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El libro de texto es una herramienta extremadamente útil para alumnos, profesores, padres e instancias políticas de decisión, involucrados, todos ellos, en la educación de los jóvenes. Por tal motivo, sorprende observar su deficiente uso en algunas escuelas y entornos educativos; o incluso su abierto rechazo por ciertas corrientes pedagógicas. Este fenómeno pudiera no ser tan extraño si la educación disciplinar y el éxito académico se postergan y, en beneficio de determinadas orientaciones ideológicas, se desestiman como elementos para el logro de una cultura amplia y un aprendizaje profundo. Más que simples exposiciones de temas, los buenos libros de texto constituyen medios eficaces para organizar la enseñanza, estructurar los aprendizajes, transferir conocimientos y desarrollar en los alumnos competencias de un modo efectivo. Albergan en su seno todo el potencial necesario para propiciar un aprendizaje significativo y contribuir a la base formativa de los escolares. El autor presenta una aproximación exhaustiva a los manuales escolares, abordando su evolución histórica, su uso actual y algunos principios eficaces para su redacción, selección y utilización, a la luz de las evidencias empíricas disponibles. Es una obra de referencia –indispensable para editores, autores, profesores, estudiantes y responsables de políticas educativas– en la que el lector encontrará una valiosa información sobre la mejor manera de elaborarlos y utilizarlos, a fin de obtener de ellos el máximo partido posible. El presente libro es único en su género. Al tratar en profundidad un recurso, tan útil para el sistema educativo como poco estudiado, cubre una ausencia destacada en la bibliografía en lengua castellana. Descubra la importancia y el impacto potencial de los libros de texto en la educación a través de las páginas de esta obra imprescindible.
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Seitenzahl: 198
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Cómo escribir, elegir y utilizar un buen manual
Nuno Crato
NARCEA, S.A. DE EDICIONES UNIVERSIDAD CAMILO JOSÉ CELA
Me enjugué los ojos, porque de todas las palabras de José Dias, sólo una se me quedó grabada en el corazón; aquello fue gravísimo. Después comprendí que sólo quería decir grave, pero el uso del superlativo alarga la boca, y, por el bien de la época, José Dias hizo crecer mi tristeza.
Si encuentras algún caso de la misma naturaleza en este libro, házmelo saber, lector, para que lo enmiende en la segunda edición; no hay nada más feo que dar patas muy largas a ideas muy cortas.
MACHADO DE ASSIS: Dom Casmurro
AGRADECIMIENTOS
PRESENTACIÓN.Francisco López Rupérez
INTRODUCCIÓN
1. DE LOS LIBROS ESCOLARES AL LIBRO DE TEXTO
2. ¿QUÉ ES UN LIBRO DE TEXTO?
Una caracterización del libro de texto
Una parafernalia de instrumentos
3. ¿PARA QUÉ SIRVE EL LIBRO DE TEXTO? SIETE FUNCIONES DE UN LIBRO DE TEXTO
El libro de texto como operacionalización del currículo
El libro de texto como estructura de estudio
El manual como estructura de lectura
El manual como elemento de preparación del examen
El manual como referencia común
El manual como referencia futura
El libro de texto como apoyo al profesor
4. APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO Y ENSEÑANZA POR DESCUBRIMIENTO
Introducción
¿Qué es el “aprendizaje significativo”?
¿El aprendizaje por descubrimiento es más activo?
La memoria es un recurso demasiado útil como para desperdiciarlo
Organizadores avanzados
INTERMEZZO I - El “neumático pinchado” y la teoría de las competencias
5. NO ABANDONEMOS LOS MANUALES
INTERMEZZO II - El menú del restaurante y la librería de Oporto
6. PRINCIPIOS COGNITIVOS
Introducción
Principio de secuenciación
Respeto de la carga cognitiva
La dualidad de Paivio y los principios multimedia
7. CLARIDAD EXPOSITIVA
El principio de modularidad
Algunas reglas para escribir con claridad
8. APRENDIZAJE ACTIVO Y ESTUDIO ACTIVO
Conceptos erróneos sobre el aprendizaje activo
Principios del estudio activo
Promover la transferencia
9. CRÍTICAS RADICALES A LOS MANUALES ESCOLARES
Algunas fuentes de la crítica
Una aproximación razonada
INTERMEZZO III - El Ash y el Billingsley - Profesores y libros de texto
10. CÓMO ELEGIR UN MANUAL ESCOLAR
Criterios para el análisis de libros de texto
11. EL LIBRO DE TEXTO Y LA POLÍTICA EDUCATIVA
Las políticas de libros de texto en Portugal
La política educativa de Portugal y los manuales escolares: ascenso, declive ¿y ahora?
Anexo
FINAL. El buen uso de los manuales
GLOSARIO CRÍTICO
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Como en todo lo que hago, estoy en deuda con mi mujer, que aguanta mis monólogos y diálogos, me corrige y me muestra caminos. También estoy en deuda con muchos otros amigos que leyeron partes de este libro y me dieron valiosos consejos. João Filipe Queiró, con su agudo sentido crítico y su infinita sabiduría, Isabel Hormigo, con sus conocimientos enciclopédicos y su visión crítica de la educación en Portugal, Célia Oliveira, con sus inmensos conocimientos de psicología de la educación, y António Araújo, con su experiencia y sagacidad editorial, perdieron el tiempo luchando contra un manuscrito retorcido y buscando soluciones a las partes más deficientes. João Maroco, Jorge Nuno Silva, Mónica Vieira y algunos otros amigos leyeron partes de este libro y me ayudaron a rectificarlas y aclararlas.
A todos ellos les debo la corrección de muchos errores y equivocaciones. Por ignorancia o terquedad, no seguí todos sus consejos, por lo que es evidente que ellos no son responsables de mi testarudez, de las deficiencias de esta obra y, menos aún, de las opiniones que expreso en ella.
Estoy también en deuda con la Fundação Francisco Manuel dos Santos, que amablemente me permitió adaptar extractos de mi ensayo Aprender (Lisboa, 2025) en los capítulos sobre Ausubel y en la crítica del currículo competencial.
Por último, quiero expresar mi gratitud al profesor Francisco López Rupérez, que desde el primer momento apoyó la publicación de este volumen en la colección que dirige y, mucho más allá de sus funciones editoriales, asesoró y revisó este texto. Por supuesto, las deficiencias que subsisten en este trabajo son de mi exclusiva responsabilidad.
Supone para mí un motivo de sincera satisfacción presentar esta primera obra en español del profesor Nuno Crato. Y no solo por la relevancia de su autor, sino también por la temática que en ella se aborda y por el modo en que se hace.
El profesor Nuno Crato es una figura internacional que ha combinado sucesivamente su condición de académico, en el área de las matemáticas y la estadística, con su experiencia como Ministro de Educación y Ciencia de Portugal, durante el cuatrienio comprendido entre 2011 y 2015. Su importante papel en la transformación de la educación lusa ha sido avalado por la evolución de los resultados del país hermano en las evaluaciones internacionales a gran escala y reconocido por organizaciones multilaterales como la OCDE. Es persona muy solicitada como consultor, para el asesoramiento de gobiernos, de organismos internacionales y de fundaciones centradas en la educación. De ello da muestra su condición, entre otras, de miembro del Conseil Scientifique de L´Éducation National (CSEN) del Gobierno de Francia.
Cuando conversamos, por primera vez, sobre su idea de escribir una obra centrada en el libro de texto y escuché alguno de sus argumentos seminales, pronto advertí que podría ser un libro de gran interés para la educación española. Desde ese momento, todo han sido facilidades en el desarrollo del proyecto que se ha visto materializado en el volumen que aquí se presenta. Y es que Nuno es una persona especial con la que resulta muy cómodo trabajar. En tiempos en los cuales es relativamente frecuente toparse con egos sobredimensionados que generan barreras y dificultan la comunicación, encontrar a una persona sencilla y, a la vez, de muy alto nivel, produce un indescriptible solaz intelectual y moral.
A pesar de que en España el papel del libro de texto ha sido puesto en tela de juicio por algunos movimientos de renovación pedagógica que postulan su desaparición, organismos internacionales nada sospechosos de retrógrados, como la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), han defendido el recurso al libro de texto con argumentos plausibles que alcanzan, de un modo transversal, a los principales actores de la educación. Así, en su Informe de seguimiento de la educación en el mundo (2016), la UNESCO afirmaba:
Los docentes necesitan los libros de texto como ayuda para orientarse respecto de lo que tienen que hacer en el aula, del mismo modo que los alumnos los necesitan como apoyo de la experiencia de aprendizaje en su totalidad. Igualmente, las personas encargadas de la formulación de políticas necesitan los libros de texto para transformar los objetivos educativos generales en actividades concretas en el aula (p.2).
Pero, Apología del libro de texto. Cómo escribir, elegir y utilizar un buen manual, no solo comporta una defensa de los manuales escolares, como instrumentos efectivos de enseñanza y de aprendizaje, sino que va un paso más allá al postular la necesidad de disponer de buenos libros de texto, entendiendo por tales aquéllos que se escriben tomando en consideración, en cuanto a su presentación, su estructura, su secuenciación de contenidos, su estrategia expositiva y sus ejercicios prácticos y materiales anejos, principios que se apoyan en la evidencia empírica. La psicología cognitiva y del aprendizaje proporcionan información sobre cómo aprendemos, y esa información resulta decisiva para promover en la mente de los alumnos un aprendizaje eficaz.
Las nuevas exigencias de un contexto de naturaleza socioeconómica, marcado por la globalización, la revolución digital y sus complejas interacciones, han situado la educación y la formación en un lugar central, en los análisis y en las políticas que pretenden ganar el futuro. Sin embargo, la información procedente tanto de las evaluaciones internacionales como de otros indicadores de resultados, basados en estadísticas consolidadas sobre la educación escolar, indican de forma fehaciente que el sistema educativo español, en materia de rendimiento, precisa mejorar con urgencia.
En estas circunstancias, un buen libro de texto que incorpore, de un modo ordenado y sistemático, esos principios instructivos validados empíricamente que recoge este libro, constituirá un instrumento potencial de cambio hacia esa mejora de los resultados que la educación española necesita. Estaríamos en tal caso ante un proceso de cambio masivo, eficaz y tranquilo. Masivo, porque alcanzaría a todos los alumnos a la vez, es decir, sería fácilmente escalable, y generaría por ello cambios medibles o detectables sobre el conjunto del sistema. Eficaz, no solo porque a diferencia de otras políticas útiles sus efectos se dejarían sentir de un curso al siguiente, sino también porque compensaría la influencia de un insuficiente dominio de las materias que está asociado a una creciente polivalencia del profesorado, particularmente en la Educación Secundaria. Y tranquilo, en el sentido de pacífico, de que no debería generar discordias políticas mayores.
La obra de Nuno Crato apuesta por un libro de texto, configurado y desarrollado de acuerdo con la evidencia empírica disponible, apoyado en fuentes de evidencia de distinta naturaleza, pero que no ignora los hallazgos de las ciencias cognitivas sobre la manera en que nuestro cerebro aprende. Por tal motivo, constituye un instrumento que, bien empleado, puede impulsar ese cambio hacia la mejora que urge a nuestra educación.
Finalmente, se trata de un libro que, aun cuando repose en una visión del autor —a la que cabe atribuir no obstante el éxito de la reforma educativa portuguesa— es igualmente de aplicación en el caso español. Su estilo amable, sorprendentemente claro y sencillo de leer, hace que resulte asequible no solo para los docentes y los responsables políticos, sino también para las familias, cuya implicación en el éxito de los alumnos resulta crucial.
FRANCISCO LÓPEZ RUPÉREZ Director de la Cátedra de Políticas Educativas de la UCJC y director de la Colección Política educativa.
Mis vacaciones de verano fueron fantásticas. Cartagena, Galápagos, Baños… Pasamos semanas viajando por otros paisajes y otras culturas. Toda una aventura. Y una aventura que terminó en Quito y Cuenca, donde me habían invitado a dar una serie de conferencias en las Universidades Andina y del Azuay.
Al llegar a Quito un sábado por la mañana y pasear por las bulliciosas calles de la capital de Ecuador, observé grandes colas de mujeres y hombres alineados por todo el centro. Como había ya perdido la vergüenza de parecer ignorante o entrometido, me dirigí a una joven: “Buenos días, perdón, ¿puede decirme qué pasa?”.
Eran padres y familiares que compraban material escolar: “libros y útiles”. Esperaban su turno. Y parecían contentos. La semana siguiente comenzaría el año escolar. Los compradores llegarían a casa con material nuevo para los jóvenes estudiantes. Abrirían sus cuadernos y sus libros. Para muchos, sería la primera vez. Estarían orgullosos de haber entrado en este nuevo mundo. Sentirán el papel, verán los colores. Quizás acariciarán los libros y cuadernos. Al menos los primeros días.
Es una escena que se repite en todo el mundo. Hace décadas, hace más de un siglo. Si se piensa bien, es un milagro de organización. La enseñanza se prepara mucho antes de que empiecen las clases. Tiene un programa. Y ese programa se establece en los libros de texto, que se imprimen antes de que empiecen las clases y que seguirán profesores y alumnos. Ahí está el esquema de todo, o de casi todo, lo que van a estudiar ese año. Ahí están los conocimientos en los que se basan. Página tras página, miles o millones de alumnos leerán las mismas frases, verán las mismas fórmulas, interpretarán las mismas imágenes. Son frases, fórmulas e imágenes que los profesores explicarán, guiando la lectura de los jóvenes. Es un milagro de organización.
Hay quien desdeña esta uniformidad. Pero es lo que permite a los jóvenes alumnos cambiar de escuela cuando lo necesitan y seguir estudiando en la misma línea. Es esta uniformidad la que les proporcionará una cultura común. Son estos libros de texto los que permiten reducir las posibles deficiencias de los profesores y constituyen una referencia fiable para los jóvenes.
La escena se repite cada año. Pero no siempre fue así. No siempre hubo libros de texto como ahora. Los libros no se generalizaron hasta que se introdujo la imprenta de tipos móviles.
Y pasaron siglos antes de que todos o casi todos los jóvenes pudieran tener un libro de texto propio.
* * *
Esta breve monografía se centra en esa maravilla cultural que es el libro de texto. Comienza mencionando algo de la historia de esta herramienta pedagógica, con el fin de distinguir entre simples libros de estudio y libros de texto en el sentido moderno. Desde el principio, estos últimos se han organizado con el objetivo de servir a fines curriculares, proporcionando una herramienta de estudio al servicio de profesores, alumnos y familias.
La primera parte de este libro completa la caracterización de los manuales escolares con una descripción de sus rasgos más comunes y sus funciones más importantes. Creo que ahora queda claro que estas herramientas pueden y deben desempeñar un papel muy importante en todo el sistema educativo. Los autores y editores de libros de texto tienen, por tanto, una gran responsabilidad para con su país.
En la segunda parte, el libro aborda principios pedagógicos generales, a saber, la importancia de construir conocimientos sobre conocimientos, de forma progresiva y sistemática; sin sobrevalorar el papel de los proyectos en la práctica docente ni sustituir conocimientos por competencias, sino construyendo competencias sobre conocimientos.
En la tercera parte, el libro explica principios pedagógicos básicos consolidados por las ciencias cognitivas modernas, en gran medida descubiertos y desarrollados en el siglo XXI. Destaca los principios que pueden conducir a un aprendizaje verdaderamente activo; y activo dónde debe ser activo, es decir, en la mente de los alumnos. De ahí se derivan reglas para la construcción de libros de texto, desde normas de redacción hasta reglas para bien combinar imágenes y texto.
Creo que toda esta parte prescriptiva puede ser muy útil, ya que he intentado sistematizarla de una forma bastante completa y que normalmente solo se encuentra en libros y artículos dispersos.
En la cuarta parte se exponen algunas críticas al sistema de libros de texto para, a continuación, proponer criterios de su evaluación y selección. Se explica cómo una política pública de evaluación y certificación de libros de texto puede contribuir a mejorar todo el sistema educativo y se refiere con cierto detalle la experiencia portuguesa. Por último, se analiza el uso adecuado de los libros de texto por parte de profesores y alumnos.
Esta monografía pretende ser útil a un amplio conjunto de lectores. Empezando por los responsables políticos, que pueden ser sensibles a la vasta experiencia de la literatura internacional sobre el currículo y su traducción en libros de texto. Los autores pueden reflexionar sobre sus procesos de construcción de los libros de texto, al entrar en contacto con una sistematización que pretende ser amplia, informada y útil. Los profesores pueden encontrar sugerencias sobre cómo hacer un buen uso de los libros de texto. Los estudiantes pueden animarse a estudiar mejor haciendo un buen uso de los recursos que se les ofrecen. Por último, los interesados en la teoría y la práctica pedagógicas pueden encontrar aquí referencias y sugerencias para su reflexión.
Profesor hace 40 años y autor de reflexiones pedagógicas hace 25, quisiera haber traducido en esta breve monografía una fascinación por los libros de texto que comenzó conmigo a los seis años. Fue cuando empecé a tener libros y me decía a mí mismo: ¡son míos!
NUNO CRATO
Lo que hoy llamamos libro de texto es un producto que se ha consolidado y ha evolucionado a lo largo de los últimos 150 años. Sigue cambiando, con adiciones y alternativas digitales. Ha evolucionado mucho para llegar al momento actual. Es un producto escolar, pero tardío.
La escuela, en su sentido genérico, se remonta a la Antigüedad. De Grecia, Roma, India y China nos llegan noticias de aquellos tiempos sobre la enseñanza de los jóvenes en torno a maestros en lugares concretos. Pero no fue hasta el siglo XVIII cuando empezó a implantarse la enseñanza obligatoria, primero en el norte de Europa y luego en el centro.
En el mundo occidental, los libros de texto, tal y como se entienden hoy en día, se desarrollaron sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX (véase, por ejemplo, Marsden 2001). Fue durante este periodo cuando la educación se generalizó, adquirió autonomía y se organizó como actividad social en el ámbito de las administraciones públicas. Se generalizaron las escuelas organizadas por grados, con aulas, actividades y espacios diferentes (graded schools, en inglés).
En Portugal y España, como en la mayoría de los países europeos, ha sido un proceso largo. Durante siglos, la educación se confió a la Iglesia. Los ricos contrataban preceptores para sus hijos. A menudo, estos preceptores eran sacerdotes que también oficiaban en casas nobles. Aquellos que se preocupaban por la educación de sus hijos, pero eran menos pudientes, recurrían a tutores, a veces en instalaciones parroquiales, a veces en casas particulares. Las órdenes religiosas más importantes tenían sus propias escuelas que iban más allá de la educación primaria. A menudo eran instituciones de enseñanza superior, con enseñanza e investigación actualizadas e intercambio de información científica.
En Portugal, todo cambió a mediados del siglo XVIII. Los jesuitas fueron expulsados y la Carta Pombalina de 28 de junio de 1759 creó el cargo de Director General de Estudios, una autoridad oficial que promovía y verificaba la aplicación de un plan de estudios, incluyendo directrices sobre los métodos de enseñanza. “Por primera vez en la historia de nuestra educación, existía una organización subordinada al poder gobernante que supervisaba los servicios de enseñanza primaria y secundaria” (Carvalho, 1986, p. 431). En este sentido, puede decirse que comenzó entonces en Portugal la enseñanza centralizada.
Centralizado no significa generalizado. Pero con estos cambios, el país empieza a tener un esbozo de plan de estudios nacional y una selección de obras de referencia.
En España, tras la expulsión de los jesuitas en 1767, se fundaron los Reales Estudios de San Isidro en Madrid, dedicados a la enseñanza secundaria. En la enseñanza primaria, la vacante de los jesuitas comenzó a cubrirse con escuelas públicas que enseñaban Primeras Letras, Latín y Retórica. Medio siglo después, la Constitución de 1812 dispuso el establecimiento de escuelas primarias en toda España. Encargaba a las Cortes la promulgación de planes generales de estudio y encomendaba al Gobierno la dirección e inspección de la enseñanza pública a través de una dirección general.
En este contexto de progresiva responsabilización estatal, los tratados eruditos que servían de apoyo a los profesores —como las gramáticas latinas— o las referencias religiosas —como la Biblia y los libros interpretativos de la doctrina— empezaron a ser sustituidos por libros organizados en torno a materias y etapas de enseñanza. Los libros de apoyo o referencia, que existen desde tiempos inmemoriales y se multiplican con la invención de la imprenta de tipos móviles, y que eran, en el mejor de los casos, libros escolares de apoyo en bibliotecas o en manos de familias económicamente acomodadas, son progresivamente sustituidos por libros producidos en serie y destinados al uso individual (Stray, 1994). El libro de texto se convierte en una “mercancía cultural” (Marsden 2001, p. 7) o, como escribió Magalhães (2006, p. 7): “El libro de texto tiene una materialidad. Espécimen y producto autoral, editorial y comercial, el libro de texto escolar es una mercancía y un producto industrializado y comercializado”.
En algunas historiografías, sin embargo, cualquier forma de registro escrito y de transmisión de conocimientos se considera un libro de texto. En una importante obra de referencia francesa, por ejemplo, se considera que “en forma manuscrita, luego impresa, el libro de texto es tan antiguo como la propia escuela” (Priouret, 1981, p. 187).
Es cierto que hay una lenta evolución de las tradiciones y que las obras anteriores favorables al estudio ya tenían funciones muy diversas: ilustración de personas cultas, comunicación científica, apoyo al estudio práctico e incluso prácticas recreativas. En Portugal y España hay varios ejemplos de este tipo, sobre todo a partir de los siglos XV y XVI, cuando la actividad mercantil se hizo más intensa. Aparecieron libros de apoyo al cálculo comercial, como el famoso Tratado Practica d’arismetyca de Gaspar Nicolas (1519). También aparecieron varios libros impresos para apoyar directa o indirectamente la navegación: tablas astronómicas, almanaques y ediciones anotadas de tratados astronómicos, de los que el famoso Tratado da Esfera de Pedro Nunes (1537) es un buen ejemplo. Lo mismo ocurrió en España, con la Suma de Geografía de Martín Fernández de Enciso (Sevilla, 1519), el Arte de Navegar de Pedro de Medina (Valladolid, 1545) y muchos otros.
Se podría decir que estos libros eran textos de estudio, precursores de los libros de texto modernos. Ya se leían y estudiaban, servían de apoyo o guía para los cursos, servían de referencias cultas. Pero su posesión no estaba muy extendida entre los estudiantes. Y no eran materiales pensados para ser trabajados a diario por los jóvenes.
En las tradiciones historiográficas más comunes, se distingue entre libros utilizados para el estudio y libros de texto o manuales en el sentido moderno (Magalhães 2011, p. 17), siendo estos últimos, como indica la etimología, manipulados, es decir, utilizados por los estudiantes como herramientas de trabajo diario.
En Inglaterra, esta distinción corresponde a la diferenciación entre el libro escolar, schoolbook, y el libro de texto, textbook. El primero se generalizó a mediados del siglo XVIII, el segundo a partir de la década de 1830 (Stray 1994). Como explica Sammler (2018, p. 16), “El concepto cambió en el transcurso del siglo XIX, pasando de referirse a un libro utilizado en las escuelas (entre otros lugares) a un medio educativo producido explícitamente para la educación escolar.” Y de nuevo: “El desarrollo de los sistemas educativos nacionales en el siglo XIX condujo a la creación de planes de estudios vinculantes. A partir de ese momento, los libros de texto se escribieron de acuerdo con estos currículos nacionales” (p. 17).
Figura 1.1.Portadas de algunos libros famosos del siglo XVI. Se trataba de obras de consulta, estudio y enseñanza. En cierto sentido, podría decirse que eran libros escolares, pero aún no libros de texto.
Algo parecido ocurrió en la Península ibérica. El libro de escolar se desarrolló paralelamente al sistema escolar oficial. El manual escolar o libro de texto en sentido moderno se desarrolló más tarde, paralelamente a los nuevos sistemas escolares liberales.
Como explica Magalhães (2006, p. 13), en la “fase final del Antiguo Régimen, bajo la primacía de la Ilustración, la escuela y el libro de texto se superponían, situación que cambió durante el siglo XIX, a medida que el sistema escolar se fue estructurando”. Fue en el siglo XIX, cuando los manuales escolares constituyeron “una estructuración básica del razonamiento” (p. 13), es decir, se convirtieron en manuales escolares en el sentido moderno.
En la posguerra, es decir, a mediados del siglo XX, se generalizó el uso de los libros de texto y su aceptación en los círculos educativos occidentales.
Un libro de texto o manual escolar —términos que trato como sinónimos— es, ante todo, un libro. Puede ser impreso o digital, pero es un libro. En otras palabras, es una obra bien definida, una pieza que tiene una vida independiente. No es un panfleto, un folleto o una colección de páginas impresas. Tiene principio, nudo y fin. Tiene un objetivo claro, expresado ya en la portada y las primeras páginas, y continuado a lo largo del texto.