Educación: La promesa incumplida - Marcela Ramos - E-Book

Educación: La promesa incumplida E-Book

Marcela Ramos

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«La educación está, si tú pagai tenís buena educación, si no pagai, no po». «¿Cómo le explicas a tu hija de cuatro años que no quedó por el DICOM?». «Son los colegios los que te eligen a ti; o sea, la libertad de elección no existe». «Me tiré al suelo, iba todos los días, llamaba por teléfono; o sea, mostré todas mis ganas de estar en el colegio, estaba desesperada, me arrastré como un gusano». «Como está muy de moda el déficit atencional, los niños tienen que ir al colegio prácticamente empastillados». «El colegio es bueno para los chicos que tienen buenas notas, pero los que no, los van dejando de lado y los aburren, para que se vayan». En Educación, la promesa incumplida hablan padres y madres que han tenido que aprender a navegar en un sistema escolar regido por lógicas de mercado, con un fuerte componente de pago, competencia, privatización y selección. Son testimonios y reflexiones íntimas, realidades en las que creemos una gran mayoría se sentirá reflejada. ¿Cómo ven la educación pública? ¿Qué piensan de los colegios privados? ¿Cómo se sienten ante los procesos de admisión escolar? ¿Cómo imaginan el futuro de sus hijas e hijos? ¿Qué les parece el trato que se da a los estudiantes «problemáticos»? Esperamos que este libro contribuya a generar una conversación nueva sobre educación en Chile; una donde la escuela sea un lugar de aprendizaje, creación y encuentro de una sociedad diversa, que aspira a construir espacios justos y amables para todxs lxs estudiantes.

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Seitenzahl: 364

Veröffentlichungsjahr: 2022

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Ramos, Marcela / Bellei, Cristián / Canales, Manuel /Contreras, Mariana / Guajardo, Fabián / Orellana, Víctor

Educación: La promesa incumplida

Esfuerzo, miedos y esperanzas de familias chilenas en el mercado escolar

Santiago de Chile: Catalonia, 2022

192 pp. 15 x 23 cm

ISBN: 978-956-324-964-4

ISBN Digital: 978-956-324-965-1

CIENCIAS SOCIALES / EDUCACIÓN370

Diseño de portada: Amalia Ruiz

Corrección de textos: Hugo Rojas Miño

Diagramación: Salgó Ltda.

Dirección editorial: Arturo Infante Reñasco 

Editorial Catalonia apoya la protección del derecho de autor y el copyright, ya que estimulan la creación y la diversidad en el ámbito de las ideas y el conocimiento, y son una manifestación de la libertad de expresión. Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar el derecho de autor y copyright, al no reproducir, escanear ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo ayuda a los autores y permite que se continúen publicando los libros de su interés. Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, en todo o en parte, ni registrada o transmitida por sistema alguno de recuperación de información. Si necesita hacerlo, tome contacto con Editorial Catalonia o con SADEL (Sociedad de Derechos de las Letras de Chile, http://www.sadel.cl).

Primera edición: agosto, 2022

RPI: 2022-A-6526

ISBN: 978-956-324-964-4

ISBN Digital: 978-956-324-965-1

© Catalonia Ltda., 2022

Santa Isabel 1235, Providencia

Santiago de Chile

www.catalonia.cl - @catalonialibros

Diagramación digital: ebooks [email protected]

Índice

Introducción: Navegando en el mercado de la educación

Cristián Bellei, Marcela Ramos, Mariana Contreras Fabián Guajardo, Víctor Orellana

Sección I

Una educación estructurada por dinámicas de mercado

Capítulo 1¿Cómo ven la educación pública las diferentes clases sociales en Chile?

Cristián Bellei, Mariana Contreras

Capítulo 2¿Contribuyen las familias a la segregación social de las escuelas?

Cristián Bellei, Mariana Contreras

Capítulo 3Racionalidad económica del pago en educación: Capital humano en uso

Mariana Contreras, Cristián Bellei

Sección II

Ser buenos padres y madres en un mercado educativo

Capítulo 4 Educación, moral y buenas familias

Fabián Guajardo, Marcela Ramos

Capítulo 5¿Por qué pagar por la educación de los hijos?

Marcela Ramos, Cristián Bellei

Capítulo 6La educación en la zona sur de Santiago

Víctor Orellana

Sección III

Elegir ser seleccionado: La fórmula chilena de la elección de escuela

Capítulo 7La naturalización de los procesos de selección

Mariana Contreras, Cristián Bellei

Capítulo 8El alumno como un problema que “se deriva”

Mariana Contreras, Fabián Guajardo

Capítulo 9Una elite enclaustrada

Marcela Ramos

Sección IV

Fisuras y paradojas del modelo neoliberal

Cristián Bellei, Mariana Contreras, Fabián Guajardo, Víctor Orellana, Marcela Ramos

Voucher escolar en Chile: Del desfonde del sentido de la educación y la individuación neoliberal popular

Manuel Canales, Cristina Hernández, Emilio Santana, Alfredo Sierra

Introducción

Navegando en el mercado de la educación

Cristián Bellei Marcela RamosMariana Contreras Fabián Guajardo Víctor Orellana

“Mi hijo es súper inteligente y quisiera que aprovechara su inteligencia al máximo. En este país no se puede de otra manera: hay que ponerlo en un buen colegio para que el cabro no se pierda. Si lo pongo en un colegio donde le van a enseñar la mitad de lo que puede absorber, se va a perder no más”, explica Angélica, madre de cinco hijos.

Así como el de Angélica, decenas de testimonios dan vida a este libro cuya ambición es grande: comprender cómo viven las personas en sus entornos familiares y de cuidado el desafío de educar a la siguiente generación en el Chile actual; explorar cuánto les ha marcado el modelo de mercado escolar que caracteriza al sistema educativo.

Por cierto, nociones como “familia” y “mercado escolar” no son realidades monolíticas.

Las personas entablan vínculos familiares múltiples que experimentan cambios importantes según transcurren sus vidas. El modelo “tradicional” de familia tiene cada vez menos peso, haciendo que la diversidad sea más legítima. Una sociedad sacudida por los reclamos feministas en los últimos años camina a nuevas formas de relación entre los géneros, y respecto del cuidado de las generaciones que vienen. Matrimonios e hijos, parejas de hecho, padres y sobre todo madres que viven solas con sus hijos, abuelas a cargo de la crianza de sus nietas y nietos; la diversidad es cada vez más la regla y esto no debe olvidarse cuando hablamos de “familia” a lo largo del libro. Estas diferentes conformaciones y sus cambios han incidido no solo en la crianza, sino que también en la educación de niños y niñas, especialmente en un sistema como el chileno, que pone tanto peso sobre los hombros de las familias a la hora de distribuir las oportunidades educacionales.

Esto ocurre porque la educación en Chile se ha construido desde hace décadas como un “mercado escolar”, lo que tiene profundas implicancias precisamente en la relación entre las madres, padres o tutores a cargo (“apoderados” en Chile) y los establecimientos educacionales. No existe una definición única de lo que es un mercado escolar, pero podemos afirmar que, en esencia, se trata de un modelo en que las escuelas deben —para poder financiarse— competir entre sí para atraer matrícula, lo cual se logra captando las preferencias de las familias, las que pueden (en principio) elegir dónde matricular a sus hijos e hijas. Pero el caso chileno es uno de extremo mercado. Único en el mundo. Aquí se mercantilizó fuertemente el sistema tras la creación del voucher durante la dictadura militar: un mecanismo de financiamiento a través del cual escuelas públicas y privadas reciben una subvención por cada estudiante que asiste efectivamente a clases. A esta subvención han tenido acceso incluso escuelas cuyos dueños persiguen fines de lucro, en las mismas condiciones que las escuelas públicas. Este sistema se proyectó luego en democracia, al grado que, desde 1993, se facilitó y promovió abiertamente que los establecimientos privados subvencionados por el Estado cobraran aranceles sin perder el financiamiento estatal, lo que terminó profundizando el carácter mercantil de la educación chilena1. Globalmente, el mercado ha creado una educación nueva: la privada con orientación lucrativa, hoy actor gravitante en todos los niveles de nuestra educación.

En las páginas de este libro están las experiencias de padres y, fundamentalmente, madres de distintas comunas de Santiago y de regiones; técnicos, profesionales, contratadas y desempleadas, trabajadores por cuenta propia, y dueñas de casa, cuyos hijos e hijas asisten a escuelas o liceos municipales, particulares subvencionados gratuitos o con copago, o bien forman parte de ese pequeño grupo que da vida a la educación particular pagada en Chile (esa que no recibe subvención pública). Aquí expresan sus miedos, esperanzas y frustraciones, y delinean las estrategias o las intuiciones que siguen para doblar la mano a un sistema educativo que la mayoría percibe como injusto.

Los testimonios interpelan y probablemente harán que quienes los lean reconozcan sus propias preocupaciones, temores y sueños. Como le ocurre a Ricardo, padre de dos hijos pequeños, cuando piensa en lo que puede pasar si la vida se pone cuesta arriba:

Yo soy alguien que no quiere transar educación. Prefiero caminar o bajarme del auto a transar educación y es algo que lo conversamos; o sea, la carga del colegio es importante en el presupuesto de esta casa (…) Nos bajaremos del auto, disminuiremos otras cosas, pero para mí la educación es fundamental, yo sé que la educación hace la diferencia en la vida de las personas.

Nuestros entrevistados hablan de la desconfianza en el liceo municipal; de las discriminaciones que han sufrido en el sistema privado; de la medicación de los hijos; de la importancia de pagar por la educación; de la lucha por conseguir cupos y de cómo la educación y las oportunidades aparecen constantemente en la conversación familiar. En los diversos testimonios queda retratado también cómo el sistema de mercado educativo ha ido moldeando lo que las personas entienden, valoran y buscan, así como aquello que quizás consideran deseable pero imposible, como una educación de calidad por la que no tengan que endeudarse o hacer sacrificios para costear.

Cómo las personas ven la educación de sus hijos es un tema de interés común, del que probablemente se está constantemente conversando en la mayoría de los hogares. En 2018, según un estudio de distintas universidades, más del 90% de los chilenos pensaba que para surgir en la vida era bastante o muy importante “tener un buen nivel de educación”. Era, por lejos, la principal razón dada por los encuestados, superando al trabajo duro, la ambición o el origen familiar (COES, 2018)2.

El que las oportunidades de vida se jueguen (o se crea que se juegan) en medida importante en la esfera educacional hace que la experiencia de las familias en relación con la educación esté cargada de expectativas, sueños y esperanzas, y también de frustraciones, temores y sentimientos de fracaso. Son estos sueños y temores, finalmente, los que han tenido que moverse al ritmo del mercado educativo. Nuestro libro es una inmersión en esas experiencias y en los significados que tienen para las personas.

Conversar sobre educación: Una ventana a la sociedad chilena

La forma en que se decide dónde estudia cada uno y, de este modo, quién estudia con quién es un rasgo crucial de los sistemas educacionales.

En el caso chileno, construido como un “mercado escolar”, madres y padres juegan oficialmente un rol clave: deben elegir la escuela que prefieren para educar a sus hijos e hijas. Si eligen bien, reza la teoría, ellos tendrán una experiencia escolar más satisfactoria y mejores oportunidades futuras; si se equivocan, los pondrán en riesgo y lo pasarán mal.

Dada la centralidad que en Chile tiene la elección de escuela, nos hemos dedicado varios años a estudiarla3. Nuestra idea inicial —cuando comenzamos en 2013— era comprender las razones, motivos y criterios que las familias de diferentes clases sociales ponían en juego al momento de elegir escuela para sus hijos e hijas o menores sobre los que eran responsables. Queríamos ver qué tanto se cumplen los supuestos de un mercado educacional autorregulado y competitivo, en el único país del mundo que ha implementado esta lógica a escala nacional, por cuatro décadas, y agregando algunos aspectos más controversiales, como el cobro de aranceles, la selección de estudiantes por las escuelas, y la evaluación universal de los alumnos vía tests vinculados a incentivos monetarios para los profesores y cuyos resultados se difunden abiertamente a las familias y a la prensa. A esas alturas, había bastante evidencia sobre el fracaso del “modelo neoliberal” en educación, pero casi nada se sabía sobre la subjetividad de madres y padres al respecto.

Es posible lograr una comprensión profunda de la perspectiva de las personas a través de métodos cualitativos de investigación social. Los estudios que dan vida a este libro se basan en entrevistas y grupos de discusión con alrededor de 200 madres y padres de estudiantes de diferentes clases sociales4 y distintas ciudades. La abrumadora mayoría de quienes participan en nuestras investigaciones son mujeres, porque son ellas quienes principalmente asumen la responsabilidad sobre la educación de los hijos e hijas y se vinculan con las escuelas. Aunque nuestros estudios han incluido algunas zonas rurales, la inmensa mayoría de las participantes que presentamos vive en ciudades, porque es allí donde el asunto de la elección de escuela y, más en general, las dinámicas de mercado escolar se dan con más intensidad.

Hemos avanzado en comprender más de cerca cómo se elige escuela en Chile, lo complejo del proceso y los múltiples significados asociados a esa decisión. Todavía queda mucho por estudiar, ciertamente, pero hemos encontrado que elegir escuela se vincula estrechamente con la clase social y el contexto socio-espacial en que se vive. Asuntos profundos están involucrados, como la desigualdad educativa que experimentan las personas, la compleja relación de las familias con la provisión pública de servicios y la enorme fe/esperanza que depositan algunos grupos en la educación como herramienta para la movilidad social. En Chile, el campo de estudio de la elección de escuela tiene gran relevancia para comprender la relación que se ha creado entre la institucionalidad educacional y las transformaciones que han vivido las personas en su vínculo con la educación.

Pero en el camino aprendimos mucho más. En las entrevistas y grupos de discusión sostenidos con madres y padres se revelaron temáticas que atravesaban la conversación sobre la elección de escuela situándose en un plano más general. Sin anticiparlo, nos dimos cuenta de que la conversación sobre la elección de escuela se transformó en una ventana hacia la experiencia más global de las personas y la educación; incluso más, en un punto de observación sobre la sociedad chilena actual. El propósito de este libro es invitar a los y las lectoras a asomarse a esa conversación sobre la educación en Chile y la que queremos construir para el futuro.

¿Profundamente neoliberales?

En Chile se ha discutido mucho sobre educación, pero se ha considerado escasamente la visión de las personas al respecto. Más en general, se ha reflexionado poco sobre cómo las grandes reformas estructurales —en este caso, haber convertido la educación en un mercado— han sido procesadas y han impactado la cotidianidad de las familias y su visión sobre las cosas. Por cierto, como en otras sociedades, chilenas y chilenos tienen preocupaciones más o menos comunes sobre la educación, como su aporte al desarrollo infantil, la necesidad de adquirir aprendizajes relevantes, el tipo y carácter de la convivencia en las escuelas, la proyección de carreras educativo-laborales, y las expectativas de movilidad social, por nombrar algunas. Lo particular del caso chileno es advertir cómo la lógica de mercado impuesta al sistema educacional, vinculada al neoliberalismo imperante en muchas esferas de la vida, ha ido moldeando prácticas y visiones, al punto de constituir una especie de subjetividad propia.

Comprender ello y la visión social que contiene esa subjetividad es muy importante, porque ella tiende a ser más duradera que las prácticas, reglas e instituciones que le dieron origen. Como veremos, esta subjetividad dista mucho de ser la interiorización por parte de las personas del ideario o doctrina neoliberal5. Es una forma de ser construida en tensión con sus mecanismos, llena de agobios, angustias, aunque también de esperanzas y de resistencias. En aquella subjetividad —efecto cultural de largo aliento del neoliberalismo educacional chileno y en general de la profunda mercantilización de la vida—, podemos observar de mejor modo tanto algunas de sus inercias, como las potencialidades de cambio que echa a andar.

¿En qué medida la nueva situación política del país, este proceso de cambios que se inauguró con el estallido y el proceso constituyente, se relaciona con los dilemas que enfrentan las personas a la hora de elegir escuela o educación para sus hijos e hijas? Las experiencias narradas aquí nos ayudan a entender un poco esto de que no por elegir escuela, endeudarse e ir al mall a buscar ofertas las y los chilenos somos neoliberales.

Estos alcances son relevantes porque una característica notable del neoliberalismo chileno es que, desde la recuperación de la democracia, su profundización está acompañada de un discurso crítico del mercado. Así, el sistema educativo ha estado sometido a muchas modificaciones en los últimos años, dirigidas precisamente a menguar los excesos del mercado, y parte del debate ha sido sobre cómo esta sociedad (aparentemente neoliberal en sus ideas) las recibe. Un ejemplo relevante es precisamente aquel que altera el proceso de admisión: el núcleo de la experiencia de elegir escuela. Recientemente —como parte de la llamada Ley de Inclusión Escolar, 2015— se instauró en Chile un nuevo Sistema de Admisión Escolar (SAE), que modifica radicalmente estos procesos, para evitar discriminaciones arbitrarias. Las familias ahora postulan a sus hijos a las escuelas financiadas por el Estado —públicas y privadas— a través de una plataforma online, la cual asigna los cupos disponibles en base a las preferencias, ciertos criterios de prioridad de los postulantes (por ejemplo, si provienen de familias de menos recursos o si tienen hermanos en el colegio) y el azar, en caso de haber más postulantes que cupos.

Más allá de la modificación que supone el SAE en la admisión, tanto antes como después de su implementación, las escuelas y liceos son básicamente los mismos, y la sociedad en la que están insertos también. Así, aunque la mayor parte de los relatos de madres y padres contenidos aquí datan de antes de esta modificación, no son en ningún caso crónicas de un tiempo superado. Por lo demás, en las escuelas privadas que se financian solo cobrando a las familias, los procesos de admisión no han cambiado pues a ellas no se les aplica el SAE, y —como sabemos— entre los establecimientos subvencionados por el Estado las prácticas de discriminación hacia estudiantes y familias no se acaban porque una norma lo diga, sino que tienden a recrearse en espacios, momentos y formas novedosas que es esencial conocer. En suma, la subjetividad que se ha construido todos estos años, en tensión con estos mercados de derechos sociales, como el educativo, sigue guiando la práctica de las personas, toda vez que el mercado sigue gobernando aquellos espacios.

Para cumplir su propósito de comprender en profundidad la experiencia y visión de madres y padres, este libro es abundante en citas, casos, detalles, vivencias. Hemos reducido las referencias académicas y aumentado las referencias vitales. Quisimos dar más voz a nuestros entrevistados y entrevistadas, para devolver a la sociedad chilena la conversación que ella misma produce, y que todos experimentamos en nuestro “pequeño mundo”, nuestro barrio, clase, comunidad. Al hacerlo, esperamos mostrar las preocupaciones comunes que atraviesan a la sociedad, pero también los modos distintos en que estas se viven en la contrastante geografía física y social que caracteriza a Chile. Este libro busca ir más allá de un lector o lectora académico/a (que por cierto, creemos, estará muy interesado/a), alcanzando a un público general, recogiendo las voces, sentimientos y miradas desde madres y padres de diversas clases sociales y territorios.

Segregación escolar, buenos padres, el poder de los colegios: Asuntos sensibles sobre educación en Chile

Para escribir este libro, reanalizamos colectivamente el conjunto del material producido en los estudios que realizamos desde 2013. Volvimos a las entrevistas y grupos de discusión para identificar núcleos temáticos subyacentes que dieran cuenta de las múltiples experiencias/visiones sobre la educación. Para organizar nuestras conclusiones, construimos una matriz de análisis que incluyó cuatro áreas temáticas: i) la educación como “espacio de esperanzas y desesperanzas” para las familias en referencia a sus hijos; ii) “el poder de los colegios” y la forma en que estos se relacionan con las familias, para integrarlas, pero muchas veces también, excluirlas; iii) la visión de lo que es ser “un buen padre”, que distingue —supuestamente— a quienes se preocupan (y a los que no) por la educación de los hijos, y iv) la educación como “un espejo de la sociedad”, porque condensa visiones sobre lo público y lo privado, y la segregación entre las clases sociales. Los capítulos que contiene este libro surgen de esta organización conceptual y recogen la diversidad y los distintos puntos de vista de quienes lo escribimos.

En concreto, la primera sección está concentrada en dimensiones estructurales del sistema educativo, como son la educación pública, la segregación escolar y la lógica económica que da forma a buena parte de las decisiones que las personas toman al proyectar la educación de hijos e hijas. En el capítulo 1, Cristián Bellei y Mariana Contreras abordan brevemente el devenir reciente de la educación pública y presentan testimonios que nos muestran cómo las distintas clases sociales se relacionan con la escuela y el liceo municipal, y sobre todo la visión que tienen sobre la educación pública, marcada en buena medida por el decaimiento de ese tipo de provisión producto de las dinámicas de mercado que hemos mencionado y que imperan en Chile desde hace décadas. Ciertamente, en momentos en que en el país se implementa una reforma para “des-municipalizar” la educación pública, creando Servicios Locales de Educación que asumirán la administración de todas las escuelas y liceos estatales6, es esencial tener en cuenta el modo en que esta es percibida por la sociedad. En el capítulo 2, los mismos autores muestran cómo —muchas veces inadvertidamente y hasta de modo indeseado— las familias contribuyen a la segregación social de escuelas y liceos en Chile, describiendo esta dinámica al interior de las diferentes clases sociales. Por cierto, el texto atribuye la mayor parte de este proceso al empuje segregador causado por las reglas de mercado y el modo en que los colegios se han adaptado a ellas. Pero es claro que a estas alturas madres y padres se han ajustado activamente a este orden de cosas para intentar navegar exitosamente en él. En el capítulo 3, Mariana Contreras y Cristián Bellei presentan las diversas lógicas que las familias aplican para decidir “cuánto y cómo invertir” en la educación de hijos e hijas, y la “gimnasia financiera” que una mayoría debe practicar para navegar por un sistema educativo exigente en términos económicos y finamente diferenciado, pues “hay escuelas para todos los bolsillos”. A nivel mundial, Chile está entre los países donde más se gasta privadamente en educación y la escuela está asociada a una serie de costos (matrícula, mensualidad, transporte, almuerzo, útiles, actividades extraescolares) que la mayoría de las personas entrevistadas cubre con enorme esfuerzo.

La sección dos se mueve hacia una dimensión subjetiva que se nos reveló muy sensible para quienes entrevistamos: la relación con la escuela y más en general con la educación de los hijos e hijas expresa una cierta moralidad de las familias; es decir, nociones sobre lo que está bien y lo que no en la forma de educar. Está integrada por los capítulos 4, 5 y 6, en los que presentamos testimonios fundamentalmente de las clases medias y populares sobre su relación con la educación. En el capítulo 4, Fabián Guajardo y Marcela Ramos profundizan acerca de la moral, es decir, lo que en general padres y madres entienden como ser “buenos padres”; en el capítulo 5, Marcela Ramos y Cristián Bellei abordan la importancia que las familias dan al hecho de “pagar” por la educación de los hijos e hijas. También sobre esto ha habido bastante debate público en Chile, especialmente desde que el movimiento estudiantil demandara una educación gratuita y la mencionada Ley de Inclusión comenzara un proceso gradual de eliminación de los cobros a las familias en la educación subvencionada, terminando así con el copago o “financiamiento compartido”. En el capítulo 6, Víctor Orellana hace un zoom a la experiencia de La Florida, una comuna de la Región Metropolitana que nos permite retratar mejor que cualquier otra el impacto de la lógica del mercado educativo en las familias chilenas pertenecientes a los llamados “nuevos sectores medios”.

La sección tres (compuesta por los capítulos 7, 8 y 9) desmitifica uno de los componentes clave del mercado escolar chileno: la elección de escuela por parte de las familias, las cuales —en buena parte de los casos— están sometidas al poder de selección de los colegios, y por lo tanto las que de verdad eligen son las menos. En el capítulo 7, Mariana Contreras y Cristián Bellei muestran cómo hemos naturalizado los procesos de selección de alumnos aplicados por las escuelas en Chile, y cómo ello ha afectado a muchas familias cuyos hijos quedan fuera del sistema y se perciben como excluidos, pero también a quienes logran entrar por cuanto se refuerza una relación de subordinación hacia los colegios, la cual se ha llegado a considerar normal o casi inevitable. En el capítulo 8, Mariana Contreras y Fabián Guajardo abordan el enorme y creciente problema de la medicación en los niños y niñas, un fenómeno que tiene mucho que ver con las prácticas selectivas, por cuanto expresan una expectativa de buen desempeño y comportamiento de los estudiantes. Esta sección concluye con el capítulo 9, en el que Marcela Ramos hace una revisión específica de las estrategias de las clases alta y media-tradicional para mantenerse y reproducirse en colegios exclusivos y costosos: qué buscan, cuánto pagan, cuánto se preparan para entrar, quiénes quedan fuera, quiénes tienen un cupo asegurado son algunas de las preguntas que contestamos, junto con analizar las trayectorias de quienes asisten a los establecimientos de elite en Chile.

El libro cierra con una sección que contiene dos capítulos de análisis transversal, de carácter más interpretativo. En el primero, Fisuras y paradojas del modelo neoliberal, Cristián Bellei, Mariana Contreras, Fabián Guajardo, Víctor Orellana y Marcela Ramos resumen las bases teóricas e ideológicas que dieron origen al modelo de mercado educativo y las ponen a conversar con la realidad que viven padres y madres, a quienes la teoría llamó a elegir escuela como si fueran consumidores de un mercado perfecto, y no familias intentando hacer lo mejor posible por sus hijos (como harían todos) en contextos complejos, en los que muchas veces las decisiones son intuitivas, y responden a cuestiones prácticas, como los recursos o el lugar donde se vive, y por lo tanto la fórmula del elector es extremadamente simplificadora. Más de fondo, mostramos cómo la conversación en este libro nos permite entender algunos motivos profundos del 18-O, y de los desafíos que tenemos, considerando que se está discutiendo sobre derechos sociales en un país que durante 40 años cerró esa puerta, porque la asignación correcta era la del mercado. El segundo capítulo de cierre —Voucher escolar en Chile: Del desfonde del sentido de la educación y la individuación neoliberal popular— es un análisis sociológico crítico del discurso de la elección de escuelas, en el que Manuel Canales, Cristina Hernández, Emilio Santana y Alfredo Sierra abordan el sinsentido que parece reproducirse en el sistema educacional chileno, lo que trae como consecuencia que la educación se mercadea. En Chile, escriben los autores y la autora, “no se habla de ni se elige educación, porque se habla de y se elige elección, selección escolar. Eso es lo que aquel mercado puso en venta: para ese cliente, ese servicio”.

¿Cómo se vive en una sociedad en que los jóvenes piensan que hay pocas posibilidades para surgir?

Comenzamos esta introducción enfatizando la importancia que las personas en Chile asignan a la educación para la constitución y el desarrollo personal —lo que en términos comunes se entiende como ser alguien en la vida, ser más que los padres, salir adelante, tener mejores posibilidades—, especialmente en el mundo del trabajo y, por su intermedio, en las múltiples oportunidades y recursos que dependen de él. Esto explica buena parte de la enorme demanda social que ha habido en Chile por aumentar la educación, desde por lo menos los años 60’, hasta alcanzar coberturas universales en enseñanza media y masivas en educación superior. Sin embargo (y algunos, equivocándose a nuestro juicio, podrán decir “paradójicamente”), los chilenos no creen que en la actualidad las oportunidades de surgir sean muy amplias, o que la educación se haya hecho más justa; peor aún, una buena parte cree que las oportunidades son cada vez menos para quienes no son de los sectores privilegiados. De acuerdo con la Encuesta Bicentenario de la PUC, en 2020 solo el 31% de los chilenos creía que las chances para “un joven inteligente pero sin recursos de entrar a la universidad” eran altas, significativamente menos que el 52% que creía esto en 2009. En el mismo período, también cayó dramáticamente la proporción que cree que en Chile las chances de “una persona de clase media de llegar a tener una muy buena situación económica” son altas (pasando de 49% a 20%), o de “un pobre de salir de la pobreza” (27% a 16%), cosa que entre los más jóvenes solo el 9% cree. ¿Cómo se vive en una sociedad en que uno piensa que hay pocas y decrecientes oportunidades para surgir, y que siendo la educación una necesidad cada vez más imperativa para disputarlas, esta vía es cada vez más estrecha?

La respuesta ha estado en las calles por más de una década. Desde la revolución de los pingüinos en 2006, la protesta social en torno a la educación no hizo más que crecer, hasta llegar en 2011 a convertirse en el más grande movimiento social posdictadura, lo que a la postre no sería sino el anuncio de las más grandes protestas habidas en Chile en muchas décadas, iniciadas en octubre de 2019. Hay muchos motivos por los que los y las chilenas hemos marchado incesantemente en calles y plazas, pero el sentimiento y la experiencia de injusticia general e institucionalizada son quizás dos de los más importantes. Notablemente, los secundarios argumentaban ya en 2006 que las limitaciones para que la educación chilena fuera mejor y más equitativa estaban en el entramado institucional heredado de la dictadura, y consagrado en la Constitución de 1980. Esta idea cristalizó como un diagnóstico nacional sobre el país: grosso modo, el 80% de quienes votaron en el histórico plebiscito de octubre de 2020 manifestaron su rechazo a la Constitución actual y aprobaron la decisión de que la sociedad chilena se diera un nuevo marco regulatorio.

La demanda por una sociedad más justa encontró una de sus expresiones en el cambio constitucional porque la Constitución del ’80 está inspirada en la idea neoliberal de que no es conveniente garantizar derechos sociales como la salud, las pensiones, la vivienda o la educación de manera igualitaria, sino que cada uno debe competir y trabajar individualmente por obtener un salario para comprar estos “servicios”, los cuales a su vez no deben ser provistos por el Estado, sino que deben ser espacios de negocio para empresas lucrativas. Esto no solo produce una gran fractura social, una sociedad segregada y desintegrada, sino que además reproduce y refuerza en las generaciones más jóvenes las enormes desigualdades de origen porque sus condiciones de vida, crecimiento y desarrollo son demasiado dispares. Por ello, es seguro que la educación junto con los demás derechos sociales serán un asunto clave en la elaboración de la Constitución democrática y —más en general— en la construcción de un nuevo orden institucional y social en Chile.

Este libro fija el punto de partida de ese proceso de cambios y permite dimensionar entonces la envergadura del desafío, no solo político sino que también cultural, para terminar con la herencia neoliberal. Lo que su lectura muestra es la compleja y a veces inquietante conversación social en torno a la educación, cuando esta ha sido distribuida por cuatro décadas no como un derecho igualitario de niños, niñas y jóvenes, sino como un producto del mercado.

Referencias Bibliográficas

Atria, R. B. (2004). “Crecimiento y estratificación social: la paradoja del crecimiento y el caso chileno”. Estudios Sociales (Chile), 85–116.

Barozet, E. y Fierro, J. (2011). “Clase media en Chile, 1990–2011: algunas implicancias sociales y políticas”. Santiago: Konrad Adenauer Stiftung, Serie de Estudios, 4.

Castro, F. y Kast, S. (2004). “Movilidad de la pobreza en Chile: análisis de la encuesta panel”. En: Movilidad de la pobreza en Chile: análisis de la encuesta panel, Serie Informe Social (No 85). Chile. Libertad y Desarrollo.

Espinoza, V., Barozet, E. y Méndez, M. L. (2013). “Estratificación y movilidad social bajo un modelo neoliberal: El caso de Chile”. Revista Lavboratorio, 25 (14): 169–91.

Ruiz, C. y Boccardo, G. (2014). Los chilenos bajo el neoliberalismo. Clases y conflicto social. Santiago: Nodo XXI/El Desconcierto.

Ruiz, C. y Orellana, V. (2011). Panorama social del Chile del bicentenario. Análisis del año 2010, 27–51.

Torche, F. y Wormald, G. (2007). “Chile, entre la adscripción y el logro”. En: Estratificación y movilidad social en América Latina: transformaciones estructurales de un cuarto de siglo. Santiago: NU. CEPAL/LOM Ediciones, pp. 339–87.

Sección I

Una educación estructurada por dinámicas de mercado

Capítulo 1

¿Cómo ven la educación pública las diferentes clases sociales en Chile?

Cristián BelleiMariana Contreras

Históricamente, la educación pública fue el parámetro del sistema educacional chileno, como lo ha sido (y sigue siendo) en casi todo el mundo. Lo que las personas entienden por “educación” es lo que la educación pública ha provisto: sus ideales, sus formas de organizarse, su currículum. La educación pública ha sido al mismo tiempo una fuerza promotora del desarrollo y una manifestación de este, por lo que la visión social sobre ella ha ido cambiando en el tiempo.

Inicialmente, en el siglo XIX, se la veía como el mejor medio para formar ciudadanos para las nacientes repúblicas; la forma en que las sociedades dejarían el oscurantismo y se iluminarían con la lectura, la escritura y las ciencias. Ya entrado el siglo XX, a esta visión se agregó la idea de que la educación pública era el mejor ascensor social para los sectores medios y luego los sectores bajos, los que podrían mejorar sus chances de vida educándose. Más en general, se promovió la ideología de que construir una sociedad meritocrática, al mismo tiempo justa y eficiente, pasaba por una educación pública de calidad, masiva en su base y selectiva hacia los niveles superiores. Ha sido esta combinación, ciudadano moderno y trabajador competente, la quintaesencia de lo que se espera produzca la educación pública7.

Para alcanzar estos propósitos tan elevados y exigentes, los países han construido sistemas educacionales públicos, modernos y masivos. Chile no fue la excepción. Aunque con un compromiso cambiante en el tiempo, desde mediados del siglo XIX y con más convicción ya entrado el siglo XX, el Estado se dedicó a sembrar el país de escuelas y las ciudades, de liceos8. Fue la educación pública la que alfabetizó Chile, la que contribuyó decisivamente a crear y luego consolidar a la clase media, y la que ofreció un canal básico de integración sociocultural a los sectores populares. La educación pública fue, a veces en los hechos y siempre en el discurso, una de las creaciones más importantes y valoradas del Estado chileno. Cuando la dictadura militar emprendió su reforma privatizadora, casi el 90% de los estudiantes chilenos se educaba en escuelas y liceos públicos.

Esto cambió radicalmente. El neoliberalismo aplicado a la educación buscaba precisamente debilitar la educación pública y reemplazarla por educación privada, y en Chile lo logró como en ninguna parte del mundo9. Actualmente, solo un tercio de los estudiantes chilenos asiste al sistema público. Institucionalmente, el cambio se expresó en que el Ministerio de Educación dejó de estar a cargo de las escuelas y liceos del Estado, los cuales fueron entregados a las municipalidades para que los administraran. La municipalización fue vista por muchos como un símbolo del distanciamiento y despreocupación por la educación pública. Frente a este escenario nos hacemos la siguiente pregunta: ¿Cómo se expresó este cambio en la percepción que las familias tienen sobre la educación “municipalizada”? Ahora bien, dado que el país decidió terminar con la municipalización y empieza a superarla creando Servicios Locales de Educación10, con la misión histórica de recrear un sistema de educación pública, es un momento oportuno para oír la voz de madres y padres sobre ella.

Clase alta: “He escuchado comentarios, pero no los conozco”

La clase alta chilena no conoce la educación pública y, literalmente, no la ve. Prácticamente no tiene registros biográficos referidos a ella, porque la educación de la clase alta hace generaciones que se realiza principalmente en colegios privados de alto costo: colegios de elite11 (tema que abordamos en la sección III de este libro).

La mayoría de quienes entrevistamos no fueron capaces ni de mencionar el nombre de alguna escuela o liceo público que conocieran. “He escuchado comentarios, pero no los conozco ni conozco cabros de ahí”, nos dijo una mamá del “barrio alto” de Santiago. La educación pública les es tan lejana, que ni siquiera hay crítica, prima el desconocimiento. Isidora recuerda los criterios que tuvieron sus padres para decidir dónde educarla: “Calidad y ambiente, y nunca un liceo público”. Ella, ahora como madre, los repite para su hija, y agrega el catolicismo. En su vida la educación pública no existe ni de referencias. Si fue diferente alguna vez, esto se perdió en la memoria del tiempo; ya no parece haber huella vital alguna.

Por sobre ese desconocimiento directo, sí existen imágenes que se han construido mediadamente. Así, cuando las familias de clase alta de Vitacura y Las Condes, en la Región Metropolitana, mencionan la educación pública, aparecen dos estereotipos muy nítidos. Por un lado, los liceos “emblemáticos” de las comunas de Santiago y Providencia. Han oído hablar de ellos, que tienen historia, que alguna vez fueron buenos, que a veces aún logran altos puntajes, pero que en las últimas décadas han decaído y se han echado a perder, sobre todo por las protestas estudiantiles y paros docentes, cosa que han visto frecuentemente en las noticias. A ellos jamás se les pasaría por la cabeza estar ahí. Incluso una madre que había estudiado en un liceo público y luego en una universidad tradicional —de las pocas que encontramos en este sector social—, ni lo piensa para sus niños, porque “es bueno hacer patria, pero no con tu hijo”. No se trata de que luego de una evaluación racional de las alternativas, la educación pública parezca inferior; es que no está en la esfera de lo evaluable, sería un acto de inmolación ciudadana, una locura.

El segundo estereotipo es una consolidada mala opinión sobre los alumnos que van a la educación pública y el carácter marginal de muchas familias, por lo que los colegios públicos no tienen ni calidad educativa ni calidad social. “No veo ni uno bueno acá, veo a puros cabros que a los 16 años están haciendo puras huevás [(tonteras)], fumando, saliendo, chupando y con la cuchilla, los fonos, la radio acá arriba”, dice Ester, una madre profesional de Osorno. Nótese el “ni uno bueno” sobre los colegios: se argumenta directamente descalificando a los estudiantes considerados decadentes; así, con esos alumnos, ¿cómo podría haber uno bueno?

En consecuencia, la educación pública es para la clase alta un asunto tan de otros, algo que no aparece por su mundo. Ante este fenómeno, nos preguntamos: ¿Cuántas de estas familias habrán tenido contacto directo con alguna escuela municipal? Quizás en un trabajo voluntario de verano, en un programa de ayuda social de la iglesia, como local de votación en alguna elección presidencial, o como parte de una explicación de la nana acerca de porqué llegó tarde o faltó a trabajar debido al paro de profesores… Pero, sin duda, la han visto en las noticias, como espacio de calamidades de todo tipo. Como cuando se escucha de desastres en tierras extranjeras, y asoma en el espíritu un vago sentimiento de humanitaria compasión.

Clase media tradicional: “En un buen emblemático podría ser”

La clase media tradicional de base profesional aparece hoy igualmente alejada de la educación pública, pero, a diferencia de la clase alta, tiene reminiscencias vitales directas o indirectas de ese espacio, en lo que alguna vez fue la columna vertebral del sistema educacional chileno. En cierto sentido, este sector social pareciera ser el único que valora lo público en su proyecto ideológico de educación meritocrática y de alta calidad, plasmado en la universidad estatal de excelencia y el liceo fiscal/emblemático académicamente selectivo, donde probablemente estudiaron padres y abuelos de estas familias. La Universidad de Chile, el Liceo 1 y el Instituto Nacional encarnaron un país cuyo ideario parecen portar, aunque como gen recesivo a la espera de su nueva oportunidad.

La clase media tradicional guarda el recuerdo de una educación pública en forma y comprende el discurso sobre su valor, nociones ciudadanas de bien común, que alguna vez las tuvo como protagonistas, en el apogeo del liceo y universidad meritocráticos de buena parte del siglo XX. Estas ideas republicanas/meritocráticas/ciudadanas asociadas con el proyecto histórico de educación pública son tan fuertes, que es difícil oponérseles en teoría. Pero una vez implantada la reforma neoliberal por la dictadura, este sector social fue el primero en abandonar la educación pública municipalizada. Así, escuelas y liceos emblemáticos vieron alejarse a una clase que ellos mismos habían, en buena parte, forjado.

De acuerdo con datos de la encuesta Casen, mientras en 1990 el 28% de los estudiantes de familias del quintil de mayores ingresos asistía a un establecimiento público de enseñanza básica, en 2000 esta proporción había bajado al 16%, y en 2015 solo el 12% continuaba asistiendo a la educación municipal. Los relatos sobre presidentes de la República, senadores y premios nacionales ex alumnos del liceo fueron quedando para la historia, tan improbable hoy que fácilmente devino en mitología.

Es el caso de Ester y Joaquín. Ambos nacieron y se criaron en Ñuñoa y luego estudiaron en liceos fiscales de Providencia y Ñuñoa, para luego acceder a la educación terciaria. Guardan excelentes recuerdos de sus liceos. Pero ya padres, cuando tuvieron que buscar matrícula para sus hijos, “la educación municipalizada ya venía mal”, con una pedagogía rígida, cursos numerosos (“hay cuarenta globos, caritas de globos”) y profesores “que solo cumplen la pega: que el niño salga de cuarto, que salga no más”. Ello, en un ambiente nocivo, porque “el profesor tampoco tiene mucho respeto con el alumno; al revés, ¿te fijas? Por lo tanto, hay violencia y hay agresividad”.

Ester y Joaquín añoran una educación pública, local, de calidad académica. “Me gustaría que fuera como antes, digamos, que tú pudieras tener un colegio cerca de tu comuna para que no tuvieras que recorrer largos tramos, y que ese colegio de tu comuna también fuera bueno”, dice Ester. Piensa en una educación laica y gratuita, porque “tampoco estoy de acuerdo con tener que pagar una educación para que tu hijo se sienta mejor digamos o aprenda más (...) debiera ser una educación igual pa’ todos y gratis”.

Pero en su ambiente lo que ven es que los hijos de sus amigos “están todos en colegios particulares”, los cuales tienen calidad educativa y además redes. “Yo creo que, en este caso, más que nada, se compran la cartera de contactos pa’ después, pa’l futuro”, analiza Ester. Junto a su marido matricularon a su hijo en un establecimiento privado, laico y experimental, lo más parecido a la educación pública que conocieron y creen extinta.

Es quizás ese recuerdo familiar congelado en la época gloriosa del liceo público lo que soporta una visión respetuosa y hasta nostálgica. El problema es su inviabilidad en el contexto actual: los emblemáticos parecen ir en retirada y el municipio nunca replicó la austera prestancia del Estado docente. Si alguien resucitara aquella educación pública en su barrio, en principio, idealmente, ellos se sumarían y cual hijo pródigo quizás retornarían al hogar. Pero no creen que ocurra. Es interesante, porque esa combinación —recuerdo, ideología y vida en buenos barrios— mantiene viva la nostalgia y la esperanza de algo como una educación pública de calidad para todos, que los incluya a ellos, profesionales. De hecho, ¿es verdad que en Europa es así?

Nuevos sectores medios: “Es como entrar a un gueto”

A diferencia de Ester y Joaquín, los nuevos sectores medios tienen una visión bastante crítica, descalificadora y hasta atemorizada de la educación municipal, que es lo que han conocido de la educación pública. En sus registros familiares no hay escolarizaciones largas y de alto desempeño, no hay profesionales consolidados hijos o hijas de la educación pública del Estado docente, no hay recuerdos vitales de ese pasado mítico del que únicamente han tenido noticias en los libros de historia o nostálgicos relatos docentes. Ocurre que, justo cuando este grupo social estaba accediendo más regular y masivamente a la educación media y post-secundaria, vino la pauperización de esa educación pública. Así, su acceso a la educación extendida se masificó y consolidó bajo los parámetros del neoliberalismo: particular subvencionada o municipal, esa era la opción. Incluso más, para muchas familias que viven en zonas de expansión urbana, en enormes condominios y conjuntos habitacionales creados para la “clase media emergente”, la educación pública municipal simplemente no existe, no se construyó. No se trata de rechazarla, es que no está disponible: privatización educacional y privatización del suelo para nuevas viviendas son dos procesos hermanos.