Binomio alboroto - Leróncifa - E-Book

Binomio alboroto E-Book

Leróncifa

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Beschreibung

En cada infancia habita un universo secreto: un patio donde los caracoles esconden tesoros, un camión que lleva estrellas, una pelota que ilumina el cielo o un abuelo que hace sonar su amor en forma de sirena. Este libro es un viaje a esos mundos donde la risa se mezcla con la ternura y lo cotidiano se vuelve extraordinario. Un canto a la complicidad de los juegos, a la fuerza de la imaginación y al poder inmenso de los vínculos. Porque al fin y al cabo… ¿no es la magia aquello que aparece cuando miramos la vida con ojos de infancia?

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Seitenzahl: 52

Veröffentlichungsjahr: 2025

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Producción editorial Tinta Libre Ediciones

Coordinación editorial Gastón Barrionuevo

Diseño de interior Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones

Diseño de tapa Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones

Andreoni, Paula Florencia

Binomio alboroto : las aventuras de Lucho y Manu / Paula Florencia Andreoni. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2025. Libro digital, EPUB

ISBN 978-631-317-123-1

1. Cuentos. 2. Cuentos Infantiles. I. Título. CDD A860.9282

Prohibida su reproducción, almacenamiento y distribución por cualquier medio, total o parcial, sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor. Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidad de/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2025. Andreoni, Paula Florencia© 2025. Tinta Libre Ediciones

A mis hijos, Lucho y Manu,por enseñarme que el amor también se escribe jugando. Y a mami Gaby, mi compañera de magia. Por ser raíz, abrigo y estrella.

Ahí donde un binomio juegue,late un hechizo escondidoy germina una promesa al futuro.Leróncifa

Nota de la autora

Estas páginas son para mis hijos, Manuel y Lucio, mis dos soles que iluminan cada rincón de mi mundo. Sus ojos son ventanas mágicas que me muestran paisajes que parecen tan increíbles como reales, aquellos que habito y reinvento junto a mami Gaby, con risas, abrazos y un poco de locura hermosa.

Al terminar de escribirles este libro, ustedes tienen dos años y siete meses. Estamos cerca de los tres, pero todavía los veo chiquititos, como si fueran duendecitos. Aunque a veces, cuando me despierto, los descubro gigantes: Manu, que de repente suelta un montón de palabras como burbujas que se escapan del aire, y Lucho, cuyo silencio esconde promesas y picardías que aún no se atreve a vociferar, pero que manifiesta con miradas y haciendo de las suyas. Ustedes, que con solo verse a los ojos se entienden para la diversión y el juego…, me ensanchan el corazón en cada gesto, y cuando se abrazan, me derrito.

Van al jardín, tienen dos maestras maravillosas (Patry y Leo), juegan con sus compañeritos, se pelean entre ustedes, se buscan, se protegen y se aman. Cada instante es un pequeño caos precioso que quiero guardar en frascos de memoria. Vos, Manu, disfrutás de la música, del helado y del chocolate con una pasión que me hace sonreír; y vos, Lucho, amás los palos, las pelotas y organizás trotes alrededor de la mesa con un «corre» que nos hace dejar cualquier cosa que estemos haciendo, porque nada es tan importante como verlos crecer felices.

Que Binomio alboroto sea el espejo de la magia que siento al verlos crecer, y que algún día podamos leerlo juntos, reírnos de sus ocurrencias y recordar que, en este mundo, y en cada historia, siempre habrá lugar para soñar… y maravillarse.

Es mi deseo para ustedes y para todas las infancias.

Los ama,

Mamá
Querido pequeñx lector:Al final de cada cuento hay un dibujo esperando.Le falta algo muy importante: ¡tus colores!Prepará lápices o crayonesy hacé que cobren vida.Lucho y Manu te esperan para jugar.Con amor, Leróncifa

Binomio alboroto

Las aventuras de Lucho y Manu

Leróncifa

Cocosaurio

El patio tenía olor a pastito recién cortado, a carne asándose y a papas fritas.

—¡Otra vez los caracoles! —dijo Cele, mirando las hojas mordisqueadas.

—Están haciendo un pícnic en las plantas de la nona —agregó Facu, con cara detectivesca.

Los animales aparecían después del agua como si vinieran de una fiesta secreta, dejando sus babitas plateadas por todos lados.

—Si los juntamos a todos, podemos llevarlos al parque urbano —dijo Cele—. Así viven allá, libres y contentos. Acá ya sabemos la suerte que corren si los ve la nona.

Facu, que tenía catorce, pero todavía sabía jugar con imaginación, asintió.

—¡Operación caracol en marcha!

Mientras tanto, Manu y Lucho, con tres años recién cumplidos, estaban en otra: cavaban en el cantero como si buscaran un tesoro escondido.

—¿Me das la pala? —le pidió Manu con suavidad a su hermano, sacándole una cuchara de la mano.

—¡No, es míaaaa! —dijo Lucho, tironeando con fuerza.

—¡No, mía! —respondió Manu, y se le tiró encima enfurecido diciendo—: ¡Te voy a morder!

—¡Yo primero! —dijo Lucho, con la boca abierta cual cocodrilo y las lágrimas empujando para salir.

Se revolcaban entre el barro, tirando y gruñendo como dos leones despelucados.

—¡BASTAAAA! —gritó Cele, plantándose firme—. ¡No se muerde, che! ¿Qué son, dos perros?

Los mellis se quedaron quietitos, con los cachetes sucios de tierra y los ojos enormes de furia contenida.

Facu se acercó con una sonrisa y una media banana, como si fuera una bandera blanca.

—Paz, soquetes. Miren lo que encontré allá…

Y ahí estaba, asomando entre la tierra, un hueso. Largo, blanco y lleno de misterios.

—¡¿Qué es eso?! —preguntó Lucho, con la boca abierta.

—¡Un hueso! ¡Gigante! —gritó Manu, tironeando de nuevo.

—¡Un rinosaurio! —dijeron juntos, y se olvidaron por completo de pelear.

Excavaron con cucharas, con tapitas, con las manos, con los pies. Sacaban tierra como si fueran topos felices, al igual que había hecho cada uno de sus primos en ese rincón del patio alguna vez. Facu y Cele los miraban entre divertidos y asombrados.

—Che… ¿Y si de verdad es un fósil? —susurró Cele.

—Podría ser —respondió Facu, muy serio—. Capaz es de un dinosaurio chiquito que se quedó dormido cuando este patio era una selva tropical —dijo, riéndose.

—¡Mirá! ¡La cola, acá! —dijo Lucho.

—¡Acá la panzaaaaa! —gritó Manu, señalando una piedra plana.

—¿Cómo se llama? —preguntó Cele, como si fuera una periodista.

Manu y Lucho se miraron. Se rieron. Y gritaron:

—¡¡¡Cocosaurio!!!

—¿Cocoqué? —repitió Facu.

—¡Cocosaurio! —dijeron ellos, girando sobre la tierra como trompos, muertos de risa.

Le pusieron una mantita de hojas, una flor en la nariz de piedra y una chapita de gaseosa como sombrero. El fósil había quedado hermoso, como una criatura dormida después de viajar mucho.

La nona salió al escuchar el griterío y se detuvo al ver el agujero.

—¿Qué pasó acá? ¿Hicieron un cráter?

—¡Es un cocosaurio! —