Erhalten Sie Zugang zu diesem und mehr als 300000 Büchern ab EUR 5,99 monatlich.
¿De qué temía el monje benedictino en aquella gélida jornada del siglo X? ¿Fue el Imperio de la Gran Tartaria otro Orbis Tertius? ¿Con qué se encontró el soldado paraguayo saliendo del paso de Yayaty Corá? ¿Hacia dónde se dirigía el conde de Saint Paul con sus caballeros de San Lázaro? ¿Qué misterio encerraba El Águila de Villa Argentina? "Compuestos más que escritos", como si de música se tratara: así es como son presentados los versos y ficciones de Dialogos - Poesías y relatos varios. En ellos el autor se concentra en sus temas obsesivos y en sus recuerdos, haciendo apoyatura en las realidades alternativas con su costado de inextricable fascinación, o en el borde a veces extremadamente fino entre la mímesis lúdica y el espacio-tiempo de la vida y la cultura. Son veintidós trabajos que buscan ser "un viaje de múltiples paisajes" al que es invitado el lector desde la primera página.
Sie lesen das E-Book in den Legimi-Apps auf:
Seitenzahl: 86
Veröffentlichungsjahr: 2021
Das E-Book (TTS) können Sie hören im Abo „Legimi Premium” in Legimi-Apps auf:
Sì, tra Zeri e Zoagli nei confini del tempo e delle parole ci incontriamo per sempre...
Un Prefacio
POESÍA
Pegaso
Los caballeros
Poesía
Sorocabana
Claustros
Soneto I
Solferino
Impromptu
Te llevo en mí
Tema y variaciones para conjunto de metales
Los naipes
Soneto II
Elogio a Juana de Ibarbourou
RELATOS
Lorem ipsum
El neuma
Otros tiempos
El águila
Examen
Tartaria magna, el reino del Gran Khan o el Imperio perdido
Breve relación sobre la desapercibida muerte de un soldado en Tuyutí
Suite de Bach
El Capitán Giovanni Merello, cruzado
Una colección de trabajos completados sin prisa en un arco de tiempo considerable es lo que encontrará el lector en el interior del volumen que tiene entre sus manos. Son veintidós en total, número desde luego no casual que remite a una trayectoria, a un viaje, según el lenguaje sagrado. Sabido es que la idea de partir de un punto misterioso -dicho por la aleph- de infinitas convergencias, y encontrar al final la Cruz -que es la tav- supone la certidumbre de una resolución, la inefable consecución que es figura de todas las posibles.
En cada uno de estos trabajos he procurado concentrar todos mis temas obsesivos, mis recuerdos y el ropaje de su circunstancia, haciendo apoyatura en las realidades alternativas con su costado de inextricable fascinación, o en el borde a veces extremadamente fino entre la mímesis lúdica y el espacio-tiempo de la vida y la cultura.
Compuestos más que escritos, tal como cuando trabajo con la materia sonora, justamente en la búsqueda de la música oculta en el lenguaje de la palabra, podría decirse que estos Diálogos procuran entablar con el lector una suerte de contrapunto, a partir de un tema dado, esto es un tema con variaciones.
Es mi deseo que el lector pueda encontrar esos ecos en estos versos y ficciones de múltiples paisajes, ya desde el décollage del mítico caballo alado con el que se abre la obra hasta su punto final, cuando participe del viaje en un asiento del metro parisino; ese viaje de final ignoto, tanto como el término de la vida en esta tierra, o el inescrutable destino de cuanto en las páginas que siguen queda con mayor o menor suerte consignado.
EMG
Angers, 22 de noviembre de 2019
Hay que escribir libros como quien compone música.
Novalis
Se besa oquedades de tanto,
Tanto acullá, magnánimo Orfeo,
La luna
Esculpida a lo alto,
Salpicado canasto
Que el trepar el cielo
Es para los astros,
Y arcanos misterios,
Pegaso,
Conducen al atrio
De eterno himeneo,
De cósmicos cánticos.
Marchaba el conde de Saint-Paul
Con su cohorte de mantos negros;
Marchaba bajo la noche densa,
Rosario en su mano y lengua
Y en la otra, tomado su gladio.
Le movía su combate ancestral
(Atavis et armis),
Los pobres desheredados
Ya sin dedos en las manos
Y casi ya sin voz
Para proferir su llanto.
El Rey lo convocaba,
El Papa lo bendecía.
Marchaba el Comendador
Con sus mantos negros,
Dando consuelo y medicina,
Oponiendo a los inmisericordes
La cruz de sinople,
Las ocho bienaventuranzas.
Los caballeros,
Mirada a lo Alto,
Bajo el estandarte marchaban,
Con su Maestre,
Y el corazón de nobleza,
Medio milenio atrás
Entrando a Boigny.
¡Ah, de aquellos tiempos,
ah, de aquellos días
en que el silencio,
albo invierno sonreía
mostrando tras los filos
certeros, punzantes
que del lobo ahuecado
de acres desgarrantes
momificara mis lunas,
cuán impávido el éter,
ya luces, bordada lluvia,
penumbras transgredidas
O Eurídices mudas,
los senderos cimbreantes,
mis astros, mi ausencia
de blanda premura,
y el insidioso viento
de las texturas impías,
ciertos esfumados llanos
de las sombras tardías,
las olvidadas molduras
que ha ya tiempo mi inocencia
cinceló en estructuras
(qué tan sacra mi porfía
que de céfiros oscuros
agitó mi trascendencia,
fue cenit de mi impaciencia,
extremaunción de mis cadencias
nocturnales, que eran ubicuas
como ubicua es tu presencia
armoniosa y milenaria,
en mi instancia adormecida)!
Desde el eterno mármol
el negro fluido nos convida,
la cuchara dibujando un caracol,
tres pocillos, su bebida.
Tantas noches de bohemia
gris, tenues vapores
olvidados han pasado
por estas bóvedas de altas armonías.
Tanto sordo tango que respira tanto
y tanto llora antiguos sueños idos
y vigilias, negros fluidos aromáticos,
ya cuchara adormecida.
Aquí, ay, todo canta y cuenta
las cosas ya contadas –y sufridas-,
el fuelle, la poesía de otras noches,
de otros días, de otras largas melodías.
Claustros, el ritmo inquebrantable
en espacios de misterio
Sembrados allende el tiempo
Donde san Benito y san Bernardo;
Letanías que ruedan en los siglos
Como los neumas que acarician sus piedras,
Sus arcos,
Su elocuente cadencia.
Claustros que espaciaron
Procesiones fragrantes,
Que entonaron con sus monjes
Y sus monjas
Al Cristo de Dios,
De un Pueblo, el clamor inusitado.
Claustros que hablan con su silencio,
Que esperan con su secreta resonancia
Y sus capiteles
Con historias,
Con su acanto,
Con sus viejos órdenes o sus geometrías,
Con sus oculus que bajan
El sol y la luna de lo alto.
Claustros a los que se vuelve
Cuando el mundo ruge,
Cuando el cielo se oscurece,
Cuando quien busca a veces
(Pareciera) vanamente
En el cemento
Necesita de Dios, Su silente abrazo.
En ese íntimo cuadrilátero
Donde la fuente canta,
Sí: el hombre lo encuentra
En su arcano templo santo.
Solesmes, 14 de septiembre de 2019
A Jael González Candia
Ya evoco, oh, Jael, irreversibles entelequias,
cuando éramos un mismo acorde, una sola melodía
que surcaba los abismos, trepaba tantos soles en
[esos mediodías
de vinos resonantes, de henchidos odres, de
emociones regias…
Una Babel de cristal que construíamos a medias
era, una brisa de vida que las hierbas sacudía
transgrediendo los asfaltos, la mortaja en que
[dormía
nuestro arcano extraviado, extasiado por las
[ciencias.
Sísara he sido para tu estaca, mi bella Jael, heroica,
para el profeta leal, aunque haya debido ser estoica
esta muerte mía -vida tuya-. Sí, evoco ya dulces
[horas,
ya tenue música, de cuyo manantial de salmodias
coros de incorpóreos seres inflamaban mutuas
[memorias
de instancias inenarrables en este aquí, en este
[ahora.
Ese viernes de San Juan
Tambores y clarines se oían
En cinco leguas de sangre.
Tres monarcas,
Dos imperios confrontados
Y el rey sardo gentilhombre
En Brescia recibido
Como libertador,
Y como constructor recordado
Por la obstinada historia,
De una nación
que altiva resurgía.
Y allí estabas tú,
Cruzando fuego desde el alba,
Llegado de Génova
Con tu gallarda estampa y altas ideas;
Bajo la mirada del extraño globo
Y de Dunant, cruzado memorioso.
Allí estabas tú,
En medio del furor de la guerra,
Abuelo de mi abuela,
Aventurero,
Levantabas puentes
Prefigurando un nuevo mundo.
Sí, allí estabas tú,
Pontiere Pietro Pesce,
Donde yo nunca estuve;
Poniendo el pecho
A balas perdidas
Que nunca te encontraron.
Para que al fin,
Pasados doscientos sesenta largos años
Desandando caminos
Yo encuentre, felizmente,
Y por obra de la gracia,
Mi otra Patria del alma.
A Jaurès Lamarque Pons
Luna pendiendo ropa,
Ropa de azoteas,
Sinfonía en gris
Mayor, acuarela
Pincelándose al silencio,
Siete puertas de cedro
Subiendo hasta balcones
De enaguas, y el negro
Fuelle texturando, manso;
Y adoquines callando
Evanescencias de tango;
Es tanto
Lo oscuro,
Que la luna,
Que brillando en el umbral;
Que esos verdes
Tan muros
Envueltos en tules,
En patios callados,
Ya dormido el Zorzal,
A paraísos desnudos
La luna colgada
Masculla un cantar.
Te llevo en mí, Aurora,
En mis sonidos, en mis silencios,
Mi linfa, en mis pasos
Que encaminan altos proyectos.
Aurora, llevo tu risa limpia
Como llevo conmigo los sutiles mundos
De la mente, y tu voz tan miel
De los panales más fecundos.
Aurora, tus sentimientos llevo
Y el cristal de tu pensamiento arcano,
La luna, la plata, el azur de la noche,
Los ojos del cielo (los tuyos) tus manos.
Te llevo como entre líneas
Llevo en los neumas mi canto,
Te llevo como al oro hermético,
Como al códice más preciado:
¡De sol se viste mi templo
conmovido, Aurora, por tus encantos!
Supe y no sé nada.
Supe de viajes metafísicos,
De senderos inasibles hinchiendo velámenes,
De estructuras locas de loco platonismo,
Donde yacer en tumba agrícola,
Nutriendo vidas profundas de pletórica
[metamúsica,
Y la escalera cual melisma entonado
A muertos muy vivientes, que no a vivos
[fenecientes.
Y la ebria flor antisensorial
De los multicolores pragmáticos,
Soliloquiando microcosmos desechables,
Que cuando no integran la siembra estelar,
Que los espejos alimentando
Nuestras banalidades,
Y esas blasfemias.
Supe de tiempos áridos,
De escarcha taxidérmica esculpiendo estatismos,
Tejiendo líquida realidad,
Y las tribulaciones a acerados afrodismos
De ámbitos acuáticos
Y esfinges atestiguando eras que desfallecen,
Minutos perimidos.
Y el neumostático fluido,
Estático,
Hidrostático
De argentinas sonoridades
Mitigando dolores de nervio lunar,
Que cuando el dórico sombrero,
Que mirando por el ojo endémico,
Polifémico,
Poliédrico como la vida misma,
Y la sumatoria de etcéteras,
Baluarte del vulgar,
Almohadón del erudito.
Supe de sietes,
De tules de tinieblas entre mares diamantinos,
Templos sumergidos, viajantes cóncavos.
Y de escaleras trepando el cenit
Hasta encontrar la Ciudad futura.
Los jugadores abren el juego
Uno a uno con su nada a cuestas,
Cada uno con sus artes buscando
Desentrañar el destino y vencer la apuesta.
Un tal Nicolao Pepin dicen,
O tal vez el sarraceno le da
Oscuro origen, un Tratado en Siena
Lo nombra con propiedad
A este ludus cartorum
Por el Padre Juan invocado,
Donde nobles y plebeyos se enfrentan
Como en el ancestral cuadrilátero.
Poco importa hurgar en historias
Si las cuarenta y tantas imágenes
El gaucho ladino y barbado
Ni orejearlas ni manipularlas sabe,
Mientras que la guitarra
Vidalitas repetidas desgrana,
Y el indio desde el rincón oscuro
Caña en mano enciende su garganta.
¿Sabrá aquél de los elementos,
Los cuatro que cruzan su suerte?
¿Cuánto dicen la espada, la copa,
El oro, el basto que en números ascienden
A diez o doce, como la Ley
O los Apóstoles en este duelo sutil?
¿Sabrá de lo que enseñan los palos, la sota
O el caballo, el rey que mira sin sonreír?
Es del oponente el seguro corte
