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De una vitalidad tal que casi puede sentirse el efecto del paisaje, Bosque es una serie de poemas en los que Francisco Segovia cultiva un terreno habitado por árboles que se transmutan en dos amantes y se funden en un lúdico mundo de versos libres e imágenes de una poderosa fuerza creativa.
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Seitenzahl: 33
Veröffentlichungsjahr: 2015
BOSQUE
FRANCISCO SEGOVIA
letras mexicanas
F O N D O D E C U L T U R A E C O N Ó M I C A
Primera edición, 2002Primera edición electrónica, 2015
Collage de la portada: Martín Hernández
D. R. © 2002, Fondo de Cultura Económica Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14738 México, D. F. Empresa certificada ISO 9001:2008
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ISBN 978-607-16-3238-8 (ePub)
Hecho en México - Made in Mexico
Bosque es un poemario donde el ser y la naturaleza se transforman en imágenes y correspondencias: “Y entonces abriste los ojos: / el bosque entero despertó al escándalo / de verse de pronto viéndose a sí mismo / desde dentro, como una crisálida”. La pasión, la soledad, la exaltación, se adivinan entre un ramaje a veces claro y luminoso, y en ocasiones difuso por la tempestad o la niebla. Un libro que toca todos los elementos —nace de la tierra, crece, se distiende, se eleva para después caer en forma de lluvia y fuego— y despierta, como en un santuario, la veneración de la palabra y los placeres de la vista.
FRANCISCO SEGOVIA, poeta y ensayista, nació en la ciudad de México en 1958. Actualmente es investigador en El Colegio de México, donde colabora para el Diccionario del español de México (DEM). Entre sus libros de poesía destacan Alquimia de la luz (1979), Fin de fiesta (1994), El aire habitado (1995) y Rellano (1998).
A Pepita
y el ventalle de cedros aire dabaSAN JUAN DE LA CRUZ
UNO
1
PONE VENUS ESTA TARDE nuevamenteen la vasta neutralidad del cielosu gota de brillo no fingido...
—¿Quién —si ni siquiera el aire—podría regatearle su intensa verdadde cosa no creada, despojada de la atmósferadel tiempo?
Muestra otra vez su rotunda claridad,su puro arder gloriosamente arriba,sin aire ni humareda.
2
Mira acaso ese lucero las criaturasque somos acá abajo, meneando el airey enturbiando su espesura, levantando—por encima aun del amor y la agonía—esa ola inmensa que no vemosamontonarse poco a poco en las alturasni veremos romperrotundamente en sus orillas.
3
Es nuestro vaivén, nuestra marealo que vemos parpadear en los luceros.
Porque vemos desde el aire—tibio y turbio y a veces quieto—cómo se vierte hasta nosotros dulcementeel terrible arder de las cosas y los seresque no viven en el aire.
Arriba, o más allá, allá arriba, sin embargoarde sin consumirse su impasible brazade agua azul sin derramar...
4
La tarde toda, entera atiendeal resplandor puntual de su lucero.Y aprende de él cómo brillarsin incendiar las cosas que tuvo el díani ponerle fin a su delirio. Se da al ocasosin entibiar siquiera el aire que respira,y arde al fin sin llamarada.
5
No tuvo nunca el día —en el esplendor de su delirioencandilado— la esperanza de lavar su luz gastadaen el aljibe de un alba primigenia, o de volverpor siquiera el amor de su mañana.
Pero brilla de nuevo —como brilló al principio,con la franca nitidez de una gota de agua—el doble lucero del amor.
La noche será limpia, igual que la alborada.
¿POR QUÉ VACILAMOS ESE DÍA frente al bosquecomo si su muda enormidad nos entregaraa un mundo sin mundo todavía, amenazante y anónimo,sin palabras y sin hijos, inhumano?
¿Por qué vacilamos y —entrando juntos— temimosque aun nuestra unión se disolviera?
Cada árbol sabe —en la espesura de los árboles—cuál es su nombre y dónde tiene hundidas las raíces.Lo sabe en silencio y lo pronuncia abiertamenteen su lengua de silencio pronunciado...
