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La escritora cubana Lydia Cabrera conoció en persona al fotógrafo francés Pierre Fatumbi Verger en 1954, en el Hotel Ritz de París. Le llevó, como obsequio, un ejemplar de su monumental El monte, que acababa de publicarse en La Habana ese año. Otro amigo común, Roger Bastide, etnólogo y profesor de la Universidad de Sorbonne los había presentado. Desde entonces se estableció entre Cabrera y Verger una relación epistolar centrada sobre todo en el interés mutuo por las artes y religiones de África. Esta Correspondencia con Pierre Verger es el fruto de un diálogo fraterno que duró décadas. En las cartas aquí reunidas se habla de religión, de arte, de historia y también de sus propias vidas. Lydia se sincera más de una vez y le cuenta a Pierre de su desarraigo tras terminar viviendo exiliada en Miami. Hay también un profundo respeto y una admiración mutuas.
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Seitenzahl: 125
Veröffentlichungsjahr: 2024
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Lydia Cabrera y Pierre Verger
Correspondencia entre Lydia Cabrera y Pierre Verger Cartas de Yemayá a Changó Edición de Antonio Fernández Ferrer
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Créditos
Título original: Cartas de Yemayá a Changó. Epistolario inédito de Lydia Cabrera y Pierre Verger.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Red ediciones
ISBN CM: 978-84-9007-948-5.
ISBN ebook: 978-84-1126-788-5.
Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar, escanear o hacer copias digitales de algún fragmento de esta obra.
Sumario
Créditos 4
CARTAS DE YEMAYÁ A CHANGÓ 11
Epistolario inédito de Lydia Cabrera y Pierre Verger 11
Introducción y justificación 11
Metodología 12
Brevísima presentación 15
Pierre Verger y las creencias africanas en América 16
Cartas enviadas por Lydia Cabrera a Pierre Verger carta 1 27
Carta 2 31
Carta 3 32
Carta 4 33
Carta 5 35
Carta 6 36
Carta 7 38
Carta 8 40
Carta 9 42
Carta 10 44
Carta 11 45
Carta 12 47
Carta 13 49
Carta 14 52
Carta 15 54
Carta 16 56
Carta 17 58
Carta 18 60
Carta 19 61
Carta 20 62
Carta 21 64
Carta 22 65
Carta 23 66
Carta 24 67
Carta 25 69
Carta 26 70
Carta 27 72
Carta 28 73
Carta 29 74
Carta 30 75
Carta 31 77
Carta 32 79
Carta 33 81
Carta 34 82
Carta 35 84
Carta 36 86
Carta 37 88
Carta 38 90
Carta 39 92
Carta 40 94
Carta 41 96
Carta 42 98
Carta 43 99
Carta 44 100
Carta 45 101
Carta 46 102
Carta 47 103
Carta 48 104
Carta 49 105
Carta 50 106
Cartas de Yemayá a Changó
Epistolario inédito de Lydia Cabrera y Pierre Verger
Introducción y justificación
Lydia Cabrera (La Habana, 1900-Miami, 1981) y Pierre Verger (París, 1902-Bahía, 1996) son dos de los grandes investigadores de las supervivencias africanas en Cuba y en Brasil, respectivamente. Se ha dicho que en la investigación de Lydia, «el texto científico se ve subvertido por la suave violencia de la oralidad popular»;1 esa presencia de lo popular se percibe en la transformación del trabajo fotográfico y de investigación desarrollado por Pierre Verger.
Desde que Lydia Cabrera y Pierre Verger se conocieron personalmente en París en 1954 su relación epistolar se mantuvo hasta 1988, apenas tres años antes de la muerte de Lydia sucedida en 1991. Con posterioridad a este primer encuentro, se vieron en Cuba en 1957 durante una estancia de gran importancia por las experiencias que compartieron. Quizá uno de los momentos clave para el conocimiento de las creencias afrocubanas sea la visita que, en el verano de 1957, Verger y Cabrera hicieron, acompañados por Josefina Tarafa y Alfred Metraux, a la población de Pedro Betancourt en donde se celebraron unas ceremonias religiosas, que fueron ampliamente documentadas, en la Laguna Sagrada de San Joaquín.
La relación entre Pierre Verger y Lydia Cabrera era conocida por la publicación conjunta que hicieron tras esta visita a Cuba en 1957 y que fue publicada por Hartmann Editores bajo el título, Cuba, un libro con 196 fotografías de Pierre Verger y textos de Lydia Cabrera. Además, casi dieciocho años después de la visita a Pedro Betancourt, Lydia Cabrera publicó la narración de aquellas jornadas en las que asistieron a las ceremonias rituales bajo el título La laguna Sagrada de San Joaquín, acompañado con fotografías de Josefina Tarafa.
La relación entre ambos también podía seguirse a través de las referencias que sobre sus respectivas obras se incluyen en sus publicaciones. La Universidad de Miami, a través de la Cuban Heritage Collection, en su página web, [www.library.miami.edu/chc], tiene a disposición de los investigadores 87 cartas y tarjetas postales enviadas por Pierre Verger a Lydia Cabrera. Sin embargo, para reconstruir el significado y trascendencia de la relación Verger-Cabrera faltaba por conocer el contenido de las cartas enviadas por Lydia Cabrera a Pierre Verger.
Que Lydia Cabrera y Pierre Verger sean dos de los más importantes investigadores de la presencia negra, no hace sino confirmar la importancia de un intercambio epistolar que es mucho más que la constante muestra de afectos y el envío de informaciones, es sobre todo la manifestación de una manera de rastrear «la huella profunda y viva» que dejaron «los conceptos mágicos y religiosos, las creencias y prácticas de los negros importados de África durante varios siglos de trata ininterrumpida».2 Como podría haberlo dicho el gran fotógrafo que era Verger, ambos compartían un modo de ver, de mirar por el objetivo.
Metodología
Desvelar la importancia que para los estudios afroamericanos tiene la correspondencia entre Pierre Verger y Lydia Cabrera hacía necesario visitar los archivos de la Fundaçao Pierre Verger en Salvador de Bahía, Brasil, donde se conserva el legado de Pierre Verger.
La Fundaçao Pierre Verger (FPV) fue creada por Pierre Verger en 1988 como consecuencia de «dos de mis amores: el que siento por Bahía y el que tengo por aquella región de África situada en el Golfo de Benin». El acervo que conserva la FPV está formado por cerca de 62.000 negativos y 8.000 ampliaciones fotográficas (la mayor parte de estas ampliaciones fueron hechas entre 1934 y 1950). Además cuenta con más de 3.500 volúmenes, en su mayor parte dedicados a la cultura, la historia y las religiones africanas y afrobrasileñas. Junto al legado fotográfico y bibliográfico se encuentra un depósito constituido por notas personales, maquetas de libros, correspondencia con investigadores, amigos, editores, museos...
Durante una estancia en Salvador de Bahía realizada en el otoño de 2004, investigando en el legado personal de Pierre Verger depositado en los archivos de la FPV, encontré las cartas enviadas por Lydia Cabrera. En la FPV se conservan cincuenta cartas y una tarjeta postal enviadas por Lydia Cabrera a Pierre Verger. La primera corresponde a septiembre de 1955 y la última al 12 de septiembre de 1987. Una de las cartas no tiene fecha.
Una vez transcritas las cartas, fueron leídas y ordenadas de forma cronológica junto a las ochenta y siete cartas enviadas por Verger a Cabrera, escritas en francés y disponibles en el servidor de la Universidad de Miami. El conjunto de esta documentación permite hacer una lectura completa del epistolario y reflexionar sobre la relación mantenida entre Verger y Cabrera.
Para reconstruir la crucial visita a Cuba de 1957, que estaba llena de sombras por la escasa información existente y por los errores que se habían deslizado en el libro publicado por Lydia, pude consultar, además de las cartas, el carnet de viaje de Pierre Verger en donde anotaba con una meticulosidad extraordinaria las personas y lugares visitados a diario. Por último, las dedicatorias autógrafas de los libros de Lydia Cabrera que se conservan en la Biblioteca de la FPV, y que se incluyen al final como anexo, son una prueba más de la profunda amistad que unió a estos dos grandes investigadores de la presencia africana en América.
1 Martin Lienhardt, «El fantasma de la oralidad y algunos de sus avatares literarios», Unión, no 28, 1997, La Habana, pág. 27.
2 Lydia Cabrera, El Monte. Linkgua ediciones, 2024, Barcelona.
Presentación
En los patakines, o relatos en que se transmiten las vidas y avatares de los Orichas, dioses de origen africano que forman la cubana Santería o Regla de Ocha, hay diferentes versiones sobre la maternidad de Changó, dueño del trueno y el más popular de los Orichas. En algunos patakines se le hace hijo de Yewá, dueña del cementerio, aunque la mayor parte le considera hijo de Yemayá, diosa del mar, madre natural o madre de leche a cuyos brazos llega Changó «precipitado de un cielo tormentoso, una bola de fuego que era un niño envuelto en llamas».3
Para saber cuál es el Oricha del que un creyente es hijo se necesita cumplir un complejo ritual iniciático. Un ritual que no siempre se realiza; así, una persona puede convertirse en adepta a un Oricha viendo que su personalidad encaja en el carácter de su santo, lo cual no está exento de peligros, pues «no se escoge a un Oricha; son los Orichas quienes eligen a su prole».4
«Por lo general las hijas de Yemayá son fuertes, voluntariosas, sostenidas, estrictas, altivas, a veces impetuosamente arrogantes. Tienen el sentido de la jerarquía, son autoritarias, formales, se hacen respetar, se imponen a los demás. Valientes, luchadoras, animosas, cuando se empeñan en obtener algo no vacilan en echar todo al agua. No las apocan las dificultades y en la adversidad son admirables: hijas del mar, no zozobra la barca de sus vidas, que pilotean con habilidad cuando las olas la embisten con más fuerza. Inteligentes, comprenden rápidamente, y son decidoras, persuasivas. Celosas en sus afectos, no sufren desvíos ni inconsecuencias que tardan en perdonar, y si las perdonan no las olvida del todo; pero se compadecen de las personas ajenas y hacen favores».5 Estas palabras sobre las hijas de Yemayá, las Omo-Yemayá, son un buen autorretrato de Lydia Cabrera quien, aunque no fue iniciada, si era devota de Yemayá y autora de las cartas al fotógrafo e investigador francés Pierre Verger, quien como veremos, fue iniciado, primero en Brasil, y después en África como hijo de Changó.
Pierre Verger y las creencias africanas en América
Pierre Verger nace en París en 1902. En 1932, tras la muerte de su madre, último vínculo familiar, se dedica por entero a viajar por el mundo realizando fotografías para diferentes instituciones y agencias de prensa. La Segunda Guerra Mundial la pasa realizando un encargo fotográfico para el Museo Nacional de Antropología de Perú. Al finalizar la Guerra y con el deseo de regresar a París, sale de Perú, cruza Bolivia y llega a Brasil en abril de 1946. Será en un encuentro en Sao Paulo con el antropólogo francés Roger Bastide cuando oiga hablar por vez primera de la presencia africana en Salvador de Bahía. Bastide sabía algo de ese tema por haber leído «una traducción al francés de la novela Jubiabá de Jorge Amado»,6 novela que entregó a Verger.
Fascinado por la lectura de Jubiabá, Pierre Verger llega el 5 de agosto de 1946 a Salvador de Bahía, «terra que matou minhas saudades de otras terras», y hará de esta ciudad su lugar de residencia hasta su fallecimiento en 1996.
Pierre Verger forjará sólidas amistades en Bahía. «Carybé [pintor argentino afincado en Bahía que ilustró varias publicaciones de Verger] y Jorge Amado, que celebran con el pincel y la pluma los resultados propios de la mezcla de las razas; Mário Cravo, que talla la madera, forja el hierro, moldea plásticos y puebla las playas de Bahía con monumentos de formas redondeadas y extrañas; Caymmi, que canta la dulzura de morir en el mar, los cocoteros de Itapoa y el extenuante trabajo que tienen las señoras de color de Bahía con la fritura de los acarajes y los abarás».7
En Bahía, y vinculado a la revista O Cruzeiro, realizará numerosos reportajes de la vida popular bahiana que darán como resultado «una verdadera enciclopedia fotográfica de Bahía».8 Cuenta Verger que, casi inmediatamente, tras su llegada, fue seducido «por la presencia de muchísimos descendientes de africanos y por la influencia de los mismos en la vida cotidiana».9 Este interés por África irá aumentado hasta que en 1948 le escribirá a su buen amigo, su «casi gemelo», el antropólogo francés Alfred Metraux: «Yo me dejé tomar completamente por la cuestión de los cultos y tradiciones africanas en Bahía. Y como si yo estuviese cautivado me dedique casi por entero a ello desde mi retorno. Acumulo las fichas y recogí una buena lista de Orichas y vudús, sus parentescos, cantos, leyendas, cultos de los muertos, adivinaciones, vocabularios, con los que orientarme en África en el caso de que mi viaje se realice».10
El envío de un sobre dirigido a Theodore Monod, director del Instituto Francés del África Negra (IFAN), con documentación fotográfica en la que se expone la influencia africana en Bahía y en Recife, fue el punto de partida para la posterior beca de estudios ofrecida por el propio IFAN.
Gracias a esta beca, Verger pudo cumplir su anhelado viaje a la costa africana. Un primer viaje que, cuando fue anunciado a sus amigos de Bahía y Recife, «causó mucha impresión en los xangós de Recife. Las sonrisas graciosas se volvieron atractivas, y los abrazos tiernos y prolongados. Los propios orixas cuando se manifestaban, me hacían las gracias y amabilidades reservadas a los ogas. Pude cruzar las puertas de los pejis y pude fotografiar «iaos» en las habitaciones en el momento del «bori», cuando se da de comer a la cabeza, sacrificios de pollos y de carneros para los orixas, la adivinación con los caracoles, las salidas de las «iaos». Llegué a ser considerado por ellos como una especie de «representante» en la Costa, encargado de rescatar «la tradición».11 Así, Pierre Verger comienza a forjar esa condición de «mensajero» entre las dos costas del Atlántico que le acompañará el resto de sus días.
Antes del viaje a África, Pierre Verger visitó junto a Alfred Metraux, la actual Surinam y Haití, la tierra del vudú, en donde realizó las imágenes que ilustrarán las publicaciones de Metraux, Haïti: la terre, les hommes et les dieux y Le Vaudou Haïtien. Apenas un mes antes de su llegada a Dakar, que sucederá en noviembre de 1948, Verger, acompañado del etnomusicólogo Gilbert Rouget, asiste en el terreiro Opô Afonja a una ceremonia de candomblé dirigida por la Mae-de-Santo, María Bibiana Do Espírito Santo, Dona Senhora, quien tendrá una influencia determinante en la carrera africana de Verger.12
Dona Senhora «se mostró muy interesada cuando le dije que partiría a África para hacer una peregrinación a las fuentes de la religión que ella practicaba. Ella me hizo la propuesta de colocarme bajo la protección de los orixás que luego iría a visitar. Cuatro días después, fui a pasar la noche al terreiro Opô Afonja, donde ella dedicó mi cabeza a Xangô, dios del trueno y me entregó un collar rojo y blanco, los colores que lo simbolizan. Después de esta ceremonia me volví un hijo espiritual de esta gran Mae-de-Santo. Ella marcará mi incorporación a este mundo del candomblé; de ahora en adelante yo era parte de él y podría hablar en su nombre en África».13
Con esta bendición dada por Dona Senhora Verger llega a Dakar como becario del IFAN y como iniciado. «Iniciado no quiere decir ser alguien al que se le ha revelado un secreto. Iniciado significa saber como comportarse correctamente y respetar aun más las reglas que forman parte de una sociedad determinada».14
En esta primera estancia realizó numerosas fotografías y se involucró en la práctica ritual. «Al menos era capaz de identificar los altares de los diversos orixás en sus templos, de acuerdo con sus símbolos, como el hacha doble de Xangô y sus collares de colores rojo y blanco, los abanicos y pulseras de cobre de Oxum y sus collares amarillos, o las túnicas blancas de Ósala, y cuando yo pronunciaba sus saludos, Kawó Kabiyesí, Oré Yéyé o Eépa Baba, daba pruebas de un saber que les transmitía confianza».15 Será precisamente la confianza mutua sobre la que Verger establezca sus investigaciones, una confianza que mantuvo a los dos lados del Atlántico haciendo partícipes a sus amigos de África y Bahía de lo que iba encontrando. Verger enseñaba las fotografías resultado de su trabajo en África a los bahianos y les servía como portador o mensajero. Sin embargo, «de las reacciones de Dona Senhora cuando veía las fotografías traídas de África no dice ni palabra».16
