus clientes. El 2% restante había sido una ridícula fuga de información de un actor famoso, quien en estado de ebriedad había divulgado un video en TikTok mostrando las claves de sus redes sociales, hecho que finalmente fue atribuido a la falta de seguridad de PS Security y no a la propia irresponsabilidad del personaje.

Javier nunca tomaba vacaciones, sus negocios no se lo permitían, sin embargo, ya que su avión privado volaba en dirección al continente americano, decidió hacer una escala y pasar unos días para visitar a sus padres, que vivían en la ciudad de Viña del Mar, aprovechando el grato ambiente que se vive en esa ciudad en época de primavera.

CAPÍTULO IV

La reciente noticia que anunciaba el acuerdo AUKUS1, el cual reseñaba que Australia iniciaría un proyecto de construcción de nueve submarinos nucleares con asesoramiento de los Estados Unidos e Inglaterra —dejando de lado el contrato de construcción de doce submarinos convencionales, previamente acordado con la empresa francesa Naval Group—, precipitó que se reunieran en múltiples ocasiones los líderes del Partido Comunista de China en Zhongnanhai, un complejo de edificios pertenecientes a ese grupo político.

El ministro de Seguridad Exterior chino, señor Xu, era un hombre que destacaba por infundir temor, dado su duro carácter y por tener una sensibilidad similar a la piedra más seca del desierto de Atacama. Impregnaba miedo en todo aquel que trabajara con él, incluyendo al primer ministro.

Mientras se encontraban en la reunión para discutir la estrategia de defensa que impulsaría China para contrarrestar el desequilibro de poder que se produciría en la región, a partir del acuerdo AUKUS, un asistente entró al salón y le susurró un par de palabras al oído del señor Xu. Este, abusando del inagotable poder que tenía dentro del Partido —y contrario a toda norma tradicional china—, se ausentó de la reunión sin excusarse para ir a contestar una llamada telefónica y, al mismo tiempo, aprovechar de fumarse un cigarrillo Marlboro rojo que tanto le agradaban. Ese vicioso hábito le ayudaba a relajarse y a guardar la compostura, por lo menos hasta un par de minutos después de consumir su tabaco favorito. Ese breve letargo que le producía el cigarro era muy agradecido por sus ayudantes desde lo más profundo de sus pensamientos y siempre rogaban para que el ministro fumara un poco más de sus habituales veinticuatro cigarrillos diarios.

—Señor Xu, estamos listos. Debemos ejecutar el plan inmediatamente —escuchó tan pronto descolgó el auricular.

El ministro, luego de oír esa oración, se quedó pensativo por aproximadamente cuarenta y cinco segundos, mientras extraía toda la nicotina de su cigarrillo, repasando mentalmente la secuencia cronológica de todos los eventos que se producirían en los próximos días.

1 Acrónimo en inglés que representa una alianza estratégica militar entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos (N. del A.).

CAPÍTULO V

Al abordar el avión en Santiago de Chile, Gabriel sintió esa extraña y recurrente sensación que se producía cada vez que abordaba un avión, tras haber vivido un desagradable episodio años atrás, durante un vuelo entre Miami y Santiago. Mientras la aeronave volaba a la altura de Jamaica experimentó una de esas repentinas e incómodas turbulencias que ocurren por causa de las ráfagas de aire ascendente, especialmente frecuentes en el trópico. Esa inesperada y brusca sensación de riesgo que un viajero previene al escuchar el reporte de seguridad inicial dado por la azafata, pero que nunca espera que suceda. En esa ocasión, la turbulencia fue tan intensa que generó cambios de presión al interior de la cabina, lo que produjo que las mascarillas de oxígeno amarillas se liberaran y descendieran sobre los pasajeros. Además, ocasionó que el pasajero que ocupaba el asiento contiguo a Gabriel, en la fila del pasillo, al no tener su cinturón de seguridad debidamente abrochado —como lo indicó el capitán de la aeronave minutos antes—, saltara y aterrizara en el pasillo, sufriendo la fractura de un tobillo, generando pánico en los pasajeros que se percataron de la situación.

Desde que experimentó ese ingrato episodio, Gabriel trataba siempre de seguir al pie de la letra todas las indicaciones que señalaban los miembros de la dotación de la aeronave y trataba de distraerse leyendo o durmiendo, con el fin de tener la sensación de que las horas pasaban más rápido durante el vuelo. En esa ocasión, en su vuelo a Brasil, toda esa angustia sicológica fue sorpresivamente neutralizada al percatarse de que a su lado se había sentado una brasileña con una cabellera amarilla como el oro. Su piel era bronceada y tenía una figura que, si bien no era el estereotipo de modelo, sí llamaba la atención por su simpática hermosura. Su sorpresa fue mayor al darse cuenta de lo extrovertida y simpática que era esa chica brasileña, quien no aguantó ningún segundo en hablarle y establecer una conversación que duró prácticamente todo el viaje, haciendo que ese haya sido uno de los mejores viajes en avión de su vida.

Al descender del avión y despedirse de aquella rubia, pensó que su viaje de trabajo estaba iniciando de buena manera y comenzaba a invadirle una gran sensación de positivismo, muy necesaria para los desafíos que tenía que afrontar.

Desde un principio no cabía dentro de sí por el orgullo, alegría y emoción que sintió cuando le fue notificado por el comandante en jefe de la Fuerza de Submarinos que era él quien había sido seleccionado para formar parte del equipo que tendría a cargo toda la investigación y ejecución del proyecto de energía nuclear, para ser empleado en la nueva clase de submarinos que se construirían en Chile. Este revolucionaría la industria local, por cuanto que el acero lo aportaría la siderúrgica de Huachipato y, como fuente de energía secundaria, el nuevo submarino contaría con un banco de baterías de litio, el cual sería extraído de los yacimientos ubicados al norte del país.

Estaba dispuesto a rendir un 500% para lograr que el proyecto saliera adelante, dado que esta nueva nave se convertiría en el “escudo” de la nación frente a las potenciales amenazas, que de acuerdo con recientes estudios de inteligencia secretos, estarían dispuestas a utilizar el potencial bélico con el fin de obtener parte del territorio antártico.

El desafío comenzaba con estudios de energía nuclear en el prestigioso instituto Technion de Israel, para luego traspasar toda esa experiencia a un equipo multidisciplinario de ingenieros provenientes de diferentes industrias y universidades, que buscarían materializar ese importante proyecto para el país. El fin último del proyecto era generar nuevas fuentes de energía que no involucraran recursos naturales provenientes de los ríos, y en una magnitud tal que permitiera abastecer, por lo menos, al 40% de la población chilena con suministro eléctrico eventualmente inagotable.

Por otra parte, era sabido que el 90% del suministro eléctrico que poseía el país estaba a cargo de una empresa eléctrica de propiedad china, que en un abrir y cerrar de ojos podría literalmente dejar apagada la totalidad del territorio. Ese era un argumento de peso que respaldaba la ejecución de tan importante proyecto de energía nuclear, que además debería garantizar, por encima de todo, que contara con un sistema de seguridad que mitigara cualquier eventual fuga de material radiactivo. Y debido a que Chile es uno de los países con más actividad sísmica del planeta, se decidió instalar el reactor nuclear en una unidad a flote, con el objetivo de que no se repitiera un incidente similar al que afectó a la central nuclear de Fukushima, Japón, en el año 2011.

Mientras Gabriel esperaba hasta mediados de 2023 a que empezaran las clases en el Instituto Tecnológico Israelita, debería ocuparse de interiorizar el tema y participar en todas las reuniones y simposios sobre energía nuclear que pudiese. Por esa razón había sido enviado a la ciudad brasileña para que comenzara a generar una red de contactos que le permitiera intercambiar experiencias respecto al proceso de gestión de la energía nuclear.

Gabriel sabía que la misión encomendada iba a ser ardua, debido al gran celo con el que guardan esa información las naciones que poseen dicha tecnología a bordo de sus submarinos. Sin embargo, no hay peor resultado que el que no se intenta, por lo que el joven oficial animadamente se dirigiría a la Expo Naval Brasil para absorber la mayor cantidad de conocimientos y experiencias. Y no solo del ámbito marítimo, sino también de otros sistemas de detección y de armamento vigentes en el mercado internacional, sin dejar de lado el hecho de que luego podría disfrutar de una entretenida cena de gala que se incluía en el programa del evento.

Era viernes, alrededor de las tres de la tarde. Mientras recorría detenidamente cada uno de los stands de las empresas expositoras, observando y efectuando un rápido análisis de los nuevos sistemas de armas que ofrecían las diversas empresas especializadas —orientadas a satisfacer las necesidades de las Marinas sudamericanas de la década de los nuevos 30’—, a Gabriel le llamó poderosamente la atención la maqueta de un submarino portacontenedores de cuarenta mil toneladas de desplazamiento. Este había sido concebido para realizar sus tránsitos sin que fuera afectado por la amenaza de piratas, tan frecuentes en el océano Indico. Mientras la observaba, Gabriel pensaba que disfrutaría mucho llegar algún día a ser práctico2 de uno de esos megasubmarinos.

Al regresar de sus sueños, decidió que ya era momento de partir, debido a que tenía que preparar su uniforme para la gala de las ocho de la noche. Al ser el representante de la Armada de Chile, debería lucir su uniforme impecablemente planchado y con relucientes zapatos. No obstante, antes de abandonar el club decidió pasar al baño. Para contrarrestar la deshidratación que podía generarse por el intenso calor de la ciudad, había ingerido múltiples botellitas de agua que se encontraban disponibles en cada esquina del galpón de los stands. Mientras descendía por la escalera contigua al baño, escuchó a dos hombres hablando en inglés, sin prestar mayor atención a su conversación, hasta que un comentario lo intrigó:

—El portacontenedores submarino está casi listo para zarpar a la Antártida.

El hombre, que no lucía uniforme militar, al mirar de soslayo a Gabriel concluyó la frase cambiando drásticamente el tema de conversación, preguntándole a su homólogo en qué hotel se estaba hospedando.

Al salir del club de yates, Gabriel tomó un taxi y se dirigió al departamento de Bruno, oficial submarinista de la Armada brasileña, quien, tras haber vivido un tiempo en Chile, conoció a Gabriel y se hicieron muy buenos amigos. Durante todo el trayecto no dejó de pensar en el fragmento de la conversación que había escuchado entre el civil de rasgos asiáticos y el marino que lucía un uniforme engalanado de medallas.

2Práctico es una figura asesora, representada por marinos con vasta experiencia a bordo de unidades a flote, que aconseja a los capitanes de los buques al transitar por lugares de difícil acceso o con alta densidad de tráfico, como canales y entradas/salidas de puerto (N. del A.).

CAPÍTULO VI

Montserrat era una apasionada por el mundo político y por el té de buena calidad. Era una periodista influyente en el ámbito de los medios de comunicación chilenos, quien, siguiendo los consejos de su hermano Javier, buscaba la información en los círculos cercanos a las figuras políticas. Luego confirmaba con ellos dicha información, a través de una entrevista en vivo, tras la cual solía dejar, en la mayoría de las ocasiones, en posición incómoda a los señores de “cuello y corbata”.

Los primeros rayos de luz entraron por las ventanas de su departamento del piso 10, localizado en la comuna de Las Condes en Santiago, los cuales naturalmente hicieron que Montserrat se despertara y mirase su smartwatch de inmediato. Se percató de que había dormido tan solo tres horas y cincuenta y tres minutos, según le indicaba su reloj. Estaba acostumbrada a dormir alrededor de cuatro horas diarias, ya que el agitado ritmo de vida que le imponía su profesión no le permitía desperdiciar más tiempo durmiendo.

Comenzó su rutina tomando 350 cc de agua, seguido de exactamente veinte minutos de yoga, para continuar con siete minutos de meditación, luego bañarse y tomar un desayuno al estilo chileno, compuesto por unas tostadas con palta y obviamente el infaltable tazón de té, color conchevino de una capacidad volumétrica de 500 cc.

Ese día no le correspondía trasladarse hacia el canal de televisión durante la jornada matutina, debido a que tenía que prepararse para un inmenso desafío que la ocuparía esa noche. Le correspondía entrevistar al presidente de la nación, con quien trataría diversos temas de una gran relevancia nacional, tales como el proyecto de energía nuclear, la inmigración descontrolada, la pesca ilegal en la zona económica exclusiva, el aumento sostenido de la violencia en el sector de la Araucanía o los proyectos de compra de energía y de construcción de autopistas que estaban ejecutando ciertas empresas chinas. Tocaría en su entrevista los asuntos más relevantes del acontecer nacional, los cuales destacaban por el impacto que causaban sobre la opinión pública nacional. Estos temas preocupaban tanto al presidente de la República como a cada chileno en particular y se esperaba que fuesen considerados durante la redacción de la nueva Constitución.

Mientras repasaba cada una de las preguntas que formularía y las posibles respuestas que le ofrecería el presidente, con quien mantenía una relación muy cordial, no dejaban de darle vueltas en su cabeza las palabras pronunciadas por el constituyente Antilao unos días antes. A la vez, evaluaba la mejor manera de preguntarle sobre algún indicio de aquella afirmación, debatiendo en su mente si lo haría de manera directa, preguntándole la opinión acerca de las palabras dichas por el constituyente; si maquillaría un poco la estrategia, con el objeto de no incomodar al mandatario y forzarle a responder algo para lo que quizás no estaba preparado; o si simplemente omitiría ese hecho, aparentemente poco relevante, y enmarcaría la entrevista en los temas ya establecidos. Mientras meditaba ello, continuó disfrutando su té de rosa mosqueta, bien cargado y sin una pizca de azúcar o endulzante, pensando en el desafío al que se enfrentaría en las próximas horas.

Durante unos minutos de descanso, recordó que la noche anterior, mientras investigaba sobre el misterioso sujeto, había encontrado un dato que le llamó profundamente la atención. Mauricio Antilao había estudiado en los Estados Unidos de América, en la misma universidad a la que había asistido su hermano Javier, por lo que decidió llamarlo para confirmar este hecho.

Javier, quien se encontraba volando sobre las azules aguas del océano Atlántico, escuchó la vibración de su celular particular. Era una videollamada por WhatsApp proveniente de Chile.

—¡Hola, Montserrat! Tanto tiempo sin saber de ti. ¿Cómo has estado? —contestó él.

—Bien, muy bien, hermano; con mucho trabajo, pero todo marchando relativamente bien —respondió ella.

—Ánimo. ¿Cómo está la situación en Chile? —preguntó Javier.

—Igual que en los últimos años: la izquierda ataca a la derecha, la derecha ataca a la izquierda, la Convención no se pone de acuerdo, el presidente cada día pierde más respaldo político. En fin, cada uno quiere trabajar para su sector y aprecio que no hay unidad de país —resumió Montserrat.

—Nada nuevo, entonces —repuso Javier—. Por cierto, te cuento que en este momento me encuentro volando hacia Chile; iré a visitar de sorpresa a los papás, un par de días. Estaré llegando al aeródromo de Concón el domingo en la madrugada.

—Qué buena noticia, los papás estarán felices de recibirte —se alegró ella y luego volvió al tema que motivó la llamada—. Nada que ver, pero ¿te acuerdas de alguien que se llama Mauricio Antilao? Se supone que estudió en la misma universidad que tú y creo que deberían ser más o menos contemporáneos.

Javier, sacándose los zapatos estilo mocasines que llevaba puestos, respondió:

—No recuerdo a nadie con ese nombre, probablemente era alguien sin importancia. Me acuerdo de que había un chileno en una de las clases, pero creo que estuvo solamente dos años y luego no volvió más. Era introvertido y siempre parecía estar molesto o incómodo. Ahora que lo pienso, nunca me acerqué a conversar con él, quizás hubiésemos sido muy buenos amigos. ¿Por qué la pregunta?

—Mmm es que ahora es miembro de la Convención Constitucional y ayer dijo una frase un poco incoherente, pero que no ha dejado de dar vueltas en mi cabeza —le confesó su hermana.

—Seguro debe ser algo sin importancia. Te aviso apenas llegue a Chile para ver si nos juntamos, aunque sea a compartir un desayuno —apuró la conversación Javier.

—Sí, de todas maneras. Buen viaje y nos vemos. Adiós —concluyó Montserrat.

La vaga descripción que aportó Javier no se ajustaba para nada a la percepción que tenía ella del sujeto. Así pues, decidió que entrevistarlo sería la única manera de obtener un perfil propio y de que esa frase que se le repetía constantemente en la cabeza y que no dejaba de perturbarla, desapareciera para siempre de su mente.

Mientras elegía la vestimenta que luciría para la entrevista de la noche, que sería transmitida en cadena nacional, pensaba en la suerte que tenía su hermano Javier al estar viajando constantemente por el mundo, rodeado de lujos y personas importantes. Sin embargo, ni siquiera se hacía idea de toda la soledad que se siente al vivir un ritmo de vida sin horarios, con un trabajo estresante que consume la juventud. En lo más profundo de su corazón, Javier sabía que se acercaba su retiro y que pronto se dedicaría a vivir una vida más tranquila, como la de su hermana, que por lo menos llegaba todos los días a su casa. Son las paradojas inexplicables del ser humano, que nunca se conforma con lo que tiene. Es parte de la naturaleza humana.