Deseos nómades - Margarita Palacios - E-Book

Deseos nómades E-Book

Margarita Palacios

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Deseos nómades propone una aproximación estético-encarnada para pensar los vínculos entre lo social y la subjetividad. A partir de un diálogo crítico e interdisciplinario con el psicoanálisis, los estudios de género y decolonización, la filosofía continental y la teoría social, Margarita Palacios explora el cómo la materialidad y la corporalidad son constitutivas de las formaciones sociales y políticas. Por medio del estudio del antagonismo social, el populismo, la memorialización y la representación del sufrimiento del otro, los capítulos ensayan formas de problematizar la imbricación entre sentido y afecto más allá de los binarismos clásicos que reproducen dinámicas racializadas, generizadas y patriarcales de exclusión. La invitación del libro es a repensar nuestra existencia desde la materialidad, relacionalidad, codependencia, precariedad y vulnerabilidad, tarea que en un contexto de crisis planetaria, tal como la que vivimos hoy, se convierte no solo en un esfuerzo urgente, sino también ineludible.

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Seitenzahl: 213

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Registro de Propiedad Intelectual Nº 2022-A-9860

ISBN: 978-956-6203-12-4

ISBN digital: 978-956-6203-13-1

Imagen de portada: Fotografía: Nae Fukata. Billy Cowie, Art of Movement. Diseño Silke Mansholt, 2014. Bailarina: Mei Suzuki. Cortesía Nae Fukata y Billy Cowie.

Diseño de portada: Paula Lobiano

Corrección y diagramación: Antonio Leiva

Traducción: Felipe Padilla

Colección: Filosofía & Teoría Social

Dirección: Rodrigo Cordero, Daniel Chernilo, Aldo Mascareño y Margarita Palacios.

Los libros de la colección son sometidos a un doble proceso de referato.

Las propuestas son evaluadas por pares y, una vez aceptadas, los manuscritos son revisados en un taller de discusión con el o la autora.

© ediciones / metales pesados

© Margarita Palacios

Todos los derechos reservados.

E mail: [email protected]

www.metalespesados.cl

Madrid 1998 - Santiago Centro

Teléfono: (56-2) 26328926Santiago de Chile, diciembre de 2022

Impreso por Salesianos Impresores S.A.

Diagramación digital: Paula Lobiano Barría

Índice

Nota del traductor

Introducción. Teorizar lo social con el afecto

1. Socialidad radical:

Introducción

Teorizando el espacio vacío: de la semántica a la angustia

Fantasía y otredad radical

Masculinidad y racialización

Observaciones finales: Estado, violencia sexual y la producción de la subjetividad

2. Convertirse en pueblo: Crítica a la estética populista de la homogeneidad

Introducción: Los límites de la heterogeneidad en la teoría del populismo de Laclau

La promesa de lo «real»

Las fantasías populistas de plenitud

Coreografías sociales sexualizadas-racializadas

La estética populista y la epidermialización de lo social

Observaciones finales: Más allá de la identificación y la angustia

3. Estética de la memoria:

Introducción

Sitios de violencia y la «fuerza» de las cosas

Historias de espectros en el desierto de Atacama

El campo de concentración Chacabuco

La cárcel de Pisagua

Luchas por la visibilidad en Santiago

Villa Grimaldi y Londres 38

Estadio Nacional

Casa Memoria

Observaciones finales

4. Vaporizando la inocencia blanca(en coautoría con Stephen Sheehi)

Introducción

Inocencia blanca, pornotropar y los mecanismos de la fantasía

Rechazando-interrumpiendo la totalidad y la mismidad: ¡no hay un «nosotros»!

La destitución simbólica en Vaporización de Teresa Margolles: deshaciendo la mismidad y el dualismo

Hacia una estética encarnada de la solidaridad

Goce café y resistencia

Bibliografía

Agradecimientos

A mis hermanas, Magdalena, Paulina, Lita y Fernanda. Con inmenso cariño y agradecimiento por el apoyo y la amistad que siempre me han ofrecido.

Nota del traductor

Para la presente edición, todas las citas textuales a obras en otros idiomas fueron traducidas al español especialmente para este libro. La excepción a esta regla fueron aquellas obras que ya habían sido editadas en español, y a las que pudimos tener acceso, en donde utilizamos las traducciones al español ya publicadas.

En lo referente a cuestiones conceptuales es necesario hacer tres precisiones a las y los lectores:

1) En el capítulo 1, el concepto de «fantasy» se traduce desde el original de dos modos distintos según la forma en que es utilizado por la autora: como fantasma o fantasía. Esto se debe a que, siguiendo a Laplanche y Pontalis (2004: 138), en su uso en el psicoanálisis el concepto proviene de la voz alemana (Freud) «Phantasie», y de su traducción al francés (Lacan) como «fantasme» o «fantôme»; la deriva de estos conceptos al inglés ha recurrido indistintamente a los vocablos «fantasy» y «phantasy». En el caso del español, la traducción general de «fantasme» ha sido «fantasma», aunque algunos autores consideran que el uso adecuado corresponde a fantasía. Con la autora decidimos dejar ambas alternativas por tres razones. Primero, porque, como se verá, en ciertos casos el concepto busca remitir también a lo fantasmagórico (fantasmatic) y con ello conservar una importante conexión con la noción de haunting (cap. 3); segundo, porque la voz «fantasiosa» puede adquirir un sentido peyorativo; tercero, porque reemplazar fantasía por fantasma para todos los casos podía generar confusión con las y los lectores más familiarizados con el lenguaje psicoanalítico freudiano y lacaniano en español. Sobre más aclaraciones de este concepto recomendamos ver la nota 6 de la traducción que Radiszcz y Sanhuezahicieron del libro de G. Morel (2012: 9).

2) El concepto de «jouissance», siguiendo los trabajos de N. Braunstein (ver 2006a), fue traducido como «goce».

3) En el capítulo 3, el concepto de «haunting» fue traducido como «penar», debido a que en las entrevistas que realizó la autora en los sitios de memoria la expresión penar surgió directamente desde las y los entrevistados y creemos que es una voz que connota bien la carga espectral y de manifestación latente que tiene el concepto en inglés.

IntroducciónTeorizar lo social con el afecto

Los capítulos del presente libro abordan la emergencia del sentido en su íntima conexión con la experiencia afectiva que la acompaña. Para abordar en esta temática, más que trabajar desde campos disciplinares rígidos, pongo en conversación, tensión y conflicto, enfoques que configuran un espacio concebido como estético. Es decir, un espacio conceptual que sitúa como protagonistas a la corporalidad, el afecto y el deseo. Estos registros de lo «sensible», aunque imbricados de modos complejos con lo simbólico y discursivo, hablan de una multiplicidad, heterogeneidad y, por sobre todo, de una apertura constitutiva del sentido. El libro explora esta apertura y el flujo y las vicisitudes del afecto en la vida social, a la vez que también trabaja desde su ambivalencia que permite aproximarnos a la vulnerabilidad y dependencia constitutiva en la relación con el «otro».

Los marcos teóricos movilizados en este libro y la epistemología crítica, poscolonial y feminista que inspiran mi investigación, no caen en pronunciaciones normativas. Más bien, estos nos confrontan con los desafíos de la ambivalencia, el conflicto y las relaciones de poder, a la vez que otorgan herramientas conceptuales para comprender algunas de las dinámicas paradójicas que las informan. Por ejemplo, la simultánea erotización y repudio de ciertos cuerpos excluidos; las dinámicas de visibilización que conllevan un borramiento paralelo; o el apego discursivo a lo humano junto a su destrucción simbólica y corporal.

Aunque la teoría social ha intentado dar cuenta de procesos de formación de sentido, así como también de la relación entre lo social y los procesos subjetivos-afectivos que lo acompañan o posibilitan (por ejemplo, en la teoría del «Habitus» de Pierre Bourdieu), es frecuente que lo social tienda a ser conceptualizado como determinante externo de lo que ocurre a nivel subjetivo. En este caso, las estructuras sociales aparecen como siendo reproducidas en el cuerpo-afecto de cada individuo. Esta simetría entre el cuerpo y lo social, si bien permite a estos enfoques sociológicos explicar de un modo muy consistente los mecanismos de la reproducción de la desigualdad (entendida muy lúcidamente en el caso de Pierre Bourdieu como «violencia simbólica»), a la vez nos otorgan pocas herramientas para pensar el cambio e incluso la complejidad de ese afecto, o el «apego apasionado», como diría Judith Butler, en su relación con estructuras simbólicas y discursivas. A pesar de que enfoques interpretativos o hermenéuticos han intentado otorgar agencia a la producción del sentido, estos tienden a caer en reduccionismos similares. Si bien diferente del caso anterior, en el que se establece una continuidad entre lo estructural y lo subjetivo-afectivo, en estos otros paradigmas la continuidad ocurriría entre el sentido y la estructura.

Aunque estos enfoques contribuyen a ampliar los registros analíticos para la comprensión de procesos sociales y políticos, ellos tienden a simplificar la relación entre lo social y lo subjetivo y a desconocer la capacidad de interrupción (o agencia) de lo que, de modo general, podemos denominar el afecto. Teorizar lo social con el afecto, de ningún modo significa habitar el polo contrario de la sociología y reducir así procesos complejos, e incluso paradójicos, para la singularidad del sujeto y sus estructuras psicológicas. Muy por el contrario, un enfoque que teoriza lo social con el afecto permite dar cuenta de los espacios de disonancia, contradicción, ambivalencia y paradoja que informan todo fenómeno social y político. Más aún, esta relación subjetiva-afectiva-social ocurre en un campo estético-encarnado que no solo desafía concepciones clásicas de­sencarnadas, sino que también de bordes que intentan distinguir lo interior de lo exterior. La imagen de la cinta de Moebius señala y grafica la imposibilidad de tal distinción.

De este modo, teorizar lo social como un fenómeno profundamente trenzado por fuerzas afectivas permite evadir los clásicos dualismos epistemológicos que habitualmente orientan saberes disciplinarios que separan, entre otros, la racionalidad de lo afectivo, la mente del cuerpo, las instituciones de la cultura, el sujeto del objeto, lo activo de lo pasivo. Tal como hemos aprendido de las epistemologías críticas feministas y decoloniales (incluyendo los estudios críticos de raza y negritud), del poshumanismo y de los estudios sobre el Antropoceno, tales dicotomías no solo refuerzan las lógicas sociales de poder y exclusión, sino que también las reproducen. En efecto, las epistemologías dualistas no solo fallan en su capacidad de proveer análisis adecuados acerca de fenómenos complejos, sino que también contribuyen a perpetuar estructuras de poder excluyentes, informadas por cadenas de significación (tanto discursivas como afectivas) caracterizadas por equivalencias tales como: «masculinidad, raza blanca, universalidad, racionalidad, humanidad, autonomía, actividad, borde», versus «feminidad, negritud, particularidad, afectividad, objeto, dependencia, pasividad, falta-de-límite». El análisis del rol performativo y, por ende, político de los conceptos es un aspecto central de mi enfoque.

No es mi intención aquí presentar un análisis de la historia de las ideas, sino más bien bosquejar, de modo simple, el lugar de mi intervención teórica. Es por ello que, alejándome de enfoques sociológicos y politológicos tradicionales, y en diálogo con el psicoanálisis, los estudios de género y decolonización, la filosofía continental y la teoría social, en este libro exploro conceptual, metodológica y políticamente, el cómo la subjetividad y lo social se constituyen mutuamente y cómo la materialidad y la corporalidad son constitutivas de las formaciones sociales y políticas. En particular, analizo el lugar central que ocupa la experiencia encarnada del afecto en tales configuraciones de sentido. Deseos nómades –conformado por cuatro capítulos escritos en distintos momentos de la última década y traducidos del inglés especialmente para esta edición de la Colección Filosofía y Teoría Social de Metales Pesados– busca ampliar y radicalizar el lenguaje y los modos de análisis para la comprensión de las articulaciones de lo social, lo político y lo afectivo, y el modo en que estas dimensiones se trenzan infinita e irreduciblemente en producciones de sentido y configuraciones de mundo.

Los capítulos del libro comparten preocupaciones similares y ofrecen en su conjunto una orientación teórica común en la que se busca no solo teorizar la imbricación del sentido con el afecto, sino también el cómo pensar tal imbricación más allá de la lógica racializada y patriarcal que caracteriza el capitalismo racializado. De este modo, y desde una perspectiva interdisciplinaria y crítica, cada capítulo ofrece una lectura de las complejas relaciones de poder que caracterizan a experiencias tales como el antagonismo social, el populismo, la memorialización y la representación del sufrimiento del otro. El énfasis del análisis está en la dimensión estética, corporal y afectiva que tales experiencias conllevan, particularmente en sus dimensiones racializadas y de género. A diferencia de enfoques disciplinarios que siguen una lógica que permite construir un todo coherente (en el que las excepciones son vistas como patológicas), en mi investigación busco aproximarme a las dimensiones indecidibles y paradójicas que subyacen cualquier experiencia social. Las implicaciones teóricas y analíticas de un enfoque como este son de gran importancia en tanto no solo se teoriza el poder y la resistencia, sino que también, y volviendo a la idea de apertura mencionada al inicio, la vulnerabilidad y la dependencia. Asimismo, se reflexiona acerca de los desafíos éticos que precisamente se derivan de esta perspectiva encarnada de lo social.

Los dos primeros capítulos movilizan fundamentalmente concepciones lacanianas y laclauianas sobre la formación del sentido y la alteridad irreducible. Ambos capítulos presentan una detallada lectura de Jacques Lacan y luego de Ernesto Laclau. En ellos intento abrir sus respectivos marcos conceptuales y ponerlos en conversación con preocupaciones políticas, particularmente con la exclusión y el goce del sufrimiento del otro, así como también con la reducción de la heterogeneidad en proyectos sociales y políticos homogeneizantes (tales como los del populismo).

Estos capítulos son especialmente útiles para pensar la exclusión y el antagonismo social, así como también las lógicas libidinales que les acompañan. Sin embargo, y como se elabora especialmente a partir del capítulo 2, tales enfoques teóricos asumen acríticamente una postura modernista y basada en un orden social racializado y fálico. Nuevamente, si bien tales enfoques nos permiten comprender las lógicas feminizantes y racializadoras de tales relaciones de antagonismo y exclusión, tal como se viven en sociedades patriarcales y racializadas, ellos postulan, según mi lectura, que la exclusión (de lo racializado y femenizado) es constitutiva del «orden» social perse. La teoría psicoanalista feminista ya nos ha advertido acerca de la diferencia entre teorizar el patriarcado (racializado) y lo social como inevitablemente organizado sobre tales principios de exclusión.

Más específicamente, en el primer capítulo «Socialidad radical: Fantasía, otredad y violencia»1, discuto los problemas epistemológicos involucrados en el trabajo inter y transdisciplinario que emergen de la articulación entre psicoanálisis y teoría social. Entre otros aspectos, analizo las aporías que subyacen a la teorización del espacio vacío que permite la producción y transformación del sentido y el flujo del afecto, y cómo tal conceptualización, inicialmente filosófica, es radicalizada por su lectura psicoanalítica. Entre los autores relevantes de mi lectura de estos conceptos se encuentran Martin Heidegger, Jaques Derrida y Paul Ricoeur. Alejándome de una concepción solamente semántica de tal espacio de falta, y teorizando por medio de Sigmund Freud y Jacques Lacan los conceptos de angustia y fantasía, el capítulo examina las lógicas que acompañan al antagonismo político. El trabajo de autores poscoloniales, como Edward Said y Meyda Yegenoglu, deviene fundamental en este esfuerzo. El concepto de fantasía resulta especialmente útil, ya que me permite pensar el antagonismo no solo como una relación ideológica de exclusión (en la que el «otro» representa una amenaza para la identidad), sino que además apunta a la relación libidinal –e incluso de goce– asociada a la experiencia de la exclusión del otro. Utilizando el estudio de Yegenoglu sobre el colonialismo francés y mi propia investigación sobre la violencia política en el contexto de América Latina, analizo cómo las lógicas de la fantasía conllevan la construcción de la otredad en el contexto de la retórica nacionalista patriarcal y el proceso de feminización del cuerpo del otro.

En el segundo capítulo, «Convertirse en pueblo: Crítica a la estética populista de la homogeneidad»2, sigo habitando el marco lacaniano presentado en el primer capítulo, pero desde la lectura que ha hecho el teórico político Ernesto Laclau. A través de una lectura detallada del concepto de heterogeneidad, en este caso argumento que si bien este marco conceptual nos permite comprender las lógicas de exclusión tal como ocurren en formaciones sociales patriarcales y racializadas, este cierra también la posibilidad a pensar afuera de tal «ordenamiento» social excluyente. Desde mi perspectiva, ello se deriva de las concepciones de borde y totalidad que lo informan. La teoría de Laclau es efectivamente uno de los esfuerzos contemporáneos más significativos de restitución política de la categoría «pueblo», la cual es entendida como lógica discursiva y práctica que radicaliza las demandas igualitarias sin reducir las luchas democráticas a un único conflicto social o identidad política. En este marco, Laclau argumenta que la heterogeneidad sería un elemento constitutivo de la unidad que articula la construcción del pueblo. En este capítulo propongo una lectura que problematiza dicha formulación. En mi interpretación, la pretendida heterogeneidad encarnada por el pueblo queda atrapada en el dilema de su representación: o bien se coloniza, o bien se excluye. Mi argumento es que ello se debe a la adopción acrítica que Laclau hace de la teoría psicoanalítica lacaniana de inspiración kantiana, la cual lo lleva a teorizar la heterogeneidad como un exceso racializado- femenino que necesita ser excluido para que emerja el sentido: a saber, la construcción política del pueblo. Consecuentemente, sugiero que la conceptualización laclauiana del populismo termina siendo una teoría que no altera los binarismos que articulan la experiencia política, sino que los refuerza a través de la producción de una estética homogeneizadora y performativa del significante (fálico) del «uno». El capítulo hace hincapié en los problemas epistemológicos, conceptuales y políticos de dicha formulación.

En los dos capítulos que siguen elaboro concepciones alternativas que se alejan de la teorización de la falta constitutiva y la necesidad de borde tal como es elaborada por Lacan y Laclau. En ellos pongo en diálogo a teorías feministas, materialistas y estudios de negritud para pensar la apertura constitutiva (o lo «real») no como un espacio de falta y negatividad, sino de relacionalidad encarnada. Esta reformulación permite conceptualizar el sentido y el afecto más allá del contexto patriarcal y racializado, y de las lógicas de exclusión y antagonismo discutidas en los primeros dos capítulos. El deseo, por así decirlo, se libera de la lógica fálica, tal como fue postulada por Laclau y Lacan, a través de la emergencia de imaginarios afectivos no racializados y no fálicos. Es decir, se constituyen como deseos nómades.

En el tercer capítulo, «Estética de la memoria: Ruinas, visibilidad y testimonio»3, presento los resultados de mi investigación sobre la transformación del significado de exsitios de detención y exterminio en Chile, en el contexto del encarecimiento del suelo y de la limpieza urbana asociada a los procesos globales de neoliberalización. En él analizo las dinámicas de visibilidad y borramiento que acompañan la vida de estas ruinas recientes y las diversas políticas de su memorialización. Más específicamente, ofrezco una reflexión sobre lo que significa investigar con la «materia» en el contexto del estudio de la memoria o, más ampliamente, cómo pensar la memoria desde una perspectiva que incluye lo no-humano. Tal perspectiva implica habitar registros conceptuales de experiencias situadas y encarnadas de violencia y su representación-memorización, así como teorizar, siguiendo a Rancière, la distribución de lo sensible y los regímenes de visibilidad-invisibilidad que lo informan. En este sentido, no es solo la violencia (política) la que borra (algo) y visibiliza (algo más). Desde mi perspectiva, la memorialización (o tal vez el trabajo de la memoria en un sentido más amplio) también confronta estos desafíos epistemológicos y políticos asociados a las lógicas del aparecer y desaparecer. Desde un enfoque materialista crítico, mi argumento es que las ruinas de los sitios de violencia tienen la capacidad de interrumpir, transgredir e incluso contradecir las narrativas que se producen socialmente sobre ellas. En este capítulo también discuto la relación entre afecto, ética y estética para plantear cuestiones sobre la posibilidad de dar testimonio y los desafíos de la memorialización en contextos de posconflicto.

Finalmente, en el último capítulo, «Vaporizando la inocencia blanca»4 –escrito en coautoría con Stephen Sheehi–, se ofrece una lectura crítica de dos intervenciones artísticas: la pintura Open Casket (2016), de la artista Estadounidense Dana Schutz, y la instalación Vaporización (2001), de la artista mexicana Teresa Margolles. Reuniendo teorías críticas de raza, el capítulo ofrece una reflexión acerca de la estética y deseo que caracteriza la inocencia blanca y sus intentos de prestar testimonio del dolor del otro. El argumento es que el intento de politización y movilización de Schutz fracasa al estar atrapado en una relación maniquea de sujeto-objeto constituido por una relación curativa de dominio y servidumbre que reafirma la inocencia y la superioridad blanca. Por otro lado, el trabajo de Margolles, y su particular trabajo con la materia (una neblina creada con el agua usada para limpiar cuerpos en la morgue en Distrito Federal), al romper el dualismo sujeto-objeto, ofrece una alternativa interesante para repensar la posibilidad del atestiguar por fuera de las relaciones de poder como las que caracterizan a la problemática obra de Schutz.

Deseos nómades busca construir un espacio conceptual que permita habitar y comprender las complejidades, ambivalencias y paradojas de las lógicas de poder, exclusión y goce que caracterizan a las relaciones de antagonismo y violencia en las sociedades contemporáneas. El enfoque estético-encarnado que el libro propone para pensar lo social –es decir, teorizar lo social con la materialidad del afecto y a través la multiplicidad del deseo– constituye además una manera de aproximarse a, y experimentar con, registros que desafían y trascienden los binarismos clásicos característicos del capitalismo racializado que reproduce estas relaciones de exclusión. Especialmente en un contexto de crisis planetaria, tal como la que vivimos hoy, este esfuerzo epistemológico, ético y político de repensar nuestra existencia desde la materialidad, relacionalidad, codependencia, precariedad y vulnerabilidad, se convierte no solo en un esfuerzo urgente, sino que ineludible.

1. Socialidad radical: Fantasía, otredad y violencia

Introducción

El diálogo entre la filosofía y el psicoanálisis es, en cierto modo, un diálogo entre el consciente y el inconsciente, entre la mente y el cuerpo, entre la razón y el deseo. Pero el diálogo entre el psicoanálisis y lo social, el cual comienzo a teorizar en este capítulo, es de una naturaleza distinta. En este caso, no es el encuentro entre dos sistemas de pensamiento, dos categorías y paradigmas lingüísticos que pueden desafiarse y/o complementarse entre sí, sino el inconmensurable encuentro entre un tipo de lenguaje y un tipo de ser.

La relación entre teoría psicoanalítica y teoría social está lejos de ser directa, pero la cantidad considerable de producción académica que ha emergido en la intersección de ambas disciplinas, además de su carácter influyente, no solo habla de un encuentro productivo, sino asimismo necesario. Mucha de la supuesta incompatibilidad, particularmente entre la sociología y el psicoanálisis, proviene del estrecho ethos economicista-racionalista-positivista de algunos paradigmas sociológicos contemporáneos. Aun así, incluso en el trabajo de sociólogos conservadores, el trabajo de Freud ha tenido enormes resonancias. Pero fue en el trabajo interdisciplinario de los teóricos alemanes del Instituto de Investigación Social en Fráncfort, en particular de Horkheimer, Adorno, Marcuse y Fromm, el que llevó al psicoanálisis al centro del escenario de la teoría social. Sus variadas agendas de investigación y perspectivas teóricas –informadas por la sociología, el psicoanálisis y la filosofía– ofrecieron una crítica de la modernidad capitalista de inspiración marxista y una renovación del pensamiento sobre la emancipación social y lo que ellos denominaron «autonomía». En el contexto de los teóricos de la Escuela de Fráncfort, el psicoanálisis sirvió al propósito crítico de la desalienación de la consciencia. La segunda generación de teóricos de Fráncfort no solo cambió sustancialmente el estatus del marxismo dentro de su enfoque, sino también el del psicoanálisis. Pero esta función normativa del psicoanálisis siguió caracterizando a su trabajo. Un ejemplo es la referencia que Jürgen Habermas hace al psicoanálisis al discutir con la tradición filosófica de la hermenéutica. Mientras veía al primero capaz de «revelar» la causa del poder y de la alienación (es decir, el inconsciente actúa como una «causa»), el segundo, según él, era incapaz de teorizar al poder. Si bien posteriormente Habermas se alejó del psicoanálisis (y en su lugar se vinculó al pragmatismo y a la teoría de sistemas) a fin de desarrollar su Teoría de la acción comunicativa (1992a, 1992b), Axel Honneth se inclinó hacia la teoría psicoanalítica de las relaciones de objetos al momento de escribir Lalucha por el reconocimiento (1997). Como se puede ver, el uso del psicoanálisis en el contexto de la primera Escuela de Fráncfort y sus posteriores representantes tuvo como finalidad contribuir a variados proyectos político-normativos que se derivan de su apego normativo a la idea de modernidad y a la Ilustración, así como también a la emancipación social, una esfera pública abierta y el reconocimiento intersubjetivo.

Una aproximación muy diferente fue la que surgió desde espacios académicos postestructuralistas cuando el trabajo del psicoanalista Jaques Lacan se volvió particularmente influyente en la escritura feminista, los estudios culturales y la academia poscolonial. En estos campos, la intersección entre teoría social, cultural, política y psicoanalítica ha demostrado ser fundamental, particularmente en el enmarcamiento (o re-enmarcamiento) de las problemáticas acerca del patriarcado y la diferencia de género, así como también en lo referente al racismo en las sociedades poscoloniales. En este contexto me gustaría subrayar la necesidad de realizar una lectura crítica del psicoanálisis, ya que la teoría psicoanalítica, por sus propios medios, ha reproducido y contribuido con formas de poder y exclusión, particularmente en lo referente a género y raza. Como planteó Ranjana Khanna en Dark Continents: Psychoanalysis and Colonialism (2003), el psicoanálisis ha contribuido ampliamente a la expansión de las lógicas racistas del imperialismo, pero, al mismo tiempo, nos ha proporcionado herramientas conceptuales para teorizar el anticolonialismo y el trauma poscolonial. Y lo mismo ocurre para el género: no solo en relación a la controversial caracterización que Freud hace de la mujer, sino que también la noción de Lacan, muchísimo más descarada, del «falo» como el significante maestro y su noción contraria de mujer, la que «no existe». Ambas han servido como tecnologías de formaciones jerárquicas sobre la base del género, pero asimismo como herramientas no solo para reflexionar críticamente acerca de estas formaciones de poder, sino que también, por ejemplo, en relación a la diferencia sexual, la que ha sido el punto de partida de acalorados debates que buscan concebir lo social fuera del principio fálico (Irigaray, 1985b; Grosz, 1990).