Andan sueltos como locos - Fernando Jiménez - E-Book

Andan sueltos como locos E-Book

Fernando Jiménez

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Beschreibung

Hay un método en la locura de los jóvenes cuentistas reunidos en este volumen. También una indomable pasión. Nada en el mundo es territorio neutro para sus miradas, y sus obras hacen evidente la olvidada belleza de las personas y de los objetos comunes que, en estas fantásticas páginas, de pronto se convierten en lo opuesto. Estos cuentos logran esa magia, materializan la alquimia, hacen honor al género literario en el que se inscriben. Van de lo gótico a lo fársico, de lo mórbido a lo sensual, de lo complicado a lo simple... Sobre todo, nos dicen cosas que resulta placentero leer. Ante estas primeras muestras de talento, cabe esperar que estos autores escriban siempre, incluso cuando descansen. Y, desde luego, también en sueños. No puede ser de otro modo cuando la obra es la vida. La presente antología incluye el cuento ganador del 1er Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila, "Combatir al Pecado" de Fernando de Jesús Jiménez, una narración "de imaginación rarísima, absolutamente original y profundamente transgresora", así como las diez menciones honoríficas otorgadas por el extraordinario jurado que en esta primera convocatoria estuvo conformado por Cristina Rivera Garza, Ramón Córdoba, Alberto Chimal, Bernardo Fernández "Bef" y Daniela Tarazona.

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Veröffentlichungsjahr: 2016

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Andan sueltos como locos

Andan sueltos como locos

D. R. © 2016, Aránzazu Núñez Velázquez (Libros Pimienta)

Isabel la Católica 87, Despacho 106,

Col. Centro Histórico, Del. Cuauhtémoc, C. P. 06060

Ciudad de México, México

Primera edición: mayo de 2016

D. R. © Patricio J. Gómez, por el título

ISBN: 978-607-97215-1-0

Esta publicación no puede ser reproducida ni en todo ni en parte por cualquier medio o procedimiento sin permiso previo por escrito de la editorial.

Impreso en México

Andan sueltos como locos

Antología del 1er Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila

Varios autores

Índice

Prólogo

Aránzazu Núñez

Combatir al Pecado

Fernando de Jesús Jiménez

Algodón

Sairy Carolina Romero

Pueblo mágico

Dan Lee

El rostro en el árbol

Fernando José Trujillo

La mosca

Enrique Adonis Rodríguez

Diario en blanco

Raquel Alejandra Bojórquez

El estorbo

Sergio Iván Garzón

Su único ojo

Andrea Ciria

La Torre

Luis Alan Reyes

El otro reino

Eduardo Medina

Borgh

Jaime Hernán Martínez

Prólogo

El Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila nació como una locura… si entendemos la locura como esa acción imprudente, insensata y poco razonable que se expresa de forma temeraria y que trastoca al mundo. Nació del deseo de compartir nuestra pasión por las letras y de acercar a los jóvenes mexicanos a textos tan profundamente extraños, inquietantes y provocadores como lo son los cuentos de la gran escritora zacatecana Amparo Dávila, con la intención de mostrarles algunas de las infinitas posibilidades de la Literatura —reflejarnos, sorprendernos, confrontarnos, acogernos— y establecer así su poder como una herramienta vital, un arma inmediata, para transformar nuestra realidad, una trinchera natural para resistir al extraño mundo en que vivimos.

Pocas son las obras literarias que poseen la contundencia y la vigencia necesarias para conmover a públicos que parecen haber desarrollado una coraza frente a su contexto, sin embargo, los cuentos de Amparo Dávila lo han logrado. Quizá porque nos hablan de cosas tan familiares como el aislamiento, la soledad, los peligros reales o imaginarios que nos confrontan y de aquello que nos muestra lo siniestro de la condición humana, de nuestra condición. Quizá porque también nosotros, al igual que sus personajes, habitamos territorios aterradores. Lo cierto es que se trata de una obra absolutamente contemporánea y nada lo ha confirmado con mayor contundencia que la extraordinaria acogida y la nutrida participación de los jóvenes escritores mexicanos en este certamen.

Parecería una verdadera locura pedirle a miles de jóvenes que se sienten a escribir y nos compartan sus textos… Parecería una locura y, sin embargo, en su primer año, este premio recibió 3,411 cuentos enviados por escritores de todo el país. ¿Qué mejor provocación literaria que los cuentos de Amparo Dávila para iniciar un diálogo con los jóvenes mexicanos, para retarlos a escribir sus historias más inquietantes y a desplegar sus imaginarios más desbordados? ¿Qué mayor imprudencia y qué mejor manera de trastocar nuestro contexto?

Estamos convencidos que se requieren medidas drásticas, imaginativas y, porqué no, arriesgadas para canalizar la desazón, los miedos, la violencia que vivimos. Son tan pocos los espacios, los estímulos… Es por ello que para esta convocatoria decidimos enfocarnos en los escritores noveles, en el público no iniciado. La invitación ha sido franca, una clara provocación: lean estos textos desconcertantes, encuentren lo inexplicable en su cotidiano, identifiquen a los monstruos, las locuras, los miedos que les acechan. Pónganse a escribir, porque sí, ustedes también pueden hacerlo; exploren esos terrenos entre lo maravilloso y lo extraño en donde ocurre, precisamente, lo fantástico.

Amparo Dávila ha dicho que “el cuento entraña riesgos insospechados, sorpresas, trampas, serias dificultades y en él se encuentran, muchas veces, peligrosas o fatídicas arenas movedizas…”. Los territorios del cuento son entonces muy parecidos a los de nuestra actualidad y hemos encontrado que los escritores emergentes parecen sentirse particularmente cómodos en terrenos azarosos. Únicamente necesitábamos subvertir el llamado, facilitar la participación, utilizar los medios y espacios naturales para ello, el mundo virtual, en donde todo es más accesible e inmediato, para que los jóvenes escritores se volcaran a la creación.

El Premio Nacional de Cuento Fantástico Amparo Dávila ha servido para dar voz a quienes exploran y capotean al mundo desde distintos universos, con distintas locuras (propias y ajenas, reales e imaginarias), dándoles salida a través de las letras en un inesperado diálogo con la obra de la maestra Amparo. ¡Y qué extraordinario intercambio ha sido!

La autora también ha dicho que el cuento es “un género inagotable, lleno de posibilidades y re cursos, de matices y tonos…”, y en los cuentos participantes, las posibilidades desplegadas han sido enormes y la diversidad de temas y de lenguajes, infinita; nos hemos encontrado con textos increíblemente originales y de una lucidez, irreverencia y talento que sorprenden.

Es momento de hacerles parte de esta conversación, de provocarles también a ustedes, lectores, a través de la presente antología que incluye las diez menciones honoríficas otorgadas por el jurado, así como el cuento ganador del Premio: “Combatir al Pecado” de Fernando de Jesús Jiménez, una narración “de imaginación rarísima, absolutamente original y profundamente transgresora”, como la ha descrito Alberto Chimal, miembro del extraordinario jurado que estuvo conformado en esta primera convocatoria por Cristina Rivera Garza, Ramón Córdoba, Daniela Tarazona y Bernardo Fernández, Bef.

Andan sueltos como locos se compone de once textos con narraciones frescas, elaboradas por plumas audaces, ingeniosas e imaginativas que se han destacado entre miles y que corroboran el grado de dificultad que conlleva crear un cuento, también la potencia del género. Las historias aquí reunidas van desde el fanatismo ilustrado y bizantino de una sociedad retrógrada que da a luz a un predicador extremo, hasta la surrealista omnipresencia de un dedo protagónico y delator, pasando por el extraño agujero aledaño a un árbol de pesadilla, y la irreverencia impúdica de una oscura fiesta de disfraces que retrata perfectamente la decadencia del poder.

Historias sobre el sexo compulsivo de una extraña pareja extraviada en el abismo de su cama, sobre la jocosa y lúdica experiencia de un defeño atrapado en un pueblo mágico, así como del reencuentro crucial de dos gemelos y su hermana abandonada en el bosque, el exilio apocalíptico de los habitantes de una ciudad en llamas, y la inquietante y misteriosa mirada de una niña cíclope que espía a otro infante. También podrán ser testigos de la pueril e insólita crueldad un joven huérfano y visitar la oscura y boscosa torre de un palacio encantado: el hábitat de una bestia que resguarda la maldición de un ama de llaves. Encontrarán aquí una sorprendente diversidad de miradas, todas fabulosas representaciones de la imaginación de una generación digital a la que lo fantástico se le ha presentado como realidad.

Desde Baja California hasta Yucatán, miles de participantes enviaron sus cuentos a este primer certamen literario diseñado para operar de manera virtual. De todos éstos, once ven hoy la luz en papel y representan orgullosamente a los estados de Querétaro, Aguascalientes, Chiapas, Estado de México, Morelos, Sonora, Veracruz y Yucatán, así como a la Ciudad de México. Cada uno de los textos ha sido admirablemente ilustrado por un joven artista zacatecano, como un claro homenaje a la extraordinaria tradición plástica del estado que realiza la convocatoria. La importancia de esta radiografía nacional de talento emergente reside en la manera en que evidencia la necesidad de generar más y mejores espacios de expresión y de reflexión para el beneficio de generaciones enteras que, de otra manera, quedarían silenciadas.

Andan sueltos como locos es el punto de arranque, resultado de una primera convocatoria que esperamos sea la plataforma para los nuevos escritores mexicanos que subliman con arte y estilo su contexto y que encuentran en la Literatura una manera de generar posibilidades y realidades alternas. Se trata, ante todo, de congregar locos, de esos que operan aislados, de juntarlos a todos, porque los locos juntos, en complicidad, somos capaces de materializar cosas fantásticas.

Aránzazu Núñez

Combatir al Pecado

Fernando de Jesús Jiménez

Cuando Dios me vio tocando ante él, me sonrió.

KATHERINE DAVIS, “El niño del tambor”

Supe que sería un día raro cuando un testigo de Jehová me ofreció una mamada. Caminaba por la avenida Fray Tomás cuando lo encontré. Parecía un loco, tenía la bragueta abierta y un moño rojo. Su traje era azul, sucio pero planchado. Los carros parecían avispas, como si la calle fuera un panal golpeado. El tipo estaba recargado en un señalamiento que prometía una catedral a la derecha. Había mucha gente y su soledad cimbraba. Regalaba libros de esos que dicen que las tormentas vienen de la sodomía. Pasé a un costado sin mirarlo, olía a limpiador económico.

—Buenas tardes, señor. ¿Gusta que se la chupe? —Di la vuelta extrañado y negué de inmediato.

Detrás de mí, una señora que escuchó me miró horrorizada.

—Muchas gracias, llevo prisa. Que tenga buen día —contesté por diplomacia.

No podía aceptar su mamada pero aplaudí su voluntad por servir a la comunidad. No son tiempos de andar regalando nada a nadie, mucho menos mamadas. Pensé en la vida de ese hombre. No debe ser fácil existir con un dios tan demandante. Yo soy católico en temporada alta, nada más: Navidad, el Mundial de Futbol, Día de la Virgen, Semana Santa, etcétera. Los testigos de Jehová deben reclutar inocentes, vestirse como idiotas y trabajar en domingo. No es poco. En fin, cada quien sus catedrales. Cualquier cosa es mejor que ser ateo; suena aburridísimo. Los ateos no tienen ostias gratis ni iglesias bonitas donde puedan verle las piernas a sus vecinas. No tienen música sacra ni villancicos, y éstos son mi parte favorita de la Navidad. No podría elegir uno en particular, todos son asombrosos. “Rodolfo el reno”, “El niño del tambor”, “Los peces en el río”, y otros más, me hacen desear haber nacido en un pesebre. Además, crecer sin un bautizo es mera burocracia, es como ir a tu graduación sin emborracharte. Piensen en las bodas, sin toda la parafernalia serían como darse de alta en Hacienda.

Pasé a la tienda a comprar un refresco. El doctor me los prohibió, pero era domingo. Me atendió una vieja extremadamente vieja, parecía que moriría en cuestión de segundos. Usaba un camisón de satín rosa, tan viejo como ella. Del cuello le colgaban más de cinco escapularios y estaba tan maquillada como una drag queen. Le mostré la bebida que me llevaría y lanzó un quejido gutural que no revelaba la cifra. Saqué el dinero cuando pasó la mano por encima del mostrador. Su palma entera temblaba, hacía un esfuerzo titánico por suspenderla frente a mí. Con una moneda de diez pesos lista, dudé. Sentí que esa mano se rompería si depositaba el pago bruscamente. Además, por el temblor, temí errar y tirar el dinero. Sus piernas no aguantarían inclinarse a tomar la moneda. Dejé el refresco, un billete de veinte y salí corriendo. Eso habría hecho Cristo, pensé en ese momento. Eran muchos escapularios, pero no la juzgo, si fuera a morir sería capaz hasta de disfrazarme del Papa y aprenderme el credo.

Seguí mi camino: era domingo y eso se hace los domingos. Llegué a la plaza principal, frente a la iglesia de San Bartolomé. Un tipo hablaba al micrófono. No era un mal espectáculo, había muchas palomas y un globero. Un grupo de niños destruía burbujas con aplausos mientras el vendedor cambiaba monedas por botellas. Me invadió un olor a elote que venía de un puesto cercano; pensé en comprar alguno, pero me conformé con el aroma. Decidí sentarme en una banca blanca, oxidada pero funcional. El metal estaba caliente, el sol cumplía su trabajo. Empezaba a relajarme cuando llegó una tipa y gritó:

—¿Me das un abrazo? —dijo antes de abalanzarse sobre mí sin esperar respuesta—. Funciona mejor si me ayudas a abrazarte.

Decidí callar y esperar a que se fuera. No tardó más de tres segundos. Son un fastidio esas personas neocristianas que creen que Dios sonríe cada vez que ellas lo hacen. La señora, gorda de caderas y alegría, se retiró callada, ocultando su molestia. Un niño me vendió un mazapán. Lo compré mitad por compasión, mitad por antojo: balance positivo a mi ver.

Desde la banca, el discurso al micrófono se volvió inteligible:

Jesús nos sigue esperando, nos sigue perdonando. Hay gente que cree que es pobre, pero no es pobreza de dinero, es pobreza de espíritu. ¡Jesús puede volverlos ricos! Es una riqueza distinta que vuelve pobre al Demonio. El Demonio nos habla, nos dice “roba”, “mastúrbate”, “masturba a tu vecino”; perdonen mis palabras, Dios sabe que doy un ejemplo. Vivir en gracia es hablar con Dios, combatir al pecado. El pecado quiere derrotarnos, quiere llenarnos de pornografía, de abortos…

¿De dónde salen estos predicadores? Independientemente de sus creencias, gritar en una plaza siempre será una locura. Era un hombre pequeño, no debía medir más de 1.60. Estaba vestido de blanco y tenía una Biblia azul bajo el brazo. Parecía un niño manoteando; nadie le hacía caso. Hablaba de un tsunami y de Adán y Eva, estaba haciendo el ridículo. La señora de los abrazos hablaba con un grupo, personas igual de tristes que ella. “Disfruta la vida”, decía su playera, como si todo se tratara de un puto abrazo. No me malinterpreten: es la verdad.

…cada clavo le rompió los huesos. Perdió tanta sangre que titubeó, pero siguió estoico, dueño de ese espíritu que tanta falta nos hace. Nosotros permitimos que los homosexuales se besen, como en Sodoma; permitimos que la gente se divorcie como si fuera un juego; dejamos que nuestros hijos vean caricaturas violentas, que escuchen narcocorridos…

“Me encanta Dios”, dijo un poeta. Pero creo que no es para tanto. Si al Creador o a su hijo les molestaran esos asuntos, ya hubieran exterminado a todos los transgresores. Es decir, yo odio a los funcionarios públicos y si tuviera poderes les hubiera derretido los genitales, mínimo. Dios no odia a las personas homosexuales: las respeta o no le importan.

Unos niños comenzaron a pelear. No vi el motivo. Cuando volteé ya estaban trenzados y la gente comenzaba a rodearlos. “¡Déjalo, cabrón!”, gritó una señora desde atrás: era la misma que me abrazó. Dio unos pasos, tomó a su hijo de la mano y se retiró maldiciendo entre dientes a los testigos y a la vida misma. ¿Lo ven? De eso hablo. Por más que nos guste vivir y los pájaros y las mariposas y la comida rápida, la vida es una perra.

...sólo Jesús puede ayudarnos, sólo él puede sanarnos las heridas de la soberbia y la lujuria. ¿Quién si no él puede abrirnos los ojos? Los problemas económicos son problemas de fe. Hay familias que se mueren de hambre, que no encuentran trabajo, que tienen problemas con sus hijos y dicen que no saben por qué. ¿En verdad no saben? La respuesta es Jesús, siempre la ha sido. Los pecadores se lamentan…