asolar - bruno darío - E-Book

asolar E-Book

bruno darío

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Beschreibung

Collage: asolar aquí para arrasar, predice bruno darío; asolar por donde sea necesario o con justeza cegar para segar. Aquí, listas y «escasas», están las páginas, aunque la muerte pase de moda o la luz escape a través de un intestino. O bien, ¿de qué poemas se compone la palabra que los escribe? Arte poética surgida entre cochambre; baba provocada por la creación ceniza, la inevitable, la jorobada a la inversa, aquella que localiza pechos descorazonados para meterse. Voz lectora, pronto habrás de saberte frente a este cuchillo clavado en el idioma, con puntas sometidas en los labios. Ahí, exactamente, estarás donde cantan las cosas. Si lo haces, vas a saciar tu sed de ser, tu sed de sed.

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Seitenzahl: 25

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Primera edición: febrero, 2022

© bruno darío, 2022

Colaboró en el cuidado de la edición: Luz de Lourdes García Ortiz

© Vaso Roto Ediciones, 2022

ESPAÑA

C/ Alcalá 85, 7° izda.

28009 Madrid

[email protected]

www.vasoroto.com

Crédito de foto del autor: © Nika Milano

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización de los titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento.

Impreso y gestionado por Bibliomanager

eISBN: 978-84-125196-3-1

ISBN: 978-84-124085-6-0

BIC: DCF

Depósito Legal: M-5580-2022

bruno darío

asolar

I, III, IV, V:

Lantana, su resto, desde el encierro de tierra, a veces risueñay otras impaciente, cuenta…

II, Corolario:

Se escucha la Gravedad

Índice

I.Disgustos y alegrías

II.La envoltura, el tiradero no puede ser visto pero sí visitado

III.De lo extrañado; desengaños

IV.Inquietudes

V.Ausentarse a medias

Corolario

IDisgustos y alegrías

Because You saturated Sight—

And I had no more Eyes

For sordid excellence

As Paradise

EMILY DICKINSON

Los muertos están cada día más indóciles

ROQUE DALTON

L’effroi la joie

RENÉ CHAR

Sin querer, aparezco entre capas. Estoy, sigo.

Mis ánimas se han ido y las comprendo;

flotan libres en el lugar de las cosas ligeras,

ya sin la obligación de sustentar

mis humores, mis creencias cambiantes.

No hay un decir, no hay especie

para el cuerpo herido de eternidad.

Invalidada, no cuento aunque ando

de un fértil que asusta.

Pesada ceniza, joroba a la inversa.

Mueblaje. Muros.

Cobijas, en nada puedo refugiarme.

Ahora es mi sepulcro mucho más serio.

No vuelven las grullas hacia mí

como antes, que era toda mar,

toda costa, donde los navíos y las Grecias

sus peines y testimonios apoyaban.

He desocupado los lugares que con nitidez,

con definidos contornos, llenaba.

Lo que queda jala duro todavía y custodia una prisión:

la prisión inagotable del suceso.

Ceniza liviana. Cómoda cual una palabra. Yerta.

¿A qué aspiran si la chispa se ha dicho ya?

A la sencillez de una tarde en compañía, que por frialdad

o falta de música hemos ninguneado.

Celaje, células: no son celos,

ni posa el arrepentimiento

–con una mueca de te-lo-dije–

su mano sobre mi trono, que fueron

los hombros largos, los arcos de mi silueta…

¡Qué me hago la liosa! Tiene encanto este livor,

esta funda por donde nada circula,

y más bien se estanca el coágulo y termina por acurrucarse.

Entregada a la Gravedad, me desvisto de carne y de hueso.

Reafirmo el ciclo.

La quisieron, la abrazaron, la besaron…

¿Por qué la han tirado así,

con desdén, al suelo no visible…?

Por eso mismo, alguien contesta.

¡Los problemas [in]existenciales de una muerta!

La belleza interior consume…

Nútranse, especies, exiliados organismos,

de este montón atorado

–¡dicha de ser irreconocible!–;

coman de mí, desháganme

a mordidas lentas, pequeñitas

–como en un romance arcaico,

como en un baile cheek-to-cheek,

hifa, no más, del micelio,

soy consentida en el subterráneo festejo–,