Destino casual - Noel Pérez - E-Book

Destino casual E-Book

Noel Pérez

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Beschreibung

Destino Casual. Momentos de una vida es una obra que no te dejará indiferente. En este libro se relatan una serie de aventuras por parte de un soñador que decidió emprender un largo camino de la mano de su balón de futbol y que en el transcurso de su vida fue descubriendo infinidad de nuevas realidades en forma de vivencias alrededor del mundo y anécdotas divertidísimas que esperan producir al lector todo tipo de emociones. Pónganse el cinturón de seguridad y prepárense para disfrutar de este interminable viaje.

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Seitenzahl: 320

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Destino Casual: Momentos de Una Vida

Noel Pérez

ISBN: 978-84-19925-03-9

1ª edición, enero de 2023.

Conversión de formato e-Book: Lucia Quaresma

Editorial Autografía

Calle de las Camèlies 109, 08024 Barcelona

www.autografia.es

Reservados todos los derechos.

Está prohibida la reproducción de este libro con fines comerciales sin el permiso de los autores y de la Editorial Autografía.

Índice

Capítulo 1

Romário, el origen

Capítulo 2

¿Quién me iba a decir a mí que acabaría siendo entrenador?

Capítulo 3

Hores de vol

Capítulo 4

¡Shalom Israel!

Capítulo 5

Realidades paralelas

Capítulo 6

Sevilla

Capítulo 7

Ella

Capítulo 8

El Águila y el Cóndor

Capitulo 9

África c’est ici!

Capítulo 10

Luz al final del túnel

Capítulo 11

China forever

Capítulo 12

The COVID effect

Capítulo 13

Annus Horribilis

Capítulo 14

El futuro será de otro color y agradecimientos

“A mi padre y

a mi hermana. De

alguien que nunca

olvida. Nos vemos

en el otro lado.”

Capítulo 1

Romário, el origen

Nunca me olvidaré de aquella tarde del año 1994 cuando mi padre me preguntó:

—¿Quieres ir a entrenar con un equipo de fútbol?

En ese preciso momento empezó una verdadera historia de amor que después de 25 años sigue coexistiendo en mí y ese ha sido el motivo principal para escribir mi primer libro a modo de bibliografía sobre el autor, o mejor dicho, un libro con todo tipo de vivencias y revelaciones que esperan ilustrar y entretener al lector, forme parte del mundo fútbol o no.

Volviendo a ese primer día, recuerdo mi cara de felicidad en cuanto oí la propuesta de mi padre y mi respuesta a modo de gritos de felicidad, ¿Si! ¡Si! ¡Si! Aún recuerdo la cara de incredulidad de la recepcionista del gimnasio en el cual estaba inscrito en ese momento y en la cual mi padre minutos antes le propinó un rapapolvo monumental, aunque no recuerdo el motivo en cuestión ya que era un renacuajo de tan solo cinco añitos, pero a favor de aquel gimnasio donde asistí junto a varios compañeros de clase durante varios meses, tengo que decir que guardo grandes momentos como por ejemplo aprender a nadar en aquella piscina semi clandestina situada en la parte baja del edificio y disfrutar con mis compañeros de batalla diaria donde parece ser que no era suficiente el compartir casi todo el día unidos en las aulas, sino que también cohabitábamos un par de horas más en aquel lugar de lunes a viernes.

Aún recuerdo con mucha emoción la ruta del gimnasio al campo de fútbol y la primera vez que pisé un terreno de juego y aunque tengo que reconocer que llegué tarde a mi primer entrenamiento, allí se encontraban, en una esquina del campo, un solo grupo de jugadores haciendo extraños movimientos a modo de figuras geométricas (luego descubrí que eran estiramientos) y una figura de entrenador autoritaria justo al lado esperando mi llegada ya que los vestuarios estaban justo al otro lado del campo donde estaba el equipo. El entrenador me presentó oficialmente al equipo y desde ese preciso momento fui uno más.

Todo lo que sabía sobre fútbol hasta ese momento me lo había enseñado mi padre. Él fue un apasionado de este deporte, que se quedó a las puertas del fútbol profesional en su juventud debido a un fatídico accidente de motocicleta, y quedó seriamente afectado y con poco más de 20 años tuvo que despedirse de la práctica del fútbol. Llegó a ser jugador de la selección Catalana juvenil y estuvo relacionado directamente con el Real Betis ya que justo antes de aquel accidente fue contactado oficialmente por un representante de la entidad para fichar por el primer equipo que en aquella época de los 70 militaba en la primera división del fútbol Español. Otro recuerdo que guardo intensamente son aquellos sábados por la noche viendo jugar al Dream Team del FC Barcelona cuando el partido lo daban en abierto en TV3, mi padre sentado en aquel sillón al fondo del comedor y yo al lado viendo aquel maravilloso espectáculo. Él era seguidor del Barcelona aun siendo de procedencia Andaluza y él mismo me inculcó la pasión tanto por el fútbol como por el equipo culé, pero siempre desde un punto de vista de sentimiento de pertenencia a la tierra que a él le acogió (Catalunya) y de forma activa simpatizando con los otros equipos de la misma comunidad, incluido el archienemigo de la ciudad, el RCD Espanyol de Barcelona, en el cual tengo una gran vivencia que después relataré.

El primer club de fútbol el cual pertenecí fue el Juventud 25 de Septiembre de Rubí, ciudad próxima a Barcelona y el cual está situado al final de un barrio de clase humilde, creado a raíz de una inundación terrible que ocurrió un día 25 de Septiembre del año 1968 dejando a numerosos fallecidos y casas destruidas por aquella riada donde a raíz de aquel suceso se decidió construir un barrio para aquellas personas que se quedaron sin nada y a modo de homenaje se decidió poner como nombre la fecha de aquel fatídico día. Aquel campo de fútbol de dimensiones reducidas y constitución intimidante era el orgullo del barrio ya que el sentimiento de pertenencia siempre ha permanecido muy latente entre la comunidad y el club, sin duda es de esos lugares donde eres recibido de manera cálida y cercana siempre y cuando pertenezcas al colectivo, pero como jugador o aficionado rival mejor era tener mucho cuidado con lo que hacías y sobre todo decías, muy intimidante campo de tierra de barrio en los años 90.

En mis primeros tiempos como jugador de fútbol, empecé a destacar sobre el resto de mis rivales debido a mi gran velocidad y sobre todo a la capacidad para definir en situaciones de área, con lo cual mi primer entrenador no dudó el situarme en la posición de delantero y además dirigirse a mí como “Romario” crack del fútbol mundial en aquella época y del cual mi padre me regaló mi primera camiseta del Barça con el nombre y número del astro Brasileño, cosa que hizo más fácil relacionarme con ello y ahí quedó ese apodo que duró por muchos años entre la gente del “Veinti” donde a día de hoy todavía los más veteranos del lugar se dirigen a mí de ese modo.

La vinculación que he tenido con aquel club fue muy bonita e intensa debido a los grandísimos momentos vividos y éxitos cosechados por aquel grupo de jugadores y técnicos los cuales jugamos juntos durante casi una década, ganando competiciones y haciendo vibrar a todo un barrio, y con mis más de 500 goles marcados con la camiseta Roja y Amarilla se puede confirmar a día de hoy que yo sigo siendo el máximo goleador en la historia del club… bendita nostalgia.

Tanta fue mi implicación con aquella entidad que me llevé una buena “marca” que forma parte de mí y en la literalidad, aunque más bien a modo de 12 puntos de sutura situados en la parte alta de mi frente, que hace de mi apariencia un tanto más genuina. El infortunio transcurrió una tarde de entrenamientos del año 1997, justo antes de iniciar la sesión, varios de nosotros estábamos fuera de los vestuarios, que se componían por una especie de barracones dentro de una estructura rectangular, la cual se podía rodear perfectamente, cosa que aprovechamos para realizar todo tipo de actividades, como por ejemplo jugar al pilla pilla entre nosotros, con la desgracia de chocar con un compañero de equipo a alta velocidad cabeza contra cabeza ya que cada uno circulaba en dirección opuesta y justo encontrarmos en una de las esquinas que a 90 grados fue imposible percibir la llegada del otro y la ciencia explicaría el desencadenante final. Recuerdo que no perdí la conciencia en ningún momento y fue algo sorprendente ya que la brecha era muy grande y perdimos muchísima sangre, cosa que alarmó tremendamente a los presentes y llamaron a una ambulancia lo más rápidamente posible. Tocó que me cosieran por primera vez en forma de puntos de sutura y me brindaron un tremendo y aparatoso vendaje el cual me hacía parecer una especie de ser extraterrestre muy parecido a la figura de la mítica película de Spielberg E.T. A todo esto, hay que añadir que fue mi compañero quien se llevó la peor parte pues al ser más alto que yo su brecha también quedó un tanto más abajo incluso llegando a ser perceptible desde la parte alta de la nariz y con lo cual es prácticamente imposible de disimular semejante herida de guerra infantil. Después de llegar del hospital yo me encontraba en casa de mi abuela y mis padres aún con el susto en el cuerpo estaban más relajados cuando yo decidí volver a quebrantar su felicidad ya que después de unos tremendos mareos que casi llegaron a la inconsciencia, aquella misma noche fui llevado de urgencias donde después de realizarme todo tipo de pruebas, el informe final dictaminó un traumatismo craneoencefálico leve y no había de qué preocuparse, así que una noche durmiendo y comiendo una especie de sopa de letras horripilante en el hospital y vuelta a casa para estar varias semanas sin poder realizar el deporte que amaba.

La temporada de 1999 fue inolvidable para mí, el equipo funcionaba a las mil maravillas y no parecía que estábamos compitiendo de manera un tanto anómala, como lo estábamos haciendo ya que esa temporada y la anterior competimos en categoría en la edad benjamín dentro de una federación alternativa a la Catalana de nombre ADEFUBE, la cual se desarrollaba íntegramente por jugar a Fútbol 11 y sí, podéis imaginar lo que supone que niños de ocho años sin fuerza alguna estuviéramos jugando en un campo de dimensiones enormes para la etapa formativa, totalmente me recordaba a aquellas secuencias de ataque interminables de la famosa serie de dibujos animados Oliver y Benji, el cual yo era un fanático, y no faltaba chuparse un par de episodios a las 08:00 A.M todas las mañanas antes de ir al cole. Al final de esa temporada el equipo obtuvo el subcampeonato de liga y en lo personal con más de 40 goles, esa fue la temporada con más tantos marcados jugando a fútbol 11 (sin contar amistosos y torneos de verano) y en donde recuerdo perfectamente el último partido en casa contra el equipo que ganó aquella liga, consiguiendo nuestra revancha personal ganando 2-1 marcando los dos goles de la victoria. Justo después de aquel partido un ojeador del RCD Espanyol se presentó oficialmente a la directiva y llamaron a mi padre para decirle que llevaban un tiempo siguiéndome tanto a mí como al portero de nuestro equipo y estaban muy interesados en que nosotros hiciéramos una prueba oficial para fichar para el próximo equipo alevín de nueva creación, y estando a un paso de cumplir el sueño de todo deportista cuando la élite llama a la puerta. Recuerdo los días previos al primer entrenamiento con el RCD Espanyol con un estado de nervios-ansiedad-felicidad tremendos ante la oportunidad única que se me presentaba hasta que llegó el día, aunque mis primeras sensaciones fueron extrañas ya que el lugar donde se realizaría el entrenamiento era un campo de tierra bastante antiguo situado en el distrito de Montjuic y es que en aquella época se estaba construyendo la nueva ciudad deportiva de Sant Adrià del Besos. Una vez llegados al vestuario que tenía un aura viejuno, me dispongo a abrir mi mochila y para mi sorpresa descubro que mi padre me había preparado una camiseta del FC Barcelona para utilizarla en el entrenamiento. Yo me quedé pensativo por un instante ya que a mis diez añitos ya podía entender que quizás no era lo más correcto llevar la camiseta de tu “enemigo” deportivo al entrenamiento pero esa sensación duró solo unos segundos, así que esperé a que terminase de cambiarse mi compañero y salimos al campo de fútbol, donde para mi sorpresa ¡éramos más de 50 jugadores! Era un equipo de nueva creación, pues se decidió realizar una selección completa de 18 jugadores así que la tensión si no era ya suficiente, pues quedó bien servida. Una vez terminado el primer entrenamiento las sensaciones personales eran favorables y así me lo transmitió mi padre ya que le habían comunicado que continuaría entrenando con el equipo, pero no tendría la misma suerte el portero de mi equipo ya que fue descartado y parecía que su sueño había terminado, aunque unos años más tarde fue él mismo quien acabó jugando en la cantera periquita, cosas del destino. A cada entrenamiento que asistía durante aquellas tres semanas frenéticas el grueso del grupo fue descendiendo debido a los descartes que se iban realizando de manera simultánea, aquella sensación me recuerda a los casting para entrar en la academia de OT donde vas pasando rondas hasta ser uno de los pocos elegidos para entrar en la academia; ¿sería capaz de entrar yo finalmente?

Los entrenamientos seguían su curso y tanto mi persona como la camiseta del Barça seguían fieles en los días de batalla, tanto es así que aún recuerdo con mucho cariño cuando lo que parecía un delegado del equipo, una persona mayor que colaboraba en los entrenamientos y se colocaba de portero en algunas situaciones de partido me picaba para que marcase menos goles con aquella camiseta infernal que llevaba puesta, lógicamente estas actitudes fueron en un plan amable y cercano, aunque bien no consiguió su objetivo, y yo me motivaba aún más si cabe. Después del último entrenamiento los nervios estaban a flor de piel ya que era el momento de tomar las últimas decisiones de aquel grupo de jugadores, unos 22 que habían batallado durante tres semanas para alcanzar la gloria deportiva y conseguir firmar por una de las mejores canteras de España. Una vez llegados a casa mi padre me explicó la resolución de aquella reunión donde la decisión final fue: -No ficharás por el Espanyol la próxima temporada, aunque lo más increíble de esta historia fue que la última palabra la tuvo mi propio padre ya que el club le manifestó que podría ser fichado pero no dispondría de muchos minutos y que la decisión en este caso era nuestra. No me quiero ni imaginar lo que hubieran hecho tantas familias para conseguir tener en sus manos una decisión como esta sin importar siquiera si su hijo jugaría tan solo un partido con el club porque el mero hecho de pertenecer a una entidad de esa índole es una garantía para un futuro profesional, pero mi padre decidió mirar más por mi bienestar e intentar erradicar mi garantizado sufrimiento en el caso de no disponer de minutos y decidió continuar adelante con mi progresión hasta llegar oportunidades futuras, donde finalmente se acordó que el club continuaría realizando un seguimiento cercano a mis evoluciones y el agradecimiento de haber contribuido de manera activa al crecimiento del fútbol base de la entidad. Así es la vida… para mí fue un golpe tremendo quedarme fuera y mi reflexión que aún perdura a día de hoy es que yo hubiera luchado por tener minutos y no desaprovechar una oportunidad como esa. Los trenes suelen pasar pocas veces y desafortunadamente nunca jamás tuve una oportunidad como esa en mi periplo como futbolista.

Como en esta vida “nada es para siempre” la decepción no duró demasiado y más siendo niño así que rápidamente le perdoné al fútbol aquella desilusión y arrancó la siguiente temporada, la primera en categoría alevín aunque por aquel verano de 1999 tomé la decisión de cambiar de aires y probar suerte en el otro equipo de la ciudad, uno al cual solíamos ganar sin muchas dificultades en los años anteriores, aunque eso no fue ningún impedimento para enfundarme la camiseta del CE Olimpic Can Fatjo, también en Rubí, y que fue el segundo club más importante en mi corta vida como jugador. Por aquel entonces esperaba una cierta resistencia por parte de mi padre ante tal decisión, pero él continuó por esa línea de dejar hacer y afrontar las consecuencias de tus decisiones, cosa que considero un pilar fundamental en la educación de un individuo y que por desgracia cada vez se observa con menos frecuencia en el proceso educacional, por lo menos en el mundo occidental. Nuevos compañeros, nuevas sensaciones, pero mismo objetivo, el gol. La experiencia no duró ni una temporada pues antes del final de la misma decidí volver al equipo de siempre. Esto sucedió después de haber jugado en partido de liga contra mis compañeros de siempre y ser víctima de diversas burlas por haber perdido aquellos dos partidos de liga y por haber desertado al rival de la ciudad más débil, por lo menos en aquella generación. Pero nunca olvidaré la sensación de volver a jugar en aquel campo donde había compartido tanto, ese tipo de experiencias son indescriptibles y solo aquel que lo ha vivido desde adentro podrá entender la magnitud de ello. La temporada pasó con más pena que gloria ya que el equipo no ganaba demasiado partidos, aunque mis cifras goleadoras eran más que aceptables con lo cual a mediados de temporada el club decidió que pasase a jugar una categoría por encima y poder ayudar al equipo “A” a subir a la preferente catalana. Finalmente no se consiguió, pero la experiencia mereció la pena. Antes de finalizar la temporada le comunique a mi padre la decisión de volver a la que había sido nuestra casa desde que empecé a darle patadas a un balón, a lo que él accedió agradecido y aún más el que había sido mi entrenador (Jose Luis Castillero) que me abrió las puertas de par en par. A modo de anécdota, recuerdo que una vez de vuelta con el grupo y a falta de jugar nada más que los torneos de verano, el club decidió volver a realizar una foto oficial de equipo donde estuviese yo también en el grupo. Sin duda ese fue un gran gesto que recuerdo con emoción a día de hoy y por supuesto esa fotografía ocupa un buen lugar en mi hemeroteca.

Nueva temporada (2000-2001) de vuelta a casa y grandes prestaciones consiguiendo el ascenso y marcando más de 30 goles no presagiaban el triste final en aquel verano de 2001 donde mi padre falleció de manera natural y repentina en casa, puede decirse que delante mío. No hay palabras para describir tanto dolor que aún perdura ya que perder a un padre siempre es duro, ley de vida, pero el hecho de perder a un familiar tan cercano cuando no eres más que un niño al cual le quedan tantas vivencias… es especialmente difícil y esta situación marcó un antes y un después en mi vida y en los caminos que decidí tomar de ahí en adelante, hasta el día de hoy. Puedo decir con orgullo que de mi padre he heredado el FÚTBOL, y que mi vida profesional esté ligada a este maravilloso deporte no es más que un reconocimiento y homenaje a su persona y con ello la dedicatoria de este libro.

Un mes después de aquellos hechos empezaba la siguiente temporada de 2001-02 y que afrontaba grandes cambios como por ejemplo la entrada en el Instituto, etapa en la cual se experimenta un popurrí de sensaciones y vivencias ya que la adolescencia y las hormonas hacen su trabajo y con tanta bomba de relojería en aquella etapa evolutiva éramos capaces de lo mejor y de lo peor. Jugué los dos años de categoría Infantil con nuestro equipo de siempre y fueron bastante buenos, con otro ascenso en la primera temporada y un último partido de aquella liga que jamás olvidaré por los hechos que allí acontecieron. Nuestro rival era uno de los mejores de Catalunya por aquel momento (Jabac Terrassa) rival donde jugó en etapa formativa nada más ni nada menos que Xavi Hernández y donde yo estuve a punto de firmar con ellos unas temporadas más tarde, declinándose en el último momento. El partido tenía una connotación especial porque el portero que tuvimos desde que empezamos aquel grupo de jugadores (el mismo de las pruebas en el RCD Espanyol y amigos con cinco años) ya llevaba un par de años jugando con el rival, esta era la primera vez que íbamos a jugar contra él y el partido resultó en un encuentro lleno de tensión tanto dentro como incluso en las gradas, donde cerca estuvieron de presenciarse hechos realmente desagradables. Mi motivación era máxima ya que competir contra mi ex compañero de tantas vivencias, incluida aquella tan importante del Espanyol, era superior a mí y recuerdo los nervios antes de aquel partido y de las ganas tremendas de marcarle un gol, pues bien fueron tres y una victoria de 4-2 para finalizar la temporada de la manera más feliz posible, aunque al final de aquel partido hubo un hecho que nunca olvidaré y fue protagonizado por el padre del portero en cuestión, un ser algo deleznable con actitudes y comentarios fuera de lugar… vamos, una persona tóxica. Cuando iba camino a la puerta de salida con una sonrisa descomunal me encontré con este individuo antes de llegar y después de una mirada que le propiné un tanto chulesca (sí, lo reconozco) ya que el pique viene de lejos, a él no se le ocurrió otra cosa que decirme en voz alta: “Da igual, porque no llegarás a ser nadie en el fútbol y mi hijo sí”. Parecía que iba tener razón aquel hombre ya que la temporada siguiente firmó por el equipo cadete del RCD Espanyol, sí, aquel que lo descartó después de la primera prueba, y claro eso despertó no precisamente admiración en mí ya que realmente no entendía que él hubiese llegado y yo no, aunque haciendo una valoración final de aquellas palabras que ocupan un lugar de privilegio en mi imaginario más consciente, se puede afirmar que no pudo estar más equivocado si tenemos que comparar las trayectorias de ambos en el planeta fútbol.

Después de aquello nadie iba a pensar que la trayectoria de nuestro equipo iba a finalizar de manera abrupta, ya que nuestro entrenador, Jose Luis iba a renunciar para la temporada próxima con el consiguiente desmantelamiento de todo el equipo. Sin duda, Jose Luis fue mi primera gran influencia en el fútbol, exceptuando a mi padre ya que él fue una figura protectora, y consiguió de manera sublime hacer funcionar a un grupo de niños que desde los 5 a los 13 años desarrollaron una de las mejores hornadas de jugadores en la historia de la entidad. No tengo más que palabras de agradecimiento hacia su persona y todo lo que hizo para mantener la llama del fútbol más viva que nunca, gracias por tanto.

Capítulo 2

¿Quién me iba a decir a mí que acabaría siendo entrenador?

La temporada 2003-04 fue significativamente inusual en el panorama futbolístico, por ejemplo, el Valencia consiguió ganar la liga Española, cosa de por sí muy meritoria ya que no hay que olvidar la tremenda tiranía en cuanto a títulos que ostenta el Real Madrid y FC Barcelona. Otro hecho altamente anómalo fue la final de aquella Champions League protagonizada entre el Mónaco y el Porto, ganando este último por un contundente 3-0, pero el hecho sin duda más impactante fue el sorpresón que protagonizó la selección nacional de Grecia proclamándose campeona de la UEFA Euro 2004 en Portugal, ganando por dos veces y en la finalísima al equipo anfitrión el cual destacaron figuras como Figo, Rui Costa y un muy joven y desconocido Cristiano Ronaldo en la que fue su primer gran torneo en cuanto a participación. Recuerdo vivir intensamente aquellos partidos en el verano de 2004 como gran aficionado del fútbol, viendo las retransmisiones del grandísimo locutor José Angel de la Casa y esperando de una vez por todas que la selección Española hiciese un papel al menos digno en aquella participación, ya que el número de fracasos en los últimos años había sido notorio y en el cual me fui enganchando a la selección más débil (Grecia) de aquella Eurocopa una vez iba pasando rondas y sorprendiendo a todo el mundo con un equipo y entrenador absolutamente desconocidos para el gran público, y en especial a mi persona ya que un friki de tal dimensión como así lo era, no me sonaban aquellos nombres ni de haber jugado alguna vez con ellos al FIFA o PES. Recuerdo que cuando llegó a la final yo ya tenía claro cuál era mi preferencia en cuanto a ganador y así preparé mi grabadora de VHS para grabar aquel histórico partido que, sin duda, bien mereció la pena y es que aquel hito marcó un antes y un después en mi concepción personal sobre el fútbol y me abrió las puertas del conocimiento de una práctica que se asemeja más a un juego como el ajedrez que a un deporte arcade como podría ser el Hockey sobre Hielo, ¡viva el fútbol, señores!

Aquella temporada volví a la que fue mi segunda casa, para jugar nuevamente con la camiseta del Olimpic ya que, entre otros, estaba deseoso de poder por fin jugar de manera habitual en un campo de césped y dejar atrás los moratones y heridas continuas que te propina la árida arena. Las cosas no empezaron demasiado bien ya que una serie de molestias en la zona lumbar de manera continuada y tras pruebas para descifrar mi dolencia, finalmente desencadenó en una escoliosis de grado medio que aunque no representaba problema para seguir jugando al fútbol, yo decidí el dejarlo provisionalmente ya que no me sentía nada cómodo con tanta molestia, que además se acrecentaba en cuanto la intensidad aumentaba. Aquel equipo lo lideraba un entrenador joven pero que conectaba de manera eficaz con especímenes sobre hormonados como nosotros y conseguía cierta sensación de Feedback y junto con su ayudante, una chica muy simpática y jovial que le dio un plus de frescura al grupo y que desgraciadamente falleció tiempo más tarde por culpa del maldito cáncer, entre todo ello se consiguió una verdadera sinergia. Al mes de haberlo dejado y de manera repentina nuestro portero resultó baja y a mí se me encendió una luz que llevaba siempre escondida, el deseo de ser portero, el cual me dio algunos quebraderos de cabeza con mi padre ya que se lo había propuesto varias veces y el cual me llamaba poderosamente la atención el sentimiento de estar en la otra cara de la moneda, acostumbrado al cara a cara contra un portero y al gol en general. Pues bien, yo me ofrecí para ser el nuevo portero, ¿por qué no? Era menos esfuerzo y estaba claro que no tendría mejor oportunidad para sentir aquello, así que después de una negativa y de mi insistencia, finalmente los entrenadores (Eloy y Ainhoa) accedieron, lo cual significó una nueva realidad y guardo grandes recuerdos de aquellos partidos bajo palos, como por ejemplo y después de varias actuaciones decentes, disputamos un partido a modo de derbi contra nuestros vecinos del Junior FC, el cual habían venido mis mejores amigos a verme y por qué no a reírse de mí ya que era inconcebible que él “Romario” ahora fuese portero, pues bien paré mi primer y único penalti delante de ellos y además a falta de 15’ para el final y perdiendo por un gol se me encendió otra de esas luces que parecían presagiar mi futuro como técnico. No se me ocurrió otra cosa que pedirles a los entrenadores ingresar como jugador ya que otro compañero quería probar en la portería y yo estaba más que motivado para darle la vuelta a ese partido, rechazándolo en un primer momento, pero dos minutos después retrocedieron y me dieron la oportunidad, ósea hay que cambiarse la camiseta pero no así el pantalón, que era de esos largos estilo portero con sus protecciones incómodas, así que menuda pinta tenía con camiseta de jugador y pantalón de portero, pero de esa manera ingresé al campo y lo que pasó fue uno de los mejores recuerdos que aún perduran en mí, dos goles y una asistencia que cambiaron el resultado a un 2-4 victoria final. Aún recuerdo las caras de estupefacción de los entrenadores rivales y sus reiteradas quejas al árbitro una vez acabado el partido ya que reiteraban una supuesta vulneración de las normas con mi ingreso al campo, aunque yo más bien puedo imaginar la sensación de incredulidad que se les debió quedar a ellos.

No podía ni imaginar la repercusión que aquella llamada recibida durante el mes de marzo de aquel 2004 iba a tener en mi vida hasta el día de hoy. Muchas veces los pequeños detalles pueden derivar en cambios inimaginables y aquella simple petición desembocó en toda una vida de experiencias y vivencias acontecidas hasta el día de hoy, pues bien las palabras fueron algo así como: “Noel, hay un equipo benjamín de nuestro club que se ha quedado sin entrenador y quisiera saber si estas interesado en coger las riendas del equipo”. Sin mucho tiempo para pensar la respuesta le dije un rotundo SI y después de facilitarme los detalles y condiciones, me paré a pensar en todo aquello ya que mi carácter reactivo no me había permitido reflexionar in situ, cosa más que habitual en el género masculino, así que justo después de aquella propuesta empecé a hacerme las típicas preguntas como si estaba preparado para ser entrenador o siquiera sabía qué significaba asumir tal responsabilidad. Creo firmemente que mi entrenador debió ver en mí alguien con buenas condiciones ya que siempre he sido un jugador de carácter, una especie de líder con dos caras que podría afrontar la tremenda responsabilidad de liderar a un grupo de niños deseosos de disfrutar de este maravilloso deporte, pero nunca le pregunté algo así como, “¿por qué a mí?” Nunca lo hice, pero siempre le agradeceré a Eloy la oportunidad que me dio y que me hace escribir estas líneas después de 20 años en los banquillos desde la lejana China.

Sorprendentemente no recuerdo demasiado sobre aquel primer día como entrenador, más que era un frío día de Marzo, de esos que aún parece que estás en periodo invernal y de los nervios que yo tenía, ya que la diferencia de edad entre ellos y yo no era de más de seis años y se daba la situación de que el equipo estaba siendo dirigido por un niño a cargo de otra serie de niños y claro, rápidamente me vi inmerso en una nueva realidad en la cual no estaba demasiado listo debido a mi inexperiencia e inmadurez como es el trato con los padres, esa especie predominante y a veces tan dañina que impera en el planeta fútbol, donde muchos de ellos ven en el entrenador y más si es joven un tipo frágil y sin experiencia a quien pueden manipular para conseguir que su hijo juegue más etc., el pan de cada día en el fútbol formativo, aunque hay que reconocer que en mis primeros tres años como entrenador no tuve esa “suerte” y fueron temporadas bastante sanas y sin ningún tipo de disputa, algo que más adelante sí se acabó dando. Mi primer partido en un banquillo resultó en derrota y en general esa primera temporada fue bastante irregular, como anécdota aún recuerdo que en uno de mis primeros partidos tuve que ir a buscar a un jugador a su casa para convencerlo de una vez por todas para jugar ese partido y se dejase de la tontería de querer llevar el número 10 a la espalda, finalmente conseguí convencerle y disputó ese partido con el número 20 con la artimaña de sumar el número 10 dos veces y así quedar todos contentos, aprendiendo el arte del pajareo, nunca mejor dicho.

Una vez finalizada aquella atípica temporada bajo palos decidí una vez mas volver al “Veinti” en lo que mis movimientos sucedían como si de una peonza se tratase entre dos de los clubes de la ciudad, y esa decisión fue tomada gracias al consenso que teníamos varios muy buenos amigos que íbamos juntos al Instituto y que después de una temporada de estar separados decidimos promover nuestra vuelta, no sin antes pedir a cambio como única condición que me adjudicasen otro equipo al cual entrenar, ya que le empecé a pillar cierto gusto a los banquillos y así fue nuestra vuelta.

Nuevo proyecto (2005-06) pero con diferencias significativas en lo que había sido mi pasado en el club ya que la gran mayoría de jugadores que conformábamos ese “dream team” no volvieron y solo un reducido número de supervivientes sobrevivieron al nuevo proyecto el cual lo complementaban una nueva hornada de chicos más jóvenes y que conocíamos bien del barrio donde jugábamos casi todos los días durante años, así que se podría decir que nosotros pusimos a los jugadores y el club escogió a los entrenadores que para nuestra sorpresa eran más bien desconocidos y no podrían haber estado más en lo cierto en aquella elección, ya que de la mano de Francisco Serrano Parra “Paco” que era un antiguo árbitro ya retirado, una persona que desde la autoridad bajó un punto de vista didáctico, nada estricto pero muy consecuente y serio, sin duda, consiguió hacer funcionar a aquel nuevo equipo a las mil maravillas y a nivel personal he de reconocer que aquella temporada fue la que más disfruté jugando al fútbol ya que entre otras cosas decidió delegar en mí la máxima responsabilidad. Incluso añadió una variante que funciono más que bien, la de colocarme en una posición nueva, cosa que no se vio demasiado bien al principio ya que un Killer del área cambiarlo a jugar de mediocentro creativo es sin duda algo más que llamativo pero quién le iba a decir que después de todo aquello iba a convertirme en el máximo goleador de la categoría con 36 goles en liga, capitán del equipo y objetivo del ascenso conseguido a falta de tres jornadas para el final, ¡Chapeau Paco! Como entrenador seguía mi aprendizaje, esta vez volviendo a coger las riendas de un equipo benjamín en la liga escolar, el equipo lo conformaban jugadores no especialmente agraciados físicamente, eso y contando que el equipo era de primer año pues la temporada transcurrió de manera algo irregular aunque yo siempre he considerado que temporada que evoluciona de manera ascendente es presagio de “feina ben feta” y cuando esto sucede a la inversa es que probablemente se hayan dejado demasiadas cosas al azar, o que la incompetencia del entrenador ha salido a florecer, en detrimento de los jugadores, que en vez de invertir su tiempo en evolucionar… han experimentado todo lo contrario, así que para conseguir acercarse a realizar una valoración de cómo está desarrollándose una temporada, como futuro entrenador deberías preguntarte hacia dónde navega tu grupo. De aquella experiencia recuerdo con mucho cariño la relación entrenador-jugador que tuve con uno de los chicos “Dani” un niño que padecía una deficiencia genética que le dificultaba la movilidad psicomotriz y también sus capacidades psicológicas, ese fue un caso complejo y más para un crío de 15 años como yo pero con dosis de mucho amor por parte de ambos y con la contribución especial de su padre, que en todo momento estaba dispuesto a apoyar al equipo y su entrenador, pues la experiencia fue más que gratificante en lo personal y sin importar demasiado los resultados.

Volviendo a mi rol como jugador, pues recuerdo con mucho cariño una multitud de recuerdos solo de esa temporada, marcando en especial un gol que marqué en el campo del Terrassa, que era un rival directo y ya quedando pocos partidos para el final del campeonato, la jugada se describe así: Córner en contra, el cual después de un rechace en la frontal de nuestra área, recojo el balón para emprender una conducción vertiginosa y driblando rivales, avanzando sin parar hacia portería rival y cuando ya estaba en ¾ de campo rival el público ya estaba con gritos de ¡oh! Recuerdo que pensé por un momento “esta es la mía” aunque ya no tenía nada de aire y realmente no consigo entender cómo lo hice para levantar la cabeza una vez más y después de la salida del portero conseguí cruzar un lanzamiento en su diagonal opuesta, consiguiendo entrar el balón lentamente en la portería y consiguiente celebración, que honestamente no entiendo cómo conseguí sacar fuerzas para realizar otro sprint en dirección a mis compañeros, que se abalanzaron sobre mí para celebrarlo por todo lo alto, ya que aquel gol significaba medio ascenso. Son de aquellos goles de tal magnitud que cuando observas que tu propia gente se echa las manos a la cabeza… entiendes la magnitud de tal gesta. También hubo algún acto de indisciplina, algo prácticamente inevitable protagonizado por una panda de adolescente de barrio y sobre hormonados que para celebrar mi cumpleaños, a un familiar mío cercano no se le ocurrió mejor idea que regalarme una botella de Whiskey y así celebrar por todo lo alto mis 16 y claro, cómo despreciar tal gesto que sin esperar decidimos tanto yo, como dos amigos míos pues ir a celebrarlo haciendo campana del Instituto y bebiéndonos la botella entre los tres, un miércoles a las 16:00h a palo seco en una cabaña que habíamos construido con cartones y palets en las afueras de Rubí, así que para finalizar la “proeza” y con una borrachera más que notoria se nos ocurrió por qué no, asistir al entreno sin ningún tipo de problema. El entrenamiento no duró más que diez minutos del calentamiento ya que todo el mundo se dio cuenta de la situación y Paco decidió suspender el entrenamiento para todos, no pronunció una sola palabra y con eso nos valió realmente para darnos cuenta el día siguiente de la tremenda estupidez que habíamos cometido, además de la gran falta de respeto a todo el colectivo. Así que rápidamente y el día siguiente nos pusimos en contacto con el cuerpo técnico para pedir disculpas y en el entreno de esa misma tarde pues pedir perdón a todo el grueso del grupo, sin consecuencias para nosotros finalmente ya que aunque fue un acto de indisciplina flagrante pues fue la primera y única vez que sucedió, donde además con aquel silencio que nos propinó el entrenador fue más que suficiente para entender la magnitud de tal estupidez. Cuando una figura realmente cercana y autoritaria actúa de esa manera es digno de agradecer y normalmente suele ser mucho más efectivo que la típica actitud de reproche hacia el individuo, así que esa fue para mi sin duda una lección que nunca olvidaré y algo que me ha servido en mi futuro como técnico para poder aplicar a mis pupilos, algo así como: “Sé un líder cercano pero siempre haciéndote respetar”, porque definitivamente todo cuenta. Estaré eternamente agradecido a Paco y aquella temporada exitosa en la que disfruté como nunca jamás volví a hacerlo en un terreno de juego. ¡Muchas gracias por todo Paco!