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La cotidianidad como fuente extraordinaria de inspiración es la base de este diario personal que se nutre, además, de ficciones y comentarios ensayísticos. De Helsinki a Bata pasea al lector por una adolescencia en una familia multicultural marcada por el padre, republicano español exiliado tras la Guerra Civil; recuerdos, comentarios y la intimidad de un escritor que se revela con sensibilidad e imaginación para ubicarnos en geografías y tiempos varios.
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Seitenzahl: 174
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Thierry Precioso
DE HELSINKI A BATA
© De Helsinki a Bata
© Thierry Precioso
Mayo 2023
ISBN papel: 978-84-685-7469-1
ISBN ePub: 978-84-685-7470-7
Depósito legal: M-4771-2023
Editado por Bubok Publishing S.L.
Tel: 912904490
Paseo de las Delicias, 23
28045 Madrid
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Índice
1. Helsinki
2. Bata
3. Bata
4. Helsinki
5. Bata
6. Helsinki
7. Helsinki
8. Bata
9. Helsinki
10. Bata
11. Bata
12. Helsinki
13. Helsinki
14. Bata
15. Helsinki
16. Bata
17. Bata
18. Helsinki
19. Bata
20. Helsinki
21. Bata
22. Helsinki
23. Bata
24. Bata
25. Bata
26. Bata
27. Helsinki
28. Nueva York
29. Manila
30. Helsinki
31. Helsinki
32. Cannes
33. Cannes
34. Cannes
35. Cannes
36. Cannes
37. Cannes
38. Cannes
39. Cannes
40. Cannes
41. Cannes
42. Cannes
43. Cannes
44. Cannes
45. Cannes
46. Cannes
47. Cannes
48. Cannes
49. Cannes
50. Cannes
51. Cannes
52. Cannes
53. Cannes
54. Cannes
55. Cannes
56. Cannes
57. Cannes
1. Helsinki
Estoy escribiendo en el ordenador en mi dormitorio en Cannes, son las 23:06 del sábado 14 de diciembre de 2019 y el suave sonido del calentador ventilador que acabo de comprar me traslada a Helsinki, oigo el viento del mar báltico no demasiado violento pero inalterable, hace un sonido potente y suave, fffruuuuu, qué gusto...
Estoy en Helsinki, en la septentrional Finlandia o Suomi (en idioma finlandés), me encanta el calorcito imperando en el dormitorio con ordenador de mi pequeño piso incrustado en un bloque de viviendas céntrico de esta capital. Conmigo está mi perro Héctor. Cuando me hice cargo de él en septiembre de 2015 en el refugio de la Sociedad Protectora de Animales L’Espoir (La Esperanza) en la Valmasque, me comunicaron que tenía nueve años y que había vivido en Fayence con una mujer que tenía más de una veintena de perros, gatos y otros animales, pero que ella era muy vieja y ya no era capaz de cuidarlos suficientemente bien, por lo que la gran mayoría de esos animales le habían sido retirados.
En algún momento durante sus nueve primeros años en Fayence, Héctor tuvo una otitis sin curar, por lo que cuando le conocí ya estaba completamente sordo. Se lleva muy bien con los gatos, alguna vez lo vi descansar apoyando su cabeza sobre el cuerpo de una gata del vecindario que nos había visitado. En el restaurante suele tenderse en el suelo sobre la espalda, tan pancho. En este momento Héctor está confortablemente tumbado sobre mi cama. Cuando me despierto en medio de la noche, me encanta sentir su bendito pesito al lado de mis piernas.
Eso que dijo Andy Warhol de que en el futuro todo el mundo será famoso una quincena de minutos no es posible: cuatro personas cada hora; cuatro por 24 da 96 por día; 96 por 365 da 34 940 por año; 3 494 000 por siglo, que multiplicado por diez da 34 940 000. Es decir, que para 35 millones de personas alcanzando un cuarto de hora de fama una tras otra, según la fórmula de Warhol, necesitaríamos mil años y 35 millones de personas es una pequeñísima parte de la población actual…
Sobre leer y escribir, cuando veo la cantidad de escritores soy consciente de que podré leer solamente una pequeñísima parte de ellos. Incluso ciñéndome a los escritores más conocidos, no conseguiría leer más que una muy pequeña proporción de sus obras.
Expresarse y atender al otro, escribir uno y leer lo que escriben otros, que entre estos otros está bien de leer a muchos no tan prestigiosos e incluso mejor cuando son bastante poco conocidos. Estoy perdido entre una multitud de escritores y eso me encanta, porque el conjunto de todos los escritores nos parecemos a la multitud de árboles que hay entre los innumerables lagos de mi querida Suomi...
Helsinki, final del primer arranque de este texto, a las 0:06 del domingo 15/12/2019
2. Bata
Esta mañana el calorcito del calentador ventilador me traslada a Bata, en Guinea Ecuatorial. Los dos batientes de la contraventana están cerrados, los niños deben estar jugando al futbol en la playa extensa de cinco kilómetros, a apenas unos 150 metros de mi casa pequeña hecha con duro y madera.
Es una suerte que dos plantas más arriba de mi paradero en Helsinki tengo de vecina a Kiana y que me encontré con ella en la escalera. Es una joven estudiante que está haciendo una tesis y acaba de adquirir dos gatitos; les presenté a Héctor y enseguida congeniaron, la gatita y el gatito persiguiéndose uno al otro dando saltos de pídola encima de un Héctor olímpicamente imperturbable, ¡¡¡ja, ja, ja!!!… Total que Kiana se ha ofrecido a guardar mi perro Héctor en su apartamento y es por ella que me puedo encontrar aquí en Bata, completamente tranquilo acerca de él.
Soy socio de infoLibre, y el 02/11/2018 apareció en la sección «Plaza Pública» del periódico digital una columna titulada «La Tercera República española y la izquierda», de un tal Ricardo García Manrique; el artículo me gustó, básicamente venía a decir que la monarquía parlamentaria nacida de la Constitución de 1978 era también una república. Me interesé por Ricardo García Manrique, por lo que descubrí que había publicado una novela titulada Un día sin Teresa. El año anterior yo había autoeditado en Amazon mi novela El desorden de los toldos y andaba (y ando) loco deseando que esta novela encontrara los lectores que se merece, y pensé que yo podía prestar atención a una novela tan desconocida como la que escribí durante unos 15 años, por lo que a los pocos días compré Un día sin Teresa; señalo que esta novela no tiene correspondencia especial con la señera Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé; empieza con la estancia de un estudiante madrileño en Nueva York que debe durar unos tres meses...
Poco más tarde encontré a Laura Martínez González en LinkedIn, me enteré de una nueva novela suya titulada Lachicadepapel y un cuarto de lo mismo que con Un día sin Teresa, quería comprarla pero ella antes me la regaló. La escritura de Lachicadepapel me permitió una lectura fluida; me di cuenta de que la expresión «rayarse», como algo equivalente a «incomodarse», parecía haberse extendido entre la juventud española y también noté que Lachicadepapel consta de unas 140 páginas. Mi novela Eldesordendelostoldos tiene 746 páginas en mi autopublicación en Amazon; es que ansiaba escribir una novela que fuera un tocho o un ladrillo espeso, lleno de vida, y me encanta que haya resultado así. Pero habiendo terminado mi Tourmalet particular, ahora estoy en otra etapa y prefiero que mi próximo escrito publicado sea suficientemente sucinto para la comodidad del lector y la no carestía del libro.
¡Jolines!, acaba de desatarse una lluvia torrencial, los niños futbolistas deben correr riendo hacia sus casas o casetas, ¡ja, ja, ja!... ¡Oh!, también acaba de entrar en mi habitación la gata gris y azul de mi vecina Selena; esta joven gata suele visitarme especialmente cuando hay fuertes tormentas, no sé, me extraña mucho esta influencia viniendo de mí, pero parece que le doy algún sentimiento de seguridad.
Bata, final del primer arranque de este texto, a las 16:27 del sábado del 21/12/2019
3. Bata
Está lloviendo otra vez, desde el sábado pasado hemos tenido bastante lluvia, eso sí, entrecortada por numerosos fulgores soleados. Ayer me acerqué a la playa en plena vorágine de lluvia y sentí una alegría salvaje viendo olas grandes sucediéndose y justo antes del anochecer lo hice otra vez para ver las pequeñas embarcaciones de pesca volviendo a tierra; no eran tantas, como de costumbre, por el tiempo tan lluvioso e inestable. Y esta mañana en un entrecorte soleado fui a la playa para ver a los niños futboleando, pero ahora llueve fuerte y tendido y acaba de aparecer otra vez en mi habitación la pequeña gata de Selena, ¡ja, ja, ja, ja!...
Hace aproximadamente seis meses, era en mayo de este mismo año 2019, vi un tuit del Centro Cultural de España (CCE) en Bata, que a través de Issuu daba acceso a unos textos presentados para el IV Concurso de relato corto Guinea Escribe-Premio literario Fundación Martínez; Issuu es un servicio en línea que permite la visualización de material digitalizado como libros, documentos, números de revistas, periódicos y otros medios impresos de forma realista y personalizable; pinché el enlace por si descubría algo interesante, los candidatos no eran literatos consumados sino escritores en devenir, y este aspecto de aficionados me atraía, ya que me parecía que podían ser menos dados a la demagogia y al relleno como lo son algunos escritores profesionalizados. La Fundación Martínez Hermanos nació en 2014 bajo el protectorado y tutela del gobierno de Canarias.
Los textos presentados en este concurso que leí me interesaron todos, pero hubo uno que me atrajo especialmente, se titula Gritos en voz baja y su autora se llama Ester Cándida Luembe; su relato corto exprime la voluntad de la protagonista de elegir su camino a pesar de las miradas exteriores, habla de una relación afectiva dificultada por el sida y finalmente expresa una apuesta hacia el amor; este relato me emocionó mucho.
Los dos centros culturales de España en Malabo y en Bata debían otorgar tres premios cada uno, y poco después de haber leído este relato corto me enteré de que Ester Cándida Luembe, con Gritos en voz baja, había obtenido el segundo premio del Centro Cultural de España en Bata.
Son casi las 16:00 de la tarde, sigue lloviendo con bastante fuerza, me voy a vestir casi de pescador con buenas botas, con lo demás para pasear, y en un momento dado me pararé para tomar una bebida caliente en algún bareto. Antes de salir, moviendo mantas, le voy a confeccionar a la gatita de Selena una especie de pequeño nido sobre mi cama para que se sienta protegida.
Bata, final del primer arranque de este texto, a las 15:53 del martes del 24/12/2019
4. Helsinki
La fiesta que me ha hecho Héctor cuando llegué a Helsinki fue de antología, y Kiana me dijo que había estado fenomenal con los gatos, total que podré volver a ir a Bata estando tranquilo respecto a él.
En este momento tenemos los días más cortos del año y aprovecho las pocas horas, aproximadamente unas seis, para pasear lo más posible, manteniendo abiertas las contraventanas de mi habitación también durante las noches tan largas. Tengo un par de suertes: las dos ventanas de mi habitación dan a una calle que se escapa perpendicular y desde mi piso, estando en la primera planta, tengo una visión muy cercana y bastante horizontal de esta calle con las aceras bien animadas. Más allá los visillos no hay demasiado tráfico, pero sí numerosos peatones, veo nieve a trocitos, no hace sol pero no está nevando en este momento, los letreros de los comercios encendidos me calientan el ánimo... Está entrando un tranvía en el otro extremo de la calle perpendicular. Entre los letreros están el de la cafetería snack, donde suelo tomar un café o comer pescado con patatas fritas; el de la librería, que también vende periódicos, y el del restaurante kebab turco con un interior de pequeñas sillas de madera muy coloridas, largas banquetas acojinadas y tejidos bombeados en techo que me evocan a Las mil y una noches. En la calle transversal, al fondo de la calle perpendicular, está la iglesia luterana hecha de madera. De vez en cuando me gusta entrar en esta iglesia para quedarme sentado un rato en la suave oscuridad, pero ahora mismo lo que me gusta es ver a personas y chicas en esta calle de los letreros risueños.
De joven, cada tres meses mi familia compraba el álbum Spirou; enseguida yo devoraba Lucky Luke, Buck Danny y también, entre otras historias, me gustaban Les Belles Histoires de l’oncle Paul.
Allá por el año 1965 o 1966 me impresionaba una de esas historias del tío Pablo. Un lago protagonizaba el acontecimiento relatado; era estrecho, de unos centenares de metros y unos cuatro kilómetros de largo; al principio de la noche se había levantado un viento fortísimo, con un ruido ensordecedor propio del demonio que provocaba enormes olas en el lago y una adolescente que se encontraba sola en su casa al borde del lago sabía, por alguna razón que no me acuerdo, que su primo, de unos seis años, se encontraba también solo en su pequeña casa al otro lado del lago, a unos 700 metros, e imaginando su pavor decidió ir a buscarlo. En las viñetas se veía muy claramente que el esfuerzo que tenía que hacer para remar frente a las enormes olas era propiamente hercúleo… pero finalmente consiguió alcanzar y traer a su primo a su casa; el niño había pasado un miedo de vértigo estando solo, oyendo al demonio rugir, pero ahora se encontraba feliz con su prima.
Los días siguientes a esta lectura busqué informaciones acerca de Suomi y llegué a enterarme de que hay allí un bosque inabarcable con decenas de miles de lagos, por lo que se le denomina «El país de los mil lagos».
Muchos años más tarde, ya muy cerca del cambio de milenio, en la sobremesa del almuerzo pasé un momento bien placentero tumbado en el sofá, tomando al principio un buen café, solo viendo un episodio de Maigret titulado «Maigret en Finlandia».
También me gustó mucho el filme Nubes pasajeras de Mika Kaurismäki; el protagonista es un conductor de tranvía en Helsinki. Antes, en Madrid, había encontrado dos finlandeses, primero fue un chico alto de casi de 1 metro 90, rubísimo, simpático y tranquilo que pasó tres noches en el piso donde vivía; impresionado por la multitud que había visto en la Puerta del Sol, me preguntó cuánta gente había en Madrid, y cuando le contesté que en la comunidad de Madrid debía haber un poco más de cinco millones de personas, exclamó que ¡era casi tanta gente como en toda Finlandia! Sospecho que había disfrutado más con la populosa Puerta del Sol que con la bella y armoniosa Plaza Mayor; a mí también bastantes veces me suele pasar, prefiero la vida de la Puerta del Sol antes que la armonía y belleza de la Plaza Mayor, es genial que estén a apenas 200 metros de distancia la una de la otra. Tomar un perrito caliente y una cerveza burbujeante sobre un taburete en la parte sombreada de la barra y recibir la avalancha de luminosidad entrante en el pequeño bar, justamente nombrado Los Perritos, era una gozada.
Cuatro o cinco años más tarde de haber conocido a este chico, una noche me encontré a una chica finlandesa simpática en un pub cerca de la Plaza de Santa Ana, estaba con una amiga suiza y pasaban unos días de vacaciones aprovechando la alegría de la noche madrileña.
Cuando menté a Paavo Nurmi, se mostró sorprendida y contenta. No estoy seguro de ello, pero es posible que me haya enterado de este legendario corredor fondista leyendo a Spirou. Total que, con estas dos experiencias humanas finlandesas en Madrid, continué desarrollando una ilusión positiva acerca de Suomi.
Helsinki, final del primer arranque de este texto, a las 13:22 del domingo 29/12/2019
5. Bata
Las líneas luminosas en las persianas de la contraventana van a acentuarse, respiro lento y me empapo de esas luminosidades…
Hace diez años, conduciendo el autocar entre Sophia-Antipolis y Grasse, conocí a Natko Javier. Pasaba buena parte de la tarde en mi vehículo, yo siempre conducía por la tarde; para ello, una semana de cada dos intercambiaba mi servicio de la mañana con el servicio de tarde de otra conductora, siempre la misma; en este sentido formábamos un binomio.
Natko Javier era y es oficialmente discapacitado, cuando empezaba a hablar no podía pararse y entre otras cosas por esta razón difícilmente podía haber trabajado, sus colegas no habrían aguantado su caudal de frases a veces aparentemente inconexas. Sí que se había intentado que trabajase como jardinero en un vivero, pero por alguna razón no funcionó muy bien. Total que era pensionado, pero como no puede gestionar su dinero, una curatela asignada le pagaba el alquiler y le transmitía el dinero para gastar semana a semana. Al visitar su casa me llamaba la atención la pulcra limpieza y el gran orden con el que guardaba sus muchas pertenencias. En realidad sí que podía trabajar ordenando las cosas, pero pocas horas. Es lo que ocurría cuando ayudaba al cura de Mouans Sartoux y a algún centro judío de Cannes. Una cosa que le dolía era que algunas personas que le hablaban cuando estaba conmigo en el autocar, al cruzarse después con él en Cannes, Niza u otro sitio, hacían como si no lo veían.
Natko nació el 27 de octubre de 1973 en Zagreb, Yugoslavia. Tiene una familia croata, pero no sabe quién es su padre, a veces imagina que su madre era una bailaora de tablao flamenco. A quien quiso más parece que fue a su padrastro, fallecido en 1997, lo llama «padre» y de ahora en adelante voy a hacer lo mismo. Su padre fue director de varias concesionarias de coches Renault, por eso Natko estuvo en ciudades distintas según el destino profesional de su padre; entre otros sitios estuvo en Alemania, en Düsseldorf, en Bédarieux, en el departamento de l’ Hérauilt, y al menos cinco años en Torino con unos abuelos, me decía, por eso además del francés y del serbio-croata, habla italiano. En los años noventa conoció la guerra en Croacia; cuando había clientes serbios o croatas en el autocar, hablaba con ellos en serbio-croata; también domina otra lengua itálica que es el corso; casi no habla español pero tiene pasaporte español. «Soy español y madrileño», suele decir, no tiene ciudadanía francesa pero tiene la tarjeta de discapacitado al 90 % y es pensionado. Cuando iba a buscar cigarrillos en Italia para una amiga, a menudo íbamos en coche los dos juntos, Natko estaba muy feliz de pisar Italia, yo compraba las cajas de cigarrillos en el bar restaurante Gasoline de Oliveta San Michele.
Siento hormigas en las piernas, ganas de salir, mejor voy a dar una vuelta.
Bata, final del primer arranque de este texto, a las 11:04 horas del lunes 30/12/2019
6. Helsinki
Al despertarme esta mañana veía en la oscuridad, más allá de la ventana, un torbellino de copos de nieve cayendo en espiral, ¡qué bonito ver eso desde lo calentito de mi cama y con el pesito de Héctor al lado de mis piernas!…
Volviendo a Natko Javier, recuerdo que me mostró en su móvil multimedia una foto de mi clase de Cours Moyen Seconde Année, que es el último curso de la escuela primaria en Francia y corresponde al 5° de primaria en España. Natko me dijo que había encontrado esta foto solo con poner mi nombre y apellido, y la tengo ahora en la pantallita de mi teléfono móvil. Yo no sé, pero tantas veces me han pasado tantas coincidencias que a veces encuentro difícil creer que son meras casualidades.
El caso es que esta clase es la más querida de toda mi escolaridad, era en el último de mis tres años escolares en la escuela primaria de la Croisette, en Cannes; en la foto en el móvil inteligente de Natko, como él quiere que llamemos a su móvil multimedia, reconocí enseguida al maestro Gómez. Es una lástima que no seguí encontrándome con él en los años siguientes, fue el mejor profesor que nunca tuve.
Me costó un pelín más localizarme en la foto, pero buscando unas orejas muy grandes me encontré bastante rápidamente, yo estoy entre la mitad del alumnado que está sentado, me parece que no había cambiado de mesa pero no estoy seguro, me da envidia la delgadez de mi cara en aquel entonces. Más allá del ventanal grande tras nosotros se ve un trozo de mar en dirección del este y del cabo de Antibes, es que la sala estaba en una primera planta cerca del pequeño puerto del Moure Rouge, de hecho, era la única sala que no estaba en la planta baja. Era el primer año del maestro Gómez en la escuela de la Croisette, sustituía al maestro titular, de salud delicada y ya bastante cercano a la jubilación. Me encanta ver el torbellino de copos de nieve, voy a dar una vuelta.
Estoy de vuelta, ya hace muchas horas que la noche cayó, pero me he enterado de que este sábado hemos tenido más de seis horas diurnas, exactamente seis horas y tres minutos entre la salida y la puesta del sol; por lo visto, a finales de enero tendremos siete horas y media diurnas. Lo he pasado muy bien hoy viendo amigos en bares, aunque yo no puedo beber alcohol. Antes de salir estaba hablando del maestro Gómez y quiero volver a hacerlo ahora.
Alguna tarde nos iba a contar una historia misteriosa y, para adecuar con el ambiente, bajó las persianas de todos los ventanales, la sala se quedó a oscuras, los alumnos estábamos ya muy expectantes e incluso un poco temerosos.
