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“Yo soy puta”. Comienza en este modo la confesión de Roxana María, hija de la profunda provincia cubana al final de los años ’70. Nacida en una familia mitad católica y mitad brujera, la niña María sueña en convertirse en una artista. Pronto deberá enfrentarse a un padre autoritario que la quiere médico y después a la vida que la empuja siempre más a satisfacer su indomable curiosidad hacia el género masculino. “No soy ni médico ni artista, soy puta” le grita al padre durante una de las numerosas discusiones.Adolescente rebelde e inquieta se aleja de casa para conocer sola cómo está hecho el mundo y vivir la vida a su manera. En La Habana asistirá al ambiente rico e internacional de los turistas extranjeros, al regresar a su pueblo un año después, es una mujer-niña llena de experiencia que está por convertirse en madre. Su vida libre y fuera de control alimenta en el pueblo una mala fama, las malas lenguas llegan a acusarla hasta de haber introducido en el pueblo el SIDA.Su hermana homosexual la hará acercarse a la comunidad gay que vive marginada en la sociedad. “Los maricones son amigos de las putas”, en nombre de esta gran amistad Roxana retará a todo el pueblo organizando el más grande espectáculo de transformismo nunca antes visto por aquellos lugares, donde desfilarán y cantarán vestidos de mujer todos los gay de la provincia di Matanzas. A los 30 años Roxana entrará en la religión Yoruba, sin embargo algo durante la semana de ritos de iniciación va mal y la religión se convierte en maldición. Puta para el pueblo y santera sin benedición, Roxana sigue coleccionando experiencias sexuales con decenas de hombres, sino también con Álvaro Y Margarita con los cuales hizo el amor en tres por primera vez.
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Veröffentlichungsjahr: 2017
Canto Inicial
La niña María
Agua Negra
Dicen que Dorita es Mala
Miss Gay
Espíritu Cubano
Hombres
La Glorieta
Canto Final
Roxana
Agradecimientos
paraNorma
Yo soy puta. La multitud de hombres que he conocido invade mis recuerdos, todavía logro distinguir los detalles de sus cuerpos, estoy llamando sus nombres. Me desnudo frente a ellos. Como las moléculas de agua mantienen la memoria de lugares pasados, las células de mi cuerpo se abandonan a nuevos placeres gritando al recuerdo de momentos vividos.
La verdad es que necesito pedir disculpas.
A cada respiro de mi corazón desfilan los rostros de aquellos a los que debo invocar el perdón. Madre, padre, hermanos. Mi amor por ustedes es infinito y sin embargo les he hecho sufrir. El desprecio hacia mí se convirtió en desprecio hacia ustedes. Ahora sé que en lo íntimo de sus casas, los que me hirieron no son mejores que yo. Creyeron que destruyéndome habrían elevado su miserable condición. Pero se equivocaron. No soy una derrotada en busca de rescate. Es verdad que fuerzas ocultas han guiado mi vida a menudo sin que yo conociera el sentido, pero nada ni nadie ha sido capaz de arrastrarme al fondo del abismo hasta el punto de no regreso.
Y ahora que puedo ver más allá de la pasión de los hombres, conozco toda la verdad, hasta la carga del mal olor de un perro que se pudre debajo del despiadado sol de los trópicos. Las existencias terrenas de mis detractores se relajan en la cálida luz del día como ramas de un árbol fuerte, pero cuando el sol se pone, sus vidas se mezclan en parcelas escondidas, como raíces que se hunden en el fango.
No tengo nada para dejar en testamento. No poseo nada, aparte estas palabras que colman mi vida. Una vida de pasiones y miedos animales. Un juego de espejos, donde el destino mezcló con extrañas alquimias lo dicho y lo no dicho, lo oculto y lo ordinario, amor y sexo. Donde el dinero se convirtió en lágrimas y la religión en maldición.
Soy puta como el sol es sol y la tierra es tierra, una, indivisible, indisoluble. Tengo miedo de comenzar mi historia, pero no puedo detenerme. Esta confesión podría costarme cara pero no moriré. No le temo a la muerte. Me atormenta solo el pensar que una prematura partida de este mundo privaría a mis hijos de una madre, emocionalmente inestable pero siempre madre; a mi padre de una hija que es el espejo deformado de una realidad que él hubiera querido perfecta y al género masculino de una amante sabia capaz de provocar la inmensurable felicidad de la carne.
Dedico lo escrito a los trasgresores, a mis enemigos y a mis amigos, a mis vecinos que me han deshonrado, a aquellos que tienen un “yo” escondido y no saben sacarlo afuera, a los gay, sobre todo a ellos porque son más profundos sus sufrimientos.
Espero que lo lean mis hijos y las personas con un corazón grande, porque sabrían darle un mayor sentido a mis palabras, convirtiéndolas en más bellas.
Los psicólogos dirán que sufro de trastorno de la personalidad, tienen razón, pero aunque si me curaran a son de terapias no lograrían nunca cancelar lo que ya he vivido. Nadie me quita lo bailado.
Es mejor que los poseídos y los maníacos no se detengan demasiado en los detalles de estas páginas sino que las deshojen distraídamente volando en las partes más picantes y cruentas, porque podrían precipitarse en ellos mismos hasta el grado cero de la animalidad.
Finalmente doy las gracias a Yemayá, mi santa protectora, yo soy su agua imperfecta y ella la madre de todas las cosas. A ti Yemayá he confiado los hilos de plata que componen la trama de mi vida, téjelos con sabiduría como solo sabes hacer tú, ayúdame a superar los inevitables nudos, muéstrame como se conserva el precioso dibujo y enséñame a honrar cada santo día todo lo que se encuentra al sur de mi garganta.
Nací el 12 de enero de 1977 en Cienfuegos, un lugar del mundo donde hace siempre un calor bestial y que los turistas aman por sus playas blancas, las bellas mujeres, la música y la alegría, sin embargo la noche cubana que me vio venir al mundo tenía poco del calor tropical.
Me llamo Roxana María y vi la luz en una fría noche caribeña, en una ciudad que habla de fuego a 251 km de la capital cubana. La epopeya de mi vida comienza la misma noche de mi nacimiento, aquel momento cargado de misterio en el que me asomaba tiernamente al mundo tenía ya todos los ingredientes que me habrían acompañado en mi existencia: rapidez, suerte e imprevisibilidad.
En cada cumpleaños alguien de mi familia recuerda después de brindar el día en que nací.
La historia comienza siempre en el mismo modo.
Aquella noche después de una larga carrera en máquina mis padres subieron las escaleras que conducían al segundo piso del hospital. La enfermera de guardia sacudió la cabeza.
Lesen Sie weiter in der vollständigen Ausgabe!
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