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Hacer que los estudiantes intervengan en los foros de aulas virtuales no es fácil; a través de este libro la autora brinda claves para ir más allá de la participación y lograr interacciones que estimulen el aprendizaje. "Estás muteado/a" fue una de las frases de cabecera que hemos aprendido durante la pandemia de covid-19. Se usó en todo tipo de videollamadas, y fue un clásico en las clases virtuales sincrónicas. Pero ¿qué hacemos con los foros de las aulas virtuales donde reinan el silencio o las "conversaciones unilaterales" en las que los estudiantes simplemente suben una actividad que pidió el docente? Antes de la pandemia, cuando las aulas virtuales eran terreno solo de la "educación a distancia", Daniela Liberman se aventuró a investigar cómo eran las interacciones en los foros de las aulas virtuales y descubrió que en la mayoría de los casos el foro era menos un espacio de debate e interacción y más un buzón donde dejar las tareas. En Desmutear el aula virtual, además de presentar el caso, la autora ofrece sencillas acciones para que los foros sean un espacio de andamiaje para el aprendizaje de los estudiantes.
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Seitenzahl: 79
Veröffentlichungsjahr: 2022
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Liberman, Daniela
Desmutear el aula virtual : cómo promover la interacción en los foros / Daniela Liberman.- 1a ed.- Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tilde Editora, 2022.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-48238-7-8
1. Educación a Distancia. 2. Tecnología Educativa. I. Título.
CDD 371.1
© Daniela Liberman, 2022
© Tilde editora, 2022
Primera edición: 2022
Edición cuidada por Nicolás Scheines
Corrección: Marina Pérez
Diseño de cubierta: Julieta Vela
Maquetación: Adriana Llano
Conversión a formato digital: Libresque
No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor. Su infracción está penada por las leyes 11.723 y 25.446 de la República Argentina.
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Este libro se complementa con un podcast y con un recurso descargable. Encontralos en www.tilde-editora.com.ar
Hubo una época en la que ejercer la docencia virtual suponía una elección o una oportunidad. A quienes nos interesaba la enseñanza y el aprendizaje bajo esta modalidad podíamos sumergirnos en espacios de formación específicos. Así, adquiríamos herramientas para poder desarrollar nuestras actividades con algo más que intuición y buenas intenciones y, de ese modo, profesionalizar nuestras prácticas. Llegábamos a estos espacios con muchas preguntas, pues debíamos prepararnos para enseñar de un modo que nunca habíamos aprendido, además de ponernos de cara frente a la tecnología. Y creo que aquí estaba uno de los mayores aprendizajes: ser alumnos en la modalidad virtual. Vivenciar el “otro lado” nos hace más empáticos. Comprender ansiedades, dudas, temores a lo desconocido hace a gran parte de esta tarea. Por esa misma época, un docente frente a un aula presencial podía con mucho entusiasmo —y mayor o menor conocimiento— incorporar la tecnología en sus prácticas. Incluso, aunque cada vez con menor posibilidad, podía declararse “tecnofóbico por derecho” sin que afectara sus actividades tal como siempre las venía desarrollando.
Atrás quedaron estos tiempos: la pandemia del covid-19 aceleró a una velocidad inimaginable un proceso que venía gestándose lentamente. En una primera instancia, y literalmente de un día para el otro, todo pasó a ser modalidad virtual. Luego, gracias a la posibilidad de la vuelta a la presencialidad, la hibridación o modalidad semipresencial del sistema educativo fue copando los distintos niveles de educación, en especial en el superior.
Pero volvamos al primer momento, a ese escenario insólito al que debimos adaptarnos docentes y estudiantes. De un día para el otro, abruptamente, manejarse dentro del campo tecnológico resultó más que una obligación: pasó a ser una de las pocas posibilidades para continuar con la educación. Sin tiempo de formación ni de reflexión, se transformó en una enseñanza remota de emergencia. Como si por el hecho de saber escribir pudiésemos naturalmente ser poetas. O como si nos dijeran “a partir de mañana serás equilibrista”. Sabemos caminar, en la diaria muchas veces debemos apoyarnos sobre un solo pie, pararnos de puntas para alcanzar algo, asomarnos, dar un salto, pero ello no nos hace equilibristas. Ser docente hoy implica contar no solo con conocimientos pedagógicos y disciplinares, sino también tecnológicos, y además, ser capaces de integrarlos para dar lugar a un nuevo tipo de conocimiento, el tecnológico-pedagógico-disciplinar (como lo describe el modelo TPACK1). Hablar de enseñanza en la actualidad supone, entonces, tener la capacidad de ofrecer propuestas metodológicas pensadas para la virtualidad, ya sea de manera sincrónica o, especialmente, asincrónica. No se trata de transformarse completamente ni de someterse, sino de sumar nuevas habilidades necesarias para desenvolverse en un escenario cambiante. En palabras de Pedro Figueroa, “la digitalización del rol docente no se trata de ser un experto tecnológico, sino un experto pedagógico para evaluar el uso de las TIC”.
Nos gusten más o nos gusten menos, ya vivimos en un mundo digitalizado y recurrimos a las TIC para cuestiones de nuestra vida diaria (comunicarnos con amigos, colegas, hacer gestiones en el banco, hacer compras y hasta “mirar vidrieras” entre tantas otras). Desde lo educativo, necesitamos reconfigurarnos en un TIC-TAC: no se trata de hacerlo en un segundo, ni se alude al tiempo, sino de virar nuestra mirada desde las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) a las Tecnologías para el Aprendizaje y Conocimiento (TAC) (Mortis Lozoya et al., 2015). Pensar desde las TIC es percibir a la tecnología como un recurso educativo para los estudiantes, que puede ser adaptado a sus necesidades a través de diferentes formatos: audiovisual, multimedia e hipertextual. Desde las TAC, en cambio, se trata de utilizar a las tecnologías como herramientas facilitadoras de la enseñanza y del aprendizaje, que nos posibilitan crear actividades a tono con la realidad de nuestros estudiantes. Por ejemplo, podemos enriquecer el material teórico que ofrecemos incrustando no solo fuentes en otros formatos, sino también actividades “a medida”, juegos, desafíos, etc. De este modo, lograremos amenizar la lectura del material teórico.
Bienvenidos, docentes, a la modalidad virtual.
Sin embargo, una vez que hemos llegado, ¿dónde estamos? La modalidad virtual no es un punto de llegada sino tan solo de partida. ¿Por qué? Pues, si bien las cuestiones disciplinares pueden permanecer más o menos constantes, hay cuestiones pedagógicas que necesitan ser revisadas e investigadas en estos nuevos entornos, y el aspecto tecnológico está en permanente cambio. Sabemos que esta modalidad nos brinda nuevas posibilidades y a la vez nos genera nuevos interrogantes. Recordemos que ya no nos estamos refiriendo a una enseñanza remota de emergencia, sino a desempeñarnos con las habilidades necesarias como docentes en las aulas virtuales.
Lo que sí sabemos es que el aprendizaje es de carácter social, aprendemos con y de los otros. Una idea que se ha popularizado en la educación virtual es la de “educación sin distancias”, pues permite que alumnos de diversas partes del planeta converjan fácilmente en un espacio de aprendizaje, cuestión que con la presencialidad se complica. En este sentido, tendríamos a “los otros”. Sin embargo, la distancia física del alumno virtual con sus compañeros y docentes podría resultar un escollo en el camino bajo esta concepción social del aprendizaje. ¿Cómo sortear la percepción de soledad del alumno en educación a distancia? Esta pregunta está en el corazón de este libro, pues para aprender es preciso interactuar con los demás, y para interactuar con los demás necesitamos, además de oportunidades, un clima cálido y de confianza, donde nos sintamos seguros, sin temor a equivocarnos.
A lo largo de las próximas páginas nos iremos adentrando en estas cuestiones. No se trata de establecer los modos adecuados de intervenir en los foros virtuales, pues los objetivos que perseguimos en ellos pueden ser muy diferentes, como así también los estilos y las posibilidades de los docentes. La intención es abrir un espacio de reflexión didáctica, que nos invite a tomar conciencia de aquello que tenemos en cuenta durante nuestras prácticas y aquello que nos pasa desapercibido. En el capítulo 2 definiremos qué son los foros de intercambio y su utilidad. En el capítulo 3 estableceremos el marco desde el cual nos posicionaremos: los enfoques socioculturales, para, de este modo, examinar la interacción en los foros virtuales desde ese marco teórico. Así, en el capítulo 4 podremos avanzar sobre los diferentes modos de interactuar, representados mediante redes de interacción que encontramos en los foros. Pero ¿cuáles son los motivos que definen estos diferentes tipos de redes? Profundizaremos sobre dos probables factores: en el capítulo 5 nos detendremos en los mensajes del docente y en el capítulo 6, en el diseño de las consignas, ejemplificando con algunas propuestas.
Pero antes de comenzar a recorrer los capítulos, quisiera dejarles una historia que tal vez muchos de los lectores conozcan. Creo que vale la pena ser relatada: comencemos siendo empáticos con quienes nunca la escucharon.
Un grupo de investigadores encerró a cinco monos en una jaula. En el centro de la jaula colocaron una escalera, y en el escalón más alto, un racimo de bananas. Cada vez que uno de los monos subía a buscar una banana, los científicos le tiraban un chorro de agua fría a presión a los monos que se quedaban abajo. Imaginarán el miedo que se le infundía a estos animales, a tal punto, que luego de cierto tiempo, cuando algún mono intentaba subir la escalera para conseguir una banana, el resto de los monos se lo impedían, mediante gritos y golpes. Con el tiempo, todos habían perdido las ganas de subir la escalera, por más delicia que les esperara.
