Devenir - Alexandra López Pérez - E-Book

Devenir E-Book

Alexandra López Pérez

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Beschreibung

Dicen que el pasado en el pasado ha de quedarse pero ¿quién niega que el devenir del tiempo trae y lleva y a su antojo mezcla el ayer y el hoy? Y nada más volátil en sus manos que la pluma y la palabra.

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Seitenzahl: 26

Veröffentlichungsjahr: 2013

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Devenir

Alexandra López

Para Raquel y mi familia

Navego siglos,

retales y fragmentos,

como un papiro.

Diego Román

DE AYER

TAMBIÉN ENVEJECE EL AMOR

No sé dónde hallar cuando te miro

el excitante graznar de los gansos

de aquella Afrodita tan mía

en las tardes húmedas de tu recuerdo.

¡Cuán grande hacemos al amor en la distancia

y con qué crueldad nos devuelve su tamaño exacto

cuando vuelve canoso y envejecido

por el tiempo que ni a Titono perdona!

También envejece el amor lozano

y el gesto se muda, la voz se agrava

porque la agria Moira no perdona;

y ni tú ni yo hicimos caso a la advertencia

del carpe diem horaciano cuando aún

era el amor un Titono joven

que en su juventud deslumbró a la Aurora.

Pero no solo juzgo a tu amor,

juzgo también a mis ojos en que el tiempo

ha borrado la inocencia y ya no miran,

como antaño, con sorpresa.

¡Cuán desdicha la nuestra, Eos,

cuando Titono envejece sin morir

y lo enclaustras en un palacio,

herencia del mismo tiempo que te lo ha robado!

Escapad, quienes a tiempo estéis,

y no retéis un pulso al tiempo:

en las distancia largas

él siempre con la victoria se alza.

SIRTE

También lo escuchas, sonrojada Sirte,

y en cantos dices no sé qué mentiras.

¿Por qué sin miedo no vienes a sentirte

tributando en caricias todo lo que dices?

Cae la inminente luna en tu regazo

una y otra vez cuando te atrapo

entre los trabajados versos de Horacio.

¿Y no es ahí, Sirte, cuando cantas

al son de la curvada cítara

no sé qué canciones repletas de mentiras?

Que también lo escuchas, sonrojada Sirte,

con los áureos oídos

y no son tan ásperos

para dejar que rompa la ola sin besarla.

¿Por qué también si miedo tienes

y eres presa del pavor de Pan

agarrando la mano de la dulce Venus

aquí no te llegas

y en dulces caricias el temor destierras?

Miedo tuvo Leandro entre oscuros peces

y con miedo Hero quemaba sus delicados dedos.

Miedo Narciso al enamorarse,

miedo Heracles al perder al joven Hilas,

miedo Orfeo en su canto por Eurídice;

y todos al miedo sucumbieron:

primero lo que amaban, luego el amante.

También lo escuchas, sonrojada Sirte,

pero en cantos de flauta dulce

cantas no sé qué mentiras.

POEMA DE TISBE A PÍRAMO

Rojos de amor los frutos

que de nuestra pasión fueron testigos,

prohibida.

Y de tu cuerpo aún inmaculado

manó la savia del flechador Eros

y lloraron,

resbalando por su aljaba,

las lágrimas de sangre

de la daga que profanó tu vientre.

Y la rendija que sonreía

para que juntaras tu boca con la mía

anoche se cerró

porque su alimento era

tu aliento con mi aliento.

La leona que manchó mi velo de doncella

lloró nuestra desdicha

escondida tras un árbol

incapaz de pedir perdón,

arrepentida;

y tus padres y mis padres

aún siguen atormentando su soberbia.

¡Qué olviden este pasado

que a la muerte nos unió

pues ante sus ojos me tomaste por esposa, Píramo,

y fue Perséfone quien dio su bendición!

Dicen que la muerte separa almas enamoradas

pero entonces fue la muerte

la que unió dos vidas condenadas a la distancia,

y así hoy puedo escribirte teniendo como mensajero

al hermano del sueño.

¡Soñemos, Píramo, profundamente,