Dialogos - Enrique Merello-Guilleminot - E-Book

Dialogos E-Book

Enrique Merello-Guilleminot

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Beschreibung

¿De qué temía el monje benedictino en aquella gélida jornada del siglo X? ¿Fue el Imperio de la Gran Tartaria otro Orbis Tertius? ¿Con qué se encontró el soldado paraguayo saliendo del paso de Yayaty Corá? ¿Hacia dónde se dirigía el conde de Saint Paul con sus caballeros de San Lázaro? ¿Qué misterio encerraba El Águila de Villa Argentina? "Compuestos más que escritos", como si de música se tratara: así es como son presentados los versos y ficciones de Dialogos - Poesías y relatos varios. En ellos el autor se concentra en sus temas obsesivos y en sus recuerdos, haciendo apoyatura en las realidades alternativas con su costado de inextricable fascinación, o en el borde a veces extremadamente fino entre la mímesis lúdica y el espacio-tiempo de la vida y la cultura. Son veintidós trabajos que buscan ser "un viaje de múltiples paisajes" al que es invitado el lector desde la primera página.

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Seitenzahl: 86

Veröffentlichungsjahr: 2021

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Sì, tra Zeri e Zoagli nei confini del tempo e delle parole ci incontriamo per sempre...

INDICE

Un Prefacio

POESÍA

Pegaso

Los caballeros

Poesía

Sorocabana

Claustros

Soneto I

Solferino

Impromptu

Te llevo en mí

Tema y variaciones para conjunto de metales

Los naipes

Soneto II

Elogio a Juana de Ibarbourou

RELATOS

Lorem ipsum

El neuma

Otros tiempos

El águila

Examen

Tartaria magna, el reino del Gran Khan o el Imperio perdido

Breve relación sobre la desapercibida muerte de un soldado en Tuyutí

Suite de Bach

El Capitán Giovanni Merello, cruzado

UN PREFACIO

Una colección de trabajos completados sin prisa en un arco de tiempo considerable es lo que encontrará el lector en el interior del volumen que tiene entre sus manos. Son veintidós en total, número desde luego no casual que remite a una trayectoria, a un viaje, según el lenguaje sagrado. Sabido es que la idea de partir de un punto misterioso -dicho por la aleph- de infinitas convergencias, y encontrar al final la Cruz -que es la tav- supone la certidumbre de una resolución, la inefable consecución que es figura de todas las posibles.

En cada uno de estos trabajos he procurado concentrar todos mis temas obsesivos, mis recuerdos y el ropaje de su circunstancia, haciendo apoyatura en las realidades alternativas con su costado de inextricable fascinación, o en el borde a veces extremadamente fino entre la mímesis lúdica y el espacio-tiempo de la vida y la cultura.

Compuestos más que escritos, tal como cuando trabajo con la materia sonora, justamente en la búsqueda de la música oculta en el lenguaje de la palabra, podría decirse que estos Diálogos procuran entablar con el lector una suerte de contrapunto, a partir de un tema dado, esto es un tema con variaciones.

Es mi deseo que el lector pueda encontrar esos ecos en estos versos y ficciones de múltiples paisajes, ya desde el décollage del mítico caballo alado con el que se abre la obra hasta su punto final, cuando participe del viaje en un asiento del metro parisino; ese viaje de final ignoto, tanto como el término de la vida en esta tierra, o el inescrutable destino de cuanto en las páginas que siguen queda con mayor o menor suerte consignado.

EMG

Angers, 22 de noviembre de 2019

Hay que escribir libros como quien compone música.

Novalis

POESÍA

PEGASO

Se besa oquedades de tanto,

Tanto acullá, magnánimo Orfeo,

La luna

Esculpida a lo alto,

Salpicado canasto

Que el trepar el cielo

Es para los astros,

Y arcanos misterios,

Pegaso,

Conducen al atrio

De eterno himeneo,

De cósmicos cánticos.

LOS CABALLEROS

Marchaba el conde de Saint-Paul

Con su cohorte de mantos negros;

Marchaba bajo la noche densa,

Rosario en su mano y lengua

Y en la otra, tomado su gladio.

Le movía su combate ancestral

(Atavis et armis),

Los pobres desheredados

Ya sin dedos en las manos

Y casi ya sin voz

Para proferir su llanto.

El Rey lo convocaba,

El Papa lo bendecía.

Marchaba el Comendador

Con sus mantos negros,

Dando consuelo y medicina,

Oponiendo a los inmisericordes

La cruz de sinople,

Las ocho bienaventuranzas.

Los caballeros,

Mirada a lo Alto,

Bajo el estandarte marchaban,

Con su Maestre,

Y el corazón de nobleza,

Medio milenio atrás

Entrando a Boigny.

POESÍA

¡Ah, de aquellos tiempos,

ah, de aquellos días

en que el silencio,

albo invierno sonreía

mostrando tras los filos

certeros, punzantes

que del lobo ahuecado

de acres desgarrantes

momificara mis lunas,

cuán impávido el éter,

ya luces, bordada lluvia,

penumbras transgredidas

O Eurídices mudas,

los senderos cimbreantes,

mis astros, mi ausencia

de blanda premura,

y el insidioso viento

de las texturas impías,

ciertos esfumados llanos

de las sombras tardías,

las olvidadas molduras

que ha ya tiempo mi inocencia

cinceló en estructuras

(qué tan sacra mi porfía

que de céfiros oscuros

agitó mi trascendencia,

fue cenit de mi impaciencia,

extremaunción de mis cadencias

nocturnales, que eran ubicuas

como ubicua es tu presencia

armoniosa y milenaria,

en mi instancia adormecida)!

SOROCABANA

Desde el eterno mármol

el negro fluido nos convida,

la cuchara dibujando un caracol,

tres pocillos, su bebida.

Tantas noches de bohemia

gris, tenues vapores

olvidados han pasado

por estas bóvedas de altas armonías.

Tanto sordo tango que respira tanto

y tanto llora antiguos sueños idos

y vigilias, negros fluidos aromáticos,

ya cuchara adormecida.

Aquí, ay, todo canta y cuenta

las cosas ya contadas –y sufridas-,

el fuelle, la poesía de otras noches,

de otros días, de otras largas melodías.

CLAUSTROS

Claustros, el ritmo inquebrantable

en espacios de misterio

Sembrados allende el tiempo

Donde san Benito y san Bernardo;

Letanías que ruedan en los siglos

Como los neumas que acarician sus piedras,

Sus arcos,

Su elocuente cadencia.

Claustros que espaciaron

Procesiones fragrantes,

Que entonaron con sus monjes

Y sus monjas

Al Cristo de Dios,

De un Pueblo, el clamor inusitado.

Claustros que hablan con su silencio,

Que esperan con su secreta resonancia

Y sus capiteles

Con historias,

Con su acanto,

Con sus viejos órdenes o sus geometrías,

Con sus oculus que bajan

El sol y la luna de lo alto.

Claustros a los que se vuelve

Cuando el mundo ruge,

Cuando el cielo se oscurece,

Cuando quien busca a veces

(Pareciera) vanamente

En el cemento

Necesita de Dios, Su silente abrazo.

En ese íntimo cuadrilátero

Donde la fuente canta,

Sí: el hombre lo encuentra

En su arcano templo santo.

Solesmes, 14 de septiembre de 2019

SONETO I

A Jael González Candia

Ya evoco, oh, Jael, irreversibles entelequias,

cuando éramos un mismo acorde, una sola melodía

que surcaba los abismos, trepaba tantos soles en

[esos mediodías

de vinos resonantes, de henchidos odres, de

emociones regias…

Una Babel de cristal que construíamos a medias

era, una brisa de vida que las hierbas sacudía

transgrediendo los asfaltos, la mortaja en que

[dormía

nuestro arcano extraviado, extasiado por las

[ciencias.

Sísara he sido para tu estaca, mi bella Jael, heroica,

para el profeta leal, aunque haya debido ser estoica

esta muerte mía -vida tuya-. Sí, evoco ya dulces

[horas,

ya tenue música, de cuyo manantial de salmodias

coros de incorpóreos seres inflamaban mutuas

[memorias

de instancias inenarrables en este aquí, en este

[ahora.

SOLFERINO

Ese viernes de San Juan

Tambores y clarines se oían

En cinco leguas de sangre.

Tres monarcas,

Dos imperios confrontados

Y el rey sardo gentilhombre

En Brescia recibido

Como libertador,

Y como constructor recordado

Por la obstinada historia,

De una nación

que altiva resurgía.

Y allí estabas tú,

Cruzando fuego desde el alba,

Llegado de Génova

Con tu gallarda estampa y altas ideas;

Bajo la mirada del extraño globo

Y de Dunant, cruzado memorioso.

Allí estabas tú,

En medio del furor de la guerra,

Abuelo de mi abuela,

Aventurero,

Levantabas puentes

Prefigurando un nuevo mundo.

Sí, allí estabas tú,

Pontiere Pietro Pesce,

Donde yo nunca estuve;

Poniendo el pecho

A balas perdidas

Que nunca te encontraron.

Para que al fin,

Pasados doscientos sesenta largos años

Desandando caminos

Yo encuentre, felizmente,

Y por obra de la gracia,

Mi otra Patria del alma.

IMPROMPTU

A Jaurès Lamarque Pons

Luna pendiendo ropa,

Ropa de azoteas,

Sinfonía en gris

Mayor, acuarela

Pincelándose al silencio,

Siete puertas de cedro

Subiendo hasta balcones

De enaguas, y el negro

Fuelle texturando, manso;

Y adoquines callando

Evanescencias de tango;

Es tanto

Lo oscuro,

Que la luna,

Que brillando en el umbral;

Que esos verdes

Tan muros

Envueltos en tules,

En patios callados,

Ya dormido el Zorzal,

A paraísos desnudos

La luna colgada

Masculla un cantar.

TE LLEVO EN MÍ

Te llevo en mí, Aurora,

En mis sonidos, en mis silencios,

Mi linfa, en mis pasos

Que encaminan altos proyectos.

Aurora, llevo tu risa limpia

Como llevo conmigo los sutiles mundos

De la mente, y tu voz tan miel

De los panales más fecundos.

Aurora, tus sentimientos llevo

Y el cristal de tu pensamiento arcano,

La luna, la plata, el azur de la noche,

Los ojos del cielo (los tuyos) tus manos.

Te llevo como entre líneas

Llevo en los neumas mi canto,

Te llevo como al oro hermético,

Como al códice más preciado:

¡De sol se viste mi templo

conmovido, Aurora, por tus encantos!

TEMA Y VARIACIONES PARA CONJUNTO DE METALES

Supe y no sé nada.

Supe de viajes metafísicos,

De senderos inasibles hinchiendo velámenes,

De estructuras locas de loco platonismo,

Donde yacer en tumba agrícola,

Nutriendo vidas profundas de pletórica

[metamúsica,

Y la escalera cual melisma entonado

A muertos muy vivientes, que no a vivos

[fenecientes.

Y la ebria flor antisensorial

De los multicolores pragmáticos,

Soliloquiando microcosmos desechables,

Que cuando no integran la siembra estelar,

Que los espejos alimentando

Nuestras banalidades,

Y esas blasfemias.

Supe de tiempos áridos,

De escarcha taxidérmica esculpiendo estatismos,

Tejiendo líquida realidad,

Y las tribulaciones a acerados afrodismos

De ámbitos acuáticos

Y esfinges atestiguando eras que desfallecen,

Minutos perimidos.

Y el neumostático fluido,

Estático,

Hidrostático

De argentinas sonoridades

Mitigando dolores de nervio lunar,

Que cuando el dórico sombrero,

Que mirando por el ojo endémico,

Polifémico,

Poliédrico como la vida misma,

Y la sumatoria de etcéteras,

Baluarte del vulgar,

Almohadón del erudito.

Supe de sietes,

De tules de tinieblas entre mares diamantinos,

Templos sumergidos, viajantes cóncavos.

Y de escaleras trepando el cenit

Hasta encontrar la Ciudad futura.

LOS NAIPES

Los jugadores abren el juego

Uno a uno con su nada a cuestas,

Cada uno con sus artes buscando

Desentrañar el destino y vencer la apuesta.

Un tal Nicolao Pepin dicen,

O tal vez el sarraceno le da

Oscuro origen, un Tratado en Siena

Lo nombra con propiedad

A este ludus cartorum

Por el Padre Juan invocado,

Donde nobles y plebeyos se enfrentan

Como en el ancestral cuadrilátero.

Poco importa hurgar en historias

Si las cuarenta y tantas imágenes

El gaucho ladino y barbado

Ni orejearlas ni manipularlas sabe,

Mientras que la guitarra

Vidalitas repetidas desgrana,

Y el indio desde el rincón oscuro

Caña en mano enciende su garganta.

¿Sabrá aquél de los elementos,

Los cuatro que cruzan su suerte?

¿Cuánto dicen la espada, la copa,

El oro, el basto que en números ascienden

A diez o doce, como la Ley

O los Apóstoles en este duelo sutil?

¿Sabrá de lo que enseñan los palos, la sota

O el caballo, el rey que mira sin sonreír?

Es del oponente el seguro corte