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Entre las numerosas creaciones de los hermanos Álvarez Quintero destaca Doña Clarines. La acción transcurre en un pueblo de Castilla. Doña Clarines, el personaje principal, representa la verdad, la justicia, la rectitud y la bondad. La obra fue estrenada en el Teatro Lara de Madrid el 5 de noviembre de 1909. Los hermanos Álvarez Quintero cultivaron un teatro local con gran éxito, y ambientaron sus comedias dentro de la tradición andaluza. Las obras de los hermanos Quintero renuevan la tradición del sainete, del entremés, y la comedia de costumbres, marcada por el sentimentalismo y la comicidad.
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Seitenzahl: 84
Veröffentlichungsjahr: 2010
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Hermanos Álvarez Quintero
Doña Clarines y Mañana de Sol
Barcelona 2024
Linkgua-ediciones.com
Título original: Doña Clarines.
© 2024, Red ediciones S.L.
e-mail: [email protected]
Diseño de cubierta: Michel Mallard
ISBN tapa dura: 978-84-1126-113-5.
ISBN rústica: 978-84-9953-061-1.
ISBN ebook: 978-84-9953-060-4.
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Créditos 4
Brevísima presentación 7
La vida 7
Comedia en dos actos 9
Personajes 10
Acto primero 11
Acto segundo 57
Libros a la carta 103
Serafín Álvarez Quintero (Utrera, 1871-Madrid, 1938) y Joaquín Álvarez Quintero (Utrera, 1873-Madrid, 1944)
Escribieron obras teatrales inspiradas en el costumbrismo andaluz llevado al teatro.
Antes de los veinte años, comenzaron a escribir en colaboración piezas teatrales que se representaban en el patio de su casa. En 1889, el mismo año en que su farsa Esgrima y amor se representaba en el teatro Cervantes de Sevilla, se instalaron en dicha ciudad, donde vivieron durante algún tiempo con los sueldos de unos modestos empleos en Hacienda.
Pronto fueron populares: en 1897 presentaron dos obras en un acto, El ojito derecho y La reja, y al año siguiente La buena sombra.
Los hermanos Álvarez Quintero son un caso peculiar de colaboración artística y de comunión espiritual; siendo muy distintos en apariencia física y carácter, Serafín era más abierto y locuaz; y Joaquín más cerrado y silencioso, trabajaron juntos durante todas sus vidas.
Estrenada en el Teatro Lara el 5 de noviembre de 1909.
A Francisco Bravo Ruiz
Grande amigo de personajes extraordinarios, a quien debemos el sabroso trato de doña Clarines y con él la feliz inspiración de esta comedia.
Los más vulgares de sus amigos,
Doña Clarines
Marcela
Tata
Daría
Miguel
Don Basilio
Luján
Escopeta
Crispín
Estancia preferida de doña Clarines en el piso principal de su casa de Guadalema, ciudad castellana. A la derecha del actor, en primer término, la puerta de las habitaciones de la señora. Inmediata a esa puerta, de frente al público, vetusta galería de cristales, con zócalo de madera tallada que da al jardín, y la cual, avanzando hasta el medio de la escena, cierra en ángulo recto con la pared del foro.—Una puerta a la izquierda del actor y al foro otra. Lo mismo éstas dos que la de las habitaciones de doña Clarines son de cristales y tienen mediopuntos.—En el suelo, que es de losas encarnadas, y en primer término de la izquierda, una mirilla de madera para ver desde arriba la gente que llega al portal, y cerca de ella, también en el suelo, una argolla atada al extremo del cordel que sirve para abrir el portón sin tener que bajar escaleras.—Muebles antiguos, pero ricos y bien cuidados. Algunos retratos al óleo, de familia, decoran las paredes. Es de noche. Una lámpara que fue primero de petróleo, luego de gas y ahora es de luz eléctrica, alumbra la estancia. La luz de la Luna platea las copas de los árboles del jardín, que asoman tras los cristales de la galería.
La escena está Sola. Dentro, lejos, en el piso bajo, óyese ladrar a Leal, el perro de doña Clarines, anunciando que alguien llega a la puerta. Por la del foro aparece Tata, vieja desdentada y ruinosa, pero activa y despierta, pies y manos de doña Clarines y su admiradora incondicional.
Tata ¡Calla, Leal, calla! Con este perro no hemos menester campanilla. ¡Calla ya, escandaloso! Calla el perro. Tata se asoma a la mirilla. ¿Quién es? ¡Ah! Don Basilio con el amigote que esperábamos. Haga el Señor que no tengamos toros y cañas con el tal amigote. Tira del cordel para abrir.
Sale Escopeta por la puerta de la derecha. Escopeta es un mozo andaluz, criado reciente de la casa. En la mano trae una botella de la botica, llena de agua al parecer.
Escopeta Pos, señó, güeno está. Oiga usté, Tata.
Tata ¿Qué hay con Tata?
Escopeta Las señoras de Guadalema, ¿son todas como doña Clarines?
Tata ¡Qué disparate! Lo que quisieran las señoras de Guadalema era saberla descalzar. ¡Aaaaah! ¡Doña Clarines! Doña Clarines no hay más que una...
Escopeta Más vale. Porque si no, era cosa de pitá otra vez pa mi tierra y dejá a Guadalema y a toa Castiya na más que pa vení cuando hubiera festejos.
Tata ¿Pues?
Escopeta ¿Er criao que estuvo en la casa antes que yo, duró mucho ar servisio de la señora?
Tata Seis días escasamente. Era muy casquivano y muy gandul.
Escopeta ¿Y er de antes?
Tata El de antes no duró sino tres. Aquel era muy poquita cosa. Se asustaba de todo.
Escopeta ¡Es que se asusta er Sí Campeadó! ¿Usté sabe los mandaos que esta señora quié que uno le yeve a to er mundo?
Tata ¿No he de saberlo? ¡Aaaaah! Y que o se dicen las razones como ella las da, ce por be, o por la puerta se va a la calle. ¡Es mucha señora!
Escopeta ¿Pos sabe usté lo que se me ocurre? Que en lugá de un criao debía tené un piquete de infantería.
Tata Poco murmurar, ¿eh?
Escopeta No es murmurá, señora; es que ahora me ha mandao que me yegue a la botica con esta boteyita que traje pa la señorita Marsela, y que le diga ar boticario: «De parte de doña Clarines, que no es esto lo que eya ha pedío; que agua der poso ya tiene eya bastante en su casa, y que se vaya usté a robá a Despeñaperros.»
Tata Riéndose. ¡Aaaaah! Oyéndola estoy.
Escopeta ¡Y yo estoy oyendo ar boticario!
Tata Pues así lo ha de decir usted si no quiere perder la casa.
Escopeta ¿No le daría iguá por escrito?
Tata Ande, ande a su obligación y déjese de más discursos.
Escopeta ¿Qué se le va a hasé? Vamos a que me tire un mortero er tío ese. Peó fuera no verlo. Se marcha por la puerta del foro hacia la izquierda, canturreando y contoneándose.
Tata ¡Ay! Muy zaragatero eres tú para hacer los huesos duros en esta casa.
Por la misma puerta que se ha ido Escopeta, salen Don Basilio y Luján. Don Basilio, hermano de doña Clarines, es un señor de ojos vivos y cabeza inquieta, señal de poco peso. Viste con desaliño. Luján, antiguo amigo suyo, es hombre de pesquis, un tanto socarrón y de espíritu reposado y tranquilo. Viene en traza de haber caminado a caballo unas leguas. La edad de uno y otro anda alrededor del medio siglo.
Don Basilio Pasa, Isidoro.
Luján Buenas noches.
Tata Buenas las tenga usted, señor mío.
Don Basilio ¿Y mi hermana, Tata?
Tata También son ganas de preguntar lo que sabe usted de memoria: en sus habitaciones.
Don Basilio A Luján. ¿Quieres verla?
Luján Si no ha de servirle de molestia, con mucho gusto. Mirando un cuadro. ¿Este retrato es de tu padre?
Don Basilio Sí; ése es papá. Papá recién casado. Como yo lo conocí mucho después, no puedo apreciar si se parece. ¡Je! A Tata, mientras Luján ve los otros cuadros y observa el jardín. Bueno, tú, llégate y dile a doña Clarines que aquí está ya mi amigo el señor Luján, que desea saludarla.
Tata Bajo a don Basilio. ¡Va a Soltar una descarga de fusilería!
Don Basilio Lo mismo, a Tata. ¡Ya lo sé! Pero si no es ahora será luego más tarde!
Tata Ah, bien, bien. Por mí no ha de quedar.—Con permiso, buen caballero. Vase por la puerta de la derecha.
Luján ¿Quién es esta vieja escamona?
Don Basilio ¡Tata! La tradición, como quien dice. Nos ha visto nacer a todos. Ya la infeliz no es más que una de tantas ruinas en este viejo caserón de los Olivenzas. ¡Pobre caserón! Por mucho que lo cuido, y lo revoco, y lo aderezo, se viene abajo, como la familia.
Luján ¡Pues tú no te conservas mal!
Don Basilio ¿Y me lo dices tú, que estás hecho un pollo?
Luján Sí lo estoy, sí. Para la edad que tengo... Pero eso no quita... Desde que resolví que nada me importase nada, en vista de que lo contrario me afectaba al hígado, marcho como unas perlas.
Don Basilio Es verdad. Quince años hacía que no te echaba la vista encima y, lo que es en lo exterior, apenas si han dejado huellas.
Luján Me las arranca mi mujer.
Don Basilio ¡Ah, carape! Secretos del hogar.
Luján Sí. Tú, en cambio, te las tiñes. Ya lo he visto.
Don Basilio Secretos del tocador.
Luján ¡Secreto a voces!
Don Basilio Chico, hay que defenderse. No me resigno a la vejez de la cabeza, cuando tengo el corazón entrando en quintas. Pero siéntate, galopín.
Luján Obedeciéndolo. Cansadillo estoy. Mi caballejo tiene un trotecillo que desbarata. En mal hora se le ocurrió a don Rodrigo ponerse neurasténico, y a su familia llamarme a mí a consulta. Me he vuelto poltrón. No me gusta salir de mi casa.
Don Basilio ¿Y querías irte a parar a un fonducho? ¡Ca, hombre, ca! Los días que estés en Guadalema, en mi casa vives.
Luján Dios te lo pague. La comida de las fondas me aterra. Las camas me espantan. Sobre todo en cuanto empieza Mayo. En fin, que te agradezco muy de veras tu hospitalidad.
Don Basilio No se hable más de ello. ¿Qué tal te va en ese poblacho?
Luján Tan bien como en otra parte cualquiera. Todo está en todo. Estoy decidido a vivir a gusto.
Don Basilio ¿Te quedan gajes, además de la titular?
Luján No faltan. El pueblo es rico, la gente no es de la peor... me quieren...
Don Basilio ¿Hay muchos enfermos?
Luján Muchos: pero los voy matando a casi todos.
Don Basilio ¿Entonces cómo te quieren tanto?
Luján Porque elijo bien. ¿A quién no le sobra un pariente?
Don Basilio ¡Ja, ja, ja! Veo que también conservas aquellas tus salidas chuscas de mozo. Reparando en Tata, que se acerca. Ahora verás.
Luján ¿Cómo?
Don Basilio Que ahora verás.
Sale Tata
Tata Aquí estoy ya de vuelta. Encarándose con Luján. Bueno, señor: es costumbre de la señora que sus servidores demos los recados a todas las personas de la misma forma que ella los da.
Luján Bien. Me parece muy bien.
Don Basilio ¿Tú le has dicho?...
Tata
