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Giovanna Cristina Vivinetto

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Beschreibung

El continuo ser y no ser ese cuerpo, ver cómo se convierte poco a poco en otra persona, la alegría, la sorpresa y también la sensación de vacío de ese nuevo nacimiento, Giovanna Cristina Vivinetto nos las cuenta con el ritmo vertiginoso y encantador de su doliente lengua poética. La madre hija que nace de un padre sublimado y borrado, que recorre las etapas de esta transformación dolorosa y heroica, no tiene arrepentimientos ni miedos, pero tiene la urgencia de contar lo que ha ocurrido. No para encontrar justificaciones, sino para entregarnos a esta hija inesperada en toda su legitimidad. Del prólogo de Dacia Maraini

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Seitenzahl: 69

Veröffentlichungsjahr: 2023

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Giovanna CristinaVivinetto

DOLOREMINIMO

Giovanna CristinaVivinetto

DOLOREMINIMO

TRADUCCIÓN DEL ITALIANO DEPedro J. Plazay Ángelo Néstore

 

DOLORE MINIMO

Giovanna Cristina Vivinetto

Colección: «Letra Bastarda», 5

Primera edición: septiembre 2021

© 2021, de los poemas, Giovanna Cristina Vivinetto

© 2021, de la traducción, Ángelo Néstore y Pedro J. Plaza

© 2021, de la cubierta, Daniel Cabrera

eldibujo.com - @eldibujo

© 2021, de esta edición, Letraversal

Dirección editorial: Ángelo Néstore

Diseño: Martín de Arriba

Maquetación: Letraversal

ISBN: 978-84-127092-5-4

THEMA: DC DCF

Producción del ePub: booqlab>

Todos los derechos reservados. La reproducción total o parcial de la obra, por cualquier medio, deberá tener el permiso previo por escrito de la editorial. Diríjase a CEDRO si necesita escanear o fotocopiar algún fragmento de esta obra.

LETRAVERSAL

www.letraversal.com

Financiado por la Unión Europea-Next Generation EU

 

 

El agotamiento de ser su propia madre, el difícil deber de dar a luz desde sí misma a otra que será siempre ese yo, parece decirnos la autora, se asemeja a un doloroso mirar hacia atrás para reencontrarse consigo misma lejana y casi irreconocible en los juegos siempre iguales de la infancia.

La mirada que se convierte en indagador, en espía, se hunde, escava buscando hallar respuestas en esa ley todavía escondida, secreta y lejana.

Por aquel entonces no había desastres

que racionar, ni deformidades

que curar con largos vestidos,

ni padres de los que renegar ni nombres

que acechar al fondo de los estanques.

Pero con la adolescencia es como si este doble alcanzara a hablar, a tener una voz, un sentimiento: casi parece que las dos identidades dialoguen entre sí:

Comprendimos, así,

que si el nacimiento primero fue todo

casualidad, biología, incertidumbre, el otro,

este, fue elección, fue espera, fue penitencia:

porque fue exponerse al mundo para abolirlo,

rehabitarlo poco a poco con paciencia.

Y su continuo ser y no ser ese cuerpo, ver cómo se convierte poco a poco en otra persona, la alegría, la sorpresa y también la sensación de vacío de ese nuevo nacimiento, Giovanna Cristina Vivinetto nos las cuenta con el ritmo vertiginoso y encantador de su doliente lengua poética. La madre hija que nace de un padre sublimado y borrado, que recorre las etapas de esta transformación dolorosa y heroica, no tiene arrepentimientos ni miedos, pero tiene la urgencia de contar lo que ha ocurrido. No para encontrar justificaciones, sino para entregarnos a esta hija inesperada en toda su legitimidad.

Y este nuevo nacimiento en el mundo, este delicado y profundo intercambio de roles viene a ser la razón verdadera de su poética, que transita como los fotogramas de una película que se suceden mostrando detalles, miradas, escorzos antes neblinosos y después cada vez más limpios y cristalinos, al ritmo lento de su respiración.

DACIA MARAINI

 

Essere come voi non è così facile;sembra ma non lo è sembracosa tanto facile essere con voi macosa tanto facile non è

Ser como vosotros no es tan fácil;lo parece, pero no lo es parecealgo tan fácil ser como vosotros masno es algo tan fácil

AMELIA ROSSELLI

CESPUGLI D’INFANZIA

MATORRALES DE LA INFANCIA

It’s not the déjà vu that killsit’s the foreseeingthe head that speaks from the crater

No es el dejà vu lo que matasino lo que se ve venirla cabeza que habla desde el cráterADRIENNE RICH,trad. Natalia Carbajosa

A quel tempo ogni cosa

si spiegava con parole note.

Sillabe da contare sulle dita

scandivano il ritmo dell’invisibile.

Tutto era a portata di mano,

tutto comprensibile

e immediatamente dietro l’angolo

non si annidava ancora l’inganno.

La poesia era uno scrupolo

d’altri tempi, un muto richiamo

alla vera natura delle cose.

Così dissimulata da confondersi

con i palloni, con le bambole

dell’infanzia.

In quei tempi non c’erano disastri

da centellinare, difformità

da curare dentro abiti larghi,

padri da rifiutare e nomi

da pedinare in fondo agli stagni.

Finché non è arrivato il transito

a rivoltare le zolle su cui il passo

aveva indugiato, a rovesciare

il secchio dei giochi – richiamando

la poesia invisibile che mi circondava.

Non mi sono mai conosciuta

se non nel dolore bambino

di avvertirmi a un tratto

così divisa. Così tanto

parziale.

Por aquel entonces todo

podía explicarse con palabras conocidas.

Sílabas que contar con los dedos

articulaban el ritmo de lo invisible.

Todo estaba al alcance de la mano,

todo comprensible,

y justo a la vuelta de la esquina

no anidaba todavía el engaño.

La poesía era un escrúpulo

de otros tiempos, un señuelo mudo

hacia la verdadera naturaleza de las cosas.

Tan disimulada como para confundirse

con los balones, con las muñecas

de la infancia.

Por aquel entonces no había desastres

que racionar, ni deformidades

que curar con largos vestidos,

ni padres de los que renegar ni nombres

que acechar al fondo de los estanques.

Hasta que vino el tránsito

para voltear los bancales donde el paso

había vacilado, para volcar

el cubo de los juguetes, reclamando

la poesía invisible que me rodeaba.

No me he conocido jamás

sino en el dolor niño

de descubrirme, de pronto,

tan dividida. Tan duramente

parcial.

La prima perdita furono le mani.

Mi lasciò il tocco ingenuo

che si addentrava nelle cose, le scopriva

con piglio bambino – le plasmava.

Erano mani che non sapevano

ritrarsi: mani di dodici anni,

mani di figli che tendono al cono

di luce – che non sanno ancora

giungersi in preghiera.

Mani profonde – come laghi

in cui nessuno verrebbe a cercare,

mani silenti come vecchi scrigni

chiusi – mani inviolate.

La prima scoperta furono le mani.

Ricevetti un tocco adulto che sa

esattamente dove posarsi – mani

ampie e concave di una madre

che si accosta alla soglia ad aspettare;

mani di legno e di fiori

di ciliegio – mani che rinascono.

Mani che sanno aggrapparsi anche

all’esatta consistenza del nulla.

La primera pérdida fueron las manos.

Me abandonó aquel don ingenuo

que se adentraba en las cosas, las descubría

con gesto niño, las plasmaba.

Eran manos que no sabían

retirarse: manos de doce años,

manos de hijos que tienden al cono

de luz, que todavía no saben

juntarse para la oración.

Manos profundas, como lagos

en los que nadie querría buscar,

manos silentes como antiguos cofres

cerrados: manos inmaculadas.

El primer hallazgo fueron las manos.

Recibí un don adulto que sabe

exactamente donde posarse, manos

amplias y cóncavas de una madre

que se aparta en el umbral y espera;

manos de madera y de flores

de cerezo, manos que vuelven a nacer.

Manos que saben también agarrarse

a la consistencia precisa de la nada.

La seconda perdita fu la luce.

La malattia mi tolse la vista

dei campi abbacinati dal sole,

la trama arsa e viva dei litorali

siciliani dei miei tredici anni.

Passai quegli anni tra i fili

di panni stesi divorati dal sole,

vasi sbriciolati di terracotta

dove steli di basilico e lavanda

si inerpicavano verso la linea

del cielo – quasi a raggiungerla,

a toccarla. La luce era tutto.

La seconda scoperta fu la luce.

Non la luce che accende i terrazzi

né quella che assottiglia le strisce

di costa, ma la luce delle case

al tramonto – che si mischia all’ombra,

la luce setacciata dall’intreccio

dei rami e quella che si schiarisce

a fatica dopo un temporale

– dopo un grave malanno.

Conquistai la luce intatta dei corpi

vergini – delle fonti d’acqua

perenni che nessuno sa.

La segunda pérdida fue la luz.

La enfermedad me arrebató la vista

de los campos deslumbrados por el sol,

la trama abrasada y viva de los litorales

sicilianos de mis trece años.

Pasé aquel tiempo entre los cordeles

de la ropa tendida devorada por el sol,

vasijas resquebrajadas de terracota

donde los tallos de albahaca y de lavanda

trepaban hacia la raya

del cielo, a punto de alcanzarla,

de tocarla. La luz lo era todo.

El segundo hallazgo fue la luz.

No la luz que enciende las azoteas

ni esa que afina las líneas

de costa, sino la luz de las casas

al atardecer, que se funde con la sombra,

la luz tamizada por la trenza

de ramas y aquella que se debilita

por la fatiga tras una tormenta,

tras un grave padecimiento.

Conquisté la luz intacta de los cuerpos

vírgenes, de las fuentes perennes de agua

que ya nadie conoce.

La terza perdita fu il perdono.

Avrei voluto scusarmi per i toni