Conversión ecológica - Verónica Figueroa Clerici - E-Book

Conversión ecológica E-Book

Veronica Figueroa Clerici

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Beschreibung

Este libro profundiza la línea de reflexión sobre el cuidado de la Casa Común —iniciada con nuestra publicación anterior Crisis ecológica. Aportes para una ecología integral (2020) — propuesta por el Papa Francisco en su interpeladora encíclica Laudato si.    El análisis pone ahora la mirada en el hombre, como principal responsable de la situación de degradación actual de nuestra casa-mundo, para reflexionar sobre la necesaria "conversión ecológica" como respuesta al reclamo de cuidado y atención de la tierra. ¿En qué medida y cómo tenemos que cambiar —de mirada, de actitud, de hábitos— para revertir esta crisis? ¿Cómo operar ese cambio, esa conversión? Para dar respuesta a estos interrogantes, se proponen los aportes de algunas áreas específicas como el derecho, las ciencias ambientales, la filosofía, la teología y el pensamiento social cristiano.

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Seitenzahl: 280

Veröffentlichungsjahr: 2022

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CONVERSIÓN ECOLÓGICA

Hacia un compromiso con la ecología

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA

AUTORIDADES

Rector

Ing. Rodolfo Gallo Cornejo

Vicerrectora Académica

Mg. Prof. Lilian Constanza Diedrich

Vicerrector Administrativo

Dr. Darío Eugenio Arias

Vicerrector de Formación

Pbro. Dr. Cristian Arnaldo Gallardo

Vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación

Mg. Lic. Daniel R. Sánchez Fernández

Vicerrector de Tecnología y Educación Digital

Ing. Lic. Daniel Torres Jiménez

Vicerrector de Extensión e Integración

Ing. Alejandro Patrón Costas

Secretaria General

Mg. Lic. Silvia Milagro Álvarez

INSTITUTO PARA LA INTEGRACIÓN DEL SABER «SAN ALBERTO MAGNO»IPIS - UCASAL

Directora

Lic. Verónica Figueroa Clerici

EDITORIAL EUCASA

Directora

Lic. Rosanna Caramella

Comercialización

Lic. Mariana Remaggi

Administración

Lic. Agostina Joaquín

CONVERSIÓN ECOLÓGICA

Hacia un compromiso con la ecología

VERÓNICA FIGUEROA CLERICI

Coordinadora

Índice de contenido
Portada
Portadilla
Legales
Introducción: en vistas a una conversión ecológica Verónica Figueroa Clerici
La posición de Laudato si’ en las humanidades ambientales Marta Inés Palacio
Conversión ecológica y Escritura. Tres lecturas teológicas de un texto controversial Román Guridi Ortúzar
La sustentabilidad como principio rector de la conversión José Ignacio Gere
Ecoteología en el Antropoceno: Alerces y humanos en los territorios del sur de Chile Pedro Pablo Achondo Moya
La conversión ecológica en tiempos de pandemia y crisis climática Eduardo Agosta Scarel
Laudato si’ y la jurisprudencia de la Tierra. Enfoques comunes Juan Sebastián Lloret
Nuevas sendas para el servicio de la vida integral Ariana Díaz Acuña
Creados en Cristo, el hombre nuevo Cristian Arnaldo Gallardo

Conversión ecológica : hacia un compromiso con la ecología / Marta Palacio... [et al.] ; compilación de Verónica Figueroa Clerici. - 1a ed. - Salta : EUCASA-Ediciones Universidad Católica de Salta, 2022.

Libro digital, EPUB - (EUCASA - Identidad / Ecología)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-950-623-253-5

1. Ecología. 2. Teología. I. Palacio, Marta. II. Figueroa Clerici, Verónica, comp.

CDD 577.01

Para citar este libro:

Figueroa Clerici, V. (Coord.) (2022). Conversión ecológica. Hacia un compromiso con la ecología. Salta: EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta).

Para citar una parte:

Palacio, M. I. (2022). «La posición de Laudato si’ en las humanidades ambientales»; en Figueroa Clerici, V. (Coord.) (2022). Conversión ecológica. Hacia un compromiso con la ecología. Salta: EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta).

© 2022, por EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta)

Colección: EUCASA Identidad / Ecología

Resolución Rectoral 267/2022

Diseño de interior: [email protected]

Arte de tapa: Flavio Burstein STEREOTYPO (www.stereotypo.com.ar)

Versión: 1.0

Digitalización: Proyecto 451

Primera edición en formato digital: mayo de 2022

Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina

Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa

Tel./fax: (54-387) 426 8607

e-mail: [email protected]

Depósito Ley 11.723

ISBN: 978-950-623-253-5

Este libro no puede ser reproducido, total o parcialmente, sin autorización escrita del editor.

INTRODUCCIÓN: EN VISTAS A UNA CONVERSIÓN ECOLÓGICA

VERÓNICA FIGUEROA CLERICI (1)

En la encíclica Laudato si’, documento magisterial al que alude este libro, el papa Francisco profundiza un tema ya planteado en los papados anteriores, tanto de Benedicto XVI como de Juan Pablo II: la cuestión de la «conversión ecológica»(2). Algunos autores opinan que este concepto es la finalidad plena del documento y que renueva la tradición cristiana a la vez que aporta singularmente a la conversión ambiental.

En el ámbito teológico y eclesial el término «conversión» se refiere a un cambio de actitud con acepción religiosa, como el paso del ateísmo a una creencia o fe (el «converso»). También indica una conversión de tipo moral, que muestra la variación de determinada conducta. Más aún, aquí hacemos referencia al término en un sentido de transformación, que no atañe solo al comportamiento ético o a una adhesión religiosa, sino a una nueva cosmovisión, una novedosa forma de mirar la realidad, una evolución del pensamiento, para lo cual es necesario un ejercicio reflexivo enriquecido por la experiencia y, a la vez, direccionado hacia ella.

Así, la «conversión ecológica» no solo expresa la revisión de nuestra relación con la naturaleza, sino del lugar que esta ocupa en un entramado de relaciones que conforman nuestra «casa común», como el papa Francisco ha denominado al hábitat que compartimos. No implica tener en cuenta diversos aspectos diferenciados entre sí, como si se tratara de una enumeración de elementos que es necesario considerar: una ecología ambiental, social, espiritual; sino acaso de adquirir la capacidad de entender el «todo» en sus diversas interconexiones.

Se trata de una nueva cosmovisión con una profunda inspiración ética y religiosa, que cuestiona de manera radical el modelo de civilización tecno-científica imperante y propone un paradigma alternativo capaz de salvaguardar armónicamente los derechos de la naturaleza y los de la humanidad (Tamayo, 2014)(3).

Requiere una mirada amplia, que no se limita a reconocer el problema y buscar soluciones en la técnica. No es un problema puntual o marginal, o disfunciones que puedan corregirse con métodos tecnológicos más sofisticados que permitan revertir procesos, sino un cambio profundo e integral, una conversión ecológica, reconociendo que «todo está conectado»(4). Como señala John Zizioulas, «necesitamos no una ética, sino un ethos. No un programa, sino una actitud y una mentalidad. No una legislación, sino una cultura (Zizioulas, 1992)(5).

Este libro le da continuidad al primero de un binomio: Crisis Ecológica. Aportes para una ecología integral (6), donde apuntamos a un trabajo interdisciplinar a tono con la búsqueda de una ecología integral, entendiendo que los caminos que se deben implementar para recuperar una relación armónica del hombre con el medio ambiente no pueden surgir exclusivamente del ámbito de la ciencia o de la política, sino que es necesario el aporte desde la ética y la teología. De esta forma, asumimos la tarea de ejercitar una integración del saber estudiando los pasos concretos que debemos dar con la mirada en un horizonte de sentido que nos marque el rumbo.

Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje (LS 63).

En aquel texto, con contribuciones desde las ciencias naturales, la economía, el trabajo social, la historia y la teología, la clave del trabajo fue la idea de crisis ecológica, pensamiento que ayudó a profundizar en el estado de situación actual, y a tomar conciencia del drama ambiental y de la urgencia del trabajo para revertirlo. El abordaje del problema refirió que la situación crítica en la que se encuentra la Tierra obedece a la mano humana, que intervino en ella por momentos de manera despótica, o cuando menos ingenua, con la ilusión de que los recursos naturales fuesen infinitos.

En esta ocasión, habiendo constatado la crisis, queremos volver la mirada al ser humano, partícipe y responsable de la situación, para reflexionar sobre la conversión ecológica. Esto pide, como dijimos, la colaboración de un entramado de disciplinas para un abordaje integral, un esfuerzo necesariamente conjunto. Sin embargo, también implica una conversión personal, pues es cada individuo el que puede «despertar» a una nueva cosmovisión de la realidad. Se trata, entonces, de un intencional encuentro entre disciplinas, y a la vez de un compromiso personal de sus autores para ofrecer información y reflexión que nos permita un cambio de mirada para una nueva actitud. Auguramos que la compilación y lectura de estos artículos sea ya un ejercicio para la conversión ecológica.

Los distintos aportes

El presente texto está integrado por ocho artículos organizados en torno a la conversión ecológica desde distintos ámbitos: filosofía y humanidades ambientales (aquí confluyen la filosofía, la literatura y la crítica ecológica literaria, el arte, la historia, la antropología y la psicología ambientales), teología y ecoteología, ciencias jurídicas, física y ciencias de la atmósfera.

Abre la reflexión Marta Palacio, quien realiza una lectura hermenéutica del documento Laudato si’ y nos aporta su original concepto de «intrarrelacionalidad» para señalar un nuevo eje axial vertebrador de las humanidades ambientales. Puede este paradigma considerarse un antídoto a la dispersión de los entes y también de las ciencias, me atrevo a agregar, para abordar la realidad de manera integral. Esta idea se corresponde de algún modo a la afirmación de LS: «todo está conectado», que se expresa «en la intraconexión de todos los seres orgánicos e inorgánicos (físicos, químicos y biológicos) y en la red que articula a todas las especies entre sí» (LS 138).

La autora pone el foco en problematizar la naturaleza ontológica y el origen antrópico de esos «indebidamente llamados fenómenos ‘naturales’, que cada vez más se presentan imprevisible e incontroladamente». Se trata de un replanteo epistemológico, ontológico y ético-político sobre la crisis ambiental. «El paradigma intrarrelacional conforma una nueva mentalidad: apunta a un nuevo modo de conocer, estar y obrar», desarticulando los binarismos ontológicos opositivos y alejándose de la concepción sustancialista. La realidad aparece más bien constituida como «un entramado de relaciones invisibles y multiformes, que se ensamblan, rearticulan, intra-actúan, transforman y se disuelven constantemente», que no es armoniosa, sino que también muestra su faz conflictiva y desequilibrada. Al asumir la interrelacionalidad ontológica postula, en consonancia con el pensamiento levinasiano, una ética no basada en la libertad racional del sujeto humano, sino en la vulnerabilidad de todo ser.

A estos aspectos se suman, a la hora de pensar la conversión ecológica desde la clave de Laudato si’, una espiritualidad y mística ecológicas, que transforman las relaciones de los seres y se apoyan en los lazos que nos une a todo. Esta conversión confluirá, como dice el Papa, en una «sublime fraternidad con todo lo creado» (LS 221), otra forma de expresar la intrarrelacionalidad.

En línea con este artículo, Román Guridi nos ofrece una perspectiva teológica, particularmente exegética, a partir de tres estrategias interpretativas del texto bíblico que genera tanta controversia en la reflexión ecológica. Génesis 1,26-28 narra la creación del ser humano «a imagen y semejanza de Dios» al que le estarán sometidos los animales y al que se invita a «dominar» a todos los seres vivientes. Señalando la importancia de una interpretación contextual y la necesidad de «una exégesis no ingenua», el autor propone elementos para abordar desde una perspectiva teológica la vida ecológicamente sustentable.

Así como Palacio habla del paradigma de la intrarrelacionalidad, Guridi señala que la idea de la interconexión —todo está conectado— es una suerte de mantra de la encíclica:

Lo interesante es que dependemos no solo de otras personas, sino también de sistemas naturales. Estas relaciones, además, nos son constitutivas; es decir, no podemos abolirlas ya que permiten que seamos quienes somos, en nuestra constitución física e identidad. Dicho de otro modo, todas las personas existimos gracias a una trama de relaciones que sostienen nuestra identidad y nuestro actuar. Dependemos intrínsecamente de otras personas, pero también de otras criaturas, como el aire y el agua.

Afrontando de lleno las acusaciones que recaen sobre el cristianismo, de ser la perspectiva religiosa más antropocéntrica que haya conocido la historia de la humanidad, revisa con audacia la exégesis de los textos difíciles del Génesis, consciente de que las religiones aportan narraciones que pueden promover (o no) una vida sustentable. Este es en sí un ejercicio de conversión ecológica que cuestiona el dominio irrestricto del ser humano en relación a los otros seres y lo entiende orientado al cuidado, al respeto y la responsabilidad. No se trata de una exégesis apologética «que rescataría la sabiduría ecológica de los textos bíblicos olvidada bajo una capa histórica de interpretaciones erradas», tampoco de hallar «un recetario de hábitos y conductas» o «máximas éticas ecológicas totalmente formuladas», sino de una lectura que busca, en un entramado complejo de escritura y contexto como es la Biblia, imágenes y nociones que inspiren y alienten la conversión ecológica tan necesaria en el contexto de crisis socioambiental actual.

Una contribución que realiza el diálogo entre disciplinas en su propio artículo es la de José Gere, doctor en Física a la vez que profesor en Ciencias Sagradas. Presenta la sustentabilidad como principio rector de la conversión procurando un abordaje simplificado de cuestiones tan complejas. Este trabajo refleja el esfuerzo continuo por una mirada integradora, en esta «red de inter-retro-relación de todos los sistemas vivos y no vivos, entre sí y con su medio», que tiene características de cambio y mutabilidad.

El «todo está conectado» de LS no solo se aplica a nivel global, en la «casa común», sino en cada ser viviente que constituye un universo en sí mismo. Así, la teología ya hace varias décadas ha replanteado la idea del hombre buscando formulaciones que revelen la integridad, más allá de la conjunción «y» como nexo coordinante. Ya no «cuerpo y alma», sino «cuerpo animado» o «alma encarnada». Con la misma lógica, Gere propone este juego de palabras que propicia la integración: «ni natural, ni antrópico; más bien naturaleza antrópica y antropicidad natural».

Refiere un análisis histórico de la armonía/desarmonía del hombre con la naturaleza que nos ofrece una esperanza en el camino de conversión y propone el concepto de desarrollo sustentable relativo al ámbito de la ética, más que una categoría científica.

Debemos configurar un mundo donde sea posible trazar senderos desde la desarmonía a la armonía con la naturaleza. La sustentabilidad, en cuanto valor, es nuestro punto de partida y nuestra meta. Horizonte por momentos desdibujado, pero, sin dudas, un horizonte posible.

Indagar en los lazos, «entrelazamiento» o «entrecruzamiento» entre el mundo humano y no humano es una de las pretensiones del artículo de Pedro Pablo Achondo. Puntualmente, hace referencia a los vínculos que se han generado entre el ser humano y los alerces, una especie endémica de árboles muy antiguos de los bosques del sur de Chile y Argentina.

Nos vuelve a resonar esta idea de Francisco en Laudato si’: «Todo está conectado», acercándose a los conceptos de «intrarrelacionalidad» de Palacio, de «interconexión» en Guridi y de «red de inter-retro-relación» en Gere, que refieren relaciones entre humanos y no humanos que nos son constitutivas, donde hay una dependencia intrínseca de los otros seres. Aquí Achondo usa otra formulación, hablando del «entremedio» o «hibridación» para analizar estas relaciones en el Antropoceno, como aporte esperanzado en época de crisis. «La vida se da en el entremedio, en lo que circula».

El encuentro con el otro no humano es una invitación a experimentar nuevos lenguajes para el diálogo, corporales y materiales, donde es posible «dejarse tocar» por la naturaleza, en este caso, por ese bosque de alerces que recoge historia y vida. Ayudado por diversos autores contemporáneos, el autor expresa que la ecoteología en el Antropoceno nos motiva a desarrollar diferentes tipos de relaciones antropocéntricas, en las que podamos comprender que «estamos todos, humanos y no humanos, insertos en una misma malla, que formamos parte de una misma respiración», nuevas relaciones que «debieran apuntar a nuevas alianzas interespecies, a otras formas de comprender el mundo de la vida y la vida en el mundo». Estas nuevas formas no deben obviar la devastación, ni ignorar que vivimos en una «era de padecimientos».

Por último, con agudeza y lucidez, Achondo plantea en un breve excursus un análisis de las categorías que puedan nombrar esta realidad pluriversa, señalando límites y posibilidades de aquellos términos que solemos escuchar: Gaia, Madre Tierra, casa común.

Retrasar políticas comunes globales ante la crisis climática es análogo a postergar la solidaridad entre las naciones ante la crisis humanitaria de pandemia del COVID-19, señala Eduardo Agosta Scarel en el siguiente artículo de este libro. Desde sus áreas de formación (las ciencias de la atmósfera y la teología), el autor nos propone en estas líneas preguntas que interpelan para la conversión ecológica que se revela urgente: si «los expertos en epidemias han advertido durante años el riesgo de una pandemia por coronavirus a escala planetaria» y «no supimos estar preparados y prevenir las consecuencias más duras», de la misma manera, no alcanzamos a medir la seriedad de los efectos del cambio climático, pese a que la comunidad científica viene avisando hace tiempo de los riesgos que implica. «¿Será posible que no nos podamos anticipar a los dramáticos efectos del cambio climático hasta que este haya comenzado a causar eventos meteorológicos extremos irreversibles, de gran impacto social?». Y agregamos, ¿cómo aprovechar el ejercicio de análisis urgente frente a la pandemia para forzar también la atención a la grave crisis climática que afrontamos?

Tras mostrar datos que respaldan la preocupación por las consecuencias del cambio climático y la posibilidad real de revertir la situación (comprobada, por ejemplo, con la disminución de emisiones de dióxido de carbono durante la pandemia a causa del confinamiento), el autor reflexiona sobre las razones por las cuales a nivel personal no nos decidimos a realizar el cambio. Efectivamente, no se trata solo de falta de información o toma de conciencia, pues aún con la mejor explicación científica seguimos indiferentes al problema. En este punto, propone un itinerario de conversión afectiva, pues «aquello que no toca el centro emocional del ser humano no tiene capacidad de cambiar efectivamente el comportamiento del individuo»; «el centro de la decisión humana son los pensamientos o ideas que han sido cargados de afectividad y presentan una significancia movilizadora, llegando a ser convicciones profundas». En sintonía con la ética de la vulnerabilidad planteada por Palacio, el presente artículo nos propone la clave de la empatía para superar el individualismo y la indiferencia como paradigmas de pensamiento dominante. «Frente al tema de la crisis ecológica en general y la climática en particular, para provocar el cambio buscado, tenemos que ‘atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo’, nos dirá el papa Francisco (LS 19)». El lugar del testimonio y el rol de la familia y del educador para el aprendizaje de esta habilidad social son fundamentales, considera el autor.

Plantear una nueva mirada ante la realidad a la hora de pensar en una propuesta de conversión ecológica requiere, decíamos, una mirada interdisciplinar para un problema tan complejo. En el sexto artículo de nuestro libro, Juan Sebastián Lloret nos ofrece, desde las ciencias jurídicas, el ejercicio de encontrar las vinculaciones existentes entre los fundamentos de la Carta encíclica Laudato si’ del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común y los fundamentos de lo que hoy la Organización de las Naciones Unidas (ONU) llama la jurisprudencia de la Tierra. Muestra el autor algunos matices diferenciales, aunque señala finalmente que se encuentran «más similitudes que diferencias: los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible, que, en el año 2015 y de manera casi universal, han planteado los distintos Estados y ha emitido la Asamblea General de la ONU, son un catálogo ético similar al catálogo teológico que propone Laudato si’».

Establece, entonces, algunas comparaciones descubriendo los puntos en común de los documentos provenientes de distintos ámbitos. Hablar de un «estado ecológico de derecho», con enfoques holísticos e integrados del desarrollo sostenible, se corresponde a la idea de ecología integral de Laudato si’, que incorpora dimensiones humanas y sociales. La llamada jurisprudencia de la Tierra y los derechos de la naturaleza que tienen las generaciones futuras son análogos a la ética ecológica y social cristiana planteada en la encíclica, que vela por la justicia entre las generaciones. La encíclica del papa Francisco plantea la comunión de los seres vivos, que incluye la protección de los animales no humanos que la jurisprudencia contempla, como también los «bienes de la creación que pertenecen a todos» formulados como «bienes comunes» en el derecho. Por último, también las limitaciones, errores y amenazas a la vida que se leen en la realidad son formuladas en el ámbito penal como un «ecocidio» (el Diccionario de la Real Academia Española lo define como la destrucción del medio ambiente, en especial de forma intencionada), mientras que Laudato si´ «habla de un pecado ecológico, revelando Francisco que allí hay un crimen contra la naturaleza, pero también un crimen contra nosotros mismos».

El aporte testimonial de Ariana Díaz y su reflexión teológica en torno a los ministerios ofrece una perspectiva original y concreta para pensar la conversión ecológica en tiempos de necesaria humanidad.

A raíz de algunas experiencias compartidas con mujeres en la Amazonía peruana, en el ámbito de la partería y la obstetricia, y la necesidad de visibilizar tanta vida, la autora propone el reconocimiento oficial y la institución de ministerios con un directo e inmediato servicio a la vida.

Tras plantear el alusivo texto del Éxodo que narra la actuación de las parteras Sifrá y Puá, reflexiona sobre el liderazgo de las mujeres que acompañan los nacimientos y, siguiendo el camino ministerial que la Iglesia fue desarrollando en estos años, entiende que es factible un reconocimiento oficial de esta labor ligada al cuidado de la vida, una tarea fundante y central en la comunidad. Si bien este ministerio «no tendría por qué ser ejercido solamente por mujeres. Convendría incluso la participación y colaboración conjunta de hombres y mujeres como expresión de la riqueza que subyace en la pareja humana. Esto no quita, sin embargo, que este sea planteado desde una sensibilidad femenina».

Deja abierto, entonces, el camino para el ejercicio del discernimiento y la recepción comunitaria de lo que, en el contexto cultural y eclesial actual, «el Espíritu diga a las Iglesias».

Por último, desde el ámbito de la teología dogmática, el artículo de Cristian Gallardo nos ofrece pensar la conversión ecológica en clave cristológica. La encarnación, vinculación gratuita de Dios y el hombre, junto a la consciencia cada vez más clara de esa realidad, revela en el mundo que el entramado de relaciones que allí opera es don y tarea a la vez.

Desde una perspectiva teológica descendente y en diálogo sobre todo con el segundo y sexto capítulo de la encíclica, el autor analiza la relación del ser humano con la creación a la luz del acontecimiento Jesucristo y desarrolla una propuesta espiritual de contemplación y conversión «vivida desde el reconocimiento del mundo como un don divino», con la consciencia «de que estamos conectados a las demás creaturas y formamos una preciosa comunión universal».

El desafío

El problema ecológico nos pone de cara a la experiencia del límite y revela la fragilidad del ser humano que no supo cuidar de la naturaleza, que le posibilita la vida. Sin embargo, es justamente la vulnerabilidad lo que nos permite establecer vínculos, decir: «te necesito». Los lazos con la naturaleza deben ser recreados, volviendo al humus, a la conciencia humilde de los que somos. La bella imagen a la que alude el pueblo de Israel en el libro del Génesis, en medio de sus luchas y conflictos y tratando de entender esa paradoja de limitación y potencia a la vez, da cuenta de esto: «Entonces, el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente» (Gn 2,7).

Creo que este texto encierra una clave para reflexionar sobre nosotros mismos, para conocer quiénes y cómo somos. Quisiera leerlo desde una óptica paradojal (7). El barro con el que Dios moldea al hombre y el aliento vital son imágenes que pueden simbolizar dos aspectos del ser humano en aparente contradicción, que son: la fragilidad —por un lado—, la vulnerabilidad de todo ser humano, y la fuerza, la potencia que todo ser humano tiene; es decir, su aspecto de creatura, en el primer caso, y de cocreador en el segundo.

Una mirada dualista podría hacernos jerarquizar estos elementos pensando que la fuerza está por encima de la fragilidad. Con este paradigma hemos juzgado muchas veces la realidad dándole más valor a la razón que a la emoción, al alma que al cuerpo, al hombre por encima de la naturaleza. Durante mucho tiempo, el ideal del ser humano fue alcanzar la perfección desechando todo rastro de vulnerabilidad, y nos ha puesto en un camino más bien sacrificial que de madurez o crecimiento. Me pregunto si no es por un rechazo a esta percepción que ha surgido una cultura con un acento más hedonista y sentimentalista, también con un riesgo desintegrador.

Volviendo al texto del Génesis, podemos leer que Dios no nos quiere perfectos, sino humanos (pretender lo primero se asemeja más bien a la tentación de «ser como dioses» que narra más adelante el mismo libro del Génesis).

Lo interesante es pensar que la humanidad es la conjunción de estos elementos como dos fuerzas en tensión que nos permiten justamente vincularnos, crear lazos con los demás. Más que un equilibrio (donde las fuerzas se anularían), decimos que se trata de una paradoja, en la que la fragilidad no es un elemento negativo ni subordinado, sino que es aquello que nos permite abrirnos a la ayuda de otros, y la potencia es lo que nos permite ofrecer algo a los demás. Saber que siempre necesitamos de otro y que todos tenemos algo que ofrecer es lo que construye una comunidad, una casa común. La fragilidad del ser humano, entonces, no es algo que necesitemos «superar», sino que nos constituye, al igual que la fuerza creadora que hay en nosotros.

Es claro que puede haber desbordes: podemos ser prepotentes o también victimizarnos y pretender que sea otro quien resuelva nuestros problemas, o que «se resuelvan solos». Es lo que nos sucede con la cuestión ecológica, creemos poder «dominar» la naturaleza o creer que la responsabilidad o posibilidad de cambio la tiene otro. Situarnos en cualquiera de estas alternativas sería «deshumanizarnos».

Estamos en un momento en el que debemos tomar decisiones que reviertan los factores que están en el origen de la crisis ecológica, que señala Francisco en Laudato si’: la cultura del descarte (LS 22), la producción y el consumo sin límites (LS 56) y la idolatrización de las ciencias técnicas (LS 104). En relación a esto último, sería ingenuo creer que solo la innovación y el desarrollo de tecnologías sustentables podrían solucionar el problema, sin cuestionarnos por el sentido o la orientación de nuestras conductas. No es suficiente, por ejemplo, contar con otros modos de producción energética sin preguntarnos para qué usaremos la energía, sea como sea que se obtenga. Para esto, el papel de la reflexión teológica en diálogo con las otras ciencias es fundamental para el análisis de las posibilidades que tenemos. También las religiones facilitan una orientación cosmológica y valores morales que tienen una enorme repercusión en nuestra relación con el entorno natural. «Además de ser configuradoras de una visión del mundo, las tradiciones religiosas sirven como fuente de inspiración»(8). Con una mentalidad sectorial, será difícil encontrar soluciones óptimas. Tal y como indica el papa Francisco, «la especialización tiende a convertirse en aislamiento y en absolutización del propio saber. Esto impide afrontar adecuadamente los problemas del medio ambiente» (LS, n. 201).

Las religiones nos proponen modelos de vida y dan razones para sustentar una vida humilde, más sencilla, que disfrute con los bienes disponibles sin ansiedad, en diálogo con la naturaleza de la cual formamos parte. El cambio de hábitos de consumo es parte de lo que el papa Francisco entiende por conversión ecológica: «La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo» (LS 222).

Por último, nos interesa señalar que otro elemento clave en la contribución ambiental de las religiones es su papel en la educación. Las instituciones educativas religiosas tienen una gran oportunidad, que no puede limitarse a informar el funcionamiento del ecosistema o de los problemas que lo amenazan. Es necesario, también, educar en la empatía y en la sensibilidad para identificar las dificultades y proponer alternativas válidas para cambiar la relación con el entorno, poder admirarse ante lo bello y asegurar la complicidad de los jóvenes en su conservación.

La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático (LS, 194).

Nuestra Universidad, como institución educativa católica, se compromete en esta tarea. Este texto quiere ser una contribución para responder a la misión y visión que nos compromete en el reconocimiento del don y en la tarea de una conversión ecológica para vivir mejor.

1. Universidad Católica de Salta: [email protected].

2. La conversión ecológica es un tema que ya está planteado y muy presente en la tradición cristiana desde sus primeros siglos. Cfr. Chuvieco Salinero, E. (2017). «La conversión ecológica en la Laudato si’ y en la tradición cristiana». La Albolafia: Revista de Humanidades y Cultura, Issue: 10, ISSN: 2386-2491, 27-42, y Rincón Andrade, M. (2018). «Hacia una comprensión de la conversión ecológica». Franciscanum 169, Vol. LX, 311-337.

3. Tamayo, J. J. (2004). Nuevo paradigma teológico. Madrid: Trotta.

4. LS 16, 91, 117 y 138.

5. Zizioulas, J., Metropolitan of Pergamon (1992). «Preserving God’s Creation». EnBreuilly, E. y Palmer, M. (Eds.). Christianity and Ecology. Londres: Cassel. 47-63. Citado por R. Guridi Ortúzar en su artículo «Conversión ecológica y Escritura» del presente libro.

6. Figueroa Clerici, V. (Comp.). (2020). Crisis ecológica. Aportes para una ecología integral. Salta: EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta).

7. La paradoja es una figura que utiliza expresiones aparentemente contrapuestas, pero que dan cuenta de una realidad única.

8. Romero Rodríguez, J. J. sj. (2016). «Llamada a una espiritualidad ecológica y una mística que nos anime». Revista de Fomento Social71, ISSN 0015 6043, 131-135. Lo que sigue surge de la lectura de este texto.

LA POSICIÓN DE LAUDATO SI’ EN LAS HUMANIDADES AMBIENTALES

MARTA INÉS PALACIO(9)

Introducción

En este trabajo presentamos ciertos conceptos e ideas que han abierto nuevos cauces a la crítica filosófica contemporánea. Si desde fines del siglo XIX y durante todo el siglo pasado la teoría se concentró en la cuestión social desde una perspectiva ética, económica y/o política, a partir de los años 70 la cuestión ambiental se transformó en el asunto candente de la crítica filosófica por su relevancia y urgencia.

Hoy el ambiente se muestra lacerado y trastocado en sus procesos naturales por la acción humana. Experimenta toscos y notorios cambios que se aceleran alocadamente por la degradación de sus elementos y ruptura de los equilibrios ecológicos. Se contorsiona en violentos fenómenos climáticos, que obran articulados y reactivamente a los procesos destructivos y contaminantes de la industrialización avariciosa, y se producen condiciones asfixiantes para la vida de numerosas especies animales (¡los científicos hablan ya de la sexta extinción masiva de especies por efecto del calentamiento global!).

La incierta direccionalidad de este impredecible actuar del ambiente, de aquello que nos parecía pasivo, amablemente apacible y contenido dentro de su repetición cíclica, es quizás lo que más desafía y zamarrea al humano: la Tierra actúa, tamborea con bruscos movimientos, nos dirige la «palabra», convertida en clamor desgarrado y grito lacerado. El pánico nos invade quebrando el deleite estético de la ingenua visión panorámica de la «bella naturaleza» (Latour, 2012).

Los argumentos filosóficos que aquí esbozamos han surgido como compromiso teórico ante esta aguda interpelación de Gaia que se presenta como rostro animado y sufriente, y al mismo tiempo, en estado de guerra y combate (Latour, 2017). Su mandato heterónomo es amenaza, es como si nos dijera: «No me matarás porque también yo puedo matarte». Esta argumentación se enclava en la amplia perspectiva epistemológica transdisciplinaria de las humanidades ambientales. Con esta denominación comprendemos al área humanística contemporánea que afronta y estudia la cuestión de la crisis ecológica y ambiental a partir de restaurar el diálogo entre las humanidades y las ciencias, interrumpido por el divorcio de las dos tradiciones, científica y humanística, que desde la modernidad han fluido por sendas opuestas.

En la era geológica del Antropoceno (Trischler, 2017) —noción en la que se reconoce la potencia y acción humana en la transformación y alteración de los procesos geológicos y de los sistemas ecológicos—, las humanidades ambientales apelan acuciantemente a un replanteo epistemológico, ontológico y ético-político sobre la crisis ambiental que dispute y reemplace el especismo, el antropocentrismo y la razón instrumental, subyacentes al actual cambio climático antropogénico.

Aspiramos a que el breve, aunque comprimido, recorrido de este ensayo permita iluminar situaciones y realidades locales y globales de la crisis ambiental y ecológica, poniendo el foco en problematizar la naturaleza ontológica y el origen antrópico de esos indebidamente llamados fenómenos «naturales», que cada tanto nos zamarrean por su incontrolable fuerza y nos pasman por su imprevisibilidad.

En este capítulo partimos de la hipótesis de que el eje axial verte-brador de las humanidades ambientales lo constituye el paradigma de la «intrarrelacionalidad»(10), al que hemos denominado así en un osado neologismo. Consideramos que de este se derivan los enfoques y tesis filosóficas, aunque no siempre explicitadas ni argumentadas en los diversos textos, documentos y producciones de las humanidades ambientales en su conjunto.

Por lo tanto, en este trabajo bosquejaremos algunas de las tesis involucradas bajo el paradigma intrarrelacional en el nivel ontológico, epistemológico y ético-político. En este último plano, nos abocaremos a dilucidar la potencialidad y alcance de una «ética de la vulnerabilidad» —formulada en diálogo con los planteos filosóficos de la obra de E. Levinas— que establezca la responsabilidad primordial e irrecusable ante la fragilidad de la Tierra, ante la vulnerabilidad de cada uno de los seres, humanos y no humanos. Ética capaz de fundar un orden de justicia ecológica y despertar la pasión por el cuidado del otro, de todo otro ser y entidad, humano y no humano.

Finalmente, propondremos ciertos argumentos sobre la inclusión de la Carta encíclica Laudato si’