Conectados - Maggie Woods - E-Book

Conectados E-Book

Maggie Woods

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Beschreibung

En apariencia, ArkAngel y Dopeman no podrían ser más distintos, pero sus vidas están conectadas desde que nacieron, aunque ninguno de los dos lo sepa. Aún. Si bien ArkAngel es una estudiante universitaria proveniente de una familia de clase alta, es consciente de que algo en su interior la hace diferente. Dispuesta a liberar su lado oscuro, decide abrir un perfil en una página de cam girls. Allí conocerá a Dopeman, un traficante de drogas de la parte más peligrosa de la ciudad. Ninguno de los dos conoce el nombre real del otro, aunque eso no les impide desarrollar un vínculo mayor del que imaginaban, más allá de una simple atracción física y sexual. Ahora, Dopeman está metido en graves problemas con su siniestro jefe, lo cual amenaza con salpicar a todas las personas que le importan, incluida ArkAngel, y lo peor es que puede que sobrevivir no sea lo más difícil, ni lo más importante.

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Seitenzahl: 516

Veröffentlichungsjahr: 2022

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CONECTADOS

 

Maggie Woods

 

Primera edición: agosto de 2022© Copyright de la obra: Maggie Woods© Copyright de la edición: Angels Fortune Editions

Código ISBN: 978-84-125198-4-6Código ISBN digital: 978-84-125198-5-3Depósito legal: B 6875-2022Corrección: Teresa PonceDiseño y maquetación: Cristina LamataEdición a cargo de Ma Isabel Montes Ramírez

©Angels Fortune Editions www.angelsfortuneditions.com

Derechos reservados para todos los paísesNo se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni la compilación en un sistema informático, ni la transmisión en cualquier forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico o por fotocopia, por registro o por otros medios, ni el préstamo, alquiler o cualquier otra forma de cesión del uso del ejemplar sin permiso previo por escrito de los propietarios del copyright.«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, excepto excepción prevista por la ley»

 

 

Para ti, por escoger este libro, las gracias y un consejo:

nunca le pidas a un autor de fantasía que escriba algo serio;

podrías obtener lo que deseas.

 

PARTE 1

 

Dopeman

 

I

 

 

[21:30] aquí empieza tu historial de mensajes con dopeman.

recuerda que no debes revelar datos personales.

 

Dopeman [21:30]:

Hola, preciosa.

 

ArkAngel [21:32]:

Hola.

 

Dopeman [21:33]:

¿Qué pasa, eres tímida?

 

ArkAngel [21:33]:

Perdona, estaba asegurándome de que la puerta estaba cerrada. No quiero que mi compañera de piso entre de pronto y me vea hacer esto.

 

Dopeman [21:34]:

¿Por qué no?

 

ArkAngel [21:34]:

¿Estás de broma?

 

Dopeman [21:35]:

Ningún trabajo es indigno si pone comida en tu mesa, guapa.

 

ArkAngel [21:35]:

Ya.

ArkAngel [21:36]:

Estoy nerviosa. Es la primera vez que hago esto.

 

Dopeman [21:36]:

Te trataré bien, lo prometo.

Dopeman [21:36]:

¿Por qué no enciendes la cámara para que pueda verte?

 

ArkAngel [21:37]:

No creas que soy tonta, el dinero primero.

ArkAngel [21:37]:

gifty.me/ArkAngel606

 

Dopeman [21:37]:

Claro.

 

[21:39] has recibido 50 dólares de dopeman.

 

ArkAngel [21:39]:

Vale, espera un momento.

 

[21: 40] has iniciado una videollamada con dopeman.

 

El cuadrado gris se iluminó mostrando la imagen de una chica joven, en la veintena, de piel pálida y ojos verdes. Llevaba pintalabios rojo, purpurina en las mejillas, una peluca azul pastel, una diadema con un halo dorado y un camisón blanco bajo el que se adivinaba un conjunto de lencería a juego con la peluca. Estaba sentada al borde de una cama de sábanas blancas, con las piernas cruzadas, y detrás de ella se veía un unicornio rosa de peluche y una tira de lucecitas azules.

—Mírate, qué bonita eres —dijo Dopeman en voz alta.

 

Dopeman [21:41]:

¿Cuánto por oír tu preciosa voz?

 

ArkAngel [21:41]:

Diez dólares.

 

[21: 42] has recibido 10 dólares de dopeman.

 

Dopeman [21:42]:

Di mi nombre.

 

—Hola, Dopeman.

La verdad es que tenía una voz bonita, sensual y rica en matices, como una locutora de radio. Había elegido bien.

 

Dopeman [21:43]:

¿Qué tal si te pones los auriculares para que puedas oírme?

Dopeman [21:43]:

No tengo nada en contra de teclear, pero me va a costar hacerlo con una sola mano, ya me entiendes.

 

—Claro.

ArkAngel desapareció de plano un momento y regresó poco después con un par de auriculares inalámbricos de aspecto bastante caro. Se los puso y activó la opción que permitía oírle.

—¿Me oyes? —preguntó él.

—Alto y claro —respondió ella.

—¿Cuántos años tienes?

—Se supone que no debo revelar ninguna información personal —repuso ella, incómoda.

—Solo quiero asegurarme de que no eres una adolescente haciendo esto a espaldas de mamá y papá —replicó él.

—Bueno, definitivamente estoy haciendo esto a espaldas de mis padres —rio ella—, pero tengo veintiuno.

—Me quedo más tranquilo. Eres muy guapa, ArkAngel.

—Gracias. ¿Haces esto a menudo? —quiso saber ella.

—Solo en ocasiones especiales.

—¿Y qué celebramos?

—Mi cumpleaños, preciosa —dijo él, sonriendo en la oscuridad, aunque ella no podía verlo—. Cumplo veinticinco, y eso es todo un logro, porque, sinceramente, nunca pensé en llegar al cuarto de siglo.

—¿Por qué no?

—Oh, no estamos aquí para eso —replicó él—. No, mi deprimente vida se queda al margen. Quiero algo de felicidad, ¿puedes hacer eso por mí, mi preciosa ArkAngel?

—Puedo intentarlo —aceptó ella.

—¿Cuánto me va a costar que te desnudes?

—Diez dólares por prenda.

 

[22:10] has recibido 35 dólares de dopeman.

 

—Quítate esa ridícula diadema también —ordenó él—. Y tómate tu tiempo, no hay ninguna prisa.

Ella se quitó la diadema con el halo, lanzándola a algún lado fuera de plano, y empezó a quitarse la ropa despacio. El camisón fue lo primero en desaparecer, revelando una silueta de reloj de arena y un par de tatuajes. A Dopeman le gustaban los tatuajes.

—¡Oh, chica mala! —exclamó al verlos, divertido—. ¿Puedes acercarlos a la cámara, por favor? Me gustaría verlos bien.

Ella se aproximó al objetivo. Ambos tatuajes eran texto en letras góticas, bajo sus pechos, siguiendo levemente la curva de los mismos. Uno de ellos decía «non timebo mala», mientras que el otro rezaba «memento mori».

—Estoy pensando en hacerme otro —dijo ella, volviendo a su posición inicial.

—Ah, ¿sí?

—Sí. He pensado que podía tatuarme una pluma pequeñita, justo aquí —dijo ella, señalando el espacio entre sus pechos.

—Te quedaría muy bien —opinó él—. Vamos, sigue desnudándote.

—Sí, Dopeman.

—Me gusta cuando dices mi nombre.

—Dopeman —susurró ella, quitándose el sujetador.

Sus pechos no eran muy grandes, pero a él le gustaban más así; los pechos grandes tendían a caerse una vez liberados del sujetador, y, aunque no se oponía nunca a un buen par de melones, cuando no podía tocarlos, prefería los pechos tirando a pequeños, como los de ArkAngel.

—¿Te gusta lo que ves? —preguntó ella, tocándose los pechos mientras miraba a cámara (mirándole a él).

—Desde luego. Pensaba que esta era tu primera vez como camgirl.

—Y lo es —dijo ella.

—No te creo, eres muy atrevida como para eso —bromeó él.

—Primera vez como camgirl no quiere decir primera vez con un tío —replicó ella, un tanto molesta—. No soy virgen.

—No esperaba que lo fueras —replicó él en tono conciliador—. Vamos, no te enfades conmigo.

Ella sonrió.

—Te gusta eso, ¿eh? Que suplique.

—Es posible —admitió ella—. Pero lo que más me gustaría saber es si estás disfrutando esto. Vamos, Dopeman, no oigo sonidos de masturbación.

—Estoy esperando a que te quites esas adorables braguitas para empezar ―repuso él.

ArkAngel sonrió de nuevo y le dio la espalda. Arrodillada sobre la cama, procedió a deshacerse de la última prenda de ropa.

—Oh, preciosa… Levanta ese culito en el aire, vamos —le ordenó.

Ella hizo lo que le decía y finalmente se permitió liberar su erección de los calzoncillos. Ella volvió a ponerse de frente, lo que le permitió ver el recortado vello de su pubis.

—Me tienes goteando —le susurró. Ella se sonrojó—. Eres adorable. ¿Cuánto por masturbarte para mí?

—Veinte si quieres que use los dedos, treinta si quieres que use el succionador de clítoris, cuarenta por el vibrador de punto G y cincuenta por el vibrador grande ―repuso ella.

Puede que fuera su primera vez, pero tenía las cosas muy claras.

—Enséñamelos, vamos, enséñame tus juguetes. No puedo decidir a ciegas.

Volvió a salir de plano, regresando con una caja y extendió los juguetes sobre la cama, frente a ella. El succionador de clítoris parecía un pingüino con pajarita, y el vibrador grande era uno de esos que llamaban «de conejito», en color rosa fuerte y líneas estilizadas.

—Adorable —repitió Dopeman—. Esa cosa, el vibrador de punto G, ¿tiene control remoto?

—Sí, pero te va a costar un extra si quieres acceder a él —indicó ella.

—¿Cuánto?

—Cincuenta. Debes tener en cuenta que estoy depositando mucha confianza en ti al darte el control —añadió.

—No tienes por qué justificarte, preciosa. Sin embargo, no he recibido tanto dinero de cumpleaños como me gustaría, así que vamos a tener que dejar lo del control remoto para otra ocasión. Empieza con los dedos, y, cuando estés bien mojadita, quiero que te metas esa polla rosa y te folles con ella. Y abre bien las piernas para que pueda ver cómo te tocas —le ordenó.

 

[22:23] has recibido 70 dólares de dopeman.

 

Ella hizo zoom a la cámara y se recostó sobre la almohada, abriendo las piernas. Empezó a juguetear, acariciándose levemente. Dopeman empezó a masturbarse también, acompasando su ritmo al de ella. Después de un par de minutos, ArkAngel metió dos dedos en su interior.

—Enséñame lo mojada que estás.

Ella sonrió y acercó los dedos a la cámara, para que viera bien la humedad sobre ellos. Sin que él le ordenara nada, volvió a recostarse y empezó a hacer círculos pequeñitos sobre su clítoris con los dedos. Con la otra mano empezó a acariciarse y masajearse los pechos, pellizcándose los pezones y estimulándolos justo como hacía con su clítoris.

—Eso es, preciosa. Vamos, gime para mí.

—¡Dopeman…!

—¿Crees que puedes meterte el vibrador ahora? —Ella negó con la cabeza, apretando los labios—. ¿Necesitas un poco más de tiempo?

—Sí.

—Está bien. ¿Por qué no lo enciendes y lo usas sobre tu coño? —le sugirió—. Ponlo en la velocidad más baja y ve subiendo un poquito cada vez.

—Sí, Dopeman.

Ella hizo lo que él le había sugerido, pasando el vibrador por sus labios menores y su clítoris, bañándolo en su lubricación. Subía un punto la velocidad cada vez que él decía «más». Llegó un momento en que ya no podía evitar gemir. Susurraba su nombre de vez en cuando; de alguna forma sabía exactamente cómo y cuándo decirlo para excitarle.

—Vamos, ahora tienes que estar lo suficientemente mojada para que tu precioso coñito se trague esa polla. Quiero ver cómo te penetras con ella.

—Sí, Dopeman —jadeó.

Contempló cómo se masturbaba usando el vibrador; las orejas del conejito le rozaban el clítoris cada vez que se lo metía. Su mano se aceleraba más y más, y la de él lo hacía al mismo tiempo, acompasándose sin problemas.

—¡D-Dopeman…! —tartamudeó.

—¡Oh, eres magnífica, ArkAngel! —la alabó él—. Vamos, sigue hasta que te corras.

Ella siguió durante varios minutos, gimiendo y retorciéndose, y llegó a un punto en que Dopeman tuvo que bajar el ritmo para no correrse antes de tiempo; le gustaba hacerlo en sincronía con ellas. Era un sentimental.

Tras unos minutos más, ella sacó el vibrador de su interior y lo acercó a su clítoris, presionando suavemente. Soltó tres gemidos agudos en rápida sucesión y echó la cabeza hacia atrás.

—¡Dopeman! —exclamó.

Él aceleró el ritmo una última vez y se corrió, derramándose sobre su pecho desnudo.

—Joder —musitó.

La miró incorporarse con cierta dificultad mientras se limpiaba con un pañuelo de papel. ArkAngel parpadeó un par de veces, se puso el camisón por encima y desapareció de plano una vez más. Tardó un poco más en volver, pero cuando lo hizo aún respiraba agitadamente y traía consigo un vaso de agua.

—Me he encontrado a mi compañera al volver del baño —susurró. Dopeman esbozó una media sonrisa; así que por eso había tardado tanto y estaba tan agitada—. He tenido que decirle que me había entrado sed.

—Bebe, preciosa, necesitas reponer líquidos —rio él.

ArkAngel rio, pero bebió el agua.

—Ha sido un placer conocerte, Dopeman. Tienes una voz muy bonita —le dijo.

—¡Espera! ¿Volveré a verte?

—Puede, no lo sé. Siempre puedes mandarme un mensaje. Si veo que de verdad quieres verme otra vez, entonces puede que decida hacer esto de nuevo —replicó ella.

—Definitivamente te gusta que te supliquen —rio él—. Muy bien. Ya nos veremos, ArkAngel.

—Buenas noches, Dopeman —dijo ella, apagando la cámara.

 

[23:05] has finalizado la llamada con dopeman.

 

Dopeman [23:05]:

Duerme bien, mi preciosa ArkAngel.

 

[23:05] dopeman se ha desconectado.

 

[23:06] te has desconectado.

 

En su cuarto, ArkAngel cerró el portátil, se quitó la peluca y se tumbó sobre la cama, convirtiéndose de nuevo en Molly. Cogió su móvil y escribió un mensaje:

 

Tú (23:07)

Lo he hecho.

 

Casi al instante su teléfono empezó a sonar.

—Hola, Helen —dijo al descolgar.

—¿Cómo ha ido? ¡Cuéntamelo todo!

—Ha ido bien, creo. He ganado 165 dólares.

—¿Con quién has contactado? —preguntó Helen.

—No sé su nombre.

—¡Obviamente! Pero sabrás algo de él, ¿no?

—Un hombre joven, dijo que tenía veinticinco y se hacía llamar Dopeman ―contestó ella.

—¡Uh, el hombre de la droga! A lo mejor puede conseguirte algo.

—Yo no tomo drogas, Helen.

—Entonces a lo mejor puede conseguírmelas a mí —sugirió Helen.

—¡Aléjate de Dopeman! —le advirtió ella, incorporándose de golpe—. Tú tienes tus propios clientes.

—Creía que habías dicho que solo ibas a hacer esto una vez.

—He cambiado de opinión.

—La adrenalina es adictiva, ¿eh? —bromeó Helen—. Has tenido una buena primera experiencia, y eso es genial, pero ten cuidado, ¿vale? Y no dudes en llamarme o escribirme si necesitas ayuda.

—Gracias.

—Ah, y recuerda que puedes reportar a un usuario si se comporta de forma inapropiada contigo.

—Lo sé.

Aunque Molly tenía alguna duda sobre lo que se consideraba o no comportamiento inapropiado en el mundo de las camgirls, tenía muy claro lo que no pensaba tolerar, y no iba a dudar en hacer clic sobre el botón de «reportar usuario».

—¿Nos vemos el lunes en clase?

—Claro, pasa un buen fin de semana.

—¡Lo mismo te digo! Ciao!

Helen era algo mayor que ella, y llevaba siendo camgirl desde los dieciocho. Usaba el dinero que ganaba para pagar todos sus gastos, especialmente los relacionados con la universidad, y estaba ahorrando para comprarse su propio apartamento.

Le había picado la curiosidad cuando había salido el tema de los trabajos en una conversación tras una sesión de estudio. Al contrario que ella, Helen provenía de una familia humilde.

—Puede que parezca raro, pero de todos los trabajos que he tenido, este es el más seguro —había dicho.

Helen la había ayudado a montar su perfil en la misma página que usaba ella, además de explicarle cómo funcionaba. Todo el dinero que hacía en las sesiones en vivo era suyo, la página se quedaba el dinero que generaban los clics en los anuncios, y una parte del contenido premium, si es que decidía subir alguno. También cobraban por suscripciones VIP, y básicamente de ahí provenían las ganancias de la empresa, algo totalmente legal.

Molly no necesitaba el dinero, no en realidad. Su padre le había abierto una cartera de valores cuando cumplió un año, y tenía su propio dinero, aunque no le venía mal el efectivo. No, la razón por la que había decidido hacer eso era muy diferente.

Siempre había llevado una vida cómoda, sin preocupaciones, protegida por sus padres de los horrores del mundo. No fue hasta la adolescencia cuando se percató de que no todo el mundo tenía una vida como la suya. Entonces, el deporte empezó a no ser una fuente suficiente de endorfinas y adrenalina. Ni siquiera la escalada, que había descubierto durante el primer año de universidad, era suficiente. La experiencia con Dopeman le había proporcionado un subidón que hacía mucho que no sentía, y sin tomar drogas.

Al otro lado de la ciudad, en su habitación, Dopeman terminó de vestirse mientras miraba la foto de ArkAngel; había hecho una captura de pantalla en un momento en el que ella aún tenía algo de ropa. La cara le resultaba muy familiar, por eso la había elegido, pero no lograba recordar dónde la había visto antes. Y sabía que debía haberlo hecho, porque había leído que no se puede soñar con una cara que no se ha visto antes.

En sus sueños, a menudo aparecía una chica idéntica a ArkAngel. A veces solo estaba de fondo, como un extra en una película, pero otras era la protagonista. Le encantaba cuando ella protagonizaba sus sueños.

Suspirando, salió de la habitación. En el salón esperaba su compañero de piso y socio comercial, CC, bebiendo una cerveza.

—Puedo ir yo solo, si quieres. Quiero decir, ya que es tu cumpleaños y todo eso…

—No me voy a tomar un día de descanso solo porque hoy, hace veinticinco años, saliera por la vagina de mi madre, ¿vale? —le cortó él, cogiendo su chaqueta de la percha junto a la puerta—. Es solo otro viernes más.

—¿Al menos ha ido bien tu autorregalo de cumpleaños? —le preguntó CC mientras salían.

—Muy bien. —Wes sonrió, pensando en ArkAngel—. Ella era preciosa y muy sexy, y…

—¿Qué? —lo animó CC.

Dopeman cerró la puerta del apartamento con llave y ambos empezaron a bajar la escalera. Vivían en un tercer piso, y el ascensor funcionaba diez días al año, con suerte.

—Creo que es la chica con la que he estado soñando desde hace meses —dijo al final, mirando a su amigo—. O al menos, se le parece mucho.

—¿Me tomas el pelo? —Él negó con la cabeza—. ¡Joder! Eso quiere decir que vive aquí, en Cleveland, ¿no? —reflexionó CC.

—Bueno, tiene acento de Ohio, eso seguro.

—¡Imagina que te la encuentras por la calle! —exclamó su amigo, empezando a montarse su película. Puede que no lo admitiera ni borracho, pero la razón por la que consumía tanta telebasura era porque le encantaba el drama—. Podrías acercarte e invitarla a tomar algo.

—No creo que vaya a suceder —indicó él al tiempo que llegaban al portal.

—Qué poco optimista eres, Wes.

—La vida no me ha dado razones para serlo —repuso él, encogiéndose de hombros—. ¿A dónde hay que ir primero hoy?

—Pues mientras estabas con tu regalo de cumpleaños, recibí una llamada del jefe, así que supongo que esa debería ser nuestra primera parada —respondió CC—. Nos ha citado en casa del Químico.

Wes suspiró.

—Bueno, al menos así mataremos dos pájaros de un tiro.

 

 

Lee Hannigan, más conocido como Tar Pit, controlaba el área de la ciudad donde ellos operaban. Su organización era bastante extensa, aunque estaba principalmente formada de traficantes semiindependientes, como él y CC. Tar Pit proporcionaba las materias primas, el Químico fabricaba la mercancía y ellos la repartían, y luego Hannigan se llevaba una parte de las ganancias.

Wes deseaba a menudo que Tar Pit desapareciera, pero el viejo estaba demasiado bien protegido. Y aunque alguien consiguiera matarle, se encontraría con que en la cárcel le esperaba una muerte casi segura a manos de tipos como Ron el Hámster. No valía la pena. De todas formas, no pensaba convertirse en un asesino por alguien como él.

Resultó que iba a haber una fiesta clandestina y el jefe quería que fueran los primeros en llegar.

—Será mañana, en esta dirección —dijo, entregándoles un papel—. Habrá un montón de chavales con ganas de pasarlo bien, así que deberíais ser capaces de devolverme cien mil de eso —añadió, señalando un grupo de cajas puestas sobre la encimera.

—Sí, señor.

—Cien mil, Wes, no lo olvides.

Wes miró las cajas, cada una con su sello identificativo, mientras iba guardándolas en la bolsa: marihuana, éxtasis, cocaína, ácido, ayahuasca, setas… Todo lo necesario para pasarlo muy bien, o muy mal, depende de cómo se mirase.

Aunque CC había atravesado una temporada realmente chunga por su adicción a la cocaína, llevaba ya varios años limpio con ayuda de su amigo y de los cigarrillos. Aun así, Wes odiaba traficar con cocaína, y nunca dejaba que CC la manejara, aunque tuviera que encargarse él de más cosas.

Mientras CC conducía, él le envió un mensaje a ArkAngel.

 

Dopeman [00:17]:

Me gustaría verte otro día. ¿Qué me dices?

 

ArkAngel [00:21]:

Hmmm… No sé…

ArkAngel [00:21]:

¿Cuánto quieres verme?

 

Dopeman [00:22]:

Mucho.

 

ArkAngel [00:22]:

¿Cuánto es mucho?

 

Dopeman [00:22]:

Se me pone dura solo de pensar en volver a verte.

 

ArkAngel [00:23]:

Eso no es mucho… seguro que hay otras muchas cosas que te la ponen dura.

 

Dopeman [00:23]:

Si me dieran el poder de volver atrás en el tiempo, volvería a hace algunas horas, una y otra vez.

Dopeman [00:23]:

Hasta que me muriera deshidratado.

 

ArkAngel [00:24]:

Muy bien, nos veremos la semana que viene.

 

Dopeman [00:24]:

¿Cuándo?

 

ArkAngel [00:25]:

El viernes. Y ahora, me voy a dormir. Otra vez.

 

Dopeman [00:25]:

Buenas noches, preciosa.

 

ArkAngel [00:25]:

Buenas noches.

 

II

 

 

Dopeman [21:00]:

Hola, preciosa.

 

ArkAngel [21:00]:

Hola, ¿cómo estás?

 

Dopeman [21:01]:

Estaba deseando hablar contigo, pero solo te conectas los viernes.

 

Era la tercera semana que se veían. La anterior habían quedado en que aquello continuaría, pero él no le había preguntado si era algo solo de la noche del viernes. Suponía que sí, pero por si acaso cada noche había comprobado si estaba, solo para ver que su última conexión había sido el viernes anterior.

 

ArkAngel [21:01]:

Bueno, resulta que tengo una vida aparte de esto, ¿sabes? XD

 

Dopeman [21:01]:

Me imaginaba que no vivías en tu cuarto.

Dopeman [21:02]:

¿Estás en la universidad?

 

ArkAngel [21:02]:

Ajá.

 

Dopeman [21:02]:

¿Qué estudias?

 

ArkAngel [21:03]:

Diseño Gráfico y Audiovisuales.

 

Dopeman [21:03]:

Ah, ahora todo tiene sentido.

 

ArkAngel [21:03]:

¿El qué?

 

Dopeman [21:04]:

Lo profesional que parece tu página. Y el vídeo.

Dopeman [21:04]:

Especialmente para ser una novata.

 

ArkAngel [21:04]:

Gracias.

ArkAngel [21:05]:

Creo.

 

Dopeman [21:05]:

El logo, el banner y todo eso, ¿lo has diseñado tú?

 

ArkAngel [21:06]:

Sí.

 

Dopeman [21:06]:

Eres buena.

Dopeman [21:06]:

Y estás muy buena.

 

ArkAngel [21:07]:

Gracias. Te diría lo mismo, pero no sé cómo eres.

 

Dopeman [21:07]:

¿Te gustaría verme?

 

ArkAngel [21:08]:

Quizá.

ArkAngel [21:08]:

Pero no hoy. Mantengamos la magia un poco más.

 

Dopeman [21:09]:

Te prometo que no soy un incel1 de cuarenta años viviendo en el sótano de su madre XD

 

ArkAngel [21:09]:

Bueno, no suenas como uno.

 

[21:10] has recibido 60 dólares de dopeman.

 

Dopeman [21:10]:

Enciende la cámara, preciosa.

 

[21:10] has iniciado una videollamada con dopeman.

 

El cuadrado gris se iluminó de nuevo. Esta vez ella llevaba una camiseta blanca transparente, un conjunto de lencería azul claro, unas alitas blancas y una faldita plisada azul, como de uniforme. Llevaba pintalabios rosa bebé y sombra de ojos azul con purpurina plateada, y se había recogido el pelo ―la peluca azul pastel― en dos coletas altas.

—Hola, Dopeman. ¿Qué quieres hacer hoy?

—¿Llevas las uñas pintadas? —le preguntó él.

—¿Las de las manos o las de los pies? —preguntó ella.

—Ambas.

—No, no las llevo pintadas. ¿Te gustaría que me las pintase?

—Sí. Te daré diez dólares para que empieces por las de los pies —dijo él.

—Vale.

 

[21:13] has recibido 10 dólares de dopeman.

 

—¿Puedo elegir el color? —preguntó él.

—Claro, aunque no tengo muchos. Espera un momento.

ArkAngel salió de plano y volvió un par de minutos más tarde, con una caja con un estampado de flores. Sacó varios pintaúñas de ella, alineándolos sobre la tapa. Había uno rojo oscuro, uno azul marino, uno rosa pétalo y uno negro. Además, otros con purpurina de varios colores: plateada, dorada y púrpura.

—En realidad estos son top coats, no están hechos para ser llevados por sí solos, pero yo los llevo igualmente —dijo ella, señalando los de purpurina.

—Es una decisión difícil —dijo Dopeman—, pero me parece que voy a escoger el rosa con la purpurina plateada por encima.

—¡Excelente elección!

Ella sacó los utensilios que necesitaba, los puso sobre la tapa de la caja y la dejó a un lado. Luego pareció acordarse de algo y se marchó de nuevo. Regresó poco después con una toalla de aspecto viejo.

—Es para no manchar la colcha por accidente —explicó, un tanto avergonzada.

Él sonrió, pero no dijo nada. Ella se encogió de hombros y procedió a hacerse la pedicura.

—Tienes unos pies preciosos, ArkAngel —dijo él.

—¿Los pies te la ponen dura, Dopeman? —quiso saber ella en tono jocoso.

—Tú me la pones dura —replicó él—, pero ojalá me pisaras la polla.

—Me temo que solo puedo existir en tu ordenador —replicó ella.

—Lo sé. Es una pena, pero ¿quién sabe? En un futuro, puede que podamos trasladar esto al plano de la realidad virtual —dijo él.

—Es posible —aceptó ella—. ¿Por qué no me cuentas algo de ti mientras espero a que se seque el esmalte?

—¿Como qué?

—Pues… como el tipo de música que te gusta —sugirió ella.

—Me gusta el rap y el rock clásico, principalmente —dijo él—. También escucho algo de punkrock y punk pop. Y música clásica cuando no puedo dormir.

—¿Cuál es tu rapero favorito? Yo he escuchado alguna que otra canción de Skittles, pero solo de pasada.

—Skittles está bien, pero se ha acomodado. Me gustan más AK-V, Slick, Drako y algunas canciones de Wayne East.

—Suena bien. Yo soy más de música alternativa… Likke Ly, Melanie Rodríguez, Seda del Rey, Billie Baelish… Esa clase de cosas.

—Quizá podríamos intercambiar música —sugirió él.

—¡Claro! Déjame algunos links de tus canciones favoritas y yo te pasaré las mías. ¿Qué te parece? —preguntó, acercando los pies a la cámara—. En cuanto se seque, le pondré la purpurina plateada encima.

—Ojalá pudiera chuparte esos adorables deditos que tienes.

—¡Dopeman! —fingió escandalizarse ella, tapándose la cara—. ¿Harías eso de verdad? —preguntó, curiosa, mirando de nuevo.

—Sí, claro. Besaría tus pies por todas partes y luego te chuparía los dedos, uno por uno.

—Eso es lo que te pone, ¿eh? —dijo ella—. Vaya, nunca había conocido a nadie como tú.

—Pues claro que no, preciosa: solo hay un auténtico Dopeman, y ese soy yo. ¿Por qué no pones algo de música? —sugirió él—. Podría pasarte algunas canciones ahora.

—Sí, claro.

 

[21:50] dopeman te ha enviado un link externo.

haz clic aquí para abrirlo en una pestaña nueva.

 

La canción favorita de Dopeman empezó a sonar a través de los altavoces del portátil de ella.

—¡Oh, esto pega fuerte! —comentó ella.

 

[21:53] dopeman te ha enviado 20 dólares.

 

—Baila para mí.

—¿Quieres que me desnude mientras? —preguntó ella.

—No, solo baila.

—Un momento.

ArkAngel movió la cámara hacia atrás y volvió a poner la canción desde el principio. Respiró hondo con los ojos cerrados y entonces empezó a bailar. ¡Y de qué manera! Dopeman pensó que probablemente no bailara de esa forma cuando iba a la discoteca, pero no iba a quejarse de que le diera un trato especial.

—¡Me encanta cómo te mueves, preciosa!

—Qué pena que no tenga una barra, ¿verdad? —dijo ella.

—Pena ninguna —replicó él—, yo soy muy feliz ahora.

—¿Te estás tocando? —quiso saber ella.

—Sabes que sí.

Ella apoyó las manos en la cama, dándole la espalda a la cámara, y empezó a mover el culo en el aire. Twerking lo llamaban, o al menos eso era lo que tenía entendido. No se le daba del todo bien, podía verlo, pero la intención era buena, y la faldita saltaba con el movimiento, permitiéndole atisbar sus bragas de encaje. Dopeman aceleró el ritmo de su masturbación, fantaseando con derramarse sobre ese culo.

Ella se subió a la cama, arrodillándose y empezando a mover las caderas adelante y atrás, como si se follara a alguien invisible, tocándose por todas partes. Fue la gota que colmó el vaso para él, y casi no le dio tiempo a coger un pañuelo. Casi.

—Puedes parar, si quieres —le dijo.

—Oh —dijo ella deteniéndose—, ¿has terminado?

—Sí. Eres así de maravillosa, ArkAngel.

—¡Adulador! Creo que tenías mucha tensión sexual acumulada.

—Es posible. ¡Oh, esto me ha sentado de puta madre!

—¿No tienes novia, Dopeman? —quiso saber ella.

—No. Con mi trabajo, es mejor no tenerla. Las conexiones son un punto débil. Pero tú y yo jamás nos veremos en la vida real, así que es seguro para ti —le prometió.

—Vale.

—¿Nos veremos el viernes que viene? —preguntó él. Esta vez pensaba asegurarse.

—No sé si podré, es el cumpleaños de mi compañera de piso, y probablemente habrá una fiesta y gente —explicó ella—. Pero podría hacerte un hueco el sábado, creo.

—Bueno, lo vamos viendo. Duerme bien, mi preciosa ArkAngel —le deseó.

 

[22:23] has finalizado la videollamada con dopeman.

 

[22:23] dopeman te ha enviado un link externo.

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Dopeman [23:24]:

Aquí tienes una lista de reproducción con mis canciones

favoritas.

 

ArkAngel [23:24]:

Aquí tienes las mías.

 

[23:25] has enviado un link externo a dopeman.

recuerda que no debes revelar datos personales.

 

Dopeman [23:25]:

Que tengas un buen fin de semana.

 

ArkAngel [23:25]:

Tú también.

 

[23:26] dopeman se ha desconectado.

[23:26] te has desconectado.

 

En la oscuridad de su dormitorio, Dopeman cerró el portátil y se subió los pantalones. Por más que le pesara, él nunca dejaba de ser Dopeman. Suspirando, miró la bolsa de deporte que reposaba a los pies de su cama.

—Wes, tío, acaba ya —dijo CC desde el otro lado de la puerta.

—¡Voy! —replicó, calzándose.

Cogió la bolsa y abrió la puerta.

—Pasas mucho tiempo con la stripper esa —lo regañó CC.

—No es una stripper, es una camgirl —lo corrigió él.

—¿Y cuál es la diferencia? —preguntó CC, molesto.

—Las strippers bailan en clubs, las camgirls están exclusivamente en internet. Y por mucho dinero que le des a una stripper, no se masturbará para ti.

—Ya. ¿Vas a hacer esto todos los viernes de ahora en adelante?

—Esa es la idea —replicó él, encogiéndose de hombros.

Antes de su cumpleaños, todos los viernes eran iguales. Iban a ver a los proveedores a medianoche, empezando por el Químico, y, con las ganancias de la semana anterior, recogían más droga para vender. Dopeman intentaba guardar una parte del dinero, pero aquel no era un negocio fijo, así que a veces no era posible. En esta ocasión, la semana previa había sido lo suficientemente buena como para permitirse apartar un 10 % de su parte y guardarlo en el fondo para emergencias que era la caja fuerte escondida en una otomana en su habitación.

La rutina no estaba mal, pero empezaba a sentirse agobiado. Llevaba haciendo aquello desde los dieciséis años y, aparte de algunos roces con la ley, todos los días eran iguales. Las sesiones con ArkAngel eran algo nuevo y excitante en su vida, y pensaba mantener eso todo el tiempo que pudiera.

Después de hacer su ronda, CC y él fueron al 7-Eleven de la esquina, a un tiro de piedra del cochambroso apartamento al que llamaban hogar. Qweenie estaba tras el mostrador, limándose las uñas y mascando chicle.

A Dopeman le caía bien Qweenie. Era alta, con unos músculos bastante marcados, y llevaba su afro usualmente peinado en dos moños, a menudo teñidos de colores. Su manicura y pedicura solían estar siempre como recién hechas, y además tenía una puntería excelente. Lo que más le gustaba a Dopeman de Qweenie, sin embargo, era que nunca te juzgaba.

—¿Qué pasa, Q? —saludó CC.

—No mucho, ya sabéis. Han entrado unos críos, luego un borracho, y una señora ha comprado pañales hace quince minutos —explicó ella—. ¿Qué tal vosotros?

—Wes ha encontrado una afición nueva —dijo CC alegremente.

—Ah, ¿sí? ¿Cuál es?

—CC… —le advirtió él.

—Pelársela todos los viernes con una camgirl —respondió CC, ignorándole—. ¿Cómo era su «nombre artístico», ArkAngel? —preguntó.

Él le sacó el dedo.

—¿Es eso verdad, Wes? Espero que esa chica sea mayor de edad —dijo Qweenie.

Puede que Qweenie no juzgara lo que la gente hacía con su vida, pero la excepción era todo lo que tenía que ver con involucrarse con menores de edad, especialmente si se trataba de chicas. Entonces sí que te juzgaba y, si conocía personalmente a la chica, probablemente quisiera darte un beso en las pelotas… con su bate de béisbol.

—Es una universitaria —replicó él, un tanto a la defensiva.

—Oh. Entonces, si te hace feliz, adelante.

—¿Te estás quedando conmigo? —dijo CC—. Esa chica le está robando el dinero.

—¿Robando? No lo creo. Ella provee un servicio y Wes paga por él, yo no veo ningún robo ahí. Hablando de lo cual, ¿vas a pagar esas cervezas, CC? —preguntó Qweenie.

—Sí, joder, claro que voy a pagarlas. ¿Wes?

—Yo pagué la última caja de cervezas, te toca a ti —replicó él, categórico.

—¡Vale! Toma tu cochino dinero. ¿Contenta?

—Mucho —replicó la interpelada, contando los billetes.

—Y esto, por favor —añadió Wes, poniendo un par de chocolatinas sobre el mostrador.

—Su cambio, caballeros —dijo Qweenie, devolviéndoles unas monedas—. Nos vemos.

—Tío, no vuelvas a hacer eso —le advirtió Wes a CC mientras salían de la tienda―. Si te digo que te calles, cállate.

—¿No confías en Q?

Wes respiró hondo, intentando contener la ira que amenazaba con hacerle estallar.

—Claro que sí —dijo al fin—, pero ella no tiene por qué saber de mis hábitos sexuales, ¿de acuerdo?

—Vale, no le diré nada más. Aunque es gracioso, ¿no? —continuó CC—, que la chica de tus sueños haya resultado ser…, bueno, que podrías no haberla vuelto a ver nunca más.

—Sí…, ha sido mucha suerte.

«Suerte» no era la palabra adecuada en realidad. A primera vista, sus vidas eran tan distintas que parecía imposible que fueran a encontrarse, y, sin embargo, ahí estaban. Tenían más cosas en común de lo que nunca podrían haber llegado a imaginar.

Molly había cumplido seis años la primera vez que la mandaron a terapia por su comportamiento en el colegio. No es que fuera mala, pero parecía que tenía un problema de agresividad, así que el psicólogo recomendó que, además de la terapia, practicase algún deporte de contacto para liberar el exceso de energía de una forma controlada.

Su padre decidió que lo mejor era apuntarla a kárate, porque pensaba que la disciplina de un arte marcial la ayudaría a calibrar su brújula moral. Y resultó que tenía razón. Además, a Molly se le daba bien y, siempre que se tomara su medicación para la arritmia y siguiera las pautas del médico a la hora de hacer ejercicio, nada le impedía tumbar a rivales el doble de grandes. Unos años después tenía una colección de medallas bastante imponente, y sus compañeros de clase habían aprendido ―a veces por las malas― que era mejor no meterse con ella o con sus amigos.

Wes no había tenido el privilegio de acudir a una escuela con un psicólogo en plantilla, ni a unos padres ricos que le pagaran las clases de kárate; él iba a un colegio público y tenía unos padres de acogida que cambiaban cada poco, y todos rezongaban cada vez que tenían que comprar sus pastillas para el corazón. Había comprendido por su cuenta que el deporte podía ayudarlo, y por eso hizo las pruebas para varios equipos del colegio. Pero siempre acababan echándole porque, aunque el deporte no se le daba mal, se peleaba con sus compañeros con bastante frecuencia.

La burla más habitual era hacia sus ojos, o porque a veces tenía que parar por la arritmia. Tras un incidente en que lo sacaron de la cancha de baloncesto en camilla, las burlas se redoblaron, y dejó de intentar jugar a nada. En el instituto podría haberse unido al equipo de fútbol americano, donde su agresividad habría sido un punto a su favor, pero ya entonces andaba con CC, y los dos chicos se pasaban las tardes metiéndose en líos y rondando al camello de la escuela, un chico algo mayor, esperando que les aceptara. Solo fue cuesta abajo a partir de ahí.

Verse los viernes era algo que les sentaba bien a ambos, incluso aunque no supieran por qué más allá de la razón evidente.

 

III

 

 

Dopeman [21:05]:

Hola, preciosa. Qué pena que al final no pudiéramos vernos la semana pasada.

 

ArkAngel [21:05]:

Sí, lo siento. Pero disfruté mucho de tu jueguecito.

 

Dopeman [21:05]:

Me alegro de que te gustara.

Dopeman [21:06]:

Hoy sí que puedes encender la cámara, ¿no?

 

ArkAngel [21:06]:

Por supuesto.

ArkAngel [21:06]:

Oh, y esto te va a gustar: mi compañera de piso no está, así que no hay peligro de que nadie entre.

 

Dopeman [21:07]:

¿Te gustaría verme hoy?

 

ArkAngel [21:08]:

No sé…

 

Dopeman [21:08]:

¿Qué ocurre, preciosa?

 

ArkAngel [21:09]:

Tengo una imagen de ti en mi cabeza, y probablemente no sea cercana a la realidad, pero es reconfortante, en cierto modo.

ArkAngel [21:09]:

No sé si quiero sustituir esa imagen por la realidad.

 

Dopeman [21:10]:

Entiendo. Creo.

Dopeman [21:10]:

La próxima vez, a lo mejor.

 

[21:11]has recibido 60 dólares de dopeman.

 

El cuadrado gris se iluminó. Esta vez ella llevaba un vestido de tirantes azul oscuro con detalles de encaje en blanco, medias de rejilla blancas, las alas, y las uñas pintadas de azul claro. Su maquillaje era más sutil, con énfasis en el colorete y en el delineado de gato, hecho en blanco, lo cual, unido a las dos coletas bajas en las que se había recogido el pelo, le daba un aspecto inocente.

—Hola, Dopeman. ¿Qué quieres hacer hoy?

—Hola, preciosa. Enséñame los pies. —Ella acercó los pies a la cámara—. ¡Llevas la misma pedicura! —se sorprendió él.

—Pues claro, la escogiste tú —dijo ella, sonriendo.

—Eres un auténtico encanto. Quítate el vestido.

 

[21:15] has recibido 10 dólares de dopeman.

 

Ella hizo lo que le pedía. Debajo llevaba un conjunto de lencería blanco consistente en un corpiño de encaje y unas bragas a juego. Ya que él solo le había dado diez dólares, volvió a ponerse las alas.

—¿Te gusta? —preguntó ella, pasando las manos por encima del corpiño—. Me lo compré para ti.

—Estás muy guapa. He estado pensando en una cosa… El unicornio, ¿duermes con él? —quiso saber Dopeman.

—Solo es decorativo.

—¿Cuánto por masturbarte con él?

—¿Quieres que me restriegue contra él? —preguntó ella, confusa.

—Sí, exacto. No hace falta que te quites nada, solo ponlo entre tus piernas y restriégate como si te lo estuvieras follando.

—Vale… Veinticinco, entonces.

—Bien.

 

[21:21] has recibido 25 dólares de dopeman.

 

—¿Así? —preguntó ella, empezando a hacer lo que le había pedido.

Como él esperaba, hizo el mismo movimiento de caderas que la vez anterior.

—Sí, eso es. Te mueves como una profesional —alabó.

ArkAngel soltó una risita, tapándose la cara con las manos, pero no se detuvo. Después de un par de minutos se inclinó, apoyando las manos sobre la cama, cambiando el ángulo de sus caderas. Se mordió el labio y emitió un gemido.

—¿Nunca habías hecho esto antes? —preguntó él, divertido. Ella negó con la cabeza —. Sigue, esos adorables ruiditos que haces me la ponen superdura.

—¡Qué cosas más bonitas me dices, Dopeman…!

Era algo hipnótico, ver cómo movía las caderas, frotándose contra ese peluche. De nuevo, Dopeman deseó poder tocarla de verdad; a veces se sentía muy solo. Apartó ese pensamiento sacudiendo la cabeza. Como le había dicho la primera vez, su vida debía quedarse al margen de aquello.

Esbozó una media sonrisa al ver cómo aceleraba su movimiento.

—¿Vas a correrte?

—¡Sí!

—Di mi nombre.

—¡Dopeman! —gritó ArkAngel.

Su espalda se arqueó, sus puños agarraron la colcha, y luego cayó hacia atrás, sobre las almohadas, respirando agitadamente.

—Eres la cosa más bonita que he visto en la vida —dijo él, también respirando agitadamente.

—Si sigues diciéndome esas cosas, empezaré a creérmelas —bromeó ella.

—Oh, seguro que te las dicen a todas horas —replicó él.

—En realidad, no. No tengo otros clientes.

—¿Por qué no?

—¡Porque son unos groseros! —exclamó ella, cogiendo su teléfono móvil y abriendo la galería de imágenes; había hecho capturas de todo—. Escucha esto: «¿Cuánto por meterte un dildo por el culo?»; «¿Tienes pinzas para pezones?». Y este otro: «¿Cuánto por chuparte tu propio coño?». Y esos son sus primeros mensajes; ni siquiera dicen hola.

—Jo-der.

—Ninguno tiene modales —se quejó ella—. Aunque al último tuve que contestarle que no importa lo que quiera pagarme por hacer eso, no soy lo suficientemente flexible. —Dopeman rio y ella esbozó una sonrisa—. ¡Oh, mierda, mis bragas están arruinadas!

—Cámbiate.

—Quid pro quo, Dopeman —replicó ella—. Si quieres que lo haga en cámara, tienes que soltar un poco de pasta.

—Eres una dura negociadora —dijo, pero le transfirió el dinero igualmente, porque ¿qué iba a hacer si no?

 

[21:55] has recibido 10 dólares de dopeman.

 

Ella sonrió, abrió el cajón de la mesita de noche y sacó unas bragas blancas sencillas. Con parsimonia, como una gata remilgada acicalándose, se quitó las otras.

—Enséñamelas, quiero ver lo muy cachonda que te has puesto.

Ella terminó de cambiarse y se tumbó boca abajo, con los pies cruzados en el aire. Sonriendo, le mostró las bragas, el blanco oscurecido por la humedad en la zona de la entrepierna. Su cara estaba tan cerca de la cámara que podía ver unas pocas pecas dispersas por su nariz y percibir lo artificial que resultaba el verde de sus ojos. Sin duda alguna, como la peluca, las lentillas eran algo para ayudarla a separar los dos mundos y proteger su identidad. Pero aun así le dijo:

—Tienes unos ojos preciosos.

—¡Cállate! No te gusto por mis ojos.

—No, eso es cierto, pero una cosa no quita la otra. ¿Qué vas a hacer cuando me vaya? —quiso saber él.

—La colada —dijo ella, haciéndole sonreír— y estudiar para algunos exámenes. Tengo un par de trabajos que terminar, así que más vale que me ponga con ellos también. ¿Qué vas a hacer tú?

—Trabajar —replicó él lacónicamente.

—¿Nunca paras de trabajar?

—Bueno, ahora mismo no estoy haciendo nada relacionado con el trabajo ―indicó él.

—Oh, eso espero. ¿Qué es ese ruido?

CC estaba llamando a la puerta de Wes.

—Mi compañero de piso. Lo siento, preciosa, pero tengo que irme. Que pases una buena semana, y nos vemos el viernes.

—Buenas noches, Dopeman —le deseó ella.

—Buenas noches, ArkAngel.

 

[22:29] has finalizado la videollamada con dopeman.

[22:29] dopeman se ha desconectado.

[22:30] te has desconectado.

 

ArkAngel rodó sobre la cama hasta quedar boca arriba y se quitó la peluca. Suspirando, cerró el portátil sobre su escritorio y se cambió de ropa a un pantalón de pijama corto y una sudadera roja. Miró al maltratado peluche y este pareció devolverle una mirada de reproche con sus ojos de plástico.

—Lo siento, pero Dopeman me lo pidió —le dijo—. Será mejor que te meta en la lavadora.

Cuando su compañera llegó, a eso de las once, estaba mirando cómo la ropa daba vueltas en la secadora mientras intentaba concentrarse en sus apuntes.

—¿Estás haciendo la colada? —preguntó Anne. Sin mirarla, Molly asintió—. ¿Qué te pasa últimamente, Mol? Te encierras los viernes en tu cuarto durante horas, y la semana pasada fuiste tantas veces al baño que parecía que te habías bebido cinco litros de Sunny C.

—¿De verdad quieres saberlo? —Anne asintió—. Si te lo cuento, tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie. Especialmente a mis padres.

—Ni una palabra, lo juro.

—Vale… Tengo un perfil en una página de camgirls y todos los viernes hablo con un tío llamado Dopeman. Y, bueno, hago cosas para él —dijo ella.

—Estás de coña, ¿no?

Molly negó con la cabeza.

―Se te ha ido la olla ―siguió su amiga―. ¿Por qué lo haces? No es como si necesitaras el dinero.

—No, pero… hablar con Dopeman es como una droga, se hace adictivo. Creo que es por la adrenalina.

—Ya… ¿Y qué clase de cosas haces? —quiso saber Anne, la curiosidad venciendo el rechazo.

—Lo que me pida, siempre que pague y esté dentro de mis límites —repuso ella, encogiéndose de hombros.

—¿Y cuáles son tus límites?

—Ni idea —admitió Molly. Eso la asustaba un poco, pero procuraba no pensar en ello demasiado—. Supongo que lo descubriré cuando me pida algo que se salga de ellos.

—Él no sabe dónde vives ni nada, ¿verdad?

—¡Claro que no! ¿Me tomas por tonta? Ni siquiera sabe mi nombre real, y yo tampoco el suyo.

—¿Tampoco le has visto la cara?

—No. Podría ser cualquiera.

—Podría ser uno de esos tipos que creen que les debes algo por tratarte con un mínimo de amabilidad y despotrican de lo mal que les trata la sociedad en el sótano de su madre mientras juegan a videojuegos todo el día. ¿Has pensado en eso?

—Supongo que podría ser, pero… no suena como uno. Quiero decir, que todavía no ha dicho nada para hacerme pensar que es uno de ellos. Y tiene una voz muy bonita.

—Estás loca. Pero…, si es lo que te hace feliz…, adelante, supongo. Yo te apoyo, ya lo sabes.

—Gracias, Anne.

 

 

Tar Pit les dio otro encargo como el del día del cumpleaños de Wes. Esta vez era el cumpleaños número 21 de la hija de una presentadora de telediarios muy famosa ―aunque Wes no la conocía, porque ni él ni CC tendían a ver los telediarios―. Al parecer, la chica era por derecho propio una bloguera de moda bastante conocida y había invitado a todos sus amigos a una fiesta en uno de los clubs más exclusivos de la ciudad. Claro que Cleveland no era Los Ángeles, ni siquiera se parecía a Nueva York, pero los niños ricos solían desmadrarse en ocasiones como esa, y su presencia resultaba mucho menos llamativa en un club que en una casa particular.

Así que el sábado CC y él se vistieron para ir al club y se encaminaron a la fiesta. Conocían al portero y les dejó pasar con un poco de motivación en forma de billetes.

Había algunas caras conocidas entre los asistentes, así que no les costó mezclarse con los invitados, ni ponerse a vender. Wes calculaba que podían superar las expectativas de Tar Pit.

Molly estaba en aquella fiesta en calidad de amiga de amiga de amiga. Anne había salido con Isabelle por su segundo aniversario, así que Mandy la había arrastrado hasta allí porque no quería ir sola. Por eso estaba en aquel club al mismo tiempo que Wes, aunque ninguno de los dos lo sabía aún.

Mandy volvió con las bebidas y un compañero de clase suyo llamado Lenny a remolque.

—¿Qué estás mirando? —le preguntó Mandy, pasándole la copa.

—A ese tío de ahí —indicó Molly, señalándolo con la cabeza mientras cogía el vaso que le pasaba su amiga—. No creo que sea amigo de Lily, ¿tú sabes quién es?

—Ni idea —dijo Mandy, dándole un sorbo a su bebida.

—Es el tío de los caramelos, si sabéis a qué me refiero —dijo Lenny, moviendo las cejas sugestivamente—. Normalmente opera en la zona suroeste, cerca del McDonald’s ese tan turbio… Pero, si hay una fiesta, puedes contar con que estará presente.

—¿Qué McDonald’s turbio en concreto, Lenny? —le presionó Molly.

—Ya sabes, aquel donde dispararon a un par de tíos en el aparcamiento el año pasado.

Recordaba el tiroteo del McDonald’s porque había estado en ese mismo restaurante con Anne, Isabelle, Mandy y Helen el día anterior al incidente. En cuanto salió en las noticias, sus padres le prohibieron volver a acercarse a ese local en particular, aunque sabía que la prohibición se extendía a toda la zona.

—No le había visto antes —comentó Molly.

Pensativa, le dio un sorbo a su bebida.

—Tampoco es que salgas mucho, ¿no crees? A menos que sea una ocasión especial —indicó Mandy.

—O me arrastres a la fiesta de cumpleaños de alguien a quien no conozco ―replicó Molly.

—¡Es que, si no, no habrías venido! —se defendió su amiga.

—Perdona por tomarme en serio mis estudios —replicó ella, sarcástica.

«El hombre de los caramelos» estaba ahora rodeado de chicas que reían, incluida la cumpleañera. Se habían sentado en uno de los sofás y, si se fijaba bien, podía ver cómo les pasaba unas pastillas de colores.

—¿No es un poco contraproducente para un camello ser tan llamativo? ―reflexionó en voz alta.

El traficante era un tipo alto y rubio y llevaba una camisa de seda verde abierta hasta casi el ombligo que dejaba ver que tenía un montón de tatuajes, unos pantalones negros con las rodillas cortadas y unas zapatillas Converse a juego con la camisa.

—A mí no me parece llamativo —dijo Lenny, encogiéndose de hombros—. Va vestido bastante normal.

—Pues yo me lo tiraba —comentó Mandy. Molly y Lenny la miraron, sorprendidos —. ¿Qué? Está bastante bueno.

—Si te gusta la basura blanca —rio Lenny—. De verdad, no pensaba que tuvieras tan mal gusto.

Molly le dio la espalda al traficante y se concentró en la discusión de sus amigos en un intento por dejar de pensar en él. Sus ojos tenían un aspecto raro, pero no podía estar segura, con todas aquellas luces de colores convirtiendo el local en un paisaje de otro mundo. Un estremecimiento le recorrió la espalda, y echó otro trago a su bebida para intentar acallar aquella extraña ―aunque no del todo desagradable― sensación en la parte de atrás de su cerebro.

Wes se levantó, dejando atrás a unas chicas que bromeaban y se reían mientras esperaban a que el éxtasis les hiciera efecto. Con la vista fija en la chica del pelo castaño y ondulado cortado a la altura de la barbilla, se abrió paso hasta el grupo, sin embargo, cuando llegó hasta ellos, la chica ya no estaba. Compuso su sonrisa de hacer negocios para ocultar su decepción, y se volvió hacia los otros dos.

—Hola, chicos, ¿queréis pasarlo bien? —les preguntó.

—Depende —dijo la chica pelirroja, jugueteando con un mechón de su pelo—, ¿vas incluido en la oferta?

—¡Mandy! —la riñó el chico—. Discúlpala, el alcohol le suelta la lengua. ¿Tienes algo de hierba?

—Claro, chaval, toda la que quieras.

Esperó todo lo que pudo mientras les vendía la hierba, pero al final tuvo que marcharse, y la chica no había vuelto. Resignado, se dio la vuelta y fue a buscar a CC; ya casi no le quedaba nada que vender, así que tendrían que irse pronto.

En el exterior del club, Molly estaba apoyada en la fachada, un tanto alejada de la puerta, respirando hondo el frío aire de la noche. Había empezado a sentirse mareada, así que había dejado su copa a medias en la superficie plana más cercana y había salido, deteniéndose solo para comprar una botella de agua y coger su chaqueta. El agua y el aire fresco la habían hecho sentir mejor, pero ahora no le apetecía volver dentro.

 

Tú (23:45):

Me voy a ir a casa, no me encuentro bien.

 

Mandy (23:48):

¿Quieres que te acompañe?

 

Tú (23:48):

No hace falta, cogeré un taxi. Pasadlo bien por mí.

 

Mandy (23:49):

De acuerdo.

Te llamo mañana.

Mejórate.

 

Tú (23:49):

Gracias.

 

Tras coger un taxi, llegó a casa pasada la medianoche. Se obligó a sí misma a darse una ducha antes de irse a dormir, aunque el agua no se llevó la imagen del traficante que había visto en el club. Por alguna razón, su presencia le había hecho sentirse inquieta y acalorada. Se revolvió en la cama unas cuantas veces antes de encontrar la postura y, justo antes de dormirse, tuvo el pensamiento de que Mandy tenía razón en una cosa: era atractivo.

 

IV

 

 

Dopeman [21:02]:

Hola, preciosa.

 

ArkAngel [21:02]:

Hola, Dopeman.

 

Dopeman [21:02]:

¿Cómo han ido los exámenes? Venga, cuéntame.

 

ArkAngel [21:03]:

Me falta saber la nota de uno, pero todos los demás están aprobados de sobra.

 

Dopeman [21:03]:

¿Todo A+?

 

ArkAngel [21:03]:

Bueno, casi todos.

ArkAngel [21:04]:

Oh, y el profesor de Historia del Cine nos ha devuelto los trabajos corregidos. Ha dicho que mi análisis sobre el cine propagandístico de Leni Riefenstahl durante la Segunda Guerra Mundial es el mejor que ha visto en los últimos cinco años.

 

Dopeman [21:05]:

Eso es genial, preciosa.

 

ArkAngel [21:05]:

¿Y tú cómo estás?

 

Dopeman [21:06]:

El negocio va bien. Pago las facturas, puedo permitirme algún capricho…

 

ArkAngel [21:06]:

No te he preguntado por tu trabajo.

 

Dopeman [21:06]:

¿No? Bueno, no hay mucho más en mi vida. El trabajo, mis amigos…, tú. Eso es todo.

Dopeman [21:07]:

Y todo eso va bien.

 

ArkAngel [21:09]:

Dopeman, ¿somos amigos?

 

Dopeman [21:09]:

Claro.

 

ArkAngel [21:09]:

Bueno, entonces, quiero que sepas que puedes hablar conmigo de lo que quieras. No te juzgaré y jamás le contaré a nadie lo que me digas.

 

Dopeman [21:10]:

¿Como en el secreto de confesión?

 

ArkAngel [21:10]:

Algo así. Sé que te mueves al margen de la ley. Jamás te delataría, si es lo que te preocupa.

 

Dopeman [21:10]:

No voy a hablar contigo de mi trabajo.

Dopeman [21:11]:

No porque no confíe en ti. Lo hago. Pero prefiero mantenerte separada de todo eso.

 

ArkAngel [21:11]:

De acuerdo, pero puedes hablarme de lo que quieras.

 

Dopeman [21:11]:

Y ya lo hago, preciosa.

 

ArkAngel [21:12]:

Me gustaría verte. ¿Tienes alguna foto reciente en tu teléfono?

 

[21:13] dopeman te ha enviado una foto. haz clic aquí para abrirla.

 

La foto mostraba un hombre en la veintena, en apariencia bastante alto, con muchos tatuajes, y el pelo teñido de rubio. Vestía una camiseta blanca sencilla, vaqueros y zapatillas deportivas. Llevaba un aro en la nariz y un pendiente en forma de cruz, y sus ojos eran de un azul tan claro que casi parecía blanco. Detrás de él se veía la fachada de un 7-Eleven. Le sonaba de algo y entonces se dio cuenta de dónde le había visto antes: era el traficante de la fiesta de Lily.

—Hola, hombre de los caramelos —susurró para sí.

Hizo zoom en su cara ―por suerte era una foto de alta definición― fijándose en sus ojos casi albinos.

 

ArkAngel [21:16]:

¿Llevas lentillas de color?

 

Dopeman [21:16]:

No. Sé que parece que son lentillas, pero son así de forma natural, desde antes de que pueda recordar.

 

ArkAngel parpadeó, notando las lentillas sobre los suyos, y le pareció que su corazón se saltaba un latido, pero tenían que ser imaginaciones suyas, porque se había tomado su medicación.

 

ArkAngel [21:16]:

Eres guapo.

 

Dopeman [21:17]:

Gracias.

 

[21:18] dopeman te ha enviado 60 dólares.

[21:18] has iniciado una videollamada con dopeman.

[21:19] dopeman quiere encender su cámara.

haz clic aquí para aceptar la petición. haz clic aquí para denegarla.

 

—Hola, Dopeman.

—Hola, preciosa.

Ella llevaba una camiseta transparente blanca, con unas alas plateadas bordadas en el frontal, un conjunto de lencería rosa, y unos pantalones de deporte cortos, en azul pastel; esta vez no se había puesto las alas. Su maquillaje volvía a ser sutil, pero se había pintado los labios de rojo oscuro, haciendo que destacaran poderosamente sobre el resto de sus rasgos. Dopeman se imaginó esos labios alrededor de su polla, y un estremecimiento de deleite le recorrió la espalda.

—Enciende la luz, casi no te veo —pidió ella.

Él encendió la luz. Como siempre que hablaba con ella, estaba desnudo de cintura para arriba. Aún llevaba puestos unos pantalones de chándal, pero eso ella no podía verlo.

—Vaya, tienes un montón de tatuajes, muchos más de los que se ven en la foto ―comentó ella, sonriendo. Había podido vislumbrarlos vagamente en el club, pero era diferente tenerlos en pantalla—. ¿Qué quieres hacer hoy, Dopeman?

—¿Te has duchado esta mañana? —preguntó él.

—Por supuesto.

—¿Y te has echado crema hidratante? —quiso saber.

—La verdad es que no —reconoció ella.

—Ve a por tu crema —le ordenó él—. Y cuando vuelvas, jugaremos un poco.

—¡Vale!

ArkAngel saltó de la cama y salió de plano. Volvió al cabo de un par de minutos, con un tubo rojo de leche corporal.

 

[21:25] has recibido 20 dólares de dopeman.

 

—Quítate la ropa.

—Sí, Dopeman.

Ella se quitó la camiseta y el pantalón, y se quedó en ropa interior.

—¿Eso es un tanga? —quiso saber él.

—Sí —dijo ella, sonrojándose.

—Enséñamelo.

Ella se dio la vuelta sobre la cama, levantando el culo en el aire, para que el pudiera verlo bien. El tanga tenía una rosa bordada en la parte de atrás.

—Exquisito. ¿Qué tal si empiezas a ponerte la crema? —le sugirió él.

—Claro, Dopeman.

Como esperaba, empezó por los pies, subiendo poco a poco por sus piernas, primero una, luego la otra, de forma sensual. Era como contemplar uno de esos cuadros renacentistas de los museos, si los cuadros se movieran y las mujeres retratadas en ellos llevaran lencería y una peluca azul. Volvió a darse la vuelta para que viera bien cómo extendía la crema hidratante por sus nalgas, masajeándolas quizá un poco más de lo necesario.

 

[21:49] has recibido 10 dólares de dopeman.

 

—Quítate el sujetador, tus pechos también necesitan hidratación.

—¡Desde luego! ¿Sabías que la piel es más fina en esa zona? —comentó ella, empezando a extender la crema por sus pechos.

—No sabes cómo me pone verte hacer esto.

—Ahora puedes enseñármelo —le recordó ella, pasando a los brazos.

—Cierto, me había olvidado de eso.

Dopeman movió la cámara de tal forma que ella viera el bulto en sus calzoncillos. Había una manchita más oscura allí donde se le habían escapado unas gotas de líquido preseminal. Con lentitud, tiró de la tela hacia abajo, liberando su erección.

—¡Oh, Dios mío! —exclamó ArkAngel, dejando caer el bote de crema.

—¿Qué?

—Nunca había visto una tan grande. En la foto me pareciste alto, pero no habría esperado eso ni en un millón de años. Es enorme.

—Lo dices para halagarme —replicó él, volviendo a poner la cámara en su posición inicial.

—Qué va, es la verdad. Oye, si el negocio no va bien, siempre puedes cambiar de profesión. Serías un camboy muy popular —bromeó ella.

Dopeman no pudo más que reírse, y ArkAngel rio con él.

—¿Confías en mí? —le preguntó cuando pudo parar de reír.

—Confío en ti.

—¿Qué tal si sacas el vibrador de punto G? Sé que puede vibrar al ritmo de la música que quieras, así que he pensado que podría escogerte un par de canciones.

—Vale, sí, me gusta la idea.

Ella fue a por sus juguetes y regresó poco después con el vibrador y un bote de lubricante de base agua.

 

[22:12] has recibido 40 dólares de dopeman.

 

—¿Tienes la lista que te pasé?

—Sí —respondió ella, quitándose el tanga.

—¿Puedes usarla? —preguntó él—. Si no…

—No te preocupes, puedo usarla —lo interrumpió ella, cogiendo su teléfono y accediendo a la aplicación de control remoto del vibrador. Al mismo tiempo, con la otra mano, empezó a acariciarse—. Tengo ambas cuentas sincronizadas. Dopeman, voy a necesitar algo de preparación para meterme el vibrador, así que, ¿por qué no me cuentas algo mientras?

—El otro día soñé contigo —dijo él—. Estabas en mi habitación, pero no podía tocarte, había como una barrera en medio.

—¿Como un cristal? —preguntó ella.

—No exactamente… Era ligeramente elástica, pero no podía atravesarla. Y tú decías: «Hola, Dopeman, ¿qué quieres hacer hoy?». Y yo te daba órdenes, como hacemos siempre. Pero después de un rato te aburrías, así que decidías pasar a mi lado de la habitación. Porque tú sí que podías traspasar la barrera.

—¿Y qué pasaba entonces?

—No lo recuerdo, pero asumo que follamos, porque me desperté y me había corrido en los calzoncillos.

—Vaya, eso es… —empezó ella, y el movimiento de su mano se detuvo. ¿Cuál era la palabra adecuada?

—Lo siento, no debería habértelo contado —dijo él, antes de que pudiera formular un pensamiento coherente.

—No, es halagador, en cierto modo —lo tranquilizó ella—. Creo que estoy lista.

Tras encender y embadurnar el vibrador en lubricante, se lo introdujo de modo que solo la antena, de un rosa intenso, quedaba fuera.

—Empieza por la tercera canción y sigue desde ahí —dijo él.

—De acuerdo —contestó ella, limpiándose las manos de lubricante y poniendo la canción—. ¡Oh, Dios! ¡Siento las guitarras en el alma!

Dopeman se rio, pero empezó a masturbarse. Tras un momento, ella empezó a estimularse el clítoris, a pesar de que no le había ordenado que lo hiciera ni le había pagado para ello. Ni siquiera se dio cuenta del ruido que estaban haciendo hasta que CC golpeó la puerta.

—¡Tío, ponte los auriculares o dile a la camgirl esa que baje el volumen! Estoy intentando ver la tele.

ArkAngel se tapó la boca, riendo.

—¡Lo siento! —gritó él en dirección a la puerta, pero se apresuró a ponerse los auriculares con una sola mano.

—Dopeman, no sé si voy a llegar a la segunda canción… —dijo ella, mordiéndose el labio.

Pero sí que llegó, hasta el primer estribillo de la segunda canción, en concreto. La vio tensarse y sacudirse, agarrando un puñado de las sábanas con la mano que le quedaba libre.

—¡Oh, Dopeman! —exclamó.

Fue lo único que hizo falta para que él alcanzara el clímax también. Respirando agitadamente, ArkAngel procedió a sacarse el vibrador y, sin que él se lo pidiera, lo acercó a la cámara.

—Delicioso —comentó él, haciéndola reír.

—Tengo que ir a limpiarme, tengo lubricante y fluidos vaginales por todas partes —dijo ella—. ¿Me esperas?

—Claro, preciosa, ve.

Mientras ella no estaba él aprovechó para ir al baño también. Cuando volvió, ella estaba cambiándose de ropa.

—Te tiemblan las rodillas —comentó él, divertido.

—¡Es culpa tuya! —lo acusó ella en tono jocoso—. Hablando de culpa, pídele perdón a tu compañero de piso de mi parte, ¿vale?

—Se lo diré, pero no esperes que te perdone.

—No le caigo bien, ¿eh?

—No le hagas caso, solo está celoso porque ahora paso tiempo contigo en lugar de estar bebiendo cerveza y viendo telebasura con él.

Como si lo hubiera convocado, CC abrió la puerta.

—¿Has terminado ya con la ciberprostituta? —preguntó.

Dopeman le sacó el dedo sin mirarlo.

—Lo siento, preciosa, el deber me llama —suspiró él—. Nos vemos el viernes que viene.

—Hasta luego, Dopeman.

 

[23:03] has finalizado la videollamada con dopeman.

[23:03] dopeman se ha desconectado.

[23:03] te has desconectado.

 

—¿Es que acaso te molesta que sea feliz durante un rato? —preguntó Wes, saliendo de la habitación tras terminar de vestirse.

—Claro que no, pero estás descuidando el trabajo —replicó CC.

—Vamos, no me mientas: la odias.

—¿Cómo puedo odiarla si no la conozco? —replicó CC—. Eso sí, la próxima vez acuérdate de ponerte los auriculares.

—Tío, ¿de qué te quejas? ¡Porno gratis! —bromeó él.