Cría cuervos - Rebecca J. Davern - E-Book

Cría cuervos E-Book

Rebecca J. Davern

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Beschreibung

Escribí tu nombre tres veces en la arena y las tres veces se hizo adarce. Ya no sé qué somos, ya no sé qué quieres…   Recopilación de pioesías de Rebecca J. Davern.

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Seitenzahl: 40

Veröffentlichungsjahr: 2019

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CRÍA CUERVOS

REBECCA J. DAVERN

CRÍA CUERVOS

EXLIBRIC

CRÍA CUERVOS

© Rebecca J. Davern

© de las ilustraciones de interior y de cubiertas: Carla Fernández Garrido

Diseño de portada: Dpto. de Diseño Gráfico Exlibric

Iª edición

© ExLibric, 2019.

Editado por: ExLibric

c/ Cueva de Viera, 2, Local 3

Centro Negocios CADI

29200 Antequera (Málaga)

Teléfono: 952 70 60 04

Fax: 952 84 55 03

Correo electrónico: [email protected]

Internet: www.exlibric.com

Reservados todos los derechos de publicación en cualquier idioma.

Según el Código Penal vigente ninguna parte de este o

cualquier otro libro puede ser reproducida, grabada en alguno

de los sistemas de almacenamiento existentes o transmitida

por cualquier procedimiento, ya sea electrónico, mecánico,

reprográfico, magnético o cualquier otro, sin autorización

previa y por escrito de EXLIBRIC;

su contenido está protegido por la Ley vigente que establece

penas de prisión y/o multas a quienes intencionadamente

reprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria,

artística o científica.

ISBN: 978-84-17845-53-7

Nota de la editorial: ExLibric pertenece a Innovación y Cualificación S. L.

Índice de contenido
Portada
Título
Copyright
Índice
Dedicatoria
PARTE I. NACER
NOMBRES
NOSOTRAS
INTÉNTALO
DESCÓSEME
CANON
ACUARELAS
NADÉ TANTO QUE ME AHOGUÉ
PARTE II. CRECER
NOMBRADME REINA, QUE SOY JOVEN
NO SIN TEQUILA
HASTA QUE TU OCÉANO ME APARTE
INFIEL
POR SI NO HAY MAÑANA
VIAJE A TUS VENAS
SIGAMOS
LLUVIA
BUCLE
PARTE III. REPRODUCIRSE
SOBREVIVIRTE
CONTRAPOEMA
VÉRTIGO
XLIV
PLEONASMO
ATISBOS
CRÍA CUERVOS
PARTE IV. RENACER
QUIERO IRME
FREYA
IRENE
CIELO LILA
XVII
ANSIEDAD
SABE A DERROTA
PÓLVORA
FINAL
A TI MI ESTRELLA

REBECCA J. DAVERN

CRÍA CUERVOS

A todo aquel que desee leerme, que recuerde

que se puede vivir sin espejo y contemplarse a uno mismo en la luna de la memoria.

Así es cuando los demás nos hacen realmente bellos

A mi autor, esté donde esté

PARTE I. NACER

NOMBRES

Un nombre no puede ser poesía.

Un nombre no puede traerte a alguien de vuelta.

Un nombre no puede significar dos rostros.

Un nombre no puede hacerse añicos.

Un nombre no debería ser un tatuaje,

bastante tenemos ya con los que se han quedado

grabados sin tinta.

Un nombre no puede atravesar ciudades.

Un nombre puede erizar la piel.

Un nombre no puede borrar el salitre.

Un nombre no puede vivir en una cicatriz

para siempre.

Un nombre no puede volver la noche en día.

Pero un nombre puede ser pesadilla.

Un nombre puede convertir sueños en insomnio.

Un nombre puede ser una rosa en el viento.

Un nombre puede devolverte a casa.

Un nombre puede, claro que puede, ser desierto,

destierro de manos que buscaron cobijo.

Un nombre puede devolvernos a casa…

Y tu nombre, el solo hecho de oír tu nombre,

bastará para sanarme,

aunque no pueda ser poesía.

NOSOTRAS

Escribí tu nombre tres veces en la arena

y las tres veces

se hizo adarce.

Ya no sé qué somos,

ya no sé qué quieres...

—preguntas.

Bésame —suplico.

Y te caes en mis manos hecha de niebla.

Hazte sólida —te pido—.

Deja de diluirte en mis venas.

Pero nunca encuentro razones,

tú nunca buscas respuestas.

¿Qué somos? —repito—.

¿Qué quieres?

Y te encuentro en la cama:

a tu cintura la abarcan tres estados.

Y yo no puedo evitar querer equivocarme,

porque siempre me he equivocado contigo.

Por eso, tu nombre se borra en la arena.

Ya somos historia.

Podíamos haber sido nosotras.

INTÉNTALO

Me eché al mar en vez de correr,

porque me equivoqué de escalera.

Escogí el número tres y el triángulo isósceles,

que era lo que más se parecía a nosotros

y, en vez de oros, copas.

Quizás empieces a entenderlo.

Dije cruz y no cara,

porque odiaba la mía,

y sigo nadando en el mar

hasta volverme azul y ahogarme,

pero siempre sale tu reflejo en alguna parte.

Que por tu maldita culpa ahora pienso

que lo negro es realmente lo que vive,

que los colores son solo sombras

y que estoy condenada a limitarme.

Cuando no nado,

las calles siempre son las mismas:

se dilatan, se disipan. Siempre grises,

como si fuesen víboras a punto de acorralarme

y, aunque no me dañen,

no se terminan

y desembocan delante de la misma piedra,

donde siempre tropiezo

una y otra

y otra vez.

Quizás te suene, porque es ahí

donde acabamos haciéndolo

cada vez que nos cruzamos.

Estamos condenados,

pero no podría elegir otra escalera.

Si tengo que tocar con otros acordes,

prefiero no cantar y estar callada,

y de paso vuelvo al mismo camino.

Pero si me reencuentro contigo,

no oirás nada

hasta que colisionen nuestros pechos

y quizás entonces entiendas

por qué cada vez que me voy

dejo atrás tormentas.

DESCÓSEME

Descose mis cicatrices y llénalas de besos,

cúralas, aunque ardan con tu saliva y escuezan,

porque no dolerá.

Dilata mis pupilas con el roce de tu cuerpo

y luego cúbreme con tu piel;

disloca mis huesos y recomponme;