Curar y ser curados - Claudia Masin - E-Book

Curar y ser curados E-Book

Claudia Masin

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Beschreibung

"Una de las voces principales de la literatura argentina contemporánea, Claudia Masin, nos ofrece aquí una reflexión delicada y sensible sobre el poder de la herida y la fuerza de la palabra para encontrarse con el daño y resistir el dolor. Escribir y curar. Escribir algo que no tiene nombre, nos propone la autora. Una lectura de la poesía como gesto reparatorio, este libro de ensayos —la verdad, son poemas en prosa— explora la capacidad de la poesía de afectarnos, de dejar que sus efectos nos toquen. Por lo tanto, dice Masin, la poesía nos ubica en una zona particular, más allá de la razón habitual, llevándonos a que sus resonancias —táctiles, auditivas— lleguen a nosotres, y de ahí a que absorbamos en el propio cuerpo lo que nos es ajeno. La poesía como modo de contacto, de sentir en el propio cuerpo lo que sucede en el otro, de abrir un ciclo de vida que nos sane de la soledad. Fundirse con le otre; hacer correr al monstruo, superar el mal. Compadecerse. Y en un gesto hacia la vida, de desobediencia contra el orden y las reglas del lenguaje, encontrar la libertad en la palabra" (Francine Masiello).

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Seitenzahl: 58

Veröffentlichungsjahr: 2022

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CLAUDIA MASIN

Nació en Resistencia (Chaco, Argentina) y actualmente reside en la provincia de Córdoba desde hace tres años. Es escritora y psicoanalista. Coordina talleres de escritura. Fue docente de la materia Poesía en la carrera de Artes de la Escritura de la Universidad Nacional de las Artes de Argentina. Publicó 11 libros de poesía: Bizarría, Geología, La vista, Abrigo, La plenitud, El verano, La cura, La siesta, Lo intacto, El cuerpo, La mujer maravilla y yo, dos antologías de su obra: El secreto y La materia sensible y una edición de su Poesía Reunida: La desobediencia. Libros suyos se han publicado en España, México, Brasil y Chile. Su libro La vista ha recibido por unanimidad el Premio Casa de América de España en 2002. Su libro Abrigo ha obtenido una mención del Fondo Nacional de las Artes en 2004. Su libro Lo intacto ha obtenido un premio del Fondo Nacional de las Artes de Argentina en 2017. Textos suyos han sido traducidos al francés, inglés, sueco, portugués e italiano.

Masin, Claudia

Curar y ser curados. Poesía y reparación. / Claudia Masin; editado por María Magdalena y Nicolás Cerruti. - 1a edición. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Las Furias, 2022.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-987-48302-8-9

1. Literatura Argentina. 2. Poesía. 3. Ensayo. I. María Magdalena, ed. II. Nicolás Cerruti, ed. III. Título.

CDD A860

EDICIÓN María Magdalena y Nicolás Cerruti

DISEÑO Romina Luppino

Edición en formato digital: noviembre de 2022

Conversión a formato digital: Libresque

Índice

CubiertaSobre Claudia MasinPortadaCréditosDedicatoriaEpígrafeLa heladaI. La cura por la poesíaII. La poesía como el oficio del sobrevivienteIII. El fuego que nos reúneIV. Lo que sólo puede decirse en los poemasAgradecimientosBibliografíaPoemasRedesLas Furias editoraSobre este libro

A Sol Masin

A Carolina Cadamuro

porque escribí porque escribí estoy vivo

ENRIQUE LIHN

La helada

 

Quien fue dañado lleva consigo ese daño,

como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar

sobre aquel que se acerque demasiado. Somos

inocentes ante esto, como es inocente una helada

cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío,

su necesidad de caer, había esperado

—formándose lentamente en el cielo,

en el centro de un silencio que no podemos concebir—

su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías

vivir con semejante peso sin ansiar la descarga,

aunque en ese rapto destroces la tierra,

las casas, las vidas que se sostienen apacibles,

en el trabajo de mantener el mundo a salvo,

durante largas estaciones en las que el tiempo se divide

entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza

que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces

que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse,

porque lo que nos damos los unos a los otros,

aún el terror o la tristeza,

viene del mismo deseo: curar y ser curados.

ILA CURA POR LA POESÍA

Escribir y curar. Escribir algo que no tiene nombre, algo asfixiante, una piedra en la garganta, en el pecho, en todo el cuerpo, el cuerpo mismo una piedra imposible de cargar, escribir hasta que eso sin nombre, esa piedra empiece a resquebrajarse, escribir hasta que haya un modo de decir la piedra y en ese mismo acto la piedra se divida en partículas minúsculas que no obstruyan la respiración.

¿La poesía cura? Yo creo que cura como se cura en este mundo: provisionalmente, precariamente, hasta que otro dolor o el mismo reaparezca. Pero cura. Como curan las chamanas o las curanderas. Sin un conocimiento «científico» que las avale, con una sabiduría ancestral que ni ellas mismas comprenden del todo. No se sabe muy bien cómo funcionan estas curas raras y excéntricas, pero quien las ha experimentado puede dar fe: funcionan.

¿La escritura de poesía es terapéutica, entonces? No.

Terapéutica, esa palabra engañosa puede hacernos creer que escribimos para algo, que hay un para qué: ya sea sanar, ya sea trascender, ya sea cambiar el mundo. Pero no, la poesía no puede usarse para algo. Se trata de otra cosa: la escritura poética tiene efectos.

La escritura poética afecta.

La poesía puede ser sanadora, sí, pero esa sanación no se alcanza por medio de la razón, no se trata de conocer las causas de la enfermedad, de explicarla, de interpretarla. Es de otro modo que se produce esa operación de transmutación del sufrimiento en palabras capaces de reparar. En estos fragmentos rondaré algunas preguntas que siempre me hice: cómo es que la poesía restituye, cómo es que se realiza esa restitución que no depende de nosotros, que no está en nuestras manos como no está en nuestras manos el poema. Simplemente ocurre. Sin nuestra intervención, sin nuestro control.

La cura sólo es posible como accidente, como acontecimiento: no depende de la voluntad ni de la intención. Sucede. Como la escritura. Cuanta más voluntad y propósito haya detrás, más se escapa, más se rehúsa. Advienen, las dos, en ciertos momentos. No creo en un estado de poesía permanente, ni en una cura permanente. Creo en contados raptos de iluminación en los que podemos ser capaces de resonar con los otros, con lo otro, de sentir en el cuerpo propio lo que es aparentemente ajeno. Ahí sucede la poesía.

También creo en contados momentos de iluminación en que somos capaces de vivir sin ser dañados ni hacer daño. Esa es para mí una pieza —importante— de la cura. Poder dejar de hacer daño por un rato, poder reparar por un tiempo el daño hecho. Dejar de repetir el ciclo de dolor del que formamos parte. Pero para poder dejar de repetir quizás es necesario empezar a comprender algunas cosas: que ese ciclo existe, que nuestra pequeña vida forma parte de él, que nos antecede, que es mucho más grande y abarcador que nosotros. Y también comprender —a la vez— que ese ciclo no es indestructible: puede romperse. Pienso en esa frase que se enseñaba en los comienzos de la medicina occidental como parte central del oficio médico: ante todo no hacer daño.

Ante todo no hacer daño es, sin embargo, un precepto imposible. El daño es constitutivo, es un tejido que nos envuelve desde el nacimiento, un tejido que pasa a ser nuestra propia piel muy pronto, muy rápidamente, con tal velocidad y tan insidiosamente que no nos damos cuenta. El daño que nos es hecho, el daño que hacemos caer sobre otros como un rayo. El círculo que recomienza. Cada día nuestro organismo mata a miles de pequeños organismos infinitesimales, termina con formas de vida que ni siquiera vemos ni reconocemos como tales. A partir de ese daño involuntario, inocente, la cadena de males que descargamos sobre otros, sobre el mundo, es incontable.