¡Hola, Alemania! - Enrique G de la G - E-Book

¡Hola, Alemania! E-Book

Enrique G de la G

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Beschreibung

Esta es la nueva edición actualizada para el año 2022 del bestseller "¡Hola, Alemania! Mañas, trucos e historias para mexicanos en Alemania". Esta guía es una compilación de todos los trucos, mañas y de muchas historias desde que vine a vivir a Alemania en el lejano año de 2003 y, al mismo tiempo, una visión humorística de Alemania vista a través de los ojos de un mexicano que no sabía siquiera abrir las ventanas cuando llegó por primera vez a su nuevo país. Aquí encontrarás solución y recomendación para casi todos los problemas que puedas tener en Alemania, desde el trámite de la visa hasta la logística para la repatriación de un difunto a México con la idea de hacerte la vida más fácil y más feliz en Alemania.

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Seitenzahl: 436

Veröffentlichungsjahr: 2022

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5 30 9 238

A Noé Salinas, mi profesor de 5° de primaria, por ser el primero en espolear mi escritura, 30 años y 9 238 kilómetros después.

Alemania es como es. La aceptamos y amamos, o simplemente nos vamos.

Esthela Jaime

Para ver de qué se trata hay que querer quedarse. Todas las ciudades se ocultan imperceptiblemente a quienes solo las utilizan para atravesarlas.

Anna Seghers

Encuentra nueva información y actualizaciones enGdelaG.com y en las redes de @holaholaalemania

COLABORADORES INVITADOS

Juan de la Boca | Jaime Cervantes | Grizel Delgado | Patrick Fernández | Carlos Fontes | Verónica García Arteaga | Paulina Lara Franco | Diana Luna | Luis Lupián | Brenda Moguel | Karina Morán | Antonio Ortuño | Alondra de la Parra | Ivette Pérez de Winkel | Valeria Priego | Herbert Pérez | Luis Ramírez | Angélica Ramos | Orlando Silver | Mariana Solórzano | Dr. Alejandro Velázquez | Emb. Cecilia Villanueva Bracho

DISEÑO DE PORTADA

Enrique G de la G

DISEÑO Y MAQUETACIÓN

Olivia Hidalgo

IMPRESIÓN

Books on Demand GmbH, Norderstedt

Contenido

Prólogo

ANTONIO ORTUÑO

Ucrania y coronavirus: lo que debes saber

Ucrania

Coronavirus

Esta guía

Lo mejor de Alemania

LOS PECES DE BERLÍN ALONDRA DE LA PARRA

Lo más difícil de Alemania

Lo más difícil de los alemanes

Alemania y México

Mexicanos en Alemania

¡UN BOLETO SIN REGRESO Y UN PASE AL

BUNDESTAG

! DIANA LUNA

Tu primera visa

Cómo funciona la visa

Visados principales

Visados especiales

MÉDICOS LATINOS EN ALEMANIA MARIANA SOLÓRZANO

La cita en tu consulado

Te entregan la visa

Vuelos entre México y Alemania

Vuelos con mascota

Primeros trámites al llegar

¡Llegaste a Alemania!

Willkommen

!

Empadrónate (“

anmeldéate

)

Tu nombre en el buzón y timbre

Los trámites de los primeros tres meses

Canjea tu visa por un visado

Cuenta bancaria

Teléfono

Internet y TV

Mascotas

Seguro médico

Otros seguros a considerar

Licencia de manejo mexicana

Validación de documentos mexicanos

El idioma alemán

¡Estudia alemán!

Emojis aquí y allá

Palabras especiales

JUEGOS Y AMORES DE PALABRAS PAULINA LARA FRANCO

Vivienda

Renta de habitación en depa compartido (WG

)

Renta de departamento

Airbnb

Compra de una propiedad

Estudios

Intercambio escolar

Studienkolleg

PREPA EN MÉXICO Y ALEMANIA KARINA MORÁN

Intercambio universitario

Becas

Maestría

Doctorado

LA SEDE DE LA UNAM EN ALEMANIA DR. ALEJANDRO VELÁZQUEZ

Estancias de investigación, posdoctorado y residencias para artistas

Salud

Farmacias

UN ENFERMERO CHINANTECO EN BERLÍN HERBERT PÉREZ

Urgencias

Médico de cabecera

Médicos especialistas

Fisioterapia

Diferencias culturales en la vida diaria

Edades

Títulos

Prensa

Radio

Televisión

El domingo

El

Abitur

Alcohol

En la calle

El coche

VIVO EN LA TORRE EIFFEL LUIS RAMÍREZ

Comida

Supermercado

Droguería

Nutrición

Dinero

Regalos

Correos

Folletitis

Digitalización

EL LIDERAZGO Y EL REZAGO TECNOLÓGICO DE ALEMANIA LUIS LUPIÁN

Shopping

Segunda mano

Cosas perdidas

Talachas y reparaciones

Basura y reciclaje

Precaucionitis

Criminalidad

Visitas de México

Otras diferencias culturales de pilón

BERLÍN, UNA CIUDAD DEL FUTURO CARLOS FONTES

Deporte

Para no dejar de ser aficionado… como yo

Clubes o asociaciones

LUCHAS LIBRES EN ALEMANIA ORLANDO SILVER

Cursos universitarios

Gym

Nadar

Deportes de invierno

Vida cultural

Museos

Bibliotecas

Conciertos

CUMBIA ALEMANA JUAN DE LA BOCA

Cine

Librerías

Día de las puertas abiertas

Las Noches Largas

Conferencias y presentaciones

Antes de transportarte

Apps

Cobertura de red celular

Accidentes y urgencias

El sistema vial

Cómo funciona la licencia de manejo alemana

Obtén la licencia para autos (clase B

)

Obtén la licencia para motos (clase A

)

Infracciones

Gasolineras

Estaciones de recarga eléctrica

Compra de un vehículo particular

Medios de transporte

Caminar

Patín del diablo

Bici

Motoneta

Moto

CLUB

DIE LINKE ZUM GRUß

GRIZEL DELGADO

Trimoto y cuatrimoto

Transporte público

Ridepooling

Carsharing

Renta de coches y camionetas

Taxi y Uber

Coche propio

Tren

RAMMSTEIN, WOLFSBURG Y MIS JEEPS JAIME CERVANTES

Ferry

y barco

Avión

Religión

Estado laico vs. Estado religioso

Religión y vida diaria

Templos

Sectas y fanatismos

La chamba

Prácticas profesionales

Empleado

Emprender

¡DE HUEVOS! LA HISTORIA DE MI

GMBH

VERÓNICA GARCÍA ARTEAGA

Freelancer

Expat

Impuestos

Eclesiástico

Funkgebühr

: radio, TV, celular e internet

Einkommensteuer

: impuesto sobre la renta

Solidaritätszuschlag

o

Soli

: cargo por solidaridad

Umsatzsteuer

: el IVA alemán

La declaración de impuestos

Asentarse en Alemania

LA MEZCLA PERFECTA PATRICK FERNÁNDEZ

Renovar el visado

Permiso de establecimiento o residencia permanente

Nacionalidad alemana

¿Quieres traerte a tus papás?

CÓMO ASEGURÉ A MI MAMÁ EN ALEMANIA ANGÉLICA RAMOS

¡Viva México!

Comida mexicana

UNA COCINERA MEXICANA EN BERLÍN IVETTE PÉREZ DE WINKEL

Fiestas mexicanas

Piñatas

PIONERA EN PIÑATAS VALERIA PRIEGO

Mariachi

Jodidos pero contentos

El consulado: tu mejor aliado

EL CONSULADO DE MÉXICO EN FRÁNCFORT EMB. CECILIA VILLANUEVA BRACHO

La pachanga

Fiestas

Asados en verano

Asuetos y vacaciones

Vida en pareja

El matrimonio

Boda

Cambio de apellidos

Divorcio

Planeación familiar

Más diferencias culturales

Anticonceptivos y aborto

Apoyos económicos del gobierno

Trámites

Un solo apellido vs. dos apellidos

Doble nacionalidad

Ahí viene la cigüeña

Inseminación artificial

Fecundación

in vitro

Vientres de alquiler

Embarazo

Adopción

LA HISTORIA DE MOI BRENDA MOGUEL

El nombre del bebé

Llegan los hijos

Nacimiento

Partera

Circuncisión

Pediatra

Guardería (

Kita

)

Escuela

Fallecimiento

Herencias

La muerte

Funerales

Repatriación del cuerpo a México

Un mensaje final de Obama

La producción de esta guía

Prólogo

Por motivos que no viene al caso enumerar, viví con mi familia en Berlín durante un año. Aunque ya había visitado la ciudad, apenas puse el pie en Alemania con el fin de residir allí quedó claro que no estaba listo para capotear las costumbres locales. El día a día me resultaba casi incomprensible. Mi sensación no era la de caminar por un país diferente al mío, sino la de haber viajado a otro planeta. Cada mañana me levantaba con la misma idea en la cabeza: “Quizá no existan dos culturas tan opuestas”. Los mexicanos somos históricamente improvisadores y también muy afectos a las componendas “ingeniosas”; consideramos que todo trámite, ley o reglamento es flexible (o debería serlo) y, muchas veces, nos impacientamos ante el orden, por más lógico que resulte. Los alemanes, entretanto, suelen ser prácticos y sistemáticos y no consideran (en general) que la ley o las disposiciones de convivencia estén ahí para darles la vuelta o para negociarse caso a caso (y mucho menos piensan así cuando son funcionarios).

Pero, más allá de estas peculiaridades, el motivo principal del cortocircuito que uno experimenta puede encontrarse en la falta de respuestas ante las dudas cotidianas. No existen, para un mexicano, demasiadas fuentes de información al alcance sobre lo que nos espera al mudarnos a un lugar como Alemania, más allá de las guías de requisitos migratorios por cumplir. Pero esas instrucciones diplomáticas enseñan a tramitar visas y pasaportes, y no a dónde acudir en busca de salsa picante o cómo decidir qué clase de boleto del metro nos acomoda mejor. Y los portales de internet no explican con el debido esmero que ciertas actividades toleradas en México, y que para nosotros son inocuas, como cruzar la calle por otro sitio que no sea la esquina, pasarse un semáforo en rojo, invadir los carriles de bicicletas (así sea a pie) o “bajar” piratería de la red, están mal vistas y pueden ser duramente multadas en el país teutón.

Esos portales tampoco exponen, por cierto, las enormes distancias entre uno y otro Estados en temas nada menores, como el manejo de los registros municipales, el acceso a la salud, el pago de impuestos o el uso (y disfrute) de los recintos culturales. Y esto no solo quiere decir que el mexicano promedio no es consciente de la cantidad de obligaciones que debe observar (y de las que suele enterarse muy tarde, cuando se mete en el primer lío), sino que puede perderse, también, de la tonelada de oportunidades magníficas que la sociedad alemana ofrece a quienes viven en ella.

Por eso, un libro como este, que firma Enrique G de la G, resulta utilísimo. Enrique es un mexicano que migró hace años a Alemania: allá ha estudiado, trabajado y formado una familia. Es capaz de organizar una carne asada en Berlín con tortillas, salsas diversas y hasta piñata. Y ha conseguido, incluso, transportar exitosamente desde México a Alemania una mesa de piedra de las dimensiones del meteorito que acabó con los dinosaurios (y que aún es reivindicado por nuestros orgullosos paisanos yucatecos como “suyo”). Hablamos, pues, de alguien que no solo ha sabido sobreponerse a las diferencias de usos, costumbres, leyes y formas de vida entre los dos países, sino que ha acopiado todo un arsenal de recursos de supervivencia.

Este es, pues, un libro ameno, claro y hospitalario, que ofrece respuestas para las principales incertidumbres que surgen para el mexicano que migra (por un tiempo o indefinidamente) a la República Federal de Alemania. Justo lo que uno necesita esa primera mañana, cuando despierta y recuerda que allá afuera no están las calles de siempre, sino unas bien organizadas y serenas Straßen germánicas, por las que hay que caminar sin meter la pata.

Antonio Ortuño

Ucrania ycoronavirus: lo que debessaber

Ucrania

La invasión de Putin a Ucrania tiene un sentido histórico definitivo. Desde la madrugada del 24 de febrero son cada vez más –y cada vez más serias– las consecuencias sociales, políticas y económicas para Alemania, Europa y el resto del mundo.

Es imposible saber qué pasará, pues nadie puede leer la mente de Putin, la persona que tiene las riendas de la historia en este momento. Por lo pronto, el canciller Olaf Scholz se tardó tres días en reaccionar y, cuando lo hizo, fue para marcar un cambio drástico en cómo se percibe Alemania a sí misma, algo que jamás nadie se imaginó: con la inversión anunciada de cien mil millones de euros en armamento, Alemania se convertirá en la tercera potencia militar del mundo, después de Estados Unidos y China.

Con la excepción del propio Putin, nadie quiere la tercera guerra mundial, sobre todo porque lo más probable es que sería una guerra nuclear (lo que no necesariamente significa el fin del mundo, aunque la posibilidad es real). Hay muchas razones para que nadie quiera permitirle a Putin que se anexe un país independiente, y menos en Europa.

Alemania juega un papel peculiar en este conflicto. Por un lado, cuando cayó el Muro de Berlín, se negoció con Gorbachov que Alemania Oriental se fusionaría con Alemania Occidental a cambio de que la OTAN no se expandiría más hacia Rusia, lo cual no se cumplió. Por otro lado, el canciller Gerhard Schröder hizo a Alemania dependiente de Rusia en términos energéticos, dependencia que Merkel solo acentuó. A estas alturas, Alemania le paga a Putin cada día más de 230 millones de euros en energía, dinero con el que financia su guerra. El drama es que Alemania no puede —ni quiere— cerrar la llave del gas ruso porque dejaría de funcionar.

Este es el brete en que estamos metidos. Por lo que alcanzo a ver, la vida en Alemania será aún más difícil en el 2022 que durante la pandemia. ¿Se puede migrar a Alemania todavía? ¡Claro! Pero si vienes este año a Alemania, te tocará un ambiente raro, distinto, de mucha tensión, precedido por el cansancio de la pandemia, así que es como tener un date con alguien que no está en su mejor momento. Tendrás que ser muy paciente y comprensivo.

Coronavirus

La pandemia causa cambios todo el tiempo, sobre todo en procesos y tiempos burocráticos. Sin embargo, lo que se explica en esta guía funciona, en su esencia, tanto para tiempos de pandemia como para tiempos normales.

Un buen día, la pandemia pasará, ojalá sea más pronto que tarde. Pero dadas las circunstancias actuales (enero 2022), es necesario dejar constancia de algunos datos fundamentales sobre el coronavirus y Alemania.

Las autoridades responsables son el Robert-Koch-Institut, la Central Federal para Información Sanitaria y el Ministerio Federal de Sanidad, que ofrecen tres recursos fundamentales:

Zusammengegencorona.de:

el sitio para encontrar información confiable y actualizada, en alemán e inglés.

La

Corona-Warn-App

: sin robarse datos personales, te alerta cuando has estado cerca de alguna persona infectada. Sería deseable que sonara una alarma al instante, pero no es el caso, pues se actualiza solo una vez al día.

La

luca app

: es un complemento al radar de proximidad de personas contagiadas, pues analiza el historial de personas que estuvieron en un lugar específico en un momento determinado.

Ahora bien, cada estado federado tiene sus propias leyes respecto de los tapabocas, pero todos coinciden en que se debe usar en comercios y transporte público.

Cuando el índice de contagios en una región supera los 50 casos por 100,000 habitantes durante una semana, se la considera zona de riesgo. El Robert-Koch-Institut actualiza constantemente la lista de zonas de riesgo, entre las cuales está México otra vez desde el 8 de agosto de 2021. Encuentras la lista está en rki.de si pones en el buscador “Informationen zur Ausweisung internationaler Risikogebiete durch das Auswärtige Amt, BMG und BMI”.

Al llegar a Alemania procedente de una zona de riesgo, puede ser obligatorio hacer cuarentena de dos semanas y registrarse ante el Ministerio de Salud (Gesundheitsamt), a través de la página Einreiseanmeldung.de. Para poder entrar a Alemania es necesario tener un documento oficial de recuperado, test negativo o de vacunado con las marcas reconocidas, que son cuatro: BioNTech-Pfizer, Johnson & Johnson, Moderna y AstraZeneca (cualquier otra marca no es reconocida en Europa). De igual manera, se deben reportar los síntomas, en caso de tenerlos. La multa por negligencia podría ascender a 25,000 euros.

Los scanners alemanes no pueden leer los códigos QR que se expiden en México, por lo que es necesario pedir que se expida uno con validez en Europa. Esto se hace en una farmacia si se presenta el certificado original en español con una antigüedad de al menos 14 días. En el caso de las personas recuperadas, basta una sola dosis de vacuna.

Alemania va adaptando las reglas de comportamiento social, que han adoptado los siguientes nombres desde septiembre de 2021:

3G significa geimpft, genesen, getestet: con vacuna, recuperada, con test negativo2G significa geimpft, genesen: con vacuna o recuperada2G-Plus significa geimpft, genesen mit Test: con vacuna o recuperada y con test negativo

Contactos útiles para tener en cuenta:

Robert Koch-Institut: rki.deInformación sobre viajes del Ministerio de Relaciones Exteriores: auswaertiges-amt.de/de/ReiseUndSicherheitAsistencia general: +49 30 / 346 465 100Asistencia para sordos: [email protected] y gebaerdentelefon.de/bmgInformación oficial de la embajada de México en Alemania: bit.ly/EmbamexAleCO-VID19

Esta guía

Hace poco, el historiador Miguel Gleason descubrió que tan solo en Berlín existen más objetos del patrimonio arqueológico de México que en toda España. Este descubrimiento sugiere que la corona española solo se interesó por el oro, porque no valoró, ni conservó, ni cuidó el resto. Por el contrario, la abundancia de objetos que Alexander von Humboldt trasladó a su patria creó un vínculo portentoso entre México y Alemania, del que ahora nos beneficiamos quienes vivimos —temporal o definitivamente— en tierras germanas.

Pero el interés alemán por México precede a Humboldt. El emperador prusiano Federico el Grande escribió una ópera titulada Moctezuma. Unos siglos más tarde, el alemán Paul Kirchhoff acuñó el concepto de “Mesoamérica” y fundó nuestro Instituto Nacional de Antropología e Historia.

En 2003 no vine a Berlín persuadido por Humboldt ni por sesudos análisis de oportunidades sino por el mero romanticismo del Sturm und Drang, que tuve a bien imaginarme papaloteando todavía por ahí. Y, al llegar, me di cuenta de que me había equivocado de siglo. Pero la desilusión fue fugaz, pues a cambio descubrí un país fascinante, del que en realidad no sabía nada, aunque ya hubiera estado antes y ya creyera saber algo de alemán.

Georges Perec nos dejó unas instrucciones de uso para ese rompecabezas que es la vida. Si queremos alivianarnos, la vida en Alemania también requiere instrucciones. Esta guía no es una mera compilación, sino el rompecabezas que he venido armando con todas las mañas, los trucos y las experiencias de las que me he hecho desde que llegué. Como tal, tiene un alto grado de subjetividad; como la vida misma, es un work in progress.

En Alemania me ha tocado prácticamente de todo, desde olvidar mi laptop y las notas de mi tesis doctoral en la estación del tren ligero hasta repatriar a México el cuerpo de un amigo que falleció en Berlín. He escurrido “lágrimas de sangre” durante el esfuerzo de inculturación; me he tenido que pelear con médicos, burócratas y catedráticos universitarios para defender mis derechos; he sido víctima del racismo y de las más finas atenciones; he padecido la depresión del invierno y me ha extasiado el furor del verano; viví con intensidad el Mundial del 2006, y la noche de la Final alojé a 16 invitados y parientes del primo del amigo del vecino en un departamentito de 47 metros cuadrados.

Pero, más allá de las anécdotas, he encontrado una libertad social y personal que ya quisiéramos en México para las próximas décadas.

Llegas a Alemania como estudiante temporal, como expatriado para trabajar en una empresa o por amor. Y, si decides hacer tu vida en Alemania, un buen día te das cuenta de que… Tú. Eres. Migrante. Ese es también mi caso: llegué a estudiar pero ahora soy migrante.

A mucha honra.

Por razones geográficas y acaso también por la lengua, el migrante que venía de México a Alemania solía tener unas características diferentes, en términos de escolaridad, a las del grueso de los mexicanos que migran a los Estados Unidos. Históricamente llegaban a Alemania académicos, científicos y artistas, y este fue mi caso, pues vine a hacer un doctorado. Pero ahora la gama es mucho más diversa y variopinta. Un amigo zapoteca de Oaxaca, por ejemplo, que vive con su esposa alemana y su hijo cerca de Bonn, me contó que sus papás son indígenas analfabetas que aprendieron a hablar español siendo ya adultos.

Como sea, a todos nos resulta difícil hacernos al modo alemán. Es duro el proceso de asimilación, sobre todo si no tienes raíces o no fuiste a una escuela alemana. No lo niego.

Pero en lugar de ver las dificultades y desventajas, lo que me resultó fue hacer dos listas y resolverme una pregunta. Mi primera lista fue de los problemas con los que tengo que lidiar en México; y la otra, la de los problemas que conlleva vivir en Alemania.

Vi los macroproblemas y microproblemas. A un macronivel, lo que más me hastía de México es la corrupción y la ineptitud del gobierno; en cambio, a nivel de cancha me encanta la forma de ser de la gente, alivianada, despreocupada, espontánea, el día a día, el clima, la comida, las risas. Cuando veo Alemania en términos macros, veo una sociedad que funciona de una manera que me impresiona y me gusta ser parte de ello, como un pequeño tornillo en un gran esfuerzo colectivo; pero cuando la observo de cerca, veo que la gente es aburrida, cuadrada y cerrada, que la cocina es muy pobre y me desespera que la vida diaria esté tan reglamentada.

Una vez hecho el brainstorming, puse los dos montones en la balanza y me pregunté: ¿qué problemas prefiero en mi vida: los de aquí o los de allá?

Si tu respuesta es México, me temo que tus días en Alemania están contados; si prefieres los de Alemania, acabas de dar el primer paso hacia una feliz y eficaz inculturación.

Todo lo que cuento aquí está basado en mi experiencia personal, excepto cuando hablo de matrimonio (sigo sin casarme), de embarazo (solo los he causado y acompañado), de mascotas (ya quiero mi husky siberiano) y de asentarse en Alemania (llevo mil años pero soy uno más de los que renuevan su visa a cada rato en la odiosa oficina para extranjeros).

Mi disclaimer es doble: incurro en generalizaciones por el simple hecho de que así son las guías, como cuando digo que “los mexicanos” somos así y “los alemanes” son asá, porque cuando el cliché suena, agua lleva; y mis bromas son políticamente incorrectas, por lo que me burlo en primer lugar de mí mismo. Con esto no quisiera herir la sensibilidad de nadie pero tampoco ceder a la creciente censura de lo políticamente correcto.

Los peces de Berlín

Como tantos artistas, vine a vivir a Berlín seducida por la ciudad. Por su mística. Me llamaba poderosamente la escena musical. Un estándar que no es fácil encontrar en otros lugares del mundo. Antes de emigrar, trabajé varias veces en Alemania, y cada oportunidad que tuve frente a una orquesta en este país me confirmó la convicción de venir a vivir a Berlín, porque el pescador, si quiere pescar, debe vivir junto al mar.

Finalmente sucedió. Las oportunidades y yo nos encontramos justo aquí, en esta ciudad por la que he sentido siempre un poderoso magnetismo.

Mis hijos y yo nos mudamos a Prenzlauer Berg una primavera de hace casi tres años y, es importante decirlo, no fue nada fácil. Es más, fue especialmente difícil. El clima, el idioma, la comida, los procesos migratorios me resultaron más complejos de lo que pude imaginar. Es difícil acceder a lo alemán.

Adaptarnos ha sido una tarea de todos los días, que ha representado un esfuerzo enorme para los tres. Me siento especialmente orgullosa de mis niños, porque han aprendido a amar esta ciudad tanto como yo, a pesar de las dificultades que opone.

En mi experiencia, Berlín es una ciudad a la que se viene a aprender, a cambiar, a crecer. Una ciudad que te muestra cómo eres y cómo puedes ser. Mi relación con ella no es perfecta. Muy seguido me pregunto qué hago aquí. Por qué no vivo en un lugar más cálido, más amable. Pero en los momentos más difíciles, Berlín misma se encarga de mostrarme su caudal pleno de peces.

Alondra de la Parra (Berlín)alondradelaparra.com

Lo mejor de Alemania

Si estás pensando en migrar a Alemania, ya sea para estudiar, trabajar o emprender, el portal del gobierno federal Make it in Germany es un buen punto de partida para comenzar tu investigación: make-it-in-germany.com/es. ¡Está en español!

A las tres semanas del ataque a las Torres Gemelas en 2001 vine a Alemania por primera vez. Solo porque un amigo me insistió hasta la desesperación me tomé un día para viajar a Berlín, de 8 de la mañana a 8 de la noche.

Llegué a la estación Zoologischer Garten —todavía faltaban varios años para que se inaugurara la estación central de trenes— y caminé hasta la Isla de los Museos. Era época de elecciones, estaba gris, frío y chispeando.

Aún no me lo explico... así es el amor a primera vista.

Al entrar a la Universidad Humboldt y ver la majestuosa escalera de mármol turingio con la cita de Marx y, arriba, la galería de profesores que habían obtenido el Premio Nobel, en ese momento y en ese mismo lugar decidí que viviría en Berlín. Así que, de esas doce horas, pasé dos formado, esperando a que abrieran la oficina de información de la universidad.

—Quiero estudiar una maestría aquí.

—¿Qué área?

—Filosofía.

—No hay.

—¿Doctorado?

—Doctorado, sí.

—¿Cuáles son los requisitos?

La antigua universidad de la capital de Alemania Oriental seguía intacta aunque hubieran pasado ya muchos años desde la caída del Muro. Lo que quiere decir que la página web tenía la tierna edad de cuatro años y era rudimentaria. Así que, en lugar de dirigirme al internet, la señora trajo un libro que recuerdo como de un metro de altura. Necesitó las dos manos para abrirlo con mucho esfuerzo.

—¿De qué país viene?

—De México.

Buscó en el canto la pestaña con la letra “M”.

—México… Mire, para inscribirse aquí necesita usted una maestría en la UNAM o en la Universidad Autónoma de Puebla o en la Universidad Autónoma de Veracruz.

¡Esas eran las únicas universidades que tenían convenio con la Universidad Humboldt! Eran épocas casi prehistóricas pero lo vi como un signo de exclusividad.

—Muy bien. Entonces regreso dentro de dos años.

Volví a México a la mañana siguiente, 12 de octubre. Durante todo el vuelo me sentí picado por el Síndrome de Colón: había descubierto mi Nuevo Mundo.

A los tres días ya estaba inscrito en la maestría, gracias al caos que habían armado los huelguistas y a un favor del coordinador, que me aceptó a pesar de haber vencido ya el plazo de inscripciones… algo inimaginable en Alemania. Contraté a un profesor de alemán, busqué tutor y beca. Veintitrés meses después, me mudé a Berlín.

Mentiría si dijera que el primer año fue una gozada. Debí haber ido a más fiestas y disfrutado más Berlín, pero ñoñeé y me puse a estudiar alemán en serio. Me esforcé por entender la mentalidad, lo que nomás me causó más cortocircuitos neuronales. Me pegó fuerte el primer invierno, a pesar de las advertencias de mi profesor de alemán en México, a quien le fanfarroneé que a mí esas cosas no me afectaban. ¡Ja!

Pero descubrí el país donde quería vivir y la sociedad de la que quería formar parte. Me trastornó el respeto de los alemanes por los demás, por la cultura, la curiosidad, su espíritu por mejorar siempre las cosas, su cuidado por el arte y las ciencias. Aprender la lengua me abrió la mente al periodismo serio, cuando apenas comenzaban las publicaciones en línea y en una época en que aún no existían los blogs.

Resumo mi aprendizaje en Alemania con una sola palabra: Selbstbewusstsein, la autoconsciencia. Digamos que esta es la versión rudamente hegeliana de lo que ahora llaman mindfulness.

A diferencia de los mexicanos, que somos muy aventados, los alemanes son conscientes de cada momento y decisión que toman en su vida. Son conscientes del peso de la historia. Son conscientes de que todo se puede mejorar con crítica, análisis y tesón. Son conscientes de que hay que hacer las cosas bien y que de ellos depende el futuro del planeta en términos de ecología, una responsabilidad que se han autoimpuesto. Son conscientes de que la vejez es una edad que se puede disfrutar, y por eso siempre hay hordas de viejos en museos, conferencias y sitios históricos.

A la vuelta de los años puedo decir que Alemania saca lo mejor de mí.

Lo más difícil de Alemania

Es evidente que Alemania tiene también sus dificultades. Una de las primeras que te topas y que te hace sentir desplazado y en fuera de lugar es que, cuando llegas, no sabes ni siquiera abrir la ventana. Y de ahí en adelante, las dificultades nomás crecen.

Estas son mis dificultades favoritas y los trucos que te recomiendo para resolverlas:

1. Invierno: es una época fascinante si puedes gozar la nieve, el esquí y el patinaje sobre lagos congelados. Pero en algunas zonas —como Berlín o Hamburgo—, el sol se esconde por meses, y esa oscuridad afecta más que el frío mismo.

Es esta la época en que pega más el Síndrome del Jamaicón, según la honda sabiduría del Jamaicón Villegas, ese aguerrido lateral de las Chivas que declaró en una entrevista que la goliza de 8-0 que Inglaterra le metió a la selección mexicana era nomás porque extrañaba a su mamá. En nuestro caso se traduce como “Extraño México”, “Extraño los tacos”, “Extraño _______” [escribe tu palabra favorita].

Busca soluciones: compra focos que simulen la luz solar (esta tecnología está bien desarrollada), toma suplementos alimenticios y vitaminas, sobre todo la D, la única que no produce el cuerpo humano, y llámales a tu mamá y a tu abuelita las veces que haga falta.

2. Ser mexicano: el pasaporte mexicano es la mejor tarjeta de presentación en la mayoría de los países, y Alemania no es la excepción. Infundimos una gran simpatía por ser de México. No todos saben bien cuál es la diferencia entre los mayas y los aztecas, ni que el país pertenece geográfica y políticamente a Norteamérica, y no a Sudamérica, pero qué importa: no es raro toparse con alemanes que han estado en el país y que lo relacionan con el tequila o los burritos. Y si eres mexicano, cuenta con que no te faltará fiesta.

Pero cuando se trata de trabajar, el pasaporte tiende a convertirse en una desventaja. Esto no quiere decir que no se puede emprender o que uno estará el resto de la vida hundido en el desempleo, pero sí que la primera mirada sobre el trabajador mexicano es muchas veces de escepticismo. ¡Llegó el momento de demostrar el valor que puedes aportar!

3. Burocracia: si la burocracia mexicana es latosa y corruptible, la alemana es más que latosa y del todo incorruptible. Si los alemanes son lentos, los burócratas alemanes son lentísímos (la fecha más cercana para hacer cita es siempre dentro de muchos meses); y si el burócrata de cualquier lugar del mundo es cuadrado, el burócrata alemán es cuadradísimo (a mí no me querían reconocer mi título porque mi apellido viene sin acento en el acta de nacimiento mexicana y con acento en el diploma: “Técnicamente hablando, ese título le corresponde a otra persona, no a usted”, me dijeron); y hay procesos que siguen estancados en el siglo veinte (me han llegado cartas al buzón advirtiéndome que me enviarían la información por mail).

Hay que dedicarle tiempo a todos los trámites: seguro, estatus migratorio, impuestos, y demás, pero todos se pueden resolver si te informas y previenes, y con un poco de colmillo para sacarle la vuelta al sistema. Esta guía te ayudará.

¿Cuándo mudarse a Alemania? Suena a una bobada y en muchos casos no se puede elegir la fecha, pero si fuera posible decidir cuándo mudarse a Alemania, resulta psicológicamente favorable llegar en primavera o verano.

Es más difícil la adaptación al país si se llega en otoño o invierno por la oscuridad, sobre todo en el norte, donde casi no se ve el sol de noviembre a marzo.

4. Racismo: viniendo de México, un país enfermo con el cáncer del clasismo, parece inapropiado decir que en Alemania hay racismo. Pero hay que poner los puntos sobre las íes. He tenido solo cuatro experiencias desagradables en este campo, tres en mi contra, donde claramente buscaron hacerme mierda por ser extranjero —no puedes asustarte, sino levantar la voz más fuerte que el atacante… en Alemania, en México y en donde sea—, y una más con una amiga de Namibia justo en mis narices.

Sin embargo, sé de mexicanos a quienes la policía ha detenido más de una vez en la calle para comprobar su estatus migratorio solo por parecer sospechosos de quién sabe qué irregularidad migratoria, así nomás. “Por mi cara de nopal”, dice un amigo, quien debe tener el récord mundial de interrogatorios, a pesar de ser —y parecer— docente universitario y doctor habilitado, el escaloncito anterior al Herr Professor. ¿Se le puede llamar racismo a esto? Quizá jurídicamente no, pero no han sido experiencias agradables.

5. Desatención al cliente: resulta difícil sentirse bien atendido en consultorios, tiendas y restaurantes. Las marcas caras han adoptado la mentalidad gringa de que el cliente tiene la razón siempre y la globalización ha venido cambiando esto, pero la verdad es que todavía falta mucho camino por recorrer, sobre todo en las áreas prusianas y de la antigua DDR. La clave es no tomárselo personal porque así son los alemanes.

Lo más difícil de los alemanes

Un día, mi amigo Julio Villanueva Chang me preguntó qué era lo más difícil de los alemanes. Nunca me lo había planteado así, pensando en las personas, siempre —tal vez por respeto al país que me acogió— me lo planteaba como “lo más difícil de Alemania”. Pero una vez que pasé del abstracto formato nacional al formato personal, sin dudarlo le respondí: ¡la inflexibilidad!

Si los alemanes ya quedaron en algo, es muy difícil hacerlos cambiar de planes. Esto se ve más acentuado en las generaciones mayores y en los pueblos. Por esa obstinación en lo que ya se quedó, les cuesta improvisar o salirse del guion. Puede ser desesperante en la vida diaria y laboral, y también al volante: uno ve que las cosas no funcionan y, sin embargo, los alemanes persisten. Cuando la constancia se vuelve terquedad, lo mejor es salir corriendo.

En segundo lugar diría que tienen un umbral bajo para el estrés. Será que yo estoy blindado al estrés o que los alemanes le cuelgan a cualquier contrariedad, preocupación o problemilla el título honorífico de “estrés”.

Los turcos popularizaron en los años noventa la palabra Stress, porque tienden a hablar un alemán poco sofisticado. Lo que resultó es que ahora se abusa del término en todos los ámbitos. Estrés por aquí, estrés por allá, estrés por pendejaditas. Pues sí: lo que se repite muchas veces termina por volverse realidad… y por estresar.

Sea como sea, no hay nada más antipático que un alemán estresado: si es la recepcionista del consultorio, no te dirigirá ni la mirada hasta no terminar lo que está haciendo; si es la panadera, te echará hasta la despedida si se te ocurre ponerle las monedas fuera de la charolita asignada a las monedas; si es un mesero, podrá ser hasta grosero si le bloqueas sus rutas acostumbradas entre las mesas.

Las dos realidades que causan mayor estrés a los alemanes son los niños (no pueden gritar ni hacer ruidos al jugar ni casi ser niños, diríamos en México) y el coche (se bloquean torpemente al volante).

Así que hay que decirlo para detectarlo, asumirlo y saberse reír.

Alemania y México

“Alemania sigue siendo la potencia económica y política más importante de Europa, pero con sentido de responsabilidad, con capacidad para reflexionar sobre su pasado y con un horror a la guerra, lo que me parece único, poco menos que un milagro, y algo que pocos historiadores estudiosos de las secuelas de los conflictos del pasado se hubieran atrevido a predecir”, escribió Mark Mardell el día que dejó su cargo de editor de la sección ‘Europa’ de la BBC. Y remató con una frase que se ha vuelto una cita favorita de muchos: “Es probablemente el país más adulto del mundo hoy en día”.

¿Será?

Las diferencias entre México y Alemania no pueden ser más grandes. Mientras que México es caótico, espontáneo, alegre y festivo, los alemanes son ordenados, reservados, calculados y racionales. Mientras que en México la corrupción está presente en todos los niveles, desde la calle hasta el Presidente, en Alemania la corrupción se concentra en la cúpula del poder empresarial. Mientras que en México existe un gran descuido por el medio ambiente, a pesar de nuestra asombrosa biodiversidad, el pionero de la ecología (Alexander von Humboldt) y el mismo movimiento ecologista nacieron en Alemania, donde se castiga con severidad hasta una gota de aceite que haya derramado el coche en una zona de mantos acuíferos potables.

El personaje más importante de la historia antigua de Alemania es Lutero. No solo porque se rebeló contra el Papa y, por lo mismo, el sur católico, sino también porque fue el primero que unificó los dialectos al crear un idioma nuevo, que hoy llamamos Hochdeutsch (alto alemán o alemán estándar). Fue una especie de esperanto que desarrolló a partir de las similitudes de los cientos de dialectos, y que aderezó con algunas cosillas que sabía del griego clásico, como las declinaciones y esa ocurrencia de dividir los verbos (nota para los nerds: la puntada se llama tmesis).

En términos políticos, Bismarck vendría siendo el padre de la patria, algo así como nuestro Miguel Hidalgo. Aunque era más bien de la generación de Juárez, Bismarck unificó los distintos principados y las ciudades libres para conformar la nación alemana moderna, algo que muchos habían intentado y que Lutero solo había conseguido en términos lingüísticos.

El matemático Adam Riese, un contemporáneo de Lutero, escribió uno de los primeros libros de matemáticos en alemán, en lugar de latín. Él introdujo en Alemania los números arábigos. Pero tuvo la pésima idea de mantener la perversión griega de poner primero las unidades y luego las decenas. 1700 años antes, los romanos habían corregido ya esto, al ver la confusión que causaba entre los griegos, cuando Platón le pidió su teléfono a Aristóteles: cuatro y veinte, ocho y setenta, tres y treinta. Pero hay gente sensata: la fundación Zwanzigeins lucha para enderezar los números y que se lean en el mismo orden en que se escriben.

Mexicanos en Alemania

El primer mexicano en emigrar a Alemania fue el compositor orizabeño Alberto Villaseñor en 1897. Estudió en Leipzig gracias a una pensión —hoy diríamos “beca”— del régimen de Porfirio Díaz y fue uno de los primeros en enseñar la música de Bach en nuestro país. Dos años después lo siguió Julián Carrillo, quien compuso en Leipzig una de las sinfonías mexicanas pioneras; y un poco más tarde Manuel M. Ponce, considerado el fundador del nacionalismo musical mexicano, quien estudió en el conservatorio de Berlín, muy cerca de Potsdamer Platz, con un discípulo (Martin Krause) de un discípulo (Franz Liszt) de un discípulo (Carl Czerny) de Beethoven.

Un siglo más tarde, Alemania ya no es privilegio para genios dotados por el presidente, sino que se ha convertido en el cuarto país con más migrantes mexicanos, después de Estados Unidos, Canadá y España, y somos el tercer país latinoamericano con mayor presencia, después de Brasil y Colombia. Notoriamente, la migración es femenina, pues hay entre un 20 y un 25 por ciento más mexicanas que mexicanos.

Cuando me mudé a Berlín el 16 de septiembre de 2003, el consulado llevaba una lista de mexicanos en la ciudad. Me apunté y pregunté cuántos éramos: no olvidaré haber sido el número 753. No conocía a ningún paisano, no coincidí con ninguno en la universidad y pasaron varios años antes de que me topara con mexicanos residentes en Berlín.

Desde entonces nos hemos casi cuadruplicado. Hoy ya no es raro estar en alguna ciudad y no encontrarse mexicanos. Según las cifras oficiales del microcenso del 2020 del Ministerio de Estadística (Statistisches Bundesamt), el 1 de enero de 2021 éramos 17,755 mexicanos viviendo en Alemania, de los cuales 2,235 estábamos en Berlín. (Aunque el número de mexicanos en Alemania venía en aumento constante, durante el 2020 hubo un decrecimiento del 1.5%, supongo que debido a la pandemia.)

Parece que somos más, porque hacemos mucha alharaca, pero en realidad somos una pequeñísima minoría: menos del 0.002% del país. Para ponerlo en la perspectiva nacional, en Alemania el 13% de la población somos extranjeros, o sea, casi 11 millones de personas. ¿Qué son 17 o 18 mil contra 11.4 millones? ¿Qué representa México en el concierto de los ciudadanos de 206 naciones diferentes que viven en Alemania? ¿Qué tanto pintamos ante el millón y medio de turcos, la colonia extranjera más grande del país?

Un factor decisivo para la migración mexicana fue el Mundial de Futbol del 2006, en que Alemania se abrió al mundo después del trauma de la II Guerra Mundial y del complejo proceso de reunificación de los años noventa.

Ese verano de 2006, los alemanes se atrevieron, por primera vez, a sacar banderas para apoyar a su equipo y sanar una herida que llevaba décadas abierta. Hoy podrá sonar exagerado, pero de verdad era un tabú ondear una bandera alemana. Ni siquiera en la EuroCopa de 2004, en la que Alemania jugó rebién, sacaron una sola banderita.

Pero para el Mundial se dejó venir a Alemania una avalancha de mexicanos. Y, sobre todo, se fueron con muy buena impresión. Ese fue el punto de inflexión en la percepción popular de Alemania, no solo en México, sino a un importante nivel internacional (lo que habla del impacto del futbol, pero ese es otro tema).

El caso es que a partir de ese verano creció el interés por venir al país y aprender la lengua. Hasta gente de Monterrey empezó a buscarme para pedir información sobre la vida en Alemania. Orienté a muchos que venían a hacer scouting con la intención de mudarse, y todo el tiempo me preguntaban por recomendaciones para aprender alemán en México. Algunos vinieron una temporada y regresaron, pero otros se quedaron —digamos: definitivamente— en Alemania. Otros más encontraron pareja e hicieron su vida acá.

Desde entonces, las comunidades más fuertes son los grupos de Facebook. Son muchos y de distinto tamaño, y verás buenas vibras, porque son espacios donde los paisanos se echan la mano. Los principales son:

Tips para mexicanos en Alemania: facebook.com/groups/tipsmexalMexicanos en Alemania: facebook.com/groups/mexicanosenalemaniaMexicanos viviendo en Alemania: facebook.com/groups/738938092896295México en Alemania: facebook.com/groups/mexicalem

Por supuesto que también existen muchos otros grupos locales de mexicanos en las distintas ciudades alemanas.

En LinkedIn están las incipientes redes Profesionistas mexicanos en Alemania (linkedin.com/groups/13534078) y Mexicanos en Alemania (linkedin.com/groups/7038133), donde podrás conectar con gente de México.

Por último, te recomiendo echarles un ojo al subreddit de Alemania (r/germany) o al de tu ciudad. Aunque están abiertos a usuarios de todo el mundo y los idiomas estándar son inglés o alemán, siempre aparecen tips de provecho, novedades o simplemente ocurrencias que harán tu estancia más agradable. Lo tengo en mi servicio de RSS y no he dejado de aprender.

Si quieres conocer más sobre la historia moderna de Alemania y te gustan los videojuegos, checa estos:

1378 Km: estás en la frontera que dividía las dos Alemanias, ¿qué harías si fueras soldado?Papers, please: siente lo que era pasar de una parte de Berlín a la otra durante el MuroThis War of Mine: vive la experiencia de la guerra desde el punto de vista de los civilesThrough the Darkest of Times: organiza la resistencia underground contra el nazismo

¡Un boleto sin regreso y un pase al Bundestag!

En septiembre de 2012 compré —literalmente— un boleto de avión solo de ida desde la Ciudad de México a Berlín, con destino final Dresden. No era la primera vez que viajaba a Alemania, pero sí la primera sin fecha ni plan de regreso a México. Quería cumplir mi sueño de estudiar la maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad Técnica de Dresden.

Durante los primeros meses fue todo un reto vivir en la antigua Alemania del Este. Para mí, lo más difícil fue echar raíces, tratar de pertenecer a un grupo, sumergirme en el idioma y nada más ni nada menos que cubrir mi manutención con la tan añorada beca, porque en esa región era casi inexistente el trabajo para estudiantes.

Hacia el final de la maestría tuve la oportunidad de realizar prácticas profesionales en el Ministerio de Cooperación Económica y Desarrollo, en Berlín. Sin saberlo, estas prácticas me impulsaron y me enseñaron de qué manera trabaja el gobierno alemán.

Después de las prácticas me vi confrontada a la realidad de buscar trabajo en el sector políticogubernamental de Berlín, un mundo altamente competitivo. Pero en mi caso solo puedo decir que Dios me abrió un camino justo en donde —a mi parecer— no lo había.

Más rápido de lo que pensé pude ingresar a la oficina central de la Fundación Friedrich Naumann para la Libertad, una fundación política cercana al Freie Demokratische Partei (FDP), el partido liberal. Ya antes había trabajado en México para esa misma fundación, así que fue una agradable sorpresa saber que esa experiencia fue considerada en mi postulación.

En 2015, cuando comencé a trabajar en el Departamento Internacional en la oficina central de la fundación en Potsdam, a las afueras de Berlín, fui la primera extranjera en asumir un puesto de responsabilidad. Mi origen y mi nacionalidad nunca fueron un obstáculo para mi desarrollo en la fundación. ¡Al contrario!: con el paso del tiempo descubrí que mi mexicanidad era un capital altamente valioso.

En 2019 asumí el cargo de Asesora para América Latina, y una vez más vi cómo Dios siguió abriendo caminos en dónde creía que no los había. Ahora me dedico a asesorar a parlamentarios (miembros del Bundestag) en temas de desarrollo, derechos humanos, democracia y economía respecto a América Latina. Esta tarea tan apasionante me ha convertido en una visitante frecuente del Bundestag.

Amo mi trabajo, porque nunca pensé que, estando tan lejos, pudiera sentirme tan cerca de ¡mi México lindo y querido!

Diana Luna (Potsdam)

Tu primera

Cómo funciona la visa

Si quieres vivir en Alemania, el único sitio para solicitar la visa por primera vez es tu país de residencia. Es un error frecuente subirse al avión así nomás con la intención de solicitar la visa en Alemania. Esto no es posible, aunque sé del caso extraño de un potosino que tuvo suerte y se la concedieron; supongo que lo atendió un practicante.

El extraño caso del potosino nos deja una enseñanza: los alemanes son también humanos, y aunque tengan sus sistemas burocráticos precisos, al final todo depende de la persona que tiene el poder del sello. Así que, en cuestiones burocráticas, siempre habrá desviaciones respecto de lo que dice la ley, a veces a tu favor (“Está bien, no pasa nada”), a veces en tu contra (“Váyase a su casa y haga otra cita”).

La visa alemana es una calcomanía que se pega en las páginas izquierda y derecha del pasaporte, así que cerciórate desde un principio de que tu pasaporte tenga una validez de al menos seis meses y un par de hojas libres. Si no cumples con estos dos requisitos, saca un pasaporte nuevo.

En Alemania podrás estar como turista por un periodo de 180 días al año, pero no consecutivos. Te permiten estar tres meses seguidos, luego tendrás que abandonar la Unión Europea por un periodo mínimo de tres meses, y solo entonces podrás volver a Alemania por otros tres meses.

En caso de que entres como turista, usa esta calculadora en línea para ver cuánto tiempo más puedes estar en Alemania o en la zona Schengen de la Unión Europea: schengenvisainfo.com/visa-calculator.

Así que, en todos los casos, lo primero será solicitar la visa en México.

La primera visa es provisional. Su función es que entres al país con un estatus migratorio definido distinto al de turista. Se concede siempre por un periodo breve —lo normal es que sea por tres meses—, con la intención de obligarte a presentarte en la Oficina de Migración (el Landesamt für Einwanderung, que toda la vida se llamó Ausländerbehörde) más cercana a tu domicilio y que solicites la extensión.

Con esa primera visa puedes salir y entrar de Alemania cuantas veces quieras.

Si esa visa provisional vence antes de tu cita en el Landesamt für Einwanderung, ten cuidado con dos cosas: el comprobante de la cita funciona como una especie de extensión de la visa, por lo que tu estatus migratorio se mantiene en regla; pero si sales de la Unión Europea, ya no podrás reingresar y vas a tener que solicitar la visa otra vez en México.

En caso de que alguna autoridad quiera verificar tu estatus migratorio, ese comprobante —una simple impresión de la cita— es tu salvación. Así que, de preferencia, tenlo siempre a la mano.

Para tramitar en México la primera visa debes hacer una cita en línea en el consulado más cercano a tu domicilio, donde presentarás los documentos exigidos para el tipo de visa que necesitas según tus circunstancias.

En tiempos de coronavirus es posible que el consulado cierre sus puertas y cancele la expedición de visas o que exija cita en línea. Revisa la página de la embajada alemana en México: mexiko.diplo.de/mx-es.

Visados principales

Existen ocho tipos principales de visado para mexicanos: para estudiar el idioma alemán, de au pair, de estudiante, para hacer prácticas profesionales, para buscar trabajo, de trabajo, de reunificación familiar y la Tarjeta Azul, para trabajadores altamente cualificados.

Una vez que entras a Alemania con una visa, podrás cambiar tu estatus migratorio cuantas veces quieras. Pero cada visado exige sus propios requisitos y conlleva un costo. En mi Panini de migración tengo cinco visados diferentes, y contando: de estudiante, de periodista, de búsqueda de trabajo, de trabajo y de reunificación familiar.

Te resultará útil distinguir un par de conceptos similares, porque decirle “visa” a lo que tengas genera casi siempre malentendidos con los burócratas y especialistas, quienes dan por sentado que uno conoce estas diferencias:

Visum: es la “visa” que se te entrega en tu país de origen y con la que se te permite entrar a Alemania y la Unión Europea. Decir que “los mexicanos no necesitamos visa” para entrar a Alemania o Europa es impreciso: los turistas mexicanos tienen una visa “implícita” de 90 días que no se pega en el pasaporte pero que las autoridades sí tienen registrada en su sistema.Aufenthaltstitel: es el visado o “título de residencia” que reemplaza a la visa de tres meses que obtuviste en México. Hay tres tipos:

a) Aufenthaltserlaubnis: es el “permiso de residencia” vigente por uno, dos o tres años. Este tipo de visado depende casi siempre de tus estudios, trabajo o situación familiar, de manera que si pierdes tu estatus estudiantil, laboral o familiar, lo arriesgas.

b) Blaue Karte: es la “Tarjeta Azul” para profesionales cualificados que tienen ingresos brutos mayores a 44,000 euros anuales brutos, si te dedicas a una profesión de alta necesidad, o a 56,400 euros en cualquier otro caso.

c) Niederlassungserlaubnis: una vez que cumplas con una serie de requisitos podrás solicitar este “permiso de establecimiento”. Es una residencia permanente sin caducidad y que no depende de los estudios ni de la situación laboral o familiar. Poseerlo es un requisito para solicitar la nacionalidad alemana.

Visado para aprender alemán

Si tu prioridad es aterrizar en Alemania como sea, búscate el visado para aprender alemán. Es el más sencilla de conseguir, pero tiene la desventaja de que se necesitan 10,332 euros en una cuenta bancaria propia o de un aval. Estos son los requisitos:

Pasaporte (con una validez de por lo menos 3 meses mayor a tu estadía en Alemania).

1 foto biométrica (35 mm x 45 mm).

Seguro médico contra accidentes y enfermedades; también funciona un seguro médico de viaje que cubra la duración del curso.

Currículum en alemán (traducción simple); debe ir con los certificados de estudios y/o trabajo correspondientes (no necesitan traducción).

Carta de motivación escrita en alemán.

Comprobante de inscripción al curso de idioma donde se indique la duración y el nivel (mínimo 18 horas semanales por 3 meses).

Comprobar el financiamiento de la estancia de estudios con fondos de 861 euros mensuales, es decir, 10,332 euros por todo el año. Para cumplir este requisito tienes dos