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La obra, basada en una vida de exploración y búsqueda apasionada, es al mismo tiempo una indagatoria y una reflexión que intenta responder a las preguntas: ¿qué es la consciencia?, ¿Dios existe o está más allá de la dimensión del existir?, ¿cuál es el papel y rol del ser humano en el cosmos si está hecho a imagen y semejanza del que denominamos Dios? Las respuestas, reconociendo los límites del pensamiento humano, son provocaciones que integrando conocimiento científico, metafísico y cuántico buscan generar diálogo, debate y, sobre todo, mayor comprensión de lo que somos o decimos ser.
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Seitenzahl: 235
Veröffentlichungsjahr: 2023
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© Derechos de edición reservados.
Letrame Editorial.
www.Letrame.com
© José Eduardo Azouri Miranda
Diseño de edición: Letrame Editorial.
Maquetación: Juan Muñoz Céspedes
Diseño de portada: Rubén García
Supervisión de corrección: Ana Castañeda
ISBN: 978-84-1181-378-5
Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida de manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación, en Internet o de fotocopia, sin permiso previo del editor o del autor.
«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47)».
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A Mi mamá Raquel que no me obligó a dormir y me dejó pensar y contemplar el cielo durante las noches estrelladas.
A John David García, quién me abrió el universo de la física cuántica y sus posibilidades metafísicas.
Prólogo
«He mirado debajo de las sillas
He mirado debajo de las mesas
He tratado de encontrar la llave
A cincuenta millones de fábulas
Me llaman el buscador
He hurgado buscando abajo y arriba
Sé que no conseguiré lo que busco
Hasta el día que muera».
Pete Townsend
Nos encontramos ante una hoja de ruta. Este libro es un relato de una búsqueda, una navegación por los mares del conocimiento, en la barcaza del ser humano, empujada por los vientos cambiantes. Ora suaves, tibios, ora violentos, borrascosos.
Un símil más exacto nos lo dé la imagen de un ser diminuto, poseído de asombro, sin temor, cargado de curiosidad; quien va montado sobre una cáscara de nuez, que se mece en el océano de lo posible.
Este viaje de Azouri es una introspección, quizá, pero el aliento de dar a conocer lo que piensa le lleva a divulgar sus hallazgos, sus encuentros y sus decepciones. La forma en que nos da cuenta de su derrotero parte de la identificación empática con el lector, que se vuelve su cómplice, a la manera de Homero con nuestro entrañable Ulises en laOdisea.
Azouri no hace un repaso de cosas que ha llegado a conocer y a entender, sino que nos invita a descubrirlas con él, sopesando argumentos, fuentes y autores, influencias cogidas de aquí y allá, en la basta esfera de la cultura.
La condición humana, por sí misma, es el motor empáticoque nos acerca a escuchar lo que piensa Azouri, él nos lleva al terreno de la propia experiencia, nos obliga, elegantemente, a escarbar dentro de nuestro bagaje conceptual, los temas que aborda, ante los cuales, de un modo u otro, debemos tomar una posición.
Debajo de su escritura se halla la piedra fundamental sobre la que se sustenta la experiencia humana, nuestra percepción del mundo, la manera en que razonamos, el lenguaje mismo y nuestro pensamiento: la conciencia.
Este viaje propuesto por Azouri es precisamente una toma de conciencia. Una cordial exigencia a que consideremos la realidad al través de un poliedro perceptivo, en el cual, esta, la realidad, se descompone en distintas facetas.
Sí, en efecto, su posición es más relativista que dialéctica, dado que se halla más cerca del explorador itinerante que del filósofo escolástico.
Eduardo Azouri es un académico, pero no un academicista, sus exploraciones son libérrimas, sus caminos se van construyendo como las ramas de un árbol, derivando unas de otras, pero por distintos e impredecibles lugares y alturas. Al cabo, luego de subir hasta las ramas más altas, y enredarse en los laberintos del ramaje hirsuto, como la savia arbórea, regresa al tronco, al nodo central, de donde manan las conclusiones.
Así es la bitácora de Azouri, un complejo ramaje diversificado, anclado al tronco de la lógica.
En su visión, el cosmos es un prisma que un haz de luz incolora cruza (la conciencia), mostrando ante nuestros ojos los colores del espectro, como las distintas caras que nos ofrece la realidad.
Eduardo Azouri Miranda nació en León Guanajuato, pero, al igual que el maestro Arturo Rivas Sainz, quien ante la pregunta «¿de dónde es usted, Maestro Arturo?», decía: «yo nací en Arandas, pero soy de Guadalajara». Así, nuestro autor es de Guadalajara, Jalisco. Allí se crio, hizo sus principales estudios y aprendió de la vida.
Los invito, comedidamente, a acompañar a Azouri en su viaje de conciencia, cuyo objetivo es, al parecer, adentrase en lo imposible.
Gilberto Medina Casillas
Coatepec, Veracruz
Junio 2021
Intro ¿Qué hace un mercadólogo hablando de ciencia y espiritualidad?
Muchos se harán esa pregunta y es bueno siempre cuestionar. Otros habrán sentido un rechazo desde el título pensando que este proyecto es una diatriba atea contra la posibilidad —que no existencia, como se verá en el primer apartado de un ser de orden superior—, lo cual me parece comprensible; otros, al revés, el título puede haberles parecido provocador, incluso atrayente, sobre todo si la expresión inicialDios no existe,no les bloqueó o impidió leer la segunda:Dios es. En mis conferencias olivesen las redes sociales hay quienes por el simple título me atacan e insultan, sin tomarse la molestia de ver el contenido y darse cuenta de que, lejos de negar la posibilidad de un Dios, la afirmo, sólo cambio la perspectiva.
Pero, en fin, vayamos por partes.
Con relación a lo primero, aclaro que además de mercadólogo soy comunicólogo, actor y maestro universitario que desde muy niño ha manifestado un gran interés por la física teórica e incluso la filosofía de la física. De hecho, lo primero que manifesté querer ser a mis cuatro años fue astrónomo, me fascinaba cuestionarme sobre ese misterioso universo que se desplegaba delante de mí, especialmente por las noches. Recuerdo que mi abuela y mi mamá varias veces me sorprendían despierto de madrugada viendo las estrellas. «¿Qué haces, José Eduardo, a estas horas?»,me preguntaban con frecuencia —por ello mi mamá desde niño me bautizó como el búho, por nocturno y cuestionador—. Yo sólo les respondía generalidades como «viendo las estrellas» o simplemente «no puedo dormir». Pero en el fondo me hacía preguntas como: «¿Habrá otros mundos allá arriba?» o «¿Dónde en realidad está el cielo?» y «¿Dios en realidad estará ahí? y si no, ¿dónde está?».
Esas preguntas —y otras— me han acompañado muchos años más, más bien siguen dando vueltas en mi pensamiento y si bien nunca estudié astronomía (crecí en un ambiente donde sólo estudiabas lo tradicional o que estuviera disponible en la oferta de las universidades cercanas, era impensable irse lejos del hogar a estudiar), siempre me acerqué a libros con temas relacionados; muy chico comencé a leerLa Conexión Cósmicay losDragones del Edénde Sagan, después me fui encontrando con los libros deIntroducción a la Cienciade Isaac Asimov, los directamente relacionados con mecánica cuántica comoEl Enigma Cuánticoy de ahí comencé con el primero que leí deStephen Hawkins,su famosaHistoria del Tiempopasando por muchos otros más de inclinación metafísica con bases de mecánica cuántica comoTransformación Creativade John David García (con él tuve el privilegio de tomar seminarios y asistir a cursos), y qué decir de la influencia del pensamiento de Fe y Ciencia del gran Theilard du Chardin con elFenómeno Humanoy elCristo Cósmico.
Este trabajo es en gran medida una reflexión, basada en las lecturas, seminarios, cursos y conferencias de una vida intentando responder a algunas de las preguntas que aquel niño se hacía y les hacía a las estrellas.
Elegancia teórica
En cuanto a las ideas y planteamiento, algunas quizá hipótesis o al menos aproximaciones a ellas más que pretender ser ciertas o verdaderas, buscan ser en el mejor de los sentidos elegantes, lo cual tendrá más implicaciones estéticas. Ya lo dijo alguna vez Albert Einstein, que si una teoría no era cierta al menos tenía la obligación de ser elegante para así al menos disfrutar ser leída y motivar su discusión. Espero en los planteamientos de este ejercicio del pensamiento se puedan encontrar algunos rastros de elegancia más que de verdad y en todo caso motive a la aventura de buscarla. Al final el encuentro con la verdad debe resultar de una experiencia personal, y no de la imposición de las verdades de otros, que deben servir cuando mucho de guías o resortes para las búsquedas individuales.
Por otra parte, la labor de escribir estas páginas buscó estar siempre acompañada de la consciencia de la limitación de nuestro entendimiento para penetrar en los grandes misterios del cosmos. Por más que intentemos explicar con razonamiento e incluso ciencia hay un límite o frontera que no podemos pasar, cuando mucho lanzamos hilos hacia la posibilidad de algo que creemos conocer. Nuestra inteligencia, si bien ha evolucionado, aún le queda mucho por recorrer en su camino evolutivo, y qué decir de nuestra consciencia que parece apenas comenzar a despertar al haber estado sometida a requerimientos de sobrevivencia extremos que la limitaron. Por ello todo lo aquí planteado buscó estar consciente de que si bien nuestra inteligencia y comprensión es limitada, la aventura de conocer no lo es, y el mirar más allá de lo que vemos al menos para imaginar que puede estar ahí es quizá la mejor forma de generar desarrollo tanto en la inteligencia como en la consciencia.
Metacuántica un constructo
Es importante apuntar que el concepto metacuántica presente en el subtítulo de este proyecto es una creación o constructo personal que busca hibridar a la mecánica cuántica con la metafísica. Como todo constructo corre el riesgo de ser forzado, aun así parte de que la Mecánica Cuántica es quizá en sus planteamientos la rama de la física que más toca lo metafísico, ya que sus planteamientos salen de aquello que es explicable dentro del universo convencional o percibido como estable además de predecible, para mostrarnos una realidad no percibida —al menos a nivel macro o sensorial—, aleatoria en la que lo que observamos o incluso deseamos observar altera lo observado. Por ello las implicaciones de sus postulados suelen salirse del dominio meramente físico y requiere de plantearse nuevas interrogantes sobre realidades que no son mesurables o quizá ni siquiera explicables —todavía— como la consciencia e incluso lo que definimos como Dios, y desde luego el alma.
En ese sentido, la Metacuántica busca ser una forma de integrar aquello que se considera parte de la ciencia con aquello que se ha definido como espiritualidad, al fin hay muchas figuras mundiales como el Dalái Lama que sostienen que esta era la de aplicar métodos científicos a las experiencias espirituales y quizá a la inversa.
Si lo breve es bueno…
Se le atribuye a Ortega y Gasset la frase de si lo bueno es breve, dos veces bueno. Con esa idea en mente trabajé cada capítulo, con una idea de la máxima brevedad posible en aras de lograr compartir lo más posible con lo menos posible, y de esa manera propiciar una lectura lo más fluida posible aún de temas que no son precisamente los más ligeros de tratar y asimilar. Bueno, y siendo sinceros, la brevedad también puede aplicarse a que si algo es malo por ser breve será la mitad de malo, lo cual de alguna manera y si algunos pasajes así le parecen al lector, no le parezcan tanto.
I. Dios no existe, Dios Es
El decir que Dios no existe no significa en ningún sentido negarlo. La existencia es sólo una expresión de las posibilidades del Ser y por lo general se encuentra sometida a dimensiones espacio-temporales. Dios, o lo que nombramos así, está fuera de esas dimensiones.
Quizá la mejor explicación de lo que llamamos Dios la encontremos en la respuesta bíblica que éste da a Moisés cuando ante la zarza ardiente le pregunta por su nombre. La respuesta es en sí toda una revelación metacuántica:Yo soy el que es, en hebreo o lengua semítica biblíca:אֶהְיֶה אֲשֶׁר אֶהְיֶה,ehyeh asher ehyeh.También en algunas traducciones:Yo soy el que soy(Éxodo 3:14). De aquí la derivación por fonema de Yahvé o Jehová como nombre de Dios tanto para judíos como para gran parte de la cristiandad.
La respuesta establece una diferencia fundamental entre lo que es existir y ser, Dios es, nosotros y todo lo creado en el universo solamente existe.Ser el que se estambién puede interpretarse como la unión de esencia y existencia en un todo, indiferenciado. Nosotros, las criaturas, solamente somos «algo» definible y mesurable de forma física y temporal. Yo,por ejemplo, soy un hombre, del génerohomo, de la especiesapiens, de la familia de los mamíferos. Además, soy mexicano, actor, mercadólogo, comunicólogo y las especificaciones espacio-temporales que pueda agregar a mi existir. En cambio, en Diosseryexistirse encuentran indiferenciados, son un todo esencial, atemporal, aespacial. Y en la segunda traducción,soy el que soy, Dios se afirma como esencia, como algo que no requiere existir para simplemente ser.
Ya en el siglo XIII, uno de los grandes de la filosofía denominada escolástica, Santo Tomás de Aquino, se refería a Dios como sustancia:sustancia es aquello que no requiere de ninguna otra cosa para existir, sólo Dios es sustancia.La Res Infinita o ente infinito. Y aunque se refería a existir sin necesidad deser creado, en realidad podemos afirmar que más que una existencia en términos temporales-espaciales, Tomás de Aquino se refería aser, a una esencia-sustancia que no requiere de ninguna condición previa para manifestarse.
Nosotros los humanos, en el sentido tomista, como todo lo creado o todo lo que se expresa en términos espaciales y temporales que es regido por leyes, no somos sustancia, somos existencia, requerimos de algo previo para existir. He ahí la diferencia fundamental de esencia o sustancia y existencia.
La revelación einsteniana
Curiosamente, en la historia de las expresiones de la ciencia y las matemáticas, la fórmula que más se aproxima a la respuesta de Dios a Moisés es la famosaecuación de Einstein, base de la teoría de la relatividad:
E=MC2
En la ecuación E, energía es indiferenciada de M, siempre y cuando intervenga una constante que es C2 , la velocidad de la luz al cuadrado. Es decir, esencia y existencia se igualan sin diferenciarse una de la otra —yosoy(existencia) el quees(esencia)— cuando interviene una constante.
Y en la expresión de Dios a Moisés, ¿cuál puede ser esa constante? En ese momento no lo expresa explícitamente, pero tanto las enseñanzas metafísicas de Jesús como la tradición de muchos de los llamados iluminados o iniciados, así como los grandes hallazgos de la ciencia en el siglo XX y las primeras décadas, apuntan todas en una misma dirección: La Consciencia.
La Consciencia enlace entre Dios y el ser humano
De acuerdo con lo planteado, una ecuación que pudiera —haciendo una paráfrasis de la de Einstein— aproximarnos a la comprensión de la forma en que Dios se expresa en el cosmos sería la de:
Es=ExC
Esencia es igual a existencia con la intervención de la conciencia. Y ¿qué es la consciencia? Esta es una de las preguntas más complejas no solo de la ciencia, sino de la filosofía, la psicología y la metafísica en general. Dos teorías, la primera en gran medida demostrada, nos arrojan mucha luz al respecto: La mecánica cuántica y la teórica del orden implicado o el cosmos holográfico.
La mecánica cuántica resultante sobre todo de la observación del comportamiento de la materia a nivel subatómico, que tuvo grandes exponentes en el siglo XX y los sigue teniendo, desde Planck, Bohr, Heisemberg, Shörindger, entre otros, básicamente demostraron que el mundo a nivel macro es sólo una percepción, no una realidad. Es decir, los sentidos se acoplaron a percibir un mundo estable y ordenado, pero a nivel subatómico ocurren procesos de aparente caos, que sólo adquieren orden por la acción de un agente externo: la consciencia.
El parteaguas fue comprobar que la materia se comporta como la luz a nivel subatómico, es decir, como una gran onda que abarca todo el espacio posible, es decir, de forma indeterminada, lo que quiere decir que está en todo el espacio posible. El ejemplo de una onda en un lago es una buena metáfora, cuando la materia se expande a nivel subatómico lo hace como una onda de lago, es decir, se extiende en todo el espacio posible. De la misma manera, un fotón —que es el resultante de los saltos de los electrones en los orbitales de los átomos—, o un átomo mismo, o cualquier otra nano partícula subatómica abarca todo el espacio posible de forma simultánea.
El experimento de Planck bombardeaba partículas atómicas a una placa, a través de una especie de rejilla llena de rendijas, y lo sorprendente es que ¡cada partícula pasaba a mismo tiempo por todas las rendijas! Creaba al fondo un efecto múltiple, como cuando proyectamos luz por unas rendijas e impactan en una pantalla, la luz no pasa sólo por una, sino por todas las que abarca. Pues cada partícula de la materia hace exactamente los mismo. Es decir, el don de la ubicuidad a nivel atómico y subatómico existe.
Fig.1. En la imagen podemos apreciar cómo en la derecha del lector, el bombardeo de partículas sin intervención del espectador hace que permanezcan indeterminadas en un efecto de onda: literalmente están en todas partes —tanto como espacio de expansión lo permita—, en cambio en la imagen a la izquierda del lector, con la intervención del observador las partículas colapsan y se distribuyen por las rendijas, generando una posición en el espacio-tiempo determinada. Tomado de: https://institucional.us.es/blogimus/2019/04/y-las-ondas-se-convirtieron-en-particulas/
Pero lo sorprendente es que justamente cuando interviene la consciencia, esta ubicuidad subatómica desaparece, se colapsa, es decir, cuando Planck no sólo bombardeó la pantalla, sino se propuso observar a los fotones con un espectrómetro, estos dejaron de estar en todas partes; se, literalmente, colapsaban y pasaban solo por una rendija. Dejaban de ser onda para adquirir propiedades físicas y ahora eran una partícula, medible, mesurable.
El experimento se repitió una infinidad de veces, siempre con el mismo resultado. Cuando no se observa a las partículas que componen la realidad éstas están en un estado de indeterminación, y cuando se les observa se colapsan en el espacio-tiempo de espectador.
El fenómeno llegó más allá. En otros experimentos el comportamiento de una partícula como tal o como onda dependería de la decisión del observador de qué quiere observar. Cuando decide observar la onda de luz emitida de un átomo o elemento no olvidemos que todo los elementos de la naturaleza emiten luz por el salto de los electrones en sus orbitales, y generan una especie de huella digital o espectro. Cuando decide observar la partícula la observa también. Es decir, la materia es luz o es partícula no en sí misma, sino que ¡depende de la decisión de observador!, ¡lo que éste quiera observar! El famoso gato de Shrödinger: uno decide si está vivo o muerto dentro de la caja.
Fig.2. Según el modelo de Shrödinger el gato será encontrado vivo o muerto según lo decida el que lo busca para entregar la recompensa. Imagen tomada de:http://nubilum.es/blog/buena-comunicacion-exito-gato-schrodinger-proyectos/
Cabe apuntar que el experimento del famoso gato era un poco más complejo de lo que comúnmente se plantea y no planteó en el observador la voluntad de matar o no al gato – para tranquilidad de los amantes y defensores de los animales en los que me incluyo— sólo la decisión de mirar al cuantón como onda o como partícula, si se decidía lo segundo esta producía la apertura de un dispositivo que soltaría un gas matando al felino; si por el contrario se decide que sea onda, entonces no se activa el mecanismo y el minino vive. Finalmente sirvió muy bien esta metáfora para plantear la influencia del observador o del componente macroscópico sobre el microreino cuántico.
Es importante comentar que una corriente de físicos criticó la interpretación de la «influencia del observador» argumentando que la descripción de los elementos subatómicos comoondas o partículas es inexacta y que está influenciada por el denominado «neopositivismo» que pretende leer los componentes cuánticos micro del cosmos con elementos del pensamiento clásico (lo que se conoce como la interpretación de Copenhague u ortodoxa de la mecánica cuántica). Para ellos los microcomponentes atómicos no son ni ondas, ni partículas, ni siquiera algo que podamos describir, por ello los denominan —a falta de referentes o parámetros— como:cuantones.No obstante, reconocen que sí existe algo externo que colapsa la indeterminación de los componentes cuánticos de forma que pueden ser ubicados y localizados, y que definen como macrosistema, como lo afirma el reconocido físico y divulgador Rafael Andrés Alemáñ Berenguer:
Entonces, ¿qué produce la reducción de la función de estado de una superposición a un estado único? En realidad, no se sabe; tan sólo podemos decir que es la interacción de un cuantón con un entorno macroscópico…1
Por otra parte, esos microcomponentes de la materia distan mucho de limitarse a los ya conocidos elementos atómicos de electrón, protón, neutrón y fotón, ya que esta rama de la física —la cuántica— ha descubierto ¡36! que van de los quarks, los más elementales o pequeños al parecer, pasando por leptones, fermiones, gluones y hasta, desde luego, los bosones, de los cuales el de Higgs se considera la partícula de Dios o del creador, ya que al parecer todos provienen de esta. Por si fuera poco habría que considerar que cada partícula tiene su par correspondiente una antipartícula (estaríamos hablando entonces de ¡72! ) según lo postuló el notable físico francés Paul Dirac, primero en forma teórica y después los experimentos le darían la razón, corroborando que existe la antimateria.
Fig. 3. Esquema de clasificación de las micropartículas o partículas elementales, algo así como la tabla periódica del microcosmos. Imagen tomada de:https://es.wikipedia.org/wiki/Part%C3%ADcula_elemental
Como quiera que sea, todas las partículas elementales se comportan bajo los principios de indeterminación espacio-temporal e incertidumbre respecto a su estado y posición desde los planteamientos cuánticos. Los críticos de esta interpretación —muy en la línea que siempre mantuvo Albert Einstein— sostienen que más que no es posible que un agente externo colapse dichos, mucho menos el observador, que más bien se trata de un tema de hiperprobabilidad: son tantas las probabilidades de ubicación y/o comportamiento de las micropartículas que es imposible localizarlas. Esta interpretación se conoce como la Interpretación Estadística que es opuesta a la de Copenhague.
El experimento que refutó a Einstein
No obstante, un experimento refutó este planteamiento de Einstein Podlsky y Rosen, notables físicos que plantearon una hipótesis —para ellos experimentos mentales susceptible de corroborarse después como el de Dirac—, conocida posteriormente como la paradoja EPR (sobre decir por qué ), en la cual se planteaba que si dos partículas cuánticas o cuantones chocaran, dos electrones por ejemplo, su posición posterior sería similar y equivalente a la fuerza del choque y el impulso resultante (asumiendo que sus masas son similares). Plantearon, además, que el efecto de algún observador o elemento externo o macro sobre ellos no alteraría su desplazamiento ni posición.
No obstante, a nivel laboratorio en experimentos subsecuentes se demostró que si bien cuando chocan dos cuantones pueden desplazarse de forma proporcional en velocidad y posición, si se observa uno de ellos, o más aún: se afecta con alguna forma de energía, el otro es afectado también sinimportar que tan alejado está de su pareja cuántica. Esto no sólo demuestra la influencia externa, sino que además establece otra característica del universo a nivel micro: aunque no lo percibamos todo está interconectado. Algunos defensores de la paradoja EPR sostienen que más que interconexión la relación entre micropartículas es más una correlación que una interacción, volvemos a la hiperprobabilidad de la interpretación estadística.2
En estas reflexionesmetacuánticas, reconociendo que quizá sea éste un misterio que nos exceda y nunca resolvamos —como lo reconocen incluso los críticos de la interpretación de Copenhague— aventuramos una hipótesis sobre qué puede ser ese entorno macroscópico y cómo interactúa para colapsar la función de estado creando lo que denominamos realidad.
Cuando estos primeros hallazgos de la física cuántica tuvieron lugar no se previó las implicaciones metafísicas que iban a tener, especialmente cuando nuevas revelaciones se encontraron en la ciencia. Finalmente, si bien el principio de indeterminación se demostró en una infinidad de experimentos lo que le garantizó a la mecánica cuántica el estatus de teoría (una teoría en la ciencia, para serlo, requiere demostración experimental sucesiva: repetición de los hechos en n veces), la interpretación o explicación no del qué ocurre con la materia, sino por qué ocurre, vino años después gracias a los trabajos de una de las mentes más lúcidas de la historia: David Bohm.
El orden implicado, y en el principio fue el verbo
Cuando por fin en primera década del siglo se pudieron observar en los colisionadores de partículas las dimensiones profundas de la materia-energía (y hay que ser claros que a nivel subatómico persiste siempre la dualidad, de hecho a cualquier nivel sólo que no es percibida), se llegó a una especie de punto ciego o de inflexión. A nivel de este microcosmos cuántico pareciera que las subpartículas no pueden rastrearse en ninguna de sus manifestaciones, ni siquiera con la intervención de la consciencia del observador.
Las soluciones a este enigma y las hipótesis de acuerdo con lo rastreable han derivado en una serie de propuesta que van desde el multiverso hasta la teoría de las cuerdas. No obstante, una de las mejores propuestas, que al parecer es congruente con el funcionamiento del universo, es la que ofrece el gran físico David Bohm.
Bohm concibe a este universo y todos aquellos que existimos dentro del cosmos (es consenso casi universal que este no es el único, ya compartiremos la evidencia que se tiene al respecto), son formas en que la indeterminación de la energía-materia, es decir el caos, adquiere coherencia, es decir, se ordena. Este orden proviene de la acción directa de la consciencia. Se preguntará el lector: ¿cuál consciencia, acaso la nuestra?, ¿cómo es eso posible si yo al igual que todo este universo aparecimos en el espacio tiempo? ¡Yo no lo pude haber creado! Y en parte, sólo en parte todo esto es cierto, ya profundizaremos.
Para Bohm toda esa indeterminación procede de una especie de cosmos, aespacial y atemporal, es decir, una región sin ninguna forma de ser localizada, en la que sólo existe información que adquiere forma en los universos.La Biblia, que es una gran forma de explicar simbólicamente el funcionamiento cósmico, lo dice muy claro en el inicio del evangelio de Juan:En el principio fue El Verbo y el verbo era con Dios y el verbo era Dios.(Juan 1.1. ) Bohm a este Verbo lo denomina: El Orden Implicado.
El físico cuántico y filósofo, Juan David García, en su obraTransformación Creativa3, refiere que este orden es de información infinita y siempre verdadera, que adquiere forma en los universos a través de un mecanismo autopoiético que trataremos en otros apartados.
Hasta aquí pueden surgir muchas preguntas: ¿entonces el llamado orden implicado es la consciencia y esta es Dios? o ¿La consciencia o Dios actúan sobre el orden implicado para crear los universos y sus creaturas? Y una pregunta realmente provocadora: nosotros, al tener consciencia que actúa sobre la realidad, ¿participamos en la creación, tenemos acceso al orden implicado?
Gran parte del propósito de este libro es aproximarnos a una posible respuesta a esas preguntas. Por lo pronto, el concepto de una fuente creadora de todos los universos que lejos de ser estática es dinámica es una de las grandes aportaciones de la ciencia. Y no es sólo una especulación, el comportamiento de las partículas subatómicas, ya verificables gracias tanto a aceleradores como colisionadores de partículas y otros avances tecnológicos, así como a modelos matemáticos que dan respaldo teórico a lo experimental parecen respaldar cada día más la hipótesis de Bohm: somos la expresión concreta de un universo o cosmos inconcreto, intangible, pero verificable.
Esta noción la explica de forma muy acertada Guillermo Sánchez Aldana en su ensayo sobre el libro citado de Juan David García:
Esta teoría del orden implicado supone que este universo nuestro es el Orden Explicado del otro Universo ilimitado. Nuestro universo es pequeño y finito comparado con el Universo Infinito que existe fuera de nuestro espacio-tiempo. Dicho universo consiste de pura información, la cual es verdadera, y es transfundida constantemente a nuestro universo por procesos evolutivos.4
ElOrden Explicadosería cualquier manifestación concreta delOrden Implicado. Como veremos más adelante dichos procesos evolutivos son un mecanismo no sólo para procesar la información proveniente de este último, sino para retroalimentarlo con nueva información infinita y verdadera, en un mecanismo que a su vez puede ser infinito.
Finalmente es muy interesante como ya teoría de Bohm del orden implicado embona muy bien con la respuesta de Dios a Moisés: el orden implicado no existe, es decir, no tiene una expresión en el espacio tiempo, no es ninguna entidad física o química, ni siquiera es energía o materia. Sólo es, y ese es significa que es información creadora: Verbo.
II. Hechos a su imagen y semejanza
Una de las interpretaciones al parecer más erróneas entre los creyentes es la de la frase:hechos a su imagen y semejanza, ya que quizá por exceso de antropocentrismo o bien por poca comprensión de en realidad cuál es nuestra imagen hemos asumido que Dios tienen una imagen antropomórfica. Si hasta lo representamos barbudo y sentado en un trono.
