Doctor Cochino - Literatura erótica - Olrik - E-Book

Doctor Cochino - Literatura erótica E-Book

Olrik

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0,99 €

  • Herausgeber: LUST
  • Kategorie: Erotik
  • Serie: LUST
  • Sprache: Spanisch
  • Veröffentlichungsjahr: 2019
Beschreibung

"Apenas podía mantenerme de pie por como temblaba todo mi cuerpo. Estoy segura de que lo notó, porque me aferró fuerte mientras rodeaba mi otro pezón con su boca y su lengua.Estaba en grave peligro de estallar ya en un orgasmo.Me soltó justo antes de que eso pase y tuve que hacer un esfuerzo para recuperar el equilibrio, agarrándome de la silla que estaba detrás de mí.El doctor Andersen se había volteado hacia su escritorio, pero dijo por encima de su hombro: —Póngase cómoda. He notado que sus pezones están funcionando muy bien y que son muy sensibles.Me monté en la silla ginecológica.Este relato corto se publica en colaboración con la productora fílmica sueca, Erika Lust. Su intención es representar la naturaleza y diversidad humana a través de historias de pasión, intimidad, seducción y amor, en una fusión de historias poderosas con erótica. -

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Seitenzahl: 24

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Olrik

Doctor Cochino

Literatura erótica

Lust

Doctor Cochino - Literatura erótica

Original title:

Doktorleg Copyright © 2018, 2019. Olrik and LUST, an imprint of SAGA Egmont, Copenhagen All rights reserved ISBN: 9788726213409

1. E-book edition, 2019 Format: EPUB 2.0

All rights reserved. No part of this publication may be reproduced, stored in a retrievial system, or transmitted, in any form or by any means without the prior written permission of the publisher, nor, be otherwise circulated in any form of binding or cover other than in which it is published and without a similar condition being imposed on the subsequent purchaser.

Doctor Cochino

Literatura erótica

—¿Podrías pasarme la sal, por favor? ¿Bianca? Despierta y pásame la sal, por favor. —Está bien, cálmate, aquí tienes. —Tomé el salero de la mesa y lo apoyé con fuerza frente a Miriam. —¿Qué te preocupa? —preguntó sorprendida. —Nada. Lo lamento. No quería decirlo de ese modo. Me perdí en mis pensamientos por un momento —dije, tratando de suavizar las cosas.

En realidad, había escuchado cuando me pidió la sal unas cuantas veces, y en todos los sentidos, fui yo quien transgredió las reglas no escritas de la buena convivencia con los compañeros de trabajo, durante el almuerzo. En mi defensa, puedo decir que tenía mucho en mente en ese momento.

—¿Estás bien? —preguntó Miriam, mientras esparcía lo que parecía la mitad del contenido del salero sobre los aguacates y los huevos duros que había traído de casa.

Pensé que tal vez toda esa sal podía tener algo que ver con su dificultad para bajar de peso. Pero no dije nada. En cambio, traté de disculparme por mi comportamiento, una vez más. Obviamente no era culpa de Miriam que yo estuviera tan tensa. —Es sólo que... ya sabes... en casa... volvimos a tener una discusión anoche. —¿Ya volvió Martin? —preguntó Paul. Es mi supervisor más cercano y había sido compañero de escuela de Martin. Comprendió de repente que, como estábamos trabajando juntos, podía convertirse en el mejor amigo de Martin. Esto a pesar de que no habían tenido nada en común desde la escuela. —No, debería volver mañana por la noche —respondí. Vi las cejas de Paul alzándose, como si acabara de ocurrírsele una idea, y respondí rápidamente:

—¡Tarde! ¡Llega muy tarde! —Está bien, puedo pasar este fin de semana. —Paul se asintió a sí mismo con confianza. —No vamos a estar en casa —dije en respuesta a la idea de albergar la inevitable incomodidad que hubiera surgido entre los dos en caso de haber aceptado su invitación forzada.

—Iremos a casa de su abuela el viernes para ayudar con su fiesta de cumpleaños. —Ah —dijo Miriam—. No me sorprende que estés un poco molesta. Se va por tres semanas y los dos tendrán que irse en cuanto regrese.