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Y que decidan los equivocados de este mundo, los perdedores, los entristecidos por nostalgia,los rabiosos por premura, que decidan los que además no quieren creer aunque lo ansían, los sempiternos descontentos, aquellos que alguna vez creyeron y fueron burlados, los que tampoco, por qué no, que decidan los olvidados y los bochornosos, los mendigos y sus animales, los vagabundos y sus trenes y sus carreteras sin límites, que decidan los que fueron desaparecidos cuando sólo querían estar presentes, que decida el amigo heráclito de efeso, el oscuro, que decida la génesis eterna que es lo mismo que estar decidiendo siempre, los amorosos labios que nunca nos abandonan, la protesta popular en esos y otros labios, el regreso aítaca que sabemos que es imposible…
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Seitenzahl: 37
Veröffentlichungsjahr: 2025
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© Copyright Cristián Vila Riquelme 2024 © Copyright Editorial MAGO 2024 Colección Escritores Chilenos y Latinoamericanos Director: Máximo G. Sáez Primera edición: noviembre [email protected] ISBN: 978-956-317-778-7 Diseño y diagramación: Sergio Cruz Ilustración de portada: Raúl Schneider Foto del autor: Andrés Rodríguez Aranis Impreso en Chile / Printed in Chile Derechos Reservados
Heme aquí perdido entre mares desiertos Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la nocheVicente Huidobro; Altazor, fragmento Canto II No venga la sangre silenciosa a fingir el umbral destartalado, la olla infinita, el resguardo del buscador encima del tronco. La casa huyó. Yo hui en ella. Echamos al agua un puñado de arena nuestro latido en el corazón del viento.Pavella Copolla; Litografía para una casa La noche agota, torva, su ritual la carne marcando impenitente. ¿Quién agita el conturbado pulso? ¿Quién la sombra atiza al despuntar del alba? El tiento de una pezuña acompasa el desconsuelo y es sin término esta viudez de huesos olvidados la majadera danza, la obtusa boca, el inútil alfabeto de esta geometría. ¿Para qué viaje preparamos el alma? Estos suspiros y rezongos ¿para qué? La soledad de los monzones la chispeante llama de tu piel?Pedro Ignacio Vicuña; De Tangos y de viudos El hombre y la mujer tienen olor a tumba; el cuerpo se me cae sobre la tierra bruta lo mismo que el ataúd rojo del infeliz.Pablo de Rokha; Genio y Figura
y que decidan los equivocados de este mundo, los perdedores, los entristecidos por nostalgia, los rabiosos por premura, que decidan los que además no quieren creer aunque lo ansían, los sempiternos descontentos, aquellos que alguna vez creyeron y fueron burlados, los que tampoco, por qué no, que decidan los olvidados y los bochornosos, los mendigos y sus animales, los vagabundos y sus trenes y sus carreteras sin límites, que decidan los que fueron desaparecidos cuando sólo querían estar presentes, que decida el amigo heráclito de efeso, el oscuro, que decida la génesis eterna que es lo mismo que estar decidiendo siempre, los amorosos labios que nunca nos abandonan, la protesta popular en esos y otros labios, el regreso a ítaca que sabemos que es imposible...
qué haremos con la tristeza, qué haremos, si con la alegría no lo sabemos, oh dios, qué haremos contigo, si tampoco.
De lejos, tiene el mar conversación de bosque, ¿Tiene el bosque en su umbría conversación de mar? Rafael Alberti.
nunca el poeta dirá una palabra nueva, porque lo suyo no es la novedad, y la palabra tiene un aire de misterio antiguo, a curiosa onomatopeya, a grito primal, a un baile de estrellas tenaces… si el poeta fuera capaz de hablar desde lo nuevo, no quedaría nada que no fuesen inútiles querellas, -el poder desplegado o el poder retenido, sucias aguas o aguas limpias, algún abandonado-, nada podría pertenecer ni al viento ni a la tierra, ninguna voz sería la voz del mar en las noches insomnes, ningún gemido que, de madrugada, perteneciera a la vida… hasta las ciudades se vendrían abajo, los satélites se detendrían abruptamente, los barcos quedarían perdidos para siempre con sus sirenas lejanas, los sabios que trabajan de noche perderían la memoria… no, el poeta nunca es del tiempo que le toca, nunca lanza sus augurios ni sus delirantes deseos en un verso nuevo, pues tiene todas las edades del mundo para seguir renaciendo.
la poesía ya no cree en sí misma, el poeta repite y repite lo mismo desde hace décadas, aunque lo vista de hallazgo del puto hablante lírico, aunque proclame que sufre como el cristo en la cruz, como zapato de cojo, como un delincuente pillado in fraganti, aunque le creamos al líder de los difuntos o al líder de los que se creen inmortales, es difícil hablar desde la sombra, difícil mascullar pedazos de realidad extrema o de irrealidad, como usted diga que ese fenómeno se llama, o se plagia a sí mismo o, por último, ironiza sobre el sol de cada cual, el norte de cada cual, la mentira de cada cual, la falta de pertenencia que no es, en verdad, estar al margen porque el margen lo designa el poder, tampoco nos vamos hacia la simple aparición, tampoco hacia el número pi ni hacia el pastoreo del ser-allá, –cómo decirlo–,
