Correo no deseado - Jazmín Carballo - E-Book

Correo no deseado E-Book

Jazmín Carballo

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Beschreibung

"Los colibríes tienen un corazón que late casi el triple que cualquier otro pájaro y es por eso que viven menos tiempo. Se encienden y arden, no dosifican, como los romances en ciudades extranjeras, romances colibrí". ¿Se puede retomar una relación después de años de no tener contacto? ¿Es factible perdonar y mirar al futuro sin rencor? Cuando la última charla, el último beso, parecen haber sucedido ayer, nos movemos con cautela, como una presa que sabe que su hora está cerca. Jazmín Carballo y Matías Puricelli, en las voces de Carolina y Facundo, diseccionan el vínculo amoroso y sus imposibilidades mediante un intercambio conmovedor, en el que sobrevuelan las segundas oportunidades.

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Seitenzahl: 123

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Correo no deseado

Correo no deseado

Jazmín Carballo y Matías Puricelli

Índice de contenido
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Legales
Correo no deseado

Carballo, Jazmín

Correo no deseado / Jazmín Carballo ; Matías Puricelli. - 1a ed. - La Plata : Odelia, 2022.

Libro digital, EPUB - (Avalancha)

Archivo Digital: descarga ISBN 978-987-47957-9-3

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas Románticas. I. Puricelli, Matías. II. Título.

CDD A863

ODELIA EDITORA

facebook.com/odeliaeditora

[email protected]

www.odeliaeditora.com

Copyright © 2022 Odelia editora

© 2022, Jazmín Carballo y Matías Puricelli

Fotografía de solapa: Ph Martín Gamaler (foto Jazmín). Ph Samir Carrillo (foto Matías).

Tipografías: ©Jost

Diseño gráfico de tapa e interiores: @che.ca.dg

Digitalización: Proyecto451

ISBN edición digital (ePub): 978-987-47957-9-3

A los amores que han pasado

y a los que vendrán.

PRIMERA PARTE

TANTO TIEMPO

Estaba barriendo el living de casa y no podía parar. Primero me desesperé un poco porque pensé que podía estar toda la tarde barriendo sin final, pero después me di cuenta de algo más importante y por eso te escribo. Hola, tanto tiempo.

No podía parar porque siempre había un poquito más de tierra, siempre. Primero barrí la tierra evidente, la que se ve a simple vista, la que te hace acordar cuando pasás por ahí que hay que barrer, que el piso está sucio. En el caso particular de mi casa (me mudé hace un año) suele haber restos de pintura de las paredes que tienen un poquito de humedad y se descascaran, ya casi me acostumbré. Al principio me molestaba, pero pintar es un quilombo. Terminé de barrer y cuando me di vuelta, en el piso, el mismo piso que había barrido recién, volví a ver tierrita, así que agarré la escoba y volví a barrer, en el mismo lugar, mismo mismo, eh. Yo pasaba la escoba, ponía toda la tierra en la pala, me daba vuelta y volvía a haber tierra, polvo, no sé qué es, pero cuando paso la escoba algo se acumula, sin final.

Uno deja de barrer cuando se cansa, no cuando deja de haber tierra, me di cuenta. Sí, todo ese párrafo para esto.

¿Qué estamos haciendo hace tres años con este silencio tácito en el que nos sumergimos? Sí, dije sumergimos, sé que estarás pensando que siempre uso palabras que tienen que ver con el agua para hablar de cosas que nada tienen que ver con el agua. No cambié tanto, en fin.

Dejamos de hablar y de vernos porque estábamos cansados, por si no se entendió la metáfora, la epifanía. Te encantaba la palabra “epifanía”, ¿te sigue encantando? Que pregunta pelotuda. Te encantaba cuando me respondía a mí mismo “que pregunta pelotuda”. ¿Te seguirá encantando? CUAC. Quedó viejo el cuac, ¿no? Por momentos parece que todo quedó viejo.

Tres años es un montón de tiempo, más con todo este quilombo, y volverte a seguir en las redes sociales para saber algo de vos me parecía un poco triste.

Bueno, eso. Yo, por lo menos, siento que ya descansé. ¿Cómo estás?

Ojalá sigas usando esta casilla de mail, y si no, bueno, si no, no sé.

Saludos, Facu

SALUDOS

Saludos. Que me digas “saludos” me parece un glitch, un pixel gigante, un rasguño en el cancán. ¿Saludos, me pusiste? Siento que es algo que se coló en la carta como quién no quiere la cosa. Como esa palabra que decís cuando querés decir otra, ¿viste? Y esa palabra sorpresa te revela cosas que no pensabas que pensabas, pero sí, las pensabas. Están ahí tranqui hasta que suc, se te vienen, te desnudan, te desnudan ante vos misma. Me pasó el otro día eso, cuando le conté al Juli que me escribiste. Sí. Le conté al Juli que me escribiste. Mi silencio no fue porque no quisiera responder, sino porque no sabía cómo, ni qué, ni cuándo. Quedé muda, en shock, estatua. Estatua con una sonrisa. Una sonrisa entre Mona Lisa y Julia Roberts. Así quedé, con la boca en esa posición, pero sin sonido. Y cuando le conté al Juli, le quise decir: ¿A que no sabés quién me escribió?, pero me salió: ¿A que no sabés quién me pasó a buscar? Y ahí me acordé de que esa era la sensación que yo tenía justo cuando dejamos de vernos: que me pasaras a buscar. Fantaseaba con eso. Con que un día, así de la nada, en un rapto de decisión, pasaras a buscarme como lo hacías cuando estaba todo bien. No sé bien qué es “todo bien”. Tampoco estuvo todo mal. Bueno, yo no la pasé del todo bien, pero no es “bien”. ¿Ves? Bien y mal nos queda chico, bueno, voy a decir: antes de lo que pasó, antes del silencio. Porque ahora que lo pienso, después de tu email, este de ahora, fui yo la que quedó silenciomudaestatua, y siento que una parte mía recién hoy te puede comprender. Porque cuando pasó todo lo que pasó, fuiste vos el que se apagó, el que se calló, el que se petrificó. Y quizás ahora se produjo el intercambio, la rotación. Algo de mí comprendió lo que es no poder, lo que es querer y no poder.

¿Sabías que te mandé mensajes telepáticos? Ahora que lo digo suena medio ñoño, pero en el momento lo creí fervientemente. Sentí tanta rabia cuando te fuiste, o cuando no volviste, que quería acortar ese silencio y te escribía en mi cabeza. Me subía a la terraza y te mandaba cartas. Mantuve conversaciones enteras donde nunca nos despedíamos, hablábamos hasta el amanecer. Borradores de conversaciones, posibilidades de respuestas mías, tuyas, tuyas, mías. En un momento sentí como si me hubiera devorado a los dos y terminé hablando con una nueva voz, una nueva voz producto de la fusión de nosotros dos. Y cuando me llegó tu email me acordé de esa loca telepática que fui y sentí que de alguna manera esos mensajes llegaron. Tal vez con delay, tal vez con el tiempo justo o con el tiempo que tenía que ser. Pero no un “tenía que ser” como algo vinculado al destino, sino el que tenía, o tiene (ya no sé en qué tiempo verbal hablar), el que tiene que ser para nosotros, escribir “nosotros” me da calor…, bueno, entre vos y yo.

Cuando leo tu “CUAC” siento tu voz. Y puede que sí, que suene viejo, pero yo lo leí como un “AH RE”. Quedó todo viejo, parece, por momentos… Sí, pero tu email me actualizó, de alguna manera le puso play a toda esa vida detenida, transformó la foto que fuimos en algo con movimiento.

Hace unos días vi nuestra película, la de Julia Roberts. Sigo sin tener tele, pero acá donde estoy hay dos, cada tanto hago un zapping y siempre que veo a Julia la dejo para ver si es la nuestra. Y sí, era. Enganché la parte en que está trabajando a full en la oficina, los compañeros no lo pueden creer, es otra, se va descamando y haciéndose cargo del personaje nuevo. Qué adrenalina/felicidad me da esa parte en las películas. Después de que viste al personaje caer, fallar y quebrarse, caer, fallar y quebrarse… algo se abre, algo gira, es mínimo, eh. Como si el agua encontrara la grieta y se filtrara, confiara en el camino, abriera el dique y traaa, ¡cascada! Bueno, ahí, Julia está re cascada, no la para nada, no la para nadie. Justo esa parte enganché y le saqué una foto a la película, bah, a la pantalla con ella adentro. Me pregunto, si alguien estuviera mirándome desde afuera, a qué partes le haría screenshot. ¿En qué parte de la peli estaré ahora? Si estoy en la cascada todavía no me doy cuenta, ¿vos en qué parte te sentís?

Afectos.

Carolina

MODO CASCADA

Decís “Julia está re cascada”, y no puedo evitar acordarme de nosotros (es verdad que suena raro) viendo películas hasta las tres de la mañana, tomando café y quejándonos de que no nos iba a dormir nadie.

Un mes de licencia terminamos pidiéndonos en el trabajo, simplemente para tener tiempo libre y ver películas hasta cualquier hora, y despertarnos cuando se nos diera la gana. Cuando cuento esta anécdota en alguna reunión en la que no te conocen, la gente quiere conocerte. A mí me pasaría lo mismo. De hecho, alguna vez fantaseé con que alguien cuente algo de alguien en una reunión en la que no conozco a nadie, que me den muchas ganas de conocer a la persona de la que hablan, y que seas vos. Y escribirte y pasarte a buscar y que nos riamos a carcajadas de lo maravillosa que es la vida, de lo sincronizados que estamos. Mucho, un montón, ya sé; pero el mundo, así como está, pareciera pedir que nos digamos la verdad.

Pensé que no me ibas a responder, si te soy sincero.

Sí, me apagué, me callé, me quedé mudo. Sé que me vas a decir que no me estás pidiendo explicaciones, y en realidad no las tengo, pero es tal cual. Me quedé mudo, no podía hacer otra cosa. Yo sentí que vos tampoco, que si bien fui yo el que se quedó mudo, vos no tenías fuerza para sacarme las palabras.

Lo de los mensajes telepáticos no lo puedo creer, en realidad sí que puedo, la cantidad de veces que te me viniste a la cabeza de la nada, como si una patada eléctrica me estuviera atravesando sin aviso, por ahí eras vos, ¿no?

Acá en donde estoy, decís en un momento, y creo que no es una metáfora, ¿no? ¿Te mudaste o te quedaste varada en algún lado? De solo pensar que no tenés más esa terraza me da tristeza.

Se me vienen un montón de preguntas para hacerte, pero no te quiero avasallar. Por momentos en el mail parece que querés decirme que soy un pelotudo, y por momentos parece que querés seguir hablando. Yo quiero seguir hablando. ¿No tenés ninguna de tus cartas telepáticas escritas, por ejemplo? El día, la hora. Me da una intriga...

Volví a comer carne, no se lo conté a casi nadie todavía. De hecho, discutí con mi vieja el otro día porque decía que el pescado y la carne..., la de siempre. Y yo le decía también la de siempre, que es lo mismo, que es carne, que son animales, me puse a gritar, ¿podés creer? Nada, llegué a casa, me pedí una milanesa y dije basta, no puedo con esto.

Por ahí a mi vieja le siga discutiendo, así logro que deje de comer carne y al menos se mantiene el equilibrio. Siete años yo, siete años ella y así. Es un chiste, una ocurrencia. Igual pienso a veces, que mi vieja y yo no podemos hacer lo mismo al mismo tiempo, es como si necesitáramos que el otro haga lo contrario para defender apasionadamente lo que hacemos.

En fin...

Con respecto a la peli, hace tanto no la veo..., pero sí estoy en el modo cascada, me parece que entró tanta agua que me estoy ahogando. Exageré un poco, estoy bien, pero viste que, de tanta caída, quiebre, caída, quiebre, cuando todo empieza a salir bien, le queda el miedo a uno de que todo se vaya a la mierda... bueno, así estoy.

Afectos y saludos, Facu

MINI FACUNDO

Qué lucidez esa. La que prescindía del café, la lucidez hecha de la fe, la fe antes de ponerle nombre, la fe antes de saber qué era lo que nos habitaba.

Te leo y nos veo. Despiertos, abiertos, hambrientos. Hambrientos de nosotros, de querer comer el uno del otro, de alimentarnos el uno al otro. De ser el incendio y no parar de brotar. Nos brotaba todo. ¿Dónde habrán quedado esos dos?

Para conocernos estuvimos años, meses, días, horas, y para desconocernos solo hizo falta un movimiento. Desatar todo lo que fuimos me llevó un tiempo desproporcional al que pasamos juntos y quizás sea algo que nunca se termine. Cuando te fuiste me quedé conmigo misma, pero con todo el huracán que nacía de nuestro encuentro. Un solo cuerpo con la energía de dos. Fuego, tormenta, barro. Todo destartalado, inaccesible, ensordecedor. Cuando escribo “nosotros” no me parece raro, me da CALOR. Y no me doy cuenta si es por la furia de que se haya terminado o de la sensación que era besarte. Las dos cosas son escenas que ya pasaron, pero que giran enfrente de mí. Escenas fantasma, pero con un caudal como para dejarme paralizada. Ese mismo caudal, el del huracán, fue el que me quedó cuando te fuiste y no supe qué hacer con tanto, entonces todo “eso” hizo de mí lo que quiso. Nuestro final se transformó también en mi fin. Chau. Adiós. Caput. Telón. Lo más increíble de sentirse muerta, de sentir que te quedás sin aire, que se colapsa el corazón, que el calor te pincha la piel y la empuja hasta donde ya no hay borde, es que nada de eso termina sucediendo y una sobrevive, o convive con eso, hasta que “eso” decide esfumarse.

No sé cuánto de la chica de la que te enamoraste quedará en mí. El desconocernos tuvo efectos centrífugos, como una bolita de pinball