Borges en Estocolmo - Sonia Dalton - E-Book

Borges en Estocolmo E-Book

Sonia Dalton

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Beschreibung

Ganar el Premio Nobel de Literatura es la ambición de cualquier escritor que se precie. Especialmente, cuando se juega la gloria de ser el primero en recibirlo en su país. Tras figurar en las listas de favoritos varios años, parece que a César Aira le ha llegado la hora de disfrutar de ese momento y de esa condición. Esta ficción narra los avatares del viaje de Buenos Aires a Estocolmo del escritor, su estancia de ensueño en la ciudad nórdica y su regreso a una Argentina donde no se le espera. Al final, el Premio Nobel de Literatura 2024 parece haber sido otorgado a la escritora eldense, con pedigrí gallego, Cesárea Areas. A través un extenso juego de palabras, esta parodia trata de desmontar los resabios de la posmodernidad aún vigentes en los mundos literario y académico. La clave es el humor, que para serlo no puede dejar de ser corrosivo. También la ternura, porque debajo de las mayores ambiciones suelen encontrarse las más insignificantes motivaciones. Gustará a quien consiga reírse, sin sentimiento de culpa (o con ella), de los vicios más arraigados en los altares de la cultura y de los estereotipos sociales más recalcitrantes. En suma, a quien le apetezca darse un paseo por el sinsentido, levantar los adoquines de la posmodernidad y asomarse a lo que sea que pueda haber debajo. ¿Una nueva normalidad?.

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Seitenzahl: 132

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Título:

Borges en Estocolmo

De esta edición:

© De Conatus Publicaciones S.L.

Casado del Alisal, 10

28014 Madrid

www.deconatus.com

Copyright © Sonia Dalton, 2021

Título original: Borges en Estocolmo

Primera edición: 2021

Primera edición: 10/2021

Diseño de la colección: Álvaro Reyero Pita

ISBN: 978-84-17375-65-2

Producción del ePub: booqlab

Todos los derechos reservados.

Esta publicación no puede reproducirse total ni parcialmente, ni almacenarse en sistema recuperable o transmitido, en ninguna forma ni por ningún medio electrónico, mecánico, mediante fotocopia, grabación ni otra manera sin previo permiso de los editores.

La editorial agradece todos los comentarios y observaciones:

[email protected]

ACLARACIONES DE LA AUTORA

Este es un trabajo de ficción, cuyos personajes y situaciones son enteramente obra de mi imaginación. Cualquier parecido con la realidad, ya saben… A lo largo del libro se ha evitado, en general, registrar fielmente la variedad dialectal esperable de los personajes. De nuevo, cualquier coincidencia con la realidad es consecuencia de la casualidad. Finalmente, soy consciente de que este texto contiene caracterizaciones de personajes y relatos de situaciones literalmente misóginos. En la medida en que es posible atribuir intenciones a los autores, la mía es la de que sirvan como repudio de los estereotipos correspondientes.

—¿Qué pasó con esa novela en la que estabas trabajando? —preguntó ella.

Él dejó de comer, posó el tenedor, y dijo: «Que le den por el culo a las novelas. He encontrado una forma mejor de expresarme. Además, a nadie le engañan ya la ficción o la poesía. Escribir lo es todo. La crítica es mi arte».

Glyph, PERCIVAL EVERETT

ÍNDICE

1. ORÁN – SEPTIEMBRE, 2024

2. CORONEL PRINGLES – OCTUBRE, 2024

3. MAMUT. (Las nouvelles de la espera o El ciclo de Aida Sarce) CORONEL PRINGLES – OCTUBRE-DICIEMBRE, 2024

4. ESTOCOLMO – DICIEMBRE, 2024

5. BUENOS AIRES – DICIEMBRE, 2024

6. LAS TORRES DE COTILLAS, MURCIA – OCTUBRE, 2024

7. CORONEL PRINGLES – DICIEMBRE, 2024

SOBRE LA AUTORA

QUÉ DÁTIL ES DECIRLO

Yo no soy negro literario de nadie. Corre el runrún de que Aira me paga por escribir sus novelitas, pero estoy en condiciones de negarlo. Yo soy César Aira. Escribo lo que me apetece y no lo hago en nombre de nadie. Ni siquiera de César Aira. Quien por mi mano se expresa es algo superior, algo que no es terrenal, algo que, estoy convencido, sólo pudo concebir una mente como la de Raimundo Lulio, si no la mente misma de Raimundo Lulio. Quien por mi mano se expresa es ese ser superior que es la cuadratura de tantos círculos que son la Ciudad de Dios. Coronel Pringles.

Esto es en lo que estoy pensando cuando se acerca a mí Almudena, la esposa de Luis, ambos grandes escritores, ella más que él, en mi opinión, y me susurra que en el corrillo anexo se murmura que este año mi nombre suena fuerte de verdad para el Nobel. Parece que lo anda pregonando José María, a quien se lo ha soplado Javier, con envidia, imagino, a quien se lo ha soplado un amigo suyo francés que tiene un amigo becado en la Academia Sueca. No conozco a nadie en el corrillo que ocupo y por eso me dedico a pensar en mis cosas. Pero si en el corrillo anexo se habla de mis cosas, pues para allá que me voy. Me ahorra pensar en mis cosas por un momento. Me disculpo ante mis desconocidos interlocutores y me traslado al corrillo en el que habla José María y escuchan Luis, Almudena, Lorenzo, Elvira y Mumo. Estamos en el canapeo que precede a la entrega del Primavera Breve, que este año caprichosamente se celebra en Orán. Aterricé esta misma mañana procedente de Melilla, después de un vuelo de treinta y seis horas y tres transbordos. Estoy agotado, pero hacer acto de presencia forma parte del contrato del premio y el montante no es como para andar jugando a que estoy por encima de esas cosas. Ahora bien, de haber sabido antes que este año me toca el Nobel, entonces sí que me lo hubiese pensado mejor. Porque, en el fondo, yo sí que estoy por encima de esas cosas, por si alguien se permite dudarlo.

El personal anda un poco mosqueado con el canapeo. No pasan otra cosa que bandejas de dátiles, a todas luces industriales, y tazas de un té bastante deplorable. Pregunto si pueden servirme al menos un poco de infusión de mate. Me traen un té. Pensé que con mi aceptable francés me defendería en Orán, pero aquí nadie habla francés. En realidad, aquí el único que habla es José María. Parece que se ha leído todas mis novelas. Bueno, parece que se ha leído todas las novelas. Las del siglo XXI, desde luego.

El bueno de Lorenzo, que ha quedado finalista con De lirios y otros cucurbitáceos, tal vez la más audaz de sus obras hasta la fecha, no ha abierto la boca desde que entramos en el foyer de este decadente hotel donde nos serán entregados los cheques y los galardones. Finalmente se gira hacia mí y me dice que Noemí, su esposa, también escritora, no ha podido venir porque está acabando (lo he pillado) una de sus novelas mano a mano, que tienen comprometida para dentro de unos días después de muchas largas y a riesgo de que el contrato se les venga abajo. También recibirán un segundo premio por esa novela. Yo de Lorenzo no he leído nada, como de nadie más, salvo Leopoldo Lugones, y, la verdad, pensaba que su mujer era Virginia Chamorro. Vivo ciertamente muy desconectado de la península. Aprovecharé este viajecito a Orán para ponerme un poco al día.

He ganado el Primavera Breve con una dupla de novelitas, El ardor de estómago y Los premolares torcidos de Dios, que publiqué hace décadas en una oscura imprenta de Paraguay. Nadie se ha dado cuenta. José María dice que es lo más original que ha leído en décadas. Década es una palabra ciertamente decadente. También candente. Y cadete… Todas vienen de cadeau. Seguro. Es lo que me pasa cuando me toca cumplir con estas liturgias de lo literario. Se me dispara la deriva del nonsense, y sin un maldito cuaderno en que tomar notas para mis tres o cuatro novelitas del año que viene. Atención, José María acaba de pasar su brazo por mis hombros y me lleva a un aparte. Creo que toca hablar del Nobel.

Yo, querido César, me dice, aunque apenas nos conocemos, tres o cuatro emails, en Estocolmo pinto poco. Pero Javier allí es alguien, lo que llaman un pronobel, una categoría que te condena a no recibirlo, pero que te concede, a cambio, cierto protagonismo por aquellos sórdidos salones nórdicos. Me dice que este año suenas más fuerte que nunca, que si él fuese tú, qué más quisiera, esto lo pienso yo, no lo dice José María, estaría ya preparando pareja, traje y discurso. También me dice que las tres cosas se consiguen a buen precio en Estocolmo, que él tiene los contactos de los comisionados en esos menesteres y que los pone a tu disposición sin compromiso alguno. Yo le haría caso, bribón. Me da unas palmaditas en mi más que incipiente tripa y se vuelve al corrillo de los escritores de verdad, dejándome solo en un rincón como para que de verdad me lo piense.

¿Qué?

EL DILEMA DEL DALÁI LAMA

Dice Johannes Bouwmeester, maestro cervecero, contertulio y editor de Spinoza, que nada mejor que ocultar lo que verdaderamente uno piensa en un bosque de negaciones. Toda mi obra es un bosque de negaciones. Esta es la idea que desarrollo en El picadillo, ese medio ensayo, medio poema en prosa, en que sostengo la tesis de que nadie ha podido negar jamás que no exista nada detrás de lo que afirman las negaciones. Me interesa la idea de la negación y sus contrarios. La negación es una sutil forma de afirmación. Y al revés. Toda mi obra es una sutil forma de afirmarme como autor que todo lo niega, sin querer renunciar a nada firme. La misión más seria que me he propuesto en mi carrera literaria es la de intentar dar respuesta al enigma de que no existan renegaciones posibles en paralelo a todas las reafirmaciones ciertas que cada día se nos exigen. Levantarse cada mañana y saberse vivo es el start de toda una cadena de reafirmaciones vitales que me llevan a reclamar el derecho a renegar de muchas de ellas. No me conformo con que las reafirmaciones sean tantas y tan diversas, tan a la chica, tan exigentes, y que la renegación deba ser, en cambio, una y a la grande. Mis novelitas son fragmentos de un mundo roto, del que reniego para poder afirmarme en él. Qué duda cabe que El picadillo me tiene más o menos entretenido, pero…

Qué difícil se ha vuelto pensar en otra cosa que no sea el maldito Nobel.

Un nuevo intento.

Me dicen que se ha organizado cierto revuelo en torno a mi La mazmorrita, la nouvelle que me publicó hace años ese oscuro impresor de Porto Alegre que ha hecho fortuna exportando literatura argentina a Argentina. De La mazmorrita hizo una tirada de doscientos ejemplares. Cabían en una caja. La conservo casi intacta. Sólo envié un ejemplar al crítico que me mueve estas cosas en España. Mora y Aragón. El resto me los guardé. Hoy esa caja vale una fortuna. Por si vienen vacas flacas. Aunque ahora que lo del Nobel parece que va en serio…

Nada. Nobel, Nobel, Nobel…

Y el maldito José María sin parar con sus emails. Que no me olvide de la pareja, ni del traje, ni del discurso, pero sobre todo de la pareja. Empieza a parecerme un maldito aparejador. Él y el tal Javier, menudo par de celestinos. Esto del proxenetismo literario es nuevo para mí. Nunca imaginé que la crítica y la cátedra pudieran ser tapaderas de algo así. Bueno, en su momento se verá lo que hay que hacer. Pero mi discurso me lo hago yo y mi traje, mi alfayate de Corrientes de toda la vida.

Por si fuera poco, me cae el encargo irrenunciable de la municipalidad para que me invente de una vez un gentilicio como dios manda para Coronel Pringles. Pringlense inspira chufla. Con razón. O sin ella. ¿Coroplense? Esto me lo tengo que quitar de encima antes de ponerme con el discurso de la Sueca.

Me escribe mi oscuro impresor en Uruguay y me dice que el negocio no le va bien. Que a ver si le entrego algo, que hace tiempo que no me prodigo. ¿Que yo no me prodigo? ¿Cuánto tiempo hará que este pobre hombre no pisa una librería? Le ofrezco una línea de reediciones de viejas nouvelles que incorporarían, cada una, otra vieja nouvelle como nota a pie de página. Me dice que no lo ve claro, que podrían plantearse delicados flecos legales. ¿César contra Aira?, le respondo airado. Le doy el mail de José María, que él sabrá convencerlo de la excelencia de la idea. Y darle alguna frase para las solapillas, de paso. Nos despedimos con el asunto medio apalabrado. Primera entrega: Biografía de la mula Francis, con Así me hice trizas enchufada de nota al rodapié, como dicen los uruguayos. Y a otra cosa. ¡Ay, si supieran todos mis pobres y oscuros impresores sudamericanos que están a punto de hacerse con una fortunita, reprensando nomás las joyitas que les he ido repartiendo a lo largo de los años! Pero, claro, yo no suelto prenda.

Nobel, Nobel, Nobel…

Así transcurren mis días de tensa espera.

ÉCHENME UN CABLE

Qué espero exactamente es lo que no sé. ¿Un telegrama? Sí, cierta intuición literaria me dice que un telegrama, lo que aquí siempre hemos llamado un cable. ¿Un llamado telefónico? ¿Un guasap? Entonces estoy perdido. Hace siglos que no hay listín telefónico en Coronel Pringles y celular no tengo. ¿Enviarán un mensajero? ¿Un rider? Todo esto me consume. Y no es algo que se pueda arreglar tan fácilmente. ¿A quién se dirige uno para darle sus datos por si le dan el Nobel? Podría hablar con José María para que hable con Javier para que haga una gestión discreta. Pero no me gusta aparentar que me afecta tanto. Yo soy de los que está por encima de esas cosas.

A ver si consigo concentrarme un poco en El guacamayo, la novela que me he propuesto escribir sin más intención que la de que tenga exactamente veintitrés páginas, seiscientas setenta y seis líneas de texto y nueve mil seiscientas noventa y nueve palabras. Todo un reto. La línea argumental es sencilla: no tiene línea argumental. La idea de argumento me parece absolutamente ajena a la literatura. Está bien para la filosofía y para el derecho, pero no para la literatura. Y aprovecho para subrayar que siempre he pensado que el ensayo, tan rico en argumentos, no es un género literario. Algunos de mis escritos aparentan serlo, pero no lo son. Ahí es donde entra en juego la perspicacia del lector. Mi lector es perspicaz por definición, aunque yo no crea en las definiciones ni en las esencias. Por eso tampoco creo que tenga lectores. Yo lo que tengo es cuento. Mucho. Demasiado, para tan poco lector. Cómo me gusta hacerme el que está por encima de esto y aquello. Claro, así cómo voy a dirigirme a nadie para darle mis datos por si me dan el Nobel.

Sufro. Ya es octubre. No faltan ni dos semanas para que fallen el premio.

PAZ Y PIZZA

Un misterio menos. Envían una ingente tropa de periodistas a tu puerta. Así se entera uno de que es Nobel de Literatura. César Aira es premio Nobel de Literatura. Argentina logra finalmente el Premio Nobel de Literatura. Dudo que haya pensiones suficientes en Coronel Pringles para todos esos muchachos. Esperan, supongo, que salga y les dirija unas palabras de aceptación. Con esto no contaba, la verdad. Es todo muy emocionante. Trasladaré todas estas inolvidables impresiones a un cuaderno que titularé El conde nadó a la muerte y recogerá todas mis vivencias de estos días. Comenzará con la fuerte imagen de un condenado a muerte, trasunto de César Aira, que avanza hacia el paredón de fusilamiento, trasunto del rey Carlos Gustavo. Ya se sabe que después del Nobel viene una dulce muerte cerebral y una dulce espera de esa otra muerte que no sabemos si dulce o amarga. A Nadia y a Marga, un dulce, así titularé las breves memorias ficticias de mi existencia post-Nobel en un Coronel Pringles distópico.