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"Buten Smileys" son relatos cortos y guiños intertextuales, musicales, tecnológicos, del futuro, de drogas, night life y violencia. Postales fronterizas de una Tijuana no idealizada pero que no logra escapar totalmente de su leyenda negra. Ambientes que se desdoblan hacia una ambiguedad coherente y disruptiva. Relatos de una generación fragmentada y post-literaria que hace una declaración narrativa sobre la ciudad y la frontera.
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Veröffentlichungsjahr: 2016
Diseño de portada: Álvaro Jasso
Primera edición electrónica, junio 2011 Segunda edición electrónica, marzo 2016
© Rafa Saavedra
© Publicaciones Malaletra Internacional
libros.malaletra.com
Ignacio Mariscal 148 -3 Col. Tabacalera, Ciudad de México
ISBN: 978-607-8176-02-1
Hecho en México
(Tijuana, 1967 – 17 de septiembre de 2013)
1) Tijuanense.
2) Cronista snobground.
3) Fanzinero-revistero de luxe (Psychocandy, El Centro de la Rabia, Velocet, Radiante).
4) CDJ en alza (style + songs + bagaje cultural).
5) Escritor beyondeado con tres libros de relatos: Esto no es una salida. Postcards de ocio y odio (La Espina Dorsal, 1996), Buten Smileys (Yoremito, 1997) y Lejos del Noise (Moho, 2003).
6) Productor de Selector de Frecuencias (a very cool radio show).
7) Fotógrafo de escenas y nimiedades. Bloguero posteverything.
Creador del proyecto colectivo para micro-narraciones @microtxts
Tijuana fue la causa por la que James Dean tuvo unos cuernos de toro en su departamento neoyorquino.Details Magazine.
Les confirmaron que era el lugar más feliz del mundo. Les hablaron de chicas caminando semi desnudas por la eterna e interminable acera principal. Les contaron sobre el surfing pendenciero en los clubes y cantinas, de borracheras míticas con sabor a blue hawaiians, margaritas, long islands, tequila y cerveza. Les susurraron en los oídos aquella vieja leyenda atrapa-stupid-gringos del Donkey Show y ellos, como buenos hijos de la Middle America —jar heads, navy guys, white trash in cutoffs—, se creyeron todo y emocionados llegaron a la city tras haber ensayado cómo pedir “one cerveza”.
Al cruzar la línea, Robert y Danny —un par de marines con el weekend libre— sienten, como muchos otros turistas, que les restriegan en la cara ese olor tan característico de las fritangas. Welcome to Mécsico. “Don't let the cabbies sucker you. Downtown is too easy to reach, walk and follow the other turists”, les informaron unos veteranos de la Guerra Tijuana y ellos siguieron el consejo. Caminan, suben y baja el puente México, caminan unos cuantos pasos más y arriban a su destino. Justo al llegar al downtown, un taxista le preguntó a Robert, “Ey, gringo, ¿quieres puta?” Danny suelta un inmediato “Huh?” y Robert intenta pronunciar bien “No graciash”. Aunque sus padres son mexicanos, Robert casi no habla español. El taxista insiste en ello, “I know where is the best mexican pussy”. “Yeah, show us some” suena casi a reclamo. Es la voz de Danny, todo hormonas a los veinte años. “¡Chill, maaan!”, le dice Robert y lo jala en dirección al semáforo. Cruzan la calle y otro taxista menciona algo del Donkey Show, pero pasan de ello.
En la terraza de una disco beben las primeras cervezas al ritmo imperativo de “We will rock you” y Robert advierte que esto parece Norteamérica: todos los clientes son gringos y los únicos mexicanos que hay son los meseros que quieren propina de a dólar cada vez que sirven otra ronda de cerveza dos equis lager. Danny está mirando fijamente a ese dream team en el Club de Aerobics “California”: esculturales gringas de busto firme y traseros de acero apenas cubiertos por una minifalda o un short de mezclilla. Chicas envueltas en licra que ya borrachas se dejan meter mano y que bailan sensuales el “me so horny, me so horny” mientras las acarician lascivamente negros gigantescos en medio de la pista; todas ellas son little white bitchs a las que les encanta levantarse al legendario semental. Danny, el chico de Ohio todo acné y compulsión, sabe que no puede competir con la fuerza de los mitos y angry le da otro trago a su cerveza.
