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"Pequeños jirones, un roto por cada escrito". Este poemario, Desgarros, nace de un punto de inflexión y de más tiempo para recapacitar y, principalmente, para sentir. Alguien me dijo que tiendo a ver el lado oscuro, y supongo que se vuelve fluorescente. Reflexiones, bajadas de brazos, autofustigamiento en ocasiones, y unos grandes rotos en los que Desgarros tiende a meter el dedo por el placer de revivirlos. Como diría Alejandra Pizarnic, "Señor He consumado mi vida en un instante La última inocencia estalló Ahora es nunca o jamás o simplemente fue". Esa última inocencia que se fue, en ocasiones asoma la cabeza en algunos textos y, en otras, las más, deja una postura resabiada y de vuelta de todo.
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Seitenzahl: 38
Veröffentlichungsjahr: 2023
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Greta Solís
Desgarros
1ª edición en formato electrónico: julio 2023
© Greta Solís
© De la presente edición Terra Ignota Ediciones
Diseño de cubierta: TastyFrog
Terra Ignota Ediciones
c/ Bac de Roda, 63, Local 2
08005 – Barcelona
ISBN: 978-84-127232-9-8
THEMA: DCF 2ADS
Cualquier parecido con personas o hechos reales es mera coincidencia. Las ideas y opiniones vertidas en este libro son responsabilidad exclusiva de su autor.
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(www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 45)
Greta Solís
Desgarros
Prólogo
Locura
Pobre muchachita
Tú
Linda
Mala gente
Damisela
La gata
Escondida
Sacrificios
La canción
El beso
Mis ojos
La bruja
Verde caqui
La entrega
Esperanza
Ambición
Delirio
Amor
La cicatriz
La mala comunicación
Amor caníbal
Ella y él
Los hilos
La melancolía
Amor viejo
Ella
El orate
El peso
Mis niños
Mujer
Las apariencias
Atreverse (excitación)
Utopía y deseo
Nochebuena
En mis sueños
Renacimiento
Érase una vez el amor
A aquel día
Codicia
El mar y el desierto
Mi yo descreída
La dama
Historia de una cama
Titiritero
Sortilegio
Nada en concreto
Silencio
Mi campo
La maraña
Importante no pensar
Jazmín y canela
Prólogo
Desde el día en que nazco literariamente hablando, siento una debilidad cercana por la poesía que sangra, y nace sin pelos en la lengua. Un quehacer para exorcizar fantasmas, curar heridas o conjuras, anhelos que nunca faltan. No obstante, tejer poemas de esta forma siempre evita frivolidades vacías, y más allá de lo que expresa, descubre cosas aisladas y abiertas, esbeltas o irremediablemente solitarias, que convierten el abono de la tierra en el cauce del río que muere en el océano. Es el caso de Greta Solís, una autora que lejos de fórmulas y predicados, «Raya la locura, amarrada a malos vicios», contempla el mar sin más olas que la espuma de su mirada, renunciando a la belleza ecléctica, favoreciendo la fatiga que desespera, no solo para emular alegrías y acabar en tristezas que producen magulladuras, sino para acabar con una conclusión evidente: el significado de las cosas no necesita de rutinas ni ordenamientos.
En algunos poemas pone en pie a las estrellas, y en otros ralentiza las manecillas del reloj para que el tiempo se detenga a su antojo, y así crear una realidad definitiva, tal vez la mejor manera de conquistar las emociones que demanda, para que nuestras pupilas se acomoden en su paisaje, porque su poesía entrelaza metáforas constantes con una dosis de verdad, y en esto, todo escritor que así se reconozca, evita la arrogancia de la fórmula del éxito fácil.
En ocasiones, poesía relegada a una parte de la sociedad desdeñosa que carece de entendimiento, sin siquiera valorar hechos intelectuales, morales y de espíritu, sin embargo toca el vientre del corazón, inmersa en la cotidianidad, capaz de transformar alguna parte descabellada del presente que nos muestra la literatura, de abolir cualquier frontera disuasoria y plagar de belleza el cielo por donde expande con voluntad, su manera de tejer armoniosamente versos y palabras.
Pero esos lectores no leen lo que escribe, no alcanzan, desconocen el alma que se deja en cada hoja en blanco, pierden la esencia mágica de todas sus palabras, y nosotros, quienes lo hacemos con efervescencia, nos convertimos en protagonistas placenteros de las manos que tocan el esplendor de lo que expresan.
En el libro Maltiempo, del poeta mexicano Jaime Sabines, encuentro frases que pueden revelar con bastante claridad lo que pretendo transmitirles: «Hay dos clases de poetas modernos: aquellos sutiles y profundos, que adivinan la profundidad de las cosas y escriben, y aquellos que se tropiezan con una piedra». Añado que hay que tropezarse con la piedra para tocar el barro, modelar con desasosiego y otras veces con desengaño, para encontrar el camino donde se junten las cuatro estaciones. En muchos casos ninguno de los dos ejemplos nos sirven para saber dónde van, por eso, me descubro ante la expresividad emocionada que encuentro en cada desgarro, pétalos —en ocasiones— y flores yertas —en otras— como seres vivos tiesos, especialmente a causa del frío, «la hilaridad del que no teme nada, del que amó las letras hasta venderles su alma».
Greta Solís, Greta, madrileña, desarrolla su vida en la capital, por tanto, sus poemas gozan de una luz de distinto sello, la definen en totalidad. Cenizas de polvo incandescente, «que profanan su calma con el más dulce de los silencios hecho canción…»
