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Bodas de sangre es una tragedia en verso y en prosa escrita por Federico García Lorca en 1932 y estrenada al año siguiente en el Teatro Beatriz de Madrid, a manos de la compañía de Josefina Díaz de Artiaga. La obra está basada en un suceso real, acontecido en Níjar (Almería) en 1928. Aquel 24 de julio, Francisca Cañada y Casimiro iban a contraer nupcias, pero Francisca no acudió a su boda, huyendo con su primo Francisco Montes. Por el camino se encontraron al hermano de Casimiro y su esposa. Él disparó a Francisco mortalmente, y la esposa intentó estrangular a Francisca por la traición. Bodas de sangre es una reflexión sobre la vida, la muerte y el amor, contado a partir de costumbres y tradiciones andaluzas de la época.
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Seitenzahl: 61
Veröffentlichungsjahr: 2024
Esta colección atesora las obras más importantes de la literatura universal, cada una en su idioma original.
En la Serie Letras Castellanas destacan: El Lazarillo de Tormes, Anónimo; Don Juan Tenorio, de José Zorrilla; Rimas y Leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer; Soledades, de Antonio Machado; Luces de Bohemia, de Ramón María del Valle Inclán; Bodas de Sangre, de Federico García Lorca; Novelas Ejemplares, Cervantes; Cañas y Barro, Blasco Ibáñez; Niebla, Unamuno; Ismaelillo, José Martí; Azul, Rubén Darío; Cartas desde la Selva, Horacio Quiroga, etc.
FEDERICO GARCÍA LORCA
Bodas
de sangre
© Ed. Perelló, SL, 2023
Calle de la Milagrosa Nº 26, Bajo
46009 - Valencia
Tlf. (+34) 644 79 79 83
http://edperello.es
I.S.B.N.: 978-84-10227-16-3
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Índice
Acto primero
Acto segundo
Acto tercero
Personajes
La Madre.
La Novia.
La Suegra.
La Mujer de Leonardo.
La Criada.
La Vecina.
Muchachas.
Leonardo.
El Novio.
El Padre de la Novia.
La Luna.
La Muerte (como mendiga.)
Leñadores.
Mozos.
Convidados a la boda.
Niña.
Acto primero
CUADRO PRIMERO
(Habitación pintada de amarillo.)
Novio:(Entrando.) Madre.
Madre: ¿Que?
Novio: Me voy.
Madre: ¿Adónde?
Novio: A la viña. (Va a salir.)
Madre: Espera.
Novio: ¿Quiere algo?
Madre: Hijo, el almuerzo.
Novio: Déjelo. Comeré uvas. Deme la navaja.
Madre: ¿Para qué?
Novio:(Riendo.) Para cortarlas.
Madre:(Entre dientes y buscándola.) La navaja, la navaja... Malditas sean todas y el bribón que las inventó.
Novio: Vamos a otro asunto.
Madre: Y las escopetas, y las pistolas, y el cuchillo más pequeño, y hasta las azadas y los bieldos de la era.
Novio: Bueno.
Madre: Todo lo que puede cortar el cuerpo de un hombre. Un hombre hermoso, con su flor en la boca, que sale a las viñas o va a sus olivos propios, porque son de él, heredados...
Novio:(Bajando la cabeza.) Calle usted.
Madre: ... y ese hombre no vuelve. O si vuelve es para ponerle una palma encima o un plato de sal gorda para que no se hinche. No sé cómo te atreves a llevar una navaja en tu cuerpo, ni cómo yo dejo a la serpiente dentro del arcón.
Novio: ¿Está bueno ya?
Madre: Cien años que yo viviera no hablaría de otra cosa. Primero tu padre, que me olía a clavel y lo disfruté tres años escasos. Luego, tu hermano. ¿Y es justo y puede ser que una cosa pequeña como una pistola o una navaja pueda acabar con un hombre que es un toro ? No callaría nunca. Pasan los meses y la desesperación me pica en los ojos y hasta en las puntas del pelo.
Novio:(Fuerte.) ¿Vamos a acabar?
Madre: No. No vamos a acabar. ¿Me puede alguien traer a tu padre? ¿Y a tu hermano? Y luego, el presidio. ¿Qué es el presidio? ¡Allí comen, allí fuman, allí tocan los instrumentos! Mis muertos llenos de hierba, sin hablar, hechos polvo; dos hombres que eran dos geranios... Los matadores, en presidio, frescos, viendo los montes...
Novio: ¿Es que quiere usted que los mate?
Madre: No... Si hablo, es porque... ¿Cómo no voy a hablar viéndote salir por esa puerta? Es que no me gusta que lleves navaja. Es que.... ¡que no quisiera que salieras al campo!
Novio:(Riendo.) ¡Vamos!
Madre: Que me gustaría que fueras una mujer. No te irías al arroyo ahora y bordaríamos las dos cenefas y perritos de lana.
Novio:(Coge de un brazo a la Madre y ríe.) Madre, ¿y si yo la llevara conmigo a las viñas?
Madre: ¿Qué hace en las viñas una vieja? ¿Me ibas a meter debajo de los pámpanos?
Novio:(Levantándola en sus brazos.) Vieja, revieja, requetevieja.
Madre: Tu padre sí que me llevaba. Eso es buena casta. Sangre. Tu abuelo dejó un hijo en cada esquina. Eso me gusta. Los hombres, hombres; el trigo, trigo.
Novio: ¿Y yo, madre?
Madre: ¿Tú, qué?
Novio: ¿Necesito decírselo otra vez?
Madre:(Seria.) ¡Ah!
Novio: ¿Es que le parece mal?
Madre: No.
Novio: ¿Entonces...?
Madre: No lo sé yo misma. Así, de pronto, siempre me sorprende. Yo sé que la muchacha es buena. ¿Verdad que sí? Modosa. Trabajadora. Amasa su pan y cose sus faldas, y siento, sin embargo, cuando la nombro, como si me dieran una pedrada en la frente.
Novio: Tonterías.
Madre: Más que tonterías. Es que me quedo sola. Ya no me quedas más que tú, y siento que te vayas.
Novio: Pero usted vendrá con nosotros.
Madre: No. Yo no puedo dejar aquí solos a tu padre y a tu hermano. Tengo que ir todas las mañanas, y si me voy es fácil que muera uno de los Félix, uno de la familia de los matadores, y lo entierren al lado. ¡Y eso sí que no! ¡Ca! ¡Eso sí que no! Porque con las uñas los desentierro y yo sola los machaco contra la tapia.
Novio:(Fuerte.) Vuelta otra vez.
Madre: Perdóname. (Pausa.) ¿Cuánto tiempo llevas en relaciones?
Novio: Tres años. Ya pude comprar la viña.
Madre: Tres años. Ella tuvo un novio, ¿no?
Novio: No sé. Creo que no. Las muchachas tienen que mirar con quién se casan.
Madre: Sí. Yo no miré a nadie. Miré a tu padre, y cuando lo mataron miré a la pared de enfrente. Una mujer con un hombre, y ya está.
Novio: Usted sabe que mi novia es buena.
Madre: No lo dudo. De todos modos, siento no saber cómo fue su madre.
Novio: ¿Qué más da?
Madre:(Mirándole.) Hijo.
Novio: ¿Qué quiere usted?
Madre: ¡Que es verdad! ¡Que tienes razón! ¿Cuándo quieres que la pida?
Novio:(Alegre.) ¿Le parece bien el domingo?
Madre:(Seria.) Le llevaré los pendientes de azófar, que son antiguos, y tú le compras...
Novio: Usted entiende más...
Madre: Le compras unas medias caladas, y para ti dos trajes... ¡Tres! ¡No te tengo más que a ti!
Novio: Me voy. Mañana iré a verla.
Madre: Sí, sí; y a ver si me alegras con seis nietos, o lo que te dé la gana, ya que tu padre no tuvo lugar de hacérmelos a mí.
Novio: El primero para usted.
Madre: Sí, pero que haya niñas. Que yo quiero bordar y hacer encaje y estar tranquila.
Novio: Estoy seguro que usted querrá a mi novia.
Madre: La querré. (Se dirige a besarlo y reacciona.) Anda, ya estás muy grande para besos. Se los das a tu mujer. (Pausa. Aparte.) Cuando lo sea.
Novio: Me voy.
Madre: Que caves bien la parte del molinillo, que la tienes descuidada.
Novio: ¡Lo dicho!
Madre: Anda con Dios. (Vase el Novio. La Madre queda sentada de espaldas a la puerta. Aparece en la puerta una Vecina vestida de color oscuro, con pañuelo a la cabeza.) Pasa.
Vecina: ¿Cómo estás?
Madre: Ya ves.
Vecina: Yo bajé a la tienda y vine a verte. ¡Vivimos tan lejos!
Madre: Hace veinte años que no he subido a lo alto de la calle.
Vecina: Tú estás bien.
Madre: ¿Lo crees?
Vecina: Las cosas pasan. Hace dos días trajeron al hijo de mi vecina con los dos brazos cortados por la máquina. (Se sienta.)
Madre: ¿A Rafael?
Vecina: Sí. Y allí lo tienes. Muchas veces pienso que tu hijo y el mío están mejor donde están, dormidos, descansando, que no expuestos a quedarse inútiles.
Madre: Calla. Todo eso son invenciones, pero no consuelos.
Vecina: ¡Ay!
Madre: ¡Ay! (Pausa.)
Vecina: (Triste.) ¿Y tu hijo?
Madre: Salió.
Vecina: ¡Al fin compró la viña!
Madre: Tuvo suerte.
Vecina: Ahora se casará.
Madre:
