Camino al Armagedón - Marvin Moore - E-Book

Camino al Armagedón E-Book

Marvin Moore

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Beschreibung

Armagedón: una palabra entendida universalmente en el contexto del Juicio y la destrucción, que a menudo provoca miedo en el corazón del pueblo de Dios. Pero ¿debería ser así? En "Camino al Armagedón", examino el origen del pecado y explico la provisión de Dios para salvar a sus hijos por medio de la vida, la muerte y el ministerio de Jesús. También analizo la iglesia de Dios del tiempo del fin: su aspecto, los peligros del fanatismo; y subrayo lo esencial que es para los hijos de Dios desarrollar una conexión espiritual profunda con la verdad a través de la Palabra.

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Seitenzahl: 648

Veröffentlichungsjahr: 2019

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Camino al Armagedón

Marvin Moore

Gral. José de San Martín 4555,

B1604CDG Florida Oeste,

Buenos Aires, Rep. Argentina

Camino al Armagedón

Marvin Moore

Título del original: The Long Road to Armageddon, Pacific Press Publishing Association, Nampa, ID, EE.UU., 2007.

Dirección: Jael Jerez

Traducción: Joel Iparraguirre

Diseño del interior: Carlos Schefer

Diseño de tapa: Andrea Olmedo

Ilustración: Shutterstock (Banco de imágenes)

Libro de edición argentina

IMPRESO EN LA ARGENTINA - Printed in Argentina

Primera edición, e-Book

MMXIX

Es propiedad. © Pacific Press 2007. © Asociación Casa Editora Sudamericana 2019.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN 978-987-701-962-9

Moore, Marvin

Camino al Armagedón / Marvin Moore. – 1ª ed. – Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2019.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

Traducción de: Joel Iparraguirre.

ISBN 978-987-701-962-9

1. Profecias biblícas. I. Iparraguirre, Joel, trad. II. Título.

CDD 220.15

Publicado el 08 de julio de 2019 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)

E-mail: [email protected]

Web site: editorialaces.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.

Prefacio

De qué trata este libro

Cuando empecé a escribir este libro, tenía en mente titularlo Armagedón. Sin embargo, pronto me di cuenta de que ese título sería bastante confuso. El verdadero tema de este libro es el conflicto entre el bien y el mal, conocido por los adventistas como “la Gran Controversia” o “el Gran Conflicto”. En este libro, he usado ideas sobre este conflicto tanto de la Biblia como del Espíritu de Profecía. Elena de White escribió toda una serie sobre este tema, que se titula “El Gran Conflicto” y está compuesta por cinco libros que cuentan la historia del conflicto entre el bien y del mal, desde la rebelión de Lucifer en el cielo hasta su destrucción en el lago de fuego y la recreación de nuestro planeta como el hogar eterno de los redimidos.

En este libro, obviamente no puedo cubrir el tema de la gran controversia tan detalladamente como Elena de White escribió los cinco libros de la serie “El Gran Conflicto”, ya que cada uno de ellos es dos o tres veces más largo que el mío. Por lo tanto, he centrado la mayor parte de mi atención en tres puntos críticos en el conflicto entre el bien y el mal, con algunos capítulos que se intercalan entre cada uno de estos puntos críticos. Estos son: 1) la caída de Lucifer del cielo y su posterior enredo con la raza humana en su rebelión contra Cristo, 2) la victoria de Cristo sobre Satanás durante su vida terrenal y 3) la crisis final, que alcanzará su clímax con la batalla del Armagedón. Además, he dividido la discusión sobre la batalla del Armagedón en dos partes: la primera trata de la batalla antes de la segunda venida de Cristo, que pondrá fin a la historia del pecado en la Tierra; y la segunda examina la batalla del Armagedón al final del Milenio, que pondrá fin al conflicto universal entre el bien y el mal.

Estoy convencido de que el mundo en el que vivimos está entrando en las etapas iniciales de esa crisis final y, por lo tanto, necesitamos prepararnos espiritualmente para lo que nos espera. Mi anhelo es que lo que he escrito aquí te ayude a entender tu papel y el papel de tu iglesia en el mundo de hoy.

¡Espero que seas tan bendecido al leer este libro como yo lo he sido al escribirlo!

Capítulo 1

Cómo es el Reino de la Luz

Hagan un viaje imaginario conmigo y volvamos en el tiempo, hacia antes de Cristo y la cruz; hacia antes de Adán y Eva; hacia antes de la rebelión de Lucifer en el cielo; y hacia, incluso, antes de que la Trinidad hubiera creado a los ángeles. Solo eran ellos tres. Y ellos estaban solos. Se tenían el uno a los otros, sin duda, y solo podemos imaginar vagamente cómo era el amor que fluía entre ellos. Debió de haber sido profundo.

Sin embargo, ¡no fue suficiente! Ellos querían más seres a quienes pudieran amar y que pudieran amarlos a ellos.

Si tú y yo queremos amar a alguien, vamos en busca de ese alguien y lo buscamos hasta encontrarlo (o esperamos hacerlo). Pero las Personas de la Trinidad solo se tenían a ellos mismos. No había ningún otro “alguien” allá afuera a quien pudieran amar. Así que, los crearon: ¡un gran número de ellos! Si las matemáticas bíblicas están cerca de ser correctas, la Trinidad pudo haber creado hasta 150 trillones de ángeles. ¡Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo debieron de haber estado verdaderamente solos!

Por supuesto, no podían simplemente crear a todos esos ángeles y luego ponerlos por allí para que se llevaran lo mejor que pudieran. Toda sociedad de seres inteligentes necesita un gobierno para organizar sus interacciones. A finales del siglo XVIII, James Madison, uno de los fundadores de la república estadounidense, dijo que “si los hombres fueran ángeles, ningún gobierno sería necesario”.1 En realidad, eso no es correcto. Toda sociedad necesita un gobierno con leyes y la autoridad para hacerlos cumplir, y eso es tan cierto para la sociedad perfecta del cielo como lo es para cualquiera de nuestras sociedades imperfectas en la Tierra. Estoy eligiendo llamar al gobierno del cielo como el Reino de la Luz.

Así que, he aquí una pregunta que me gustaría que consideraran conmigo: ¿cuál era la naturaleza de este Reino de la Luz que la Trinidad estableció? Es importante entender que no te estoy preguntando cómo es el cielo, aunque lo que discuto en este capítulo ciertamente ayudará a responder a esa pregunta también. El tema de este capítulo, no obstante, es la naturaleza del gobierno que Dios estableció cuando creó a los ángeles.

La sociedad que formó el Reino de la Luz tenía leyes y la autoridad para hacerlas cumplir, pero además tenía otras dos virtudes que no encontramos en las sociedades terrenales. Esas dos virtudes eran el amor y la libertad. Así que, aquí están las cuatro virtudes principales del Reino de la Luz que discutiremos en este capítulo: amor, ley, autoridad y libertad.

El amor

Ahora imagina 150 trillones de personas en el planeta Tierra. ¡Prácticamente no habría lugar para estar de pie! Pero supongamos que nuestro mundo fuera tan grande como el sol y pudiera acoger cómodamente a 150 trillones de personas. ¿Cómo sería esa sociedad? Con 7.500 millones de personas en el mundo de hoy, tenemos suficientes dificultades para llevarnos bien. ¡La idea de que 150 trillones de nosotros estemos amontonados en un planeta es más que aterradora! ¿Cómo se las arreglaron todos esos ángeles para llevarse bien, en paz y armonía?

La respuesta es la Ley del amor de Dios. Jesús dijo que el Mandamiento más grande es “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”, y que el segundo mandamiento más grande es “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mat. 22:37, 39). Estas leyes se aplican tanto en el cielo como aquí, en la Tierra, porque “Dios es amor” (1 Juan 4:8), y él ama a todo ser inteligente que creó.

Desgraciadamente, en nuestro planeta, todos estamos infectados con el egoísmo, y la mayoría de la gente actúa bajo ese principio la mayor parte del tiempo. Es francamente difícil imaginar una sociedad entera que actúe bajo la ley del amor todo el tiempo sin excepciones. Algunos de nosotros tratamos de actuar de acuerdo con esa ley, pero tenemos problemas para hacerlo. Hay muchos tipos de celos, odios y problemas de ira. ¡Incluso la iglesia está infectada con estos defectos!

Consideremos por un momento esa ley del amor. ¿Significa que los ángeles siempre están de acuerdo en todo? ¡Absolutamente, no! Aunque ninguno de nosotros ha estado antes en el cielo, el simple hecho de que la gente más amorosa de este planeta a menudo tenga fuertes desacuerdos me dice que ocurre lo mismo con los ángeles en el cielo. El amor no significa que todo el mundo tiene que estar de acuerdo. De hecho, ¡qué sociedad tan aburrida sería! Amor significa que estamos en desacuerdo respetuosamente. El apóstol Pablo tenía esto en mente cuando escribió a los cristianos en Éfeso: “Yo pues [...] os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efe. 4:1-3).

Nota, sin embargo, que Pablo tuvo que exhortar a estos creyentes a ser humildes, gentiles, pacientes, y a soportarse unos a otros en amor. Y tuvo que hacerlo porque no estaba sucediendo eso en la iglesia de aquel momento en la medida en que debería de haber sucedido, ni está sucediendo hoy. Vivimos en un mundo dominado por el reino de las tinieblas, donde el egoísmo todavía se apodera de todos, incluso de los que están en la iglesia. Pero lo que Pablo tuvo que exhortar a los cristianos en Éfeso también podría aplicarse a los ángeles en el Reino de la Luz antes de la rebelión de Lucifer. De hecho, así como nos resulta difícil imaginar un cielo donde la humildad, la gentileza, la paciencia y la tolerancia sean una parte tan natural de la cultura como el agua que fluye colina abajo, los ángeles habrían encontrado imposible imaginar una cultura donde estas cualidades no existieran. Lo que para nosotros es un consejo inspirado, porque lo necesitamos tanto en nuestra sociedad pecaminosa, a ellos les hubiera parecido absurdo. ¿Instar a las personas a ser humildes, gentiles pacientes y tolerantes? ¿Por qué alguien tendría que decir eso?

El amor era la característica dominante en el Reino de la Luz que la Trinidad creó. Sin embargo, otras tres características también fueron muy importantes. A continuación, examinaremos la Ley.

La ley

Ya se ha mencionado a la ley en relación con la Ley de amor de Dios, pero hay más acerca de la ley que debemos analizar.

La ley es la base del gobierno. El propósito del gobierno es crear una sociedad estable y, para lograrlo, es necesario crear leyes que las personas deban obedecer.

Nosotros, los seres humanos, tenemos dos tipos de leyes. Un tipo de ley nos mantiene organizados y a salvo de daños, como las leyes de tránsito y las normas de construcción. Las calles de sentido único mantienen el tráfico en movimiento sin problemas y las normas de construcción evitan que las estructuras colapsen. El segundo tipo de ley es la ley moral, que protege nuestras vidas y nuestra propiedad de los delincuentes que nos roban y nos hieren o matan. La ley moral es nuestra preocupación aquí. Esta solo puede funcionar cuando los seres creados tienen dos características mentales: un alto nivel de inteligencia y un sentido moral. Entonces, examinemos cada una de estas características con un poco más de detalle.

Inteligencia. Los animales tienen conciencia e inteligencia limitadas, las cuales necesitan para observar el mundo que los rodea y cuidar de sus necesidades básicas a fin de sobrevivir. La inteligencia de los ángeles y de los seres humanos es de un orden mucho más elevado. Dios nos ha dado la habilidad de procesar ideas abstractas, tales como filosofía, matemáticas y música. Podemos investigar, entender conceptos y crear tecnología extremadamente compleja; nada de lo cual los animales pueden hacer. La era científica, que comenzó hace unos quinientos años, ha producido herramientas asombrosas para la comunicación, los viajes y la vida cotidiana. Los teléfonos, las máquinas de fax e Internet han transformado la manera en que nos comunicamos, y estas herramientas están trayendo cambios dramáticos incluso a las zonas en vías de desarrollo del mundo.2 Los automóviles nos han hecho posible viajar a velocidades de 80 a 120 kilómetros por hora o más en autopistas,3 y los aviones han sobrepasado la velocidad del sonido en el aire. El agua corriente, la electricidad y el aire acondicionado han hecho la vida mucho más confortable; y los avances en la tecnología médica al menos han duplicado la esperanza de vida de las personas en los lugares más desarrollados del mundo. Todo eso ha sido posible gracias a nuestra inteligencia.

Sentido moral. Los animales tienen un deseo instintivo de protegerse, por eso los leones y los tigres gruñen cuando se sienten amenazados y no dudan en atacar y herir, o incluso matar, si la amenaza se intensifica. Nosotros, los seres humanos, tenemos el mismo deseo instintivo de autoprotección, pero la parte moral de nuestra naturaleza nos dice intuitivamente que está mal robar, matar y violar. Una parte importante de nuestro sentido moral es la culpa que sentimos cuando la infringimos. Incluso si nos sentimos obligados a herir o matar a otro ser humano para protegernos del daño, probablemente nos sentiremos culpables por hacerlo. Aunque no puedo entrar en la mente de los animales, creo que no se sienten culpables cuando atacan y matan porque no tienen nuestro sentido moral innato.

Desafortunadamente, los avances en la ciencia y la tecnología que mencioné hace un momento no han mejorado nuestra conciencia moral. Por el contrario, nos han permitido producir armas que pueden mutilar y matar a unas cuantas personas con un arma y a un millón de personas con una bomba nuclear o dos. La fotografía e Internet se han combinado para producir una industria de pornografía masiva y global. Y la industria alimentaria está produciendo una generación de personas cuyos problemas médicos están paralizando nuestro sistema de salud. Claramente, los avances de la ciencia y la tecnología no necesariamente conducen a una mejora de la moral.

Nuestras percepciones del bien y del mal también pueden variar ampliamente. Los cristianos creen que es pecaminoso tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, y la violación de ese principio puede causar una intensa culpabilidad. Sin embargo, millones de personas en el mundo de hoy juegan con múltiples parejas sexuales sin pensarlo dos veces. Luego están el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS), y Boko Haram en África, que creen que es su deber moral imponer su versión de la religión a todos los demás y que no dudan en mutilar y matar a los que se interponen en su camino. Y pueden ser terriblemente brutales al respecto, como quemar a personas vivas en jaulas cerradas con llave o tirarlas desde las azoteas [de un edificio]. Ambos grupos han secuestrado a mujeres y niñas, y las han violado. Su sentido moral está terriblemente distorsionado. Mientras que los seres humanos nacen con un aspecto moral de su naturaleza mental y emocional, no existe tal cosa como una “zona de Dios” en el cerebro que guíe instintivamente la comprensión de la moralidad de todos. Aprendemos sobre los valores morales a través de la interacción entre nuestra naturaleza intelectual y moral y lo que nos enseñan, especialmente cuando somos niños. Y, por supuesto, la Biblia nos proporciona la fuente más exacta del mundo sobre instrucción moral.

Afortunadamente, no tenemos que adivinar lo que constituye el bien y el mal. Dios nos ha dado su Ley, los Diez Mandamientos, que expresa los principios fundamentales del buen pensamiento y comportamiento moral; el resto de la Biblia elabora sobre esa ley, especialmente la vida y las enseñanzas de Jesús.

Una tercera característica del Reino de la Luz es la autoridad.

La autoridad

¿Cómo te sentiste la última vez que miraste por el espejo retrovisor y viste esas luces rojas y azules intermitentes? Si tú eres como yo, probablemente tu corazón saltó momentáneamente en tu garganta y dijiste: “¡Oh, no!”, entonces echaste un vistazo a tu velocímetro para ver qué tan rápido habías estado conduciendo. Así es como nosotros, que vivimos en el reino de las tinieblas, a menudo reaccionamos ante la autoridad. Nos tensamos alrededor de eso, porque le tenemos miedo. Hay momentos, por supuesto, cuando damos la bienvenida a la autoridad. Si llamas al 911 cuando ves a alguien merodeando por tu casa a medianoche, te sientes aliviado cuando llega la policía. Pero, aun así, el reino de las tinieblas te afligiría, como lo demuestra tu temor a que un ladrón estuviera a punto de entrar en tu casa. Nadie en el Reino de la Luz tendría que preocuparse por los ladrones, y no tienen que temer a la autoridad.

Cada gobierno tiene que dar a algunas personas autoridad sobre otras para hacer cumplir las leyes que sus gobernantes han legislado o proclamado. Sin autoridad, nuestras sociedades terrenales descenderían a la anarquía. La Biblia reconoce la necesidad de la autoridad. Cuando Dios sacó a los hijos de Israel de Egipto, los organizó en una nación con Moisés como jefe ejecutivo. El suegro de Moisés, Jetro, le aconsejó, además, que organizara al pueblo en grupos de miles, cientos, cincuenta y diez, con un líder sobre cada grupo. Estos líderes tenían la autoridad para juzgar y resolver disputas, y también tenían la opción de referir casos más difíciles a una autoridad superior (Éxo. 18:13-26).

Propongo que las relaciones de autoridad también existen en el Reino de la Luz. Dios el Padre es la autoridad suprema, y el segundo al mando es Miguel, a quien conocemos como Cristo.4 Otros ángeles fueron puestos en autoridad bajo Miguel. El ángel con la autoridad más alta bajo Miguel era uno llamado Lucifer, a quien se le dio autoridad sobre otros ángeles inferiores a él.

¿Cómo sabemos que existen relaciones de autoridad en el Reino de la Luz?

Varios textos en la Biblia lo sugieren. Apocalipsis 12:7 dice: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles”. Tengo mucho más que decir sobre esta guerra en capítulos posteriores. Por ahora, quiero llamar tu atención sobre el hecho de que Miguel es un líder que tiene ángeles bajo su cargo; y el dragón, Satanás, es un líder que tiene otros ángeles bajo su dominio. ¿Había otros líderes por debajo de ellos en esta guerra? La Biblia no responde a esa pregunta, pero es difícil imaginar que no lo hubiera. Nuestros ejércitos en esta tierra están compuestos por soldados rasos que están bajo la dirección de sargentos; a su vez, estos últimos son liderados por tenientes; los tenientes son dirigidos por capitanes; los capitanes son regidos por mayores; los mayores son liderados por coroneles; y estos últimos están bajo la dirección de generales. Luego hay generales de una, dos, tres, cuatro y cinco estrellas que tienen líneas de autoridad ascendentes. Aunque seguramente deben existir diferencias significativas entre los ejércitos terrenales y los celestiales, cualquier batalla que carezca de una organización cuidadosa y de relaciones de autoridad bien definidas está condenada al fracaso. Parece razonable concluir que esto sería tan cierto para los ejércitos del cielo como para los ejércitos terrenales.

Apocalipsis 12 nos proporciona otra evidencia de autoridad en el cielo. En la Tierra, las guerras ocurren cuando una nación desafía la autoridad de otra nación. A menudo, es un grupo de naciones que desafía la autoridad de otro grupo de naciones, como en la primera y la segunda Guerra Mundial. Apocalipsis dice que la autoridad de Miguel y sus ángeles prevaleció sobre la autoridad del dragón y sus ángeles, de tal manera que “el gran dragón”, Satanás, “fue lanzado a la tierra, y sus ángeles con él” (Apoc. 12:9). En otras palabras, el reino de las tinieblas desafió la autoridad del Reino de la Luz. El Reino de la Luz prevaleció y el reino de las tinieblas perdió.

Un par de textos en el Antiguo Testamento también indican que hay relaciones de autoridad en el cielo. Poco antes de que los israelitas conquistaran Jericó, Josué fue confrontado por un guerrero a quien no reconoció. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora” (Jos. 5:13, 14).

Entonces, de nuevo, vemos que el ejército de Dios en el cielo tiene un comandante con autoridad, y Daniel nos informa que este comandante, a quien Daniel llama un “Príncipe”, tiene un “ejército” bajo su dirección (Dan. 8:11).

En el capítulo 1 del libro Patriarcas y profetas, Elena de White da una explicación detallada de la rebelión de Lucifer y, entre otras cosas, ella deja en claro que antes de su caída él tenía autoridad sobre ciertos ángeles. Ella escribió, por ejemplo, que a Lucifer “la hueste celestial lo amaba y reverenciaba, los ángeles se deleitaban en cumplir sus órdenes”.5 Una página más tarde, ella escribió que Lucifer se aprovechó de “la amorosa y leal confianza depositada en él por los seres celestiales que estaban bajo sus órdenes”.6 Un par de páginas después de eso, ella escribió que “Lucifer, el ‘porta[voz]’, [...] se convirtió en Satanás, el ‘adversario’ de Dios y de los seres santos y el destructor de aquellos que el Señor había encomendado a su dirección y cuidado”.7 Esta última afirmación sugiere que Lucifer no solo tenía autoridad (“gobierno”) sobre algunos de los ángeles del cielo, sino también era su asesor, su consejero y su protector. En su libro La historia de la redención, Elena de White dijo que en preparación para la guerra contra Satanás y sus ángeles, los ángeles de Cristo “se ordenaron en compañías; cada división tenía un ángel comandante al frente”.8

Parece evidente tanto de las Escrituras como de Elena de White que la autoridad es otra característica significativa de la vida en el Reino de la Luz. La importancia de esta característica se hará evidente en el capítulo 3 y más adelante.

La libertad

Una cuarta característica del Reino de la Luz es la libertad. Los seres inteligentes que Dios creó pueden pensar por sí mismos, sacar conclusiones a partir de lo que saben y actuar sobre la base de esas conclusiones. Y esto incluye la libertad de hacer preguntas, debatir el significado de la evidencia y estar en desacuerdo con las conclusiones de otros.

En 1988, la editorial Zondervan publicó un libro de Philip Yancey titulado Disappointment with God: Three Questions No One Asks Aloud [¿Desilusionado con Dios? Tres preguntas que nadie hace en voz alta]. El título de Yancey sugiere una verdad maravillosa sobre Dios: Él nos da la libertad de interrogarlo. Él nos permite desafiar sus acciones y leyes, y estar en desacuerdo con él. ¿Te suena esto herético? No debería. ¿Has tenido alguna vez una experiencia en la que la guía de Dios te pareció misteriosa e incluso aterradora? ¿Te has preguntado alguna vez: “Dios, ¿por qué me pasa esto y aquello?”? Todos lo hemos hecho, lo que significa que estamos cuestionando a Dios. Habacuc planteó la agonizante pregunta: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás [...]?” (Hab. 1:2). El salmista clamó: “¡Despierta! ¿Por qué duermes, Señor? [...] ¿Por qué escondes tu rostro, y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra?” (Sal. 44:23, 24).

¡Nuestro Dios nos da la libertad de cuestionarlo!

Discutiré acerca del reino de las tinieblas en los capítulos 3 y 4, pero aquí diré que esta libertad para cuestionar a Dios y para estar en desacuerdo con él yace en el fundamento de la rebelión de Lucifer. Algunas personas se preguntan por qué Dios no creó a Lucifer para que no pudiera rebelarse y para que no pudiera pecar y llevar a otros a pecar con él. ¡Piensa en el sufrimiento humano que esto habría evitado!

De hecho, Dios ha creado millones y miles de millones de estas criaturas. Los llamamos “animales”. Los animales tienen diferentes grados de inteligencia, desde lombrices de tierra , que probablemente ni siquiera son conscientes (al menos en ningún sentido que consideremos conciencia), hasta perros, delfines y elefantes, que se encuentran entre las criaturas más inteligentes del reino animal. Sin embargo, ninguno de estos animales superiores se acerca a tener la inteligencia que Dios ha dado a los ángeles y a los seres humanos. Los seres humanos tenemos la capacidad de razonar, reflexionar, debatir y hacer preguntas. Así que, antes de preguntarnos por qué Dios no creó a Lucifer de tal manera que no pudiera rebelarse, tenemos que preguntarnos si quisiéramos que nuestras habilidades para razonar, reflexionar, debatir y hacer preguntas nos fueran quitadas. Estoy seguro de que todos los que lean este libro dirán un rotundo ¡No!

Para que Dios nos diera inteligencia, pero nos prohibiera la libertad de hacer preguntas y cuestionar sus decisiones, habría tenido que establecer una dictadura similar a la de la Inquisición, Corea del Norte o del ISIS. Las personas desafortunadas que viven bajo este tipo de gobierno tienen la inteligencia para cuestionar a los líderes políticos y religiosos, pero aquellos que lo hacen corren el riesgo de ser encarcelados, torturados y posiblemente ejecutados. Una vez que Dios creó seres con el nivel de inteligencia que tienen los ángeles y los humanos, tuvo que darnos la libertad de hacer preguntas abiertamente, desafiar la evidencia y buscar respuestas. Tuvo que darnos la libertad de interrogarlo y de recibir respuestas que puedan satisfacer nuestra inteligencia y nuestra capacidad de razonar de causa a efecto.9

Dios les dio a los seres inteligentes que él creó la libertad de cuestionar incluso sus leyes morales. Estas leyes se basan sobre el principio del amor. David le dijo: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! [...] Mi corazón incliné a cumplir tus estatutos de continuo hasta el fin” (Sal. 119:97, 112).

Pero cuando Dios nos creó, nos dio la libertad de rechazar sus leyes morales. El rechazo de las leyes morales de Dios es, de hecho, el fundamento del reino de las tinieblas.

Poniéndolo todo junto

El amor, la ley, la autoridad y la libertad son algunas de las características importantes del Reino de la Luz, y el amor está en el fundamento de todas ellas. Sin amor, la autoridad puede ser dura y cruel, la ley moral se convierte simplemente en un montón de reglas y regulaciones, y la libertad de pensar y actuar por uno mismo es inexistente. Así que, el amor es el factor crítico que hace que el Reino de la Luz funcione.

La pregunta es: ¿cómo se obtiene ese amor, un amor que impregna toda la sociedad para que todos se preocupen tanto por el bienestar de su prójimo como por el suyo propio?

La verdad es que tú y yo no podemos conjurar esa clase de amor por nuestra cuenta. Hay, por supuesto, no cristianos que tienen familias muy cariñosas, que son reflexivos, pacientes, amables y tolerantes, y que tienen todas las demás cualidades positivas que se necesitan para formar una sociedad civilizada. Esto es lo que yo llamo amor terrenal, porque la mayoría de la gente es capaz de experimentarlo en un grado u otro. Sospecho que incluso algunos terroristas aman a sus familias de esta manera. Desafortunadamente, también hay muchos celos, enojo, odio y abuso sexual en nuestro mundo, y a menudo está mezclado con nuestro amor humano terrenal. Una persona puede ser cariñosa y amable en sus relaciones familiares, pero también puede ser un oso con quien convive en el trabajo, o viceversa.

Entonces, ¿cómo se obtiene el amor celestial sobre el cual opera el Reino de la Luz? Tú y yo no podemos crearlo dentro de nosotros mismos. No podemos decidir: “Así es como voy a ser. Así es como voy a pensar y sentir”. Necesitamos ayuda sobrenatural para convertirnos en ese tipo de personas. Poco antes de dejar este planeta, Jesús nos explicó cómo conseguirlo. Les dijo a sus discípulos que pronto se marcharía, pero les aseguró a ellos y a nosotros: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). ¿Cómo lograría eso? Por medio del Espíritu Santo que “mora con vosotros y estará en vosotros” (vers. 17).

Cuando Dios nos creó, dispuso que el tercer miembro de la Trinidad tocara nuestro cerebro10 e implantara esa forma celestial de amor en nuestra mente. Mientras nuestros pensamientos y sentimientos estén bajo la influencia del toque del Espíritu Santo, estamos en sintonía con el amor del cielo. Amamos a los tres miembros de la Trinidad. Amamos las leyes del cielo. Amamos la autoridad del cielo. Y nuestras mentes y corazones están en sintonía para elegir libremente amar y servir tanto a Dios como a los demás. Esto es lo que Dios quiso decir cuando dijo por medio del profeta Jeremías: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón” (Jer. 31:33). Si la Ley de Dios no está escrita en nuestras mentes y corazones, entonces es solo un montón de normas y reglamentos, y esto es legalismo.

Estas son algunas de las formas en que opera el Reino de la Luz.

1The Federalist Papers, Nº 51 (New York: Mentor Books, 1961), p. 322.

2 Mi esposa, Lois, y yo hemos viajado mucho a la India durante los últimos años, especialmente a las zonas rurales del país, y apenas hay un pueblo en el que hemos estado donde el servicio de telefonía celular no estaba disponible.

3 Algunos estados del oeste de los Estados Unidos tienen límites de velocidad de 127 o 136 kilómetros por hora. Algunas naciones europeas no tienen límites de velocidad, y los conductores en las autopistas a menudo viajan a 160 kilómetros por hora o más.

4 Discutiré las razones para entender que el Miguel de la Biblia es Cristo en el capítulo 2.

5 Elena de White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2015), p. 16.

6Ibíd., p. 17.

7Ibíd., p. 19.

8 Elena de White, La historia de la redención (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2014), p. 19.

9 Nota que dije que necesitamos “recibir respuestas que puedan satisfacer nuestra razón”, y no que podrían satisfacer nuestra razón. Lucifer hizo preguntas profundas acerca de Dios, y las respuestas que Dios le dio podrían haber satisfecho su inteligencia, pero no lo hicieron. Hablaré más de ello en el capítulo 3.

10 La inteligencia humana surge de las reacciones químicas dentro de nuestro cerebro. Elena de White hizo un comentario perspicaz de que “los nervios del cerebro que relacionan todo el organismo entre sí son el único medio por el cual el Cielo puede comunicarse con el hombre, y afectan su vida más íntima” (Elena de White, Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 311).

Capítulo 2

Miguel

Los adventistas han identificado históricamente al Miguel que aparece en la Biblia como Cristo, y estoy de acuerdo con esa conclusión. Sin embargo, esta es una de nuestras interpretaciones bíblicas con las cuales muchos cristianos no adventistas no están de acuerdo. Por eso, y porque no es una de nuestras doctrinas clave, evito decir mucho sobre ello en la revista Signs of the Times. A veces, el autor de un artículo lo menciona, y en ciertas circunstancias lo he permitido. Después de uno de esos casos, recibí un correo electrónico muy bien redactado de un lector que me dio veinte razones por las cuales, en su opinión, es una herejía identificar a Miguel como Cristo. Respondí con una explicación bastante amplia de las razones bíblicas por las que los adventistas creen que Miguel es Cristo, y él amablemente me contestó y me agradeció por la respuesta, aunque no creo que lo convenciera.

El propósito de este capítulo es compartir mi explicación con ustedes, ya que será útil que la entiendan antes de que hablemos del reino de las tinieblas en el próximo capítulo.

Apocalipsis 12:7 al 9 es el texto bíblico que forma la base para nuestra creencia de que Miguel es Cristo: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”. Apocalipsis no solo identifica al dragón como Satanás, sino también a Miguel como el único líder del ejército del cielo -su general-, y que él es el adversario de Satanás.

Judas, el libro bíblico que precede inmediatamente al Apocalipsis, añade una pista significativa sobre la identidad de Miguel: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: ‘El Señor te reprenda’ ” (vers. 9). En este versículo, Miguel está de nuevo en conflicto con Satanás, y a Miguel se lo llama “el arcángel”.

En 1 Tesalonicenses 4, Pablo agregó otra pieza al rompecabezas del arcángel Miguel. Dijo que, en la segunda venida de Cristo, “el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo” (vers. 16; énfasis añadido).

A primera vista, Pablo parece estar refiriéndose a tres seres celestiales distintos en este versículo: el Señor, el arcángel y Dios. Sin embargo, sugiero que cada uno de ellos es una referencia a Jesucristo. “El Señor” es claramente una referencia a Jesús, porque Pablo a menudo se refería a él como “Señor” (ver Rom. 5:1; 1 Cor. 1:2; Efe. 1:17), y el contexto en el que habla es la segunda venida de Cristo. ¿Quién es el “Dios” que hará sonar una trompeta? Los adventistas están de acuerdo con la mayoría de los otros cristianos en que Jesús es completamente divino y, por lo tanto, sería apropiado identificarlo como “Dios” en este versículo. Entonces observa que la voz del arcángel ocurre en conexión con el toque de la trompeta. Tal vez habrá una trompeta literal que suene en la segunda venida de Cristo (ver 1 Cor. 15:51, 52). Sin embargo, la referencia a una trompeta puede ser simbólica. En tiempos del Antiguo Testamento, el sonido de una trompeta se usaba típicamente como un llamado a la guerra (Núm. 10:9) o a la adoración (vers. 2-4, 10). El llamado a la guerra es especialmente apropiado aquí, porque Apocalipsis 19:11 al 21 describe a Cristo en su segunda venida como un guerrero montado en un caballo blanco. Por lo tanto, parece razonable entender el toque de la “trompeta de Dios” en 1 Tesalonicenses 4:16, como el llamado de la trompeta de Cristo en su papel de guerrero. Si entendemos que Cristo también es el arcángel, como sugiero, entonces las tres Personas mencionadas en el versículo 16 son Cristo.

Aquellos que rechazan la idea de que Miguel es Cristo lo hacen principalmente porque creen que aplicarle el título de arcángel sugiere que, como ángel, él es un ser creado y, por lo tanto, no es plenamente divino. La evidencia más fuerte para apoyar este punto de vista es el primer capítulo de Hebreos, el cual deja muy claro que Cristo no es un ángel, porque él es mucho más que un ángel. Hebreos 1:4, por ejemplo, afirma que Cristo “hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos”. Y los versículos 7 y 8 declaran: “Ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego. Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo”.

Entonces, ¿cómo pueden los adventistas decir que el arcángel Miguel es Cristo, cuando la Biblia declara tan claramente que Cristo es un ser divino, el segundo miembro de la Deidad, y no un ángel creado? Esta es una buena pregunta, y responderé con lo que creo que es una buena respuesta.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el mariscal alemán Erwin Rommel era conocido popularmente como el “zorro del desierto”. Nadie en su sano juicio diría que Rommel era literalmente un zorro. Todos entendemos que la palabra zorro, cuando se usaba aplicada a Rommel, era un apodo, una forma de decir, y no una declaración sobre el tipo de ser que era. Los zorros son popularmente considerados como criaturas astutas y engañosas, y fueron estas características las que le dieron a Rommel el título de “zorro del desierto”. De la misma manera, si Miguel es Cristo, entonces la palabra arcángel es un título, y no una descripción de su naturaleza. La pregunta que necesitamos responder es si hay suficiente evidencia bíblica para apoyar la idea de que Miguel es, de hecho, el divino Hijo de Dios; Jesucristo, que tiene el título de arcángel. Las páginas siguientes proporcionarán esta evidencia.

Varios textos del Antiguo Testamento hablan del “ángel del Señor”, y el contexto deja muy en claro que este ángel del Señor es de hecho un ser divino, y no un mero ángel. La mejor evidencia de esto se encuentra en Éxodo 3, que cuenta la historia de Moisés en la zarza ardiente. El versículo 2 dice que “el ángel del Señor se le apareció [a Moisés] entre las llamas de una zarza ardiente”. Observa cuidadosamente quién fue el que se le apareció a Moisés: “el ángel del Señor”. Entonces, ¿quién era exactamente este ángel del Señor? Tenemos una pista de lo que dijo el ángel cuando Moisés se acercó a la zarza: “Quítate las sandalias, porque el lugar donde estás parado es tierra santa” (vers. 5). Entonces, ¿qué hace que la tierra sea santa? La presencia de la Deidad, por supuesto. Así que, este ángel del Señor ¡era un Ser divino!

Esta conclusión se confirma completamente en la conversación siguiente entre Moisés y el ángel del Señor. En el versículo 6, el Ser en la zarza dijo: “Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob”. Esta es la misma palabra para Dios que se usa en Génesis 1:1: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Así que, el “ángel del Señor” que se le apareció a Moisés ¡fue el Dios que creó el universo!

Esta conclusión se ve confirmada por lo que sucedió a continuación. El “ángel” le dijo a Moisés que regresara a Egipto y liberara a su pueblo de la esclavitud. También instruyó a Moisés para que les dijera a los líderes de los israelitas que Dios lo había enviado. Moisés respondió: “He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?” (Éxo. 3:13).

La respuesta del ángel es muy significativa para nuestro estudio. “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (vers. 14).

La palabra hebrea traducida como “YO SOY” en nuestras Biblias españolas es YHWH (pronunciado como Jehová), el cual es el verbo “ser”.11 La idea aquí es que el ángel del Señor es un ser autoexistente. Solo Dios es autoexistente, y la noción de que el ángel del Señor es en realidad un Ser divino es confirmada por su nombre YHWH, el cual es traducido como “Jehová” en todas partes de la Biblia [Hebrea]. Jehová, por supuesto, es Dios en el sentido más elevado, lo que significa que el ángel del Señor es también Dios en el sentido más elevado. Obviamente, Dios es mucho más que un ángel, así que, el término “ángel del Señor”, que se aplica a él en el versículo 3, es una forma de hablar y no una descripción de su naturaleza. Otra fuerte evidencia en apoyo a la comprensión de Miguel como un Ser divino se encuentra en el quinto capítulo de Josué. Él fue el líder de los israelitas cuando conquistaron Canaán. La gente había cruzado el río Jordán poco tiempo antes, y Josué estaba lejos del campamento, orando por la próxima conquista de la tierra.12 De repente, “alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano” (Jos. 5:13). Asustado, Josué preguntó: “¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora” (vers. 13, 14).

Esto es extremadamente significativo debido a que, en el Apocalipsis, Miguel es el comandante del ejército del Señor. Así, Miguel y el hombre que se le apareció a Josué son la misma persona. Después, el escritor bíblico dijo que Josué se postró sobre su rostro en tierra, le adoró y le dijo: “¿Qué dice mi Señor a su siervo?” Entonces “el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo” (vers. 14,15).

Moisés, en la historia de la zarza ardiente, es la otra y única persona en la Biblia a quien se le ordenó quitarse los zapatos porque estaba parado sobre tierra santa. La presencia de la Deidad es lo que santificó la tierra. Acabamos de ver que el Ser que habló con Moisés no era otro que Jehová, quien es Dios en el sentido más elevado. Por lo tanto, la conclusión es inevitable. El comandante del ejército del Señor que se le apareció a Josué también era un Ser divino, porque ordenó a Josué que se quitara las sandalias de sus pies. También era el comandante del ejército del Señor, a quien Apocalipsis identifica con el nombre de Miguel.

Siendo este el caso, solo nos queda una pregunta: ¿Qué miembro de la Trinidad se le apareció a Josué? ¿Fue Dios padre, Jesucristo o el Espíritu Santo? Mi conclusión es que fue Jesucristo; y tengo una muy buena razón.

En Apocalipsis 19:11, Juan dice que vio “el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea”. El versículo 14 dice que “los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos”. ¿Quién es el jinete en un caballo blanco que encabeza a los ejércitos del cielo en la batalla? El versículo 13 responde a esa pregunta. Dice que el nombre del jinete es “EL VERBO DE DIOS”, y el versículo 16 añade información al decir que su nombre es también “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES”. ¡Ese es Jesús! Por favor, nota que Jesús es el Comandante del ejército del cielo aquí, en Apocalipsis 19, así como Miguel lo es en Apocalipsis 12:7. ¿Cuánta más evidencia necesitamos para demostrar el hecho de que Miguel es Cristo?

11 Por tal razón este se traduce como “YO SOY” en el versículo 14.

12 En la página 521 de Patriarcas y profetas, Elena de White dijo que Josué se había ido del campamento “para meditar y pedir en oración que el Dios de Israel fuera delante de su pueblo”.

Capítulo 3

Cómo comenzó el reino de las tinieblas – Parte 1

Los adventistas tenemos dos fuentes de información, que aceptamos como inspiradas, sobre las cuales basamos nuestras enseñanzas. La fuente principal es la Biblia. Es la base de nuestras 28 creencias fundamentales.13

Si lee esas creencias, encontrará solo textos bíblicos para respaldarlas, nunca una cita de Elena de White. Sin embargo, creemos que Elena de White fue inspirada por Dios en lo que escribió, y por lo tanto, para nosotros, sus escritos constituyen una fuente secundaria y confiable de información sobre las cosas divinas.

He dividido la descripción del reino de las tinieblas en dos secciones porque el tema es demasiado extenso para un solo capítulo, y es necesario distinguir entre lo que la Biblia dice sobre él y lo que dice Elena de White. La Biblia nos proporciona un resumen básico de la rebelión de Satanás en el cielo, y eso es lo que desarrollaré en este capítulo. En el siguiente capítulo, “Cómo comenzó el reino de las tinieblas – parte 2”, consideraremos lo que Elena de White dijo sobre el tema.

Tres textos principales en la Biblia describen la caída de Satanás desde el cielo: Apocalipsis 12:7 al 9; Ezequiel 28:11 al 17; e Isaías 14:12 al 14. Vamos a considerarlos en ese orden.

Apocalipsis 12:7 al 9

Escribí sobre este pasaje brevemente en el capítulo anterior. Aquí vamos a echar un vistazo más detallado. De nuevo, esto es lo que dicen estos versos: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él”.

En nuestro planeta, la guerra ocurre cuando dos países toman las armas unos contra otros. Ha sucedido una y otra vez a lo largo de la historia. A veces la guerra es simplemente una toma de poder y territorio. La Segunda Guerra Mundial es un buen ejemplo. Hitler quería someter a Europa, y finalmente al mundo, al dominio alemán. En otras ocasiones, el motivo es más “noble”. Cada lado está seguro de que su causa es justa y que el otro lado es el culpable del conflicto. Vemos esto hoy en el conflicto entre Israel y Hamas. Los líderes de cada bando intercambian amargas acusaciones. La ira y el odio se acumulan. Algunas veces otros países se esfuerzan hacia la mediación, pero con el tiempo el antagonismo se extiende a la guerra. Las balas vuelan y las bombas caen. Es la versión internacional de la pelea en el patio de la escuela entre dos matones.

La Biblia dice que la guerra estalló en el cielo. Sin embargo, esta no fue una guerra entre dos matones. Fue un arrebato de poder, como veremos cuando revisemos todo lo que la Biblia dice acerca de Satanás y su caída del cielo.

¿Guerra en el cielo?

El cielo es donde se encuentra el Trono de Dios. Se supone que es un lugar perfecto. ¿Quién hubiera pensado que, de todos los lugares, la guerra estallaría en el cielo? Pero lo hizo. Una amarga lucha estalló; el bando de Dios ganó, y los rebeldes fueron expulsados.

Los dos generales en esta guerra fueron Miguel y el dragón. Apocalipsis nos dice que la palabra dragón es un símbolo para el diablo, o Satanás (Apoc. 12:9). Nos referimos al dragón como Lucifer antes del tiempo en que fuera echado del cielo. Pero Miguel y Lucifer no fueron los únicos involucrados en esta guerra. Cada uno tenía ángeles de su lado. Esto se afirma específicamente en Apocalipsis 12:7, y también es evidente en el versículo 4, que dice que la cola del dragón “arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra”. Los adventistas y otros eruditos conservadores entienden que esto significa que un tercio de los ángeles del cielo se unieron a Lucifer en su rebelión. En el capítulo 1 mencioné que Lucifer pudo haber tenido hasta 50 trillones de ángeles de su lado, y Miguel hasta 100 trillones de su lado. Elena de White dijo que “un inmenso número de ángeles” se puso del lado de Lucifer.14

La pregunta es: ¿por qué Miguel (Cristo) iniciaría la guerra? ¿No es “el Príncipe de Paz”? (Isa. 9:6) Para responder a esta pregunta, tenemos que hacer otra: ¿quién inició el conflicto que condujo a esta guerra? La respuesta a esa pregunta es que Lucifer lo hizo. Esto se hará evidente cuando consideremos las descripciones de Ezequiel e Isaías de la caída de Lucifer del cielo. La situación en el cielo se puso tan tensa que algo tenía que pasar. La Trinidad le dijo a Lucifer que su actitud rebelde ya no podía ser tolerada en el cielo y que él y sus ángeles tendrían que irse. Ellos se negaron, así que, Miguel y sus ángeles usaron la fuerza para expulsarlos. Satanás y sus ángeles resistieron, y estalló la guerra.

Ahora, he aquí otra pregunta importante: ¿qué impulsó a los ángeles en el ejército de Lucifer a unirse a él? Obviamente, Dios no les habría ordenado seguir a Lucifer, y el sentido común nos dice que Lucifer no habría sido capaz de forzarlos a unirse a él. Después de todo, como señalé en el capítulo 1, un principio básico del Reino de la Luz es la libertad; libertad para pensar, sacar conclusiones y creer en esas conclusiones, aunque no estén de acuerdo con las conclusiones de Dios. Por lo tanto, aunque la Biblia no lo dice, podemos concluir razonablemente que Lucifer persuadió a este vasto número de ángeles a unirse a él en su rebelión contra Dios y su ley. ¡Lucifer debió de haber tenido lo que en ese momento parecía ser una razón extremadamente convincente para sostener sus creencias!

Ahora es tiempo de examinar a Ezequiel e Isaías para averiguar qué provocó esta rebelión.

Ezequiel 28:11 al 17

Este pasaje de Ezequiel y el siguiente de Isaías tienen varias cosas en común. Por ejemplo, aunque entendemos que Ezequiel e Isaías describen a Lucifer en estos versículos, ambos están en el contexto de endechas proferidas por los respectivos profetas contra dos de los reyes más conocidos de su época. Ezequiel reprendió al rey de Tiro, e Isaías reprendió al rey de Babilonia.

El lamento de Ezequiel contra el rey de Tiro comienza con las siguientes palabras: “Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios” (Eze. 28:2).

No hay nada particularmente inusual en que un rey terrenal se considere divino; los faraones y los césares también hicieron esta afirmación. Sin embargo, los versículos 11 al 19 describen a un ser que es mucho más que un monarca terrenal. Acerca de las palabras de Ezequiel, el Comentario bíblico adventista afirma: “Aunque son una endecha por el rey de Tiro, sin duda tienen una aplicación más amplia que la que se hace directamente al príncipe de Tiro. Las figuras trascienden tan ampliamente una aplicación tan limitada, que ni siquiera la suposición de que este pasaje sea ‘extremadamente irónico’ puede resolver los problemas que surgen si solo se le da una aplicación local [...]

“Por esto es más adecuado considerar este pasaje como una digresión de la profecía contra el príncipe de Tiro, para presentar la historia del que era en verdad el rey de Tiro: Satanás mismo. Si se entiende así, este pasaje nos proporciona la historia del origen, la posición inicial y la caída del ángel que más tarde llegó a conocerse como el diablo y Satanás. Si no fuera por este pasaje y el que se encuentra en Isaías 14:12 al 14, no tendríamos ningún relato razonablemente completo del origen, de la condición inicial y de las causas de la caída del príncipe del mal”.15

Examinemos Ezequiel 28:11 al 19. El pasaje se divide en dos partes. Los versículos 11 al 15a describen a Lucifer en el cielo antes de su caída16 y los versículos 15b al 19 describen su caída.

Lucifer en el cielo antes de su caída. El pasaje comienza con las palabras de Ezequiel: “vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho Jehová el Señor” (vers. 11, 12).

Ezequiel continúa luego citando lo que Dios dijo. Su primera declaración es que el rey de Tiro fue “el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura” (vers. 12). La descripción del rey de Tiro como “sello de la perfección” parece un poco extravagante para un rey terrenal; aun para Salomón durante los inicios de su reinado, aunque se podría haber dicho que Salomón fue “lleno de sabiduría y acabado de hermosura”, solo que todos estos comentarios se aplicarían a Lucifer antes de su caída.

En la primera parte del versículo 13, Ezequiel dijo: “En Edén, en el huerto de Dios estuviste”. Esta es una pista definitiva que Ezequiel está describiendo más que un rey terrenal. El Edén no había existido en la tierra por miles de años antes de la época de Ezequiel, así que sería imposible para el rey de Tiro haber estado allí. Y el único registro bíblico de que Lucifer estuvo en el Edén es después de su caída, cuando ya se había convertido en Satanás, la serpiente. ¿Cómo podría decirse que Lucifer en el cielo estaba “en [el] Edén, el huerto de Dios”? El Comentario bíblico adventista señala que, aquí, la palabra Edén “debe ser tomada en su sentido más amplio como la presencia de Dios”.17 Dado todo lo que se dice acerca de Lucifer en los versículos 11 al 15, esto parece una conclusión razonable.

La segunda parte del versículo 13 describe el adorno de Lucifer: “De toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación”. ¡Evidentemente Lucifer fue un ángel muy hermoso!

El versículo 14 hace tres afirmaciones que solo se pueden aplicar a Lucifer antes de su caída, y no al rey de Tiro. En la primera declaración, Dios dijo: “Tú, querubín grande, protector”; luego, en la segunda parte dice: “yo te puse en el santo monte de Dios”, y en la tercera parte: “En medio de las piedras de fuego te paseabas”.

Comencemos con “Tú, querubín grande, protector”. ¿Qué nos dicen estas palabras?

Cuando Dios le dio a Moisés las instrucciones para construir el santuario del desierto, le dijo que colocara dos querubines de oro, uno frente al otro en el propiciatorio que cubría la parte superior del arca del pacto (Éxo. 25:17-20). Esta arca representaba el trono de Dios en el cielo. De hecho, la propia presencia de Dios, a veces llamada la Shekinah,18 aparecía entre los dos querubines. Así que la declaración de Ezequiel, de que Dios había ordenado a Lucifer como querubín guardián, significa que Lucifer estaba en la presencia de Dios en el cielo, y sin duda cerca de su trono. Obviamente, no podría decirse esto del rey terrenal Tiro.

Luego, Ezequiel dijo que Lucifer había estado “en el santo monte de Dios” (vers. 14). En el Antiguo Testamento, el Monte Sion es el mismo Monte Moriah donde Abraham ofreció a su hijo Isaac como sacrificio. También es el monte sobre el cual se construyeron los templos, tanto por Salomón como por los judíos después de su regreso de Babilonia. Sin embargo, Ezequiel no estaba diciendo que Lucifer había estado en el monte terrenal de Sion. El “santo monte de Dios” sobre el cual Lucifer había estado era la “montaña” en el cielo donde se encuentra el trono de Dios.19

¿Qué hay de las “piedras de fuego” sobre las cuales caminó Lucifer? En la visión del trono de Dios que Daniel describe en el capítulo 7, versículos 9 y 10, dijo que “un río de fuego procedía y salía de delante de él [Dios, el anciano de días]” (vers. 10). Juan, escribiendo en Apocalipsis, vio un “mar de vidrio mezclado con fuego”, y junto al mar estaban “los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre” (Apoc. 15:2). Juan vio este mismo mar de vidrio en su visión registrada en Apocalipsis 4:6, y dijo que estaba “delante del trono”. Por lo tanto, ya sea un río de fuego, un mar de fuego, o piedras de fuego, es obvio que el trono de Dios tiene fuego delante y quizás alrededor de él. Ezequiel y Apocalipsis también nos dicen que los seres creados pueden pararse y caminar sobre ese fuego. Y Ezequiel nos informa que Lucifer es uno de los que se paró en la presencia de Dios y caminó sobre el fuego.

En Ezequiel 28:15, el profeta nos da otra importante pieza de información acerca de Lucifer. La Nueva Versión Internacional dice de Lucifer: “desde el día en que fuiste creado tu conducta fue irreprochable, hasta que la maldad halló cabida en ti” (énfasis añadido). Las versiones Reina-Valera 1960 y la Reina-Valera Contemporánea dicen que Lucifer era perfecto en todos sus caminos. Algunas personas se preguntan por qué Dios creó al diablo. Él no lo hizo; él creó un ser perfecto. Fue solo algún tiempo después que el pecado fue encontrado en él. Lucifer creó su propio pecado por las decisiones que tomó como individuo con la libertad de elegir, incluyendo la libertad de tomar decisiones morales equivocadas.

Nota también que Lucifer fue perfecto desde el día en que fue creado. Si bien es cierto que cada persona en la Tierra es un ser creado, normalmente no hablamos de que las personas son creadas, excepto Adán y Eva. Desde Caín y Abel hasta el presente, han nacido seres humanos. Sin embargo, Ezequiel dijo que Lucifer fue creado. Hasta donde sabemos, los ángeles no tienen nuestra capacidad reproductiva humana, lo cual significa que Dios creó a cada uno de ellos individualmente. Así que, la declaración de Ezequiel de que Lucifer fue creado es evidencia significativa de que estaba hablando de algo más que del rey de Tiro, que nació. Nótese también que Ezequiel dijo que este querubín guardián era irreprochable, es decir, perfecto. Esto difícilmente podría haberse dicho sobre el rey de Tiro.

La caída de Lucifer del cielo

Comenzando en el versículo 16 y continuando a través del versículo 19, Ezequiel describe la caída del rey de Tiro, la cual entendemos que es la caída de Lucifer.

“A causa de la multitud de tus contrataciones [negocios] fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector” (vers. 16).

La primera declaración en esta cita sugiere que Lucifer se dedicó a alguna forma de trabajo comercial mientras estaba en el cielo; su “multitud de [...] contrataciones”. No tenemos otra información inspirada que sugiera lo que eso podría significar. Podría aplicarse más al rey de Tiro que a Lucifer antes del tiempo en que fue echado del cielo. Sin embargo, la siguiente declaración se aplica claramente a Lucifer. Ezequiel dijo que Dios expulsó al “querubín protector” del “monte de Dios” y de “entre las piedras de fuego”. Las palabras “Yo te eché del monte de Dios y te expulsé” son importantes porque armonizan muy bien con Apocalipsis 12:7 al 9, que dice que, como resultado de la guerra entre Miguel y Satanás, Satanás y sus ángeles fueron echados del cielo y arrojados a la tierra. Esta armonía entre la declaración en Apocalipsis y la de Ezequiel es otro motivo por el cual es razonable entender que Ezequiel describe a Lucifer antes y después de su caída y no solo al rey de Tiro.

El versículo 17 es la declaración final de Ezequiel 28 que consideraré aquí. Dice: “Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor”.

Leímos algunos versículos atrás que Lucifer estaba cubierto con piedras preciosas engastadas en oro. Debió de haber sido un ser hermoso, y eso es porque Dios ama la belleza. Piensa en toda la belleza que vemos en nuestro mundo, incluso en su condición deteriorada: flores, montañas cubiertas de nieve, puestas de sol, peces tropicales, hombres guapos y mujeres hermosas, por nombrar algunas cosas. Muchos de nosotros codiciamos la buena apariencia y estamos celosos de las personas que creemos que son más atrayentes que nosotros mismos. La belleza personal es algo peligroso. Fácilmente puede llevarnos a volvernos engreídos y orgullosos. Y, según Ezequiel, eso es exactamente lo que le sucedió a Lucifer. Su corazón se enorgulleció a causa de su belleza, y corrompió su sabiduría a causa de su esplendor.

Isaías 14:12 al 15

Los eruditos conservadores de la Biblia generalmente coinciden en que, al igual que el pasaje que acabamos de examinar en Ezequiel, Isaías 14:12 al 14 describe la rebelión de Lucifer en el cielo antes de que fuese expulsado y que los versículos 15 al 17 describen su destino después de haber sido expulsado. Los adventistas están de acuerdo con esa conclusión.