Cuando decidí vivir - Sandra Arnaudo - E-Book

Cuando decidí vivir E-Book

Sandra Arnaudo

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Beschreibung

La decisión de Catalina la llevará a conocer la vida que siempre soñó… Animarse a subir al avión fue su primer paso. Su trabajo y sus amigas serán su primer triunfo. ¿Logrará cumplir lo que se prohibió ella misma? El éxito en su profesión llegó para quedarse, pero con él llegarán otras cosas también… y aunque toquen a su puerta y el miedo la paralice, deberá hacer frente y dejar de huir. Las noticias la abrumaban, necesitaba decirle la verdad a él… No podría esconder el secreto mucho tiempo más.

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Seitenzahl: 206

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Producción editorial: Tinta Libre Ediciones

Córdoba, Argentina

Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo

Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.

Arnaudo, Sandra Maricel

Cuando decidí vivir : sin morir en el intento / Sandra Maricel Arnaudo. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2022.

208 p. ; 22 x 14 cm.

ISBN 978-987-817-053-4

1. Narrativa Argentina. 2. Novelas. 3. Novelas Románticas. I. Título.

CDD A863

Prohibida su reproducción, almacenamiento, y distribución por cualquier medio,total o parcial sin el permiso previo y por escrito de los autores y/o editor.

Está también totalmente prohibido su tratamiento informático y distribución por internet o por cualquier otra red.

La recopilación de fotografías y los contenidos son de absoluta responsabilidadde/l los autor/es. La Editorial no se responsabiliza por la información de este libro.

Hecho el depósito que marca la Ley 11.723

Impreso en Argentina - Printed in Argentina

© 2022. Arnaudo, Sandra Maricel

© 2022. Tinta Libre Ediciones

Dedicado a la memoria de mi madre, quien desde muy joven tuvo que hacer frente a muchas adversidades, una mujer que dedicó su tiempo a sus hijos.

Hubiese querido tenerla un tiempo más conmigo.

Cuando decidí vivir

Prólogo

—Hola, mi nombre es Catalina.

Así me presenté aquel día en mi nuevo trabajo, pero primero tienen que saber cómo llegué hasta ese momento y lo que sucedió de allí en más.

Mi vida, común y aburrida, dio un giro inesperado a partir del momento en que decidí cerrar mis ojos y huir sin voltear a ver ni arrepentirme.

CAPÍTULO I

Decisiones

Aunque suene repetitivo y aburrido, esto ya es moneda corriente, no soy la única, lo sé, creo que en algún momento de la vida todas las mujeres pensamos que ya no soportamos más… Estamos cansadas. Las decisiones que tomamos no siempre son las correctas, lo que a veces nos arruina la vida; solo nos queda resistir y pensar que tal vez haya un mañana mejor.

Toda pareja debía hacer siempre el esfuerzo ante cualquier conflicto, salir adelante, ser tolerantes uno con el otro, en eso se basa la convivencia, ser compañeros, pero esto era una relación de posesión; por sus acciones y su mirada me sentía juzgada constantemente.

Me encontraba en un camino sin salida, deseaba con todo mi ser salir a respirar aire nuevo y vivir la vida que merecía después de tantos años, me sentía tan vulnerable y a la vez tan fuerte, jamás una lágrima escapaba de mis ojos, me había convertido en una persona fría, aunque por dentro era un mar de llantos guardados y me estaba ahogando… Ya no importaba, quería un escape.

Los días pasaban, vivía en una casa donde me sentía una extraña, no era mi hogar, no podía imaginarme el día siguiente porque apenas podía vivir el hoy y lo peor es que no sabía si podría soportar un día más, o una semana, tal vez un mes. Era difícil saberlo. Solía dar vueltas por el parque y veía a las personas tan felices, parejas tomadas de la mano, compartiendo actividades, charlas y no entendía qué sucedió con nosotros. Me sentía frustrada, observaba mi imagen en el espejo recordando lo que fui y me preguntaba cómo habría sido mi vida. Pero el reloj no vuelve atrás, los años no van a regresar, ya los había perdido y me daba tanta rabia, impotencia; quería gritar con todas mis fuerzas, romper todo… Pero respiré hondo y me detuve a pensar: quería, o no… ¡tenía que irme lejos muy muy lejos!

YO ya no existía y no quedaba nada de la persona que una vez fui, los últimos meses habían sido tan insoportables, quería volver a reír, volver a sentir, quería volver a vivir...

Comencé a ahorrar dinero y a buscar trabajo, envié mi currículum a todas las bolsas de trabajo que me aparecían en las notificaciones de mi cuenta de Google, la tecnología ayuda mucho. Esto no sería fácil, los días pasaban, mientras tanto seguí juntando dinero, guardaba cada moneda de mi sueldo, vendía cosas que no necesitaba. Ya iban varios meses, estaba algo triste y agobiada, las cosas eran insostenibles y cada palabra era un detonante para discusiones. Ya me daba miedo, no solo a que me pasara algo en alguno de sus arranques, sino a lo que podría llegar a hacer yo y de lo que no habría vuelta atrás... ¡Cuánto puede tolerar un ser humano!

Una noche (4 a. m.) después de cuatro meses de espera recibí un correo, no entendía bien el horario que habían elegido para escribirme, ¿quién escribe correos a esa hora? Ni siquiera lo vi, solo oí el vibrador del celular, si lo leía a esa hora José querría saber quién me escribía… Me quedé con la duda hasta que llegó el amanecer. Era de España, en ese momento comprendí por qué el horario. Un hotel necesitaba un organizador de eventos y me convocó a una reunión, una entrevista virtual, acepté al instante.

Estimada postulante, estamos muy interesados en su currículum, si desea participar de la entrevista, esta será virtual, contamos con su asistencia.

Respondí:

Buenos días, me siento muy agradecida por haber sido seleccionada y acepto participar de la entrevista.

Sería en una semana. Ese día estuve muy distraída, estaba en una burbuja, el día fue raro, cuando reaccioné de aquel sueño ya era la noche, cené y me fui a “dormir” cosa que no hice obviamente, mi corazón latía tan fuerte que pensaba que José me escucharía, ¡ja, ja, ja! Eran ideas, ¡cómo iba a escuchar mi corazón! Tantas cosas en mi cabeza, era imposible dormir así.

Al día siguiente me levanté luego que él se fue a su trabajo, busqué mis apuntes para ir repasando ya que hacía tiempo que no preparaba ningún evento, no era muy difícil, lo que se aprende jamás se olvida y al instante recordé todo, preparé fotos, presupuestos ficticios, dibujé unas ideas y me hice un autoexamen. La semana pasa tan rápido que ni siquiera pensé qué haría si fuese seleccionada.

Llegó el día de la entrevista,encendí mi computadora, las manos me temblaban, tenía mi carpeta lista, me arreglé un poco, algo de delineador y mi cabello siempre mal peinado, (sonreía para mis adentros), parecía que me preparaba para una cita, aunque en este momento sin dudas esto era mejor que una cita (para mí), era algo que había esperado por mucho tiempo. Hacía muchos años que no tenía una entrevista de trabajo y realmente esto me hacía sentir que volvía a vivir, que podía superarme, aunque ya pasé mis 40.

Nervios… Muchos nervios. ¡Ya está! Se conectaron y para mi sorpresa lo que veía en la pantalla no era una persona mayor como se supone que es generalmente en puestos jerárquicos, del otro lado de la pantalla había una joven, hermosa y con una sonrisa encantadora.

—Hola, soy Julia, estoy encargada de seleccionar el personal —me dijo con su acento español.

—Hola, yo soy Catalina, encantada de conocerte, ¿contigo es con quien me escribí por correo? —pregunté.

—Sí, soy yo, comencemos la entrevista si te parece, así después charlamos un ratito —me propuso.

—Sí, sí, así se me pasan los nervios —respondí sonriendo, a lo que ella respondió con una sonrisa.

Primero apuntó todos mis datos, luego me pidió fotos de algún evento y me comentó lo que ellos buscaban, es un hotel en Barcelona, al cual asisten muchas personas a realizar convenciones y además se realizan eventos sociales, cumpleaños, aniversarios, bodas. Me gustó muchísimo, ella me mostró fotos del hotel ¡¡bellísimo!!

La propuesta era inmejorable, era lo que estaba buscando, pero era muy lejos y tenía mucho miedo, pero me sobraba coraje. Luego de terminar la entrevista comenzamos a charlar, quería que me sacara todas mis dudas y que le contara sobre mí. Ella me contó que la dueña del hotel lo había recibido como herencia y quería comenzar con gente nueva, con ideas frescas. No habían tenido en el hotel una event planner, ya que al abuelo no le gustaban esos “nuevos trabajos” y hacía todo el trabajo él, “puedes imaginar cómo quedaban los salones para eventos”, comentó ella. Ya habían entrevistado a quince postulantes, yo era la última. Le conté un poco sobre mí, el miedo a irme, ella asentía con su cabeza y me respondió que me entendía, pero que en el caso de que no funcionara, ellos me ayudarían a buscar otro empleo o, en el caso de querer volverme, se hacían cargo del pasaje.

—Catalina, mañana te vamos a estar respondiendo, cuando mi jefa vea las entrevistas, y te enviaré la copia del contrato en el caso de que quedes seleccionada para que te quedes tranquila, no hay nada raro, confía en nosotros.

—Gracias, espero su respuesta —respondí.

—Nos vemos, abrazos —respondió ella.

Cerré mi computadora, todavía no podía creer lo que me estaba pasando, me dolía el estómago, sentía cosquillas, solo tenía que esperar su respuesta hasta mañana. Ese día comencé a tramitar mi pasaporte, aunque no sabía si entre quince postulantes sería seleccionada, ya tenía otra expectativa: si no era este, sería otro y convenía tener la documentación preparada. José llegó de su trabajo, yo estaba con muchas cosas en mi cabeza, pero tenía que disimular mi ansiedad, lo que sí notó al instante era mi buen humor.

Llegó la mañana, el sol radiante alumbraba mi ventana, iba a ser un día increíble, me levanté antes de lo normal, no podía más estar en la cama, era la ansiedad por recibir la respuesta y ya lo tenía decidido, respondería que sí. No tenía que pensar mucho, aquí no tengo nada, no tengo futuro, aunque ya pasó la mitad de mi vida, quería disfrutar haciendo lo que me gustaba y, además, quería estar a solas, estaba muy cansada y necesitaba un tiempo de paz.

Esperé y esperé... Me mordía las uñas, las horas pasaban y no se conectaba nadie ni me llegaba ningún correo, supuse que no fui seleccionada, era obvio, seguramente les convenía alguien de allí, conmigo era más difícil, era extranjera, tendría que buscarme una casa y... ¿si el trabajo no era lo esperado? ¿qué haría? ¿o si yo no era lo que ellos esperaban?

Bueno ¡qué problema me hacía!! Ya estaba, otra desilusión y se van sumando, ya estaba acostumbrándome, no podía permitir que el primer empleo que me rechazaron me frustrara, ya vendría otro, solo era cuestión de tiempo, no tenía nada que perder, pero, ¡cómo duele! Sentía tantas ganas de llorar… ¿Para qué sirvo? ¿Para qué estoy en este mundo? No puedo creer que haya sido tan tonta de estar planeando algo que ni en mis sueños podría pasar. Sin darme cuenta, mi cabeza ya estaba boicoteándome, y no podía pararla, nada salía como esperaba y cada vez estaba más desilusionada de la vida, no... de mi vida, en realidad.

Ese día pasó y llegó la noche, solo sentía las lágrimas que caían por mi rostro y mojaban mi almohada. Silencio… Silencio… Llorar una vez más en silencio.

Llegó la mañana y, una vez que quedé sola, lloré… Lloré con todas mis fuerzas bajo el agua de la ducha, alguien me dijo una vez que el mejor momento para desahogarse sola era bajo la ducha. Ni sabía por qué lloraba a estas alturas, creo que por la desilusión. Salí a caminar. Caminaba y caminaba... Miré la hora, tenía que volver, siempre tenía que volver. Preparé la cena y le dije a José que me sentía con fiebre, me fui a dormir y, como siempre, a él no le importó nada.

Ese día lo pasé muy mal, me estaba enfermando de verdad. Dos días estuve con mucha fiebre, yo no quería estar así, no era así, generalmente tenía muchas energías, mucha vitalidad y quería levantarme, salir a caminar, pero no podía… No tenía a nadie, estaba sola, completamente sola. Con los días mi salud fue mejorando gradualmente, en tres días ya estaba perfecta.

Por la tarde salí a hacer compras, tenía mi despensa y mi heladera vacías, pensé en visitar a mis amigas, pero no quería ir con mis locuras y hacerles pasar mal rato. Llegué a casa y me preparé un café. Mi teléfono vibró, era un mensaje, después lo vería, no tenía ganas de hablar con nadie. Luego de un rato recordé que había sonado y miré la pantalla, solo para ver quién podía ser... Mi corazón se aceleró, después de casi una semana no esperaba más. Era la respuesta del hotel. ¡NO PODÍA CREERLO! Comencé a reír, nadie me veía, estaba sola. Era Julia y el mensaje decía: “Catalina, este correo es para avisarte que has sido seleccionada, disculpa por la demora, tuvimos unas complicaciones en el hotel y la jefa no pudo ver las entrevistas en tiempo y forma, desde el principio fuiste la favorita, por eso te repito que nos disculpes por la demora. Te pido que nos contactes cuando recibas el correo así nos das tu respuesta y nos organizamos con tus cosas, te reservamos pasaje para cuando tengas tu pasaporte y te ayudamos a buscar una vivienda”.

Me tomó por sorpresa, ya no esperaba esta respuesta, mis manos transpiraban, leí el correo una y otra vez, luego de unos segundos me senté a responder: “Hola, Julia, desde ya que por supuesto acepto el trabajo. Estoy feliz, más que feliz, muchas gracias”.

De vez en cuando intercambiábamos correos con Julia, estábamos comenzando una amistad y aquí en el único en que podía confiar era uno de mis hermanos, que siempre estaba apoyándome. Fui acomodando algunas cosas para llevarme, algunas fotos, ropa... muy poca, me compraría allí.

Los días fueron pasando y pocos días antes de llegar a los dos meses tenía todos mis trámites y autorizaciones para viajar, Julia me reservó el vuelo... Llegó el momento que tanto esperé, no había dudas, pero tenía un poco de miedo.

En dos días me marcharía, miré a José mientras almorzábamos, pensé en los primeros tiempos de convivencia, hubiese querido tener tan solo un recuerdo lindo, no sé por qué no funcionó, nos queríamos tanto, ¿cómo pudimos llegar a este punto? Tantos años de soportarnos, lo amé tanto que dejé todo por él y ahora lo dejo a él por todo lo que antes dejé, esperaba que volviera a ser la persona que era cuando lo conocí, pero eso nunca pasó, ni valía la pena seguir esperando.

Miércoles. Me marchaba. Escribí una carta para José porque, a pesar de todo, tenía que darle una explicación. No podía decirle a la cara que quería otra cosa en mi vida y que él no estaba incluido en esta nueva vida. Me temblaba la mano al escribir y varias lágrimas caían al describir todo lo que había sentido estos años, ¡cuán vacía! Sé que al leerla se va a enloquecer y no va a entender ni una palabra, pero con el tiempo, cuando se tranquilice y la lea con calma, la entenderá.

Te amé con toda mi alma, mi corazón y mi cuerpo, en las buenas y en las malas, te amé sin dudar jamás, te amé como a nadie y no sé si se puede amar más, pero lo que sí sé, es que no puedo seguir viviendo bajo tu sombra, bajo tu desprecio. Desde hoy eres libre de vivir tu vida como siempre quisiste. Me quedé a tu lado 20 años, esperando que volvieras a ser quien conocí, de quien me enamoré y por quien dejé todo. Hoy te toca perder, hoy te cambio a ti por todo lo que abandoné antes. Espero que sepas perdonar y reconocer, no es culpa de nadie, es solo la vida. No te quito más tiempo, con todo mi cariño por los años que hemos vivido juntos… Espero que tú también me recuerdes con cariño.

El avión se marchaba y yo en él...

CAPÍTULO II

José

(José)

—¡Catalina! ¿Dónde estás?

Silencio.

—Cata, dale, que tengo hambre, todavía no veo la comida lista.

Me di cuenta de que algo pasaba, la busqué por toda la casa y no había señales de ella. Tomé el teléfono y comencé a llamarla, pero ella no respondía, llamé a sus amigas y ninguna sabía nada.

Comencé a imaginar miles de cosas en mi cabeza, ¡las mujeres son todas iguales! Lo que no imaginaba era que en esos momentos mi Catalina estaba subiendo a su avión, tomando las riendas de su vida...

Encontré sobre la mesa de luz la carta, al comenzar a leerla la tiré al piso y lancé todo tipo de insultos al aire, amenazas, tomé nuevamente mi teléfono y ella no me respondía, escribí mensajes, tal vez así me respondería. Mis palabras fueron cada una más insultante que la anterior, tiré todo lo que tenía a mi paso. Estaba furioso, ¡cómo puede hacer esto!

Luego de mi ataque de ira tomé asiento, debía calmarme y pensar, pero solo necesitaba que Cata estuviera aquí como siempre, jamás pensé que ella me dejaría así, ella no era capaz de irse, seguramente alguien le había metido ideas en la cabeza… Con el paso de las horas comencé a entender que no iba a volver esa noche, al día siguiente supe que la había perdido, pero no sería para siempre, la buscaré por cielo y tierra, tenía que traerla nuevamente conmigo.

Tomó licencia en su trabajo y viajó al pueblo natal de Catalina, seguramente allí la encontraría, refugiándose en casa de alguno de sus hermanos, visitó a todos ellos tratando de obtener información, pero el único que sabía sobre ella jamás le diría una palabra y José sabía eso.

Fue por las casas de sus amigas y no obtuvo respuestas, después de una semana no tuvo más remedio que volver a su trabajo y comenzó su búsqueda por redes sociales, Catalina lo había bloqueado, intentó solo pero no encontraba nada, además él no entendía de tecnología y luego de unas semanas sin poder encontrar ningún rastro, un amigo de su trabajo le ofreció ayuda para buscar datos. Este le explicó que ella había eliminado todas sus redes, no lo había bloqueado como pensaba José, ella ya no tenía ninguna red, por esa razón no la encontraba, pero había otras formas de buscar una ubicación.

Le tomó varios días encontrar datos de Catalina hasta que por fin dieron con su paradero, jamás pensó que iba a estar tan lejos, ¿cómo había conseguido irse sin que se diera cuenta, sin que sospechara nada? “No la dejaré en paz”, se dijo, “tarde o temprano la traeré de vuelta, así fuera a la fuerza, me iba a vengar por dejarme así, por hacerme quedar como un idiota al que su mujer lo abandonó”. Estaba tan confundido, por momentos la odiaba y luego la extrañaba y quería que volviera… De a ratos pensaba que se vengaría, que la haría sufrir y luego solo quería demostrarle que podía cambiar y que todavía la amaba.

Lo malo es que cada vez que le escribía perdía los estribos y la agredía, no sé qué me pasaba, quería poder hablarle bien y cuando no me respondía me irritaba y comenzaba a herir nuevamente sus sentimientos.

Insistiré el tiempo que sea necesario, no bajaré los brazos, no renunciaré.

CAPÍTULO III

Vivir

(Volviendo a mí)

Fecha: 11 de marzo

Destino: Muy lejos

Objetivos:

VIVIR.Comenzar desde cero.

Prohibido:

Volver atrás.Enamorarse.

Todo eso escribí en la primera página de mi cuaderno de notas, las hojas en blanco que seguían serán las que tendrán plasmado todo lo que viviría de ahí en más y para atrás no existe nada, solo una historia vacía.

Llegué a destino, el vuelo estuvo bastante tranquilo, nunca había viajado en avión. Desde la ventanilla podía ver la ciudad, era un lugar bellísimo, España es una de los principales países que quería conocer, a pesar de que mis raíces eran italianas. El aeropuerto era enorme y estaba inundado de personas que iban y venían como hormigas, no me alcanzaban los ojos para ver todo. No puedo creer lo lejos que estoy, siento ansiedad mezclada con nervios.

Nunca había ejercido mi profesión en un hotel, era mi oportunidad de enfrentar el mundo y no daré marcha atrás, respiré hondo y cerré un segundo mis ojos… ¡¡¡A VIVIR!!! Ahí estaba yo, soñando, con dos maletas a cuestas, un futuro por descubrir y una historia borrada atrás.

Por internet había conseguido rentar una casa económica gracias a la ayuda de Julia. Tomé un taxi y le pasé la dirección, un taxista muy amable, de unos sesenta años, me dio su número de teléfono para que lo llamase ante cualquier duda. Me dejó en la puerta de una casa antigua, mi nueva casa, mi nuevo hogar, pintada de color turquesa claro, con puertas y ventanas de madera en color blanca, una galería con techo y piso de madera que rodeaba la casa, frente a una ventana principal había un sillón también de madera, la casa de mis sueños. Entrando había un recibidor pequeño, allí había una mesa de arrime con un espejo y un perchero, le seguía un living que estaba amueblado con dos sillones de un cuerpo blancos y uno de dos cuerpos azul marino, en la esquina había un ventanal grande que daba al jardín. Contaba con dos puertas, una dirigía a un pasillo que conducía a las habitaciones, eran dos con ventanales grandes donde el sol asomaba a primera hora de la mañana creando un ambiente cálido e iluminado, las paredes eran blancas y contaban con una cama de dos plazas en una y en la otra, dos camas pequeñas; había un poco de polvillo, pero era evidente que la limpiaban a menudo.

La otra puerta del living llevaba a la cocina... grande con una gran isla en el centro y con sus muebles de bajo mesada y alacena que se mantenían como si estuvieran nuevos. Había cocina, refrigerador, microondas, cafetera… no necesitaba nada más. Posee una despensa pequeña y la casa contaba con un sótano que se utilizaba para guardar cosas, había muchos muebles en desuso que se podían reciclar y también funcionaba el lavadero allí. La casa era amplia y cómoda, demasiado grande para una sola persona, pero ya estaba enamorada de ese lugar, la disposición de cada habitación era perfecta.

Abrí todas las ventanas, respiré profundamente ese aire nuevo, era tanta la adrenalina que quería hacer mil cosas… Me tiré en la cama del cuarto que elegí, el sol daba directamente a mi cara, era maravilloso. Podía ver el cielo azul, sin nubes y lo mejor de todo esto es que nada ni nadie podía arruinar ese momento…

Era viernes y tenía hasta el lunes para acomodar mis cosas, solo traje mi ropa y algunos recuerdos, unas fotos... no tenía mucho. Recuperé esa fe que había perdido y que tanto necesitaba para seguir. Fe en que sí hay un Dios, fe en mí, creer que sí puedo.

El anochecer aquí era… no sé... especial. No tenía palabras para describirlo. La noche me encontraba echada en el sillón de la entrada, en la galería que da a la calle, observaba la gente pasar, algunos debían ser vecinos, eran evidentes porque miraban curiosos hacia la casa, los demás seguramente eran quienes volvían a sus hogares.

El amanecer llegó y tenía más energías que el día anterior, creo que mi cuerpo se resistía a pensar en descansar, era sábado y el sol entraba por los ventanales... Me vestí bien para ir de compras, sentía dentro mío una especie de alivio, mis hombros y espalda ya no me dolían.

El teléfono sonaba y sonaba, era José, mi corazón se aceleraba cada vez que veía su rostro en el identificador, después de tantos años de vivir a su lado tenía todavía sentimientos extraños. Por un lado, sentía que lo iba a extrañar y por el otro me resistía a pensar en él. Sonaba nuevamente, no podía apagarlo hasta que tuviera otro número, ya que Julia se comunicaba a este.

El día se pasó volando, llegaba una noche más de tantas que me esperaban en mi nuevo hogar. Me preparé un café y me senté en el jardín viendo las estrellas y pensaba en esta aventura que ya había comenzado (sonreí), me quedé ahí un poco más mientras mi mente divagaba, las horas se pasaban sin darme cuenta. Suspiré… Quisiera quedarme así por siempre. Reí en el silencio de mi jardín pensando en lo que me costó salir al mundo y lo fácil que había sido en realidad.

Leí algunos de los tantos mensajes de José, tenía inquietud por saber cómo había tomado mi huida. Todos eran insultos, amenazas, quejas, lo que esperaba de él, nunca fue bueno con los sentimientos ajenos. No pedía perdón, ni decía que me amaba, ni siquiera un “por qué”. No valía la pena sentirme mal por él, ahora veía todo tan claro. Era bueno alejarse, en la distancia las cosas se veían con más claridad. “¡Basta! ¡Basta!”, dije en voz baja, me levanté del sillón y me fui a descansar.

Domingo, ya tenía todo listo: la casa y mi cabeza estaban organizadas, busqué un mapa en Google y salí a recorrer; quería ver mi lugar de trabajo, cuánto demoraría en llegar, qué zona era… cosas así. Llegué hasta allí, el hotel era hermoso y me quedaba bastante cerca, alrededor de ocho calles, muy muy cerca. Recorrí la plaza que había cerca, luego fui a la playa que no está tan lejos, nunca había estado tan cerca del mar, no conocía ninguna playa. Comí en un carrito, quería seguir recorriendo, conocer más y también quería mantenerme ocupada, tenía muchísimos nervios de mi primer día de trabajo.