Cyrus. El vigilante - J. R. Vargas - E-Book

Cyrus. El vigilante E-Book

J. R. Vargas

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Beschreibung

Cyrus no es un vigilante cualquiera; es el mejor. Cyrus está al mando de los operativos de una misteriosa agencia que trabaja para acabar con los criminales en todo el mundo. En esta ocasión, nos lleva con su equipo hasta Norteamérica y los países nórdicos para desmantelar las redes de delincuentes. Trata de blancas, tráfico de drogas y armas, terrorismo internacional… no hay delito que se resista a las operaciones de esta agencia o corporación que actúa a modo de policía mundial. Suecia, Finlandia, Dinamarca, Islandia, Noruega y también Estados Unidos, México y Canadá son los escenarios de esta historia llena de acción, secretos, innovaciones tecnológicas, éxitos y fracasos. Porque incluso el más inteligente y valeroso vigilante del orden mundial, Cyrus, puede cometer errores. A partir de ahora, los delincuentes tendrán que enfrentarse a un peligro más, la agencia EICO que trabaja para ayudar a restaurar la paz y el bienestar.

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Seitenzahl: 367

Veröffentlichungsjahr: 2023

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© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© J.R.Vargas

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz Céspedes

Diseño de portada: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1181-895-7

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

Prólogo

La presente obra, a simple vista se leería como un thriller de acción y suspense con el que se emocionará y disfrutará el lector sin mayores complicaciones. Sin embargo, este libro expone temas sensibles de la vida actual que tiene a muchos países al borde de la «quiebra social» por la cantidad de problemas que los está abrumando y que pareciera no tener solución. Pese a lo anterior, existen corporaciones globales como el EICO (Escuadrón Internacional de Consolidación de Objetivos) cuyo empeño es combatir a las mafias que causan la destrucción de esas sociedades. Esta agencia impone el orden entre los ciudadanos, necesario para una sana convivencia; como lo ha hecho ya, desde años atrás en otros países y zonas geográficas del mundo. Algunos agentes destacados de esta corporación como Cyrus y su equipo, se entregan cabalmente —a través de lo más avanzado en tecnología armamentística e inteligencia— sin importar las consecuencias a perseguir, contrarrestar, pacificar y en todo caso a eliminar a delincuentes sin escrúpulos.

En esta segunda obra sobre el tema, el alcance de la corporación será más contundente y no tendrá límites para su accionar en diferentes escenarios tan lejanos como los países nórdicos y tan distantes de estos como América del Norte.

El deterioro de las naciones se debe a personajes que cada uno de nosotros conocemos y los vemos cotidianamente a través de las redes sociales en nuestros países; en el ámbito político, empresarial y criminal. Tras ellos, tarde o temprano irá el EICO y sus agentes.

.

Como la gota de agua que al caer sobre la roca la perfora al paso de los años, así escribí y terminé esta obra; observando y hurgando en los sucesos cotidianos de los diferentes países donde se desarrolla la historia, para así, plasmar mis deducciones y elaborar las teorías que construyó mi mente durante un par de años. No cabe duda que, la disciplina y constancia adquiridas a lo largo de más de cuatro décadas en el mundo del taekwondo rindieron su fruto.

J.R.Vargas

PARTE UNOOperación Hiroshima

Operación Hiroshima I, Islandia

Los dedos índice y medio de la mano derecha de Cyrus tocaron el tibio y vital líquido que emanaba de su costado izquierdo; incrédulo la levantó para observarla y convencerse de que ese fluido era sangre. Al no lograr ver claramente en la obscuridad, acercó sus dedos hasta su boca y nariz para lamerlos y percibir el sabor y el olor de lo que seguramente era sangre. Aturdido por el ataque, no podía creer lo que la realidad le hizo entender: estaba herido, no sabía cuan grave era. Se reprochaba haberse descuidado y por bajar la guardia, pero, sobre todo, por la manera en que sucedieron los hechos.

Como pudo se arrastró unos metros, otros tantos se apoyó en la pared, y los menos, caminó o intentó caminar para obtener ayuda del hospital más cercano que localizó con su móvil a través de un buscador. Cierto era que estaba de vacaciones y franco para liberarse del estrés después de su intervención en varias misiones; especialmente en la de Corea del Norte y Venezuela en la que él y su equipo las ejecutaron con gran éxito meses atrás.

Aun así, él sabía que, como miembro del EICO (Escuadrón Internacional de Consolidación de Objetivos, por sus siglas en español) como era su caso, jamás volvería a tener una vida ordinaria. Lo supo desde el inicio cuando decidió ser parte de esta agencia años atrás.

Después del incidente se cuestionó ¿Quién se enteró de mi viaje a los países nórdicos además de la agencia? ¿Específicamente, quién supo que estaría en Oslo, en Noruega ese día y en ese lugar? ¿Quién estaría interesado en eliminarme y por qué?

Tenía muchas preguntas y ninguna respuesta. Sabía también que si fue un ataque espontaneo de gente ebria y violenta la agencia no se inmiscuiría en asuntos personales. Por lo que el agente, por cuenta propia, debería investigar y concluir a qué se debió ese acto violento en su contra. Pero si fue un ataque dirigido hacia un miembro del EICO, seguro que habría sido perpetrado por la mafia local —esto lo investigarían y en todo caso comenzaría la acción para frenar la indeseable actividad criminal con todos los cuantiosos recursos con lo que contaba la agencia— que por lo visto existía en esa fría ciudad nórdica.

Ya en el hospital, comenzaron a atenderlo para salvar su vida. Había perdido mucha sangre. Cyrus se desmayó y cayó en coma. Al despertar, se encontraba en un cuarto aislado. Todo en su cabeza le daba vueltas, como pudo, comenzó a abrir los ojos y con visión borrosa y alcanzó a distinguir dos siluetas que estaban cercanas a él. Eran colegas del EICO, de ese país nórdico; así se lo hicieron saber. Para esta agencia no hay secretos, dada la capacidad tecnológica e infraestructura que poseen, además de los contactos que tienen con todos los Gobiernos democráticos del mundo de donde obtienen información casi de inmediato. En este atentado no fue la excepción, la agencia había recabado toda la información del incidente y del agente, de la cual se dedujo que, efectivamente, el ataque fue dirigido hacia Cyrus por criminales nada comunes. El hecho fue un mensaje claro para el EICO, un reto y una amenaza para que no quedara duda de quién ponía las «reglas» en ese país. Cyrus había sido atacado por los miembros de la Hermandad Aria; grupo mafioso que aglutina a varias bandas de criminales que operan en Noruega y en otros países nórdicos desde hacía décadas, identificados como Loshijos de Odín, Dios de la guerra y la muerte, cuya imagen la usan en la espalda bordada en sus chamarras —con el rostro de ese Dios mítico sangrando de su boca—, eso daba la certeza de que los autores del ataque fueron ellos. De hecho, así lo comprobaron los agentes, ya que los criminales intencionalmente dejaron en el lugar de los hechos un pequeño aditamento que usan como arma consistente en una especie de pica hielo con el mango en forma de calavera del cual se sujeta y con el cual lo atacaron. Esta mafia controla, entre otros delitos, la trata de blancas, medicamentos apócrifos, extorsiones, armas y antidepresivos cuyo uso y abuso tiene en jaque a las autoridades sanitarias de algunos países de la zona.

Los agentes del EICO nórdico le informaron a Cyrus e instruyeron sobre lo que vendría después de su recuperación. Le proporcionaron datos de las casas de seguridad en donde podría resguardase al salir del hospital, números de teléfonos y armas que estarían a su disposición para su protección.

—¡Agente Cyrus! no dude en contactarnos para apoyarlo en lo que necesite —Le expresó quien parecía ser el jefe.

—¡De acuerdo! —respondió el agente con amabilidad, al tiempo que daba las gracias por el apoyo recibido.

El EICO no aceptaría que a uno de sus miembros lo quisieran sacar de circulación, ya que esto pondría en entredicho su capacidad de autoprotección y eficacia. Se implementarían acciones que planearían los altos dirigentes de la agencia y sus asesores —experimentados ex miembros perteneciente a diferentes cuerpos de seguridad de todo el mundo; MOSSAD, KGB, CIA y Marina Mexicana, entre otros— para liberar de las mafias a los cinco países integrantes del bloque nórdico, a los cuales asediaban desde hacía ya algunos años, según informes de inteligencia recibidos por la corporación por parte de los Gobiernos que conforman esa gran región del globo.

Comenzaría un largo trabajo de inteligencia en cada país en el que integrarían a Cyrus dada su experiencia, para luego echar a andar una de las más grandes cacerías de la agencia para capturar o eliminar a líderes de la Hermandad Aria en cada país y de los cuales ya tenían sus nombres: En Islandia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia, los objetivos de cada nación eran; Baldur, Gunnar, Ansger, Hans y Norman respectivamente.

Las semanas pasaban y el trabajo de la agencia rendía sus frutos: la acumulación de información general de cada país y de cada capo de esas mafias también. Al mismo tiempo, se conformaba un equipo híbrido del EICO, con agentes locales y los agentes más fogueados que habían participado en misiones previas donde habían salido airosos en el cumplimiento de los objetivos que se propusieron. Se analizaban fechas convenientes para el inicio de las operaciones; considerando estación del año, clima, y ciudades donde tenía sus centros de operación la mafia nórdica. Además, se seleccionaban cuidadosamente las armas a usar eligiendo las apropiadas del vasto arsenal con las que contaba el EICO para evitar sorpresas de acuerdo a cada circunstancia y enemigo a enfrentar pero, sobre todo, para impedir que tomaran la delantera los delincuentes. Se deliberaba si sería una operación simultánea en los cinco países o si la acción la ejecutarían país por país.

En tanto, los criminales seguían haciendo de las suyas en el puerto más activo del mundo nórdico —al menos para los turistas— el de Helsinki, en Finlandia. Ahí, se concretó una inmensa descarga de antidepresivos provenientes de Rusia, vía Tallin, en Estonia. Para el consumo local y distribución principalmente a Suecia, Noruega y Dinamarca. Esta última, con el índice más alto en el consumo de esos antidepresivos en esa zona geográfica del mundo.

En Estocolmo, Suecia, Los hijos de Odín, Thor Angels y las demás mafias locales, hacían transacciones de armas por dólares como pago por la compra de estas, provenientes de América y Rusia. Igualmente, en Islandia, en Reikiavik su capital, la trata de blancas provenientes de Asia se intercambiaban por droga y dinero, como si fueran mercancía. Esto no lo podía permitir el EICO y sus agentes cuyo compromiso y el de sus patrocinadores era mantener el orden mundial. Así había sido siempre desde su fundación y así lo prometieron recientemente los nuevos agentes al graduarse como miembros de esta agencia en el Palazzo di Malaspina, en Marina di Massa, en la región Toscana de Italia. Lugar donde se reunieron recientemente los principales Mecenas de la agencia.

Comenzando por el Sr. Nasiff Assad, después de varias reuniones secretas en los diferentes países que conforman la zona nórdica, los altos jerarcas del EICO decidieron atacar y eliminar a estas lacras sociales paso a paso, país por país, mafia por mafia, ya que pensar en un golpe simultaneo sería extremadamente difícil de coordinar con éxito. En ese cónclave acordaron iniciar por Islandia, para después de mermar y desaparecer a la mafia local de ese país, seguirían con Noruega, Suecia, Dinamarca y al final irían contra los delincuentes asentados en Finlandia.

El Comando Central del EICO, que coordinaría la mega operación, se instalaría en la isla de Utoya, en Noruega, en el mismo lugar donde esas mafias nórdicas habían cometido una masacre racista contra estudiantes de varias nacionalidades que participaron en un campamento escolar, como represalia a su Gobierno por la apertura de este país a refugiados, sobre todo del Oriente Medio.

Esa apertura a refugiados no gustó a los supremacistas blancos, ya que a los acogidos por su Gobierno los consideraban inferiores y los nórdicos radicales no aceptaban la mezcla racial que con el tiempo seguramente ocurriría. Por lo que, con ese crimen, decidieron enviar un mensaje contundente a las autoridades. Razón suficiente para que el EICO decidiera actuar e instalar —en esa Isla de Noruega— su sede central temporal, ya que sería muy simbólico de presencia y poderío en ese país y demostraría a la mafia noruega quién dictaría y haría cumplir la leyes de ahora en adelante. El momento oportuno llegaría para que la corporación demostrara su contundencia.

Pasaron los días, las semanas y con discreción comenzaron a arribar refuerzos de todo el mundo para integrarse a los agentes locales que combatirían a las mafias nórdicas. La planificación tardaría semanas, si no es que meses. Tendría que ser una operación contundente contra los delincuentes de la cual no podrían recuperarse ni reagruparse con ese devastador golpe que recibirían por parte de lo mejor del EICO. Dejarían tan menguados a los delincuentes, que no tendrían la fuerza ni los recursos para existir más. Por eso, a esta operación decidieron llamarla Hiroshima, en alusión a una de las ciudades japonesa que quedó destruida totalmente por el uso de la bomba atómica empleada en su contra. Así debían quedar los grupos contrarios a la ley y el orden: devastados y borrados del mapa por la intervención e imposición de la ley que impondría el EICO y sus mecenas.

En el inicio de la Operación Hiroshima, el termómetro marcaba los menos veinte grados centígrados. Muy frío, pero tolerante y sin problema para el equipo del EICO que se entrenó a menos treinta grados en Alaska, en la región de Kaktovik —otro importante centro de entrenamiento y formación de nuevos agentes de la corporación que intervendrían en la misión— esperando lo peor al enfrentar a sus enemigos en las temperaturas de Islandia que podrían bajar repentinamente en dos dígitos y aun así, operar bajo esas condiciones con eficacia.

El enorme navío Belafonte, se desplazaba en el mar semi congelado, rompiendo el hielo para abrirse paso desde que zarpó de Noruega rumbo al primer objetivo, Islandia. La nave serviría de centro de operaciones móvil, abastecimiento, transporte y coordinación con Utoya para el apoyo de todos los integrantes del equipo que se dirigía al objetivo después de decidirse que la mega operación nórdica Hiroshima I, iniciaría precisamente en Islandia. La participación delBelafonte,la embarcación táctica de la agencia fue diseñada y construida con dispositivos técnicos y bélicos camuflados; modernos, precisos y los más efectivos del mundo, imprescindible en el logro de los objetivos trazados.

La niebla era espesa, tan así que no se veía a más de diez metros de distancia. Para la nave, estono representaba ningún problema en su trayecto bajo esas condiciones climáticas, tampoco las aguas heladas del mar de Noruega con su espesura debido a trozos de hielo que alcanzaban varias pulgadas de grosor, ya que contaba con radares muy avanzados para visualizarlos al menos a quinientos metros antes de chocar contra estos y así evadirlos. Adicionalmente contaba con piloto automático de quinta generación que evadiría a los icebergs o cualquier obstáculo que se atravesase en su camino. Sin sobresaltos haría llegar la carga a su destino; compuesta por equipo electrónico de comunicación muy avanzado, armamento sofisticado y todo lo necesario para la intervención que ya estaba en marcha. El navío, además, fue construido con helipuerto en lo más alto, no habría problema para recibir apoyo aéreo en pocos minutos si las cosas se salieran de control.

Pasaron varias horas de travesía y el Belafonte se desplazaba recorriendo cientos de millas náuticas surcando las heladas aguas del mar de Noruega, ya cercano de su objetivo. En el horizonte se divisaba la tenue luz del faro de Reikiavik, situado en la isla de Grotta —su imponente imagen se veía cercana—. Igualmente se dejaron escuchar los potentes y graves silbidos de los buques cargueros a punto de dirigirse altamar. Los agentes del EICO se preparaban para el desembarco. Algunos lo harían como turistas bajando del gran yate caminando por los muelles. Otros más buceando bajo los témpanos de hielo, alejándose del puerto donde los esperarían en tierra firme sus colegas locales para trasladarlos en furgonetas a las diferentes casas de seguridad de la nevada ciudad, en el país de los grandes volcanes y las impresionantes cataratas. Una de esas casas estaría en la planta baja del restaurant Perlan —reconocido por su alta cocina local; ofreciendo entre otros, platillos a base de ballena— dentro del Parque Forestal. Otra de las guaridas, se encontraría en el sótano del Sun Voyager en el malecón de Reikiavik, debajo de una escultura gigantesca de un barco de acero colindante con al mar. La ejecución de la operación se planeó para su inicio en invierno, considerando la obscuridad prevaleciente en la mayor parte del día, ya que, en esta época del año, solo había luz natural por seis horas máximo, ayudando esto a la movilización de los agentes y el traslado de armamento y equipos de comunicación.

Después del desembarco total, los agentes llegaron a las dos casas de seguridad para instalarse. Un par de horas después, comenzaron a reconocer la zona y hacer trabajos de inteligencia que los llevaría con los días a la localización de los principales líderes cercanos a Baldur, el más grande líder mafioso de Islandia. El EICO sabía que sus reuniones las realizaba en el famoso public house gastro pub en la calle Laugavegur en la zona restaurantera de la ciudad, a la vista de todo mundo para no despertar sospechas y, en cierta forma, como una manera de mostrar su poder y su arrogancia.

Algunos agentes, desde sus «aposentos» en Reikiavik, comenzaron con su trabajo, consistente en espiar a sus objetivos a través de las cámaras de seguridad de la ciudad, a las cuales los miembros del EICO tuvieron acceso gracias a la colaboración de un infiltrado suyo, que meses antes se unió a la corporación policiaca de la ciudad. A través de estas, observaban los movimientos de los cómplices de Baldur, las casas donde vivían, lugares a los que se acudían, trabajaban, se divertían, etcétera. Al tiempo que, de manera encubierta, varios agentes más comenzaron a conseguir empleos en lugares cercanos al sitio de las reuniones en que participaban los mafiosos: cafeterías, bares y restaurantes. La agente noruega, Elín trabajaría en una cafetería enfrente del public house gastro pub, para seguir de cerca los pasos del líder de la mafia islandesa y recabar evidencia fotográfica de todos sus cómplices. Páll, otro de los agentes con conocimientos de cocina, estaría trabajando en el restaurant italiano Lungo Mare a un lado de la cafetería dondelo haríaElín. Cyrus, por su parte, estaría coordinando al resto de los agentes desplazados en toda la ciudad desde la casa de operaciones del sótano del Sun Voyager. Cerca de ahí, se encontraba varado el Belafonte, por si se necesitase apoyo de cualquier tipo, estaría listo para proveer de todos sus recursos a los agentes que entrarían en acción en poco tiempo.

Pasaron las semanas; cuatro, para ser exactos, y el centro de inteligencia del EICO instalado en la isla de Utoya, en Noruega, daba la alarma a las casas de seguridad de Reikiavik sobre una embarcación con todas las características de las naves que participan en la trata de blancas; bandera tailandesa, mismo modelo de embarcación a anteriores que confiscaron las autoridades locales y similares dimensiones, nudos de desplazamiento, etcétera.

Horas después, a lo lejos, y cubierto por la bruma, se alcanzaba a ver a un gran buque que llamó la atención a la tripulación del Belafonte. Apoyándose en sus visores láser y sistemas de medición a distancia, se podía determinar las características de la embarcación con precisión, así como su procedencia de acuerdo a los materiales usados para su fabricación y ciertas características únicas que cada astillero les impregna alrededor del mundo. Algo así como su marca genética única e irrepetible. Por lo tanto, y sin lugar a duda, este era un buque procedente de Tailandia y con seguridad cargado de mujeres a las que les habían arrebatado su presente y su futuro, ya que seguramente habrían abordado la embarcación contra su voluntad y probablemente habían sido raptadas. Tailandia tenía mucho que hacer en este sentido: niñas y mujeres adultas por igual desaparecían constantemente de las ciudades para precisamente engrosar el negocio de las mafias mundiales con la trata de blancas. Por ahora, Cyrus y algunos agentes más observaban a la distancia, recogían información y con esto planeaban dar el primer golpe, devastador y contundente en la operación Hiroshima I.

—No pierdan de vista detalle alguno —ordenó Cyrus a sus subalternos y miembros del equipo.

Al unísono contestaron: «¡No señor!»

Hasta ahora, Baldur seguiría con su vida criminal como si nada ocurriese. Pero esto no sería por mucho tiempo ya que, una vez armado el operativo, este sería contundente y demoledor y no quedarían vestigios de lo que algún día fue el padrino de la mafia islandesa y sus cómplices. En el Belafonte, se armaba el expediente criminal de la tripulación y se recopilaban datos de la embarcación con apoyo de un mini dron que lo sobrevolaba: velocidad de desplazamiento, dimensiones, número de tripulantes, armas con las que contaba, tiempo estimado de navegación desde su último contacto en tierra, etcétera. Información importante que sería muy útil por si se tomaba la decisión de interceptarlo en altamar con su envío criminal de helados (nombre en clave de las mujeres raptadas) y para rescatar y salvaguardar la «carga».

El infame buque tardaría algunas horas en llegar al puerto de Islandia, para atracar y luego entregar los «helados». Esto daría tiempo suficiente a Cyrus y su equipo para echar a andar la operación que con tanto cuidado habían planeado los veinte agentes del EICO, con Cyrus y Elín a la cabeza.

El jefe de la mafia islandesa disfrutaba de una fría cerveza en su lugar favorito; el public house gastro pub cuandorecibió en clave un mensaje en su móvil: «los helados están a punto de llegar». Este mismo mensaje fue interceptado en una de las casas de seguridad del EICO en Reikiavik, cuyo objetivo —además de otros— era intervenir las conversaciones telefónicas y ver los movimientos de sus futuras presas.

Baldur dirigió su mirada a su móvil para en segundos contestar: «¡genial» y finalizar así su mensaje agregando un emoji con la imagen de una pistola. El mafioso levantó el tarro de su bebida favorita, una Ölvisholt Brugghús Lava, para de un gran sorbo terminarse el resto de su achocolatada y acuerpada bebida. Salió del bar y se dirigió al auto que ya lo esperaba afuera.

—¡Vámonos de aquí! —le ordenó a su chofer y guardaespaldas.

— ¡Claro, señor! —Presto acató la orden el miembro de seguridad de su equipo.

Este, se dirigió a una de las casas que usa de guarida el capo para sus negocios ilícitos a las afueras de Reikiavik, en la zona de los muelles. Llegaron en minutos y Baldur entró a su oficina, abrió la caja de seguridad y extrajo enormes fajos de coronas y dólares americanos que guardó cuidadosamente en un maletín. Dinero que usaría para el pago de la «mercancía» que estaba por arribar.

En los equipos de comunicación de los miembros del EICO, se recibió la orden: ¡Comenzar la operación Hiroshima I ! Lo cual significaba el inicio de la eliminación de las mafias nórdicas. En este caso, se comenzaría por la mafia islandesa, cuyo cabecilla era Baldur y su puñado de rufianes.

Ataviados con su equipo táctico, Cyrus, Elín y el resto de los agentes abordaron las furgonetas que los llevarían al punto de la intercepción del «cargamento de helados». Sabían que un error, uno solo, podría significar la muerte para las secuestradas. Por eso, desecharon la idea rápidamente de interceptar al buque en altamar debido a que los traficantes contarían con la ventaja por estar en su embarcación que de sobra conocían y en donde seguramente tendrían un arsenal que, al momento de verse atacados, dispararían a la «carga» o, peor aún, desecharían a los «helados» por la borda, lo cual significaría la muerte por hipotermia en segundos para las víctimas. En cambio, de acuerdo al plan que decidieron finalmente los miembros del EICO, actuarían en tierra cuando bajasen a las víctimas para trasladarlas a los escondrijos y de ahí a los prostíbulos locales, cuyos clientes serían marineros deseosos de todo el mundo.

En las furgonetas estacionadas en puntos estratégicos cercanos a los muelles, los agentes del EICO se encontraban listos para entrar en acción. Cyrus, no obstante de haber participado en múltiples misiones anteriores a esta, y estar acostumbrado a sentir la adrenalina correr por su sangre —al participar con acciones positivas para el bien de este mundo y poner orden— sentía como su piel se erizaba ante lo inminente: entrar en operación sabiendo que esta podría ser su última misión, aunque al igual que en las anteriores intervenciones sabía también que, gracias a su entrenamiento y a su sentido de anticipación, tenía un grado muy alto de certeza de salir airoso, pues no se querría perder las siguientes encomiendas que tendrían escenario en el resto de los países nórdicos, ya que pensaba que, al fracasar, podría marcar su retiro de la agencia. Al menos como agente de campo. Por su parte, Elín, la más joven y atractiva agente del EICO en esta misión, por primera vez participaría en una cacería de esta envergadura y peligrosidad. Con cierta constancia ella pasaba saliva y carraspeaba producto del estrés que sentía antes de la operación. Muy preparada y seleccionada —entre más de doscientas aspirantes— por su inteligencia y destreza en el uso de las armas y habilidades en la lucha cuerpo a cuerpo, le daba la confianza de enfrentar este reto con éxito. Aun así, la espera era inquietante para cualquiera, a sabiendas de que se enfrentarían a criminales que no tenían nada que perder, pues ya lo habían perdido todo en el lugar donde nacieron. A estos sujetos los habían reclutado en los barrios pobres, muy pobres de Tailandia —donde vivir ahí cada día era muy difícil y peligroso— por eso, dedicarse a esta actividad criminal, la trata de blancas, no representaba nada relevante para ellos. Lo que les motivaba era tener asegurado todo: alimentación, cama tibia donde dormir, dinero y armas.

Por primera vez en su vida, ese estatus criminal los hacía sentir poderosos, intocables e invencibles pero, sobre todo, con dominio absoluto sobre los demás. Por lo tanto, sería difícil, muy difícil que se rindieran, por lo que la única opción era lamentablemente eliminarlos. Esto lo sabía Elín, y estaba segura de que esos delincuentes no lo pensarían ni un segundo para matarla. Esta situación la ponía en alerta máxima. Pensativa revisaba sus armas y sabía que tampoco ella dudaría en usarlas, ya que en casa la esperaba Charly, su pequeño hijo de 2 años. Al salir a cada misión, Elín le prometía a su pequeño que regresaría siempre para llevarlo a comprar sus chocolates favoritos a la tienda. Ella era su única guía, sustento y ejemplo a seguir ya que el padre de este, el agente Aksel perdió la vida en otra misión en Tallín, en Estonia, cuando participó como elemento encubierto de su Gobierno al enfrentarse a la mafia rusa en un operativo. Los criminales lo capturaron y lo desaparecieron y Elín jamás lo volvió a ver, solo le llegó un mensaje a su móvil desde esa ciudad donde leyó: «¡Hasta nunca!» con varios emojis carcajeándose. Ella entendió muy rápido que había perdido a su amado esposo, y Charly, a su protector y guía. La agente se convenció muy rápido de ese hecho y lo aceptó como cierto, al ver el número del móvil del cual llegó el mensaje; el de su esposo. ¿Cómo le comunicaré a mi pequeño hijo esta trágica noticia? se cuestionó con preocupación ¿Cómo le afectará crecer sin su padre? ¿Y si muriera yo en esta misión, quién se hará cargo de él? Las preguntas inundaban la cabeza de Elín, sin encontrar respuestas.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó Cyrus.

— ¡Si! —respondió mintiendo.

Las pistolas Láser Vortex ya eran parte del equipo «ordinario» de los agentes del EICO desde que se probó en la exitosa custodia y protección de Mr. Jackson en Italia. Esto le daba la confianza a Elín de salir avante de lo que se avecinaba, pues dudaba que la mafia a la que se enfrentaría contara con ese armamento, ya que fue creación de su agencia en los laboratorios de Alemania, tres años atrás.

De igual manera, el resto del equipo estaba listo. Compuesto por varios agentes muy experimentados. Algunos de ellos habían participado enfrentando y derrotando a ETA, en la misión en la que el Gobierno Español solicitó el apoyo de la agencia para desarticular y eliminar al grupo terrorista. Así mismo, actuaron para desmantelar a la banda criminal de Carlos el Chacal en París, de igual manera combatieron también a la Camorra italiana con éxito. Varios agentes más, que participarían en este nuevo reto eran «nuevos», se habían graduado hacía poco tiempo precisamente en Italia en la ceremonia que se llevó a cabo en el Palazzo di Malaspina. Pero todos, sin lugar a dudas, habían sido preparados para actuar como los mejores en los peores casos contra el hampa mundial.

Entre la bruma matinal apareció la figura del gran navío procedente de Tailandia, donde venía el pedido de «helados» como en clave les llamaban a las víctimas, al tiempo que se escuchaba el sordo silbido de la embarcación cada vez más próxima con la «mercancía» proveniente de Asia. Los mafiosos se frotaban las manos, especialmente Baldur, en cuya retorcida mente hacía cuentas de los dólares que pagaría, pero sobre todo, los que recibiría como intermediario al entregar la carga en los bares de mala muerte en Islandia.

Los criminales salieron de sus guaridas desde una zona apartada del puerto de Islandia para dirigirse a toda velocidad en tres Land Rover Vampaire, hacía los muelles donde atracaría el buque. ¿Sus armas? Sub ametralladoras Uzi, pistolas de 9 mm y granadas de fragmentación. Su soberbia los hacía un tanto descuidados y solo algunos integrantes usaban chaleco antibalas, que de nada servirían contra las pistolas Láser Vortex que usarían los integrantes del EICO. Por su parte, los agentes se encontraban estratégicamente desplazados en las llegadas y salidas de los muelles cuando recibieron el mensaje cifrado en los mismos términos en que se expresaban los delincuentes debido a que habían intervenido sus teléfonos: «El pedido de los helados esta por ser entregado» cuya interpretación fue: «las víctimas están por llegar».

Cyrus y Elín al unísono voltearon a mirar sus armas para cerciorarse de estar preparados y no cometer errores. Ella, se recogió su hermoso cabello lacio y rubio, al tiempo que Cyrus se restregaba su escasa y bien delineada barba. Transpiraban, tragaban saliva, inflaban sus pulmones respirando profundamente y mirándose uno a otro haciendo movimientos de cabeza de arriba hacia abajo y alzando el dedo pulgar de una de sus manos para afirmar que estaban listos para la acción:

—¿Estás segura que lo quieres hacer? —preguntó Cyrus.

—Muy segura —respondió ella, con determinación.

—De acuerdo, vayamos pues, a cumplir con nuestro objetivo —contestó Cyrus con aplomo.

Repentinamente y no obstante del frío extremo, aparecieron las primeras gotas de sudor en la frente de ambos deslizándose hacia el rostro y cuello sin lograr su objetivo, ya que el gélido clima las congeló en su recorrido. Inesperadamente, la mirada de uno y otro agente se encontraron. Ella, con sus ojos azul grisáceos; los de él, color café, como los granos tostados de la aromática y deliciosa bebida de su tierra. Ambos se ruborizaron por el inusual suceso. Los dos sabían que confiaban su vida uno en el otro. Vida que estaría en riesgo en la tormenta que estaba a punto de desatarse. Los códigos del lenguaje corporal y visual entre miembros del EICO era bien conocidos por todos en esa especie de hermandad, donde uno daría la vida por otro para lograr el objetivo de la misión. Entre sí, y en silencio, todos se comunicaban con el lenguaje de las miradas.

Uno a uno, llagaron los mafiosos de la Hermandad Aria «capítulo Islandia». Desde sus imponentes vehículos descendieron los criminales con actitud altanera y prepotente característica de quien se siente dueño de la ciudad y de la vida de sus habitantes. El buque con el cargamento de «helados» iniciaba las maniobras para atracar. Los marineros lanzaron las anclas al mar y acto seguido estabilizaron la embarcación con las amarras que los peones de la mafia en tierra sujetaban a los enormes postes de acero de los muelles. Minutos después, la escalera fue liberada para ser usada por las pasajeras que con toda naturalidad descenderían a tierra. El rumor que se dejó correr para no alertar a las autoridades locales fue que las visitantes eran profesionales de la industria cosmetológica y que venían a Reikiavik a una convención de esta actividad profesional. Esa patraña obviamente se dijo para disfrazar la real actividad criminal a la que estaban sometidas. Una vez en tierra, todas se encaminaron a las limusinas que se encontraban aparcadas a unos metros de los muelles y servirían de medio de transporte para las participantes en la supuesta convención. Claro, todo esto era solo una pantalla, ya que estos delincuentes montaron un falso evento en uno de los casinos del puerto en Reikiavik, donde se realizaría una exhibición sobre nuevos productos para la belleza que, por supuesto lo harían a puerta cerrada, donde obviamente acudirían los «selectos» clientes para adquirir la «mercancía». El encanto de las participantes no sería problema, pues se sabía que, en ese medio, con la magia del maquillaje, todas lucirían hermosas. Además de que, al momento de ser raptadas o engañadas con falsas promesas de buenos empleos en otros países, fueron seleccionadas con ciertos requisitos que gustarían a sus futuros depredadores. Lo que llamaba la atención era la corta edad de las mismas y que todas eran de origen asiático.

A punto estaba de entrar en acción el equipo del EICO para capturar a los nefastos criminales, pero, repentinamente se dejó escuchar en sus auriculares: ¡Abortar, abortar! Nadie entendió por qué se había detenido la misión y por segundos reinó la confusión, hasta que un nuevo y breve mensaje les explicó la situación. Poco a poco y sin llamar la atención, se retiraron los miembros del equipo. Los agentes se dirigieron a sus casas de seguridad en la planta baja del restaurante Perlan del Parque forestal, mientras que la otra parte del equipo se dirigió a la casa de seguridad del Sun Voyager por el malecón para esperar nuevas instrucciones de parte de Cyrus, el mandamás de la operación.

Ya más tranquilos, Cyrus les explico a los agentes el motivo de la cancelación de la operación: «El cuartel general interceptó una conversación del buque que transportaba a los helados para Baldur, en el que le advertían del operativo puesto en marcha en su contra para capturarlo junto a sus cómplices y recuperar la mercancía. Sin estar seguro, su fuente le informó que no sabían a qué cuerpo de seguridad de Islandia pertenecía la implementación del operativo. Esto mantenía en el anonimato al EICO. En la respuesta del delincuente aseguraba que, antes de perder tan valiosa carga, la destruirían. Esto significaba una sola cosa: aniquilar, una a una, a las esclavas sexuales provenientes de Tailandia». Todo tenía sentido ahora para los agentes y el porqué de la cancelación de la operación.

La cacería contra Baldur se retrasaría días o tal vez semanas, pero el mafioso estaría al final de su vida criminal junto a sus cómplices, dueños de varios antros donde gustosos ofertaban la «mercancía» que les daba jugosas ganancias a ellos; para ellas, las víctimas de la trata de blancas, comenzaría una vida llena de vejaciones y sufrimiento. Eso, les informó Cyrus a sus agentes.

Pasaron las semanas y Baldur se ufanaba de su poderío y de salirse con la suya siempre al llevar a cabo sus actividades criminales a su antojo. Fanfarroneaba con sus cómplices diciendo que era más listo que la policía de Islandia, sin tener la menor idea de a quién realmente se estaba enfrentando.

—¿Se dan cuenta?, soy más inteligente que ellos —alardeó el mafioso ante sus matones—. Conmigo no podrán, se los aseguro, ya lo verán. —¿No me creen?—les preguntó a los presentes.

—¡Si! —masivamente contestaron sus cómplices.

Esa sabandija islandesa, desconocía el poderío de sus cazadores y esto sería su perdición, pues obviamente ignoraba la existencia del EICO. Los métodos de preparación de sus agentes, sus armas y tecnología armamentística con la que contaban pero, sobre todo, los recursos ilimitados que tenían y los patrocinadores que los financiaban.

Lo que sí tenía inquieto a Baldur, era el hecho de que días atrás, dentro de su caja de seguridad encontró un pequeño trozo de papel en el que con dificultad se leía simplemente: IOCE. No encontraba sentido a esas cuatro letras que para él no significaban nada en islandés ni en inglés, los idiomas que el delincuente hablaba, ni sabía a qué se refería, pero asumió que algo no andaba bien. El hecho de que alguien haya tenido acceso a su caja fuerte lo puso nervioso y más, porque su dinero, joyas y armas estaban intactas. El intruso no podría tratarse de un ladrón común y corriente, de eso estaba seguro. En los días siguientes se comenzó a sentir como la presa a punto de ser cazada. Despertaba sudando por las noches y repentinamente se incorporaba de su cama con la respiración acelerada y entrecortada. Estaba teniendo momentos de pánico, en sus sueños veía el trozo de papel constantemente con las cuatro letras, IOCE. ¿Quién tendría el poder de acceder a su caja fuerte en su oficina sin ser detectado y quién podría saber la combinación para abrirla además de él? Pero, sobre todo, ¿quién podría darse el lujo de no tocar el dinero habiendo tanto ahí?

Pasaban los días, las semanas y se avecinaba la primavera. Baldur se mostraba notoriamente molesto y desconfiado de todo y de todos, al extremo de llevar consigo no solo una pistola, sino dos, además de un cuchillo retráctil. También de manera permanente portaba un chaleco antibalas que lo llevaba debajo de su abrigo. Comenzó a fumar, situación que sorprendió a sus subalternos ya que, recordaban que en cierta ocasión le disparó en la cabeza a uno de sus secuaces por haber fumado a un lado de él, le molestó tanto el humo del cigarro que lo asesinó, argumentando que era alérgico al cigarro. Los miembros de su pandilla sabían que algo no estaba bien, pero no querían cuestionarlo al respecto, ya que tenía notoriamente un carácter explosivo en los últimos días y no comprendían por qué, y no querrían averiguarlo.

El EICO tenía ya los perfiles de cada miembro de la mafia islandesa: dónde vivían, quiénes eran sus familiares y qué días la pasaban con ellos, cuántos eran, dónde se abastecían de alimentos, qué restaurantes preferían, etcétera. Y concluyeron algo importante, todos sin excepción tomaban el domingo para amanecer en casa y dedicarlo a sus familias, pues su religión así se los dictaba. Después de llevar una vida criminal toda la semana, el domingo se convertían en hombres devotos y guías impecables de su familia, por lo que Cyrus decidió que el domingo en la mañana sería el día perfecto para ejecutar la operación Hiroshima I, que pondría fin de una vez por todas a esa lacra social de Islandia.

La paciencia para Cyrus y su equipo estuvo a prueba por la espera de entrar en acción, pero pronto sería compensada, ya que se ejecutaría en el Domingo de Ramos que ya estaba próximo. Día en que los mafiosos por sus creencias religiosas estarían francos y por lo tanto descuidados. Perfecto para el inicio y fin de la operación, que los agentes esperaban y deseaban pero les preocupaba que hubiese daños colaterales.

Noche de sábado en la víspera del inicio de la Operación Hiroshima I. Cyrus daba vueltas en la cama, inquieto, con la adrenalina corriendo por su torrente sanguíneo inundando todo su ser. Pensaba en las consecuencias de una fallida operación y en la responsabilidad que tenía por las vidas que estarían en riesgo al tomar alguna mala decisión en su ejecución, aunque al conocer la preparación, profesionalismo y efectividad de los miembros de su equipo lo tranquilizaba parcialmente, pero eso no evitaba que se cuestionara: ¿Qué futuro tendría la familia de algún agente al perder la vida en acción? ¿Las convicciones por las que tomaron la decisión de unirse al EICO realmente valían la pena? ¿Era loable arriesgar la vida y bienestar de cada agente para dejar un mundo mejor a personas que jamás conocerían? Y más aún: ¿Todo el esfuerzo, los días de ausencia en cumpleaños, navidades, graduaciones y un sinnúmero de vivencias que todos perdían al lado de sus seres queridos por entregarse en cuerpo y alma al propósito de la agencia, los valorarían al menos un poco los que sabían de su actividad secreta? Todo este debate moral atormentaba a Cyrus en altas horas de la madrugada el día en que seguramente marcaría para siempre su vida y la de sus subalternos; el día del inicio de la mega operación Hiroshima I.

Por su parte, a la mente de Elín llegaba la imagen de su pequeño Charly. Lo recordaba con frecuencia con la sonrisa imparable que le causaba cuando ella, su madre, lo columpiaba en el árbol del jardín que había en casa. Le preocupaba, al igual que a Cyrus, que algo saliera mal, pues la vida futura de su amado hijo sería incierta ante la posibilidad de quedar huérfano ahora también de madre. Ella recordó aquel doloroso día en que cuestionó al pequeño.

—Charly, ¿qué prefieres, que te compre un helado o que te lleve al parque a pasear en tu bicicleta?

—Quiero que me lleves a dónde está mi papi, aunque no me compres helado ni me lleves al parque —contestó el pequeño con seguridad y con un tono de voz que rompía el alma.

—Sabes que eso no es posible, tu papi ya está en el cielo —respondió con dificultad Elín.

Charly, invadido por el llanto le suplicó a su madre; ¡llévame allá, llévame allá!, te lo ruego. Ambos, inundados por el dolor, se abrazaron para consolarse del llanto que los abrumaba.

El resto de los miembros del equipo del EICO desde la madrugada de ese domingo revisaban sus armas y preparaban sus uniformes para estar listos para la misión en un nuevo intento en un ambiente de pre confrontación. El olor a café inundaba la casa de seguridad del Parque Forestal donde pernoctaban una buena parte de los miembros del equipo. El resto, se encontraba en la otra casa cercana a los muelles. Todos tendrían que estar bien despiertos y alertas, tan así que el café lo tomaban estilo expreso esa mañana, hecho de una mezcla de granos producido en América, en las benditas tierras productoras de este elixir, ya que sería lo mejor para comenzar el día y exaltar los sentidos.

Había algo que «tranquilizaba» a todos los agentes del EICO ahí presentes, y era el hecho de que podían confiar unos en otros. Sabían que, de ser necesario, cada uno pondría su vida por delante para salvar a su contraparte. Esto hacía a este equipo temerario, aunado a su alto grado de preparación y equipamiento con el que contaban.

La obscuridad aún permanecía a la hora del inicio de entrar en acción, siendo ya las cinco de la mañana en ese día lleno de bruma. Los relojes digitales de última generación, al unísono recibieron la señal: «Operación Hiroshima, ¡Goes!» Esto indicaba la autorización para el comienzo de la encomienda. Con disciplina militar, los veinte agentes abordaron las cinco furgonetas que los llevaría a las diferentes casas de Baldur y sus cómplices. Los encontrarían acostados en el calor de su hogar donde también estaría la familia de cada uno de ellos, por lo que suponían los miembros del equipo que los criminales no ofrecerían resistencia para no arriesgar la vida de sus seres queridos. Si acaso estaría en riesgo, sería su pareja sentimental por compartir la misma cama en la misma habitación.

Al partir, los agentes sincronizaron sus relojes para al unísono entrar en acción, ni un segundo antes, ni un segundo después; la intervención tendría que ser perfecta para evitar que los mafiosos se comunicaran entre sí, e impedir alertarse entre ellos. La brisa helada proveniente del mar y la niebla envolvían a la caravana de vehículos que se desplazaban por el malecón Saebraut en silencio, las furgonetas avanzaban ocultas involuntariamente entre la bruma. Llegaron al punto sin retorno desde donde se separaron los miembros del equipo para posicionarse cada uno en su objetivo y en su destino. A metros de cada una de las casas de los criminales, Cyrus dio la orden.

—¡Adelante, adelante! —cumplan con su misión y que Dios los proteja.

— ¡Sí, señor! —exclamaron los guerreros del EICO.

Con impresionante sincronía los agentes derribaron las puertas de las cinco casas de sus objetivos y se dirigieron hábilmente hacia las habitaciones. Como era de esperarse, los criminales no ofrecieron resistencia, cuatro de ellos, al verse rodeados y encañonados ya que tenía todo que perder. Pero, Baldur por ser el jefe, y el más violento de todos, no se rindió. Tuvo sesenta valiosos segundos para decidir si enfrentarlos o no. Decidió lo primero, gracias a los ladridos de su coker Spaniel —Manchita— que lo alertó cuando los agentes se acercaron a la barda perimetral de su casa, y este al dormir en la última recámara, tuvo tiempo suficiente para que su esposa huyera a través de un pasadizo que se encontraba atrás de un closet que conducía a la casa anexa. Él, en cambio, se colocó su chaleco antibalas, sujetó su pistola 9 milímetros para enfrentarlos aun cuando sabía que seguramente estaba en desventaja numérica ignorando además el tipo de armas con las que contaban los agentes y que tal vez su chaleco, en un momento dado, no lo protegería contra las armas de sus captores. Baldur tenía la tranquilidad de que, si moría ese día, su familia quedaría protegida en lo económico, pues había acumulado una gran fortuna «gracias» al nefasto negocio de trata de blancas. El dinero les alcanzaría para llevar una vida de lujo hasta tres generaciones, ya que tenía dos décadas «trabajando» en este reprobable negocio y era el rey del crimen en Islandia.