Amores ciegos - Marcos Rivero Mentado - E-Book

Amores ciegos E-Book

Marcos Rivero Mentado

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Beschreibung

Una vieja fotografía en blanco y negro sirve de base para que el autor, Marcos Rivero Mentado, eche la vista hacia atrás en el mundo de los recuerdos. Recuerdos, retazos de historias reales o ficticias que se mezclan con la creatividad de este escritor polifacético que nos trae un mundo lleno de sensibilidad, de rincones del alma, rincones que como sus protagonistas van perdiendo la vista o quizás la capacidad de ver más allá de lo real y la propia vida.

SOBRE EL AUTOR

Marcos Rivero Mentado, nació en Las Palmas de Gran Canaria en el año 1969. Después de pasar por varios estudios universitarios, se licenció en Historia del Arte por la Universidad de La Laguna, en el año 2001. Se especializó en Gestión Cultural por la Universidad Carlos III de Madrid, en el año 2005. Ha sido Archivero y Documentalista, Museógrafo, Catalogador de Bienes Culturales, Comisario de Exposiciones de Artes Visuales y compagina su perfil como Gestor Cultural con la fotografía artística. Su relación e inquietud por la literatura, le viene desde su adolescencia, primero a través de la poesía y luego la novela. En estos últimos años ha asistido a talleres de escritura creativa con algunos de los más destacados escritores y poetas canarios.

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Seitenzahl: 93

Veröffentlichungsjahr: 2020

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AMORES CIEGOS

ÍNDICE

EL FOTÓGRAFO CIEGO

EL MASAJISTA CIEGO

EL HOMBRE QUE LEÍA EN LAS SOMBRAS

EL PIANISTA CIEGO

EL AMOR QUE CIEGA Y NOS VUELVE ESPECTROS

LA OSCURIDAD DEL PSIQUE

EN MEMORIA DE MI ABUELO

AGRADECIMIENTOS

Índice
El fotógrafo ciego
El masajista ciego
El hombre que leía en las sombras
El pianista ciego
El amor que ciega y nos vuelve espectros
La oscuridad del psique
En memoria de mi abuelo
Agradecimientos

 

 

 

 

 

Marcos Rivero Mentado

Amores ciegos

 

 

 

 

 

Marcos Rivero Mentado

Amores ciegos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Amores ciegos

 

 

© de los textos, Marcos Rivero Mentado

© de la fotografía del autor, de portada y fotografías en interiores, Marcos Rivero Mentado

 

Ediciones El Drago

www.edicioneseldrago.com

[email protected]

 

Edición permanente, 2019

 

ISBN: 978-84-120930-6-3

DL: M-32551-2019

 

Diseño y maquetación: Montaña Pulido Cuadrado

Impreso en España – Printed in Spain

 

Impreso en papel reciclado –

 

 

Se garantiza que el papel empleado en este libro proviene de bosques sostenibles, y que la pasta de papel no ha sido tratada con cloro para el proceso de blanqueamiento. El cloro es un elemento muy contaminante y los desechos del proceso de cloración de la pasta de papel arrojan al medio residuos altamente contaminantes. Además, este papel ha recibido la certificación como producto ecológico por parte de la UE.

 

La reproducción parcial o total de este libro, mediante cualquier medio, vulnera derechos reservados. Queda prohibida toda utilización del mismo sin el permiso previo y explícito de los editores.

 

 

 

 

 

Hay amores ciegos, amores cegados, amores que producen ceguera,

pero en algún momento hay resquicios de luz, determinación y

salida de entre las sombras...

 

EL FOTÓGRAFO CIEGO

 

—Siéntate junto a la ventana. ¿Qué luz hay en estos momentos? Espero que al menos esté soleada la tarde. Tú solo dime qué ves, cómo sientes esa luz vespertina y luego te diré los parámetros necesarios para usar la cámara —me dijo Carlos mientras me sentaba junto al ventanal. El día estaba soleado y eran las cinco de la tarde, había corrido las cortinas para que tamizara los rayos del sol. A Carlos le gusta jugar con la luz natural, detesta los focos, toda la parafernalia del estudio y siempre ha admirado a Duane Michals. Desde hace unos años tiene la misma cámara, no desea complicarse la vida con aparatos caros y de gran precisión, siempre ha pensado que, para captar la luz, solo hay que manejar los recursos técnicos necesarios, enfocar, componer y disparar. Sin embargo, desde que los médicos le dijeron que se iría quedando ciego por culpa del glaucoma, le ayudo a hacer sus fotografías cuando me pongo de modelo.

 

—La luz es ahora tenue, cariño. He corrido la cortina de la ventana y he entrecerrado los postigos para reducir esa incidencia solar. Creo que estoy preparado, siéntate tú donde estoy yo y dime que tengo que hacer exactamente.

 

Carlos ya ve demasiado borroso, el diagnóstico del oftalmólogo ha sido definitivo, no hay marcha atrás, si se lo hubiesen pillado a tiempo, hubiese recuperado parte de la vista. Le ayudé a sentarse, miró de frente hacía el infinito, ese horizonte nublado que se estaba acostumbrado a percibir.

 

—Pon el diafragma en 1.8 y el ISO a 200. Creo que es suficiente para esta primera toma. Enfócame bien, intenta poner el punto rojo entre mis ojos o en una parte de mi cara donde la luz sea más determinante. Luego, ponte tú en el sitio que yo accionaré el disparado —se levantó de la silla y se echó a un lado, me senté desnudo y cuando le dije que estaba preparado, accionó el botón. Lo hicimos dos veces por si acaso y luego me acerqué a la pequeña pantalla de la cámara para analizar el resultado.

 

—¿Cómo han salido, Oscar? – me preguntó mientras me ponía el batín y veía las dos primeras fotos de la sesión.

 

No entiendo mucho de fotografía, lo poco que sé lo aprendí gracias a Carlos y he ido aleccionándome más con las clases teóricas que me dio en su momento. Carlos fotografía casi de manera intuitiva, con la memoria, aunque lo ve todo borroso, aún siente los cambios y matices lumínicos. De hecho, solían gustarle mucho los retratos de John Dugdale, un fotógrafo neoyorquino que perdió la vista por culpa de una enfermedad derivada del sida. Dugdale tiene una cabaña en New Jersey donde se retiró para hacer sus retratos, sus bodegones y autorretratos. Trabaja el cianotipo y sus creaciones, en azul prusiano tienen una intemporalidad, un misticismo que sobrecoge el alma. Su familia, amigos y alumnos son sus operarios, Dudgale se anticipa siempre a la belleza pues la plasma en su mente antes de ser velada en el proceso químico.

—Creo que ha salido un poco sobreexpuesta, igual debería cerrar un poco más los postigos o cerrar un poco más el diafragma

 

La verdad es que a veces, la terminología técnica se me olvida, pero Carlos siempre me anima a seguir ensayando con él. Me dice constantemente que yo soy sus ojos y su luz cuando en realidad, la siente, con los ojos de su alma. Él siempre me dice cómo debo ponerme, en que postura, se lo imagina y compone con los ojos cerrados, quiere acostumbrarse a hacerlo para que el día de mañana pueda seguir con su trabajo.

 

—No importa, déjala como esta. No la borres. Probemos como lo dices tú. Quiero que sigas, pero esta vez, me gustaría que me hicieras un retrato. Luego nos pondremos los dos juntos.

 

Carlos solía hacerse autorretratos en situaciones muy diversas, quiere que yo también lo intente y cuando haya avanzado más me dedique con él a hacer retratos a gente común, a personas anónimas que puedan cruzarse en nuestras vidas. Puede ser bastante curioso vernos a los dos por la calle, parando a alguien para invitarle a hacer una fotografía. Un chico casi ciego y su novio deambulando por ahí, buscando víctimas propiciatorias que nos cuenten sus vidas y compartir sus experiencias.

 

Carlos anteriormente hizo fotografía de bodas un tiempo, pero se enfadó con su socio, luego siguió solo, combinando ese trabajo con la fotografía artística, los bodegones, la fotografía surrealista y se enamoró profundamente de la fotografía estenopeica. Llevamos cuatro años juntos, pero yo le amo, no conozco a alguien con mayor sensibilidad y aplomo por la vida. Al principio pareció no encajar este infortunio, quedarse ciego poco a poco para un fotógrafo es como perder las manos y ser pintor. Sin embargo, me dijo una vez que agradecía el hecho de haber visto y aprendido, experimentado cada día, soñado y contemplado la belleza desde sus diferentes reflejos. Todo estaba dentro de él, nada podía borrarse para siempre, aunque así fuera, quedan las palabras, quedan las imágenes impregnadas en los recuerdos. Ahora debía aprender a escuchar más, a sentir más, a visualizar desde su ojo interior para descubrir el verdadero significado del vacío.

 

Desde hace un tiempo está aprendiendo el sistema braille, pero solemos leer juntos algunos libros de literatura, cuentos o algún ensayo. No se resiste a dejar sus actividades de ocio, vamos a ver exposiciones y deja que le cuente lo que percibo, los colores, le describo las texturas, los símbolos… Solemos ir al cine y en voz baja voy narrándole las escenas, otras veces, solo necesita escuchar para poder comprender y me sorprende cómo descubre matices de un personaje que parecían impredecibles.

 

Los médicos nos han dicho que es cuestión de meses. Por ahora no ha ido avanzando la ceguera y cada día que pasa lo vivimos intensamente. Cuando llego del trabajo, almorzamos juntos y damos un paseo para que no pierda el hábito, se pasa muchas mañanas sentado, intentando aprender a leer con las manos, inspeccionando la casa habitación por habitación para ir acostumbrándose al espacio. Nos hemos inventado unos códigos especiales para que pueda distinguir las cosas, de esa manera, puede valerse por sí mismo. Desde que se levanta pone la radio y le hace mucha compañía, escucha de todo, pero ha descubierto el canal de música clásica y se ha aficionado más que nunca.

 

Carlos se ha apegado a la vida de una forma casi innata, su madre ya me había dicho que su parto no le dio problemas, fue muy curioso desde pequeño y nunca le habían dado miedo los retos. Ahora es más difícil para él, pero lo veo cada día más esforzado por dar claridad a su inminente oscuridad. Hemos decidido mandar a imprimir la mayoría de sus fotos para tenerlas guardadas y borrar los archivos Carlos ha tomado la determinación de empezar de cero. Quiere que las próximas fotos las hagamos juntos, quiere que aprehenda desde su sombra a apreciar la luz. Cada día desea anticiparse a ese día final, no quiere que le llegue de improviso, necesita estar preparado, aunque lo que más miedo le da es encontrarse solo y no poder llamarme. Le he enseñado a llamarme o mandarme un mensaje, activando el modo de voz.

 

Los meses han ido pasando, Carlos ha desmejorado, ha perdido casi la visión en el ojo derecho y por el izquierdo todo lo ve nublado. Sabemos que tarde o temprano pasará, así que desde hace un tiempo lo dejo en las dependencias de la ONCE para seguir sus clases de braille. Están pensando en buscarle una actividad diferente, pero Carlos prefiere seguir fotografiando, se niega a vender cupones, cree que puede hacer otras cosas más interesantes, incluso ponerse a escribir. Yo le he dicho que de todas maneras le darán una paga por invalidez y que podríamos incluso pensar en alguna salida. Aún no sabemos cuál, hoy en día no se puede vivir de la fotografía y menos alguien que se va a quedar ciego

 

Esta tarde hemos decidido irnos a la playa a darnos un baño. Hace buen tiempo y a Carlos le encanta Las Canteras en septiembre, pues con las mareas de El Pino se puede llegar andando hasta la barra. Nos vamos a dar un chapuzón, hemos estado una hora tendidos cogiendo sol y hace una tarde espléndida, el sol es intenso, apenas hay nubes.

 

—Vamos, Carlos. Cógete de mi mano que vamos a darnos un baño y a margullar un poco. Sé que te encanta, me lo has dicho muchas veces, cuando eras niño tu madre se enfadaba contigo porque más que nadar te pasabas todo el rato debajo del agua —Carlos se ríe, se ha quitado las gafas, parece muy feliz, dos chicas muy jóvenes se han quedado mirando hacía sus ojos. Vamos directos al agua y está fría Carlos se ha sumergido y está margullando, vuelve a ser el niño de siempre.

 

Carlos sale del agua y abre los ojos, me grita: Oscar, la oscuridad ya ha llegado, no siento la luz, ya no está nublado el horizonte.

 

Nadé hasta él y lo abracé. —Tranquilo, amor mío. No pasa nada. Yo te guiaré. Vamos a seguir hasta la barra, yo soy tu luz, no te olvides, deja que yo sea tu vigía, déjate llevar solo eso, aquí estoy.