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Contra vosotros, novela publicada en 1991, es, treinta años después, un texto absolutamente necesario y contemporáneo. En su primera parte, siete personajes hablan sobre sí mismos. Memoria, Relevo, Control, Completa, Hallazgo, Pasión y Desertor configuran un retrato poliédrico de la sociedad de entonces. Su segunda y última parte es protagonizada por Nadie, sin rostro ni historia, que entona un poderoso discurso contra la pobreza ideológica de los que un día fueron luchadores contra el franquismo. Mercedes Soriano, una voz única y valiente dentro de su generación, a la que se comparó con Thomas Bernhard, denunció la ambigüedad moral de la España de la Transición, que la llevó a abandonar Madrid. Ella misma afirmaba: «Irse no es para huir, sino para perder el miedo. Nos hemos acostumbrado a que el desafuero y el abuso sean lo normal. Nos hemos habituado a una historia que es falsa».
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Seitenzahl: 369
Veröffentlichungsjahr: 2024
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CONTRA VOSOTROS
Primera edición: junio, 2021
© del texto: Herederos de Mercedes Soriano, 1991
© de la presente edición: Editorial Humbert Humbert, S.L., 2021
Ilustración de cubierta: Pablo Monforte
Agradecemos la revisión adicional del texto a Carla Fonte Sánchez
Publicado por La Navaja Suiza EditoresEditorial Humbert Humbert, S.L.Camino viejo del cura 144, 1.º B, 28055 – MADRIDhttp://www.lanavajasuizaeditores.com
ISBN: 978-84-127650-6-9
Producción del ePub: booqlab
Thema: FBA
Todos los derechos reservados. Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, http://www.cedro.org)
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CONTRA VOSOTROS
Memoria
Relevo
Control
Completa
Hallazgo
Pasión
Desertor
NADIE
«No quiero en este mundo sino día yvito y parte en paraíso».
Elicia en La Celestina
CONTRA VOSOTROS
La verdad es que se me fue la fuerza por la boca, por la boca, por las manos y por todos los sitios. No me parezco yo, ni entonces ni ahora, ya está esta pesada, no ha terminado una copa cuando pide otra, bueno, que se aproveche de que el encargado no anda por aquí, cómo se titulaba aquella película, con un pañuelo negro en la cabeza, sí que fue guapa, mírala ahora, con esas greñas y las ojeras moradas, debe de hacer la calle, da lástima y grima, siempre esperando a ver si cae alguien, un conocido o alguno a quien engatusar, yo antes fregaba suelos, en eso sí que estoy ducha. Los zapatos, tacones altos de charol, ni sé cómo podía andar con ellos y el caso es que me subía al tranvía como si tal cosa, tenía unas piernas que no estaban nada mal, tantas horas de pie, acabarán por salirme varices, no te quejes, no hay quien te aguante cuando empiezas a dar la barrila con lo que te ha pasado o dejado de pasar, como a todo el mundo, desde aquí sí que se nota, hasta se aburre una, penas y desgracias, qué vida más chunga, un día se comen con los ojos y al siguiente se están tirando los trastos a la cabeza, desde aquí se ve todo, mejor que en las novelas y en las películas, enseguida te das cuenta de quiénes se quieren de verdad y quiénes están matando el tiempo, sí que era bonito aquel vestido de popelín estampado, con los tirantes y su cancán, el sol en la piscina de las Hermandades, bailaba como si volara, era muy patoso, bah, no le gustaba que bailase con otros, cuánto hará que no bailo, a ninguna de mis hijas les gusta, ellas se lo pierden, aunque después se cambia, parece que no pero un día te despiertas y ya no más, lo ves todo distinto. Cortarme el pelo, que me lo rapen bien, ahora que ya está encima el verano, el susto que se llevó cuando me presenté sin la melena, «¿pero qué has hecho?, estás loca», la cara que puso, qué indignación le entró. El mismo día que me dieron el resultado del análisis, menos mal que había un banco al lado de la farmacia, casi me desmayo, pero lo del pelo fue antes de saberlo, «¿con mucho hielo me has dicho?, ¿está bien así o te pongo otro?», a qué santo tendré que acordarme de esto, hasta del traje que llevaba, menudo berrinche, y yo pensando que le haría ilusión, qué jóvenes, y él, qué guapo, la verdad es que eso no hay quien se lo quite, y con el uniforme, imponente. Cómo son las cosas, debe de tener alguna amiga por aquí, iba por la otra acera, no se dio cuenta, claro, cómo no voy a reconocerle después de tantos años, pero es como si fuera otro, es su cara y no es, algo en las facciones, yo qué sé, un desconocido, no tengo ninguna gana de encontrármelo, cualquier día entra a tomarse una copa, eso si no sabe que trabajo aquí, qué bobada, la mayor se lo habrá dicho. O a lo mejor no, la última vez no me pareció que se llevaran tan bien como antes, «mi padre, ya sabes, a lo suyo, siempre está de un lado para otro, casi no nos vemos», desde luego si lo sabe no entra, se le puede caer la cara de vergüenza, «¡ja!, ¿es que te piensas que así no vas a sufrir? Ya no tienes edad para estar ocho horas de pie y, encima, sirviendo a la gente, vaya un ejemplo para tus hijos». Puede que la mayor deje de odiarme, «no, lunes y martes no hay actuaciones», son los mejores días, los otros mira que es difícil moverse entre las mesas, todavía no me explico cómo no he tirado ninguna bandeja, creí que se me olvidarían la mitad de las cosas y resulta que no, tengo más memoria de lo que pensaba, este me cae bien, tiene una sonrisa muy agradable, me trata con respeto, cuando se ponen plastas la verdad es que no hay quien los aguante, menos mal que aquí mi compañero se las pinta que da gusto para quitárselos de en medio, en un bar, yo sola, no sé. La floristería sí que estaba bien, entonces no me daba cuenta, tenía la cabeza de chorlito, todo el santo día pendiente de él, si pasaba o no pasaba, si miraba o dejaba de mirar, me tenía sorbido el seso, hay que ver, un poco más y acaba conmigo. No es que sea malo, es un hombre, casi todos son igual. Él no, no sé cómo será pero seguro que es de otra manera, a él sí que me gustaría verlo entrar por esa puerta, me pondría colorada, no sé por qué se me ha metido en la cabeza, y es que mira que estuvo bien, de lo más bonito que me ha pasado en la vida, y el caso es que, bien pensado, no fue nada del otro mundo, ni siquiera podría contarlo, «no, esa marca no la tenemos», cuánto me emociona, qué idiotez, aquellos nervios, pero qué maravilla descolgar el teléfono y oírle, total solo han sido tres veces, al fin y al cabo si aquel día no llega a llamar lo mismo todavía sigo allí haciéndome la mártir, qué horror. Bueno, y cómo se daría cuenta el tío, porque fue colgar y armarla, total, aunque hubiera estado escuchando tampoco pudo oír nada del otro jueves, lo que le debió de mosquear fue la despedida, cuando él me dijo que se acordaba de mí y le dije que yo también, seguro que mi marido había oído decir eso a otras mujeres, «¿en vaso bajo o en copa?», estas botellas siempre se atascan. Qué horror, parecía un conejo asustado, allí dentro del cuarto de baño y sin atreverme a abrir, qué golpazos, temblaba la casa, «sal de ahí, sal de ahí ahora mismo, ¿te has creído que yo soy imbécil? ¿Es que te piensas que puedes tomarme el pelo y quedarte tan fresca?», nunca le había visto así, qué ojos de rabia, estaba desencajado, «¿qué te pasa?, ¿es que estás pirado?», de dónde sacaría arrestos para decirle eso, la verdad es que estaba como un flan pero no quería que me lo notara, «encima no me provoques, dime quién era, dímelo ahora mismo o te parto la cara, fíjate lo que te digo», el radiocasé del chico a todo volumen, la mediana subiendo la tele, «¿queréis callaros?», qué escena, tenía el miedo metido en el cuerpo, qué me haría reaccionar, «déjame pasar, ¿quieres?», y ahí sí que se armó la de san Quintín, no me podía creer que fuera a mí a quien le estaba pasando todo eso, esa noche no dormí en casa, ni esa ni ninguna más, quién lo iba a haber dicho, debieron de quedarse con tres palmos de narices, acostumbrados siempre a que me quejara, «cada día está más atacada, por mí que no aparezca», qué dura es la mayor, sabe más que nadie, anda que no le queda, bueno, pero por lo menos parece que ya no se planta esa ropa tan jipiosa, me alegro, en el fondo no está mal que trate de disimular lo guapa que es, seguro que fuma chocolate, peor sería que anduviera todo el día luciendo el tipo, para eso la mediana, a esa sí que le gusta presumir. Qué distintos son unos de otros, parece mentira que sean hijos de los mismos padres, educados de la misma manera, si yo hubiera sido menos ignorante otro gallo habría cantado, parece que la noche va a ser floja, este lavaplatos raya el cristal que es una pena. «No, el encargado no está, pero no creo que le interese. Estamos a tu helado, qué frase tan graciosa, ¿no?». Lo de los representantes sí que es crudo, ahí no me sacaba yo ni una peseta, vaya despiste, la blusa en remojo, a que se habrá desteñido, a quién se le ocurre. Si viniera le prepararía algo de comer, un gazpacho de primero, con mucho tomate y poco vinagre, nada de hielo, que después se agua y pierde sabor, y de segundo un pescado, mejor que carne, un pescado sencillo, al horno, qué idioteces se me ocurren, mira que me fastidia esto de hacerme ilusiones, parezco una cría, y el caso es que no lo puedo evitar, en cuanto me descuido se me presenta. No, no voy a contarle nunca cómo pasó todo aquello, pero si me lo preguntara seguro que se lo soltaba, a veces me voy de la lengua que da gusto, me pasa lo mismo aquí, hay días que me da por dar palique, ni sé por qué, luego me arrepiento, a quién le importa lo que haces o dejas de hacer, además siempre creen que buscas otra cosa. Hay que ver, casi todos salen del servicio con la mano en la bragueta, qué manía, por qué será. Lo del sexo debe ser más importante de lo que pensaba, la verdad es que tardé un montón en caerme del guindo, alguna que otra vez había notado algo especial, muy al principio, luego ya nunca más, asco sí, mucho asco, debía de ser porque pasaba de mí, «pareces un saco de patatas», nunca me perdonó que nos casáramos por el embarazo, como si la culpa hubiera sido solo mía, en un banco, los descampados del barrio, el pequeño ha salido a él, un tragaldabas, hecho un bruto con lo de las artes marciales, los copos de maíz a dos carrillos, te tienen que gustar tus hijos por obligación, una mala madre, bueno, al fin y al cabo no sabía más que las cuatro reglas, no se me daba del todo mal la tienda, centros primorosos, olían, clavellinas, jazmines, lilas, cómo se llamaban, aquellas de color naranja, estas rosas que venden ahora no huelen a nada, capullos tontorrones, las que trae ese chico que las recoge del campo son otra cosa, ramos de verdad, a veces huelen a miel, dondiego, espliego, qué nombres. Quería ser piloto, esto se parece a mi barrio, será por eso por lo que me gusta vivir aquí, quién lo iba a decir, y pensar que lo odiaba, sobre todo los olores y ahora hasta agradezco que la escalera tenga tufo de guiso. «No, nadie, solo un tipo que quería colocarnos helados», anoche tuvo movida, no hay más que verle la cara, hoy no pega un palo al agua, casi mejor, se está más a gusto cuando no anda rondando, por qué será tan rácano, «ah, que hay partido, ya me extrañaba», menos lío, estoy un poco vaga, a veces te aburres si hay poca gente pero hoy no me importa. Los sábados por la tarde, el rollazo del teledeporte, las latas de cerveza, a ti que te parta un rayo, cuesta mucho darse a valer cuando te han comido el terreno, por qué pasa, yo qué sé, te acostumbras a vivir como una burra, parece que no pero lo de la costumbre es lo peor, y luego el miedo, de pronto todo te da miedo, vas como ciega, un pato mareado. Menos mal que espabilé, limón con coñá, lo mismo hasta está bueno, y el otro, ¿qué me ha dicho?, ¿kiwi con batida de coco?, las cosas que se bebe la gente, «yo ya no tengo edad para ir de conciertos, ni sé quiénes son esos», «si no entiendo la letra es como si nada, a mí no se me dan los idiomas como a ti, que te enrollas con cualquier guiri, sea de donde sea, mira que eres viajado». Viajar, mira tú por dónde, si no viajé más fue porque no me dio la gana, eso también es verdad, ya empieza, el himno nacional, qué le verán al fútbol, y no será porque no puse interés, cuántas horas no me habré tirado delante de la tele solo por darle gusto. Encima de la mesa camilla, se ponía como un toro y me pillaba en cualquier parte, «te estás ablandando, a ver si haces gimnasia», ahora sí que estoy dura, de tanto andar, «¿no lo tienes suelto?», «voy a por cambio», «ande, fúmese un cigarrito de los míos, que me cae usted muy bien», es simpático el estanquero, debe de estar forrado, la gente sigue fumando. Yo nunca tenía nada que decirle, que no me gustaba su polla, ni sus modales, y menos metérmela en la boca, la primera vez, me acuerdo de dónde estábamos, vaya corte que solo fuera eso. Si me hubiera querido de verdad habría sido distinto, los dos podríamos haber disfrutado juntos, pero estoy segura de que siempre estuvo convencido de que me quedé embarazada aposta, y daba igual lo que le dijera, creyó que quería cazarlo y, bueno, sí, pero no por eso, «porque tú quisiste, por no haberle parado los pies al chuleta ese». Mi padre, repitiéndose más que un ajo, hasta que nos cambiamos de casa y se puso el uniforme de comandante, bien que le gustaba lucir al yerno por los bares, «qué queréis que os diga, vive como un rajá, gana un dineral, va y viene por el mundo como si fuera un pájaro», el ciento treinta y uno color cereza, después el cádila azul metalizado, una horterada, pero entonces iba dentro como una reina, la verdad es que presentarse en el barrio con aquel cochazo era un triunfo, todos se quedaban con la boca abierta, «esto sí que es progresar, quién ha visto al chache y quién le ve», déjate de bobadas, te derretías, esas cosas me encandilaban, ahora me choca, pero no sé, hubiera podido seguir como entonces, como cuando me compré el primer chaquetón de piel, haciendo el paripé hasta que fuéramos viejos, «no vas a pretender a estas alturas que esté enamorado, mira que eres extremista, qué más te da, vives bien, ya sabes de qué pie cojea, y de los hijos qué vas a esperar, son unos perfectos egoístas, no les quedará más remedio que hacerse cargo, con el tiempo a ellos les tocará lo mismo», mi hermana sí que ha sabido montárselo, yo no valgo. Tanto coche, tanto coche, todo por ligar y dárselas de más que nadie, un fantasmón, para qué nos vamos a engañar, las cosas como son, el gol ha debido ser de los otros. «¿Pensativa?, ¡qué va! Lo que pasa es que hay poco que hacer, con esto del partido, digo yo que será por eso», «pues no, no me suelo aburrir, me entretengo mirando y pensando en lo mío», «nada, son chorradas que no van a ninguna parte», «vale, cualquier día de estos», qué pesado se pone. «No, de comer no tenemos nada, como no quieras unos frutos secos o unas patatas fritas», «sí, el miércoles sí», algunas alemanas hablan como si gimieran, no hace falta entender, con mirarla se sabe que le está contando sus penas, lo de contar nuestras penas nos pierde, me pasaba lo mismo, bueno, a veces todavía me sigue pasando, pero ahora, no sé, me da la impresión de que es más sano, antes era como una especie de vicio, en cuanto nos juntábamos dos o más ya empezábamos, cada una con nuestro rollo, total, por desahogarnos, los maridos y los hijos, vaya un coñazo, yo qué sé, lo necesitábamos, y al final para andar fardando de maridito y de niños, como si todo fuera de perlas. Abrí los ojos y estaban todos mirándome alrededor de la cama, ninguno se había molestado en bajarme la falda, la tenía subida hasta el principio de los muslos, las piernas lechosas, empecé a caerme y me dio gusto, le seguía oyendo, pero ya muy lejos, «a mí no me montes el numerito, que te conozco», me había dado dos buenos golpes, ellos ni se asomaron, debíamos de parecerles dos bestias. «Puta, eso es lo que eres, una puta que ni siquiera cobra», el vaso rodando por el suelo y la moqueta manchada de cerveza, pero me importó un bledo, no consintió que volviera a encerrarme en el cuarto de baño, a lo mejor entonces no me hubiera ido, así que por ese lado estuvo bien, lo de menos era el daño que me hacía en los brazos, aquello no eran manos, eran garras, qué horror, lo que me sublevaba era que yo me hubiese podido casar con aquel hombre, que le hubiera querido, o lo que fuera, porque la verdad es que ya ni sé lo que fue, ni me importa, cuatro whiskies
