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Ti sei mai chiesto cosa ti spinge ad agire, a scegliere, a essere chi sei? Questo libro è un viaggio alla scoperta dei valori, le fondamenta invisibili ma potenti che plasmano la nostra vita. Attraverso riflessioni sincere e spunti di introspezione, l'autore esplora il significato profondo di concetti come autostima, resilienza, perdono e compassione, offrendo una guida per navigare le complessità dell'esistenza. Un percorso di crescita personale che ti aiuterà a comprendere il potere dei tuoi ricordi, ad affrontare le sfide con coraggio e a costruire relazioni più autentiche, aprendo la strada a una vita più ricca di significato e serenità. Un libro da leggere e rileggere, per scoprire la forza che si cela dentro di te e lasciarti ispirare a diventare la versione migliore di te stesso.
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Veröffentlichungsjahr: 2025
Página de título
Página de derechos de autor
PREFACIO
RECUERDOS QUE MOTIVAN
1. ¿Qué son los valores?
2. Los valores: energía para nuestras acciones
3. Valores que defender
4. Los valores como “melodía” de la propia Vida
5. Valores y objetivos
6. El valor de las reglas y la búsqueda de Dios
7. Sé dueño de ti mismo
8. La fuerza del corazón y del conocimiento
CONCLUSIÓN
Francesco Christian Bevilacqua
lasciativalere.com
Título | Déjate valorar
Autor | Francesco Christian Bevilacqua
ISBN | 9791224016656
© 2025 - Todos los derechos reservados al autor
Esta obra es publicada directamente por el autor a través de la plataforma de autopublicación Youcanprint y el autor posee todos los derechos de la misma de forma exclusiva. Por lo tanto, ninguna parte de este libro puede reproducirse sin el consentimiento previo del autor.
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Made by human
Querido joven lector:
Más que un libro, esta es una larga y sentida carta dedicada a tu potencial como ser humano, capaz de aprender, construir y dar tu belleza a un mundo a menudo confuso y a las personas que encontrarás en tu camino, para bien o para mal.
En estas páginas encontrarás algunas reflexiones que espero te enriquezcan y que acogerás como un regalo, como el que un padre quiere ofrecer a sus hijos para acompañarlos en su crecimiento. Y esta es precisamente la razón que me ha llevado a escribir: el amor y el cuidado que siento por mis hijos, que también he querido extender a ti, a quien aún no conozco, pero a quien considero digno de atención y de debate.
Estos pensamientos no pretenden ofrecerte verdades absolutas, porque la verdad está en constante evolución. Más bien, pretenden ser un medio para llevarte a la reflexión, para que puedas madurar en comprensión y sabiduría, tu sabiduría. Son el fruto de mis experiencias y de lo que he aprendido a través de lecturas profundas y envolventes, que van desde el pensamiento oriental y occidental, la psicología, textos religiosos como la Biblia y actividades prácticas en contacto con los niños.
«Existe una sabiduría atemporal, que vivirá por la eternidad y conduce a la verdadera libertad».
Esto es lo que espero que encuentres en tu camino, para darte alegría de vivir.
Te invito a que te pongas a prueba a través de la sección dedicada a los ejercicios de introspección.
Tal vez estés pensando: «¡Madre mía, qué temas tan complicados!».
Pero coge mi mano y sígueme con confianza en esta aventura: ¡nos esperan descubrimientos sorprendentes que, estoy seguro, te conquistarán!
He escrito este libro con el deseo de transmitirte mis pensamientos con ligereza, dándoles forma a través de imágenes y actividades que espero puedan estimular tu imaginación. No es un cómic ni una novela para devorar de un tirón, sino una lectura para hojear con el tiempo, cuando lo desees.
Una semilla que espero pueda hacer florecer en ti una conciencia sana y fuerte.
¡Buena lectura!
«La memoria de cada hombre es su literatura privada, una colección de historias para un viaje íntimo entre emociones y recuerdos»*.
A menudo pienso en la pequeña calle de cemento cerca de mi casa, en una calle tranquila de una isla perdida en el Mediterráneo. Era nuestro patio de recreo, donde grandes y pequeños se enfrentaban en interminables partidos de fútbol. Recuerdo mis dibujos animados favoritos, UFO Robot y Mazinger Z, que luchaban entre sí por la supremacía en mi corazón. Mis disfraces de carnaval favoritos, con los que me convertí una vez en el fascinante Zorro y otra en un orgulloso indio americano con plumas blancas en la cabeza. Y luego los viajes a Milán, horas interminables de viaje en coche afrontadas con la alegre idea de la camiseta del Inter que me esperaba en el destino.
Luego la adolescencia con sus vanidades, el flequillo largo, mi escúter, aquella mítica Fantic. La explosión de emociones durante el primer beso tímido en la mejilla a una compañera de clase. Y muchos otros recuerdos, que de despreocupados y ligeros se han vuelto cada vez más profundos y significativos, como los cursos de motivación personal para ayudar a los jóvenes con dificultades sociales, el objetivo de la madurez escolar, un trabajo encontrado por necesidad, que me enseñó el valor del sacrificio y la resiliencia, hasta llegar al encuentro con mis hijos.
A partir de ese momento comenzó un intenso viaje emocional, que me empujó a crecer, a menudo poniéndome frente a mis debilidades e inmadurez, a veces incluso golpeándome con la fuerza de un martillo, pero siempre trayendo una enseñanza oculta.
Entre mis recuerdos hay algunos relacionados con la infancia que hoy, revividos con conciencia y compasión, veo desprovistos de una cultura emocional y espiritual en los corazones de los adultos que me rodeaban y en sus hijos, con los que pasaba mi tiempo, a veces por elección, a veces por necesidad. Estos vacíos a menudo se traducían en comportamientos arrogantes, en los que la frustración y los miedos se convertían en adicciones, peleas y palabras llenas de ira reprimida. En aquel momento no estaba preparado para afrontar todo esto, pero hoy entiendo que esas explosiones de ira no eran más que un grito desesperado, la necesidad inexpresada de ser amado.
Al recordar esos tiempos pasados como adulto, reviví los contrastes de ese período, el blanco y el negro que lo caracterizaron. Al principio reflexioné con una madurez adquirida, pero quizás todavía con demasiado moralismo, acusándome a mí mismo y a aquellos que no me habían protegido o dado las herramientas necesarias para enfrentar los desafíos de mi infancia y adolescencia. Mientras tanto, me di cuenta de que las manifestaciones nerviosas que aparecieron en mí durante la preadolescencia eran el signo visible de las profundas heridas emocionales que había sufrido. Heridas que me han acompañado durante mucho tiempo, porque crecer para poder ver es un camino difícil, a menudo obstaculizado por nuestra propia resistencia: ese miedo a mirar dentro de nosotros mismos para no sentirnos vulnerables.
Hoy puedo convivir positivamente con esos recuerdos, habiendo logrado captar y apreciar los colores luminosos de aquella época, que para mí representan el mensaje positivo que ha quedado, a pesar del mal vivido. Es precisamente de esas experiencias, incluso dolorosas, de donde saco la fuerza para seguir adelante con mi vida con toda la belleza posible, tratando de compartirla con las personas que están cerca de mí y que me son especialmente queridas.
A partir de estos pensamientos, me gustaría comenzar mis reflexiones diciéndote que, si lo deseas, incluso de joven puedes ser fuerte pero amable, mortal pero con una esencia eterna, lleno de confianza en ti mismo pero consciente de que los errores serán una parte fundamental de tu camino de crecimiento. Cada emoción, si se escucha, puede revelar algo hermoso, poderoso y motivador, ayudándote a ser más feliz.
Evitar las responsabilidades o esconderse de ellas puede parecer una solución inmediata, pero la vida es una aventura que hay que afrontar con valentía, para descubrir todo lo que tiene que ofrecerte.
