Despistados - Renato Quintana - E-Book

Despistados E-Book

Renato Quintana

0,0

Beschreibung

Un despistado es una persona distraída, desorientada, muchas veces olvidadiza, pero, ¿quién no lo ha sido en algún momento de su existencia? Despistados es una recopilación de doce cuentos del autor que nos muestran situaciones de nuestro diario vivir, y nos preguntamos: ¿serán los únicos? En más de una ocasión hemos buscado nuestras lentes y las teníamos puestas, u observado o señalado a alguien en el lugar equivocado, no por su propia voluntad, sino porque en ese momento se distrajo o es despistado por naturaleza. Esta es la característica de uno de nuestros personajes, es despistado por naturaleza. Lo fue en el momento de su nacimiento, equivocando el medio de su sustento; luego lo encontramos confundiendo a su abuela, años más tarde lo observamos abordando un tren equivocado; a continuación, perdido en Miami y, al final, olvidando una boda. Es un despistado incurable. Siguiendo con nuestro hilo narrativo, encontramos otros personajes de diferentes estratos sociales e intelectuales adoleciendo del mismo mal. Así, uno trabaja arduamente y no se da cuenta de que está en el lugar equivocado. Un rey que nunca fue apreciado en su reino. El no menos despistado de todos es nuestro doctor que no distingue una loza de cocina de otra de usos menos dignos. Una chica orgullosa que se cree una diva o un joven arrogante que se considera un conde. Cambiamos un poco el panorama con don Bartolo, ¿quién estaba desubicado aquí? Usted califique. Cerramos con un ser que espero que mueva nuestras fibras íntimas, alguien que sí supo cuál debería ser su lugar, pero que nadie se lo permitió. Ese es nuestro defenestrado.

Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:

Android
iOS
von Legimi
zertifizierten E-Readern
Kindle™-E-Readern
(für ausgewählte Pakete)

Seitenzahl: 60

Veröffentlichungsjahr: 2024

Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:

Android
iOS
Bewertungen
0,0
0
0
0
0
0
Mehr Informationen
Mehr Informationen
Legimi prüft nicht, ob Rezensionen von Nutzern stammen, die den betreffenden Titel tatsächlich gekauft oder gelesen/gehört haben. Wir entfernen aber gefälschte Rezensionen.



© Derechos de edición reservados.

Letrame Editorial.

www.Letrame.com

[email protected]

© Renato Quintana

Diseño de edición: Letrame Editorial.

Maquetación: Juan Muñoz

Ilustraciones por: Josué R. Sierra

Diseño de cubierta: Rubén García

Supervisión de corrección: Celia Jiménez

ISBN: 978-84-1068-915-2

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».

.

A Dios, quien nos da la vida y el ánimo para escribir.

A mi familia.

A mi hija Tannia, quien colaboró en la revisión del texto.

A Sarita Rolla, mi profesora de Literatura, quién me animó a escribir.

A ti querido lector por poner tu atención en este pequeño libro.

PRÓLOGO

Una definición muy conocida de cuento sostiene que se refiere a un relato breve real o imaginario en la que intervienen pocos personajes. Cuando decimos cuento corto nos referimos a un escrito cuyo contenido es menor que un cuento tradicional.

En un mundo tan acelerado, en el que sobreabunda el estrés, el va y viene, el tiempo parece esfumarse con la velocidad del sonido y no nos permite muchas veces realizar nuestras actividades diarias y recrearnos en lo que tanto nos apasiona. Necesitamos, como bien lo definió la escritora española Mariana Mayoral, «un navajazo»: un cuento, una lectura corta que nos haga reír y también llorar; que se interiorice y logre tocar no solo nuestro intelecto, sino nuestras emociones.

Un despistado es una persona desorientada, distraída, que no se da cuenta de lo que sucede a su alrededor. ¿Quién en algún momento de su vida no lo ha sido? ¿Quién no ha tomado un autobús equivocado? ¿Quién no ha entrado a un lugar que luego se ha dado cuenta de que no era el indicado? Personas hay que buscan afanosamente sus lentes y las llevan puestas.

Un despistado a veces lo encontramos en la cuna; «Ese soy yo». Puede llegar a ser el hazmerreír de los demás, cometer acciones absurdas o indebidas, no por maldad, sino por lo que es; «Me equivoqué de abuela». Un despistado se sube a un transporte equivocado, se pierde en la ciudad; «Perdido en Miami». Un despistado olvida con facilidad sus compromisos, no porque quiera hacerlo, sino porque todo lo distrae; «Por un poco y no se casa». Es alguien que nunca comprendió su lugar en la vida, que creyó ser alguien y se encontró trágicamente en un lugar inesperado, como el Conde Nado; Rita, nuestra desubicada del relato «De la gloria al infierno». Despistado, el que creyó ser la persona que necesitaba el pueblo y se equivocó; «El rey miedos».

Después de conducirnos un poco a la risa, cerramos nuestra historia con el sol triste. ¡No! El sol es para despistarnos. «Defenestrado» pretende tocar nuestra sensibilidad humana. Y si aún nuestros ojos producen lágrimas, ¡qué mejor excusa para dejarlas salir! Descúbrelo por ti mismo.

Despistados nos presenta en doce relatos —algunos cómicos, otros acariciarán nuestro lado sensible— situaciones de la vida que quizás más de algún ser humano ha enfrentado, ya que todos en algún momento de nuestra existencia hemos sido «despistados».

ESE SOY YO

Era la madrugada del 31 de octubre de un año del siglo xx. Esa mañana, el huracán Hattie golpeaba con todas sus fuerzas la fresca ciudad de San Pedro Sula. Según la historia, este fenómeno azotó a América Central, acabando con la vida de 319 personas, alcanzando la categoría cinco. Golpeó fuertemente a Belice, Guatemala y Honduras, produciendo en esa oportunidad (el que lea entienda) pérdidas por USD 60.3 millones. Así que los árboles se desgajaban. Pesadas ramas caían sobre los techos de las casas, la mayoría de madera, pero con un estilo colonial. Los patios se llenaban de frutas. En casa abundaban las naranjas, mangos, guayabas y, si mal no recuerdo —no olviden que soy despistado—, una fruta dulce, parecida a la granadilla, a la que llamaban «seronias». Nunca más las he visto en mi vida. Pues en ese amanecer, los cielos parecían enemistarse con la tierra. Truenos y relámpagos se sucedían uno a uno. La rama de un árbol de San Juan crujió con un lamento tan grande cuando se precipitó sobre el hermoso patio de la casa, herida mortalmente por un rayo.

Mi madre, que ya rondaba los nueve meses de embarazo, lanzó un grito espantoso y se desplomó sobre la cama. Cuando mi abuelo y mis tíos acudieron de prisa se morían de la risa. Al despertar, se preguntó cuál sería el motivo de tanta hilaridad. Ella no se daba cuenta.

Un recién nacido todavía unido al cordón umbilical estaba aferrado, succionando el dedo gordo de su pie derecho. Se había equivocado de pezón. Ese era el motivo de su jolgorio. La fiesta llegó a su clímax cuando la curiosa de mi bisabuela quiso saber el sexo del pequeño y, al abrirme las piernas, recibió un certero disparo entre los ojos. Al cielo gracias que andaban puestas sus lentes. Todos gritaron: «¡Es varón!». Y volvieron a reír.

Otros hicieron chiste de mi contextura física, ya que era muy delgado; dijeron que el fuerte viento había arrancado una de las ramitas del San Juan y la había tirado en la cama de mamá. Lo que sí es cierto es que a partir de ese momento todos me tomaron mucho cariño, se peleaban por cargarme en sus brazos.

Mi abuelo me sentaba entre sus largas piernas cuando fumaba su vieja pipa. Yo, imitaba el movimiento de su boca al expulsar el denso humo. También mis tíos se disputaban el momento de jugar conmigo. Todos me querían. Solo que todavía no entiendo la causa; será por lo del dedo; me apodaron el «Despistado». Ese soy yo.

ME EQUIVOQUÉ DE ABUELA

¡Mi abuela! ¡Oh, sí, mi abuela! En realidad, no era mi abuela. Era mi bisabuela, ya que la que fue mi abuela murió antes de que yo naciera. La pobre, habiendo sido madre de siete hijos, esperaba con ansiedad su último parto de gemelos, los cuales no logró abrazar, ya que la muerte la encontró dos o tres meses antes que nacieran. Todavía recuerdo las lágrimas de mi madre al narrarme cómo ella fue testigo de su muerte. Estaba subida en una especie de taburete cambiando unas flores en la sala cuando de repente hizo algunos gestos con las manos como si quisiera espantarse algunas moscas del rostro. Eso e irse de espaldas para caer sentada sobre el piso fue en un abrir y cerrar de ojos. Mi madre corrió a auxiliarla, cuando vio que de su boca salió una boconada de sangre muy espesa. Su madre se le quedó viendo con unos ojos muy tristes. Y ella era tan solo una niña de catorce años, espantada, sin poder hacer nada. Y le tocó vivir esa tragedia.

Salió apresurada en busca de la abuela Nila, que así se llamó mi bisabuela. La viejita venía corriendo de su casa, que quedaba doscientos metros más abajo. Dejaba las sandalias en el camino y la que sería mi madre las recogía hasta llegar a casa.