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Gabriela Mistral consideraba su poesía como un reflejo auténtico de su identidad chilena: sobria, sencilla y profundamente arraigada en la tierra y en la fe. Esta antología esencial, cuidadosamente seleccionada por Jaime Quezada, reúne poemas emblemáticos e inéditos, representativos de una obra intensa y vital. Mistral, quien declaró que escribir nunca fue su fin último, revela en estos textos su verdadero propósito: vivir y enseñar, arraigada en su profunda humanidad y espiritualidad. La obra de Mistral, compuesta principalmente por cuatro libros fundamentales —Desolación, Ternura, Tala y Lagar— y el póstumo Poema de Chile, explora con hondura la intimidad del sufrimiento, la dulzura maternal, la fuerza espiritual y la búsqueda existencial. Esta antología nos entrega una selección de poemas sustanciales, muchos de ellos poco conocidos, algunos dispersos en revistas y periódicos antiguos, que reflejan la belleza permanente y el proceso creativo continuo en la obra de Gabriela Mistral. A través de sus temas centrales —la vida, lo educativo, lo social, lo religioso, la condición femenina, lo chileno y americano— esta recopilación revela una poeta cuyo legado literario y humano sigue profundamente vigente. Una obra imprescindible para quienes deseen acercarse a una voz que, con su lírica intensa y emotiva, conquistó el Premio Nobel de Literatura en 1945.
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Seitenzahl: 122
Veröffentlichungsjahr: 2025
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MISTRAL, GABRIELA
CANTO QUE AMABAS Antología poética esencial
Selección, prólogo y cronología Jaime Quezada
Santiago de Chile, Catalonia, 2025
169 p., 15 x 23 cm.
ISBN: 978-956-415-159-5
ISBN digital: 978-956-415-160-1
POESÍAS CHILENAS 861
Diseño e ilustración de portada: Felipe Campos
Corrección de textos: Editorial Catalonia Ltda.
Diagramación interior: Salgó Ltda.
Dirección editorial: Arturo Infante Reñasco
Editorial Catalonia apoya la protección del derecho de autor y el copyright, ya que estimulan la creación y la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, y son una manifestación de la libertad de expresión. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar el derecho de autor y copyright, al no reproducir, escanear ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo ayuda a los autores y permite que se continúen publicando los libros de su interés. Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en todo o en parte, ni registrada o transmitida por sistema alguno de recuperación de información. Si necesita hacerlo, tome contacto con Editorial Catalonia o con SADEL (Sociedad de Derechos de las Letras de Chile, http://www.sadel.cl).
Primera edición: julio, 2025
ISBN: 978-956-415-159-5
ISBN digital: 978-956-415-160-1
RPI: solicitud mdh1ps
© Jaime Quezada, 2025
© Catalonia Ltda., 2025
Santa Isabel 1235, Providencia
Santiago de Chile
www.catalonia.cl - @catalonialibros
Diagramación digital: ebooks Patagonia
www.ebookspatagonia.com
GABRIELA MISTRAL Y SU OBRA POÉTICA
DESOLACIÓN
Balada
Dios lo quiere
Desvelada
Vergüenza
El amor que calla
Cima
Éxtasis
Los sonetos de la muerte
Interrogaciones
Nocturno
Viernes Santo
El ruego
Canción de los que buscan olvidar
Poema del hijo
La maestra rural
Desolación
TERNURA
Suavidades
Dame la mano
¿En dónde tejemos la ronda?
Los que no danzan
Tierra chilena
Todo es ronda
La tierra y la mujer
Piececitos
Manitas
Caricia
Dulzura
Obrerito
Canción amarga
La pajita
Miedo
La manca
La rata
El papagayo
Doña primavera
El himno cotidiano
La casa
La tierra
TALA
Todas íbamos a ser reinas
Riqueza
La copa
Dos ángeles
La flor del aire
Ausencia
La fuga
Confesión
Pan
Beber
País de la ausencia
La extranjera
Locas letanías
Nocturno de los tejedores viejos
Cordillera
LAGAR
Una palabra
Madre Mía
(Locas mujeres)
I La otra
II La que camina
III La fervorosa
IV La dichosa
V La bailarina
Puertas
La huella
Manos de obreros
Patrias
Cajita de pasas
El regreso
POEMA DE CHILE
Montañas mías
Valle de Elqui
Despertar
Huerta
Palmas de Ocoa
Canción de cuna del ciervo
Cantar
Campesinos
Chillán
Reparto de tierra
Araucanos
Hallazgo
TIERRA DE CHILE
Salto del Laja
Volcán Osorno
Lago Llanquihue
POEMAS DEL LEGADO
La palabra
El clavel del aire
Alfonsina
Así no me quisieron antes
Cielo estrellado
El ovillo de lana
El séptimo
Ganas tengo de hablar
Ofertorio
GABRIELA MISTRAL A TRAVÉS DE SU VIDA
A través de las páginas de la presente antología
Ven recordando un canto, vida mía,
si la canción reconoces de aprendida
y si mi nombre recuerdas todavía.
(Canto que amabas).
G. M.
Hablando de su propia tarea literaria, Gabriela Mistral (1889 – 1957) dice con resuelta sencillez: “Mi pequeña obra literaria es un poco chilena por la sobriedad y la rudeza. Nunca ha sido un fin en mi vida. Lo que he hecho es enseñar y vivir entre mis niñas. Vengo de campesinos y soy uno de ellos. Mis grandes amores son mi fe, la tierra, la poesía”. Efectivamente, la producción mistraliana no parece extensa, aunque sí intensa. Y conlleva, sin embargo, una profunda valoración de los sentimientos espirituales y humanos, un amor por sus lugares natales, la tierra chilena y su geografía, y las riquezas vivas de los pueblos americanos.
Autora de una obra poética de no más de cuatro libros (Desolación, Ternura, Tala, Lagar) publicados sin atarantamiento alguno durante su vida, y un volumen póstumo (Poema de Chile), así sea una sorprendente obra inédita acumulada por años en archivos, carpetas y cuadernos varios, materia toda que constituye hoy el definitivo y singularísimo legado literario de una Gabriela Mistral merecedora del Premio Nobel de Literatura (1945) “por una poesía lírica inspirada en poderosas emociones”, como fundamentó la Academia Sueca al otorgarle el universal galardón.
Casi toda la obra poética de Gabriela Mistral se publica originalmente en el extranjero, y no en Chile, su país natal. En 1922 el Instituto de las Españas (Nueva York) editó Desolación, su primer libro. Libro de las desolaciones espirituales y geográficas, sin duda. Y que es, autobiográficamente, la vida misma de la maestra y poetisa chilena. “Dios me perdone este libro amargo –dice ella, en un voto de ardiente fidelidad–, y los hombres que sienten la vida como dulzura, me lo perdonen también”. Más que amargos, la poesía deDesolación tiene el verso íntimo, humano y emotivo, resplandeciente de sencillez y amor en su romanticismo y sufrimiento, “donde la canción se ensangrentó para aliviarme”.
Ternura, la segunda obra de Gabriela Mistral, se publicó en Madrid (1924). Resuelto y maravilloso libro de canciones de cuna, rondas, jugarretas, cuenta-mundo. En estos tan lúdicos como espontáneos y conversacionales poemas están los arrullos y los arrorrós, los sueños y las sorpresas (“albricias”, dice ella), los miedos y los desvaríos, las gracias y los hallazgos. Y todo un rescate de oralidad y decires de sus antepasados elquinos. La autora recrea a su gusto y a su antojo un mundo de realidades y encantamientos. No solo niños y niñas, confiesa la autora de Ternura, “también los hombres necesitan una canción de cuna para que apacigüe su corazón”. Y así lo revela el buen decir de este libro tan lleno de bendiciones. Libro que nace de boca contadora de una Mistral, cuando contar es encantar, con lo cual se entra en la magia.
Un hito en la obra poética no solo de Gabriela Mistral, sino también de la poesía chilena e iberoamericana, lo constituye Tala (publicado en Buenos Aires, 1938). Obra fundamental toda vez que en sus páginas está la raíz de una escritura reveladora de un lenguaje mistraliano que parece nuevo o como no visto. Libro de los ánimos espirituales y las materias (pan, sal, agua), las ausencias, los nocturnos y las alucinaciones, además siempre abierto a las naturalezas humanas y geográficas de un país y de un continente. Poesía muchas veces ritual y religiosa en su devota consumación del dolor, del descendimiento y la letanía y que trasciende por su lengua conversacional y cotidiana.
Hacia los años finales de su vida, Gabriela Mistral publica, y en Santiago de Chile, Lagar (1954). Libro sanguíneo y ansioso de búsqueda suprema en los temas de esta obra: los lutos, las guerras, los vagabundajes, los desvelos de mujer piadosa, además de la naturaleza, los oficios, las vivencias testimoniales de una época de posguerra. Todo en una atmósfera de nostalgia y de melancolía que va y viene en el tratamiento de estos poemas. “Ya todo lo di, ya nada llevo”, dice nuestra autora resumiendo en ese verso sus adioses y sus despedidas. Y como tal Lagar es, en definitiva, el cuarto y último libro de Gabriela Mistral publicado durante los 67 años de su vida.
Diez años después de su muerte (ocurrida en Nueva York, enero de 1957) se publica Poema de Chile (Barcelona, 1967). Aunque póstuma, esta obra fue una permanente motivación y preocupación poética y geográfica de la maestra chilena por su país natal. Un recorrer el territorio patrio, de desierto atacameño a pampa patagónica, de cordillera andina a mar pacífico. Y en una relación de acercamiento con lo real y lo genuino, con lo criollo y lo autóctono, lo vivo y lo viviente de una tierra chilena y con sus gentes habitantes de esa tierra: Lo que importa es que los miro, / que los palpo y me los tengo / felices como en los cuentos (poema Cantar).
De todos y cada uno de estos admirativos libros poemáticos, con sus desolaciones y ternuras, con sus talas y lagares, se han seleccionado rigurosamente los diversos poemas para la presente Antología, incluyendo algunos desconocidos y novedosos textos inéditos no publicados originalmente en libro alguno de la autora, a no ser en volanderas revistas o periódicos de otra época, y que dejan de manifiesto, en su belleza y esplendor, el siempre y permanente proceso creativo de la Premio Nobel chilena.
La armónica y unitaria muestra poética de este volumen constituye, en sus representativos temas (la vida, lo educacional, la naturaleza, lo social, lo religioso, la mujer o el “mujerío muy listo” como ella tan reivindicadoramente señala, lo étnico, lo geográfico, lo ecológico, lo chileno, lo americano) y tratamientos de escritura, un verdadero periplo alrededor de la más trascendente y vigente poesía de Gabriela Mistral. Y revela, a su vez, al lector de hoy y de mañana –así sea su edad y su formación y su oficio– el testimonio de literatura y vida de una autora cuyos grandes amores fueron siempre en ella la fe, la tierra, la poesía. De esta vivificadora y humana poesía devienen las realidades, los sueños y los destinos de nuestro tiempo. Y en el decir de su propio verso: Que vengo de una tierra en donde el alma eterna no perdía.
JAIME QUEZADA.
Instituto de las Españas. New York, Estados Unidos, 1922.Editorial Nascimento, Santiago de Chile, 1923.
Él pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!
Él va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!
Él besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiere callar)
¡Y él irá con otra
por la eternidad!
I
La tierra se hace madrastra
si tu alma vende a mi alma.
Llevan un escalofrío
de tribulación las aguas.
El mundo fue más hermoso
desde que yo te fui aliada,
cuando junto de un espino
nos quedamos sin palabras,
¡y el amor como el espino
nos traspasó de fragancia!
Pero te va a brotar víboras la tierra
si vendes mi alma; baldías del hijo,
rompo mis rodillas desoladas.
Se apaga Cristo en mi pecho,
¡y la puerta de mi casa
quiebra la mano al mendigo
y avienta a la atribulada!
II
Beso que tu boca entregue
a mis oídos alcanza,
porque las grutas profundas
me devuelven tus palabras.
El polvo de los senderos guarda
el olor de tus plantas
y oteándolas como un siervo,
te sigo por las montañas.
A la que tú ames, las nubes
la pintan sobre mi casa.
Ve cual ladrón a besarla
de la tierra en las entrañas;
mas, cuando el rostro le alces,
hallas mi cara con lágrimas.
III
Dios no quiere que tú tengas sol
si conmigo no marchas;
Dios no quiere que tú bebas
si yo no tiemblo en tu agua;
no consiente que tú duermas
sino en mi trenza ahuecada.
IV
Si te vas, hasta en los musgos
del camino rompes mi alma;
te muerden la sed y el hambre
en todo monte o llanada
y en cualquier país las tardes
con sangre serán mis llagas.
Y destilo de tu lengua
aunque a otra mujer llamaras,
y me clavo como un dejo
de salmuera en tu garganta;
y odies, o cantes, o ansíes,
¡por mí solamente clamas!
V
Si te vas y mueres lejos,
tendrás la mano ahuecada
diez años bajo la tierra
para recibir mis lágrimas,
sintiendo cómo te tiemblan
las carnes atribuladas,
¡hasta que te espolvoreen
mis huesos sobre la cara!
Como soy reina y fui mendiga, ahora
vivo en puro temblor de que me dejes,
y te pregunto, pálida, a cada hora:
“¿Estás conmigo aún? ¡Ay, no te alejes!
Quisiera hacer las marchas sonriendo
y confiando ahora que has venido;
pero hasta en el dormir estoy temiendo
y pregunto entre sueños: “¿No te has ido?”.
Si tú me miras, yo me vuelvo hermosacomo la hierba a que bajó el rocío,y desconocerán mi faz gloriosalas altas cañas cuando baje al río.Tengo vergüenza de mi boca triste,de mi voz rota y mis rodillas rudas;ahora que me miraste y que viniste,me encontré pobre y me palpé desnuda.Ninguna piedra en el camino hallastemás desnuda de luz en la alboradaque esta mujer a la que levantaste,porque oíste su canto, la mirada.Yo callaré para que no conozcanmi dicha los que pasan por el llano,en el fulgor que da a mi frente toscaen la tremolación que hay en mi mano...Es noche y baja a la hierba el rocío;mírame largo y habla con ternura,¡que ya mañana al descender al ríolo que besaste llevará hermosura!
Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres, tan oscuro!
Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.
Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que el entrar en la muerte!
La hora de la tarde, la que pone
su sangre en las montañas.
Alguien en esta hora está sufriendo;
una pierde, angustiada
en este atardecer el solo pecho
contra el cual estrechaba.
Hay algún corazón en donde moja
la tarde aquella cima ensangrentada.
El valle ya está en sombra
y se llena de calma.
Pero mira de lo hondo que se enciende
de rojez la montaña.
Yo me pongo a cantar siempre a esta hora
mi invariable canción atribulada.
¿Seré yo la que baño
la cumbre de escarlata?
Llevo a mi corazón la mano,
y siento que mi costado mana.
Ahora, Cristo, bájame los párpados,
pon en la boca escarcha,
que están de sobra ya todas las horas
y fueron dichas todas las palabras.
Me miró, nos miramos en silencio
mucho tiempo, clavadas,
como en la muerte, las pupilas. Todo
el estupor que blanquea las caras
en la agonía, albeaba nuestros rostros.
¡Tras de ese instante, ya no resta nada!
Me habló convulsamente;
Le hablé, rotas, cortadas
de plenitud, tribulación y angustia,
las confusas palabras.
Le hablé de su destino y mi destino,
amasijo fatal de sangre y lágrimas.
Después de esto ¡lo sé! no queda nada!
¡Nada! Ningún perfume que no sea
