Azul cobalto - Céline Menghi - E-Book

Azul cobalto E-Book

Céline Menghi

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Beschreibung

Azul cobalto, novela poética, se lee de una sola vez: arrastra, fascina, mueve, transporta hacia territorios conocidos y desconocidos. Se atraviesan puentes, lugares amenos, entre la naturaleza y las cosas de la vida, entre el amor y la locura. La experiencia analítica también se teje en una trama coloreada y no nos deja indiferentes. El relato traza una historia singular hecha de agujeros, sí, pero también de blancos de memoria. La contingencia del encuentro produce sorpresa y deja un signo. Y los hay numerosos, reales, literarios, surreales: Thomas Bernhard, Ottiero Ottieri, Gregory Corso… "Entre poesía e ironía, Céline Menghi se adentra para dar un testimonio preciso de la devastación y del abismo que una mujer puede encontrar cuando el 'arquitrabe' de la vida vacila. Por esto, Azul cobalto, carta dirigida a las mujeres, está dedicado 'a las niñas' "(Mónica Vacca).

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Seitenzahl: 196

Veröffentlichungsjahr: 2024

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Azul cobalto, novela poética, se lee de una sola vez: arrastra, fascina, mueve, transporta hacia territorios conocidos y desconocidos. Se atraviesan puentes, lugares amenos, entre la naturaleza y las cosas de la vida, entre el amor y la locura.

La experiencia analítica también se teje en una trama coloreada y no nos deja indiferentes. El relato traza una historia singular hecha de agujeros, sí, pero también de blancos de memoria. La contingencia del encuentro produce sorpresa y deja un signo. Y los hay numerosos, reales, literarios, surreales: Thomas Bernhard, Ottiero Ottieri, Gregory Corso…

Entre poesía e ironía, Céline Menghi se adentra para dar un testimonio preciso de la devastación y del abismo que una mujer puede encontrar cuando el “arquitrabe” de la vida vacila. Por esto, Azul cobalto, carta dirigida a las mujeres, está dedicado “a las niñas”.

Monica Vacca

Céline Menghi

Nació en Milán y vive en Roma, donde trabaja como psicoanalista. Es miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP) y de la Scuola Lacaniana di Psicoanalisi (SLP) de Italia. Forma parte del comité científico del Consultorio de psicoanálisis aplicado “Il Cortile” en la Casa Internazionale delle Donne. Es docente del Istituto Freudiano per la clínica, la terapia e la scienza. Ha publicado textos de psicoanálisis en revistas italianas e internacionales; también ha traducido y colaborado en las traducciones al italiano de seminarios de Jacques Lacan y Jacques-Alain Miller. Ha publicado Invenzioni nelle psicosi (2008); Cinque pezzi difficili (2016); su primera novela, Dire Mu (2019); (H)a letto (2021) y Foulard amaranto (2023).

Serie: Tyché

Directora: Damasia Amadeo

Menghi, Celina Elisabetta Chiara

Azul cobalto / Celina Elisabetta Chiara Menghi; Prefacio de Monica Vacca

Prólogo de Alejandro Reinoso -1a edición- San Martín: UNSAM EDITA; Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fundación CIPAC, 2024.

Libro digital, EPUB (Tyché / Damasia Amadeo)

Traducción de: Alejandro Reinoso.

ISBN 978-987-8938-80-6

1. Narrativa. 2. Psicoanálisis. I. Vacca, Monica; pref. II. Reinoso, Alejandro, prolog. III. Título.

CDD 150.195

Título original: Blu cobalto (Genesi Editrice, 2019)

1a edición en español, abril de 2024

© 2024 Céline Menghi

© 2024 del Prefacio, Monica Vacca

© 2024 del Posfacio, Sandro Gros-Pietro

© 2024 de la traducción y el Prólogo, Alejandro Reinoso

© 2024 de la traducción del Posfacio, Damasia Amadeo

© 2024 unsam edita de Universidad Nacional de General San Martín

© 2024 Pasaje 865

UNSAM EDITA

Edificio de Containers, Torre B, PB · Campus Miguelete

25 de Mayo y Francia, San Martín (B1650HMQ), prov. de Buenos Aires, Argentina

[email protected] · www.unsamedita.unsam.edu.ar

Pasaje 865 de la Fundación Centro Internacional para el Pensamiento y el Arte Contemporáneo (CIPAC)

Humberto Primo 865 (caba)

[email protected]

Diseño de la colección: Laboratorio de Diseño (DiLab.UNSAM)

Corrección: Wanda Zoberman

Maquetación: María Laura Alori

Ilustración de tapa: Francisco-Hugo Freda, Líneas (fragmento), 2013

Revisión de la traducción: Damasia Amadeo

Queda hecho el depósito que dispone la Ley 11.723. Editado e impreso en la Argentina. Prohibida la reproducción total o parcial, incluyendo fotocopia, sin la autorización expresa de sus editores.

Azul cobalto

Céline Menghi

serie tyché

AGRADECIMIENTOS

A Antonio di Ciaccia, por haber escuchado y por la mano fuerte de quien sabe cuándo cortar y detener.

A Jacques Lacan, por haber reabierto, solo, y recorrido y renovado el surco trazado por Freud en la época del imposible de soportar, y más allá.

A Jacques-Alain Miller, por la tenacidad en mantener operativo este surco, solo entre otros.

Como siempre, agradezco a los escritores y los poetas que se deslizan entre estas páginas y hacen la vida más vivible. Y agradezco a Stella por sus orecchiese.

A las niñas

Índice

Agradecimientos

Prólogo a la edición en castellano

Prefacio

Nota de la autora

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

X

Mirada

XI

XII

XIII

XIV

Mirada 2

XV

XVI

XVII

XVIII

XIX

XX

XXI

VOZ

XXII

VOZ 2

Posfacio

Prólogo a la edición en castellano

El ruido de sus propios pasos: tal es el primer estrato delsilencio.

P. Quignard, El odio a la música

El libro de Céline Menghi, Azul cobalto, es un inclasificable. No responde a la clásica narrativa de la novela ni al cuento ni a la poética. No es una prosa ensayística de psicoanálisis ni tampoco un estudio de caso clínico. Esta es una definición en negativo, lo que no es, precisamente, pues su escritura apunta a la existencia y no al ser de las cosas ni de los personajes ni de los guiones. Es el encuentro mismo de la lectura con la escritura, articulación hecha de contingencias en la escritura misma y en el punto de encuentro mismo –en el sentido del bordado o tejido– con el lector. Ese encuentro puede radicar en una frase, un término, una exclamación, reiteración, iteración, jaculatoria, final de un capítulo hecho de discontinuidades y cortes variados. Este estilo eventualmente puede producir un cierto desencuentro con el lector común, si es que hay tal modo de lectura que se orienta a la búsqueda del sentido y a la articulación pregunta-resolución-respuesta de un enigma o hiancia.

Este libro es una escritura-tejido, enhebrado, bordado de flashes, momentos, hilos de historias, fragmentos fotográficos, trozos de significante, invenciones de escritura, cableados en distintas direcciones, idas y vueltas, retornos con repetición, con invenciones nuevas, a veces sin detención, otras con pausas inéditas y sin vacilaciones. A ratos es un telar sin que podamos ver diseño global alguno, en otros momentos parece un atrapasueños chamánico que deja entrever una “verdad mentirosa”, una ficción que apunta a la fixion, un resto que no pasa de marcas de satisfacción singular que retornan una y otra vez. Por eso no es un texto lineal ni circular, sino que constata fragmentos y retornos a ellos con ciertas mutaciones, de modo que prefigura un movimiento elíptico, sin happy end parcial ni final. En esos términos, no ofrece una satisfacción o goce en el campo del sentido, como el consumo contemporáneo de series. En ese punto, la escritura de Céline Menghi nos deja, ¡qué afortunados!, con la boca seca del sentido y nos lleva a Otro lugar, por los senderos, las calles y puentes de Roma, sin la cartografía habitual del borde simbólico e imaginario, pero con la materialidad de la lengua y con el cuerpo como consistencia, que a veces la puede perder. Así, el lenguaje, como elucubración, elaboración de saber, tiene una deflación, necesaria y conveniente, para entrar en el territorio de lo real tal como lo define Jacques Lacan. La satisfacción que esta escritura ofrece es de otro orden.

La autora posee una lengua propia, singular, que tiene como brújula lo femenino. Parece una paradoja, las brújulas siempre marcan el norte, el imán esencial del Padre que se ha evaporado. Acá nos encontramos con una escritura que, sin ser un testimonio de final de análisis, sin ser un momento de paso por el dispositivo del pase que inventó Lacan, Céline Menghi no deja de pasar, una y otra vez; en cada capítulo pasa de otra manera e invita a esos pases al lector a través de los resoplidos y ecos de lalengua, sin tropezarse con la dictadura del lenguaje, como ella misma la llama. Es el trazado de las contingencias que hacen marcas, que dejan huellas, no solo en la infancia con los padres; son trazas de los objetos, en especial la mirada y la voz, las marcas de goce y su tratamiento, autotratamiento en primer lugar.

Este libro transmite el contrapunto sutil y contundente entre dos formas de hacer psicoanálisis, dos modalidades de abordar y de pararse ante las marcas y sus vicisitudes en la vida: por una parte, la señora de amarillo, que cierra el inconsciente con el tapabocas del sentido e impide las posibilidades de los nuevos arreglos; por otra, el analista humilde, silencioso, decidido, que sostiene teniendo en cuenta lo imposible de decir y las resonancias del vacío.

Entre las caminatas e idas y vueltas a sesión, el lector se encontrará con Ella, ella ella…

La escritura de la autora nos lleva por un camino bordeado de retamas, y eso ya marca la paleta de colores que usa su pluma-pincel, una escritura del color, una pintura de contrastes y continuidades, entre el amarillo de las flores, el azul cobalto y “el verde de la palabra que deja un agujero”. Céline no deja de indicar los colores primarios antes de entrar en los matices y sutilezas de la experiencia. Ese camino es Múltiple y Uno al mismo tiempo; permite que el lector se pierda sin extraviarse. Ese extrañamiento, ese lugar de íntima extranjeridad es parte, también, del lugar del lector que a ratos puede experimentar los ecos de la soledad no existencial, sino la soledad del Uno, la soledad sin las referencias del sentido del Otro. De este modo, la locura, el deseo, el amor, el psicoanálisis mismo, las épocas evocadas en el libro y los movimientos –arquitectura, diseño, literatura, arte, feminismo, etc.–, que podrían ser referentes comunes, se disipan y pierden consistencia generacional e identificatoria. Ahí Céline Menghi permite sostener al lector en el silencio y sus variaciones, a veces atónica, a veces rítmica, sincopada con la marca del corte y la reducción.

Una nota final, en cuanto traductor. Este es el primer libro de Céline Menghi traducido al castellano. Traducir el idioma y la lengua de la autora tiene el gran desafío de evitar el camino seguro del sentido común de palabras, giros lingüísticos y expresiones. Por esta razón, algunas de ellas se conservan en italiano y en otros idiomas. El lector sin conocimientos del italiano podrá leer, o no, el lugar que esas palabras y frases tienen e impactan en el “cuerpo-lector”, si se me permite la expresión.

Traducir la lengua implica intentar conservar la materialidad en otro idioma con el impacto de la palabra, sus silencios y el vacío que producen.

Alejandro Reinoso

Prefacio

Como una mancha inútil en el silencio y en la nada es la palabra.

S. Beckett

¿Cómo se escribe el psicoanálisis hoy? ¿Se puede escribir de psicoanálisis en modo poético?

En una época en que la peste introducida por Sigmund Freud resulta cada vez más prohibida, Céline Menghi hace una elección audaz, diría herética. Una elección movilizada desde la ética, una necesidad de escribir, reescribir, transmitir aquello que la experiencia analítica, en su trama con la vida, suya y de los otros, le ha enseñado. Una transmisión que sobrepasa los muros de la Escuela de Jacques Lacan, las empalizadas de las sociedades psicoanalíticas, y se dirige a un público más amplio, sin ser divulgativa.

Céline Menghi nos lleva, de la mano y paso a paso, por una caminata hacia lo imposible de decir. “Paseos psicoanalíticos” los suyos, de tinte poético y donde el tiempo se juega entre la diacronía y la sincronía.

La autora trabaja la lengua como una artesana, hace resonar la materialidad de la palabra. Construye y deshace. Amasa. Prepara la urdimbre. Teje. Anuda. Cose. Borda. Entre una palabra y la otra resuena el vacío. La prosa se desliza hacia la poesía, produce un efecto de sentido y de vacío que nos invita a leer entre las líneas. El libro toca en lo íntimo al lector y lo deja metido en el Otro lugar. Un eco de vacío, un murmullo.

Azul cobalto, novela poética, se lee de una sola vez: arrastra, fascina, mueve, transporta hacia territorios conocidos y desconocidos. Se camina entre una orilla del río y la otra, sobre el litoral de la existencia. Se atraviesan puentes, lugares amenos, entre la naturaleza y las cosas de la vida, entre el amor y la locura. La experiencia analítica también se teje en una trama coloreada y no nos deja indiferentes. El relato traza una historia singular hecha de agujeros, sí, pero también de blancos de memoria. Una historia se reescribe sobre el diván del analista. Memoria cancelada, trazas de la lengua que afloran como un rebus. Entre poesía e ironía, Céline Menghi, no sin el pudor del bien decir, se adentra para dar un testimonio preciso de la devastación y del abismo que una mujer puede encontrar cuando el “arquitrabe” de la vida vacila. Azul cobalto, carta dirigida a las mujeres, está, recordemos, dedicado “a las niñas”. En el fondo se entrevén los protagonistas: mirada, voz, encuentro. La contingencia del encuentro produce sorpresa y deja un signo. Hay numerosos encuentros en la novela, reales, literarios, surreales: Thomas Bernhard, Ottiero Ottieri, Gregory Corso, Felicidad, que duerme bajo la estatua de Giordano Bruno…

Entre los matices de color, desde el azul al amarillo de las retamas, resalta el verde, color acerbo, “el verde de la palabra que deja un agujero”. Se transita entre el silencio de plomo, el silencio que mata y el silencio del imposible de decir. Un silencio de oro: lo que queda al final del análisis.

Una imagen se fija como un punctum. Un instante imborrable se vuelve al mismo tiempo presente y ausente. Un recuerdo, tal vez un falso recuerdo... Nada será como antes, todo se deshace. Y comienza una carrera sin fin, por pistas paralelas que nunca más se encontrarán.

Una mujer comprometida con el enigma de la feminidad, habitada por una falla, a la búsqueda de una respuesta. Desde niña demanda, en vano, a la madre, la busca en la Otra, la busca todavía en el Príncipe, y todavía la busca. No la encuentra. No hay, no existe. Una mujer encuentra “una piedra de tropiezo”. Se extravía. La soledad desgarra y rasga. Melancolía, depresión. Entre una sesión y otra, el analista y el trayecto que la conduce allí. El sublime atravesamiento de la ciudad, el “puente fascista”. Se atraviesa y todavía se pasa de una punta a la otra. Encuentros, detenciones detalladas de la ciudad eterna. En el consultorio del análisis se depositan huellas, jirones que han marcado un destino.

Mirada agalmática. Mirada que se petrifica como en una imagen fija que daba consistencia a la inconsistencia del ser. La gramática de la pulsión escópica, que se escribe en el cuerpo y marca un modo singular de vivir, toma cuerpo: mirar, ser mirado, mirarse.

Son los años en los que psicoanálisis y feminismo se encuentran, se desencuentran y a veces se contaminan a tal punto que el saber sobre el ser mujer llega a saturar el enigma de la feminidad. El lasmujeres oblitera el una por una de lo femenino. La pregunta de Freud “¿qué quiere una mujer?” desaparece. El continente negro, el misterio que una mujer encarna, cede el paso a la famosa genitalidad. ¡Aquí entra en escena la madre! Madre y mujer coinciden. Se requerirá de Jacques Lacan para despertar a los analistas del letargo, del sueño, del ideal de la armonía genital, de la idea de la complementariedad entre el hombre y la mujer. Sí, Lacan el Herético sorprenderá a su público: “¡No hay relación sexual!”. Y todavía: “¡Hay de lo Uno!”.

Ninguna armonía, solo encuentro contingente entre dos Uno.

Ninguna relación entre el azul y el amarillo. La analista, “cifra temperada” y “de brazos cruzados”, la “señora de amarillo, por un lado, y el azul cobalto, por el otro, que nunca jamás será completamente amarillo”.

La analista de amarillo empuja a recordar, a corregir, canta himnos de alabanza a la normalidad. No acoge el agujero –trou-trauma–, pero lo satura de sentido. ¿Y la analizante? La analizante sueña, el inconsciente interpreta, trabaja solo, pero su decir es tragado por la máquina terapéutica del sentido. Las ocasiones se pierden entre los brazos cruzados de la analista armada con aguja e hilo que sutura y satura. La analista duerme, se hipnotiza, no quiere saber nada. No lee la letra muda que itera, los agujeros en el tejido. El silencio de plomo se hace ensordecedor.

La analizante se encalla en el mar del sentido.

Después, el encuentro con el analista humilde, el analista piedra, el analista del silencio encarnado que apunta a lo real. Gruñido, golpe de voz, “residuo de voz”, ruidos que resuenan, que hacen presencia. El analista no duerme, despierta. La interpretación crea, toca las tripas, se hace enigma. No retrocede, sino que acompaña al analizante hasta el final, al territorio de lo incurable.

El analista humilde excava, sustrae, extrae, para llegar al hueso. Sí, el hueso de un análisis. La mirada se separa y aparece la voz. Al final del atravesamiento del desierto, ninguna respuesta… “¡La mujer no existe!”. Se requiere un trabajo constante, sin detención. No está escrito.

El tejido no cesa de no tejer. Para decirlo con Maria Lai,1l’essere è tessere, el ser es tejer.

Céline Menghi no cesa de no escribir lo imposible, no solo en el esfuerzo de bien decir y no sin pudor, sino también cuando el velo se hace aún más necesario y entrelaza su escritura con las líneas de la literatura. Pasa y vuelve a pasar a través de la letra muda –mu, bhu–, para arribar al final al resto di niente.2

Varios hilos se desanudan y vuelven a desanudarse, lo que deja al lector en espera, suspendido en un borde.

Al final se anudan y se aprietan en torno al agujero de la mirada y de la voz áfona, que se separa como “un raspado de voz” para hacerse huella singular, marca de la existencia.

Lo único que queda es el color del vacío, de un hueco.

Monica Vacca

1 Maria Lai (1919-2013) es una de las grandes artistas italianas del siglo XX, cuya obra se centra en el tejido, el lenguaje y el paisaje (N. de la E.).

2Il resto di niente es el título del libro de Enzo Striano sobre Eleonora de Fonseca Pimentel (N. de la E.).

Nota de la autora

Azul cobalto es una historia atrapada entre la mirada y la voz.

Ella es quien la vive.

Ella es ella, pero también ella ella, y también ella, ella ella. Depende de los instantes, del momento de la memoria en el cual ella se sitúa, por dónde camina y desde dónde mira, de si es protagonista o lectora o narradora u objeto o una mujer a la cual confunden con una niña, de si es ilusa o es dividida, evanescente como sujeto.

Ella, la historia, porque ella es también la historia, la historia reescrita, está atravesada por un momento de turbación profunda. He escrito sobre esta turbación, paso a paso, con referencias y alusiones. He tomado prestado, cuando servían, cartas y palabras de otros, cuando era el momento de tejer un velo.

Me gusta “robar” palabras, frases, cartas de otros, para entretejerlas con las mías. A veces están tan compenetradas en lo que escribo que pierdo el serio hábito de la citación. Aun así, y tal vez me repito, esta especie de robo es un homenaje a todos aquellos que han inventado estas cartas, estas palabras, compuestas y ensambladas para hacer de ellas poesía o para afinar un decir.

He evocado colores, pigmentos, minerales, metales, porque la lengua, la más íntima –Lacan la llamaba lalengua–, es corpórea, material, incluso química en el sentido de que está hecha de vestigios.

He intentado producir algo sonoro, pero eso puede alcanzar la afonía. A veces he tenido la impresión de estar cosiendo, pero, al igual que cuando se corta el hilo, tuve que hacer un nudo y recomenzar; a veces era como cocinar sin saber qué condimento agregar, y así ir probando…

Azul cobalto es un pigmento con el mineral dentro, al igual que la palabra tiene, en su interior, la letra, la letra que falta, el blanco, el agujero. En esta historia, donde está Ella, donde también está Él y donde hay dos príncipes, uno con P mayúscula y otro con p minúscula, la diacronía cede el paso a la sincronía, la trama cede el paso a la urdimbre con el desentrañar del hilo rojo del tiempo, que se contrae, se pierde y reaparece entre caminatas y desplazamientos habituales, como puede ser el usual ir y venir de la experiencia analítica. Pero –porque hay un pero– la experiencia analítica puede ser una ruina, una verdadera ruina.

He querido escribir sobre esta ruina, pero –otra vez un pero– no solamente, porque quien quiere sustraerse de tal ruina puede volver a encontrar el caso, puede moverse desde la desviación donde el psicoanálisis ya no es tal, hasta rencontrar la vía lógica, refractaria a una verdad única; puede encontrarse, puede descubrir, puede recurrir a aquello que no satura ni sutura en el encuentro con uno que sabe ocupar la posición del analista, que puede sostener, en aquel instante, en aquel relámpago donde el decir de quien habla encuentra la escucha de quien sabe leer.

La locura –porque de esto he escrito– irrumpe en la vida, desordena la Verdad, descarrila los trenes, intercambia los rieles, perturba los discursos bellos y disponibles y da un golpe al saber universal. Azul cobalto es una historia íntima y profunda, es un modo de restaurar la poesía en cualquier pequeño y torpe paso de la vida, para extraer de ahí poesía, porque, como escribe Tomaso Kemeny, “la poesía retorna / en el borde de la herida / más profunda”. Gracias.

Céline Menghi

Mi enseñanza de este año se focaliza precisamente en el tema –que por lo general suele evitarse– de las incidencias éticas del psicoanálisis, de la moral que este puede sugerir, presuponer, contener y quizá del paso adelante –¡gran audacia!– que nos permitiría dar respecto del dominio moral.

J. Lacan, Discurso a los católicos

Usó todas sus fuerzas e, inclinando su cuerpo sobre el agua, lanzó la embarcación ligera lejos hacia la corriente. Cuando se recuperó del esfuerzo intentó en vano distinguir la canoa que parecía haberse disuelto de repente en la niebla blanca que arrancaba las cálidas aguas del Pantai…

J. Conrad, La locura de Almayer

I

Como cuando una imagen viene a la superficie y sabes que en el momento en el cual la has retenido, mucho tiempo antes, debía constituir un punto de detención, un instante imborrable. Lo sabes, pero no lo sabías en ese entonces, mientras caminabas por el monte entre las retamas en flor. Como cuando...

Este como cuando es memoria que aflora, certeza que llega después. Sucede gracias a una imagen, esa imagen en particular, de aquel instante, alejada en el tiempo, pero fijada sin saberlo de manera indeleble.

Ella miraba a su alrededor. La niña daba saltitos hacia adelante y hacia atrás, medía la distancia y el ritmo de los pasos de su madre y de su padre, preguntaba y corría, a veces decía que estaba cansada de caminar –“me duelen las piernas…”–, después retomaba la carrera con la cola de caballo serpenteando en el aire. Era primavera.

Los pantalones de terciopelo azul cobalto eran los preferidos del hombre que caminaba a unos pasos de ella y de su niña. De terciopelo, un azul nunca visto en un par de pantalones. Un poco largos, tal vez heredados de su tío que había sido oficial de la Armada, tenían pinzas. Eran elegantes.

El suéter que llevaba estaba descolorido, un color langosta, el sol y la sal habían consumido los tejidos. El azul cobalto del terciopelo que envolvía sus piernas, no largas pero fuertes, hacía resaltar el amarillo en flor de la retama al ritmo de los pasos.

Amarillo intermitente, azul cobalto apremiante. La retama anunciaba el verano, después sería la mortandad de aquella flor seca y enferma por muchos años. El mismo azul del cielo de la tarde, un instante antes del crepúsculo, cuando aún no está el fondo negro.