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La singular figura de Juliano el Apóstata ha sido evocada por autores contemporáneos como Ibsen y Gore Vidal. El emperador romano Flavio Claudio Juliano (360-363 d.C.) fue apodado "el Apóstata" por haber abjurado de la fe cristiana. Educado en ella, se apasionó sin embargo por el clasicismo y los dioses paganos: completó su formación en Éfeso y Atenas, donde ahondó en el neoplatonismo. Una de las periódicas oleadas de matanzas entre aspirantes a César le reportó el mando de la Galia y Britania, y la muerte de Constancio le convirtió en emperador único. En esta capacidad proclamó su paganismo y la tolerancia religiosa general, no sin alguna persecución a los cristianos. Juliano expresó su antipatía por los cristianos en Contra los galileos, del que el piadoso emperador Teodosio II ordenó destruir todas las copias y que habría desaparecido por completo de no ser por los muchos fragmentos que Cirilio de Alejandría citó en su réplica. El estado fragmentario en que nos ha llegado la obra no permite emitir un juicio de valor global sobre ella, pero sí conocer algunos de sus argumentos: critica la cosmogonía y la concepción exclusivista y antropomórfica del judaísmo, y al cristianismo por haber tergiversado al primero. Este volumen se completa con una colección de cartas del emperador, tanto oficiales –órdenes militares, instrucciones a gobernadores y a ciudades– como privadas, y el conjunto de las leyes que promulgó una vez convertido en emperador único: decretos sobre la reapertura de los templos y la devolución de sus bienes, así como sobre impuestos y municipios, administración y ejército.
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Seitenzahl: 485
Veröffentlichungsjahr: 2016
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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 47
Asesore para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., las traducción de este volumen ha sido revisadas por LUIS ALBERTO DE CUENCA Y PRADO .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
López de Hoyos , 141,28002 Madrid..
www.editorialgredos.com
Los textos latinos del presente volumen, que comprenden algunas cartas, una gran parte de los testimonios y la casi totalidad de las leyes, así como el retrato final de Amiano Marcelino, han sido traducidos por Pilar Jiménez Gazapo; los textos griegos, por José García Blanco.
PRIMERA EDICÓN , 1982.
ISBN 9788424930721.
CONTRA LOS GALILEOS
INTRODUCCIÓN
«Como el invierno hacía largas las noches, junto a otros muchos brillantes discursos, atacó los libros que hacen a ese hombre de Palestina dios e hijo de dios, y en una larga y dura polémica demostró que tales honores son pura irrisión y garrulería; en este tema se mostró más sabio que el viejo de Tiro» (es decir, Porfirio). Así nos presenta su amigo Libanio 1 la lenta composición, a lo largo de los meses de invierno pasados en Antioquía, de este tratado de Juliano, del que sólo nos han llegado los fragmentos que tuvo a bien reproducir el obispo de Alejandría Cirilo, que escribió una larga refutación del mismo, En defensa de la santa religión cristiana contra los libros del impío Juliano , entre los años 433 y 441 2 .
Conservamos los diez primeros libros del tratado de Cirilo, que responden al primero de Juliano, más algunos fragmentos de los libros 11-20, que responderían al segundo del emperador 3 . Basado en ello, Neumann supuso que Cirilo habría escrito 30 libros, diez por cada uno de Juliano, pero esta hipótesis es indemostrable y sólo hay seguridad de que escribió veinte. En su dedicatoria, dirigida al emperador Teodosio II, afirma Cirilo que Juliano escribió tres libros contra los galileos y nos da los motivos que le han impulsado a esta refutación: la elocuencia de Juliano, las abundantes citas de la escritura que utiliza, «aunque no sabe lo que dice», y el hecho de que muchos paganos dicen que los libros de Juliano nunca han sido refutados. Y es sorprendente, sin embargo, que Cirilo emprendiese tamaña tarea, puesto que tenemos la impresión de que el tratado de Juliano no debía de ser muy corriente ya en su época; en efecto, tanto en el decreto de 431, en que se condena a la hoguera el tratado de Porfirio contra los cristianos, como en la ley del 448 de Teodosio II, con el mismo objetivo, no aparece el nombre de Juliano 4 .
Sea como sea, sabemos que Teodoro de Mopsuesta y Felipe de Sido escribieron ya a principios del siglo V refutaciones de Juliano 5 , y Neumann señala que quizá fuera el deseo de corregir algunos puntos de vista heterodoxos del primero lo que llevó a Cirilo a la composición de su obra 6 . En la misma introducción dice el obispo de Alejandría que ha excluido las blasfemias de Juliano contra Cristo y que, dada la falta de orden de los argumentos aducidos, ha tratado de agrupar las ideas esparcidas aquí y allá. De estas afirmaciones pueden deducirse las limitaciones y dificultades de la reconstrucción que llevó a cabo Neumann.
El Contra los galileos y la obra de Cirilo se sitúan en la línea de la polémica paganismo/cristianismo que comenzó en el siglo II . Dejando a un lado nombres menores, los representantes paganos más importantes de esta literatura de combate son Celso y Porfirio. Celso escribió su Discurso verdadero en el reinado del emperador Marco Aurelio (161-180) y, como en el caso presente, sólo nos han llegado los fragmentos contenidos en la refutación de otro cristiano, ahora Orígenes, que escribió el Contra Celso en el primer tercio del siglo III7 . La obra de Celso, un platónico de amplia cultura y conocedor de las escrituras, estableció varias de las líneas maestras —e incluso de los motivos concretos— por las que habrían de discurrir los tratados de Porfirio y Juliano. Así, por ejemplo, el achacar a los cristianos haber abandonado su religión patria, el judaísmo, su fe ciega y excesivamente irracional, su carácter proletario y su afán de proselitismo; la crítica de las escrituras, tanto del Antiguo Testamento —especialmente del Génesis confrontado con el Timeo platónico— como del Nuevo, se centraba en la discusión de la cosmogonía, la doctrina del dios único o la comparación de Cristo con los grandes benefactores del mundo griego como Heracles, Dioniso, Asclepio, etcétera, o la invalidez de los milagros de Cristo para probar su divinidad 8 .
En el último tercio del siglo III , Porfirio, el discípulo de Plotino, escribió sus quince libros Contra los cristianos9 . Ya Constantino había ordenado la destrucción de su obra 10 . Dentro de lo escasos que son sus restos, cabe destacar que Porfirio utiliza varios de los argumentos de Celso, y su aportación personal es, fundamentalmente, la profundización de la crítica filológica e histórica de las escrituras. Con Porfirio queda centrada la pugna ideológica entre las dos grandes corrientes de pensamiento del final de la Antigüedad: neoplatonismo y cristianismo, que, sin embargo, se influyen mutuamente porque tienen puntos de contacto esenciales, de forma que sus relaciones fueron, como dice un crítico moderno, «una especie de desdichado amor» 11 .
Juliano conoció sin duda las obras de Celso y Porfirio y utilizó en abundancia sus argumentos, pero el lamentable estado en que nos han llegado estos fragmentos no permite sino asegurar la continuidad de la tradición apologética pagana, sin incurrir en juicios demasiado aventurados sobre el valor real de la obra del emperador 12 . Así, en líneas generales, digamos que Juliano critica al judaísmo por su cosmogonía, su concepción exclusivista y excesivamente antropomórfica de dios, admitiendo que, por lo demás, su culto en nada se diferencia del de los paganos; el cristianismo es atacado por su traición gratuita al judaísmo, ya que nada hay en la doctrina de Moisés que anuncie esta nueva secta, por su carácter intransigente y revolucionario y por la vida corrompida de sus seguidores 13 .
Nota sobre la numeración de párrafos
Al editar NEUMANN el tratado Contra los galileos , acepta la numeración de SPANHEIM , pero cambia de lugar algunos párrafos, por lo que se advertirán algunos saltos en dicha numeración marginal.
1Or . XVIII 178. Cf. la carta 90 de Juliano a Fotino, obispo herético de Sirmium, en la que le anuncia la composición de este tratado.
2 Cf. QUASTEN , Patrología , II, 140.
3 La obra de Cirilo en MIGNE , PG , 76, cols. 509-1064, y la reconstrucción de los fragmentos de Juliano en NEUMANN , Iuliani imp. librorum contra christianos quae supersunt , Leipzig, 1880.
4 Cf. WRIGHT en la introducción de su edición.
5 SÓCRATES , VII 27.
6 Neumann, sin embargo, rechaza como falsa la noticia que da SOZÓMENO (V 18) de que, poco después de la muerte de Juliano, Apolinar de Laodicea había escrito una refutación llamada Sobre la verdad .
7 Texto de Celso: R. BADER , Tüb. Beiträge z. Altertumswissenschaft , Heft 43, 1940; D. RUIZ BUENO ha traducido en la «B. A. C.» tanto el Contra Celso de Orígenes como los fragmentos de Celso en el tomo Padres apologistas griegos .
8 Cf. GIGON , La cultura antigua y el cristianismo , Madrid, 1970, págs. 146 y sigs.
9 Texto: HARNACK , «Porphyrios gegen die Christen», Abhd. Preuss. Akad. Phil.- hist. Kl . I (1916); JACOBY , FGrHist , 260F 33-61.
10 Cf. GIGON , La cultura antigua ..., pág. 168.
11 GEFFCKEN , Zwei griechische Apologeten , Leipzig, 1914, pág. 296; en ese mismo libro, págs. 239-322, puede leerse un excelente resumen de las líneas y autores fundamentales de la apologética.
12 Así, GEFFCKEN , Zwei griech. Apolog ., pág. 304, asegura que la obra de Juliano no aporta nada nuevo al género, mientras que GIGON , La cultura antigua ..., pág. 174, afirma que «los fragmentos de la obra de Juliano dejan vislumbrar una monumentalidad de proyecto que difícilmente podemos suponer en Celso y Porfirio».
13 Cf. REGAZZONI , «Il Contra Galileos dell’imperatore Giuliano e il Contra lulianum di S. Cirilo Alessandrino», Didaskaleion III (1928), 1-114, que parece más bien la continuación moderna de la refutación de Cirilo.
CONTRA LOS GALILEOS
Está bien, me parece, exponer a todos los hombres las [39A] causas por las que me convencí de que la maquinación de los galileos es la invención de unos hombres compuesta por maldad. Aunque no contiene nada divino, al utilizar sin embargo [39B] a fondo la parte del alma amiga de los mitos, infantil e irracional, condujo a un relato monstruoso a la fe de la verdad.
Como es mi intención tratar sobre todos los llamados [41E] dogmas fundamentales, quiero decir en primer lugar que cualquiera que desee refutarme debe, como en un tribunal, no ocuparse de nada ajeno ni, como se dice, acusar por su parte hasta que haya hecho la defensa de sus propios puntos de vista. De esta forma será mejor y más claro tratar de un tema en [42A] particular cuando quieran refutar nuestras objeciones, mientras que cuando se defiendan de nuestras propias refutaciones no acusen por su parte.
Merece la pena recordar brevemente de dónde y de qué [42E] manera se originó nuestra idea de dios; después, comparar las opiniones de los griegos y de los hebreos sobre la divinidad y, tras ello, pasar revista a los que no son ni griegos ni [43A] judíos, sino que pertenecen a la secta 1 de los galileos, por qué eligieron sus creencias en lugar de las nuestras y, después, por qué no permanecen en sus propias creencias siquiera, sino que, abandonándolas 2 , siguieron su propio camino. Aunque no están de acuerdo con ninguna de las bellas e importantes creencias ni de nosotros, los griegos, ni de los hebreos de Moisés 3 , sin embargo extraen las que son consideradas en estos pueblos calamidades, el ateísmo de la ligereza [43B] judía y una vida baja y negligente de nuestra indolencia y vulgaridad, y desean llamar a esto el más noble culto a la divinidad.
[52B] De que el conocimiento de dios se da entre los hombres no por aprendizaje, sino por naturaleza 4 , válganos como primera prueba el celo común de todos los hombres, en privado y en público, individual y colectivamente, acerca de lo divino. En efecto, absolutamente todos sin aprendizaje creemos en una especie de divinidad acerca de la cual ni es fácil que todos la conozcan con exactitud, ni es posible que los que la conocen se lo comuniquen a todos...; sin duda junto a esta idea común a todos los hombres existe otra diferente. Pues todos dependemos de una forma tan natural del [52C] cielo y de los dioses que aparecen en él, que, aunque alguien pensase que existe otro dios junto a éstos, en cualquier caso le asignaría el cielo como morada, no por separarlo de la tierra, sino por colocar al rey de todas las cosas, por así decir, en el lugar más honorable de todos, suponiendo que desde allí vigila los asuntos de este mundo.
¿Para qué necesito llamar aquí testigos griegos y hebreos? [69B] No hay nadie que no extienda hacia el cielo sus manos cuando hace una súplica, y cuando jura por un dios o por los dioses, si tiene una noción general de lo divino, hacia ella se vuelve. Y no es extraño que sientan esto. En efecto, al ver que los cuerpos celestes ni aumentan, ni disminuyen, ni cambian en absoluto, ni soportan ningún influjo desordenado, sino que su movimiento está lleno de armonía, su orden es perfecto, la iluminación de la luna [69C] está regulada y que las salidas y puestas del sol están reguladas en estaciones eternamente reguladas, es natural que lo consideren un dios y trono de un dios. Pues lo que es así, ya que ni aumenta por ninguna añadidura ni disminuye por pérdida, situado fuera de todo cambio relativo a la alteración o mutabilidad, está purificado de la destrucción y generación, es inmortal por naturaleza e indestructible, libre de toda mancha; eterno y siempre en movimiento, como vemos, es llevado circularmente en tomo al gran creador por el alma superior y divina que habita en [69D] él, de la misma forma en mi opinión que nuestros cuerpos por el alma que hay en nosotros, o habiendo recibido su movimiento del propio dios rodea su círculo infinito en un movimiento incesante y eterno.
Efectivamente, los griegos inventaron mitos sobre los [44A] dioses increíbles y prodigiosos. Así, afirmaron que Crono se tragó a sus hijos y después los vomitó; y también hablaron [44B] de uniones ilegales: por ejemplo, Zeus se unió a su madre y, tras procrear en ella, se casó con su propia hija, mejor dicho, ni siquiera se casó, sino que uniéndose simplemente a ella 5 se la entregó después a otro. O bien los desgarramientos de Dioniso y cómo se volvieron a pegar sus piernas; de cosas así nos hablan los mitos de los griegos. Compara con ellos [75A] la enseñanza judía y el jardín plantado por dios, y como él modeló a Adán y después a la que fue su mujer. Y dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; démosle una ayuda semejante a él» 6 , que, sin embargo, no le ayudó en absoluto, sino que le engañó y fue, en parte, culpable para Adán y [75B] para ella misma de su caída fuera de la vida delicada del paraíso.
Esto es completamente fabuloso, ya que ¿cómo va a ser razonable que dios desconociese que el ser que él creó como ayuda sería para quien lo recibió no motivo de bien, sino de [86A] desgracia? Y la siguiente 7 que conversó con Eva, ¿de qué lengua diremos que se sirvió? ¿Acaso de una lengua humana? ¿Y en qué se diferencian estas cosas de los mitos inventados [89A] por los griegos? Y que dios negase el discernimiento de lo bueno y de lo malo a los hombres creados por él, ¿no es excesivamente absurdo? ¿Qué cosa más estúpida podría existir que una persona incapaz de discernir el bien y la maldad? Pues es evidente que no rehuirá los unos, quiero decir los males, ni perseguirá los otros, quiero decir los bienes. Y lo más importante, dios negó al hombre el gusto de la inteligencia, por encima de la cual nada hay más honroso [89B] en el hombre. En efecto, que el discernimiento de lo bueno y de lo malo es un acto propio de la inteligencia resulta evidente sin duda incluso para los necios, de forma que la serpiente resulta ser un bienhechor y no una plaga del género [93D] humano. Además, ese dios debe ser llamado envidioso porque, cuando vio que el hombre participaba de la inteligencia, [93E] para que no gustara del árbol de la vida, según dice, lo expulsó del paraíso diciendo precisamente: «Mira, Adán se ha hecho como uno de nosotros al conocer el bien y el mal; y ahora que nunca extienda su mano y tome del árbol de la vida y coma y viva para siempre» 8 . Si el mito no contuviera [94A] una interpretación secreta, como yo creo 9 , cada uno de estos relatos estaría lleno de grandes blasfemias acerca de dios. Pues el desconocer que la mujer creada como ayuda será causa de la caída, y el negar el conocimiento del bien y del mal, que es lo único que parece sostener la inteligencia humana, y, además, el tener envidia de que el hombre tomando del árbol de la vida se convirtiera de mortal en inmortal, es un exceso de envidia y de celos.
Respecto a lo que los judíos creyeron correctamente y a [96C] lo que nuestros padres nos transmitieron desde el principio, nuestro discurso sostiene que el creador persistente de este universo...; pues sobre los dioses que están por encima de este creador Moisés no ha dicho nada en absoluto, él que tampoco se atrevió a decir nada sobre la naturaleza de los [96D] ángeles. Pero que están al servicio de dios de muchas maneras y en muchos lugares lo dijo, pero si son engendrados e inengendrados, o generados por un dios y destinados al servicio de otro, o si es de alguna otra forma, no lo ha definido en ningún lugar; describe en cambio de qué forma fue ordenado el cielo, la tierra y lo que está contenido en ella. Y dice que dios ordenó que existiesen unas cosas, como la luz y el [96E] firmamento, y otras las creó, como el cielo y la tierra, el sol y la luna, y las que existían, pero estaban ocultas hasta entonces, las separó, como el agua según creo y la tierra seca. Aparte de esto, no se atrevió a hablar ni de la generación ni de la creación del espíritu, sino tan sólo: «Y el espíritu de dios se movía sobre la superficie del agua». Pero si es inengendrado o si ha sido engendrado no lo aclara en absoluto. [49A] En este punto comparemos, si os parece bien, las palabras de Platón 10 ; observa qué es lo que dice sobre el creador y qué palabras le atribuye en la generación del universo, para que confrontemos una con otra la generación del universo de Platón y de Moisés. Así se revelaría quién es superior y más digno del dios, si Platón, que rinde culto a las imágenes 11 , [49B] o aquel de quien dice la escritura que dios le habló boca a boca 12 . En el principio creó dios el cielo y la tierra. Y la tierra era invisible e informe y la oscuridad estaba encima del abismo y el espíritu de dios se movía sobre la superficie del agua. Y dijo dios: Nazca la luz, y la luz nació. Y vio dios que la luz era buena. Y separó dios por mitad la luz y por mitad la oscuridad. Y llamó dios a la luz día y a la oscuridad la llamó noche. Y nació la tarde y nació la mañana, un solo día. Y dijo dios: Nazca el firmamento en medio del [49C] agua. Y llamó dios al firmamento cielo. Y dijo dios: Reúnase el agua que hay bajo el cielo en un solo punto de reunión y que se vea la tierra seca; y así sucedió. Y dios dijo: Produzca la tierra hierba para pasto y árboles frutales. Y dijo dios: Nazcan luces en el firmamento del cielo para que sirvan de resplandor a la tierra. Y las colocó dios en el firmamento del cielo, de forma que gobernaran el día y la noche» 13 . En este relato Moisés no dice que el abismo haya [49D] sido creado por dios, ni el agua; sin embargo, era preciso, tras decir de la luz que nació al ordenarlo dios, hablar también de la noche, del abismo y del agua. Pero no dice nada de que no existiera en absoluto, aunque a menudo los menciona. Además, tampoco menciona el nacimiento o la creación de los ángeles, ni de qué forma fueron traídos a la vida, sino sólo los cuerpos celestes y terrestres, de forma que, según Moisés, dios no es creador de nada incorpóreo, sino ordenador [49E] de la materia preexistente. Pues las palabras «la tierra era invisible e informe» no hacen sino establecer lo húmedo y lo seco como materia real, e introducen a dios como su ordenador.
Escucha, en cambio, lo que dice Platón del universo: [57B] «El cielo entero o el universo, o démosle cualquier otro [57C] nombre que pueda ser más aceptable, ¿existió siempre, sin contener ningún principio de nacimiento, o ha nacido y comenzado a partir de algún principio? Ha nacido, puesto que se puede ver, tocar y tiene cuerpo, y todas las cosas semejantes son sensibles, y las cosas sensibles, que son comprensibles por la opinión junto con la sensación, ya vimos que nacen y son generables...; así pues, de acuerdo con este razonamiento verosímil, hay que decir que este universo ha nacido como un ser vivo dotado de alma y de inteligencia [57D] en verdad gracias a la providencia de dios» 14 .
[57E] Comparémoslos solamente punto por punto; ¿qué palabras y de qué tipo dice el dios de Moisés y de qué tipo el [58A] dios de Platón? «Y dijo dios: creemos al hombre a nuestra imagen y semejanza; y mande sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los rebaños y sobre la tierra y sobre todos los reptiles que reptan sobre la tierra. Y creó dios al hombre y lo creó a imagen de dios; y los hizo macho y hembra diciendo: creced y multiplicaos y llenad la tierra y [58B] sed dueños de ella; que manden sobre los peces del mar y sobre las aves del cielo y sobre todos los rebaños y sobre toda la tierra» 15 .
Escucha ahora las palabras que Platón atribuye al creador del universo: «Dioses de dioses, de cuyas obras creador y padre soy yo y que serán indisolubles mientras yo quiera. Todo lo que ha sido atado puede ser desatado, mientras que querer desatar lo que está bien trabado y está bien es propio de un ser malvado. Por ello, puesto que habéis nacido, no sois inmortales ni indisolubles en absoluto; sin embargo, no seréis disueltos ni os tocará el lote de la muerte, porque habéis obtenido mi voluntad, que es mayor y más soberana [58C] que las ataduras de aquellos que os ataron cuando nacisteis. Ahora aprended lo que os digo a las claras: quedan aún tres razas mortales sin nacer y hasta que no nazcan el cielo estará incompleto, pues sin ellas no tendrá en sí todas las razas de seres vivos; cuando gracias a mí hayan nacido y participen de la vida podrán ser iguales a los dioses. Así, para que sean mortales y este universo sea realmente universal, dedicaos según vuestra naturaleza a la creación de seres vivos, imitando el poder que yo mostré en vuestro nacimiento. Y la [58D] parte de ellos que conviene que tenga el mismo nombre de los inmortales, llamada divina y que dirige en ellos a los que quieren siempre seguir la justicia y a vosotros, yo, que la he sembrado y originado, os la entregaré. Por lo demás, vosotros, entretejiendo lo mortal con lo inmortal, fabricad seres vivos y engendradlos dándoles alimento, aumentadlos y, cuando mueran, recibidlos de nuevo» 16 .
Pero para que no penséis que esto es sólo un sueño, [65A] aprended su significado. Platón llama dioses a los visibles, [65B] el sol y la luna, las estrellas y el cielo, pero éstos sólo son imágenes de los dioses invisibles; el sol que se muestra a nuestros ojos es la imagen del sol inteligible y que no se muestra y, a su vez, la luna que aparece a nuestros ojos y cada una de las estrellas son las imágenes de los inteligibles. Pues Platón conoce a esos dioses inteligibles e invisibles, inmanentes y coexistentes, que han sido engendrados y proceden [65C] del propio creador. Por ello naturalmente dice en Platón el creador «dioses» refiriéndose a los invisibles, y «de dioses», evidentemente los visibles. Él es el común creador de ambos, el que modeló el cielo, la tierra, el mar y las estrellas, y el que engendró en los inteligibles los arquetipos de este mundo.
Observa, pues, que lo que sigue también está bien dicho, pues dice: «quedan aún tres razas mortales», evidentemente la de los hombres, la de los animales y la de las plantas; cada una de ellas ha sido definida de forma particular, y dice: «Si cada una de ellas existiese gracias a mí, sería totalmente [65D] necesario que fuese inmortal». Pues para los dioses inteligibles y para el mundo aparente no hay ninguna otra causa de inmortalidad que no sea el existir por obra del creador. Y cuando dice: «Todo cuanto es inmortal es necesario que a esos seres se lo haya dado el creador», se refiere al alma racional. «En lo demás —dice— vosotros tejéis lo mortal con [65E] lo inmortal»: es evidente que los dioses creadores, tomando de su padre su capacidad creadora, engendraron sobre la tierra los seres vivos mortales. Pues si no hubiera ninguna diferencia entre el cielo y el hombre y, por Zeus, los animales y, finalmente, entre los animales terrestres y los pececillos que nadan en el mar, hubiera sido necesario que el creador de todo hubiese sido uno y el mismo. Pero si existe un gran espacio intermedio entre los inmortales y los mortales, que no es mayor por ningún añadido, ni disminuye por pérdida, [66A] ni se mezcla con lo mortal y perecedero, conviene que la causa de unos seres sean unos dioses y de los otros seres otros dioses. Por tanto, ya que parece que Moisés no ha tratado [99E] totalmente sobre el creador permanente de este universo, comparemos una con otra la opinión de los hebreos y la de nuestros padres sobre estos pueblos.
Moisés dice que el creador del universo eligió al pueblo hebreo, y a él sólo hace caso y en él piensa y de él sólo tiene cuidado. De los demás pueblos, de qué manera o por qué dioses son regidos, no hace la más mínima mención, a menos que alguien admita que les asignó el sol y la luna 17 . Pero [100A] sobre este tema volveré un poco más adelante. Sólo mostraré que él es el dios de Israel sólo y de Judea, y que los hebreos son su pueblo elegido lo afirma el propio Moisés y los profetas posteriores, y Jesús el Nazareno, y también el más extraordinario mago y embaucador que jamás haya existido en lugar alguno, Pablo 18 . Escuchad sus palabras y, en primer lugar, las de Moisés: «Tú dirás al faraón: Israel es mi hijo primogénito. Y dije: Deja marchar a mi pueblo para que me [100B] rinda culto. Pero tú no quisiste dejarlo marchar» 19 . Y poco después: «Y le dicen: El dios de los hebreos nos ha convocado. Caminaremos hacia el desierto durante tres días para sacrificar al señor dios nuestro» 20 . Y poco después de nuevo de la misma forma: «El señor dios de los hebreos me ha enviado a ti diciéndome: Deja marchar a mi pueblo para que me rinda culto en el desierto» 21 .
Pero que sólo de los judíos se preocupó dios desde el [106A] principio y que este pueblo fue elegido como su lote, no sólo lo dicen Moisés y Jesús, sino que también parece haberlo [106B] dicho Pablo, aunque lo de Pablo es digno de admiración. En efecto, según las circunstancias, cambió sus opiniones respecto a dios igual que los pólipos cambian de color según las rocas 22 , unas veces manteniendo que sólo los judíos son el lote de dios, mientras que, por otro lado, intenta atraerse a los griegos a su partida diciendo: «No sólo es el dios de los judíos, sino también el de los gentiles, sí, también el de los gentiles» 23 . Es justo, pues, preguntar a Pablo, [106C] si dios no lo es sólo de los judíos, sino también de los gentiles, ¿por qué envió a los judíos la gracia profética en abundancia, Moisés, la unción y los profetas, y la ley, y las paradojas y portentos de sus mitos? Pues puedes oírles gritar: «El hombre comió pan de los ángeles» 24 . Y finalmente también les envió a Jesús; en cambio a nosotros ni profetas, ni unción, ni maestro, ni heraldo que anunciase su amor a la humanidad que algún día, sin duda, también recaería sobre [106D] nosotros. En cambio, despreció durante miríadas, o si preferís miles de años, mientras rendían culto en tal ignorancia a los ídolos, como los llamáis, a los hombres que habitan desde la salida a la puesta del sol y desde la Osa hasta mediodía, excepto a una pequeña tribu que hace menos de dos mil años se estableció en una parte de Palestina. Pero si es el dios de todos nosotros y, asimismo, el creador de todo, ¿por qué nos [106C] despreció? 25 . Conviene, pues, creer que el dios de los hebreos no es el creador de todo el universo y que no ejerce su autoridad sobre todas las cosas, sino que más bien hay que creer, como dije, que está restringido y tiene un imperio limitado [106DE] junto con los demás dioses. Además, ¿os vamos a hacer caso porque vosotros o uno de vuestra raza imaginó el dios del universo hasta una simple noción? ¿No es todo esto parcialidad? Un dios celoso, pero, ¿por qué es celoso 26 y castiga sobre los hijos los pecados de los padres 27 ?
[115D] Ahora observad nuestras creencias comparadas con éstas. Los nuestros afirman que el creador es el padre y el rey común de todo, y que lo demás ha sido repartido por él a los dioses nacionales de los pueblos y protectores de ciudades 28 , cada uno de los cuales gobierna su propio lote de acuerdo con su propia naturaleza. Puesto que en el padre todo es perfecto y todo es uno, mientras que en los dioses parciales [115E] domina una fuerza u otra, Ares gobierna los pueblos belicosos, Atenea los belicosos con inteligencia, Hermes los que son más inteligentes que osados, y de acuerdo con la esencia propia de los dioses propios se rigen los pueblos gobernados por ellos. Y si la experiencia no atestigua nuestras palabras, sean una ficción nuestras creencias y una convicción extemporánea y alábense las vuestras; pero si, por el [116A] contrario, lo que nosotros decimos está atestiguado desde siempre por la experiencia y ésta no parece estar de acuerdo en absoluto con vuestras palabras, ¿por qué mantenéis semejante porfía?
Dígaseme, pues, cuál es la causa de que los celtas y los germanos sean valerosos, los griegos y los romanos en general políticos y humanitarios y, al mismo tiempo, firmes y belicosos, los egipcios más inteligentes e ingeniosos, inhábiles para la guerra y afeminados los sirios y, al mismo tiempo, inteligentes, exaltados, vanos y buenos para aprender. Pues si de esta diversidad en los pueblos nadie ve causa [116B] alguna, sino que afirma que suceden espontáneamente, ¿cómo cree aún que el mundo está regido por una provincia? Y si alguno sostiene que existen causas de estas diferencias, que me lo diga en nombre del propio creador y me lo enseñe. En efecto, es bien evidente en cuanto a las leyes que la [131B] naturaleza humana las estableció de acuerdo consigo misma, las políticas y humanitarias por aquellos que se educaron de manera especialmente humanitaria, las crueles e inhumanas [131C] por aquellos que tenían y poseían un carácter de naturaleza opuesta. Porque los legisladores, mediante su dirección, han añadido poco a las naturalezas y disposiciones de los hombres. Así, los escitas no recibieron a Anacarsis cuando estaba poseído del frenesí báquico 29 ; tampoco podrías encontrar hombres entre los pueblos occidentales, con muy pocas excepciones, bien dispuestos para la filosofía o para la geometría o para alguna de estas disciplinas, pese a que la hegemonía romana domina desde hace ya tanto tiempo. Pero los que están sobremanera dotados por naturaleza disfrutan sólo con la dialéctica y la retórica, sin ocuparse de [131D] ningún otro estudio. Tan dura parece ser la naturaleza. ¿Cuál es, pues, la diferencia de los pueblos en sus caracteres y leyes?
[134D] Moisés dio una causa completamente fabulosa de la falta [134E] de semejanza de las lenguas. En efecto, dijo que los hijos de los hombres se reunieron y quisieron construir una ciudad y dentro de ella una gran torre y que dios dijo que debía descender y confundir sus lenguas; y para que nadie piense que digo esto por calumniar, leamos lo que sigue, que está sacado del libro de Moisés: «Y dijeron: Ea, construyamos una ciudad y una torre cuyo techo llegará hasta el cielo y démosle un nombre antes de dispersamos sobre la faz de toda la tierra; y descendió el Señor para ver la ciudad y la torre que habían construido los hijos de los hombres y dijo el [135A] Señor: Mira, uno solo es el pueblo y uno solo el lenguaje de todos, y han empezado a hacer eso y ahora nada les apartará de lo que intentan hacer; ea, descendamos allí y confundamos su lengua para que cada uno no entienda el lenguaje de su vecino; y el Señor nuestro dios los dispersó sobre la faz de la tierra entera y dejaron de construir la ciudad y la torre» 30 . Y estimáis que nosotros debemos creer en esto mientras que vosotros no creéis en las palabras de Homero sobre los Alóadas, que pensaron colocar tres montañas, una encima de otra, «para que el cielo pudiera escalarse» 31 ; pues yo afirmo que este relato es tan fantástico como [135B] el de Moisés; vosotros, sin embargo, admitiendo éste, ¿por qué, por los dioses, rechazáis el mito de Homero? Pues creo que ante unos hombres ignorantes debe callar el hecho de que, aunque todos los hombres de la tierra entera se valieran de una sola habla y lenguaje, no podrían construir una torre que llegase hasta el cielo, aunque convirtieran la tierra entera en ladrillos. Pues necesitarían innumerables ladrillos de [135C] tamaño igual a la tierra entera hasta conseguir llegar a la órbita lunar. Supongamos que todos los hombres se reunieran y se valieran de una sola lengua y habla y que convirtiesen toda la tierra en ladrillos y tallasen piedras. ¿Cuándo llegarán al cielo, aunque los colocaran en fila más finos que un hilo y los extendiesen? 32 . Así, creyendo como auténtico este relato, que es claramente un mito, y sosteniendo la opinión de que dios está asustado de los homicidios de los hombres y que precisamente por eso ha descendido para confundir sus lenguas, ¿todavía os atrevéis a presumir de vuestro conocimiento [135D] de dios?
Pero quiero volver sobre el hecho de cómo dios confundió [137E] sus lenguas. Moisés ha dicho que la causa fue que temió que hiciesen algo contra él si construían un paso para ellos hasta el cielo, teniendo la misma lengua y la misma intención. Pero sobre cómo lo hizo Moisés no dice nada, [138A] tan sólo que descendió del cielo, puesto que no podía hacerlo desde allá arriba, según parece, sin descender a la tierra. Sobre la diferencia en caracteres y costumbres, ni Moisés ni ningún otro ha aclarado nada. Y, sin embargo, la diferencia entre los hombres en costumbres y constituciones de los pueblos es en total mayor que la diferencia de lenguas. Pues ¿qué griego afirma que hay que casarse con [138B] su hermana, con su hija o con su madre? Y, sin embargo, eso está bien visto entre los persas. ¿Para qué voy a tener que tratar punto por punto describiendo el amor a la libertad y la falta de disciplina de los germanos, la docilidad y educación de los sirios, de los persas, de los partos y, en una palabra, de todos los bárbaros que habitan oriente y mediodía y de todas las tierras que aman monarquías todavía más despóticas? Así pues, si estas diferencias se han hecho cada vez más grandes y más importantes sin intervención de una providencia mayor y más divina, ¿para qué vamos a esforzarnos inútilmente y a rendir culto a quien no vela en absoluto [138C] por nosotros? En efecto, él no se ocupa ni de nuestras vidas, ni de nuestros caracteres ni de nuestras costumbres, ni de nuestro buen gobierno ni de nuestras instituciones políticas, ¿y todavía conviene que reciba honores de nuestra parte? En absoluto. Ya veis a qué absurdo tan grande llega vuestra doctrina. Pues de los bienes que se contemplan en la vida humana, son los primeros los relativos al alma y siguen después los relativos al cuerpo. Si despreció nuestros bienes [138D] del alma, y tampoco se preocupó de nuestras condiciones naturales, ni nos envió maestros o legisladores igual que a los hebreos como Moisés y los profetas posteriores a él, ¿de qué tenemos que estarle realmente agradecidos?
[141C] Pero ved si dios no nos ha dado quizá también a nosotros dioses que vosotros desconocéis y buenos jefes en nada inferiores al que es honrado desde el principio por los hebreos de Judea, el único país sobre el que escogió velar, [141D] según dijo Moisés y sus seguidores hasta nuestros días. Si el honrado por los hebreos fuese el creador inmediato del universo, nosotros pensaríamos de él todavía mejor, pues nos ha dado bienes mayores que aquéllos respecto al alma y a lo exterior, sobre los cuales hablaremos un poco más adelante, y nos envió también a nosotros legisladores nada inferiores a Moisés, si es que no fueron la mayoría muy superiores.
Así pues, como decíamos, si un dios nacional que preside [143A] cada nación, y bajo su autoridad un mensajero, una divinidad y un héroe y un género particular de almas que [143B] obedece y trabaja para los dioses superiores, no estableció la diferencia que hay en las leyes y caracteres, que se nos muestre cómo se originó por otro agente. Porque no basta con decir: «Dios dijo y se hizo», pues las naturalezas de lo creado deben estar de acuerdo con las órdenes de dios. Diré más claramente lo que quiero decir: ¿ordenó dios que el fuego subiera, por casualidad, y que la tierra bajase? Para que la orden de dios se cumpliese, ¿no es necesario que el fuego sea ligero y la tierra pese? Pues lo mismo sucede con las demás cosas..., y de la misma manera con lo divino. La razón es que la raza humana es fatal y perecedera. [143C] Y por ello es natural que sus obras sean también perecederas, cambiantes y totalmente alterables; pero, al ser dios eterno, sus órdenes deben ser también eternas y, al ser así, son las naturalezas de las cosas o están de acuerdo con la naturaleza de las cosas. Pues ¿cómo podría la naturaleza competir con las órdenes de dios? ¿Cómo podría caer fuera [143D] de acuerdo? Así pues, si ordenó que las lenguas se confundiesen y no concordasen unas con otras, de la misma forma obró con los regímenes políticos de los pueblos, y no solamente por una orden los hizo así ni nos preparó para estas diferencias. Pues era preciso que previamente existieran naturalezas diferentes en los pueblos que iban a ser diferentes. Esto se ve, en efecto, si uno se fija en qué diferentes son los cuerpos de los germanos y de los escitas [143E] comparados con los libios y etíopes. ¿Se trata de una simple orden, y ni el clima ni el país cooperan con los dioses para determinar el color de su piel?
[146A] Además, Moisés veló esto conscientemente y no atribuyó la confusión de las lenguas sólo a dios, pues afirma 33 que [146B] dios no descendió solo, sino que con él descendieron no uno solo, sino varios, pero no dijo quiénes eran; pero es evidente que suponía que los que descendieron eran semejantes a dios. Por tanto, si en la confusión de las lenguas no bajó solo el Señor, sino otros con él, es evidente que en la confusión de los caracteres no sólo el Señor, sino que sería razonable suponer que los que junto con él confundieron las lenguas son también los responsables de esta división.
[148B] ¿Por qué, pues, me he extendido tanto en este tema cuando no era mi intención tratarlo largamente? Porque si el creador inmediato del universo fuese el que anuncia Moisés, nosotros tenemos opiniones mejores sobre él, al suponer que es el amo común de todo y que hay otros dioses nacionales que están subordinados a él y son como delegados del rey, administrando [148C] cada uno de forma diferente su provincia. Y no hacemos de él un rival partidista de los dioses que le están subordinados. Pero si Moisés honró a un dios partidista y le atribuyó, por el contrario, la hegemonía del universo, es mejor reconocer, como nosotros creemos, al dios del universo, sin dejar de reconocer a aquel dios, que honrar a quien ha obtenido la hegemonía en una mínima parte en vez de al creador de todas las cosas.
[152B] Es sorprendente la ley de Moisés, el famoso decálogo: «No robarás, no matarás, no levantarás falsos testimonios». [152C] Que se escriban con las mismas palabras cada uno de los mandamientos que Moisés dice que escribió el propio dios: «Yo soy el señor tu dios que te he sacado de la tierra de Egipto» 34 . Y tras éste el segundo: «No tendrás más dioses que yo; no te fabricarás imágenes» 35 . Y añade la causa: «Pues yo soy el señor dios tuyo, un dios celoso que transmite los pecados de los padres a sus hijos hasta la tercera generación». «No tomarás el nombre del señor tu dios en vano.» «Acuérdate del sábado.» «Honra a tu padre y a tu madre.» «No cometerás adulterio.» «No matarás.» «No robarás.» «No harás falsos testimonios.» «No codiciarás los bienes de tu vecino» 36 .
¿Qué nación hay, por los dioses, aparte del «No venerarás [152D] a otros dioses» y del «Acuérdate del sábado», que no crea que hay que guardar los otros mandamientos, así como que existe un castigo para quienes los infringen, a veces más duro y a veces semejante a los decretados por Moisés y también a veces más humanos?
Pero el precepto «No venerarás a otros dioses» lo dice [155C] de dios junto con una gran acusación: «Soy un dios celoso», dice; y de nuevo en otro lugar: «Nuestro dios es un fuego [155D] consumidor» 37 . Pero, ¿si un hombre es celoso y envidioso te parece digno de censura y, en cambio, consideras divino que dios sea llamado celoso? ¿Y es razonable mentir acerca de dios en un asunto tan evidente? Pues si es celoso, contra su voluntad todos los dioses son venerados y todos los restantes pueblos veneran a sus dioses. Entonces, ¿cómo es que no los rechaza siendo tan celoso y no queriendo que se venere a otros dioses sino sólo a él? ¿Ni siquiera era capaz de eso, o no deseaba desde el principio impedir que los demás [155E] dioses también fuesen venerados? Pero la primera explicación es impía, decir que no pudo; y la segunda está de acuerdo con nuestras propias obras. Desechad esas tonterías y no arrastréis sobre vosotros mismos tamaña blasfemia. [159E] Pues si quiere que ningún dios sea venerado, ¿por qué veneráis a ese hijo bastardo suyo y que nunca juzgó ni consideró como propio? Y esto os lo voy a demostrar fácilmente. Vosotros, no sé por qué, le habéis asignado un supuesto hijo...
[160D] No parece en absoluto dios enfadado ni resentido, ni irritado, ni que pronuncie un juramento, ni que se incline a una u otra opinión rápidamente, ni que cambie de idea, como nos cuenta Moisés en el episodio de Fineas. Si alguno de vosotros ha leído los Números sabe lo que digo. Puesto que Fineas tomó con su propia mano al hombre consagrado a Beelfegor junto con la mujer que lo persuadió, y lo mató, y con una herida vergonzosa y dolorosísima a través del vientre, dice Moisés, golpeó a la mujer, y representa a dios [160E] diciendo: «Fineas, hijo de Eleazar, hijo de Aarón el sacerdote, ha hecho cesar mi cólera sobre los hijos de Israel al sentir mis propios celos entre ellos; y no he destruido a los hijos de Israel en mis celos» 38 . ¿Qué hay más infundado que la causa por la que dios es falsamente representado como [161A] irritado por el escritor de este pasaje? ¿Qué hay más irracional si diez o quince, sean incluso cien, pues no van a decir que eran mil, pongamos tantos como se atrevieron a transgredir cualquiera de las leyes establecidas por dios...? ¿Era necesario destruir por un millar seiscientos millares? Me parece que en todo caso hubiera sido mejor salvar junto con mil hombres excelentes a uno solo malvado que destruir a los mil junto con ese uno...
Pues si la ira de uno solo de los héroes o de un demon no notable es difícil de soportar para las regiones y ciudades enteras, ¿quién podría soportar la de un dios tan grande irritado contra los démones, los ángeles o los hombres? Merece [168B] la pena, sin embargo, compararlo con la dulzura de Licurgo o con la resignación de Solón, o con la mesura y humanidad [168C] de los romanos hacia los que han cometido algún delito. Cuánto mejores son sin duda las nuestras que las suyas [171D] observadlo por lo siguiente. Los filósofos nos ordenan imitar a los dioses en la medida de lo posible, y esta imitación está en la contemplación de los seres. Que esto se produce [171E] sin pasión y se basa en la liberación de la pasión, creo que es evidente, aunque yo no lo diga; pues en la medida en que nos mantenemos libres de pasión, dispuestos a la contemplación de los seres, en esa medida nos hacemos iguales a dios. En cambio, ¿cuál es la imitación de dios celebrada entre los hebreos? La ira, la cólera y un celo salvaje. Pues dice: «Fineas apartó mi cólera de los hijos de Israel al sentir mis celos entre ellos». Parece, en efecto, que dios, tras encontrar a alguien que comparte su irritación y su dolor, desecha su irritación. Con estas y otras expresiones semejantes sobre dios aparece Moisés hablando en no pocos lugares de [172A] la escritura.
Que no sólo de los hebreos se preocupó dios, sino que, [176AB] cuidándose de todos los pueblos, no otorgó en cambio a aquéllos nada importante ni grande, mientras que a nosotros nos concedió cosas mucho mejores y superiores, observadlo a partir de lo siguiente. También los egipcios pueden decir, contando entre ellos nombres de no pocos sabios, que tienen muchos sucesores de Hermes, me refiero a Hermes el tercero que visitó Egipto 39 , y los caldeos y los asirios de Oanes y Belo 40 , y los griegos de innumerables sucesores de Quirón 41 , [176C] pues a partir de él todos los griegos nacieron con aptitudes naturales para los misterios y la teología, en tanto que los hebreos parecen venerar sólo lo suyo propio...
[178A] Pero, ¿os ha concedido el principio de alguna ciencia o [178B] algún saber filosófico? ¿De qué tipo? Pues la teoría de los cuerpos celestes ha sido completada entre los griegos, tras haberse realizado las primeras observaciones entre los bárbaros de Babilonia. La referente a la geometría tuvo su origen a partir de la medida de la tierra en Egipto y ha crecido hasta su actual magnitud. Lo referente a los números empezó con los comerciantes fenicios hasta que adquirió el aspecto de una ciencia entre los griegos. Estas tres ciencias los griegos las reunieron, incluyendo la música, en una sola, al integrar la astronomía con la geometría y al adaptar a ambas la aritmética comprendiendo lo armonioso de ellas. A continuación establecieron los límites de su propia música, tras haber descubierto un acuerdo infalible, o que estaba muy cerca de serlo, de las leyes de la armonía respecto al sentido del oído.
[184B] ¿Acaso necesito citar sus nombres uno a uno o disciplina a disciplina? ¿Citar a hombres como Platón, Sócrates, Arístides, Cimón, Tales, Licurgo, Agesilao, Arquidamo, o más bien la estirpe de filósofos, de generales, de artesanos, de legisladores? Porque se encontraría que nuestros generales más malvados y perversos se comportaron con más [184C] moderación hacia los que les habían infligido mayores males que Moisés hacia los que en nada le habían ofendido. [190C] Así pues, ¿de qué monarquía os debo informar? ¿Acaso de la de Perseo, de la de Ayante o de la de Minos el cretense, que limpió el mar de piratas rechazando y expulsando a los bárbaros hasta Siria y Sicilia, adelantando en ambas direcciones los límites de su imperio, y que reinó no sólo sobre las islas, sino también sobre las costas? Y dividiendo con su hermano Radamanto no la tierra, sino el cuidado de los hombres, él mismo, tomándolas de Zeus, establecía las leyes mientras dejaba a aquél completar el papel de Juez... 42 .
Pero una vez que, fundada la ciudad 43 , la asediaron muchas [193C] guerras, y se impuso y derrotó a todos y, al crecer más, por los mismos peligros necesitó una seguridad mayor, de nuevo Zeus le envió a Numa 44 , el mayor filósofo. Este hombre era el excelente Numa, que pasaba su vida en los bosques desiertos siempre en comunicación con los dioses de acuerdo con sus puros pensamientos...; él fue quien estableció [193D] la mayoría de las leyes referentes al culto. Esto procedía [194B] sin duda de una posesión e inspiración divinas de la Sibila y de otros que rindieron oráculos en aquel tiempo en la lengua patria, y es evidente que fue Zeus quien se lo concedió a la ciudad. En cuanto al escudo que cayó del cielo 45 y la cabeza que apareció en la colina 46 , de donde, según creo, tomó el nombre la sede del gran Zeus, ¿los contaremos entre los [194C] primeros regalos o entre los secundarios? Además, desgraciados, guardada entre nosotros aquella arma caída del cielo que nos envió el gran Zeus o el padre Ares dándonos no una palabra de garantía, sino un hecho de que protegería con su escudo para siempre nuestra ciudad, habéis dejado de prosternaros ante ella y reverenciarla, prostemándoos ante el leño de la cruz y haciendo un símbolo de su señal en la frente [194D] e inscribiéndola en la parte delantera de vuestras casas.
¿Acaso podría alguien con razón odiar a los más inteligentes de los vuestros o compadeceros de los más estúpidos que, al acompañaros, han llegado a tal abismo, de forma que abandonando a los dioses eternos se han pasado [197C] al cadáver de los judíos?... Pues paso por alto los misterios de la Madre de los dioses y alabo a Mario...
[198BC] Pues la inspiración que llega de los dioses a los hombres es rara y ocurre en unos pocos y no es fácil que cualquier hombre participe de ella ni que lo haga en cualquier momento. Así, la inspiración profética ha abandonado sin duda a los hebreos y tampoco se ha mantenido hasta el presente entre los egipcios. Y parece que los oráculos autóctonos han callado cediendo al paso del tiempo 47 . Comprendiendo lo cual, nuestro filántropo señor y padre Zeus, para que no estuviéramos privados completamente de la [198D] comunión con los dioses, nos concedió mediante las artes sagradas una observación por medio de la cual tendremos para nuestras necesidades la ayuda suficiente.
[200A] Por poco se me olvidaba el más importante de los dones de Helios y de Zeus, pero naturalmente lo guardé para el final. Pues no es propio sólo de nosotros, sino que creo que es común a nuestros parientes, los griegos. En efecto, Zeus engendró de sí mismo entre los inteligibles a Asclepio y lo mostró sobre la tierra por medio de la vida de Helios generador. Cuando hizo su camino desde el cielo hasta la tierra, se apareció en los alrededores de Epidauro simplemente en forma humana y, a partir de entonces, multiplicándose en [200B] sus salidas, levantaba sobre la tierra entera su diestra salvadora. Llegó a Pérgamo, a Jonia, después a Tarento y finalmente llegó a Roma. Marchó a Cos y de allí a Egas y luego está presente en cualquier sitio de la tierra y del mar. No visita a cada uno de nosotros en particular y, sin embargo, endereza las almas que yacen en el error y los cuerpos que están debilitados 48 .
Pero, ¿de qué cosa semejante pueden jactarse los hebreos [201E] que les haya sido concedida por dios, obedeciendo a los cuales vosotros habéis desertado de nosotros? Si al menos hubierais hecho caso a sus doctrinas no estaríais totalmente enfermos, sino que, aunque peor que antes cuando estabais con nosotros, al menos seríais soportables y llevaderos. Pues veneraríais a un solo dios, en vez de a muchos, y no a un hombre, mejor dicho, a muchos hombres desgraciados. Y utilizando una ley dura, cruel y que contiene mucho [202A] de salvaje y bárbaro, en vez de las nuestras, moderadas y filantrópicas, seríais peores en otras cosas, pero al menos seríais más limpios y puros en el culto. Ahora, en cambio, os ha sucedido como a las sanguijuelas, que succionan la sangre peor y abandonan la más pura. Y Jesús, que convenció [191D] vuestra peor parte, tiene renombre desde hace poco más de trescientos años, aunque durante el tiempo que vivió no [191E] hizo nada digno de fama, a no ser que alguien crea que curar a los lisiados y ciegos y expulsar mediante exorcismos a los poseídos por el demonio en las aldeas de Betsaida y [205E] Betania sea propio de grandes obras 49 . Pues de su pureza ni habéis guardado recuerdo; en cambio, imitáis la cólera y la [206A] crueldad de los judíos volcando los templos y los altares, y habéis degollado no sólo a los que de los nuestros permanecían en las creencias tradicionales, sino también, de entre los que padecen vuestro mismo error, a los heréticos que no plañen el cadáver 50 de la misma manera que vosotros. Pero eso es más bien vuestra propia obra, pues de ninguna manera Jesús os transmitió esas órdenes, ni tampoco Pablo. La causa de ello es que nunca esperaron que vosotros llegarais jamás a tal grado de poder; pues se contentaban con engañar a las criadas y a los esclavos 51 y, por medio de ellos, a mujeres [206B] y hombres como Cornelio 52 y Sergio 53 . Si uno solo de ellos aparece recordado por los escritores de aquel tiempo —pues aquello sucedió en la época de Tiberio o en la de Claudio—, pensad que miento en todo.
[209D] Pero no sé de dónde como inspirado dije esto; volviendo donde estábamos, a saber, ¿por qué habéis desertado hacia los judíos, mostrándoos desagradecidos con nuestros dioses? ¿Acaso porque los dioses concedieron a Roma reinar y a los judíos ser libres por poco tiempo, mas estar sometidos siempre a esclavitud y vivir como extranjeros? Mira a Abraham: [209E] ¿no fue un extranjero en tierra extraña? Y Jacob, ¿no fue esclavo primero entre los sirios, a continuación entre los palestinos y en su vejez entre los egipcios? ¿No afirma Moisés que los sacó de la casa de la esclavitud, de Egipto, con el brazo levantado? 54 . Y, tras establecerse en Palestina, ¿no cambiaron su fortuna más veces que cambió su color el camaleón, según dicen quienes lo han visto, unas veces sometiéndose a los jueces y otras esclavizados por pueblos extranjeros? Y cuando fueron gobernados por un rey, pero déjese ahora cómo lo fueron, pues ni dios voluntariamente les concedió ser gobernados por un rey, como dice la escritura 55 , sino obligado por ellos y tras explicar claramente que [210A] desde luego serían gobernados malamente por los reyes. Por lo demás, habitaron su propia tierra y la cultivaron poco más de trescientos años. Desde entonces, primero fueron esclavos de los asirios, después de los medos, finalmente de los persas y ahora de nosotros mismos. Y el por vosotros pregonado [213A] Jesús era uno de los súbditos del César. Y si no me creéis, dentro de poco os lo demostraré o, mejor, quede ya dicho. Afirmáis, sin embargo, que él se registró en el censo con su padre y su madre en el gobierno de Cirenio.
Pero, cuando se hizo hombre, ¿de qué beneficios fue [213B] causante para sus propios familiares? No quisieron, dicen, obedecer a Jesús. ¿Y qué? ¿Y cómo obedeció a Moisés ese pueblo de duro corazón 56 y cuello de piedra 57 ? Pero Jesús, el que dirige los espíritus y marcha sobre el mar y expulsa los demonios y, como decís vosotros, creó el cielo y la tierra —porque ninguno de sus discípulos se atrevió a decir esto [213C] de él más que Juan tan sólo, y ni siquiera con claridad y netamente, pero al menos admítase que lo ha dicho—, ¿no pudo cambiar las disposiciones de sus amigos y parientes para su salvación?
[218A] También esto lo trataré un poco más adelante cuando comencemos a examinar particularmente las obras milagrosas y su puesta en escena en los evangelios. Pero ahora respondedme a esto: ¿qué es mejor, ser libres continuamente y gobernar la mayor parte de la tierra y del mar durante dos mil años completos, o ser esclavo y vivir a las órdenes ajeñas? [218B] Nadie es tan desvergonzado que prefiera lo segundo. Pero, ¿pensará alguien que vencer en la guerra es peor que ser vencido? ¿Quién es tan estúpido? Si esto que decimos es cierto mostradme un solo general como Alejandro, uno solo como César, entre los hebreos. No existe entre vosotros. Sin embargo, por los dioses, sé muy bien que insulto a esos [218C] hombres, pero los recordé porque eran famosos. En efecto, los que son inferiores a ellos son desconocidos por la mayoría, pero cada uno de ellos, sin embargo, es más admirable que todos los nacidos entre los hebreos.
[221E] Pero la constitución de la ciudad, el tipo de tribunales, la administración de las ciudades y la belleza de las leyes, el progreso en los estudios y el cultivo de las artes liberales, [222A] ¿no son entre los hebreos penosos y bárbaros? Y, sin embargo, el malvado Eusebio se empeña en que también hay algunos hexámetros entre ellos 58 , y se jacta de que la lógica era una ocupación entre los hebreos porque ha escuchado su nombre entre los griegos. ¿Qué clase de medicina se mostró entre los hebreos como entre los griegos la de Hipócrates y algunas otras escuelas tras aquél? ¿El sapientísimo Salomón [224C] es comparable a Focílides, Teognis o Isócrates entre los griegos? ¿De dónde? Pues si comparases las exhortaciones [224D] de Isócrates a los proverbios de aquél encontrarías, lo sé muy bien, que el hijo de Teodoro es superior al sapientísimo rey. Pero éste, dicen, también practicó la teúrgia. ¿Y qué? ¿No es cierto que ese Salomón adoró también a nuestros dioses, según dicen 59 , engañado por su mujer? ¡Qué gran virtud! ¡Qué gran riqueza de sabiduría! No se impuso al placer, y palabras de mujer lo extraviaron; pues si fue engañado por una mujer no llaméis a ese hombre sabio. Pero si creéis que es sabio, no creáis que fue engañado por una mujer, sino que, convencido por su propio juicio e inteligencia y por la enseñanza del dios que se le apareció, adoró también a los demás dioses. Pues la envidia y los celos no [224E] llegan hasta los hombres mejores, de la misma forma que están lejos de los ángeles y de los dioses. Pero vosotros os volvéis a poderes parciales, que si alguno llamase demónicos no se equivocaría, pues en ellos están el orgullo y la vanagloria, mientras que entre los dioses no existe nada semejante.
¿Por qué roéis vosotros en las enseñanzas de los griegos, [229C] si la lectura de vuestras escrituras os es suficiente? Y, sin embargo, mejor sería apartar a los hombres de aquéllas que de la comida de los sacrificios. Pues de aquélla, como dice Pablo 60 , no recibe ningún daño quien la toma, pero la conciencia del hermano que ve podría escandalizarse 61 según vosotros, sapientísimos y orgullosísimos. Por medio de [229D] esas enseñanzas se apartó del ateísmo todo lo que entre vosotros la naturaleza produjo de noble. Pues cualquiera que poseyó una parte, aunque pequeña, de buena naturaleza, ése rápidamente abandonó vuestro ateísmo 62 . Más vale, pues, apartar a los hombres de esas enseñanzas y no de las víctimas de los sacrificios. Pero también sabéis vosotros, según creo, la diferencia respecto a la inteligencia de vuestras escrituras comparadas con las nuestras, y cómo gracias a las vuestras nadie se hizo un hombre excelente, mejor dicho, ni siquiera bueno, mientras que gracias a las nuestras todo hombre podría superarse a sí mismo aunque esté totalmente [229E] desprovisto de cualidades naturales. Pero un hombre bien dotado por naturaleza y que ha recibido la educación de nuestras enseñanzas es sencillamente un don de los dioses a los hombres, ya se aplique a la luz del conocimiento, o interprete un tipo de constitución, o ponga en fuga a numerosos enemigos, o recorra una gran extensión de tierra o de mar y por ello se muestre como un hombre heroico...
La prueba de ello es evidente: escoged hijos de todos [230A] vosotros y preparadlos en vuestras escrituras; si al llegar a la edad varonil alguno parece mejor que los esclavos, pensad que digo tonterías y que tengo la bilis negra. Además, sois tan desgraciados e insensatos que consideráis divinos aquellos tratados por los que nadie podría hacerse más sensato ni más valiente ni mejor que sí mismo; en cambio, aquellos por los que es posible adquirir la valentía, la inteligencia y la justicia, ésos los devolvéis a Satanás y a los que adoran a Satanás.
