Cartas - Federico Roberto Abate - E-Book

Cartas E-Book

Federico Roberto Abate

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Beschreibung

La vida está signada de fantasía, misterio y tragedia. Esto se conjuga en una serie de cuentos de cuyo hilo conductor se desprenden cartas, telegramas y postales. Los desenlaces son liberados en palabras y mensajes ocultos diseminados en la correspondencia, que, gradualmente, llevan al lector a lugares y espacios insospechado. La lectura de este libro no sólo es rápida sino además participativa, otorgando así la posibilidad de liberar la imaginación hacia todos los rincones que ella desee. No te pierdas la oportunidad de construir tu propio relato leyendo cada cuento.

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Seitenzahl: 175

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Abate, Roberto Federico.

Cartas: cuentos de pasión, misterio y muerte / Roberto Federico Abate. – 1ra ed – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Imprenta de libros, 2023.

154 p. ; 21 x 15 cm.

ISBN 978-987-8910-67-3

1. Cuentos Fantásticos. 2. Narrativa Fantástica. 3. Cartas. I. Título.

CDD A863

.

CARTAS CUENTOS DE PASIÓN, MISTERIO Y MUERTE

de Roberto Federico Abate

© 2023– ROBERTO FEDERICO ABATE

Todos los derechos reservados.

Impreso en IMPRENTADELIBROS.com

Olga Cossettini 1112–8F–Oficina 8F

[email protected]–04510

[email protected]

+54 11 62438757

@imprentadlibros

1a edición: abril 2023

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito por el editor. Su infracción está penada por la ley.

Impreso en Argentina / printed in Argentina

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723

ISBN 978-987-8910-67-3

Índice

Prólogo

El Cuento

El Doble

Fenómeno

Harold

Trasplantado

La Despedida

La Invasión

La Pelea 3.0

La Voz

La Estancia

Brasas del Tiempo

El Buzón

Prólogo

Hoy, y hablo del momento en que tú, lector, comiences a leer estas líneas, hace su aparición ante tus ojos por primera, y quizá ante los ojos de muchos otros (abogo por que así sea), la primera edición de mí primer libro. Mis palabras emanan una exhalación presuntuosa, pues el arribo a este preciso instante en que elaboro la introducción al libro, ha sido a través de un largo viaje donde el pasado solemne, el tiempo considerablemente transcurrido, años de dudas, lecturas, escrituras y prolongados encierros, han regalado del sufrimiento, flores y frutos. Muchas, muchísimas hojas de descarte han sido lanzadas en bohemios arrebatos al cesto; o en las noches de aquelarre, cuando la mística y la iracundia, urdían penosos dolores en mi pecho, las arrojaba pausadamente en arcanos sacrificios al fuego. La estufa, testigo y verdugo en silencio, se ha llevado siempre una parte de mí, no sé si mala, buena, o solamente humana, pero parte al fin.

Fiódor y Friedrich, mis maestros, en más de una ocasión han apuntado severamente, no sin acertada razón, “tus palabras son basura”. Conozco mis límites, y no soy un artífice de grandes teorías, ni un escritor de holgada creatividad capaz de lanzar formas y esteticismos nuevos al universo de las letras, nada más alejado de ello. Algunos de mis cuentos son sólo la invención de ideas que jamás me han de pertenecer y que, con desmesurada generosidad, han atravesado los tiempos. A menudo me pregunto, repasando o corrigiendo mis escritos ¿Puedo yo llamarlos cuentos? Sinceramente no lo sé, son “algo” intentando seguir una lógica desde el comienzo hasta el final. Respecto al trabajo en sí, sólo puedo mencionar con gratificante seguridad la denodada tarea de corrección; en cuanto a la inventiva, esa parte escapa a mi juicio como así también mi objetividad si intentara hacerlo… Eso te lo dejo a ti, lector. ¡Tú eres quien tiene ahora todas las respuestas a mis preguntas!

Difícilmente pueda yo emular alguna vez en mi vida a cualquiera de los escritores que raptan sin un gramo de piedad mi admiración, como así también tomar prestadas herramientas de su increíble e influenciable creatividad para aventurarme al desarrollo de párrafos sin poner ante todo mi inconmensurable limitación. Me es imposible siquiera llegar a pensar el goce pleno en la lectura de mis cuentos, no por falta de confianza en ellos, sino por el pauperismo galopante que veo en sus líneas cuando los pongo en comparativa con los grandes autores. Siempre me digo ¡No tienes chance! Pero luego, extrañamente, me veo sorprendido con mí increíble insistencia.

Algunos escritores o representantes culturales, han sido tan hegemónicos, que despiertan tanta admiración como miedo, al menos a mí. Estoy convencido de la existencia de personas que bajo ciertos estamentos cifrados o mensajes oníricos, imperceptibles a la lectura o la impresión, son capaces de erigir imperios con cimientos construidos desde argots determinados, definidos con precisión milimétrica. Los Walts (Walt Whitman y Walt Disney), por ejemplo, han tenido una incidencia trascendental en la edificación de un imperio, así como también una influencia determinante en su expansión ideológica sobre el planeta. Mi universo, para la triste realidad de quien suscribe, está muy lejos de influenciar siquiera a mí bienaventurada hermana. No veo en mí, facultad capaz de llegar a tanto. ¡Y sí, querido Lector! Este puede que sea el prólogo más inútil que hayas leído y, seguramente, el auto boicot más grande que jamás haya existido, por eso debes estar firme y atento, pues a partir de aquí tienes la potestad de continuar leyendo, o simplemente tirar este buen libro de una vez y por todas a la basura.

Ahora que has decidido seguir con la lectura, te pondré al corriente de los personajes que gratamente han elogiado mi obra:

Truman Capote: “Nunca pensé que un suicida tuviera tantos contratiempos intentando matarse”…George Orwell: “…Manuel, padeciendo todos los horrores de una infancia trágica termina entendiendo que El Poder no se pide… se toma… eso sí es realmente abominable… el cuento sin duda es remedo de mi obra”…Ernest Hemingway: “…Harold es el personaje más estúpido del que se tenga memoria escrita”…Jean Paul Sartre: “¿Las hormigas tomando una casa?... me causa repulsión esa analogía tan absurda, donde las hormigas “rojas” invaden y toman un espacio a la fuerza… no veo esfuerzo mental en los serviles esbirros del capital”…Milan Kundera: “… ¡no sé qué pensar! puede que Síbarus sea un lujurioso engendro, pero también es lo más parecido a una bailarina de ballet que leído”…Thomas Mann: “…ciertos fragmentos del Trasplante son una transcripción oculta y desfavorable de mi Montaña Mágica… ¡un horror!”F. Scott Fitzgerald: “el libro es soberbiamente asqueroso”…

La acogida internacional ha sido realmente impresionante. Asimismo me sincero contigo, Lector, diciéndote que nunca, ni por un instante, había cruzado por mi cabeza que escritores de tamaña talla, incluso inmersos en sus grandes ocupaciones o congresos, pudieran tomarse un momento de su tiempo para denostar el ignoto trabajo de alguien. Si lo han hecho es porque tuvieron motivos concretos. Te dejo a ti, querido lector, el trabajo de averiguarlo.

Fernando Fernández

PD: “No todo lo que brilla es oro”… ni tampoco lo que lees es cierto.

El Cuento

Introducción

A veinte años de su muerte, el legado del genial escritor argentino, Luis Jorge Segrob, sigue estando vigente como los años en que la gloria, con faltantes de galardones y condecoraciones en la alacena, terminaba de construir, y finalmente inmortalizar, la matriz del “Escritor Ejemplo”. En algún café de Buenos Aires al deleite inacabado de oídos deseosos u oyentes entusiasmados tras los pasos del inacabable conocimiento del mundo en una sola palabra, se amuchaban a escuchar a “ese” invidente de cuyo inagotable saber, la pródiga naturaleza y la férrea voluntad camuflada de curiosidad desmedida y viceversa, habían dotado. Allí no faltaban nunca, las rondas de amigos, de periodistas, de admiradores devotos, o algún que otro curioso, que escondido tras un jactancioso “afortunado día”, u ocasión para un futuro alarde con las amistades, paraban a escuchar relatos e historias que en el mejor de los casos, les eran ajenas o, peor aún, sí sólo habían llegado a este mundo para transcurrir, totalmente incomprensibles.

Pienso en Universo, pero no es esa metáfora vacía, acuñada a personajes sobresalientes limitados por techos personales imposibles de exceder, o de figuras prestigiosas atadas al mundo por fuerzas gravitatorias “humanas”, que impedidos por la condición, restringieron el camino. Todo lo contrario, hablo de lo figurativo entrelazado a lo literal, hablo de la metáfora “Universo” de un hombre de letras que trascendió los confines del Arte, la Filosofía, la Filología, la Historia, la Lingüística, la Teología, e incluso la Política, hago mención de un Universo que no entendió de fronteras delimitadas ni ilimitadas fronteras, hablo de una mente brillante que conoció todos los intersticios y rincones de “la palabra”, todo lo que ella trasmitía, es decir, ese “absoluto” que hoy vislumbrado con más claridad, porque en definitiva, ahora somos capaces de comprender que las construcciones de la historia y el lenguaje, inclusive las del insignificante pensamiento cotidiano, son hojas y hojas de un guión abrazando la humanidad, todo lo humano siendo “texto”. La genialidad de Segrob, es haber concentrado esa “Memoria Universal del Hombre y el Tiempo” en su persona, para relanzarla a través de manifestaciones literarias codificadas y decodificadas, comprimidas y descomprimidas, en lecturas y relecturas que hasta hoy, siguen extrayendo interpretaciones y reinterpretaciones. Una y mil vidas a la vez, un lugar y cientos de espacios en paralelo, un rostro que en millones de espejos continúa viajando del pasado al futuro en un presente que nunca es, una imagen que secreta y públicamente a la vez, sin habernos percatado en que instante, ha vencido al tiempo.

Se pueden escribir innumerables páginas describiendo la técnica compositiva del autor, su raigambre ultraísta, su conducta anglófila, su interés por la metafísica, su amplio conocimiento en decenas lenguas, trabajos y trabajos de cientos de tesis doctorales y licenciaturas en todo el mundo; investigaciones que además están en manos de “Clubes” intelectuales tan selectos como elitistas, y en donde sus integrantes son juzgados puertas adentro, junto a los documentos respaldatorios y los pergaminos nobiliarios, los intérpretes, y más que intérpretes, me atrevería a decir a través en mi recalcitrante e insensata postura, “Los Exegetas de la Obra”. Algunos de estos ñoños de las letras se han dedicado a indagar los esbozos y las obras no publicadas por las que, a título personal, tengo una gran predilección, y el “por qué” de ello, es la razón de estas palabras que sus ojos tienen la desgracia o la fortuna de leer.

La vasta y prolífica obra de Segrob ha entregado al mundo amplitud, profundidad, acertijo y acierto, infinitud en la finitud, eternidad de lo simple, magnanimidad de lo pequeño, etcétera. No obstante, esto no significa que aquellos escritos y manuscritos arrumbados en grandes archiveros hayan sido “el descarte necesario” para la prolongación y propagación de la excelsa “Obra Pública” del autor. Por el contrario, esas hojas vetustas, color ocre, son tan atrapantes, enigmáticas y caudalosas, como “lo oficial”. Todos los esbozos, las compilaciones de cuentos, e increíblemente, un par de novelas completas, género literario por el que Segrob tenía sus reservas, no nos entregan ideas muy alejadas de lo que hoy conocemos como “Las Obras Completas”, contrariamente a ello, podemos hallar en ese cumulo de escritos “apócrifos”, dificultad y hondura, sobre todo en el uso de un lenguaje, que hallo en comparativa a lo publicado, fatigoso, hermético, para decirlo de una manera “academicista”, brillantemente barroco.

La Tesis del Caballero

Cuando pienso en la edificación de Segrob, viene a mi cabeza “Encriptación”, palabra que el autor no conoció pues la Era de la Informática y los cambios trascendentales que se suscitaron con ella fueron póstumos a éste, sin embargo, creo que la palabra define con cierta precisión la inventiva de muchos de sus cuentos, cuentos reforzados además con lecturas adicionales de autores a los que el genial Escritor incorporaba bajo sus propias líneas para codificar finales que, de esta forma, llegaban a ser siempre más de uno. Ejemplo de ello es el célebre final del cuento “Letanías del Mar”

… Astralox transformó su ser, renovándolo, reconstruyendo las ruinas del alma, y para bien o para mal, ingirió una sobredosis de su hiel, sabiendo lo que no mata, fortalece. Montó el noble alazán, ese animal que compañero, siempre había abierto junto a él las puertas del eterno retorno a sí mismo, y cual Caballo de Troya, entró en una fatigosa cavilación, saltando cual tempestad en la guerra punitiva de su interior.

Este terruño de horizontes fértiles se edifica, lleno de promesas, hacia tiempos que jamás he de ver. Esta llanura de distancias anchas, que ni el galope del corcel más rápido ha podido acercar, no ha tenido lugar para débiles. El canto de esta tierra quedará en manos de la memoria del que recuerde todas las hojas de estos árboles… ese noble humano tendrá mi canción y sus hombros tendrán mi llanto–declamó el caballero, con la fortaleza torácica de una proclama de Rey, contemplando la tierra que en su excelsa gratuidad había dado a éste vida, tierra que le había lanzado a la suerte de todas las muertes.

Partió hacia el claustro de los dioses… partió al oriente en busca de las puertas del sol.

Este famoso final muestra en la primera lectura, atisbos románticos, el reencuentro consigo de un caballero nórdico, que después decenas de batallas, cientos de muertes bajo su espada, el tiempo zanjeando arrugas en el rostro y cana en la cabellera, despliega las ventanas del ocaso de la vida. Asumimos que el caballero de origen vikingo efectúa un ejercicio de introspección elaborado con memorias repletas de sucesos desafortunados, todos descriptos minuciosamente en el desarrollo del cuento, al igual que los sentimientos que afloran todo el tiempo en éste a causa ello: la violación y muerte de su madre en manos de las Razias Galas; los bestiales asesinatos de su esposa y sus dos hijos por Caballeros bretones; y, finalmente, el empalamiento de Uxlok, el leal escudero tomado prisionero por los Ejércitos Papales en las largas y sangrientas Guerras de Conversión que asediaron las aldeas escandinavas. Se infiere que las infaustas secuencias de hechos hacen su “última aparición” en la memoria del personaje, y que el intento de purificación del alma, finalmente determina que ese rompecabezas que es su espíritu fragmentado, vuelva unirse en la aceptación de la vida y el destino incierto que ello conlleva, para marcharse al nacimiento del sol, al lejano oriente.

La segunda lectura propone un final sugerido por dos parágrafos de Nietzsche citados a continuación: “Lo que no mata, fortalece” y “el eterno retorno de lo mismo”. En este caso la interpretación tendrá otro enfoque. La introspección llevará al personaje principal a concluir que pese a todos los esfuerzo por salirse de sus circunstancias imperantes, terminará siempre en el mismo lugar; por lo que, la sobredosificación del dolor contribuirá a construir una coraza espiritual, un temple indestructible, con inmunidad en la sabiduría, esa que muchas veces regala ocasos. Ya endurecido, petrificando la angustia, partirá al oriente del sol.

Hay una tercera lectura entre líneas que hace foco en el “alazán”, el “animal”, o el “Caballo de Troya”. Con esas tres figuras, o sustantivos, para ser un poco más exacto, Segrob hace referencia a un solo animal, al caballo azotado en la plaza de Turín el 3 de enero de 1889, corcel al que se aferra Nietzsche en un abrazo fraternal para mantener luego una conversación, episodio con el que se declara históricamente la insania del Filósofo, para luego terminar encerrado en un manicomio los últimos diez años de su vida. En este tercer final, esa introspección aludida en los primeros dos finales no es tal, por el contrario, es el detonador del desquicio, y “la partida al claustro de los dioses”, el suicidio.

Sobre la Obra Apócrifa

Para quienes seguimos buscando en ese Mundo de Acertijos que la genialidad de Segrob ha dejado, podemos hallar bajo la solapa de la obra, otras Obras. La obra encubriendo el secreto de la Obra, el secreto de la obra ocultando la Obra. Decodificar el trabajo del “Autor” ha implicado desnudar sus raíces, y a veces, cuando el jarrón hecho pedazos sobre el suelo vuelve a su forma original, uno espera algo más. A menudo la satisfacción pierde su encanto, y aquello mágico termina en maleficio.

Entre la Obra “no publicada” de Luis Jorge Segrob encontramos un cuento mencionado con reiterada insistencia en cartas a su amigo suizo-polaco de origen judío, Klaus Sztajn. Con ahínco se hace alusión de un cuento titulado “Europa” en correspondencia a Berna. Este cuento tan renombrado en las misivas fraternales, en una de las cartas es elogiado por Sztajn con el adjetivo “Singularidad Medieval”, adjetivo que subrayé adjuntando la frase “Juego de Perspicacias”, quizá porque pienso esconde la llave o el resumen del enigmático escrito. No obstante, sin tener mayores pruebas que un vaivén epistolar sólo nos aventuramos a conjeturar sobre cuestiones que puede que no lleven a nada. Podría ser un texto más, entre todos los que daban vuelta, buscando un intérprete que los ponga en boga, sin embargo despierta curiosidad el título y, sobre todo, la ausencia absoluta de su contenido. Al cuento se lo ha tragado por la tierra, o peor aún, creemos “Europa” ha sido tragada por Europa.

El Retorno

Después de muchos años de lecturas y relecturas, intercambiando información con aficionados y especialistas, hurgando archivos, y sobre todo, tratando de hallar pistas, di con algo que puso en ello toda mi atención. En el afamada compilación de cuentos titulada “Apariencias”, publicado en el año 1942 en la Ciudad de Buenos Aires, libro con el que Segrob alcanza reconocimiento mundial, hay un cuento muy conocido: Pérez el Memorión. Pérez es un joven campechano, humilde y tímido, al que en la ficción (cuento en primera persona), Segrob conoce en la juventud veinteñal cuando en un viaje junto a su primo Alberto al sur, lo encuentra chocando con la inmensidad esteparia de la Patagonia en el campo de su tío Juan Leguizamón, en Comodoro Rivadavia. Pérez tiene el don o la desgracia de recordarlo todo, por eso es identificado como “El Memorión”. Posee la facultad de saber leer sin haberlo aprendido nunca, de recordar páginas completas, libros enteros, el movimiento de cada hoja, de cada árbol, a cada segundo, todo guardado solamente con el repaso de su vista. Al enterarse del arribo de Luis Jorge al campo, los padres del joven Clodomiro Pérez se acercan al caserón de la estancia a pedir prestados algunos libros para su hijo. El joven Pérez estaba incapacitado debido a un grave accidente en caballo, que no sólo le había provocado la parálisis de medio cuerpo, sino que además lo había sumido en un ensimismamiento total. El muchacho habla muy poco, pasa sus días mirando a través de la ventana de la habitación. Ante esa situación, Segrob accede gustoso al pedido, y finalmente entrega algunos libros a Pérez, un título de Walt Whitman, uno de Quevedo y un libro de latín. Al poco tiempo, y ya con Segrob en Buenos Aires, Clodomiro Pérez, quien podía recordarlo todo, muere resfriado. El cuento concluye con uno de esos binomios que Segrob, vehementemente, intentaba romper, mostrando que “todo” contiene “todo”, incluso la “nada”. El ser humano que podía condensar el conocimiento en el absoluto, muere a manos de un simple resfriado.

Clodomiro Pérez sólo era el personaje ficcional de un cuento, hasta que hace unos años un amigo y ex compañero de la Universidad radicado en Comodoro Rivadavia me escribió poniendo todo patas para arriba.

Comodoro Rivadavia, 4 de mayo de 1982.

Querido Karl:

Desde hace tiempo tengo intención de escribirte, pero por alguna u otra cosa en mi rutina, no lo he hecho. Soy consciente de mi falta, postergar una amistad es una cosa imperdonable. Te pido sinceras disculpas por eso. Tú has tenido siempre la amabilidad de escribir para el cumpleaños de Tomás, carta que no he respondido; también lo has hecho para nuestro aniversario con Claudia, y para mi cumpleaños, cartas que tampoco he tenido el cortés atino de replicar. ¡Ya verás! Hasta a mí me sorprende mi falta de respeto y mala educación.

No creo poder enmendar mi error con tanta facilidad como lo puede suponer esta breve correspondencia, pero a cambio de mi ocasional irreverencia, tengo información que puede serte de utilidad. No me caben dudas de tu enorme investigación en la Obra de Segrob. Ya en la Universidad estabas obsesionado con sus libros. ¡Y mírate ahora! Eres una de las voces más instruidas en lo que al señor en cuestión se refiere. Tengo que confesarte que me he vuelto un poco fanático tuyo, y además, que ando presumiendo nuestra amistad por todo el pueblo. Te veo y te escucho con cierta frecuencia en los medios hablando de él, sobre todo cuando se cumplen aniversarios de su natalicio y su defunción. ¿Qué cosa este país y su cultura, no? Nos gusta hacer alharaca con aquellos que dejan grandes huellas en la historia, pero estando en vida, sí podemos acelerarle la muerte, lo hacemos.