Atrio de los Gentiles - Enrique G de la G - E-Book

Atrio de los Gentiles E-Book

Enrique G de la G

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Beschreibung

La pugna entre el Estado y la Iglesia marcó la historia de México durante los siglos XIX y XX. Si bien las hostilidades entre ambos bandos parecen cosa del pasado, la convivencia entre creyentes y no creyentes sigue siendo tensa en algunos campos, en especial en los de la cultura y la academia. Los intelectuales no creyentes con frecuencia son jacobinos o les dan la espalda a los creyentes y, en respuesta, estos suelen adoptar posiciones integristas. Hay notables excepciones, claro, pero son pocas. La situación no ha cambiado mucho desde que Gabriel Zaid la analizara en su lúcido ensayo de 1989, "Muerte y resurrección de la cultura católica". Frente a este escenario, un diálogo público entre intelectuales creyentes y no creyentes resulta indispensable para transitar hacia una nueva etapa de nuestra cultura. Esta fue la motivación para organizar una versión mexicana del Atrio de los Gentiles, proyecto pontificio que hasta ahora había tenido su foco de atención en Europa. Un Atrio mexicano no podía calcar las formas y los temas de los que se habían realizado en países como Francia o Italia. Por ello, considerando el divorcio entre los creyentes y los no creyentes mexicanos dentro del campo de la cultura, se quiso partir de una reflexión sobre las condiciones reales de un diálogo franco y constructivo entre ellos. En el encuentro participaron los jóvenes filósofos Enrique G de la G, Luis Xavier López Farjeat y Gustavo Ortiz Millán –cuyos textos se incluyen en este dossier–, Ricardo Cayuela Gally, Mons. Melchor Sánchez de Toca y quien esto escribe. Es significativo que la convocatoria del Atrio partiera de dos instituciones con irrefutables credenciales laicas: la UNAM y Letras Libres. Con esto queríamos dar el ejemplo de cómo participar en un diálogo de este tipo no es una traición a las ideas o una muestra de debilidad de quien lo convoca. El Atrio no es una estratagema para refutar o convencer al otro, sino una plataforma cívica para que los creyentes y los no creyentes alcancen un nuevo entendimiento. Se repite hasta el cansancio pero no deja de ser cierto: México enfrenta un momento crítico. La violencia ha desgarrado nuestro tejido social y es evidente que, para rezurcirlo, tenemos que echar mano de valores compartidos. Sumado a lo anterior, el activismo de Javier Sicilia le ha dado un giro a la discusión, pues nos ha obligado a reflexionar acerca de la dimensión humana e incluso espiritual de la tragedia. No debe sorprendernos, entonces, que un punto en acuerdo del Atrio haya sido que un diálogo entre creyentes y no creyentes sería de utilidad para impulsar el proceso de reconstrucción nacional. Para Ortiz Millán, un tema central de dicho diálogo tendría que ser la definición del Estado laico. Según G de la G, el tema de lo estético podría darnos luz para un mejor entendimiento. Y para López Farjeat, el diálogo habría de partir de una experiencia de la miseria y la violencia sufridas por la mayoría de los mexicanos. Sobre estos temas pueden ocuparse nuevos encuentros entre creyentes y no creyentes que podrán ser organizados por otras instituciones laicas o religiosas. Este Atrio fue solo un primer paso que tendría que replicarse en otras instancias y en otras modalidades. La escisión de la cultura mexicana en dos bandos, el de los creyentes y el de los no creyentes, no desaparecerá, pero tampoco es lo que se pretende. La cultura mexicana siempre ha sido suficientemente ancha y plural para que en ella quepan diferentes concepciones del mundo y de la vida humana. Sin embargo, es deseable que entre los distintos aposentos de nuestra cultura haya más puertas que dejen pasar otros aires y permitan el tránsito de ida y vuelta.

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Veröffentlichungsjahr: 2022

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Editorial NUN

Es una marca de Editorial Notas Universitarias, S. A. de C. V.

Xocotla 17, Tlalpan Centro II, alcaldía Tlalpan,C. P. 14000, Ciudad de México

www.editorialnun.com.mx

D.R. © 2022, Editorial Notas Universitarias, S. A. de C. V.D.R. © 2022 Enrique G de la G

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Derechos reservados conforme a la ley. No se permite la reproducción total o parcial de esta publicación, ni registrarse o transmitirse por un sistema de recuperación de información, por ningún medio o forma, sea electrónico, mecánico, foto-químico, magnético o electro-óptico, fotocopia, grabación o cualquier otro sin autorización previa y por escrito de los titulares del Copyright. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Arts. 229 y siguientes de la Ley Federal de Derechos de Autor y Arts. 242 y siguientes del Código Penal)

Versión impresa, ISBN: 978-607-99600-3-2Versión digital, ISBN: 978-607-99600-2-5

Los textos aquí presentados fueron arbitrados (doble-ciego) y dictaminados por especialistas nacionales. Posteriormente fueron revisados, corregidos y modificados por los autores antes de llegar a su versión final.

Dirección editorial: Miryam D. Meza RoblesDiseño de portada: Alejandro MagallaneCuidado de la edición: Felipe G. Sierra BeamonteCorrección de estilo: Oscar Díaz ChávezDiagramación: Carlos A. Vela TurcottEdición digital: Carlos Papaqui Landeros

Impreso en México

Índice

Presentación

Atrio de los GentilesUn diálogo entre creyentes y no creyentes

Mons. Melchor Sánchez de Toca

Pluralismo religioso y diálogo¿Qué tipo de diálogo debe haber entre creyentes y no creyentes?

Gustavo Ortiz

Arrogancias de la fe, dogmatismos de la razón

Luis Xavier López Farjeat

Diálogo, arte y violencia

Enrique G de la G

Nota sobre esta edición

Este libro contiene las ponencias del Atrio de los Gentiles que el Consejo Pontificio de la Cultura celebró en la Ciudad de México –por primera vez fuera de Europa– el 15 de febrero de 2012. Edité estos textos poco después de la celebración del encuentro entre creyentes y no creyentes con la intención de darlos a conocer en Letras Libres, pero como no fueron publicados en dicha revista, los ofrezco ahora al público interesado.

El texto de Gustavo Ortiz que aquí se recoge es una versión revisada y corregida de la ponencia que dictó aquella tarde en Coyoacán, y publicada en el número 33 de la revista Devenires en 2016. Por lo demás, solo falta la participación de Ricardo Cayuela Gally, quien no presentó trabajo por escrito y prefirió que no se publicara su exposición.

Enrique G de la G

Presentación

La pugna entre el Estado y la Iglesia marcó la historia de México durante los siglos xix y xx. Si bien las hostilidades entre ambos bandos parecen cosa del pasado, la convivencia entre creyentes y no creyentes sigue siendo tensa en algunos campos, en especial en los de la cultura y la academia. Los intelectuales no creyentes con frecuencia son jacobinos o les dan la espalda a los creyentes y, en respuesta, éstos suelen adoptar posiciones integristas. Hay notables excepciones, claro, pero son pocas. La situación no ha cambiado mucho desde que Gabriel Zaid la analizara en su lúcido ensayo de 1989, “Muerte y resurrección de la cultura católica”.

Frente a este escenario, un diálogo público entre intelectuales creyentes y no creyentes resulta indispensable para transitar hacia una nueva etapa de nuestra cultura. Esta fue la motivación para organizar una versión mexicana del Atrio de los Gentiles, proyecto pontificio que hasta ahora había tenido su foco de atención en Europa. Un atrio mexicano no podía calcar las formas y los temas de los realizados en países como Francia o Italia. Por ello, considerando el divorcio entre los creyentes y los no creyentes mexicanos dentro del campo de la cultura, se quiso partir de una reflexión sobre las condiciones reales de un diálogo franco y constructivo entre ellos.

En el encuentro participaron los jóvenes filósofos Enrique G de la G, Luis Xavier López Farjeat y Gustavo Ortiz Millán –cuyos textos se incluyen en este dossier–, Ricardo Cayuela Gally, monseñor Melchor Sánchez de Toca y quien esto escribe. Es significativo que la convocatoria del Atrio partiera de dos instituciones con irrefutables credenciales laicas: la unam y Letras Libres. Con esto queríamos dar el ejemplo de cómo participar en un diálogo de este tipo no es una traición a las ideas o una muestra de debilidad de quien lo convoca. El Atrio no es una estratagema para refutar o convencer al otro, sino una plataforma cívica para que los creyentes y los no creyentes alcancen un nuevo entendimiento.

Se repite hasta el cansancio, pero no deja de ser cierto: México enfrenta un momento crítico. La violencia ha desgarrado nuestro tejido social y es evidente que, para rezurcirlo, tenemos que echar mano de valores compartidos. Sumado a lo anterior, el activismo de Javier Sicilia le ha dado un giro a la discusión, pues nos ha obligado a reflexionar acerca de la dimensión humana e incluso espiritual de la tragedia. No debe sorprendernos, entonces, que un punto de acuerdo del Atrio de los Gentiles haya sido que un diálogo entre creyentes y no creyentes sería de utilidad para impulsar el proceso de reconstrucción nacional. Para Ortiz Millán, un tema central de dicho diálogo tendría que ser la definición del Estado laico. Según G de la G, el tema de lo estético podría darnos luz para un mejor entendimiento, y para López Farjeat, el diálogo habría de partir de una experiencia de la miseria y la violencia sufridas por la mayoría de los mexicanos. Estos temas pueden ser tratados en nuevos encuentros entre creyentes y no creyentes que podrán ser organizados por instituciones laicas o religiosas. Este Atrio fue solo un primer paso que tendría que replicarse en otras instancias y en otras modalidades.

La escisión de la cultura mexicana en dos bandos, el de los creyentes y el de los no creyentes, no desaparecerá, pero tampoco es lo que se pretende. La cultura mexicana siempre ha sido suficientemente ancha y plural para que en ella quepan diferentes concepciones del mundo y de la vida humana. Sin embargo, es deseable que entre los distintos aposentos de nuestra cultura haya más puertas que dejen pasar otros aires y permitan el tránsito de ida y vuelta. El desarrollo de nuestra democracia requiere que dialoguemos acerca de cuáles son las concepciones del bien y la justicia que han de servir de inspiración al proceso de regeneración social. Lo ideal sería si pudiéramos ponernos de acuerdo, pero si por lo menos lográramos hacer explícitas nuestras diferencias y entendiéramos mejor las razones de los otros para pensar de manera distinta, también tendríamos que estar satisfechos. No debemos seguir encerrados en nuestros dogmas. Mientras sigamos rezumando nuestros prejuicios, sin abrirnos a un diálogo sincero con quienes no comparten nuestras creencias, la democracia mexicana seguirá siendo un asunto banal y deprimente.

Guillermo Hurtado

Atrio de los GentilesUn diálogo entre creyentes y no creyentes

Mons. Melchor Sánchez de Toca

El “Atrio de los Gentiles”, el nombre suena como un exclusivo club inglés, donde se reúnen personas cultas y educadas para discutir con flema británica acerca de las más variadas cuestiones. La realidad es mucho más prosaica, pero también mucho más interesante. Tiene su origen en una propuesta del Papa en un discurso a la curia romana el 22 de diciembre de 2009, cuando invitó a la Iglesia a abrir un “Atrio de los Gentiles” donde acoger a quienes no creen.

El Atrio de los Gentiles era una vasta explanada situada en el templo de Jerusalén, en cuyo centro se levantaba el santuario propiamente dicho. Este inmenso espacio estaba abierto también a aquellos no judíos, pertenecientes a otras naciones o gentes –“gentiles”– que llegaban a Jerusalén a adorar a su manera al Dios único. Benedicto XVI se inspiró en esta imagen para proponer a la Iglesia abrir hoy “una especie de Atrio de los Gentiles en el que las personas puedan entrar en contacto de alguna manera con Dios sin conocerlo y antes de que hayan encontrado el acceso a su misterio”.1 Traduciendo su contenido simbólico, diríamos que se trata de abrir un espacio de diálogo y encuentro, no en el interior del santuario, sino delante del mismo, es decir, en el ámbito literalmente pro-fanum. Por eso, concluía Benedicto XVI su discurso, “al diálogo con las religiones debe añadirse hoy sobre todo el diálogo con aquellos para quienes la religión es algo extraño, para quienes Dios es desconocido y que, a pesar de eso, no quisieran estar simplemente sin Dios, sino acercarse a Él al menos como desconocido”.