Aquí, amor - Giuliana Mecucci - E-Book

Aquí, amor E-Book

Giuliana Mecucci

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Beschreibung

Te invito a sumergirte en la historia de vida de dos protagonistas llenas de sueños, amores y valentía. ¿Podrán estas excelentes personas superar cada trampa y suceso desafortunado del destino? ¿Encontrarán la paz y la felicidad que tanto ansían? ¿Cumplirán sus sueños? Vamos, ¿qué estás esperando para entretenerte y alentar a estas jóvenes?

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Seitenzahl: 79

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Mecucci, Giuliana

Aquí, amor / Giuliana Mecucci. - 1a ed - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

78 p. ; 22 x 14 cm.

ISBN 978-987-817-011-4

1. Novelas. 2. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022. Mecucci, Giuliana

© 2022. Tinta Libre Ediciones

Aquí, amor

Mecucci Giuliana

El ambiente del departamento era tranquilo, mucha paz. La habitación estaba vacía, al igual que el baño y la cocina; las amigas se encontraban en el living de la casa, Vicky era la encargada de cebar mates dulces y Mandy se deleitaba con las galletitas que su amiga había preparado mientras hacía preguntas cada vez más filosas.

—¿Y qué hiciste? ¿Qué le dijiste?

—Lo que hago siempre, Mandy, decirle “Está bien, gracias por ser sincera, cualquier cosa contá conmigo, hasta luego”. Y le puse el emoji de un beso.

—¡Ay, Vicky! No entiendo por qué siempre te guardás todo, no puede ser que nunca reacciones. ¿Cómo hacés?

—¿Qué querías que le dijera? ¿Que al final jugó conmigo todo este tiempo? ¿Que hacía solo dos días me había confesado que estaba enamorada de mí, que me dijo de tener hijos, casarnos, formar una familia, que se quería venir para acá a vivir conmigo? ¿Que al final cada consejo, mensaje y dedicatoria que le envié y me envió, y el haberme presentado a su familia, todo eso fue en vano? Para que venga y me diga “No, yo solo necesito una amistad, sos una gran persona pero solo quería tenerte como amiga”. O sea, ¿de qué me estás hablando? ¡La gente está loca! ¿Creen que pueden jugar conmigo? ¿Hacer lo que se les cante a todos? ¡NOOO! —Vicky tomó aire—. Para qué decirle todo eso si nada le iba a importar. Maldigo el día en que la conocí. En fin, ¿qué vas a hacer hoy?

—¡Wao! ¡Sí que te lo tenías guardado! —dijo Mandy impresionada—. Te admiro, amiga, la verdad no pegás una y al final seguís creciendo, avanzando, nada te afecta. En serio te respeto, y pienso que algún día llegará tu persona favorita y será la correcta, tu media naranja. —Aclaró la voz y cambió de tema—. Voy a una fiesta, en un club. ¿Querés venir?

—¡Gracias! Mmm, dale, genial. ¿A qué hora vamos?

—Comienza a la medianoche pero vamos a ir tipo una, te pasamos a buscar, ¿querés?

—¡Perfecto! Escribime cuando estén y bajo.

—¡Buenísimo! ¡Qué genial! —exclamó Mandy aplaudiendo—. ¡Vamos a romper la noche! Ponete más linda de lo que ya sos, así rompés corazones. O quién sabe, tal vez encuentres a alguien. ¿Okis?

—Haré lo mejor posible.

Mandy la abrazó, la saludó y salió del departamento. Vicky, por su parte, eliminó las fotos que tenía con aquella persona que había pasado de ser la luz de sus ojos a ser la causante del dolor y el pesar en su estado de ánimo; nunca, juró, se abriría a alguien, ni mostraría sus sentimientos ni sentiría amor por otra persona.

Caminó hacia la heladera en busca de jugo y vio —y recordó— la marca que la muchacha había dejado, su firma con imanes, “Vicky y Daira”. Los guardó en una caja; quería tirarlos pero no podía, habían sido un regalo de su mejor amiga. Suspiró y decidió ir de compras, quería lucir bien, aparentar fortaleza antes que solidaridad o tristeza.

Fue a una tienda y compró un short engomado negro y un top blanco más un par de sandalias con plataforma, cómodas. ¡Ahora sí! Estaba lista para romper la noche, sin timidez, sin ningún problema. Comió unos sándwiches de asado en una parrilla al paso y decidió regresar a su departamento, tomó una ducha, recogió su cabello con invisibles y se maquilló; nunca lo hacía, pero sabía cuál era la mejor manera, un año de cursado la avalaba. Resaltó sus labios carnosos con un rojo pasión, delineó sus ojos, los sombreó, se perfumó, calzó, se colocó pulseras y un collar y así, junto con una cartera, bajó las escaleras y subió al auto del novio de Mandy, quien atenta la saludó: “Oh, por Dios, Vicky, ¡estás hermosa! ¿Qué hicieron con mi amiga? ¡Wao! Así me gusta, que salgas adelante. ¿Viste, amor, qué linda que está?”.

—¡Mal! Vicky, vas a romper todos los corazones, y no solo de las mujeres. Te pasaste, me saco el sombrero, Mandy no se equivoca, estás hermosa.

—¡Joya! —respondió Vicky, colorada—. Gracias, chicos, gracias. ¿A dónde vamos?

—Decidimos ir a un pueblito, hacen una superfiesta, se llena de gente. Es muy divertido, y además asisten personas de los alrededores. Para cambiar de aires. ¿Te molesta?

—Para nada, me encanta, chicos, genial. Mejor, así no me cruzo a nadie ni nadie me reconoce.

—Tomá —dijo Mandy alcanzándole una lata de energizante; era lo único que tomaba Vicky, y solo una.

—Gracias, amiga. Igual, hoy pienso tomar todo lo que se me cruce, olvidate.

—¡Ahora sí que se puso bueno todo esto! —dijo gritando Tomás.

Mandy la miró atónita y aplaudió alegre.

—¡Será una gran noche! —dijo, y todos asintieron.

Ninguno se equivocó. La noche estaba increíble, y el lugar, repleto de gente y superdecorado: luces de colores, máquinas de humo; casi ni podías caminar. Los amigos enseguida se dirigieron hacia la barra y pidieron un bebida blanca hiperfuerte para cada uno; al tercer trago que se tomaron decidieron ir a la pista, hora de bailar. Apenas pusieron pie allí, enloquecieron.

En un momento Vicky, medio alcoholizada, bailaba sin reparar en quién estaba a su alrededor, solo miraba para arriba. Tomás decidió llevar a su novia a un lugar más íntimo, ya que estaba algo ebria.

La música estaba buena, el ambiente también, Vicky se sentía libre, no le importaba nada, estaba en otro mundo; no se dio cuenta de que un hombre le tomaba las manos y empezaba a bailar con ella. Al principio bailaban bien, con distancia.

Luego la morocha, de baja estatura, buen cuerpo y muy atlética, se comenzó a sentir incómoda, debido a que no le gustaban los hombres y menos que uno bailase con ella provocativamente; entonces le dijo: “Gracias, pero no quiero bailar más con vos”. El hombre no le hizo caso, al contrario, la agarró del pelo y apretó fuerte sus manos; la morocha se enfureció, movió su cuerpo y dio justo en el blanco: un rodillazo directo a la entrepierna. El hombre soltó sus manos y se atajó sus partes mientras daba un grito de dolor; toda la pista quedó inmóvil, solo se oyó un “Uy, qué dolor”. Cuando el desubicado bajó su cabeza, Vicky, aún más enojada, le dio un puñetazo en la nariz, que inmediatamente comenzó a sangrar sin parar. La sensual muchacha quería seguir golpeándolo, pero alguien la tomó del brazo y la llevó al patio, donde le dijo: “Ya demasiado show diste, ¿no te parece, bonita?”.

Vicky, atónita por semejante hermosura, solo asintió.

—¿Querés tomar algo? —le preguntó una bella colorada.

—No, te agradezco, muy amable. ¡Se me parte la cabeza! —dijo Vicky mientras se tocaba la frente.

—¡Bueno! ¿Viniste sola?

—Con un par de amigos, voy a llamarlos. Me quiero ir, no tendría que haber venido. ¡Maldición! —decía Vicky mientras llamaba a su amiga—. No me atiende, ¿vos podés creer? Tendré que tomar un Remis.

—Tranquila, mujer, yo te llevo, a la vuelta tengo estacionado mi auto. Si no te molesta, te alcanzo. Además me quiero ir y mis amigas me abandonaron. ¿Te llevo?

Algo sorprendida, Vicky respondió:

—¡Genial! Sí, obvio, pero mirá que yo vivo en otra ciudad, a cuarenta kilómetros de aquí.

—Yo también, ¡qué coincidencia! En fin, vamos. —Le dio la mano y comenzaron a caminar

A todo esto Vicky solo la seguía, sintiendo por dentro que su corazón latía un poco más rápido. Entraron en un callejón para acortar camino, seguían tomadas de las manos; en un momento se escuchó por detrás de ellas: “Petisa, ¿estás bien? ¿Ya te vas? ¿Tan rápido? Dale, quedate, que nos podemos divertir mucho. ¿Qué te pensaste, que me dolió? Lejos estuvo de eso, al contrario, me excitó, y no sabés cuánto. ¿No me querés golpear un poquito más, petisa mala?”.

Asustadas, las chicas se detuvieron, y los tres quedaron en medio del callejón. El hombre en una mano tenía una botella, y la otra la llevaba guardada en el bolsillo; separó a las mujeres y encerró a Vicky, quien estaba hirviendo de la bronca y solo le decía:

—Ya fue, dejame pasar, dale, me quiero ir.

—De acá no te vas caminando.

La colorada quiso meterse entre ellos, pero no se lo permitieron; el sujeto, de gran estatura, la empujó y la hizo caer en medio del callejón. Vicky, por su parte, le dio al hombre varios golpes en el estómago y en la cara, se acercó a la bella pelirroja y la ayudó a ponerse de pie. Le dijo “Te ayudo, hermosa”, mientras le extendía la mano. Lamentablemente el hombre la escuchó, y comenzó a reírse a carcajadas mientras se acercaba a las chicas diciendo: