9,49 €
El mundo élfico, con sus cinco reinos elementales se enfrenta a un peligro que puede acabar no solo con todos ellos, sino con su propio mundo.
Elment y Gwyneth, príncipes de la naturaleza, serán los encargados de proteger a Athnalim de la magia oscura de la malvada bruja Morna, con la incondicional ayuda del druida Alaphan, que les ayudará en todo lo posible para preservar Athnalim y mantenerlo puro para próximas generaciones de elfos.
José Martínez Martínez nació en La Guardia en 1989. Tras años escribiendo para sí mismo, decidió iniciar la saga de Athnalim, que comprende cinco libros. Su temática siempre ha sido la fantasía sobrenatural y por eso se decantó por el mundo élfico para esta saga que comienza con Los Cinco Reinos.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Veröffentlichungsjahr: 2023
José Martínez Martínez
Athnalim
Los cinco reinos
© 2022 Europa Ediciones | Madrid
www.grupoeditorialeuropa.es
ISBN 979-12-201-3153-7
I edición: Diciembre de 2022
Depósito legal: M-27329-2022
Distribuidor para las librerías: CAL Málaga S.L.
Athnalim Los cinco reinos
Los elfos son criaturas al servicio de la naturaleza. Según cuenta la leyenda, cuidan de ella y la protegen, tanto en su cultura, como de las fuerzas y magia oscuras que se puedan desembocar.
En el Bosque Frondoso del reino de Taür, viven los elfos de la Naturaleza߮ La tierra de Taür es un paraíso natural y la naturaleza puede ser tanto bella como mortal.
En su cenit es un jardín exquisito. A pesar de todo, la belleza élfica está definida por piedras preciosas dispersas por todo el reino.
Para los elfos, la intacta naturaleza es un continuo mosaico desplegado de vida, de lejos mucho más creativa que incluso el más dotado elfo artista, y donde los cambios fueron necesarios para la creación de asentamientos.
La vida y la magia resuenan en cada cosa viva. Y todo ello era bendecido por los cinco reyes de los elementos élficos.
Tras varios intentos por mantener la naturaleza como había perdurado durante mucho tiempo y debido a los constantes ataques del mal por conquistar el bien, todo en Athnalim comenzó a cambiar߮
El hogar de los reyes de la Naturaleza, donde vivían Elophyn y Catry, era un inmenso palacio hecho de piedras que estaba rodeado por un extenso bosque situado al oeste del reino de Athnalim y se refugiaba entre los escarpados acantilados donde la corriente de agua desembocaba con furia en ríos y mares.
Alrededor del palacio convivían felizmente el resto de los elfos en sus cabañas de madera. Estas construcciones tenían la misma estructura y forma para todas ellas, y sus habitantes elfos; por el simple hecho de ser elfos, tenían pleno permiso para ir a palacio y tratar con los reyes si les pareciese conveniente.
Los colores de todo el reino eran cálidos al igual que la suave brisa que recorría la ciudad de Taür. La armonía era el don esencial en el reino. El brillo de la luna hacía que las piedras reverberasen los intensos rayos lunares que se desprendían en el reflejo de la noche.
Los húmedos robles, cubiertos de musgo en sus ramas, eran los árboles que más predominaban en Taür. Sus fuertes raíces llevaban milenios arraigadas a esa misma tierra, gracias al agua que bajaba de las montañas, recorría las ciudades y abastecía a todo el reino.
Los anillos del interior de sus troncos eran incontables y sus frondosas copas lucían un verde brillante a causa de la humedad, muy característico, que solo en Taür se podía observar. Las ramas parecían bailar en sintonía al compás del más melodioso vals.
En el ocaso de la noche, con la luna llena que iluminaba el reino de Taür, Catry, reina de la Naturaleza, estaba dando a luz a su primogénito.
La noche azulada, reflejada por la luna, estaba despejada de nubes y las estrellas resplandecían como destellos de luz a lo largo del inmenso cielo que resguardaba el reino de la Naturaleza.
El aspecto del rey era bastante natural; su pelo y barba morenos con toques castaños recorrían su cabeza. Sus ojos eran de color miel. Su vestimenta bastante refinada la formaban unas prendas llamadas Túnicas de la Luz, que se hacían con telas hechas por las gentes de la ciudad de Taür. Estas prendas disponían de una gran capucha que dejaban sin poner cuando vivían en su ciudad y que solo se las ponían cuando los elfos de la Naturaleza emprendían El Pensar del Destino.
Este sagrado acontecimiento lo empezaron a hacer los elfos cuando vagaban por los caminos y sendas cuando se dirigían hacia el Árbol de la Vida, para contemplar sus sanos bosques mientras cantaban rituales de sanación y paz con cantos de reflexión, debido a motivos como protección para su pueblo o también por algún ser querido que hubiera nacido o fallecido.
Los gritos de la reina se escuchaban en todo el palacio. Elophyn, en cambio, oraba en silencio por la salud de su esposa. La reina, con cabellos rubios y ojos verdes, dejaba entrever su belleza en cada una de sus súplicas߮ ߟ¡Ah! ߟgritaba la reina por el dolor mientras las hadas limpiaban el sudor de su frente con un paño húmedo. ߟTranquila, mi amor ߟle decía el rey a su amada
agarrándola de la mano.
En aquel preciso instante, con la reina postrada en la cama, vestida con varias telas para facilitar el proceso del alumbramiento, las estrellas se convirtieron en cometas, empezaron a caer del cielo y se iban depositando por encima de las bóvedas que conformaban el palacio. Al posarse desprendían un ligero chisporroteo para luego desvanecerse y purificar todo aquello con lo que se encontraban a su paso.
Desde las profundidades de la senda del palacio, atravesando un imponente puente construido para dar facilidad a la entrada hacia el palacio de los reyes de la Naturaleza, donde las luces no eran capaces de iluminar, se empezaron a contemplar unas sombras que se aproximaban hacia la Gran Puerta߮ Entre esas sombras, las había de todo tipo, unas más grandes y anchas que otras߮
Desde lo lejos se podían identificar como seres pequeños, donde sus patas, formas y ruidos que hacían en el suelo no daban todavía una ligera idea de qué era lo que por allí estaba llegando. Cuanto más se acercaban al final de la senda, estas sombras se volvían más grandes y se podían identificar mejor.
Los elfos permanecían fuera de sus casas e intentaban averiguar quién o qué era lo que por la oscuridad del bosque se estaba aproximando, al mismo tiempo que observaban las estrellas caer.
Los habitantes se dieron cuenta cuando estos seres empezaban a atravesar el Gran Puente de Taür, y concluyeron que eran los animales los que iban llegando al palacio para agruparse en la Gran Puerta como de costumbre, generación tras generación.
El propósito de este acontecimiento natural era un rito ancestral que consistía en dar la bienvenida al recién nacido para rendirle respeto y homenaje, y saludar al que en un futuro no muy lejano sería el heredero de la Naturaleza.
Los elfos tenían una costumbre milenaria: cuando un hijo nacía en el reino de la Naturaleza se mostraba ante todos para darle a este seguridad y protección.
Las hadas siempre eran las encargadas de asistir a cualquier alumbramiento que en Athnalim se produjese. Como buenas matronas que eran, todos los reinos dependían de ellas, tanto para la asistencia en los partos como para el posterior cuidado y crianza de los recién nacidos.
Encima de la mesa había todo tipo de instrumental propio para llevar a cabo cualquier nacimiento.
Con la reina aún postrada en la cama, y con todo el reino pendiente por el final del acontecimiento, la preocupación por que el suceso tuviera éxito, tanto los elfos y elfas que vivían en palacio y los propios elfos que permanecían fuera de sus casas, salieron de sus quehaceres para saber cuál sería el resultado del momento tan esperado por todos ellos; unos se miraban entre ellos, otros suplicaban para que no hubiese complicaciones y otros para que el bebé saliese sano y salvo del vientre de su madre.
Los que vivían en las casas de la ciudad escucharon los gritos de la reina, para posteriormente observar hacia la Gran Puerta del palacio desde sus puertas y se apresuraron rápidamente a la espera de cualquier noticia.
Las hadas ayudaron a salir a la pequeña criatura y lo acicalaron con toallas húmedas para posteriormente taparlo poniéndole unas prendas térmicas por encima llamadas mantas élficas antes de entregárselo a su madre. Los elfos hacían estas mantas con hojas curativas del Bosque Frondoso y eran forradas con las pieles más suaves y calientes de Athnalim.
Tras horas en la labor del parto, y con la criatura recién nacida en manos de las hadas, llegó a la vida el bebé, para el gozo de sus padres y de los elementos.
Con el niño ya en brazos de la reina, esta se quedó observándolo. Sus orejas eran puntiagudas, con pelo rubio y ojos verdes. Elophyn prestaba atención a todo con los ojos llorosos por la alegría recibida. ߟEs un niño maravilloso ߟafirmaba Elophyn.
ߟSí, lo es, mi amado esposo ߟdijo Catry con voz
agotada. ߟMi reina, me has dado el mayor de los tesoros. Estoy muy orgulloso de lo que ha ocurrido aquí esta noche ߟdecía Elophyn ilusionado. ߟPara mí también es un honor ser la madre de este
hijo, Elophyn ߟrespondió la reina con una sonrisa.
ߟAhora que nuestro hijo ha nacido, reinará en Taür y formará parte de la alianza de los reinos élficos ߟjuraba el rey.
ߟEstoy segura de que lo hará. Todo el reino estará
pendiente de él ߟacompañaba la reina.
Cuando los reyes llevaban un rato disfrutando con su hijo, sin previo aviso y sin opción a la espera, Catry giró su cabeza con cara de preocupación hacia Elophyn por lo que nuevamente le estaba pasando a su cuerpo y esta comenzó a gritar y a retorcerse una vez más.
Cuando el rey miró a su esposa con intención de preguntarle qué le ocurría, el bebé fue rápidamente apartado por las hadas, que ya habían comprendido que la reina traía al mundo a otro bebé.
Las hadas se apresuraron en coger al niño del regazo de su madre y lo resguardaron en unas cunas que estaban hechas precisamente para ellos. Acto seguido, acudieron a la necesidad de la reina. Áine se quedaba con Catry para calmarla, las demás hadas esterilizaban sus instrumentos para no infectar a su siguiente milagro.
El segundo nacimiento duró solo unos minutos. Antes de que Elophyn pudiera decir o hacer algo, una niña llegó al mundo. Las orejas de la niña también eran puntiagudas, pero, en cambio, su pelo era rojo cobrizo y sus ojos almendrados conseguían tener también ese rojo característico.
Las hadas asearon a la niña de la misma manera que a su hermano, y desde las cunas devolvieron a los recién nacidos a su madre. La reina se dio cuenta de que la tez de sus hijos era un poco más oscura que la suya y la de su esposo.
La reina Catry contempló a los niños en su regazo y comenzó a sonreír con lágrimas en sus ojos. El rey Elophyn se postró al lado de la reina, se fijó en los ojos de su esposa y seguidamente le dio un beso en la frente de una forma intensa y cariñosa.
ߟAmada mía, esta descendencia que me has dado será nuestro legado ߟdijo Elophyn con lágrimas en los ojos mientras peinaba el cabello mojado de la reina con la palma de la mano.
ߟTienes razón, Elophyn, que todos los elfos recuerden este día. Supongo que tendremos que poner nombre a nuestros hijos ¿verdad Elophyn? ߟdecía Catry mientras observaba a los príncipes. ߟSupongo que sí ߟdudaba Elophyn. ߟ¿Cómo te gustaría llamarles? ߟpreguntaba Catry.
ߟSe me vino el nombre de Elment para él, por su contacto con la naturaleza, y a ella Gwyneth ߟproponía el rey. ߟ¿Qué significa, Elophyn? ߟpreguntó Catry.
ߟSignifica felicidad߮ Felicidad que me das y nos dará nuestra hija con cada día que pasaréis a mi lado, y de saber la plena esencia que nuestra hija puede dar y recibir en su entorno ߟrespondió Elophyn con la respuesta ya pensada desde hace tiempo.
Elophyn tomó a Elment de los brazos de Catry y desde su regazo lo observó durante varios minutos. Durante ese tiempo en el que el padre entablaba relación con su hijo mirándole el alma a través de los ojos, el príncipe comenzó a obsesionarse con la barba de su padre mientras intentaba cogerla. La reina acariciaba a Gwyneth mientras la pequeña se relamía los labios y fruncía el ceño, a la vez que su esposo permanecía con Elment. ߟ¿Te has fijado en sus ojos, Elophyn? ߟrepetía Catry.
ߟSí, Catry ߟdijo Elophyn.
ߟCreo que߮ tanto Elment como Gwyneth han conseguido una mezcla entre nuestros ojos, cada uno con su propio color característico ߟdijo la reina con los ojos llorosos de emoción.
ߟTienes razón, ¡qué maravilla! ߟreía Elophyn mientras Catry sonreía al mirar el estado de ánimo de su esposoߟ. Que todo Athnalim recuerde este día ߟ repetía Elophyn en voz baja mientras Catry lo observaba.
Desde aquel momento, supo que la situación en el reino de la Naturaleza cambiaría߮
2
Con su Báculo del Rayo y un simple golpe en el suelo, Alaphan, el druida, era capaz de viajar de reino en reino a golpe de su cetro y su deseo. Esta vez, su cometido era ir al reino de la Naturaleza para bendecir a los príncipes
Sus rituales después de los alumbramientos eran preciosos acontecimientos de magia que libraban de toda fuerza oscura que quisiera arrebatar la pureza de todos los reinos élficos.
Ya en la puerta del palacio de Elophyn, Alaphan avanzó apresurado por el ancho pasillo con su particular forma de caminar renqueante, sin necesitar el permiso de los guardias debido a su condición de Sumo Sacerdote.
Con paso decidido, se dirigió hacia los aposentos de la reina sintiendo la esencia pura de la magia que emanaba de los príncipes nacidos y de la buena labor de las hadas. Cuando Alaphan llegó al umbral de la habitación de la reina quiso presentarse de forma cortés, pero el rey, con la felicidad que tenía porque todos estaban allí con él y, por supuesto, por el nacimiento de sus hijos, tiró del druida hacia su cuerpo y le dio un fuerte abrazo. Alaphan, al ver que no necesitaba comportarse de aquella forma, respondió al abrazo envolviendo su mano en la espalda de su rey mientras trataba de aguantar su bastón con la otra mano y con poco control de este.
ߟHola, amigo mío ߟrespondía Elophyn mientras se despegaba de Alaphan y le agarraba por los brazos. ߟNo he podido venir antes, perdonadme ߟse excusaba Alaphan por su entrada tardía.
ߟYa lo habíamos hablado, ¿recuerdas? Si quieres,
puedes empezar ߟperdonaba el rey a su amigo.
ߟVamos allá ߟdijo Alaphan en presencia de los reyes.
Una vez allí, con tan solo una mirada, los reyes asintieron con la cabeza y le dieron permiso a Alaphan para iniciar el ritual.
Con ayuda de las hadas, para que ningún ingrediente se olvidara, Alaphan preparaba algunas pociones hechas con hojas de El Bosque de los Deseos y del Elixir del Pozo de la Pureza, las cuales lograba extraer del lugar donde su cabaña estaba situada. Alaphan fue rociando todo el cuerpo de los recién nacidos.
Cuando acabó de impregnar a los príncipes, cantó una oración para completar el ritual. Estas palabras eran recitadas también por todos los habitantes del reino, incluidos los que aguardaban fuera del palacio.
Este acto mágico daría a los príncipes la plena pureza para que no se contaminasen con ninguna fuerza oscura. Ningún elfo podría ser corrompido por su naturaleza, pero con este ritual cualquier magia oscura sería LPSHUPHDEOHDQWHORVFXHUSRVGHORVQXHYRVHOIRV߮ ߟDioses de la Naturaleza߮ Magia pura, como Sumo 6DFHUGRWH LQYRFR DO $QFHVWUDO 3RGHU߮ Magia a la Magia yo te llamo, Magia a la Magia ven a m¯߮Seres de la Luz, Guardianes de los reinos, Atalayas, Elementales, escuchad mi llamada para dar la bienvenida a los primogénitos de los reyes Catry y (ORSK\Q߮ Tocad con vuestro poder la frente de estos niños߮ Que, en vuestro respeto, los reyes de la Naturaleza, Elophyn y Catry, como nombre en vuestro honor Elment y Gwyneth, les han llamado߮
Tres veces se repitieron las palabras que Alaphan propuso decir hasta que el ritual estuvo completo.
Tras el canto al unísono de todos los elfos, una fuerte energía que las estrellas desprendían en forma de haces de luz recorrió toda la ciudad serpenteando por todo el reino y purificando la naturaleza. Las fuerzas mágicas acabaron su vuelo entrando por la puerta del palacio, dejando asombrados a los guardias, y fueron directas hacia los pasillos del palacio hasta llegar a los aposentos donde estaban los príncipes. La energía envolvería los cuerpos de los bebés para completar el ritual de protección.
Las incrustadas piedras que yacían fuera del palacio brillaban más que nunca. Toda la naturaleza se mostraba gozosa en ese momento.
Los animales que en la puerta esperaban por el tan ansiado momento, permanecían inmóviles, algunos tumbados en el suelo, esperando que la puerta del palacio se abriese para ver ese bonito encuentro.
El respeto de los animales hacia los reyes de la Naturaleza era leal y tuvieron en consideración el proceso y el tiempo que la reina necesitaba para ser ella la que les mostrara a los bebés, y no fue hasta el día siguiente cuando la Gran Puerta se abrió.
Cuando llegó el momento tan ansiado por la naturaleza, las puertas se abrieron. Los guardias elfos que en la puerta había, inclinaron sus lanzas hacia delante con el paso de la familia real al completo a la vez que los animales se iban levantando.
Con estos ya en pie, por el umbral del palacio salía Elophyn anunciando a su reina que a su lado permanecía con los príncipes en brazos. Elophyn dejó salir a su esposa primero con sus hijos para que la naturaleza los viera. Pocos instantes después, Elophyn acudía detrás de ellos y agarraba a su esposa por el hombro para permanecer a su lado en ese feliz encuentro.
En ese momento, Catry se preocupó por la salud de sus hijos debido a las palabras que Alaphan le había dicho hacía un rato dentro del palacio. Lo único que le pidió el druida a su reina fue que se acercara a los animales para que se los mostrara.
