¿Podría ocurrir? - Marvin Moore - E-Book

¿Podría ocurrir? E-Book

Marvin Moore

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Desde el comienzo de nuestro movimiento hemos tenido una fuerte convicción de que Dios nos ha llamado para advertir al mundo de lo que nos depara el futuro. Pero, ¿será que nuestra manera de interpretar la profecía está equivocada? Por otra parte, si es correcta, ¿acaso no tenemos una enorme responsabilidad de decirle al mundo lo que creemos? Marvin Moore ha escrito un libro de lectura obligada para cada adventista. En este libro, cuidadosamente documentado, usted apreciará el cuadro completo que nos ha servido de base hasta hoy, y quedará más convencido de la probabilidad de que las profecías finales registradas en Apocalipsis 13 se cumplirán pronto.

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Seitenzahl: 535

Veröffentlichungsjahr: 2020

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¿Podría ocurrir?

Apocalipsis 13 a la luz de la historia y los sucesos actuales

Marvin Moore

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.

Índice de contenido
Tapa
Reconocimientos
Prólogo
1 - El escenario profético adventista
2 - Una mirada al cuadro general del libro de Apocalipsis
PARTE 1: La bestia del mar en Apocalipsis 13
3 - Apocalipsis 13 y la bestia del mar
4 - El papado antiguo: Comienzo y final de su influencia política
5 - El papado moderno: Se sana la herida de muerte
6 - Y se maravilló toda la tierra
7 - La teoría política católica antes de Vaticano II
8 - La teoría política católica después de Vaticano II
PARTE 2: La bestia de la tierra en Apocalipsis 13
9 - Apocalipsis 13, la bestia de la tierra y la imagen de la bestia
10 - La separación de Iglesia y Estado en la historia norteamericana
11 - El surgimiento del movimiento conservador en los Estados Unidos
12 - El surgimiento de la Derecha Religiosa en los Estados Unidos
13 - El éxito de la Derecha Religiosa en los Estados Unidos
14 - El ataque contra la separación entre Iglesia y Estado
Addendum: Reflexiones sobre la separación entre Iglesia y Estado
15 - Los católicos en la historia de los Estados Unidos
PARTE 3: La marca de la bestia
16 - La marca de la bestia: Consideraciones preliminares
17 - Apocalipsis 13 y la marca de la bestia
18 - Los Estados Unidos y la marca de la bestia
19 - El reconstruccionismo cristiano y el “dominionismo”
20 - El “dominionismo” y el triunfalismo
21 - Cómo se desarrolla la persecución
22 - La crisis final
23 - Armando el rompecabezas
24 - ¿Cómo responderemos?
Epílogo
Apéndice A - Reflexiones sobre “intención original” y “activismo judicial”
Apéndice B - Por qué es importante el sábado
Apéndice C - ¿Autoriza el Nuevo Testamento un cambio en el día de reposo?

¿Podría ocurrir?

Marvin Moore

Título del original en inglés: Could it Really Happen?, Pacific Press Publishing Association, Nampa, Idaho, E.U.A., 2008.

Dirección editorial: Miguel Valdivia

Traducción: Ricardo Bentancur, Edwin López, Miguel Valdivia

Diseño de tapa: Romina Genski

Diseño del interior: Marcelo Benítez

Ilustración de tapa: Shutterstock

IMPRESO EN LA ARGENTINA

Printed in Argentina

Primera edición, e - Book

MMXX

Es propiedad. Copyright de la edición en inglés © 2008 Pacific Press® Publishing Association, Nampa, Idaho, USA. Esta edición en castellano se publica con permiso de los dueños del Copyright. Todos los derechos reservados.

© 2009, 2020 Asociación Casa Editora Sudamericana.

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.

ISBN 978-987-798-200-8

Moore, Marvin

¿Podría ocurrir?: Apocalipsis 13 a la luz de la historia y los sucesos actuales / Marvin Moore / Dirigido por Miguel Valdivia. - 1ª ed. - Florida: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo digital: Online

Traducción de: Ricardo Bentancur ; Miguel Valdivia ; Edwin López.

ISBN 978-987-798-200-8

1. Profecías. 2. Apocalipsis. I. Bentancur, Ricardo, trad. II. Valdivia, Miguel, trad. III. López, Edwin, trad. IV. Título.

CDD 220.046

Publicado el 15 de junio de 2020 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).

Tel. (54-11) 5544-4848 (Opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)

E-mail: [email protected]

Web site: editorialaces.com

Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.

Reconocimientos

Deseo expresar mi agradecimiento a varias personas que contribuye­ron a mejorar este libro. El abogado Alan Reinach, director de Libertad Religiosa de la Unión del Pacífico de los Adventistas del Séptimo Día, en California, leyó varios de los capítulos que tratan el tema de la rela­ción entre Iglesia y Estado e hizo sugerencias muy valiosas. El Dr. John Markovic, un profesor de Historia Europea de la Universidad Andrews, leyó los capítulos sobre la historia de Europa. Sus comentarios sobre la historia de Alemania en el capítulo cinco fueron especialmente útiles y le dieron mucha más exactitud al texto. El Dr. Brian Bull, un amigo perso­nal que es médico de la Universidad de Loma Linda, amablemente con­sintió en leer todo el manuscrito. Sus sugerencias hicieron que el libro en general fuese más legible. Finalmente, les agradezco a los redactores de Pacific Press por darle al manuscrito la forma necesaria para su publica­ción en inglés y en español.

Prólogo

Durante más de cien años, la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha interpretado las profecías de Daniel y Apocalipsis a través del lente histo­ricista. Este modo de interpretación percibe las acciones de Dios a lo largo de la historia, y al profeta como el vocero indispensable que comu­nica los planes divinos a los creyentes humanos. Basados en un estudio cuidadoso y razonable de las Escrituras y un análisis racional de la histo­ria, los adventistas han propuesto un dramático desenlace que culminará con el regreso de Jesús a esta tierra.

Una de las profecías que definen la interpretación adventista es la de Apocalipsis 13: Dos bestias que representan potencias político religiosas que juegan papeles protagónicos en el tiempo del fin. ¿Tendrá la Iglesia Adventista una base razonable para mantener hoy en día su interpreta­ción tradicional de Apocalipsis 13? ¿Podrá realmente suceder lo que he­mos predicado sobre el papel escatológico del sábado y la persecución previa a la segunda venida?

Lea los capítulos que siguen y llegue a su propia conclusión.

Esta edición en español es ligeramente diferente de la versión original en inglés. Los capítulos 15 y 16 sobre la Iglesia Católica en los Estados Unidos han sido comprimidos en un solo capítulo. Algunos ejemplos particulares a la cultura estadounidense han sido generalizados para el beneficio del lector hispanohablante.—La redacción.

Capítulo 1

El escenario profético adventista

Federico Wheeler, un ministro metodista episcopal, dirigía un servi­cio de comunión en una pequeña iglesia en Washington, New Hampshi­re, un domingo de mañana a comienzos de 1844. Antes de servir los emblemas, le dijo a la congregación que “todos los que confiesan comu­nión con Cristo en un servicio como éste deben estar dispuestos a obede­cer a Dios y guardar sus mandamientos en todo”.

Raquel Oakes Preston, una bautista del séptimo día, se encontraba en la congregación ese día. Más tarde, cuando el pastor Wheeler la visitó en su casa, lo desafió: “¿Se acuerda, pastor Wheeler, que usted dijo que todo aquel que confiesa a Cristo debe obedecer todos los mandamientos de Dios?”

—Así es.

—Estuve a punto de ponerme de pie en la reunión y decir algo.

—Me imagino —contestó Wheeler—. ¿Qué tenía en mente decir? —Quería decirle que sería mejor que guarde la mesa de comunión y

la cubra con el paño hasta que comience a guardar los mandamientos de Dios.

El pastor Wheeler quedó confundido. Le preguntó a qué se refería. La Sra. Preston le dijo que se refería al cuarto mandamiento, que Wheeler violaba al no observar el sábado como día de reposo. Wheeler aceptó el desafío y se dedicó a estudiar lo que la Biblia dice acerca del día de repo­so. Pocas semanas después observó su primer sábado, y en marzo de 1844 predicó su primer sermón sobre el sábado.

Así Raquel Oakes Preston compartió el sábado con los adventistas,1 y así fue que Federico Wheeler se convirtió en el primer ministro pro­piamente adventista del séptimo día. En esos momentos, ni la Sra. Preston ni el pastor Wheeler sabían el impacto global que tendría su breve conversación aquel domingo de mañana en Washington, New Hampshire.2

Hay algo de incertidumbre acerca de lo que sucedió inmediatamente después. Sabemos no obstante que T. M. Preble, otro predicador que vivía en Washington, New Hampshire o cerca, se convenció del sábado como día de reposo, y en el verano de 1844 comenzó a observarlo. Es bastante probable que aprendió sobre el sábado de Federico Wheeler o alguno de sus miembros.

Guillermo Miller estaba en el pináculo de su carrera como predicador en ese entonces, y en febrero del año siguiente, Preble publicó un artícu­lo sobre el sábado en The Hope of Israel [La esperanza de Israel],una pu­blicación millerita. José Bates leyó el artículo de Preble y pocos días des­pués decidió guardar el sábado. Desde ese momento se tornó en un promotor infatigable del sábado. A comienzos de 1846, discutió el sába­do con Jaime White y Elena Harmon, pero a éstos no les pareció impor­tante. En agosto de 1846, Bates publicó un folleto de 48 páginas titulado The Seventh-day Sabbath a Perpetual Sign (El día de reposo del séptimo día como señal perpetua). Jaime y Elena White, quienes se casaron ese mismo mes, estudiaron el folleto de Bates, se convencieron de que era la verdad y comenzaron a observar el sábado. Así comenzó la larga historia de la observancia del sábado, el séptimo día de la semana, de parte de los adventistas.

Considere esto: Durante los pasados 150 años, la feligresía total de la Iglesia Adventista del Séptimo Día ha crecido de unos 3.000 miembros en 1863 a más de quince millones alrededor del mundo hoy (2007). En comparación, los bautistas del séptimo día, que superaban varian veces a los adventistas a mediados del siglo XIX, tienen una feligresía total de alrededor de 50 mil personas hoy. Esa es una fracción mínima de un uno por ciento de la feligresía adventista de la actualidad. ¿Por qué tal diferen­cia? ¿Por qué crecieron los adventistas de forma tan dramática durante los últimos 150 años mientras que la feligresía de los bautistas del séptimo día permaneció más o menos igual? Yo propongo que una de las razones primarias es que desde el mismo comienzo de nuestra historia, nosotros colocamos el sábado en un contexto escatológico, mientras que para los bautistas del séptimo día el sábado es meramente el día correcto de repo­so.

El sábado y la escatología

La escatología es el estudio de los eventos finales de la historia de este mundo hasta la segunda venida de Jesús. Los temas escatológicos se en­cuentran a lo largo de la Biblia, pero especialmente en los profetas mayo­res y menores del Antiguo Testamento y Apocalipsis en el Nuevo. Ade­más, los Evangelios y las Epístolas revelan que Jesús y los apóstoles estaban muy al tanto de la escatología. Todos los apóstoles creían que la segunda venida de Jesús ocurriría mientras ellos vivían o poco después.3

Daniel y Apocalipsis han fascinado particularmente a los estudiantes de las profecías desde hace siglos, y los adventistas no son la excepción. No obstante, nuestra comprensión de estas profecías difiere significativa­mente de la de otros intérpretes católicos y protestantes, y el sábado es un aspecto clave de nuestra perspectiva única. Según lo entendemos, la mar­ca de la bestia en Apocalipsis 13:16, 17 es un símbolo que señala hacia una ley que requiere la observancia del domingo, que será obligatoria primero en los Estados Unidos y finalmente en todo el mundo poco an­tes de la venida de Jesús. Creemos que un tema importante en el conflic­to final del mundo será si el pueblo de Dios debe observar el día de repo­so en sábado, el séptimo día de la semana, o en domingo, el primer día.

Esta posición se remonta al mismo comienzo de nuestro movimiento, unos catorce o quince años antes de ser organizados como iglesia. José Bates fue el primero en conectar la marca de la bestia del Apocalipsis con la observancia del domingo. En un folleto publicado en enero, 1847, escribió: “Hay decenas de miles que están buscando a Jesús, que no creen en las doctrinas arriba mencionadas, ¿qué será de ellos? Consulte a Juan, él sabe mejor que nosotros; él solo ha descrito dos grupos. Ver 14:9-11, 12. Uno guarda los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. El otro tiene la marca de la bestia… ¿No les es claro que el primer día de la semana como día de reposo o día santo, es la marca de la bestia?”4

Pocos años después Elena G. de White, una cofundadora de la Iglesia Adventista a mediados del siglo XIX, expresó la misma comprensión pri­mitiva de la marca de la bestia. En su libro Primeros escritos, ella dijo: “Entonces comprendí, como nunca antes, la importancia que tiene el escudriñar la Palabra de Dios cuidadosamente, para saber cómo escapar a las plagas que, según declara la Palabra, caerán sobre todos los impíos que adoren la bestia y su imagen, y reciban su marca en su frente y en sus manos. Me llenaba de gran asombro que hubiese quienes pudiesen trans­gredir la ley de Dios y pisotear su santo sábado, cuando estas violaciones han sido denunciadas con amenazas tan pavorosas”.5

Aunque Elena de White no se refirió expresamente a la relación entre la marca de la bestia y la observancia del sábado, claramente tenía tal cosa en mente, porque contrastó la marca de la bestia con la observancia del sábado. Y mantuvo esta posición a lo largo de sus 70 años de ministerio. Por ejemplo, en 1899, escribió: “Cuando se ponga en vigencia el decreto que ordena falsificar el sábado, y el fuerte clamor del tercer ángel amones­te a los hombres contra la adoración de la bestia y su imagen, se trazará claramente la línea entre lo falso y lo verdadero. Entonces los que conti­núen aún en transgresión recibirán la marca de la bestia”.6

Como sugiere esta declaración, los adventistas creen que justo antes de la segunda venida de Cristo, el mundo será dividido en dos bandos: Aquellos que guardan el sábado recibirán el sello de Dios, mientras que los que honran el domingo recibirán la marca de la bestia. Elena de Whi­te escribió:

El Señor me ha mostrado claramente que la imagen de la bestia será formada antes que termine el tiempo de gracia, porque constituirá la gran prueba para el pueblo de Dios por medio de la cual se decidirá el destino de cada uno... [Se cita Apoc. 13: 11­-17]...

Esta es la prueba que deberán enfrentar los hijos de Dios antes de ser sellados. Todos los que demuestren su lealtad a Dios obser­vando su ley y negándose a aceptar un día de reposo falso, se alistarán bajo la bandera del Señor Dios Jehová y recibirán el sello del Dios viviente. Los que renuncien a la verdad de origen celestial y acepten el domingo como día de reposo, recibirán la marca de la bestia.7

Este es el contexto escatológico en el que los adventistas del séptimo día han colocado el sábado. Creemos que Dios nos ha llamado no solo a proclamar lo que la Biblia dice sobre el sábado, sino también a advertir al mundo sobre el conflicto final, que girará en torno a los mandamientos de Dios, particularmente el cuarto. Según lo entendemos, la línea diviso­ria en el tiempo del fin entre aquellos que sirven a Dios y aquellos que no lo hacen, involucrará esta controversia entre el sábado y el domingo. En ese tiempo, los observadores del sábado serán perseguidos e incluso mar­tirizados por su lealtad a Dios en la observancia del día de reposo en sá­bado. Nos sentimos impulsados a advertirle al mundo respecto de lo que la mayoría de las personas ni siquiera captan levemente y muchos encuentran inverosímil, pero que creemos que ciertamente nos aguarda. Este es uno de los factores principales que han hecho nuestra proclama­ción del sábado tanto más exitosa que la de los bautistas del séptimo día. Esta es una de las razones principales por las que hoy tenemos quince millones de adherentes en comparación con los 50.000 de los bautistas del séptimo día.

¿Pero podría pasar?

Esta interpretación escatológica del sábado comprende una afirma­ción estupenda, sin exagerar. Decir que es audaz es poco. Incluso un vistazo casual a la historia política norteamericana haría difícil creer que los Estados Unidos alguna vez impondrá una ley dominical nacional, porque a lo largo de nuestra historia hemos mantenido separados la Igle­sia y el Estado.

En 1970, cuando yo era pastor de una pequeña iglesia adventista de Uvalde, en la zona occidental de Texas, trabé amistad con un comercian­te local que era bautista. Un día conversábamos en su oficina sobre reli­gión y profecía y le pregunté si estaría interesado en conocer lo que los adventistas creemos sobre el tiempo del fin. Dijo que sí, de manera que compartí con él lo que usted ha leído en este capítulo. Cuando terminé, le pregunté qué le parecía. Sonrió y dijo: “Me parece una tontería”.

Él no es el único en pensar de esta forma, ni el primero. Allá por 1900, un crítico se refirió a nuestra posición acerca de que la marca de la bestia será la observancia obligatoria del domingo como “absurda”. Dijo que para que los Estados Unidos rechace su apoyo histórico de la libertad religiosa requeriría “un milagro mayor que si Dios hiciera crecer un roble gigantesco en un instante”.8

D. M. Canright fue otro crítico inicial del panorama profético de los adventistas. Fue un evangelista y líder popular del adventismo durante los primeros años de nuestro movimiento, pero cortó su conexión con los adventistas en 1887 y se unió a una congregación bautista en Otsego, Nueva York. En su libro Seventh-day Adventism Renounced, Canright es­cribió:

Los adventistas del séptimo día colocan mucho énfasis en su interpretación de este símbolo (la bestia como cordero) de Apo­calipsis 13:11-18. Su teoría de la marca de la bestia, su imagen, el sello de Dios, el mensaje del tercer ángel, y toda su obra especial relacionada con el sábado se basa en su concepto de tal bestia. Si están errados aquí, todo su sistema se derrumba. Aseveran que esta bestia es los Estados Unidos y que pronto tendremos una Iglesia y un Estado unidos, la imagen de la bestia, el papado. La marca de la bestia es la observancia del domingo. Una ley la im­pondrá sobre los adventistas del séptimo día. No obedecerán. ¡Entonces serán declarados fuera de la ley, serán perseguidos y condenados a muerte! De todas las especulaciones alocadas de los adventistas sobre las profecías, ésta merece ser colocada entre las más alocadas.9

¡Esta es una acusación seria! Y aunque yo no iría tan lejos como para decir que si estamos equivocados en nuestra interpretación de Apocalip­sis 13, todo nuestro sistema se derrumbaría, es verdad que mucho de lo que percibimos como nuestra misión al mundo se basa en nuestra com­prensión de este pasaje. De ahí que la pregunta clave es esta: ¿Será que podría pasar? ¿Será razonable suponer que los Estados Unidos alguna vez legislará la observancia del domingo? ¿Será algo más que fantasía suponer que en algún momento del futuro relativamente cercano, un edicto glo­bal requerirá que las personas en todas partes observen el domingo como día de reposo y que los desobedientes serán amenazados con la muerte y tal vez ejecutados? ¿De esto es que trata la marca de la bestia?

Mi propósito al escribir este libro no es demostrar que la respuesta a estas preguntas es “sí”. Más bien deseo presentar la evidencia según la entendemos yo y muchos otros adventistas y dejar que usted decida por sí mismo. Por eso lo he titulado ¿Será que podría pasar?, en vez de ¿Será que pasará?

La profecía y los eventos actuales

Me gusta comparar la interpretación de la profecía con un par de gafas oscuras. Si usted se pone espejuelos con lentes azules, el mundo lucirá azul. Un par con lentes amarillos hará que el mundo parezca amarillo. Lentes verdes le darán al mundo un tinte verde. De la misma forma, la manera en que la persona que fuere interpreta la profecía bíblica, afectará la manera en que él o ella percibe lo que sucede en el mundo hoy y lo que probablemente ocurrirá en el futuro. Los dispensacionalistas, por ejem­plo, entienden las profecías de una manera particular, e interpretan los sucesos mundiales a la luz de tal perspectiva. Concentran su atención en el Oriente Medio, especialmente Israel. Interpretan sucesos tales como el 9/11, el conflicto en Irak y la pugna entre Israel y los palestinos a la luz de su comprensión dispensacionalista de la profecía. Su lente profético dispensacionalista también los lleva a hacer ciertas predicciones acerca del futuro.

La comprensión adventista de la profecía es muy diferente. Es como ponerse espejuelos con lentes de un color totalmente diferente. El mun­do luce de una manera particular a través de nuestros lentes, y esto nos lleva a una explicación muy diferente de lo que sucede ahora y lo que podemos esperar en el futuro. Aunque necesitamos ser cautelosos y no atribuirle implicaciones proféticas a cada noticia que aparece en el perió­dico o la televisión, las tendencias percibidas a lo largo de un periodo de tiempo sí pueden indicarnos hacia dónde se dirige el mundo. Y nuestra comprensión de la profecía bíblica influye sobre nuestra interpretación de tales tendencias.

En este libro leerá una explicación detallada de la manera en que los adventistas entienden Apocalipsis 13 y cómo afecta nuestra interpreta­ción de las tendencias en el mundo de hoy. El primer capítulo es una introducción breve. El resto del libro examina los detalles. Dos grandes interrogantes dominarán mi discusión a lo largo del libro:

¿Es razonable la interpretación adventista de Apocalipsis 13? ¿Está basada en lo que la Biblia efectivamente dice, o es mera especula­ción? Para responder a esta pregunta, examinaremos Apocalipsis 13, al igual que algunas otras profecías bíblicas.¿Será realista la propuesta adventista sobre el futuro según la historia y los sucesos actuales? Para responder a esta pregunta, repasaremos la historia del catolicismo, la historia de tanto los protestantes como los católicos en Norteamérica, y lo que ambos están ha­ciendo hoy día.

Introducción al libro

A continuación ofrecemos algunos comentarios que deberían facilitar la comprensión de este libro. En primer lugar, una palabra respecto de lo que puede anticipar. Según sugería antes, este libro es mayormente una interpretación de Apocalipsis 13 a la luz de la historia y los sucesos actua­les. Lo he dividido en tres secciones, cada una de las cuales trata un aspec­to diferente de Apocalipsis 13:

La primera sección trata acerca de una bestia terrible que surge del mar.La segunda sección trata de una bestia que surge de la tierra.La tercera sección trata de la marca de la bestia.

Las primeras dos secciones comienzan cada una con un capítulo que explica el fundamento bíblico de la interpretación adventista de esa parte de Apocalipsis 13. La sección sobre la marca de la bestia comienza con dos capítulos sobre la base bíblica para dicha interpretación de la profe­cía. Los capítulos que siguen a cada uno de estos capítulos introductorios proveen evidencia histórica, parte antigua, parte muy actual, para demos­trar que la interpretación adventista también tiene un fundamento sólido en los sucesos mundiales que han ocurrido o están ocurriendo.

En segundo lugar, soy un adventista del séptimo día de por vida, así que es obvio que he escrito este libro desde una perspectiva adventista. No obstante, lo he escrito de tal manera que debiera hacer sentido a aquellos que no son de nuestra fe y por lo tanto no están familiarizados con nuestras creencias. De hecho, indudablemente notará que el tono del libro podría resultar aceptable a los no adventistas tanto como a los ad­ventistas. Por esto he explicado la base bíblica de nuestra interpretación de Apocalipsis 13 en mayor detalle del que necesitaría la mayoría de los adventistas.

Finalmente, Elena G. de White indudablemente es la autora adventis­ta de mayor influencia. Vivió 88 años, desde 1827 a 1915. En diciembre de 1844, cuando tenía apenas 17 años de edad, recibió la primera de unas 2.000 visiones que, según ella, Dios le dio a lo largo de su vida. Fue la autora (mujer) más prolífica del siglo XIX y quizá de todos los tiempos. Durante sus setenta años de ministerio, escribió más de 100.000 páginas, todas a mano, incluyendo más de 20 libros. Después de su muerte, trozos de sus cartas, su diario y otros escritos han sido organizados y publicados como libros.

Los adventistas aceptan a Elena G. de White como una profeta genui­na, aunque prefirió que la llamaran “mensajera del Señor”. Tuvo mucho que decir respecto del tiempo del fin. Compartí varias declaraciones su­yas al comienzo de este capítulo, y la citaré ocasionalmente en capítulos futuros. Los lectores adventistas seguramente aceptarán estas declaracio­nes como mensajes de Dios. Los no adventistas que lean este libro pue­den tomarlas como representativas de lo que creen los adventistas. La mayoría de los adventistas probablemente estará de acuerdo con casi todo lo que digo en este libro. Invito a los lectores no adventistas a aceptar también lo que digo, si lo encuentran razonable. Sea lo que fuere, espero que la lectura de este libro ayude a tanto los adventistas como los que no son de nuestra fe a entender mejor nuestra interpretación profética.

1 Pasarían 17 años antes que los adventistas observadores del sábado adoptaran el nombre Adventistas del séptimo día, y 19 años para que se organizaran como de­nominación.

2 Mis dos fuentes para este relato son la Seventh-day Adventist Encyclopedia [Enciclopedia de los adventistas del séptimo día](Hagerstown, Maryland: Review and Herald®, 1966), pp. 1019, 1020, y Arthur W. Spaulding, Origin and History of Seventh-day Adventists [Origen e historia de los adventistas del séptimo día], (Ha­gerstown, Maryland: Review and Herald®, 1961), pp.117-119.

3 Ver, por ejemplo, Romanos 13:11, 12; Santiago 5:8, 9; 1 Pedro 4:7; 1 Juan 2:18; Apocalipsis 22:7, 12, 20.

4 Joseph Bates, The Seventh-day Sabbath a Perpetual Sign From the Beginning, to the Entering Into the Gates of the Holy City According to the Commandment (El día de reposo del séptimo día: una señal perpetua desde el comienzo hasta la entrada por las puertas de la santa ciudad según el mandamiento), edición de 1847, p. 59, la cursiva es nuestra; citado en Development of a Seventh-day Adventist Theology Source Book: Maxwell Source Collection (Libro de recursos sobre el desarrollo de la teología adventista del séptimo día: Colección de Maxwell), un manuscrito privado preparado por Mervin Maxwell para los estudiantes de su clase sobre la historia de la teología adventista, p. 271.

5 Elena G. de White, Primeros escritos, p. 65.

6 White, El evangelismo, p. 174.

7Comentario bíblico adventista, t. 7, p. 987.

8 Theodore Nelson, en la introducción al libro de Dudley M. Canright, Seventh-day Adventism Renounced [La renuncia de la fe adventista del séptimo día] (Nashville: Gospel Advocate Company, 1914), p. 23.

9 Canright, ibíd., p. 89.

Capítulo 2

Una mirada al cuadro general del libro de Apocalipsis

¿Cuándo fue la última vez que usted admiró una pintura? ¿Acaso se trataba del retrato de un apuesto caballero, o una hermosa dama, o quizás un paisaje? Al mirar tal obra, ¿se acercó usted hasta casi pegar la nariz en el cuadro para apreciar los detalles más mínimos? ¡Por supuesto que esa no sería la forma de captar la belleza de una pintura! Claro, es obvio que el artista debe prestarle atención cuidadosa a cada golpe de la brocha cuando está pintando y, después que la obra ha sido completada, tam­bién los críticos de arte observarán con sumo cuidado cada detalle. Sin embargo, cuando se las observa desde una distancia muy corta, las pince­ladas en el lienzo no resultan muy atractivas. Más bien, si usted realmen­te desea disfrutar la belleza de lo que el artista ha pintado, necesita distan­ciarse un poco para mirar el cuadro general. Y tarde o temprano aun los críticos tendrán que pararse a cierta distancia para poder apreciar “el cua­dro general”.

El libro del Apocalipsis contiene muchas imágenes —o pinturas—, por así decirlo. De hecho, usted va a encontrar más imágenes simbólicas en Apocalipsis que en cualquier otra parte de la Biblia, y a medida que avancemos en nuestro estudio vamos a invertir bastante tiempo exami­nando los detalles de estas imágenes, especialmente cuando lleguemos al capítulo 13. No obstante, de la misma manera que los pequeños detalles en una pintura no nos muestran la obra completa, tampoco nuestra com­prensión del Apocalipsis será completa si nos enfocamos solamente en los detalles. Por lo tanto, en este capítulo, vamos a mirar el “cuadro general” del libro. Más tarde examinaremos los detalles.

El gran conflicto

Usted no necesita ser un erudito bíblico para captar el mensaje básico de Apocalipsis. Aun una persona sin principios religiosos, que lea en for­ma casual la última mitad del libro, podría reconocer que el tema domi­nante es el conflicto entre el bien y el mal, lo que los adventistas del séptimo día tradicionalmente llamamos “el gran conflicto”. Según el li­bro de Apocalipsis, este conflicto empezó hace varios miles de años en el mismo cielo donde mora Dios. Apocalipsis 12:7 dice: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dra­gón; y luchaban el dragón y sus ángeles (la cursiva ha sido añadida). Miguel es el líder de los ángeles celestiales, y el dragón es Satanás, el líder de los ángeles que se rebelaron contra Dios.

Sin embargo, esta guerra no afectó solamente al cielo. Se nos dice que el dragón “fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (versículo 9). De modo que la batalla entre el bien y el mal se trasladó a esta tierra poco después de que Dios la creó, y desde entonces se ha estado desarrollando aquí. Aun hoy no es tan difícil ver este conflicto en pleno desarrollo. Tan solo invierta unos pocos minutos leyendo el diario, o mi­rando las noticias de la tarde, y usted podrá sentir sus efectos.

La segunda mitad del Apocalipsis se enfoca especialmente en los últimos meses, o quizás años, del conflicto entre el bien y el mal. A este periodo lo llamaré de aquí en adelante “el conflicto final”. Durante ese periodo de tiempo Satanás hará los esfuerzos más intensos de toda su existencia para intimidar a los hombres y controlarlos. Lo sorprendente es que la mayoría de la humanidad lo seguirá gozosa. Apocalipsis dice “y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia” (13:3). Y añade: “y la adoraron todos los morado­res de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (versículo 8).

El gran tema en juego será la obediencia. El dilema al cual se ha en­frentado el pueblo de Dios a través de la historia, y al cual se enfrentará de una manera especial en el último gran conflicto de este planeta, es si obedecerá a Dios, o a los poderes del mal que gobiernan el mundo. Adán y Eva tuvieron que escoger entre obedecer a Dios o a la serpiente, y eli­gieron obedecer a la serpiente. Por otra parte, Sadrac, Mesac y Abed­nego, bajo la amenaza de morir quemados en el horno de fuego, escogie­ron obedecer a Dios antes que adorar la imagen construida por un rey pagano. Y en el Nuevo Testamento, Jesús obedeció al Padre al escoger morir en la cruz. Ese elemento de lealtad es lo que estará en juego en el conflicto final: ¿Escogerá el pueblo de Dios obedecerle a él, o cederá ante la presión política y terminará obedeciendo a los poderes del mal que gobernarán la tierra en los últimos días?

Apocalipsis 12:17 nos presenta el tema de la obediencia del pueblo de Dios en el tiempo del fin y el conflicto que su obediencia desatará entre ellos y las fuerzas del mal en este mundo: “Entonces el dragón [Satanás] se llenó de ira contra la mujer [el pueblo de Dios]; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamien­tos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo (la cursiva ha sido añadida).

Así, según Apocalipsis, los mandamientos de Dios, o sea sus leyes, serán un tema clave en el conflicto final. El pueblo de Dios permanecerá leal a sus leyes, pero esto desatará contra ellos la ira de los poderes políti­co religiosos apóstatas de esta tierra. Elena de White describió este aspec­to del conflicto final de la siguiente manera: “el último gran conflicto entre la verdad y el error no es más que la última batalla de la controver­sia que se viene desarrollando desde hace tanto tiempo con respecto a la ley de Dios. En esta batalla estamos entrando ahora; es la que se libra entre las leyes de los hombres y los preceptos de Jehová, entre la religión de la Biblia y la religión de las fábulas y de la tradición”.10

No obstante, la obediencia es tan solo una parte del problema en Apo­calipsis. La otra parte tiene que ver con la fe. Los cristianos a menudo hablan de “justificación por la fe”. Para comprender correctamente qué es la justificación por la fe, es necesario establecer el balance adecuado entre la fe y las obras. Un énfasis desmedido en la fe conduce inevitable­mente a la gracia barata, mientras que si enfatizamos demasiado las obras, caeremos en el legalismo. Sin embargo, el pueblo de Dios que vivirá en los últimos días comprenderá correctamente la relación entre fe y obras. Esto es precisamente lo que el libro de Apocalipsis sugiere cuando dice: “Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús” (14:12, la cursiva ha sido añadida).

Solo dos grupos

El conflicto final tendrá que ver con asuntos profundamente espiritua­les. La humanidad se dividirá claramente en dos bandos: en uno estarán los hijos de Dios, mientras que las fuerzas del mal se alinearán contra ellos en el otro bando. Por lo tanto nadie debería suponer que una mera profesión de cristianismo será suficiente para obtener la victoria. El mismo Jesús advirtió que, cuando él regrese por segunda vez, muchos le dirán: “‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad’” (Mat. 7:22, 23).

Note que estas personas creen en Jesús. Se trata de miembros de igle­sia leales y sólidos. Son cónyuges fieles, devuelven el diezmo, ostentan cargos de alta responsabilidad en la iglesia. Sin embargo, Jesús les dirá “nunca os conocí”. Por supuesto, también podemos mirarlo desde el otro ángulo y decir que ellos nunca conocieron a Jesús tampoco. Su experien­cia cristiana era superficial. Ésta consistía solamente en la aceptación de un conjunto de doctrinas y en practicar buenas obras. Confiaban en que ser miembros de la “iglesia verdadera” sería suficiente para entrar en el cielo. Es posible que en el presente usted se siente en su iglesia con algu­nas de estas personas; sin embargo, un día se sorprenderá al descubrir que no están con usted en el reino de los cielos.

Sugiero que muchas de estas personas se pasarán al bando de Satanás durante el conflicto final. Quizás esto le suene extraño a usted. Pero tenga en mente que el conflicto final será principalmente una batalla en torno a asuntos profundamente espirituales, y que Satanás usará argumentos extre­madamente sutiles para mantener a las personas del lado suyo. Ya Jesús nos advirtió acerca de esto. Él dijo: “porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mat. 24:24). Solo dos grupos habrá en el mundo en el tiempo del fin. Nada más. Aquellos que le son leales a Dios y aquellos que siguen a Satanás. Desafortunadamente muchos profe­sos cristianos se llevarán la terrible sorpresa de descubrir, cuando ya todo haya terminado, que se habían unido al bando equivocado.

Varias de las parábolas de Jesús ilustran este hecho de que el mundo estará dividido en dos grupos. Por ejemplo, en una de ellas, él se refiere a los justos como “la buena semilla”, mientras que a los impíos los llama “cizaña”. En otra parábola se refiere a estos dos grupos como las ovejas y los cabritos (Mat. 13:37-43; 25:31-33). Apocalipsis también utiliza sím­bolos para describir estos dos grupos del tiempo del fin. Así, tenemos que los justos reciben el sello de Dios mientras que los impíos reciben la mar­ca de la bestia (ver Apocalipsis 7:1-4; 13:16, 17). El pueblo de Dios guardará sus mandamientos, en tanto que los impíos establecerán sus propias leyes en rebelión contra Dios. Y no solo eso, sino que tratarán de forzar a todo el mundo, incluyendo al pueblo de Dios, a que se les unan en su rebelión contra el Cielo. El resultado será una batalla de vida o muerte entre el pueblo de Dios y los poderes del mal que gobiernan la tierra; una batalla en cuya fase inicial parecerá que los impíos están ganan­do. En efecto, Apocalipsis 13:7 dice que a la bestia que sube del mar “se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos” (la cursiva ha sido añadida), y el versículo 15 dice que aquellos que rehúsen adorarla en una manera políticamente correcta serán muertos. En Apocalipsis 17 encon­tramos la descripción de una mujer “ebria de la sangre de los santos”, lo cual sugiere que éstos han sido martirizados.

Al leer estas declaraciones en Apocalipsis, usted podría recibir la impre­sión de que los poderes del mal triunfarán en el conflicto final. En verdad, al principio parecerá que es así, del mismo modo que las fuerzas del mal parecieran haber ganado cuando Jesús murió en la cruz. Los cristianos en­tendemos que la muerte de Jesús fue, en realidad, su mayor victoria. No obstante, para quienes presenciaron su crucifixión, ésta pareció ser su derro­ta definitiva. Aun sus enlutados discípulos llegaron a decir “nosotros espe­rábamos que él era el que había de redimir a Israel” (Luc. 24:21). Del mis­mo modo, en las escenas finales del gran conflicto parecerá que los poderes de las tinieblas habrán triunfado sobre el pueblo de Dios. Persecución y muerte serán la recompensa que los justos recibirán del mundo por su leal­tad a Dios y sus mandamientos, mientras que los hombres se regocijarán ante la victoria aparente de las fuerzas del mal. Veamos como Apocalipsis describe ese regocijo: “cuando hayan acabado su testimonio [el pueblo de Dios], la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará… Y los moradores de la tierra se regocijarán sobre ellos y se ale­grarán, y se enviarán regalos unos a otros; porque estos dos profetas [el pueblo de Dios] habían atormentado a los moradores de la tierra”.

El mundo nunca ha apreciado las leyes de Dios, pues siempre ha consi­derado que los principios morales de éstas reprimían su libertad. Y cuando los hijos de Dios llaman la atención del mundo a las leyes divinas, éste res­ponde ridiculizándolos. Es por eso que en el conflicto final “los moradores de la tierra se regocijarán” por la desgracia del pueblo de Dios que ha exalta­do sus mandamientos. Y es por eso que “se enviarán regalos unos a otros”.

Obviamente, este será un tiempo de terrible angustia para el pueblo de Dios. Consideremos que un mundo en rebelión estará presionándolo con todo su peso para que desista de su lealtad a Dios y transgreda sus mandamientos. ¿Cómo podrá mantenerse firme durante este tiempo? Los versículos que leímos hace unos momentos nos dan la respuesta:

“Entonces el dragón [Satanás] se llenó de ira contra la mujer [el pueblo de Dios]; y se fue a hacer guerra contra el resto de la des­cendencia de ella, los que… tienen el testimonio de Jesucristo” (Apocalipsis 12:17, la cursiva ha sido añadida).“Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan… la fe de Jesús” (Apocalipsis 14:12, la cursiva ha sido añadida).

Los hijos de Dios podrán permanecer leales porque “tienen el testimo­nio de Jesús” y “guardan la fe de Jesús”. El secreto consiste en mantener una relación íntima con Jesús. Esa ha sido siempre la clave del triunfo so­bre la tentación, y lo será en una forma muy especial durante la crisis final, descrita por Apocalipsis como “la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero” (Apocalipsis 3:10). Elena de White afirma que la presión que el pueblo de Dios soportará durante la crisis final será tan intensa que ésta “demostrará si uno tiene verdadera fe en las promesas de Dios. Mos­trará si el alma es sostenida por la gracia”.11 Usted no necesita ser adventista para entender que la relación que hoy estamos cultivando con Jesús deter­minará si permaneceremos leales a Dios durante la crisis final, o si renun­ciaremos a nuestras convicciones frente a la presión del mundo.

El fin del conflicto

Parecerá que el mundo ha vencido al pueblo de Dios, pero esa victoria será breve. En el último minuto, cuando todo parece indicar que los hijos de Dios deberán sellar con su propia sangre su lealtad a Jesús, él interven­drá a su favor. Notemos cómo lo describe Apocalipsis:

“Pelearán [los poderes representados por las bestias] contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles” (Apoc. 17:14).“Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejér­cito. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta… Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre” (Apoc. 19:19, 20).

Estos dos versículos son, en realidad, imágenes de la batalla de Armage­dón. Contrario a la opinión popular, esta batalla no será una guerra entre ciertas naciones de la tierra. En cambio, será una batalla entre los poderes espirituales del bien y del mal de este mundo. En la fase inicial de la batalla de Armagedón parecerá que las fuerzas del mal triunfarán. Pero en el último momento, cuando todo parece perdido, Jesús retorna a la tierra para des­truir esas fuerzas del mal y liberar a su pueblo de las garras del enemigo.

Apocalipsis 13

En el resto de este libro vamos a examinar detalladamente el capítulo 13 de Apocalipsis. Sin embargo, creo que le será de gran ayuda si usted primero se familiariza con ese capítulo. Por lo tanto, para empezar, le recomiendo que lo lea en su totalidad. Puede leerlo en su propia Biblia, si lo desea. No obstante, para su conveniencia lo he incluido aquí, toma­do de la versión Reina-Valera 1960. También he incluido el versículo 17 del capítulo 12, debido a que ese versículo está estrechamente ligado al capítulo 13.

(Capítulo 12:17) Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

(Capítulo 13) (1) Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. (2) Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad. (3) Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, (4) y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, di­ciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella? (5) También se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias; y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. (6) Y abrió su boca en blas­femias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. (7) Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación. (8) Y la adoraron todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo. (9) Si alguno tiene oído, oiga. (10) Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a es­pada, a espada debe ser muerto. Aquí está la paciencia y la fe de los san­tos. (11) Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. (12) Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mor­tal fue sanada. (13) También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. (14) Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió. (15) Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la ima­gen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase. (16) Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusie­se una marca en la mano derecha, o en la frente; (17) y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. (18) Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

Apocalipsis 13 describe dos grandes bestias. Debido a que una sube del mar y la otra de la tierra, de aquí en adelante me referiré a ellas como “la bestia del mar” y “la bestia terrestre”.

Vistazo general de las dos bestias

¿A quién, o qué cosa representan estas bestias? Los adventistas, al igual que la mayoría de los intérpretes de la profecía, entendemos que en la profecía apocalíptica una bestia representa un poder político. Es decir, una entidad de prominencia mundial. Por ejemplo, un ángel le explicó al profeta Daniel que las cuatro grandes bestias de Daniel 7:1-8 representa­ban “cuatro reinos que se levantarán en la tierra” (Daniel 7:17, Nueva Versión Internacional). No hay ninguna duda de que fue el mismo ángel quien le dijo a Daniel que el carnero y el macho cabrío mencionados en Daniel 8:1-8 representaban a los reinos de Media y Persia y Grecia res­pectivamente (ver Daniel 8: 20, 21).

Entonces surgen de inmediato algunas preguntas ¿Qué poderes mundiales representan la bestia del mar y la bestia terrestre descritas en Apocalipsis? ¿Existieron estos poderes solo en el pasado, o están vigen­tes en nuestro mundo hoy? Empecemos dándoles un vistazo general a ambas bestias. A esto le llamamos ver “el cuadro general” de Apocalip­sis 13.

Poderes globales. La primera cosa que salta a la vista en relación a estas dos bestias es que ambas son poderes políticos y religiosos de carácter mundial. Es claro que la bestia del mar ejerce su poder político a nivel global porque “se le dio autoridad sobre toda raza, pueblo, lengua y na­ción” (vers. 7). Al mismo tiempo vemos su naturaleza religiosa en el he­cho que el mundo la adora a la vez que ella abre su “boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo” (vers. 6). La bestia terrestre, por otra parte, es también un poder político, porque tiene autoridad para hacer que los habitantes de la tierra le hagan una imagen a la bestia del mar (vers. 14). No obstante, es tam­bién un poder religioso porque manda a matar a todo el que no adore a la imagen de la bestia (vers. 15).

Adoración falsa. Un análisis cuidadoso de Apocalipsis 13 nos muestra claramente que ambas bestias promueven una falsa adoración. Con ex­cepción del pueblo remanente de Dios, el mundo entero adorará a la bestia que salió del mar (vers. 8), mientras que la bestia terrestre obligará al mundo a adorar la imagen de esa bestia del mar (vers. 15).

Persecución religiosa. Otro elemento común a estas dos bestias es que persiguen a aquellos que se oponen a su programa político religioso. La bestia del mar “[hace] guerra contra los santos, y [los vence]” (vers. 7) y, como ya hemos visto, la bestia que surgió de la tierra obliga al mundo entero a adorar la imagen de la bestia del mar (vers. 15).

Poderes del tiempo del fin. Esta es otra de las conclusiones a la que po­demos llegar en relación a estas dos bestias. Ambas son poderes actuantes en los días finales de la historia. Esto es evidente por el hecho de que ac­túan en forma conjunta para imponer la marca de la bestia, un evento que es considerado tanto por los intérpretes futuristas como los histori­cistas, como un fenómeno del tiempo del fin.

Muchos intérpretes de la profecía están convencidos de que vivimos en el tiempo del fin. Si esto es correcto —y este libro está basado en la premisa de que lo es— entonces quiere decir que ambos poderes, intolerantes y repulsi­vos como son, existen actualmente en nuestro mundo. Hace veinte, treinta o cuarenta años, algunos estudiantes de la profecía señalaban a la Unión Sovié­tica comunista como el cumplimiento de al menos una de estas bestias. Pero esa opción interpretativa desapareció en 1990. Y puede que hoy en día resul­te tentador pensar en el terrorismo islámico como el cumplimiento de una o ambas bestias. Sin embargo, ni el comunismo, ni el terrorismo islámico la identifican correctamente. Los adventistas del séptimo día, por otra parte, tenemos ideas bien definidas en relación a la identidad de cada una de ellas. En el próximo capítulo compartiré con usted nuestra interpretación de la bestia del mar. Y en los capítulos sucesivos identificaremos respectivamente la bestia de la tierra, la imagen de la bestia y su marca.

10 Elena G. White, El conflicto de los siglos, p. 639.

11 Elena G. White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 339.

PARTE 1: La bestia del mar en Apocalipsis 13

Capítulo 3

Apocalipsis 13 y la bestia del mar

Suponga que usted y yo estamos hablando sobre un amigo mutuo cuyo nombre es Juan y yo le dijera: “Juan es un lince”. Usted inmediata­mente sabe que no quiero decir que Juan es un miembro de la especie felina. Más bien, estoy diciendo que cierta característica que nuestra cul­tura asocia con los linces también se aplica a Juan, o al menos así lo per­cibo yo. Probablemente quiero decir que Juan es muy astuto y hasta sigi­loso, que logra lo que se propone en base a su inteligencia y su planificación.

Cuando se la usa de esta manera, la palabra “lince” es una metáfora, un símbolo. Cada idioma y cada cultura tiene tales símbolos, y Apocalip­sis tiene muchos: bestias, estrellas, trompetas, coronas y tronos, por seña­lar algunos. Hay un solo problema con los símbolos de Apocalipsis: no es tan fácil encontrar su significado. En general, el Apocalipsis no nos dice lo que estos representan. Hay excepciones, por supuesto. Por ejemplo, en el capítulo 12:9 encontramos que el dragón representa el “diablo y Sata­nás”. Pero la mayoría de los símbolos de Apocalipsis no incluyen descrip­ciones que nos ayuden a entender lo que significan.

¿Cómo haremos para encontrarle el sentido a Apocalipsis cuando no sabemos el significado de tantos de sus símbolos? En realidad, el signifi­cado de algunos símbolos es bastante obvio. Por ejemplo, en nuestra cultura al igual que en la cultura romana de hace 2.000 años, una corona representa la autoridad para gobernar. Sucede lo mismo con un trono. Cuando leemos acerca de coronas y tronos en Apocalipsis, podemos estar bastante seguros de que esos símbolos representan algún tipo de gobierno. El trono de Dios aparece repetidamente en Apocalipsis, lo que significa simplemente que Dios tiene un gobierno. Los gobiernos terrenales rigen una porción pequeña de la superficie del planeta, pero el gobierno de Dios rige todo el universo.

Otra manera de determinar el significado de un símbolo en Apocalipsis es analizar cómo se lo usa en otros lugares en la Biblia y aplicar tal significado al Apocalipsis. De vez en cuando en este libro tomaremos este enfoque.

La guerra es uno de los símbolos más comunes del Apocalipsis, y es una metáfora bastante obvia para un conflicto. En Apocalipsis, la guerra usualmente es un símbolo del conflicto entre las fuerzas del bien y del mal. Comenzamos a analizar esta guerra en el capítulo anterior y aprendimos que en verdad comenzó en el cielo: “Hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles” (Apoc. 12:7). Miguel es el líder de los ejércitos celestiales de Dios, y en el versículo 9 aprendemos que el dragón es Satanás. Perdió la guerra en el cielo, y Apocalipsis dice que fue “arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (vers. 7-9). Luego Apocalipsis añade una nota omniosa:

“Ay de los moradores de la tierra y el mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo” (vers. 12).

Nuestro mundo ha estado sumergido en esta guerra durante miles de años. Satanás está furioso por haber perdido la guerra en el cielo, y su ira lo impulsa con amarga intensidad a ganar aquí la guerra que perdió allá. En el caso de la mayoría de las personas, Satanás en realidad ha ganado la guerra. ¡Son sus aliados! El objeto de su ira hoy día son las pocas personas que todavía se resisten. Este libro contempla la fase de la guerra de Satanás contra el pueblo de Dios que es librada en nuestro planeta justo antes del regreso de Jesús. Apocalipsis 12:17 nos lleva a esa fase final del conflicto: “Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo”.

El dragón en este versículo es Satanás, y la mujer representa el pueblo de Dios. Por lo tanto, Apocalipsis 12:17 confirma lo que acabo de compartir: que los protagonistas del conflicto final de la tierra serán Satanás y el pueblo de Dios, y que la ira de Satanás habrá llegado a su colmo. El pueblo de Dios que sobrevive este conflicto tendrá que enfrentar un ene­migo extremadamente hostil. Pero, ¿será esto todo lo que sabemos sobre el conflicto final? ¡Por supuesto que no! Apocalipsis 12:17 es apenas una introducción. El capítulo 13 añade una gran cantidad de detalles. Le echamos un vistazo general a Apocalipsis 13 en el capítulo previo. Ahora debemos entrar en los detalles. En el resto de este capítulo examinaremos la bestia que surge del mar. Esto proveerá el fundamento bíblico y lógico de la interpretación adventista de la bestia del mar y su papel durante la crisis final de la tierra.

La identificación de la bestia del mar

La mayoría de los estudiantes actuales de la profecía interpretan la bestia del mar como el imperio romano antiguo (la interpretación prete­rista) o un anticristo ateo y secular que surgirá en el futuro durante la tribulación (intérpretes futuristas). Pero los adventistas del séptimo día entienden que la bestia que sale del mar representa al papado. Funda­mentamos nuestra interpretación en una comparación de la bestia del mar con la visión de Daniel de cuatro bestias en Daniel 7, especialmente el cuerno pequeño de la cuarta bestia. (Si usted ya está familiarizado con la interpretación adventista de Daniel 7, quizá quiera saltar el resto del capítulo.)

En Daniel 7, el profeta describe una visión que Dios le dio de cuatro grandes bestias que surgen del mar. He enumerado tales bestias en la columna izquierda abajo. La columna de la derecha indica la nación que cada una representa:

Un león (Daniel 7:3, 4)

Babilonia

Un oso (vers. 5)

Medopersia

Un leopardo (vers. 6)

Grecia

Una bestia feroz, un dragón (vers. 7, 8)

Roma

Juan incluyó rasgos de cada una de estas bestias en su descripción de la bestia del mar en Apocalipsis 13:2, según muestran las palabras que hemos colocado en cursiva:

La bestia que salió del mar tenía “boca como boca de león”. Tenía “pies como de oso”.La bestia en general “era semejante a un leopardo”.“El dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad”.

Juan obviamente tenía la visión de Daniel en mente cuando describió la bestia del mar en Apocalipsis 13. Y hay más. Cuando vamos a Daniel, aprendemos que la cuarta bestia tenía diez cuernos, y Daniel vio un “cuerno pequeño” que surgía entre los diez, y que desplazaba a tres de ellos para tener lugar. Daniel 7:25 incluye cuatro símbolos adicionales de esta descripción detallada. El cuadro que sigue cita las palabras principales de cada pasaje:

Similitudes entre el cuerno pequeño y la bestia del mar

El cuerno pequeño

Daniel 7

La bestia del mar

Apocalipsis 13

Blasfema contra Dios

“Este cuerno tenía... una boca que hablaba grandes cosas” (vers. 8). “Y hablará palabras contra el Altísimo” (vers. 25).

Persigue al pueblo de Dios

Él “a los santos del Altísimo quebrantará” (vers. 25).

Conquista al pueblo de Dios

“Y [los santos] serán entregados en su mano” (vers. 25).

Se le da un periodo de tiempo

“Y [los santos] serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo” (vers. 25); en otras palabras, 1.260 años.

Blasfema contra Dios

“Se le dio boca que hablaba grandes cosas y blasfemias” (vers. 5). “Y abrió su boca en blasfemias contra Dios” (vers. 6).

Persigue al pueblo de Dios

“Y se le permitió hacer guerra contra los santos” (vers. 7).

Conquista al pueblo de Dios

“Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos” (vers. 7, la cursiva es nuestra).

Se le da un periodo de tiempo

“Se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses” (vers. 5); en otras palabras, 1.260 años.

Las similitudes entre el cuerno pequeño de Daniel 7 y la bestia del mar de Apocalipsis 13 muestran incontrovertiblemente que ambos simbolizan la misma entidad terrenal. Algunos intérpretes consideran que el cuerno pequeño representa el anticristo del tiempo del fin. Sin embargo, los intérpretes adventistas consistentemente han identificado al cuerno pequeño como el papado de la era medieval. Si esto es cierto, es lógico concluir que la bestia del mar de Apocalipsis 13 también representa el papado. Entonces, ¿sobre qué se basan los adventistas para relacionar el cuerno pequeño de Daniel 7 con el papado?

¿Será cierto que el cuerno pequeño es el papado?

El cuerno pequeño en Daniel 7 creció sobre la cabeza de la cuarta bestia, la que hemos mencionado que representa al imperio romano. Examinemos más de cerca esta bestia. He aquí cómo describió Daniel lo que vio en su visión:

“Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy dife­rente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuer­nos.

Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arran­cados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas”.

Daniel nombró cada una de las primeras tres bestias en su visión: un león, un oso y un leopardo. Sin embargo, la cuarta bestia era tan inusual, tan distinta de todo lo que él había visto antes, que no pudo nombrarla; solo pudo describirla. Yo la imagino como un dragón. La naturaleza po­derosa de este dragón lo hace un símbolo apropiado del Imperio Roma­no. No obstante, nos interesan los diez cuernos del dragón, especialmen­te el cuerno pequeño.