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En la sociedad competitiva que caracteriza a nuestra época se da mucha importancia a los controles de calidad. Automóviles, lavadoras, equipos informáticos… pero también bolígrafos, alimentos e incluso libros, son sometidos a rigurosos procesos de inspección y control para garantizar una calidad óptima, al menos desde el punto de vista comercial. Si así ocurre con todo tipo de artículos de consumo, ¿cómo no prestar al menos la misma atención a la calidad de nuestra mente, centro básico de nuestros actos, pensamientos y decisiones? El rumbo de nuestra vida entera depende de ello. Aprender a pensar correctamente y a vigilar las influencias externas resulta crucial para nuestra toma de decisiones, nuestro desarrollo personal, nuestras relaciones sociales... En suma, para ser felices. Esta obra aborda tan importante cuestión con rigor analítico e ilustraciones prácticas convincentes: un auténtico manual para aprender a mantener bajo control eso que alguien llamó "las avenidas del alma".
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Seitenzahl: 229
Veröffentlichungsjahr: 2023
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fernandoZabala
Control de
CALIDAD
para tu
MENTE
Guía para la excelencia mental y espiritual
Colección: Semillas de Esperanza
Título: Control de calidad para tu mente
Autor: Fernando Zabala
Diseño y desarrollo del proyecto: Equipo de Editorial Safeliz
CEO: Mario Paulo Martinelli
CFO: Sergio Mato Rhiner
Coordinador de producción: Rickson Nobre
Edición: José David Pallas
Diseño de portada y maqueta: Editorial Safeliz
Maquetación: Javier Zanuy
Copyright 2023 by © Editorial Safeliz, S. L.
Pradillo, 6 · Pol. Ind. La Mina
E-28770 · Colmenar Viejo, Madrid (España)
Tel.: [+34] 91 845 98 77
[email protected] · www.safeliz.com
Julio 2023: 2ª impresión de la 1ª edición
ISBN: 978-84-19752-27-7
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro (texto, imágenes o diseño) en ningún idioma, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del ‘Copyright’.
A Esther: esposa, amiga y compañera durante más de treinta años...
Índice general
Presentación
Prólogo
Índice temático-práctico
1. ¿Ver para creer o creer para ver?
2. Una cadena fatal de acontecimientos
3. El enemigo está dentro de las puertas
4. ¿Religión por la cruz o por la corona?
5. ¿Minimax o maximax?
6. La religión: ¿cuestión de acción o de emoción?
7. Es cuestión de carácter, no de personalidad
8. Puedes creerte tus propias mentiras
9. Mi situación es tu disposición
10. El principio de la no conformidad
11. Epílogo: ¿Cómo saber quién posee mi corazón?
Presentación
Debo confesar al afortunado lector que hacía tiempo que mis ojos no leían un libro como este, un libro que ha sido capaz de alcanzar los rincones olvidados de mi mente.
Asimismo, he de añadir que también hacía tiempo que la reflexión no tomaba posesión de mis pensamientos distraídos y este libro me ha inducido a ello. Por si todo esto fuera poco, hacía mucho tiempo que un libro no me persuadía a cambiar mi comprensión de la realidad y a observar cómo esta afecta a mi vida más de lo que creía al comenzar su lectura.
El autor nos brinda un recorrido exhaustivo por aquellos principios y leyes descubiertos por los estudiosos de la percepción humana, pero no se queda en su simple exposición sino que los compara con los que fundamentan lo que venimos llamando “inteligencia espiritual”.
Animo al lector a que no se detenga ante la posible dificultad de algunos términos científicos que tanto gustan a la psicología moderna y prosiga en su lectura llevado de la mano del autor, quien le descubrirá cómo aplicar esa inteligencia espiritual disponible en el texto bíblico.
Al leer este libro, amigo/a lector/a, confío en que su contenido no provoque en tu vida una “disonancia cognitiva”, que según el autor es aquella originada cuando existe una contradicción entre lo que sabemos y lo que hacemos. Para entonces ya sabrás que la repetición del acto crea hábito y que son los hábitos los que determinan el carácter.
Te prometo que esta obra no te dejará indiferente. Piensa bien y acertarás.
Los Editores
Prólogo
«Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida» (Prov. 4: 23, versión ‘Dios habla hoy’).
El volumen que el lector tiene en sus manos nació originalmente como texto de lectura complementaria para las clases de Psicología General y Psicología Pastoral, impartidas por el autor en el Instituto Universitario Adventista de Venezuela (IUNAV). Su compilación en forma de libro obedece al hecho de que su contenido puede resultar de utilidad a todo aquel interesado en conocer algunas de las muchas facetas de esa maravilla de la creación que es la mente, y de la compleja conducta humana asociada a su funcionamiento.
Este es, precisamente, el territorio de la psicología: «El estudio científico del comportamiento y de los procesos mentales».1 Territorio considerado por muchos como prohibido al cristiano, pero cuya exploración, bajo la dirección divina, puede recompensarle con un conocimiento útil para comprender cómo opera la mente, la ciudadela del alma (este es el aspecto teórico, el “qué” del estudio) y, lo que es más importante, para saber cómo usar este conocimiento en la ciencia de la salvación, tanto nuestra como de los que nos rodean (he aquí el aspecto práctico, el “para qué”).
De esto escribe enfáticamente Elena White:
«Tratar con las mentes humanas es la obra más delicada en la cual los hombres estuvieron alguna vez ocupados».2
«A fin de conducir a las almas a Cristo, debe conocerse la naturaleza humana y estudiarse la mente humana».3
«La única seguridad de toda alma consiste en pensar correctamente. Tenemos que usar todos los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance para el gobierno de los pensamientos y su cultivo».4
Esta labor –la de conocer la mente humana para saber cómo tratar con ella– debe emprenderse con oración, en la confianza de que el mismo Espíritu que inspiró la redacción del registro sagrado, ayudará al buscador de tesoros celestiales a identificar (y aplicar a la vida espiritual) «los verdaderos principios de la psicología, [los cuales] se encuentran en las Sagradas Escrituras».5
Y ahora unas breves palabras en torno al contenido de este libro. Básicamente, cada capítulo sigue la misma estructura:
• Introducción del tema del capítulo mediante una ilustración práctica y aleccionadora (historia, experimento social, cita literaria...).
• Presentación y explicación de una teoría (o de un concepto) conocido en el mundo de la investigación psicológica.
• Ilustración de la teoría (o concepto) a través de ejemplos bíblicos.
• Derivación de lecciones prácticas para la vida espiritual del creyente.
Un cuadro-resumen puede ayudar en este punto (ver pág. 12).
Y ahora, unas palabras en relación con el título del libro: ‘Control de calidad para tu mente’. La expresión ‘control de calidad’ está de moda hoy día en el mundo de la producción, y también en el de la administración y la gerencia. Por medio de ese control se pretende conseguir lo máximo, lo último y lo mejor: es decir, la excelencia.
¿Forzamos las circunstancias si aplicamos el término para aludir a la naturaleza de nuestros pensamientos? Por supuesto que no, pues hemos leído que «todas las distintas capacidades que el hombre posee –de la mente, del alma y del cuerpo– le fueron dadas por Dios para que las dedique a alcanzar el más alto grado de excelencia posible»6 y que «todos los que quieran ser obreros juntamente con Dios, deben esforzarse por alcanzar la perfección de cada órgano del cuerpo y cada cualidad de la mente».7 Así que es apropiado aplicar criterios de calidad total a nuestra actividad mental. De ahí el título.
Hay todavía una razón más (además de la excelencia) para el mismo. Si, como decíamos al principio, “la única seguridad de toda alma consiste en pensar correctamente” y en “usar todos los medios que Dios ha puesto a nuestro alcance para el gobierno de los pensamientos y su cultivo”, ¡cuán apropiado es, entonces, establecer un control de calidad alrededor de todo lo que llega a la mente a través de las avenidas del alma! ¿No es esto lo que el apóstol Pablo nos exhorta a lograr cuando escribe que debemos «cautivar todo pensamiento en obediencia a Cristo»? (2 Cor. 10: 5 úp.).
Es el deseo de quien escribe, que todo el que lea estas páginas reciba de Dios la inspiración y el poder para establecer en su mente el tipo de control que solo permita la presencia de pensamientos dignos de obtener la aprobación en el control de calidad del Cielo. Al respecto, dice la Escritura:
«Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en eso pensad» (Fil. 4: 8).
El Autor
Referencias
1. R. Feldman, Psicología con aplicaciones a los países de habla hispana (México: McGraw-Hill, 1998), pág. 3.
2. E. White, Mente, carácter y personalidad, t. 1 (Coral Gables, Florida: APIA, 1990), pág. 3.
3. Ibíd., págs. 8-9.
4. Ibíd., t. 2, pág. 686.
5. Ibíd., t. 1, pág. 10.
6. Ibíd., t. 1, págs. 369-370.
7. Ibíd., t. 1, pág. 370.
[Nota de agradecimiento del Autor: A Juan Fernando Sánchez y al resto del equipo editorial de Safeliz, por sus valiosas observaciones y sugerencias en la preparación de esta obra.]
Nota de los Editores: La versión bíblica empleada en esta obra, mientras no se indique lo contrario, es la Nueva Reina-Valera de 1990 (RV90).
Cuando solo se citan la primera o la última parte de un versículo, en la referencia bíblica del mismo se incluirán las abreviaturas ‘pp.’ o ‘úp.’, respectivamente.
Índice temático-práctico
1. ¿Ver para creer o creer para ver? (Percepción)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
– Consistencia cognitiva
– Exposición selectiva
LECCIONES / APLICACIÓN
– Percepción es interpretación (vemos lo que queremos ver).
2. Una cadena fatal de acontecimientos (Memoria)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
– Memoria de corto alcance (MCA)
– Memoria de largo alcance (MLA)
– Principio de la acción escalonada
LECCIONES / APLICACIÓN
– Todo acción deja una huella en el cerebro.
– La importancia de guardar las avenidas del alma.
3. El enemigo está dentro de las puertas (Pensamiento y lenguaje)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
– Memoria de corto alcance (MCA)
– Memoria de largo alcance (MLA)
– Principio de la acción escalonada
LECCIONES / APLICACIÓN
– Nadie puede dañarnos sin nuestro consentimiento.
– La mente controla todo el ser humano (pero, a su vez, es controlada por leyes).
4. ¿Religión por la cruz o or la corona? (Motivación – I)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
– Teoría de la evaluación cognitiva
– Motivación intrínseca vs. motivación extrínseca
LECCIONES / APLICACIÓN
¿Qué motiva nuestra relación con Dios: el amor genuino (motivación intrínseca) o el interés por la corona (motivación extrínseca)?
5. ¿Minimax o maximax? (Motivación – II)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
– Motivación para la conducta
– Principio minimax (mínima inversión, máximo beneficio)
LECCIONES / APLICACIÓN
Aunque aceptable en la vida ordinaria, minimax no es aplicable a nuestra relación con Dios, pues esta demanda una entrega total.
7. Es cuestión de carácter, no de personalidad (Carácter))
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
Diferencias entre el concepto de personalidad y la noción de carácter
LECCIONES / APLICACIÓN
Aunque la sociedad atribuye más valor a la personalidad que al carácter, nuestro mayor capital debemos invertirlo en la edificación del carácter, pues este es el todo del ser.
8. Puedes creerte tus propias mentiras (Disonancia cognitiva)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
Teoría de la disonancia cognitiva
LECCIONES / APLICACIÓN
– Existe en el ser humano la tendencia a disculpar o justificar sus errores (autojustificación).
– La autojustificación tiene el peligro de que, en nuestro afán de proteger el yo, podemos recurrir a la mentira.
9. Mi situación es tu disposición (Explicación de la conducta)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
Teoría de la atribución
LECCIONES / APLICACIÓN
– Es peligroso juzgar a las personas por las acciones que realizan.
– El ser humano tiende a atribuirse el crédito por los logros y culpar a otros por los fracasos.
10. El principio de la no conformidad (Psicología social)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
La conformidad (cambio de conducta o creencia como producto de la presión grupal)
LECCIONES / APLICACIÓN
– La libertad de elección es el atributo que más nos asemeja a Dios.
– En vez de conformarse al estilo de vida socialmente aceptado, el cristiano debe transformarse.
11. Epílogo: ¿Cómo saber quién posee mi corazón?
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
Invitación a la reflexión personal...
LECCIONES / APLICACIÓN
– Lo que más amamos es nuestro tesoro.
– Donde esté el tesoro también estará el corazón.
6. La religión: ¿cuestión de acción o de emoción? (Emociones)
TEORÍAS Y CONCEPTOS:
– El papel de las emociones en la conducta (y en la religión)
– El papel de la voluntad
LECCIONES / APLICACIÓN
– La voluntad (la facultad de elegir) es el poder gobernante de la naturaleza humana.
– No podemos controlar las emociones, pero podemos controlar la voluntad.
1
¿Ver para creer o creer para ver?
Si conoces algo de béisbol, no tendrás dificultad en decidir cuál de los tres árbitros tiene razón acerca de cómo deben cantarse las bolas y los strikes.1 Veamos:
–Unas son bolas, otras son strikes –dice el primer árbitro–; las canto tal como son.
–Unas son bolas; otras, strikes; son como yo las veo –afirma el segundo.
–Unas son bolas; otras, strikes; pero nada son hasta que yo las canto –asevera el tercero.
¿Cuál de los tres ofrece la explicación más convincente?
El primero de ellos cree percibir la realidad de forma objetiva. El segundo árbitro parece menos convencido de que la realidad pueda ser percibida de manera exacta. El tercer árbitro declara que los envíos del lanzador nada son hasta que él les da nombre. ¿Cuál de los tres tiene razón?
¿Vemos todos lo mismo?
Para Griffin, la mayoría de los teóricos modernos de la percepción humana parece dar la razón al tercer árbitro de la anterior ilustración, pues, según ellos, la realidad está en el ojo del que mira: «La realidad», dice Griffin, «no es tanto un asunto de lo que ocurre allá fuera, como de lo que ocurre aquí dentro: en la mente».2 La verdad sería que el lanzamiento no es bola o strike sino hasta el momento en que el árbitro le pone nombre y esto solo ocurre después que él lo ha percibido y juzgado de acuerdo con su experiencia.
Un estudio sobre percepción humana, realizado en 1954, ilustra lo que estamos tratando de decir. Sus autores usaron como punto de referencia las incidencias de un partido de fútbol, caracterizado por la violencia, que tuvo lugar en 1951 entre los equipos de Dartmouth y Princeton.
Durante varios días después del encuentro las acusaciones de juego sucio llovieron desde todos los lados, tanto por parte de los fanáticos de cada equipo, como por parte de los medios de comunicación. Fue entonces cuando dos investigadores, Albert Hastorf y Hadley Cantril, decidieron examinar cómo el fanatismo deportivo afectaba a las percepciones de los seguidores de cada equipo.
Con tal fin, fueron seleccionados 63 estudiantes de la Universidad de Dartmouth y 161 de Princeton. La pregunta común a todos los participantes fue «¿Qué equipo comenzó el juego brusco?».
Un 36% de los estudiantes de Dartmouth afirmó que su equipo lo empezó, mientras que solo 11% de los de Princeton dijo que su equipo inició las acciones violentas.
La pregunta que los investigadores se formularon y, con razón, fue entonces: ¿Vieron estos muchachos el mismo partido? Para disipar dudas, reclutaron a un grupo diferente de estudiantes de cada colegio, les exhibieron una película del encuentro y les pidieron que anotaran todas las infracciones de cada equipo.
¿El resultado? Los estudiantes de cada universidad vieron a sus compañeros como víctimas y a los otros como victimarios. De nuevo, la pregunta: ¿Vieron el mismo partido? Basados en las discrepancias en la percepción de los espectadores, Hastorf y Cantril concluyeron:
«Parece claro que lo que llamamos “el partido” en realidad fue “muchos partidos” [...]. Es incorrecto y tendencioso decir que personas diferentes tienen “actitudes” diferentes con respecto a la misma “cosa”. El punto es que la “cosa” simplemente no es lo mismo para todo el mundo, ya se trate de un partido de fútbol, de un candidato presidencial, del comunismo o de las espinacas».3
Dicho de modo más simple: los desacuerdos sobre lo que vemos no son tanto el producto de diferencias de opinión, como de diferencias en la percepción, ya que en última instancia percepción es interpretación. Esto está plenamente de acuerdo con lo que dijo Elena White en su libro El ministerio de curación hace ya mucho tiempo:
«Diferimos tanto en disposición, hábito y educación que nuestra manera de ver las cosas varía mucho. Juzgamos de modos distintos. [...] No hay dos personas cuyas experiencias sean iguales en todo detalle».4
¿Ver para creer o creer para ver?
Los estudiosos de la percepción humana coinciden al señalar que esta es parte de un complejo y activo proceso a través del cual la gente «relaciona, organiza e interpreta estímulos sensoriales con el fin de darles una imagen coherente y significativa del mundo».5
El proceso es complejo y activo porque los estímulos que nos llegan del ambiente son objeto de un proceso de transformación a través de dos tipos de filtros: los perceptuales y los psicológicos.
Los primeros convierten la energía física (luz, sonido) en impulsos nerviosos que puedan ser analizados por el cerebro. A este proceso se le llama transducción y lo realizan los receptores sensoriales. Los segundos (los psicológicos) equivalen a nuestras expectativas, predisposiciones y actitudes, producto de nuestras experiencias pasadas.6
Para los fines de este estudio, los filtros psicológicos merecen mayor atención, pues ellos, según Plous, afectan a nuestras percepciones al punto de que lo que vemos es, en última instancia, lo que esperamos y queremos ver. Lo primero –lo que esperamos– es producto de factores cognitivos (creencias, actitudes, expectativas); lo segundo –lo que queremos ver– es el resultado de factores motivacionales (esperanzas, deseos, sentimientos, vínculos emocionales).7
Y esto, preguntará el lector, ¿qué importancia puede tener? La respuesta es: mucha. Porque estos factores cognitivos y motivacionales actúan combinadamente para producir en el ser humano lo que en psicología de la percepción se conoce como consistencia cognitiva.
¿Qué dice esta teoría? Establece que mientras el mundo opera de acuerdo con nuestras expectativas y creencias (es decir, es consistente), nos sentimos bien. Por el contrario, cuando las cosas suceden de manera inusual (es decir, de forma inconsistente con la concepción que tenemos de la realidad), la tendencia humana es a cambiar lo que percibimos hasta el punto de hacerlo armonizar con las creencias y motivaciones ya existentes.
Esta actitud se pone de manifiesto cuando, por ejemplo, escuchamos algún informe que deja en entredicho la honorabilidad de una persona que goza de nuestro mayor respeto y admiración.
Supongamos que el informe que circula acerca de un amigo nuestro habla de robo, o apropiación indebida de fondos. En tal caso, lo que escuchamos no es lo que creemos, o esperamos, acerca de su conducta; ni tampoco lo que deseamos que ocurra. Ante tal situación, lo más probable es que “filtremos” la información: no le daremos mayor crédito al rumor, o le daremos alguna explicación que no contradiga lo que ya pensamos al respecto. Esta actitud la mantendremos a menos que la evidencia sea tan abrumadora que ya no podamos sostener nuestra posición original.
Tal reacción típica ante rumores que cuestionen la reputación de un ser querido no es diferente de la que asumiremos cuando alguien ataque algo tan sencillo como nuestros gustos y opiniones, o asuntos tan complejos como nuestros principios religiosos y nuestras actitudes acerca de la vida y sus valores.
Lo anterior equivale a admitir, al menos, dos realidades:
1. Antes de que una nueva idea sea integrada en la vida de un individuo, este intentará hacerla consistente o compatible con sus creencias ya existentes.8
2. En el proceso de hacer consistente la percepción de una nueva idea o situación con las creencias ya existentes (“lo viejo”), lo más probable es que el individuo cambie o altere la percepción de “lo nuevo” con el objeto de preservar “lo viejo”. Este proceso es más evidente, dice Plous,9 cuando la persona ya está comprometida con una causa particular (por ejemplo, es simpatizante de un partido político, hincha de un equipo deportivo...) o con un curso de acción determinado. En cualquiera de estos casos, simplemente verá lo que espera y quiere ver.
Dicho esto, la pregunta con la cual iniciamos esta sección es apropiada: ¿Vemos primero y luego creemos, o creemos primero y luego vemos? Los especialistas coinciden en que primero creemos y luego vemos (en un esfuerzo por armonizar o hacer consistentes las nuevas experiencias de la vida con nuestras creencias ya existentes).
Algo de esto se puso en evidencia en la historia temprana del pueblo de Israel cuando algunos líderes del pueblo vieron gigantes y langostas. Analicémosla.
Gigantes, langostas y algo más
De acuerdo con lo dicho hasta aquí, una vez que un individuo fija posición con respecto a un asunto de su interés, sus percepciones posteriores se verán coloreadas por esa posición inicial.
Este fenómeno perceptual se puso de manifiesto en el informe que los doce espías rindieron al pueblo de Israel después de inspeccionar la tierra de Canaán. El relato bíblico de Números 13 afirma que, después de reconocer la tierra, los exploradores dieron un informe con las siguientes características:
1. Todos estuvieron de acuerdo en que la tierra era buena («mana leche y miel», Núm. 13: 27).
2. Diez de ellos consideraron una locura intentar conquistarla, puesto que sus moradores eran fuertes (había gigantes en medio de ella), las ciudades eran grandes y fortificadas y la tierra tragaba a sus moradores (vers. 32).
3. Dos de ellos, Caleb y Josué, en cambio, estimularon al pueblo a subir y conquistar la tierra, sin temor alguno (ver Núm. 13: 30; 14: 8). El hecho de que Dios estaba con ellos haría que se comiesen al enemigo «como pan» (14: 9).
La actitud tan diferente de los dos grupos (los diez y los dos) nos recuerda el partido de fútbol con el cual iniciamos este capítulo. Entonces preguntábamos: ¿Vieron los hinchas el mismo partido? Ahora preguntamos: ¿Vieron los doce espías la misma tierra y la misma gente? Según los dos informes, donde unos vieron un desafío invencible, a otros les pareció “pan comido”. ¿Cómo explicar tamaña diferencia?
La respuesta se encuentra en el principio de la consistencia cognitiva: los espías primero creyeron, luego vieron; es decir, cuando salieron en su misión exploradora ya tenían una posición inicial (“No podemos conquistarla”, en el caso de los primeros diez). Cuando llegaron a la tierra prometida, sus percepciones de la realidad se adaptaron a lo que ya habían decidido creer (es decir, que no podían). Por supuesto, esa creencia se pudo haber desvanecido si no hubiesen carecido de lo que sobraba a Josué y Caleb: el elemento fe («con nosotros está el Eterno», Núm. 14: 9).
En este incidente de la vida del pueblo escogido se puso una vez más de manifiesto que “la realidad está en el ojo del que mira”, pues imponemos a la realidad que percibimos toda la carga acumulada de nuestras experiencias pasadas (creencias, prejuicios, expectativas, actitudes). Esto de por sí no es malo, cuando dicho bagaje experimental está fuertemente impregnado de los principios de la Palabra de Dios. En cambio, puede ser fatal si en él abundan los valores y tradiciones del mundo, tal como ocurrió, por ejemplo, con los líderes judíos contemporáneos de Jesús. ¿Por qué no fue fácil para ellos ver en este al Mesías prometido?
Por supuesto que podríamos enumerar varias causas, pero en cualquier lista que elaboremos tendremos que incluir la que ha sido objeto de nuestra consideración en este capítulo: la consistencia cognitiva, esa tendencia tan común de hacer armonizar lo que percibimos de la realidad con lo que ya creemos.
¿Cómo actuó esa tendencia en los líderes religiosos de Israel en relación con sus percepciones acerca de Jesucristo? Simplemente, en el sentido de que Jesús no encajó dentro del molde de Mesías que existía en sus mentes. Y probablemente este proceso comenzó con las circunstancias que rodearon el nacimiento del Salvador, hecho del cual los primeros testigos no fueron los dignatarios de la época, sino humildes pastores, magos de Oriente y animales de un establo. Acerca de esto comenta acertadamente Elena White:
«Si los informes traídos por los pastores y los magos habían de ser aceptados, eso colocaba a los sacerdotes y rabinos en una posición poco envidiable, pues desmentía su pretensión de ser exponentes de la verdad de Dios [...]. No podía ser, razonaban, que Dios los hubiera pasado por alto para comunicarse con pastores ignorantes y gentiles incircuncisos. Resolvieron demostrar su desprecio por los informes que agitaban al rey Herodes y a toda Jerusalén [...]. Así empezaron a rechazar a Cristo los sacerdotes y rabinos. Desde entonces, su orgullo y terquedad fueron en aumento hasta transformarse en odio arraigado contra el Salvador».10
No podía ser que Dios los hubiera pasado a ellos por alto... Tampoco que ese Mesías proviniera de Nazaret, de donde nunca había salido nada bueno; que fuese “hijo de fornicación” y de un carpintero y que no hubiese estudiado en las grandes escuelas, al lado de los afamados rabinos de la época... No podía ser, además, que hablara de un reino espiritual caracterizado por el perdón al ofensor, la renuncia al orgullo y el servicio desinteresado al prójimo. Nada de esto podía ser. ¿Por qué? Sencillamente porque nada de esto era consistente con el modelo de Mesías que habían prefabricado en sus mentes.
¿Hay alguna utilidad espiritual, preguntará en este punto el lector, que se pueda extraer de todo lo dicho hasta aquí? Sí la hay y a esto nos remitiremos en el resto del capítulo. Enfocaremos primero la atención en el poder de los pensamientos y luego en la manera más eficaz de evitar que nuestros prejuicios y creencias puedan jugarnos una mala pasada al percibir la realidad circundante.
El poder de los pensamientos (y cómo aprovechar su influencia)
¿Qué principios prácticos se pueden derivar de lo que hasta aquí se ha afirmado? Comencemos por los que se relacionan con el poder de los pensamientos y sus efectos en las acciones, tal como los explica Elena White en el libro La educación.
1. Somos lo que pensamos. Este primer principio no debiera resultar nuevo al estudioso de la Biblia, pues el sabio Salomón así lo expresó: «Tal como piensa en su corazón, así es él» (Prov. 23: 7). Norval Pease enunció el mismo principio de esta manera. «Sus acciones pueden no ser usted. Sus palabras pueden no ser usted. Su reputación puede no ser usted. ¡Sus pensamientos son usted!».11
Los diez espías incrédulos de Israel, después del reconocimiento ocular de la Tierra Prometida, exclamaron: «También vimos gigantes allí [y...] nosotros, a nuestro parecer, éramos como langostas. Así les parecíamos a ellos» (Núm. 13: 33, destacado añadido). En su propia opinión, eran como langostas. ¿Lo eran realmente? Para un observador externo la respuesta es que no lo eran. Eran seres humanos. Pero el caso es que ellos mismos se percibían como langostas (la versión Dios habla hoy dice: «Nos sentíamos como langostas»). Este era el pobre concepto que tenían de ellos y, tristemente, eso llegaron a ser. Ahora bien, ¿cómo actúa alguien que se percibe a sí mismo como langosta? Esto nos lleva al segundo principio.
2. «Lo que hacemos es el resultado de lo que somos».12 Si los diez espías incrédulos sentían que eran como langostas, ¿cómo se esperaría que actuasen? ¿Podrían langostas, por ejemplo, conquistar una tierra donde residían gigantes? Imposible. Así que, pensando que eran langostas, se comportaron como tales, pues en lugar de animar al pueblo a emprender la conquista, los descorazonaron al exclamar: «No podremos subir contra esa gente, porque son más fuertes que nosotros» (Núm. 13: 31).
Las palabras y acciones de Caleb y Josué, por el contrario, fueron el resultado de una actividad mental totalmente diferente. Ambos pensaron que sí podían conquistar la tierra. ¿La razón? En sus propias palabras: «Si el Eterno se agrada de nosotros, nos introducirá en esa tierra que mana leche y miel, y nos la entregará. Por tanto, no seáis rebeldes contra el Eterno, ni temáis al pueblo de esa tierra, porque nosotros los comeremos como pan. Su amparo se apartó de ellos. Pero con nosotros está el Eterno. No los temáis» (Núm. 14: 8-9).
3. «Toda acción reacciona sobre el que la ejecuta».13 En forma sencilla, este tercer principio establece que todo lo que dices y haces tiene un efecto bumerán; es decir, retorna hacia ti. De esto hablaremos con más detalle en el capítulo 3. Por ahora baste decir que este principio tuvo influencia en los espías incrédulos: cuanto más se espaciaban en las dificultades de la empresa que Dios les encargó, menos fe tenían para ejecutarla; el que habla de fe tendrá más fe, y el que habla de dudas, más dudas tendrá.
