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"Decir otro lugar" oscila en la frontera entre el aforismo y el poema en prosa, explora las posibilidades sintéticas —angustiosas y sorpresivas— de la poesía en dos caminos, uno horizontal que avanza mientras explora los secretos y otro vertical que se detiene para profundizar el cuerpo de esa alteridad que sirve de oyente. Decir otro lugar se presenta como una bocanada de aire fresco en el marco de la poesía mexicana actual.
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Seitenzahl: 27
Veröffentlichungsjahr: 2021
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COLECCIÓN POESÍA
DECIR OTRO LUGAR
Primera edición: 2020
D.R. © Elefanta del Sur, S.A. de C.V.
D.R. © 2020, Elefanta del Sur, S.A. de C.V.
Tamaulipas 104 interior 3,
Col. Hipódromo de la Condesa
C.P. 06170, México, D.F.
Director de la colección: Emiliano Becerril Silva
Diseño editorial: Tres laboratorio visual
Ilustraciones: Jorge Brozon Vallejo
www.elefantaeditorial.com
@ElefantaEditor
ISBN IMPRESO: 978-607-9321-87-1
ISBN EPUB: 978-607-9321-86-4
Todos los derechos reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, la fotocopia o la grabación, sin la previa autorización por escrito de los editores.
DECIR OTRO LUGAR
EVA CASTAÑEDA
No hay distancia de rescate posible en este ejercicio. Ni mi imaginación desbocada puede contra eso.
NONA FERNÁNDEZ
Coopera conmigo y aplaza todas las palabras que no digan nada. Pon sobre esta superficie las más logradas, retén tu silencio que ahora mismo estoy escarbando mi lengua para decirte lo exacto. No es fácil allanar un espacio que oscila al borde porque todo el tiempo alguien desploma el lenguaje.
Alcanzábamos el bus corriendo, contábamos monedas y llorábamos cuando era urgente. Nosotros nos juramos todo y para siempre. Nosotros invencibles y ese cuento conocido. Lo común, lo más común.
Pero no.
Nosotros atravesando un país de balas con el corazón entre los dientes. No lo sueltes, así como los perros corren con un hueso en el hocico. No lo sueltes.
No me acuerdo con detalle de todas las historias. Sé que sucedieron hace mucho y hace poco. Empezaré por acordarme de los pormenores. Quiero cada punto y coma.
No voy a desviarme del tema:
Si lo piensas, todo el tiempo algo cruzamos: líneas divisorias o fronteras, límites y términos. Arribamos con el trabajo de llevar la memoria a todas partes. Acuérdate del día en que un muro se levantó frente a nosotros, tocamos sus agujeros, medimos sus espacios. Vimos las entradas que como bocas macilentas se cerraban. Tomé tu mano mientras del otro lado las ráfagas vencían.
Te llamé ternura, ruina, indolencia. Te llamé castigo o lo que fuera. Te llamé aún cuando y porque a unos metros las bombas nos desmoronaban. No era la guerra. Te estoy diciendo que era otra cosa.
Que no se me gasten las fuerzas. Alguien me dijo que fuiste tú quien estuvo ahí, que sí eras tú porque ese día la voz se te fue acabando. Entonces, el último recurso: la afirmación de que el aire y la luz es lo que nos queda cuando estamos a punto de ser doblados.
Un día la ciudad ya no es la misma, o sí, aunque registrar la ausencia es trabajo de quien pierde porque lo demás sigue igual. Los árboles no se enteran, el ruido no cesa, las mentiras y los alegatos, el pan caliente, la comida a la misma hora, el alza de todo y la pobreza. La vida es la suma de lo que hacemos, hasta ahí llega. Hasta aquí.
Esto es la enumeración finita de nuestras cosas: tu reloj, una taza, tus manías, los cacharros. Tu miedo a las arañas, el hueco que hiciste. Lo que dejaste.
Yo que ignoraba que no volver a verte era probable.
Decían que el mundo se caía a pedazos, que se terminaba porque allá estallaron, allá sus huesos crujieron y
