5,49 €
Hay momentos de nuestra vida que no recordamos, momentos que seguramente nos marcaron, momentos que seguramente nos destruyeron y nos reinventaron. Con el tiempo uno decide ver esos fracasos como aprendizajes, y es que algo bueno debemos sacar de todo esto… Y aprender no es tarea fácil. Aprender significa "adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio, el ejercicio o la experiencia". Entonces, ¿vale la pena aprender sobre lo aprendido? Difícil, ¿no? ¿Y si desaprendemos? Desaprender es hacer un esfuerzo consciente para decodificar y desconocer patrones establecidos abandonando zonas de comodidad intelectual. Reaprender alude a desestimar y hasta eliminar responsablemente lo que ya no sirve y aprender algo de forma distinta a la que durante años hemos realizado. Así, descubrí que para poder desaprender necesitaba ser sincero conmigo mismo, aceptar que mis decisiones y mis verdades no me llevaron a los lugares correctos, reaprender una vez más, pero esta vez haciendo las preguntas correctas y estando dispuesto a escuchar las respuestas. Este libro de poemas, reflexiones, confesiones y frases nace desde un lado más emocional y un sinfín de historias escuchadas un domingo por la tarde cuando todo no alcanza para que duela menos. Es un viaje que hará que te replantees la forma de sentir y razonar algunas situaciones diarias que hacen eco a lo largo de la vida. Y generará preguntas sobre el amor propio, los límites del no y la tan temible soledad. Reconocer el dolor no es de cobardes, transitarlo es de valientes. Sanemos juntos.
Das E-Book können Sie in Legimi-Apps oder einer beliebigen App lesen, die das folgende Format unterstützen:
Seitenzahl: 64
Veröffentlichungsjahr: 2023
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Delgado, Ernesto Adrian
Corazón, el viaje es hacia dentro / Ernesto Adrian Delgado. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
118 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-262-0
1. Antología. 2. Poesía. 3. Reflexiones. I. Título.
CDD A861
Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.
Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.
La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.
Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Delgado, Ernesto Adrian
© 2023. Tinta Libre Ediciones
Agradecimientos:
Para mi compañero de viaje.
Para mis hermanos de sangre.
Para mis hermanos de la vida.
Para mis abuelas.
Para mis padres.
Para l@s que me salvaron en vida.
Prólogo
Algunos dicen que no hay sobre la tierra ser más perfecto que alguien que sonríe después de haber estado roto y que, aún roto, ha logrado rearmarse con los restos que le quedaban.
Escribí este libro desde la oscuridad en la que me encontraba hace algunos años, pero también seguí escribiéndolo desde un lugar de luz, cuando pude coserme unas alas para despegar del suelo tormentoso que me lastimaba.
Yo no soy tan diferente a vos; en realidad, creo que en algún punto todos nos parecemos, lo que cambia son los escenarios y, por supuesto, la cara de algunos personajes.
La trama en la historia es, a veces, la misma. Amamos y no nos aman, amamos demasiado por nuestras carencias y, casi siempre, amar demasiado no es bueno: dejamos de amarnos o nunca lo hicimos; cedemos el control de nuestras vidas y ni hablar de que cedemos el control de nuestras emociones. Somos niñas y niños abandonados, viviendo en cuerpos de adultos que no se escuchan, que ya no sienten.
Vos y yo no somos tan diferentes: a mí me rompieron, me rompí, lastimé y me lastimaron, mentí y me mintieron, callé y me callaron; a mí, como a vos, también me censuraron…
Y aquí estamos, medio rotos, medio sanos, pero con unas ganas inmensas de gritarle al mundo que nunca más nos callamos.
Yo escribo para sanar.
Todos tenemos algo para sanar
A veces creemos que sanar emociones tiene que ver solo con la relación que tengo con el otro, pero en realidad también tiene mucho que ver con cómo me relaciono con el mundo que me rodea.
Quiero contarte que yo tenía una relación conflictiva con la comida: trataba de llenar vacíos emocionales heredados por el abandono de mi infancia y, aunque me creía ajeno a ello, no me daba cuenta de que me estaba destruyendo por completo.
Pude descubrirlo gracias a que sistemáticamente me dediqué a repetir una y otra vez los mismos errores emocionales. Yo era un dependiente emocional, dependía de algún otro que quisiera quererme.
Así, ese vacío se hacía más grande, porque nada alcanzaba para llenarlo, entonces comía, engordaba, lloraba, me enojaba, me sentía solo, solo y feo, feo y gordo.
Creo, sin duda alguna, que lo que me salvó fue reconocer que algo no estaba bien; pedir ayuda y hacerme cargo de la situación. Luego, con tiempo y paciencia, aprendí a sanar, abrazando los procesos, y, de una manera consciente y coherente, comencé a revisar mis emociones, lo que me llevó a sanar la relación con mis padres.
Sí, mis vacíos emocionales fueron gestados en mi niñez: el abandono.
“Aún no he sanado, estoy transitando el camino, que no es fácil, pero al menos lo intento”.
No estás sol@, todos tenemos miedo
Sé que tenés miedo de dar ese paso que lo va a cambiar todo, sé que las noches se hacen interminables y los días te queman la piel.
Conozco esa soledad infinita que se apodera del tiempo y ralentiza la vida. Yo también estuve ahí, sentado, esperando que todo pasara…
Tranquil@, sé que tenés la fuerza necesaria para salir de esta y de todas las que vendrán, porque, aunque nadie te lo diga, dentro de ti existe una fuerza gigante que está dormida y que tenemos que despertar.
NO ESTAMOS SOL@S.
Y aquí estoy yo, acompañándote en este momento, construyéndote unas alas para que aprendas a volar.
TE ABRAZO, TE MIRO, TE SIENTO.
¡¡¡Buen día!!!
Un día vas a lograr todo aquello que estás deseando, un día el cielo se abrirá en dos y sentirás que al fin sucedió.
CONFIÁ EN VOS…
Todos estamos algo rotos, algo tristes
Yo sé que te está doliendo el alma justo ahora, pero también sé que contarte que mañana saldrá el sol no hará que te sientas mejor, al menos no por el momento.
Quizás tengamos que dejar que la tristeza nos abrace esta noche y enfrentarnos a nuestros propios miedos.
Yo también estuve ahí, sé lo que se siente ese nudo en la garganta y el peso en el pecho que te deja sin aliento, con pocas posibilidades de respirar. Yo también estuve ahí, llorando incansablemente y rogándole a Dios que todo esto pasara…
Quizás te dijeron que tenés que estar bien, como si sonara a una orden dada por los que no tienen ni idea de lo que estás sintiendo ahora. Puede ser que a veces la gente quiera ayudar y, en realidad, terminen complicando todo aún más.
Necesitás espacio, transitar la emoción, llorar hasta sentir que lo has dado todo y, totalmente rendid@, descansar, para, por la mañana, comenzar a luchar de nuevo.
No voy a mentirte diciéndote que no vas a volver a estar triste: la tristeza va a acompañarnos a lo largo de nuestras vidas, nos abrazará cada vez que recordemos un amor que no fue, la herida de quien nos abandonó, el dolor de quien nos traicionó y hasta esos abrazos de quienes ya han partido.
Dejá que pase, tomate tu tiempo, pero no te olvides que, por sobre todo, seguimos en esta tierra para honrar la vida y disfrutar también de las tormentas que luego nos traen la calma.
“Permitite estar triste, permitite llorar a tus muertos, permitite decir hasta aquí llego, pero permitite también ser feliz”.
Dicen que equivocarse también es de valientes
La cagamos…
Y mientras repito estas palabras como si fueran un mantra, me doy cuenta de que la culpa me inunda el alma.
Me equivoqué, te equivocaste, actuamos por impulso o simplemente no pensamos bien las cosas. Simplemente, la cagamos...
Pero hablemos de la culpa que sentimos cuando nos damos cuenta de que no es por ahí, cuando la vergüenza nos recorre el cuerpo y salir corriendo sin rumbo pareciera una decisión acertada.
Solo te equivocaste, te diste cuenta e incomoda, ¿no es suficiente castigo ya?
¿Y qué hay de lo que aprendimos?
A veces solo nos quedamos con el error y olvidamos el aprendizaje, olvidamos prestar atención a lo que cambió en nosotros, olvidamos felicitarnos por asumir y por aprender.
El mundo está lleno de dedos que acusan, pero faltan brazos que abracen y miradas que no juzguen. Vas a estar bien, porque descubriste que la forma de aprender es, a veces, cagarla tanto que duela.
“Equivocarte también es parte de aprender y aprender es parte de evolucionar, no te castigues, aprendé a perdonarte”.
Para esos días
(en los que se te ocurre dejar ir…)
Me he estado preguntando: “¿Cómo se hace para dejar ir?, ¿cómo hacer para que la respuesta duela menos que la pregunta?”.
Seguramente te has estado preguntando lo mismo, si dolerá menos que seguir pensando en cómo hacer para que ya no duela.
Dejar ir, imagino, es sacarte pensamientos que rondan una y otra vez, refregar la piel para que ya no esté esa fragancia, esa caricia, ese beso, ese momento, como un tatuaje malhecho o alguna mancha de nacimiento que ya no queremos ver.
