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¿Cuáles son los desafíos específicos que la era de la información impone al sistema educativo, y de qué manera la institución escolar puede redescubrir el sentido de enseñar y aprender en este contexto? Este libro nace a partir de la mirada docente que descubre la necesidad de un cambio en la escuela, fundamentalmente en el nivel secundario. A diario se percibe el desinterés de los alumnos en una institución que parece no entender las realidades que viven las nuevas generaciones. La burocracia, la desidia de los gobiernos de turno que ven a la escuela como un gasto, las organizaciones sindicales que solo bregan por su interés, los directivos sin márgenes de acción, los docentes sobrecargados y abatidos y los jóvenes que no ven luz al final de ciclo: todo esto nos ha llevado a la realidad que se vive en la educación en Argentina. Desentrañando estas complejidades, el libro explora cómo el país ha pasado de ser líder en la erradicación del analfabetismo a encontrarse rezagado en el ámbito educativo. En este profundo análisis, y abogando por un cambio desde las entrañas de la institución, el libro propone una reflexión de lo que significa educar y la necesidad urgente de comprender las realidades de los estudiantes inmersos en una sociedad demandante y en constante transformación.
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Seitenzahl: 214
Veröffentlichungsjahr: 2024
Producción editorial: Tinta Libre Ediciones
Córdoba, Argentina
Coordinación editorial: Gastón Barrionuevo
Diseño de tapa: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Diseño de interior: Departamento de Arte Tinta Libre Ediciones.
Giliberti, Jorge Raúl
Desde el aula : la mirada de un docente / Jorge Raúl Giliberti. - 1a ed. - Córdoba : Tinta Libre, 2023.
178 p. ; 21 x 15 cm.
ISBN 978-987-824-752-6
1. Ensayo. 2. Educación. 3. Docentes. I. Título.
CDD 371.10201
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Hecho el depósito que marca la Ley 11.723
Impreso en Argentina - Printed in Argentina
© 2023. Giliberti, Jorge Raúl
© 2023. Tinta Libre Ediciones
DESDE EL AULA
La mirada de un docente sobre la educación
Jorge Raúl Giliberti
Índice
Introducción
La vocación docente Pág. 11
Primera parte
¿Cómo funcionamos? Pág. 19
Los cambios
El motor del aprendizaje Pág. 19
La manipulación de la naturaleza. La agricultura Pág. 20
El alivio de las cargas. La rueda Pág. 23
Hágase la luz. La electricidad Pág. 25
Los paradigmas
Piedras en el camino Pág. 27
El paradigma mental Pág. 32
El paradigma físico Pág. 36
Los paradigmas sociales Pág. 40
El paradigma cultural Pág. 43
Segunda parte
Una mirada diferente Pág. 49
La iluminación
Esencia de la educación Pág. 49
El cuándo Pág. 53
El dónde Pág. 56
El cómo Pág. 59
El para qué Pág. 62
Los luceros
Faros en el aprendizaje Pág. 71
Los pares Pág. 74
Los docentes Pág. 76
Padres o tutores Pág. 78
Mentores Pág. 81
Motivadores Pág. 84
El portafolios
Entra en él lo que te imagines Pág. 88
El portafolios conocido Pág. 91
El portafolios existente Pág. 95
El portafolios nuevo Pág. 98
Tercera parte
Actualizando conceptos Pág. 103
Pertenencia
La libertad de elegir ser parte Pág. 103
Pertenecer al clan Pág. 106
Pertenecer a un hacer diferente Pág. 108
Pertenecer a un lugar Pág. 109
Pertenecer a una filosofía Pág. 110
Estar en la escuela
Permanecer Pág. 114
Presencial Pág. 116
Virtual Pág. 119
Semipresencial Pág. 121
Control de calidad
Una espiral ascendente Pág. 124
El legado
Lo que quiero dejar en mis alumnos Pág. 128
Legar información Pág. 129
Legar conocimiento Pág. 132
Legar cultura Pág. 134
¡Basta! Pág. 137
Parte final
¿Por dónde empezar? Pág. 139
Empieza por ti
Todo cambia si cambio Pág. 139
La motivación Pág. 140
Bonus track
La reforma
Poner en práctica puede traer aparejados cambios permanentes Pág. 145
La escuela en mi cabeza: Semipresencial Pág. 146
La obligatoriedad: Lo mínimo indispensable para la vida diaria Pág. 147
Ciclo alfa: Alfabetizados integralmente Pág. 148
Ciclo superior: Estimular cualidades, talentos y sueños Pág. 150
El 50 % presencial Pág. 153
La currícula: Contenidos que iluminen Pág. 159
Régimen de promoción Pág. 161
El 50 % virtual: La parte más paradigmática Pág. 161
Calificaciones y evaluaciones (60/40) Pág. 164
La organización Pág. 168
Digitalización total Pág. 168
Reuniones departamentales Pág. 169
Reuniones interdepartamentales Pág. 170
Desayunos Pág. 171
Limpieza Pág. 171
Centro de estudiantes Pág. 172
Tiempo de apoyo escolar Pág. 174
Conclusiones Pág. 175
Introducción
La vocación docente
Para ser honesto con ustedes, nunca de niño había soñado con ser profesor y hoy lo soy. No sé si por este motivo soy mejor o peor en la profesión, la realidad es que nunca sentí la vocación de la forma o con la imagen que la mayoría de nosotros nos hacemos cuando escuchamos la palabra.
Las palabras son muy poderosas. Los que navegamos esta labor lo sabemos o deberíamos saberlo. Con ellas podemos elevar o derrumbar para siempre a una persona. Creo que lo único que puede contrarrestar la fuerza de la palabra es justamente la vocación.
La vocación tiene tal poder en la persona que puede hacer que esta se vuelva completamente inmune a cualquier ataque lanzado hacia ella, ataque que la persona reciba por lo que piense, haga o diga. La vocación, en mi experiencia, tiene el mismo poder que la ira descontrolada, con un sentido totalmente opuesto, claro está. Si eres capaz de hacer de ella tu motor, nada te detendrá en esta vida.
Esto me lleva a preguntarme si mi rol, mi labor de profesor, es lo suficientemente bueno como el tuyo, que sí tienes la vocación. La tienes, ¿verdad? ¿Eres profesor porque así lo soñaste desde pequeño o por esas cosas de la vida, al igual que yo, llegaste hasta acá?
Siguiendo la línea de la honestidad con la que empezamos, no creo que sea importante hoy en día el tema de la vocación a la docencia. Creo que tanto esta última, la docencia, como también la educación están sufriendo un cambio tan grande que lo que creíamos que podía ser vocación puede que ahora solo sea la necesidad de sentir algún tipo de poder, el querer transmitir alguna clase de información o conocimiento que poseemos, o simplemente un trabajo más en un mundo donde el empleo escasea cada vez más.
La realidad es que en un mundo tan cambiante, con cambios cada vez más grandes y más veloces, la labor docente es la que menos cambios ha sufrido desde su aparición. No pretendo hacer historia, no es ese mi objetivo, pero la enseñanza en la escuela media como la conocemos hoy, que es de la que me quiero ocupar de forma especial, surgió en un momento de cambio de era. Lo más parecido a la escuela que tenemos hoy surgió cuando la humanidad empezó a dejar el trabajo de la tierra como su actividad principal y comenzó a mudarse a las grandes ciudades para trabajar en las fábricas, que parecían ser el actor principal de un futuro cercano. Este nuevo jugador era lo que despertaba el interés de la gran mayoría, porque ofrecía un futuro y daba posibilidades donde no las había. Así, este éxodo masivo dio origen a la era industrial.
Haber nacido en el siglo XX, como seguramente la mayoría de aquellos que me están leyendo, no me permitió ver esas primeras escuelas, pero estoy seguro de que, si pudiéramos viajar en el tiempo, nos encontraríamos con lugares muy parecidos a los nuestros. Espacios organizados de forma muy similar, donde primaban la planificación, el orden y la organización al mejor estilo militar, musa indiscutida de las primeras instituciones escolares.
La vida como se la conocía estaba cambiando y era imperativo instruir a los niños, principalmente en las letras, las matemáticas y las ciencias. Tenerlos ocupados y ubicados al cuidado de adultos, mientras los padres trabajaban en las primeras fábricas en los albores de la industria. No busco precisión absoluta sobre cómo fueron los hechos, solo pretendo que podamos captar cuál fue la necesidad del momento, el nuevo marco de referencia que daba forma a la sociedad, y cómo resolvieron aquellos iluminados de su época los cambios que acababan de arribar.
Tengo que sacarme el sombrero ante ellos, como dice el refrán, “mataron dos pájaros de un tiro”, cuidado y educación en lo necesario para la vida, al mismo tiempo y en el mismo lugar físico. ¡Asombroso!
Esto me lleva a abrir un paréntesis en el relato e introducir una pregunta que creo va aquí como anillo al dedo: ¿estamos cumpliendo la misión que le dieron a la institución escolar aquellos precursores: “cuidado y educación en lo necesario para la vida”? Permítanme una pregunta más: ¿estamos preparando a nuestros niños para la vida que les espera? Cerremos el paréntesis.
Recuerdo una frase que me impactó mucho por la verdad tan simple que esgrime, pero que, aunque parezca mentira, ignoramos en una forma casi necia: “Loco es esperar resultados distintos haciendo lo mismo una y otra vez”. Siento que esto es lo que nos pasa en la educación. Esperamos obtener resultados diferentes haciendo lo mismo que nuestros antecesores y es ahí donde creo que nos estamos equivocando. No somos ellos y no estamos entrando en la era industrial.
De ninguna forma pretendo ser un iluminado como aquellos que nos precedieron, solo busco abrir los ojos, los míos y los vuestros, y que juntos veamos si el camino por el que estamos transitando nos llevará a los resultados que esperamos. Podría afirmar sin temor a equivocarme que el resultado que esperamos obtener es aquel primero y casi invariable, “cuidar y educar en lo necesario para la vida”. Pero con el mismo énfasis podría asegurar que “cuidado” hoy engloba mucho más que en aquellos días, y “lo necesario para la vida” ya no es lo mismo que en aquella época. Es más, creo que ni en la época que nosotros fuimos a la escuela era lo mismo.
Ellos estaban dejando de trabajar la tierra, que era “todo lo que sabían”, para ir a trabajar en la industria, que era “todo lo que tenían que aprender”, el futuro, la novedad que los apremiaba. Nosotros estamos dejando la industria, si es que ya no la hemos dejado, para ir a la información, en las más variadas formas que podamos imaginar. Y aquí me permito otra pregunta en la que seguramente coincidiremos en la respuesta, ¿estamos impartiendo a nuestros niños los conocimientos necesarios para esta nueva era que ya se apoderó de nuestras vidas? Honestamente, creo que no.
Por lo expuesto hasta aquí es que me permito dudar de la necesidad de la vocación de docente para ejercer hoy esta profesión que compartimos. No tengo la certeza de si los conceptos que aprendimos como elementos constitutivos del acto de enseñanza-aprendizaje son importantes o necesarios en el mundo actual.
Me permito dudar de lo que sabemos, de lo que hacemos y hasta de lo que somos, y pensar que lo más probable es que necesitemos aprender todo nuevamente, y, en este reaprender, también revalidar nuestras vocaciones y ver si son útiles en este nuevo escenario de la docencia.
En mi niñez, soñé con diversas profesiones que me gustaban para desarrollarlas como mi modo de vida. Astronauta fue una de ellas, ¿y quién no? Casi todos los de mi generación en algún momento lo hemos querido ser. La medicina pasó por mi cabeza, o tal vez más por la de mi madre que por la mía. Pero no terminé inclinándome por ella. Un tiempo después pensé en ser piloto de avión. Estaba decidido a ir a estudiar a la escuela de aeronáutica del ejército, pero mis padres no vieron con buenos ojos dejarme, con solo doce años de edad, partir a otra ciudad bastante distante de nuestra Santa Fe.
La arquitectura fue siempre algo que me fascinó. Vivía dibujando planos de casas. Pensaba e imaginaba mil arreglos y modificaciones para las propiedades que conocía. Lo que más me gustaba era mirar una casa vieja e imaginar las refacciones necesarias para hacer de ella una nueva propiedad, realmente nueva. Esto sí revoloteó siempre en mi cabeza y golpeó con fuerza en mi pecho.
Empecé la carrera de Arquitectura y en poco tiempo, y sin ninguna preparación de la escuela media, me había convertido en uno, de entre un puñado de alumnos sobre más de quinientos, de los que había rendido bien varias de las materias más difíciles del primer año. Pero, siempre hay un pero en las historias, el trabajo que tenía me absorbía mucho tiempo y esto hizo que me retrasara cada vez más en los trabajos de dibujo. Motivo que, avanzado el año, me llevó a dejar la carrera.
Tal vez podría haber seguido estudiando a un ritmo menor y terminar la carrera en diez años, pero, bueno, no fue la decisión que tomé.
A principio del siguiente año, solo unos meses después, estaba embarcado en el profesorado en Informática y Administración. La elección la realicé pensando en el futuro. La informática era el futuro y, para facilitar la elección, la cantidad de horas que me demandaba esta carrera era considerablemente inferior que la carrera de arquitecto.
No sé cómo llegaste a la docencia, si fue por vocación o por elecciones de vida, lo que sí sé es que tienes que replantearte si es lo que quieres hacer, porque vienen tiempos de cambios.
Cambios en todos los sentidos que puedas imaginarte. Cambios de conceptos y pensamientos que se han vuelto obsoletos en nuestras mentes. Tú y yo para nuestros alumnos somos de la prehistoria. Cambios de imágenes que tenemos en la cabeza como correctas o hermosas y que en verdad han quedado pixeladas frente a la creciente tecnología. Dime si después de haber contratado el HD en tu proveedor de cable, volverías a mirar televisión con la calidad de antes. Cambios en las formas, que se están actualizando a una velocidad vertiginosa, y nuestra conexión wifi suele ser lenta, y esta lentitud nos eriza los pelos. Dime qué sientes cuando te encuentras con alguien lento y fuera de forma. Imagina lo que sienten nuestros alumnos por el sistema educativo. Pero fundamentalmente cambios en las vocaciones que necesitaremos para ejercer la docencia o al menos el cambio sustancial de la imagen que tenemos en nuestras mentes de lo que es ser docente.
Te parecerá extraño, pero creo que esta vocación mía de arquitecto al fin encontró trabajo. Hay mucho para remodelar, refaccionar y rediseñar en esta institución en la que trabajamos y a la que llamamos escuela media. Institución que, queriendo o por obligación, está frente al cambio más grande de su historia. Déjame decirte que estoy seguro de que, si te atreves a buscar en tu interior, encontrarás lugar y tareas para tu vocación también. ¿Contamos contigo?
Primera parte
¿Cómo funcionamos?
Los cambios
El motor del aprendizaje
Desde el principio de los tiempos, la humanidad ha tenido que pasar por muchos cambios para llegar a ser lo que es. Podríamos citar muchos ejemplos y hacer un extenso capítulo con referencia a los cambios, pero tomaré a modo de ejemplo solo algunos, aquellos que a mi criterio son los más significativos. Esos en los que el cambio exterior, fácilmente perceptible, deja en evidencia grandes cambios en lo social, afectivo y laboral, y demuestran un cambio en la forma de pensar del hombre. Un cambio evolutivo como especie.
La manipulación de la naturaleza. La agricultura
Uno de los momentos más grandes en la historia de la humanidad es el descubrimiento de la agricultura. Tranquilamente podríamos cambiar la expresión “descubrimiento” por “aprendizaje” y no estaríamos mintiendo en lo absoluto.
Recordemos, colegas, el poder de las palabras y la forma en que funciona nuestro cerebro con ellas. De forma totalmente refleja, nuestro cerebro genera imágenes, aunque estas no siempre son un fiel reflejo del significado de la palabra empleada.
La palabra “descubrimiento” genera en mí una imagen de algo que encuentro en mi camino, algo con lo que me tropiezo de repente mientras desarrollo mis actividades cotidianas. Lo que me pasa con esta imagen es que estoy convencido de que no refleja el profundo cambio que causan algunos descubrimientos en la humanidad. Esta palabra me lleva a una foto, una simple instantánea del momento cumbre.
La palabra “aprendizaje” a nosotros los docentes nos recrea de forma automática no una imagen, sino una sucesión de ellas: un proceso. Todo descubrimiento o aprendizaje conlleva implícito un cambio en la persona; la magnitud de este cambio dependerá directamente del tamaño del descubrimiento o aprendizaje.
El ser humano antes de la agricultura era nómade, es decir, vivía de la recolección, la caza y la pesca, y se trasladaba de un lugar a otro en busca de estos recursos vitales. Su vida se desarrollaba en pequeños grupos que viajaban y vivían juntos, unidos por lazos muy fuertes y profundos como son los lazos de sangre. Estos individuos desconocían conceptos como la amistad, la propiedad o el hogar. Para esta humanidad en pañales, el tiempo fluía de otra forma. Tenían alguna noción del tiempo, pero no de cómo este podía influir en el espacio aplicando o ejerciendo cierto tipo de actividad.
Ellos tenían dos tiempos básicos, muy parecidos a los de cualquier otra especie animal en libertad: el tiempo de quedarse y el tiempo de partir. Estos tiempos estaban marcados exclusivamente por los recursos. La existencia de los recursos mencionados era motivo suficiente para entender que era tiempo de quedarse. Cuando llegaban sucesivos días en los cuales era imposible obtener lo necesario para vivir, ello marcaba de forma inequívoca que había llegado el tiempo de partir.
Hacíamos referencia a los aprendizajes que generan cambios. Sin duda, un padre, en esta incipiente y reducida sociedad, debía enseñar a su hijo todo lo que sabía de la vida, a fin de darle las herramientas necesarias para subsistir. Todo para el joven era nuevo. Todo era descubrimiento y aprendizaje. Ninguna de las enseñanzas de estos padres llevó a los hijos por un camino diferente. Los hijos siguieron siendo nómades como sus padres durante miles de años.
La humanidad descubrió la agricultura y aún hoy sigue siendo una incógnita el cómo, pero este descubrimiento o aprendizaje fue tan grande que los cambios que vinieron aparejados fueron y son interminables como las olas del mar.
¿Aún crees que el cambio fue aprender a sembrar y cosechar? ¿Que lo más relevante fue que dejáramos de ser nómades y convertirnos en sedentarios? Yo creo que no.
Los mayores cambios se dieron en el individuo. La manera de ver el mundo, de relacionarse con él, la forma de conseguir los recursos necesarios para vivir, tener un lugar a donde regresar, empezar a sentir que hay cosas que le pertenecen.
No pretendo juzgar el cambio. Solo quiero observar la dinámica de los acontecimientos en torno al descubrimiento, que depositaron al sujeto, haya querido o no, en la necesidad de aprender una catarata de novedades. Es precisamente en esta necesidad de aprender que el cambio toma un sentido y podría afirmarse casi con seguridad que este siempre es desde el interior hacia el exterior. Podemos convenir de forma muy frágil que el descubrimiento, esa instantánea del momento de luz, sucede en el sentido inverso, es decir, desde el exterior hacia el interior, iluminando la realidad del hombre. Pero todo lo que ocurre después, el aprendizaje obligado por el descubrimiento para la realización del cambio, tiene su origen en el interior del hombre, y busca salir para iluminar, aún con más fuerza que el descubrimiento, la nueva realidad del hombre proyectada hacia el futuro. Este hecho es tan poderoso que nada podrá detener al alma iluminada sobre el camino que debe seguir.
Esto confirma que el tamaño del descubrimiento o el aprendizaje marcará el que tenga lugar un cambio o no y la magnitud del mismo.
Por el hecho de descubrir la agricultura aprendimos a trabajar para lograr algo. Aprendimos a esperar para obtener. Aprendimos que hay cosas que son de nuestra propiedad. Aprendimos que puede haber un lugar a donde regresar cada día después del trabajo. Aprendimos los ciclos de la vida y que podemos manipular la naturaleza. Aprendimos que podemos estar en un mismo lugar y que no por eso los recursos se acabarán. Aprendimos que podemos convivir con otros sin necesidad de lazos de sangre. Aprendimos la amistad.
Aprendimos que las cosas podían ser de otra forma, no como siempre se habían hecho, deambulando de aquí para allá en busca de comida al igual que el resto de las especies.
Este fue el verdadero descubrimiento, este fue el verdadero aprendizaje, este fue el verdadero cambio. Aprendimos que se podía hacer de otra forma. Aprendimos que esta nueva forma era mejor. Por eso de forma paulatina la inmensa mayoría adoptó el nuevo camino como la nueva norma.
En este aprendizaje, aprendimos a ser humanos, a separarnos, de forma definitiva y hasta el final de los tiempos, del resto de los mamíferos.
La humanidad pasó de no tener nada y ser llevada a donde soplaba el viento a establecerse en un lugar, manipular la naturaleza y organizarse al punto de ser capaz de distinguir la propiedad privada y el valor del trabajo. Todo lo que viene después de este descubrimiento es consecuencia de haber entendido y aprendido que las cosas se podían hacer de otro modo.
Te quiero invitar a que escribas a modo de ensayo alguna otra forma de hacer escuela que se te ocurra, diferente a la que venimos haciendo hace años. Empecemos a cambiar la escuela.
El alivio de las cargas. La rueda
Otro de los grandes descubrimientos en la historia de la humanidad es la rueda. Creo que es casi imposible no encontrar este principio en algún bien construido por el hombre. Hay una historia antes y después de la rueda.
La rueda no dio a la humanidad el cambio que trajo la agricultura, eso está claro. No hay aparejado un cambio rotundo en la vida cotidiana, pero esta sufrió alteraciones que dieron una nueva perspectiva al desarrollo de la especie.
No solo debemos ver la rueda como un medio de transporte. El hombre antes de crear la rueda ya había domesticado algunos animales, los que usaba principalmente como medio de transporte y herramienta de carga.
La rueda vino a completar lo que empezó con la agricultura. La circunferencia de la rueda, su forma circular, terminó de enseñar al hombre lo cíclico de la naturaleza, vino a cambiar definitivamente el pensamiento del hombre. Gracias a la rueda, el hombre terminó de entender que en la naturaleza todo es circular, cíclico, todo es parte de un ciclo mayor.
Al igual que con la agricultura, no sé si por la antigüedad del hecho o por qué, desconocemos quién fue su inventor. Probablemente fue por casualidad, como seguramente otras muchas cosas. El hecho de que haya sido por casualidad da aún más sentido al valor del aprendizaje en todas sus formas. Si por casualidad el hombre descubrió la rueda, no fue casualidad la cantidad de utilidades que le encontró. Fue resultado del pensamiento puesto en acción. Llegar de un descubrimiento casual como el de la rueda hasta el principio de la polea no fue casualidad.
La rueda le permitió al hombre llevar sus cargas de un lado al otro del mundo con mucha más facilidad, aprender a usarla le sacó muchísimo peso de las espaldas y le permitió entender el mundo de una forma nueva, totalmente diferente. Podríamos decir que le mostró, de manera figurada, un flujo de energía que se realimenta una y otra vez luego de cada giro. Con la rueda, el hombre entendió que el aprendizaje es igual que la naturaleza, un ciclo sin fin. La rueda le mostró al hombre que podía ir aún más lejos, y le confirmó que siempre hay una manera de hacer las cosas mejor. No sería loco aventurar que, gracias a la rueda, Cristóbal Colón adhiriera a la idea de que el mundo era redondo.
Intenta recordar algunos momentos en los que has sentido que los cambios eran tan grandes y veloces que te superaron, tal como lo hace una rueda girando en bajada.
Los cambios en la educación se han quedado atrás. En materia de educación los cambios desde hace bastante tiempo son cuesta arriba y el único que soporta la carga es el docente en el aula.
Hágase la luz. La electricidad
La electricidad no es algo moderno y mucho menos un invento del hombre. La corriente eléctrica existe desde los orígenes del mundo, está en la naturaleza de diversas formas. Con el ejemplo anterior sale a la luz la pura verdad, la confirmación de lo que venimos analizando: el desarrollo del aprendizaje en el ser humano.
Descubrir la agricultura arrojó al ser humano a un inmenso océano de aprendizaje, aprender fundamentalmente que la vida podía ser diferente y también aprender lo que hacía falta para que así fuese. En el proceso de este aprendizaje aparece la rueda. Por casualidad o no, llega para enseñar al hombre que la vida, por ser parte de lo natural, tiene la misma impronta. Todo empieza y termina una y otra vez, y una vez que la rueda se pone en funcionamiento, es más difícil, y requiere más energía, detenerla que hacerla girar más rápido.
Dominar la electricidad, aprender a generarla, almacenarla y utilizarla a discreción, le abrió al hombre las puertas del infinito. Dominar el poder del rayo, la posibilidad de la simultaneidad, lo instantáneo, la energía inagotable, la chispa de la creación.
Si solo miramos cada descubrimiento de forma aislada, corremos el riesgo de no ver la evolución del ser. Estos tres inventos, descubrimientos, aprendizajes, o como quieras llamarlos, son la muestra suficiente para ver que el ser humano como especie ha evolucionado. Ha sido capaz de estribarse en sus conocimientos para generar nuevos aprendizajes y volver a impulsarse en estos para seguir avanzando, confirmando el ciclo sin fin del aprendizaje de la raza humana.
De la misma forma que una rueda empieza a girar en una pequeña pendiente y comienza a tomar velocidad, el hombre, impulsado tal vez por una pequeña pendiente de descubrimientos casuales, entró en un ciclo de descubrimiento y aprendizaje cada vez más veloz y eficaz. Para confirmarlo, es suficiente mirar los cambios que generó en el mundo aprender a controlar la energía del rayo en tan solo un siglo.
Definitivamente, el aprendizaje, lo que debemos desarrollar, y los cambios en su esencia, son cada vez más veloces y más eficaces. ¿Te sientes preparado para educar a la velocidad de la luz o te sientes más seguro a la luz de las velas como en las primeras escuelas?
Los paradigmas
Piedras en el camino
Mientras pienso y acomodo las ideas que deseo ir desarrollando para dejarlas revoloteando en vuestras cabezas, se hace más fuerte y clara la imagen autopercibida del arquitecto atrapado en el docente, es más, arquitecto y motivador depositados en este cuerpo de docente.
Tengan a bien notar que cambié la palabra “atrapado” por “depositados”, porque estoy convencido de que en esta vida todas las cosas suceden por algo y para algo. Ustedes pónganle el nombre que quieran, yo creo en Dios, pero el nombre no es importante.
Si hay algo que quiero dejar en claro es que estoy totalmente convencido de la necesidad del cambio. En todo caso me preguntaría, y les preguntaría —porque en esto estamos juntos—, cuál es el cambio necesario. ¿Cuál es el cambio que debemos hacer para enseñar lo necesario para la vida?
